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ANALOGÍAS MITOLÓGICAS (II)

LA ISLA MAGIAR EN  EL OCÉANO ESLAVO

El espacio húngaro, visto desde Nuremberga

Una reseña de Fernando Bellón. Fotos A.Bueno y F. Bellón.

Alemania (y el mundo cristiano en general) celebra este año el 500 aniversario de la rebeldía protestante. El 31 de octubre es la fecha señalada, cuando en 1517 el monje agustino Martin Luther clavó en la puerta de la iglesia de Wittemberg las 95 tesis que serían el arranque de la Reforma. Fue el punto de partida de una nueva mitología, con su Olimpo protestante, científico, racional, austero, tolerante, capitalista y progresista, frente al tradicionalismo ultramontano, retorcido, inquisitorial, derrochador, católico romano.

Lutero, héroe mediático.

Martín Lutero, héroe mediático de la Edad Moderna. Panel de la exposición organizada en el Reichstadtmuseum de Rothemburg.

El mito como falseamiento de la realidad y de la historia

Alemania festeja el aniversario de un acontecimiento del que fueron protagonistas sus intelectuales, sus príncipes y su emperador, el mismo que gobernaba en España, Carlos I o Karl der Fünfte (V) para el Sacro Imperio Romano Germánico. El mundo europeo moderno echa sus cimientos en el siglo XVI, aquí y en América. Lo que somos hoy los europeos y los americanos, lo que creemos ser y lo que dicen que somos los occidentales se fue forjando en las primeras décadas de ese siglo convulso. Convulso por las guerras de religión, la contrarreforma tridentina  de la Iglesia romana y los levantamientos de labriegos en los estados alemanes, donde los campesinos sublevados se dedicaron a saquear e incendiar los castillos, y a matar con crueldad a quienes los ocupaban, porque las leyes implacables de la economía (no todas en manos de sus señores) les estaban esclavizando y/o arruinando.

Estos acontecimientos han dado lugar a una mitología católica y a otra protestante. La protestante ha inventado un Olimpo democrático, liberal, tolerante, promotor de la ciencia, y se ha colocado en él. En paralelo diseñó otro donde metió a los estados católicos, despóticos, inquisitoriales, acientíficos y corruptos.

El catolicismo no elaboró ningún mito en torno a los intelectuales y estados que promovieron y desarrollaron la reforma protestante. Se limitó a considerarlos herejes, a perseguirlos y a convertirlos o sacrificarlos de acuerdo con la dogmática cristiana de Roma.

El paso de los siglos ha demostrado que ni la mitología protestante ha dado lugar a un mundo mejor que el forjado por la doctrina católica, ni el catolicismo ha salvado al mundo de los desastres del capitalismo y el colonialismo.

Nuremberga, Nuernberg, la ciudad desde la que preparo estas segundas “Analogías Mitológicas“, fue la primera ciudad alemana en abrazar oficialmente el luteranismo. Como los católicos eran numerosos y poderosos en Franconia, los protestantes no tuvieron más remedio que acordar la convivencia con sus hermanos enemigos. En casi toda Alemania pasó lo mismo. La casa de Habsburgo, que gobernó allí y en las tierras españolas de aquende y allende los mares hasta el siglo XVIII, aprendió a contemporizar con los príncipes y electores protestantes, con la excepción de la terrorífica Guerra de los Treinta Años, que enseñó a los europeos a no asesinarse por motivos religiosos.

La ciudad de Pest vista desde la Galería Nacional, en el castillo de Buda, a través de un visillo.

La ciudad de Pest vista desde la Galería Nacional, en el castillo de Buda, a través de un visillo.

La supervivencia como objetivo nacional

Uno de los escenarios más llamativos y también ignorados de la formación de la Europa moderna es el espacio Magiar. Le llamo así porque Hungría nació como un principado, llegó a ser reino, fue el baluarte de un Imperio, y terminó recortada y rodeada de estados eslavos con quienes no tuvo más remedio que entenderse.

Lo saco a cuento para desviar este discurso analógico-mitológico a las inmediaciones de los Cárpatos. La razón inapelable es que he pasado unos días en Budapest, y me dispongo a relatar las impresiones que a mi mujer Antonia y a mí nos ha dejado la ciudad, sus escenarios y sus gentes.

El antiguo reino de Hungría, conlos Cárpatos dentro de sus fronteras, y con salida al Adriático en territorio de la actual Croacia.

El antiguo reino de Hungría, con los Cárpatos dentro de sus fronteras, y con salida al Adriático en territorio de la actual Croacia.

Lo más chocante y significativo de esa zona europea es que el viejo reino de Hungría, tan antiguo como el castellano o el aragonés, por poner dos ejemplos, ha quedado reducido a poco con el paso de los tiempos. De hecho, los Cárpatos, que se identifican con el solar magiar, apenas tocan el actual territorio húngaro, más bien lo rodean, de Eslovaquia por el Norte a Rumanía por el Este.

Recomiendo estos dos portales en los que me he ilustrado para entender algo mejor ese país. Uno es el archivo de Wikipedia correspondiente a la Historia de Hungría. Otro lo he encontrado por casualidad, es un portal institucional.

El primero es un tedioso relato que parece un guión de “Juego de Tronos”. Porque la historia de los sucesivos reinos, janatos, disgregaciones, uniones imperiales, invasiones turcas, guerras dinásticas y todo aquello que forma el cuerpo de la historia de un pueblo y sus aledaños está plagado de asesinatos fraticidas, extirpación de los ojos, desmembramiento de los cuerpos de los rebeldes y atrocidades de este género. Wikipedia cuenta con detalle los acontecimientos políticos desde que los siete príncipes magiares se instalaron en la llanura danubiana y firmaron lo que hoy llamaríamos un compromiso de gobierno.

Ciudadanos húngaros en un tranvía de las afueras.

Ciudadanos húngaros en un tranvía de las afueras.

La página institucional, creo que de una embajada húngara en Centroamérica, más breve, es un resumen accesible  de los mil años de historia magiar, con un párrafo final en el que justifica el presente gobierno nacionalista y cristiano confeso de Víktor Orbán y su excluyente programa político y económico, en ejercicio desde 2011.

El Budapest que yo he visto tiene una apariencia próspera, está habitado por una población con aspecto de no pasar necesidad ni de sufrir una crisis social, y muestra una remodelación urbanística, sobre todo en los edificios monumentales, notable y hermosa.

Budapest es una ciudad monumental, categoría adquirida por haber sido una de las dos capitales del Imperio Austro Húngaro. Se suele decir que los monumentos de Praga la hacen más bonita. En realidad Praga es más pequeña, y pasear por la ciudad vieja, donde se concentra su huella histórica, da la impresión de estar de visita en un bello y natural parque temático del eslavismo centroeuropeo, bañado de judaísmo askenazi. Sale perdiendo Budapest al compararse con Viena. La abrumadora cantidad de palacios, museos, avenidas, iglesias, plazas, jardines, auditorios musicales y otros rincones de la capital austriaca solo la supera, si la supera, París.

La maravilla de Budapest es el Danubio. El río viene a ser una inmensa avenida a lo largo de la cual, y en una franja urbana de poco más de cien metros, se sucede todo lo que el turista viene a admirar y a fotografiar. La ciudad está partida por el río: Buda, al oeste, situada sobre colinas desde las que se contemplan panoramas insuperables, y Pest en la parte oriental. Puentes colosales unen las dos ciudades.

Turistas inmortalizando sus recuerdos móviles, en la plaza  de los héroes milenarios o algo así. Se observan andamios de montaje festivalero, presentes en varios espacios del centro urbano.

Turistas inmortalizando sus recuerdos móviles, en la plaza de los héroes milenarios o algo así. Se observan andamios de montaje festivalero, presentes en varios espacios del centro urbano.

El circo turístico universal

A  lo largo del gran Danubio se organiza el circo turístico, un zoo humano que serpentea por sus calles céntricas como una procesión de turbas en camiseta, alzando el brazo cada dos por tres para hacerse fotos con el móvil.

Como el ayuntamiento ha planificado con inteligencia la ciudad para este efecto, los paseos son satisfactorios para el turista. Todo lo satisfactorio que puede ser recorrer calles peatonales con los mismos negocios que se ven en Madrid, Barcelona, Lisboa, Oporto, París, Roma, Berlín…

Los turistas no suelen salir de este recorrido temático-comercial más que para amontonarse en los monumentos como el Castillo, que se asoma al Danubio desde una de las colinas de Buda (la parte occidental de la ciudad), el Mercado Central en Pest, el monumento a los Héroes Magiares, las iglesias barrocas, la sinagoga reconstruida, el hollywoodiano Parlamento, y atracciones señaladas en las guías, como la vinculada a este enlace.

Un puesto de embutidos locales en el Mercado Central. En el primer piso hay souvenirs de todo género, en el bajo, lo que en todo mercado ciudadano, frutas. verduras, ultramarinos, carne y pescado.

Un puesto de embutidos locales en el Mercado Central. En el primer piso hay souvenirs de todo género, en el bajo, lo que en todo mercado ciudadano, frutas. verduras, ultramarinos, carne y pescado.  No parece que estos compradores sean turistas, sino urbanitas de la próspera Budapest.

El sector turístico más atendido es el juvenil. Lo cierto es que las hordas de viajeros con el brazo en alto (para sujetar el móvil) están compuestas al cincuenta por ciento de clase media-edad media, y de clase estudiantil con teléfonos muy inteligentes, y ganas de jarana. Para ellos hay reservadas atracciones especiales, como música zumba-zumba hasta la madrugada en ciertos enclaves urbanos. No sé cómo lo aguantarán los sufridos vecinos de la ciudad. Yo, víctima experimentada de las Fallas valencianas, me coloqué tapones que me libraron del insomnio.

Otro de los anzuelos para la juventud son las supuestas termas o piscinas de agua caliente que funcionan todo el año, animadas por más y peor música zumba-zumba. Se anuncian en folletos y carteles, en los que se ven grupitos de chavales y chavalas locos de contentos en los llamados “Water-Party”.

También se anuncian por todas partes los masajes Thai. En cada calle debe de haber por lo menos dos. Como no disponía de presupuesto ni tenía ganas de averiguar qué eran, no puedo explicar lo que te hacen ahí dentro. Hay un equívoco en relación con los masajes Thai, y es que en algunos locales ofrecen “masajes 666″, y en ciertos folletos, directamente escort para el hotel. Este gobierno cristiano ha cerrado las fronteras a los refugiados, pero no a las prostitutas de postín.

Más allá del turístico centro se extienden los nuevos barrios de Budapest. A l lejos parecen rascacielos pegados unos a otros. De cerca, se les nota desahogados, con parques, jardines y espacios para el recreo infantil.

Más allá del turístico centro se extienden los nuevos barrios de Budapest. A l lejos parecen rascacielos pegados unos a otros. De cerca, se les nota desahogados, con parques, jardines y espacios para el recreo infantil.

El gran Danubio

El Danubio es el eje, una avenida maravillosa que en lugar de asfalto tiene agua. Una recomendación basada en mi experiencia es contratar el primer día una excursión por el río en uno de los numerosos ferry dispuestos para ello. Te explican los aspectos destacados de la ciudad, y en los días siguientes haces tu propia selección de recorridos.

El núcleo urbano más próximo al río comprende la ciudad antigua y la moderna, más o menos hasta los años 50 ó 60, como he dicho, Buda a la izquierda del Danubio, Pest, a la derecha mirando hacia el norte. Es un entramado de calles con edificios sólidos, al estilo centroeuropeo, hermosos, bien diseñados, agradables a la vista, en el polo opuesto del urbanismo celtibérico, que la especulación inmobiliaria ha llenado de barrios feos e inhabitables.

Los del Buda de suave colinas y el Pest céntrico tienen una pega, y es un constante atasco circulatorio, en especial por las tardes. Es una muestra más de la prosperidad de esa sociedad, que no tiene reparo en consumir gasolina alegremente (digo bien, porque no he sido testigo de ninguna explosión de malhumor ocasionada por el tránsito). Son calles estrechas con vehículos aparcados a ambos lados.

Me han llamado la atención los teatros, que están por todas partes. Otra prueba del nivel cultural de un pueblo acostumbrado a una educación universal generada por el Imperio Germánico primero, y por el Soviético después.

Yo recomiendo al viajero que aproveche el estupendo sistema de transportes urbanos de Budapest para escapar del centro y conocer los barrios del extrarradio. Esto puede hacerse por poco dinero, con uno de los numerosos y diferentes pases de transportes. O que alquile una bicicleta y recorra los encantadores barrios no asediados por las hordas turísticas.

Escaparates como este, castizos e intraducibles, no son comunes en la ciudad.

Escaparates como este, castizos e intraducibles, no son comunes en la ciudad.

Por las afueras se encuentra una realidad más popular que la del interior de la ciudad. En la parte sur de Budapest está creciendo una urbe nueva que alberga a lo que podríamos considerar la nueva clase media, y hay que reconocer que el urbanismo (ignoro si especulativo o no) es agradable. Y allí donde parecen vivir clases por debajo de la media, si bien se advierte una limitación de recursos y más edificios manifiestamente mejorables, no se halla el abandono y suciedad que en algunas partes del Mediterráneo estamos acostumbrados a aceptar.

La que yo he visto es una población de aspecto aseado y atareada, semejante a la que se encuentra en cualquier ciudad europea recién salida de la crisis o que parece haberse escapado de ella. Quiero decir que Hungría no se parece nada a Grecia, donde el impacto de la crisis es visible. No sé si el hecho de tener moneda propia y un gobierno nacionalista y de derechas tiene que ver con la aparente prosperidad. Los que hoy gobiernan se han ganado fama de fachas (a mi entender un adjetivo que se administra tan a la ligera que ha devaluado su contenido). Pero sucedieron a unos políticos socialistas que dieron muestras de corrupción exacerbada (y llegaron a reconocerla), y fueron expulsados por revueltas ciudadanas.

Hungría conserva su moneda, el florín, y hay tantas casas de cambio como masajes Thai y Donner Kebab, del antiguo enemigo turco.

Hungría conserva su moneda, el florín,  algo que no es un peso excesivo para sus ciudadanos. Hay tantas casas de cambio como masajes Thai y Donner Kebab, del antiguo enemigo turco.

Las invasiones bárbaras

Es evidente que cerrar a cal y canto las fronteras a los refugiados de Oriente Medio y de África (los pocos negros que se ven por la calle tienen aspecto de crooner o diplomático) mantiene a Hungría libre de un “lastre” económico y social. El daño físico y moral lo sufren los que se han quedado a las puertas de Europa, y esto es un tema que merece tratamiento a parte.

Pero lo cierto es que los húngaros tienen siglos de experiencia en la habilidad de cerrarse en banda contra eslavos, germánicos y turcos. El nacionalismo magiar tuvo que esperar al final de la Primera Guerra Mundial para establecerse por sí mismo. Su naturaleza aparente es la misma que la del nacionalismo eslavo de Chequia, Eslovaquia, Serbia o Ucrania. De hecho en todos esos países (y en Rumanía) que rodean Hungría hay fuertes minorías que hablan magiar, porque habitan territorios que, en algún momento pasado, formaron parte del reino de Hungría, vinculado al austriaco. Sin embargo, el magiar no es una lengua indogermánica. Algunos la asocian con el turco, otros con el finés.

Uno de los mitos húngaros, comprobando si su espada está suficientemente afilada.

Uno de los mitos húngaros, comprobando si su espada está suficientemente afilada.

Acabo con una referencia al origen de los húngaros. Se dice que vinieron de la llanura que hay entre los montes Urales y el Volga en la Alta Edad Media. Tribus empujadas por otras tribus o por el hambre y la necesidad. También se les quiere identificar con los hunos de Atila. En cualquier caso son de las últimas tribus que participaron en los movimientos de los bárbaros ajenos al Imperio Romano. Roma llegó al Danubio y estableció un baluarte en las colinas de Buda, un lugar poco visitado de nombre Aquincum, asociado por la leyenda y el mito al emperador Marco Aurelio.

Más allá del Danubio, todo era bosque, una llanura interminable hasta los Urales, con la única barrera de los Cárpatos. Un territorio de “invasiones bárbaras” que se diferencian en una cosa de la actual peregrinación masiva de refugiados sirios. Aquellos estaban organizados, tenían jefes y llevaban armas. Hoy, a los pobres que huyen de las guerras no se les deja pasar, entre otras cosas, porque no emplean la violencia. Pero también son “invasores” forzados por la necesidad.

En fin, otro tema.

 

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Autor: Redacción

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