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Feria BioCultura Valencia

Buenas vibraciones

Una reseña de Fernando Bellón

Quinto año consecutivo de BioCultura Valencia, la feria de la agricultura y el consumo ecológicos y sostenibles. ¿Es esto posible? La vida es una paradoja. Entre los ricos y entre los pobres, entre los soberbios y entre los humildes, entre los emprendedores y entre los que se dejan llevar por la corriente. La corriente a veces cambia de rumbo sin avisar.

Una visión interesante y complementaria a la de esta reseña se puede encontrar en la página Vivir Rodando, Comer, Beber y Amar, del periodista Quim Labiós

Max Ernst. Collage de frutas y verduras 1920

Max Ernst. Collage de frutas y verduras 1920

BioCultura es una feria y una fiesta. No está reservada solo a cultivadores, transformadores, envasadores, distribuidores, vendedores. El acceso ha sido libre (con entrada a cuatro euros, pero no era difícil conseguir una invitación) para una población motivada por una ética alternativa al convencionalismo inerte, y con un alto porcentaje de buscadores de otras vidas no esclavizadas por el consumo. Pero que cada día consumen, porque consumir forma parte de nuestra paradójica vida.

BioCultura se registra a sí misma dentro del movimiento alternativo, y afirma que “no es que algo esté fallando en nuestro sistema, es que es el mismo sistema el que está podrido desde su raíz”. Para acabar con la podredumbre hay que entrar en la planta y actuar. Otros realizan fumigados externos, y esperan desde fuera a que se produzca el milagro de la regeneración. Solo hay que dejar pasar el tiempo para ver los resultados.

Vida Sana, institución veterana en el campo del cultivo y consumo ecológicos, actúa desde dentro del sistema. Es el motor en las cuatro ediciones de BioCultura que se suceden a lo largo del año en España: Barcelona, Bilbao, Madrid y Valencia. En ellas pretenden “aglutinar propuestas encaminadas a cambiar el rumbo de nuestra sociedad hacia un mundo más limpio, más sano, más seguro, más justo, más sutil. Porque BioCultura no es una feria comercial al uso.” Es un juego de equilibrios difícil, pero muy estimulante.

Quien haya visitado BioCultura habrá comprobado que la clave del éxito está en el movimiento humano que genera esta feria alternativa en el interior del sistema.

Ciudadanos de a pie, ciudadanos con cojeras medioambientales, ecologistas, vegetarianos, veganos, agrófilos, ecovitalistas, neohippies, de buena familia, de clase media zarandeada, de toda fe y creeencia…

Existe una gran población preocupada por sus ataduras a un régimen de vida poco o nada saludable, y parte de ella la hemos visto recorrer los pasillos de BioCultura. También acude esa población a la Feria Alternativa que cada primavera-verano se desarrolla en el cauce del Turia de Valencia. Es el mismo concepto, pero en una escala diferente. Más militante la del cauce, más radical acaso. Más “reformista” la del recinto ferial. Y cada cual puede matizar estas valoraciones a su gusto. El hecho es que no compiten ni se niegan entre sí, ambas inciden en la trasformación de la locura consumista y medioambiental en la que vivimos inmersos como peces en un estanque.

 

Max Ernst. Jeune fille changée en locomotive. 1970

Max Ernst. Jeune fille changée en locomotive. 1970

En BioCultura Valencia se distinguían varias líneas de productos. Es imposible escapar del convencionalismo lingüístico.

Por un lado, las instituciones y asociaciones que promueven lo eco y lo sostenible, como la Sociedad Española de Agricultura Ecológica, el Centro de Estudios Rurales y de Agricultura Internacional (CERAI), ambos con sede en Valencia aunque de ámbito nacional e incluso internacional; Ecologistes en Acció, Asociación de Estudios Geobiológicos Gea, Oxfam Intermon …

Por otro lado, las iniciativas económicas que viven de la venta de sus productos, desde las vinculadas a instituciones, como Puntdesabor, que pertenece a la Unió de Llauradors del País Valencià, hasta las iniciativas privadas como Martin Natur, que fabrica en Elche calzados saludables, según su propia presentación. Y en medio, un mar de posibilidades: libros, aceites, azafrán, jabón, lápices, clorofila, caldos, zumos…

Por otro lado, quienes ofrecen servicios curativos o saludables. Por ejemplo, educar en familia, maternidad empoderada, infancia feliz, instalaciones eléctricas y pedagogía subsidiaria para el aprovechamiento sano de la energía, negocios, tiendas y supermercados de una variedad sorprendente de productos ecológicos en mayor o menor escala (cosmética, turismo, ecococina, terapéuticas increíblemente variadas, vivienda ecosostenible, banca ética…)

Dentro de este sector hay propuestas singulares, al menos en su enunciado publicitario. Protecciones energéticas personales, moda sostenible, renovar la conciencia para renovar el mundo, beber agua de mar, un regalo de la naturaleza que puede cambiar tu vida, armonizador energético que activa el agua, energetiza los alimentos, armoniza y equilibra la energía de los chakras, protege de las radiaciones electromagnéticas nocivas….

En noticia aparte, resumo cinco entrevistas mantenidas con un fabricante y vendedor de juguetes mecánicos y científicos de Cantabria-Palencia, con un músico intuitivo de Salamanca que vende instrumentos para que cada hijo de vecino componga su propia música, con un antiguo impresor valenciano que ha restaurado un aldea en Teruel y se gana la vida como hostelero rural, con una “madre de día”, que acoge en su casa de Valencia bebés de madres trabajadoras, y con un carpintero constructor de casas de madera, paja y adobe de Guadalajara.

 

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Autor: perinquiets

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