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LAS TROPELÍAS IMPRESENTABLES DEL TREMEBUNDO MR TRUMP

Un artículo de Fernando Bellón. Foto del autor, titulada “Esto no es América, pero podía serlo”

Ningún político se libra de contradecirse a sí mismo. Trump no es ninguna excepción.

De momento se empeña en llevar a cabo sus promesas más escandalosas (para sus enemigos). Terminar un muro con México que iniciaron sus predecesores sin que nadie se rasgara las vestiduras. Modificar un sistema de salud con defectos. Retirar a los Estados Unidos de tratados internacionales de libre comercio. Cambiar leyes federales de protección medioambiental. Rebajar impuestos a las empresas. Cerrar la puerta a los inmigrantes musulmanes (menos a los de Arabia Saudí, que son los más radicales).

Y todo esto en el marco de una campaña mediática. Cuando digo campaña mediática me río por dentro, porque soy periodista y conozco las paradojas de mi profesión. Igual que a Podemos le auparon sus detractores mediáticos, a Trump la prensa hostil le hace un favor, algo que él utiliza con maestría, de momento. En la hora de las primeras medidas “estrafalarias” del rey de la tropelía, los medios acuden como moscas a hacerse eco, sin reparar en la cuenta de que aquellos que votaron a Trump, un buen puñado, estarán encantados de ver que su ídolo se atiene a sus promesas, entre otras cosas porque los medios enemigos le recriminan sus actos a toda página y en prime time.

Está por ver si Trump mantiene una estrategia política fiel a su programa. Es tan opuesta a la corrección política dominante, que nos está dejando a todos boquiabiertos. De ahí la tendencia de considerar a Trump como un machista, un racista, belicista, ignorante, imbécil y chulo. Es posible que tenga un poco de todo eso, en especial de lo último. Pero básicamente, Trump es un jugador profesional y un  insensato.

A Donald Trump los sociólogos y los periodistas, que viajamos en la misma nave estratosférica, le cuelgan el sambenito de “populista”. Lo hacen porque el populismo es un concepto vago que se alimenta de una retórica formalmente democrática. Al fin y a la postre, Trump ha llegado a la Casa Blanca porque le han votado.

A mi entender Trump no encaja en ninguna definición política académica. Los fanfarrones carecen de ideas establecidas. Su guía es su experiencia de éxitos. Pragmatismo temerario.

Si yo fuera un astuto miembro del Establecimiento gringo, aprovecharía la oportunidad de tener a un insensato en la Casa Blanca para difundir entre la población la frustración y el miedo. De este modo, en nuevas y sucesivas elecciones, los votantes seducidos por las bravatas de un recién llegado a la política, recapacitarían y dejarían el poder en manos de los que saben usarlo bien… en beneficio del Establecimiento. Hasta el voto “progresista” se volvería “conservador”. Conviene no olvidar que Francia, gobernada por socialistas, vive tan pancha bajo un estado de excepción desde hace meses. Y si nos asomamos a Europa del Este iremos dando tumbos de un despotismo a otro hasta llegar a Moscú, donde reina el ejemplo personal de Mr Trump, el señor Putin.

Al fin y a la postre, Trump es solo un hombre, no un superdotado de película. Y no me parece que sea el centro o el agente de una conspiración para destruir a la Humanidad, sino un rufián a quien las cosas le han ido saliendo bien gracias a su ingenio y a su cara dura. Le acabará llegando el bajón. Y la verdad es que no lamentaré que las fieras lo despedacen y se lo coman (metafóricamente hablando).

 

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Autor: Redacción

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