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La quimera del periodismo o el mejor oficio del mundo

Hoy es 24 de enero, día de San Francisco de Sales, patrón de los periodistas y escritores. Como cualquier onomástica, debería ser motivo de celebración; sin embargo, no están los ánimos para fiestas. El periodismo (y los periodistas) estamos más bien de luto. Pasamos por uno de los momentos más críticos desde los inicios de la prensa. Vivimos horas bajas en las que los EREs, el trabajo precario y becario, la falta de ética profesional, el auge del polémico ‘periodismo ciudadano’  o la manipulación de los medios, merodean como buitres sobre nuestras cabezas, dispuestos a que seamos los siguientes a quienes devorar sin piedad.

Sin embargo, como en todo desierto, hay veces que se vislumbran oasis. Espejismos que nos devuelven la ilusión y la vocación que nos llevó un día a decidir dedicarnos a este oficio tan denostado y maravilloso a la vez. Ayer mismo, un joven estudiante de 1º de Periodismo de la Universitat de València, Diego San José, me regaló, con su historia/discurso, ese aliento que empezaba a faltarme para sobrellevar la “crisis periodística” que me roe la conciencia. Diego, como muchos otros que, pase lo que pase, siempre se sentirán periodistas, se cree la quimera. Yo también  tengo fe. Y para muestra, esta revista que cree en la libertad y el derecho de información. No podrán con nosotros.

FELICIDADES A TODOS LOS PERIODISTAS QUE SIGUEN REIVINDICANDO EL VERDADERO PERIODISMO, QUE SON CRÍTICOS, QUE NO PIERDEN LA ESPERANZA DE QUE TODO MEJORE Y QUE AMAN SU PROFESIÓN. #sinperiodismonohaydemocracia

Os obsequio con esta estupenda reflexión de Diego San José:

Buenos días, me presento: soy Diego San José, y vengo a contaros los delirios familiares de la mejor profesión del mundo.
Aún recuerdo el día que me presenté en una comida familiar después de haber leído la frase de Gabriel García Márquez que decía aquello de que el periodismo es el mejor oficio del mundo. 
Yo, ilusionado y con los pelos de punta después de aquella maravillosa sentencia dije con rotundidad en mitad de la comida ‘’¿Sabéis? Voy a tener el mejor oficio del mundo’’.

Mi padre me miró con el incertidumbre, mi abuela sonreía viendo el optimismo de su nieto, mi primo rebañaba la paella y le tiraba un hueso a la perra pasando solemnemente de mí y mi sentencia, y en ese halo de pasotismo e incertidumbre, mi tío alzó los ojos, me miró y me preguntó: ’’¿Que, qué vas a ser? ¿El fotógrafo de PlayBoy?’’. Y entre risas respondí: ‘’No, el oficio del periodista es el mejor oficio del mundo’’. A lo que mi tío me contestó que eso de seguir a la Esteban de plató en plató y hablar de su hija Andreíta y si se comía o no el pollo era la mejor profesión del mundo sin duda.

Entonces me tocó callar y replantearme mi ofensiva; pensé unos días mi nueva estrategia, tenía que tenerlo todo bien preparado para convencer a aquel que se sentaba en la esquina de la mesa y me chafaba las frases. Busqué otros argumentos en diferentes campos, busqué frases que me ayudasen a hacer mi sentencia eficaz e incontestable, y en uno de tantos ratos buscando frente al ordenador mi hermano pequeño pasó por delante, así que como la inocencia de los niños da a veces respuestas fascinantes le pregunté a él cual era su opinión la mejor profesión; me dijo que él querría ser un superhéroe porque salvan a la humanidad constantemente con sus poderes, aunque como no tenían un sueldo no se podía considerar una profesión, así que dijo que sin duda la profesión de médico era la mejor del mundo puesto que salvaban vidas.

Salvar vidas, ¿cómo se podía contrarrestar eso? Encendí la tele asumiendo prácticamente mi derrota y en ese momento me di cuenta: ¡Palestina! Los médicos no podían con aquellos ataques, ni siquiera un superhéroe, pero el periodismo sí, de hecho era la única esperanza, concienciar a la sociedad y que Palestina entrase en la ONU como estado observador. Acto seguido me fueron viniendo a la cabeza Siria, Egipto, crisis humanitaria en Somalia, el terremoto de Haití, y tantos y tantos ejemplos, que, sin darnos cuenta, ¡el periodismo salva vidas! Porque, si no se escriben artículos sobre la situación en Somalia, ¿quién va a ir a ayudar? y si no se hubiera hablado del terremoto de Haití, ¿quién hubiera enviado algún tipo de ayuda? Es cierto, los médicos, la policía, los bomberos salvan las vidas directamente bien en Somalia, en Haití o en nuestra ciudad, pero si nadie llama o denuncia, no hay vida que salvar.

Y más allá de ello, los médicos pueden curar a una persona de ciertas enfermedades, pero no a una sociedad de algo tan básico como la opresión o la mentira, de eso se encarga el periodismo, día a día, intentando mostrar los vicios y los defectos de la sociedad, criticándolos y proponiendo el cambio.

Como dijo Saramago: ‘’Existen dos superpotencias en el mundo, una es Estados Unidos, la otra eres tú, la opinión pública’’ . Y nosotros, los periodistas, los del mejor oficio del mundo, somos los encargados de alimentarla, de llenar las calles pidiendo justicia, de cambiar sentencias, de denunciar las mentiras y de hacer ver la realidad, usando la palabra y los buenos modos como capa y espada contra las calumnias y el diccionario como escudo contra las balas.

Así que, a día de hoy, podemos afirmar que el periodismo es el mejor oficio del mundo, porque si los médicos salvan vidas, nosotros salvamos sociedades. Muchas gracias.

 

 

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Autor: Redacción

2 comentarios para “La quimera del periodismo o el mejor oficio del mundo

  1. Ángel
    25 enero, 2013 a las 20:51

    Es verdad que también otras profesiones proporcionan un servicio social imprescindible: aparte de médico, maestro, bombero o incluso político -un buen político, no los que tenemos-). Pero es verdad lo que este vocacional alumno de primero de periodismo dice. Para que una sociedad funcione se necesita de gente que informe y denuncie las conductas que ocultan, violan o tergiversan las normas que como sociedad nos hemos impuesto todos. La voz del periodista es la voz del mensajero que dice lo que ve para que otros apliquen la ley. Esos otros, llámense jueces o ciudadanos en general. Pero, cuidado, los periodistas también están expuestos a sucumbir al poder, al dinero o a cualquiera de las formas de dominio reinantes hoy en día.

    • Redaccion
      27 enero, 2013 a las 16:20

      Totalmente de acuerdo. Ningún gremio se escapa de este tipo de conductas que el propio periodismo denuncia. El poder empresarial, ligado al político y a los grandes medios de comunicación, que se deben a unos intereses financieros, es quien define los objetivos de dichos medios. El dar voz a quien no la tiene es lo verdaderamente difícil.

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