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LOS YAYO-OKUPAS DE HUERTOS URBANOS EN VALENCIA

Texto y fotos de Fernando Bellón

La geografía urbana y periurbana española se ha cuajado de huertos más o menos ecológicos en los últimos tiempos. Promovidos por los ayuntamientos o por particulares, cultivados legal o alegalmente, los huertos ciudadanos, también llamados cívicos, forman parte del mapa y del argumentario social y político vigentes. Los hay en casi todas las ciudades con una miaja de agitación, aunque donde más arraigan es en las que gozan de un clima propicio para la agricultura. Valencia es una de ellas.
Pero son huertos de corta tradición, mejor dicho, sin tradición ninguna. En países como Francia, Reino Unido y sobre todo Alemania y Austria, la tradición es centenaria, y los huertos urbanos están legislados y se atienen a una disciplina rigurosa, pero que favorece su prosperidad. En los enlaces marcados puede encontrarse información de la Kleingaertnerverein (asociación de pequeños jardines) de Austria , y del Bundesverband Deutscher Gartenfreunden (asociación de amigos de los jardines) de Alemania , modelos a imitar en sus aspectos prácticos.

Escenario de un "parque" de huertos urbanos al Este de Berlín. Foto tomada desde un tren de cercanías al aeropuesto de Schoeneweide.

Escenario de un “parque” de huertos urbanos al Este de Berlín. Foto tomada desde un tren de cercanías al aeropuesto de Schoeneweide.

Es fama que los pequeños huertos urbanos se aprovecharon durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial y sus secuelas de hambre. Pero lo cierto es que el origen de los huertos urbanos en Europa Central es una tradición prusiana, incluida en la prescripción germánica de que los proletarios que acudían a las ciudades industrializadas tuvieran un medio para contribuir a su sustento.
He aquí la razón de los huertos urbanos de los que vamos a hablar hoy en Agroicultura-Perinquiets:

Una necesidad, no siempre alimentaria
Porque las informaciones que ofrecemos aquí están tomadas de un paisaje natural que hace nada era huerta: parcelas urbanas situadas a lo largo de vías férreas y autopistas o nudos de autopistas, cuyos cultivadores suelen ser personas mayores (hombres casi siempre) jubiladas, y varones de mediana edad (de cuarenta para arriba) en paro prolongado.
También hay huertos urbanos en solares calificados para la construcción donde no se ha levantado ningún edificio en décadas, por uno u otro motivo.

Un huerto de los aledaños de La Punta, en el litoral de la ciudad. Detrás, una estampa de la popular (en todos os sentidos) Ciudad de las Artes y las Ciencias.

Un huerto de los aledaños de La Punta, en el litoral de la ciudad. Sobresaliente y orgullosa, una estampa de la popular (en todos los sentidos) Ciudad de las Artes y las Ciencias.

Es decir, estas ocupaciones, porque es lo que son —plantarse en un terrenito y dedicarse a cultivarlo— invaden escombreras, eriales, estercoleros,  los renuevan y los revitalizan. De ahí que los propietarios (sea la Renfe, el ministerio de Fomento y Obras públicas, los ayuntamientos o los bancos) no opongan resistencia a la ocupación, salvo en casos de combate militante, como fue el de los vecinos de Benimaclet, barrio popular y periférico de Valencia, contra determinados bancos que intentaron fastidiar la encomiable iniciativa de los vecinos.

Una ciudad cruzada de acequias
El caso de Valencia es significativo por un favorable detalle agrotécnico. Los alrededores de la ciudad y la ciudad misma están cruzados de acequias milenarias. Esto permite que en casi todos los rincones los cultivadores puedan proveerse de agua, sin la cual no hay cosecha posible de verduras, la flora más común en los huertos urbanos.
Algunos de estos huertecillos se cultivan desde hace décadas, incluso cuarenta años, aunque la mayoría son floridas excrecencias más o menos recientes (cinco, diez años a lo sumo) ante el abandono de zonas de huerta que no llegaron a urbanizarse. Este es el caso de la Punta de Valencia, tierras expropiadas para la ampliación del puerto (nunca culminada), donde todavía se cultivan parcelas ecológicas y convencionales, y donde son multitud los jubilados y los parados que se entretienen sacando de una tierra feraz lechugas, tomates, pimientos y otras sabrosas verduras.

Y también es el caso de un gran terreno en Benimámet, hoy un distrito de Valencia y antes un ayuntamiento. La Feria de Valencia está edificada (a un precio exorbitante, según investiga un juzgado) en ese lugar, con hoteles aledaños (alguno de los cuales ha quebrado), y un vecindario de pueblo tradicional que la especulación inmobiliaria ha hecho millonario, en el caso de los propietarios de parcelas agrarias convertidas en urbanizables. Se ha intentado construir una ciudad dormitorio, pero el especulativo empeño no ha cuajado, quizá porque Valencia está rodeada de ciudades dormitorio.

Un detalle del huerto de

Un detalle del huerto de Lorenzo, en Benimámet.

Tropiezo especulativo y bancos terratenientes

Enrique Chulià Soriano es corredor de fincas de Benimámet desde su juventud, y ahora debe tener entre sesenta y setenta años. Está al corriente de todas las transacciones que se han hecho en el distrito. Está casado con una de las hermanas Grau, antiguas propietarias de lo que hoy son huertos ocupados cerca de la estación de Metro de Canterería.
Hablábamos con él en julio de 2014 en un bar popular del barrio viejo. Contaba que hace más de 10 años las tierras con destino urbanizable se vendían como churros y a precios monstruosos, decenas de millones de pesetas por unas hanegadas (834 m2 la hanegada). La gente especulaba a lo grande, comprando a cincuenta y vendiendo en seguida a cien.
Un constructor de un pueblo cercano a Valencia compró 85.000 m2 de una tacada. Entre otros al señor Pelegrí o tío Pelegrí, presente en la conversación. Este hombre todavía posee un trozo con cercado de obra y una pequeña alquería que cultiva, aunque el terreno es de los bancos. Porque la expectativa de negocio de los especuladores se vino abajo con la crisis, y las entidades financieras a las que se había hipotecado la compra, se hicieron cargo de los terrenos.
Según un veterano empleado muy simpático de la Junta Municipal el dueño de muchas parcelas es Barclays Bank. Según Enrique Chulià son varias entidades entre las que menciona Caja Murcia. Todas hicieron malos negocios, prestaron dinero a los especuladores, que estos no pudieron devolver porque la construcción se paralizó. Las tierras quizá estén expropiadas, eso no lo sabe con detalle Enrique. Conoce algunos errores como que Caja Murcia retiró las llaves a los antiguos dueños de ciertas fincas situadas en la carretera de Paterna, cosa que Enrique les desaconsejaba. No tardaron en invadir las casas okupas a quien Caja Murcia ahora no tiene fuerza para echar, por evitar un escándalo y porque no ganaría nada con la acción.

El solar de los huertos de Canterería, en Benimámet. Como puede verse, uno de los bancos propietarios es el Sabadell, interesado en quitarse de encima la verdura.

El solar de los huertos de Canterería, en Benimámet, desde la calle Rafael Tenes Escricht. Como puede verse, uno de los bancos propietarios es el Sabadell, interesado en quitarse de encima la verdura.

Los huertecitos de Canterería
Antes de la construcción del nudo que comunica la Ronda Norte y la Ronda Sur con la autopista de Ademuz, los terrenos eran huertos de naranjos. Es el cultivo dominante en esta parte de la Huerta de Valencia, que se extiende hacia el municipio de Paterna. Hace un par de años se construyó un centro comercial faraónico en terrenos del municipio de Burjassot. Pero las expectativas de llenar de viviendas los antiguos huertos de Benimámet no han prosperado.
A lo largo de la calle Rafael Tenes Escrich, que limita con el campo, hay una multitud de huertos ocupados por jubilados y parados, algunos desde hace décadas. A continuación damos cuenta de algunos de ellos

Juan Agustín, entretenido con sus tomates.

Juan Agustín, al fondo, las casas de Benimámet.

Juan Agustín. Cultiva un huerto grande en el primer tramo calle Rafael Tenes Escrich. Tiene más de 80 años. Es originario de Requena, donde todavía conserva una parcela con vides y olivos. Lleva 40 años en Valencia. Trabajó en la Cementera Turia hasta que cerró hace veinte años, y él tenía 61. Primero tuvo un trozo de huerto; el de ahora, grande, lo ha ido “heredando” de unos y de otros. Las cesiones se hacen sin coste, aunque ahora hay quien quiere cobrar por ellas.
Calcula que el total del terreno de los huertos de Canterería son 21 hanegadas de una familia de la localidad, cuyas hijas se habían casado con los hermanos Chuliá. Al venderlo esta familia, las tierras quedaron disponibles para la construcción. Pero el bajón del ladrillo ha protegido los huertos.
Los agricultores ocupantes se ayudan unos a otros en determinadas labores pesadas, como la recogida de patatas. Para la preparación de los campos grandes alquilan entre varios una mula mecánica a veinte euros por cabeza.
Eugenio y Vicente. Hermanos. Su huerto es contiguo al de Juan Agustín, separado por una verja hecha de somieres y alambre trenzado. Son de Henarejos, Cuenca. Eugenio tiene 72 años. Se casó en el 67 con una vecina de un pueblo conquense que linda con la provincia de Valencia. Se ganaba la vida “pelando” pinos y remasando resina. Su mujer tenía tierras de la suegra, repartidas entre diez hijos. Eugenio todavía cultiva allí hortalizas a partir de mayo. Tenía 3000 cepas, que arrancó en su día por una subvención.
Cuando decidieron salir del pueblo en busca de mejor vida, pensaron en irse a Barcelona, donde no tenían familia. Al final la mujer consiguió que el destino fuera Valencia, porque no le gustaba la gran ciudad catalana. Pasó un tiempo en Chiva de cocinero y en labores de mantenimiento de una finca de potentados. Luego, en Valencia estuvo trabajando en un taller de metalurgia de Burjassot, hasta que cerró. Después encontró trabajo echando asfalto en Pavasal, en Requena, Almansa y Villatoya. Estuvo unos años, hasta las guerras del Juselín o Joselín, que el negocio se vino abajo (Primera y Segunda del Golfo Pérsico). Lleva más de treinta años en el huerto con su hermano Vicente. La producción la reparten en la familia. Al principio pagaban renta a la propietaria, ahora no porque el propietario es un banco que no les cobra.

Uno de los hermanos Herráiz. Tras él el colegio público desinteresado en la experiencia agrícola de los yayo okupas.

Uno de los hermanos Herráiz. Tras él el colegio público desinteresado en la experiencia agrícola de los yayo okupas.

Vicente dice que trabajan más o menos una hanegada. En el pueblo, como su hermano, pelaba pinos, esquilaba borregos y herraba machos. En Valencia estuvo trabajando once años en una gasolinera de Manises, al lado del hotel Azafata. Luego en Muebles Rivera, sin seguro, un año. Y por fin otro año en Valencia Urbana, preparando los “cara vista”. Es viudo. Se casó de nuevo y vive en Mislata. Tiene una hija de la primera y un hijo de la segunda, que a su vez tiene otros dos o tres hijos. El cultivo del huerto tiene gasto, por ejemplo, un kilo de patatas de siembra cuesta un euro, y produce entre tres y cinco kilos.

Juan, el cobrador del agua. Tiene más de 70 años. Trabajó de ebanista en una carpintería de Valencia y luego en otra de Fuente del Jarro. Nació en Córdoba, pero vino a Valencia en 1950.
Es de los más antiguos en los huertos de Canterería. Juan calcula que habrá entre 15 y 20 ocupadores. El agua la pagan entre todos, 300 euros al año. Algunos huertos rodean un colegio público. Sus profesores, confiesa Juan sin que el periodista se lo pregunte, no han hecho ningún intento de dar clases de medio ambiente aprovechando los huertos.
En otros huertos de la carretera que da a un descampado, informa Juan, los ocupadores no pagan el agua (porque los propietarios reales no mantienen el suministro), aunque usan la de los demás. El agua viene de la acequia de Moncada. Antes procedía de una balsa aledaña a la estación de Paterna, pero ahora está cubierta por un edificio. Juan emplea fitosanitarios para proteger los tomates de una plaga llamada tuta.
Lorenzo tiene su huerto en una esquina. Está jubilado, nació en 1945 en un pueblo cercano a Jódar, Jaen. A los nueve años su madre le puso a trabajar en una finca cuidando gorrinos. Volvía a casa todas las semanas a lavarse y mudarse, pero una de las veces, el amo se lo quería llevar nada más cambiarse, pero la madre no le dejó, porque tenía que lavar la ropa, y no tenía ninguna otra, había que esperar que se secara. Le mantenían y le pagaban cinco pesetas al día, treinta duros al mes. Fue muy poco al colegio. Una vez se rompió la clavícula en Jaén, y las monjas del Clínico le enseñaron a leer en dos cartillas.
A los 14 años fue a visitar a una hermana emigrada a Benimámet, y se quedó a trabajar en una fábrica de sanitarios en Manises, cerca del Barranquet. Su hermana le preparaba comida para dos días, que llevaba en una talega. Estaba dos días y una noche, encargado de echar leña a la caldera cada vez que pitaba una válvula; a veces lo hacía dormido. Luego estuvo trabajando de encofrador en la construcción, y afortunadamente tuvo pocos accidentes.
En el huerto que él ocupa había un viejo autobús abandonado. En él vivían dos personas, uno que murió y un joven que ahora tiene un piso alquilado en Benimámet. Donde ahora hay el gallinero vivía un negro de Zaire con un mastín.
Cuando tomó el huerto pagaban mil pesetas al año al dueño, un señor llamado Carmelo Bach o Baig. Al morir, su hija mayor respetó la ocupación. Ahora es otra hermana la que paga el agua, aunque la propiedad es ya de una institución bancaria.
Tomó el huerto de alguien que no podía llevarlo ya. Tiene gallinas, que un día se las robaron; pero una madrugada se las echaron de vuelta por encima de la valla, porque el que las robó entendió que se las había quitado a un pobre, o alguien se lo hizo ver.

Rafael, con su sabroso limonero.

Rafael, con su feraz limonero.

Tiene un hijo que trabajaba hasta hace poco en una empresa de ingenieros muy importante que hay cerca de la plaza de la Virgen, en un edificio acristalado. Era de un tipo rico, que incluso pagó los estudios de ese hijo de Lorenzo (tiene otros 3) porque vio que era un tipo con capacidad; entró en la empresa de repartidor, y se hizo ingeniero o lo que Lorenzo entiende por ingeniero, quizá de obras públicas.
Por el agua paga 20 euros al año. Tiene un ingenioso sistema de desviar el agua, levantando las trampillas que hay en la acera. Acude al huerto casi todos los días después de las once, y a veces también por la tarde porque la tele le aburre.
Rafael. Debe de tener más de 70 años, y lleva siete en el huerto, que tomó de un amigo que lo cultivaba hasta que se mudó, hace siete años. Aunque quizá lleve más tiempo, y haya ayudado al amigo y aprendido algo de agricultura. Trabajó toda la vida de encargado en una tienda. Es fallero. Riega cada 15 días en invierno, cada semana en verano. Tiene un hermoso limonero, dos ciruelos que dan mucha fruta, uno rojo y otro verde, una o dos higueras, una de las cuales llega a tener hasta 5000 brevas, un manzano, un mandarino. Cultiva habas, cebollas, acelgas.
El terreno no sabe de quién es, quizá de un banco o del ayuntamiento de Valencia. Fue expropiado hace tiempo, pero los que explotaban las parcelas siguen en ellas. Asegura que hay personas que llevan más de treinta años allí, por ejemplo, una señora gorda que cultiva con su hija un terrenito.
A veces alguien salta y le roba productos en sazón. No aplica pesticidas ni herbicidas, solo sulfatos. Dice que se gasta dinero en el mantenimiento. El trabajo agrícola le sirve para hacer ejercicio. Tiene mejor movilidad que cuando trabajaba en la tienda. Las verduras y las frutas que cosecha son sabrosas.

Hacia Paterna
Más allá de Canterería y de Benimámet, camino de Paterna, hay otras parcelas en trozos que las autovías han aislado. Un caso curioso es el de Miguel, un carpintero en paro. Inventor de tecnologías mecánicas, como el movimiento continuo. Tiene una especie de almunia reconstruida por él en un terraplén, muy cerca de la autovía que une la pista de Ademuz con la Ronda Sur y la V-30. Toma el agua de una canalización que pasa cerca y de una finca para fiestas que hay al lado (cedida por el dueño). Vive en las casa de Benimámet más próximas al lugar.

Los huertos del Empalme, en el término municipal de Burjassot. El anuncio de venta de verduras es el de Manolo.

Los huertos del Empalme, en el término municipal de Burjassot. El anuncio de venta de verduras es el de Manuel López.

Los huertecitos del Empalme
Otro área de huertos ocupados por personas mayores es la de El Empalme, una estación de Metro donde la línea se bifurca, una hacia Liria y otra hacia Bétera.
Es un trozo que se quedó de vertedero y de hogar de personas sin hogar, triste paradoja. Está entre una de las entradas a la Ronda Nord, la vía del Metro y el ramal de la circulación hacia el pueblo de Burjassot.
La persona emblemática allí es Manuel López. Ocupó el huerto, por cesión, en septiembre de 2013. Ha construido cabañas y plantado grandes huertos de tomates (en una temporada, hasta 1200 matas), patatas, lechugas, acelgas, berenjenas. Otros productos a la venta se los traen de fuera. Por ejemplo, peras, de huertos de La Punta y Nazaret.
En la primavera del 2015 se hizo con un terreno en Borbotó. Ha instalado unos invernaderos, y se propone cultivar hierbas aromáticas. Manuel es un hombre emprendedor. Vende a los vecinos y a los que pasan por allí tomates y todo tipo de verduras. Tiene dos carteles que lo indican y que se ven desde las carreteras.

Manuel, con su frutería a pie de caballón. No hay verduras más frescas.

Manuel, con su frutería a pie de caballón. No hay verduras más frescas.

Manuel salió a los quince años de la Alpujarra de Granada. Está prejubilado por enfermedad. Antes pasaba mucho tiempo en el huertecito con su mujer, ahora dedica días enteros a su iniciativa de Borbotó (que no parece ser fruto de una ocupación, sino que es terreno alquilado).
Dice que en Empalme hay ocho huertos, algunos con gente que los cultiva desde hace quince o veinte años. La tierra es ocupada, no sabe muy bien de quién es, si del ayuntamiento, que hizo un PAI que cree que no pagó, o de los primitivos dueños. Se surten de agua de la acequia de Moncada, que han canalizado con permiso del síndico; entre todos los yayookupas cavaron una zanja y colocaron una cañería gruesa para obtener el agua, que pagan a la acequia. Dice que los vecinos de Empalme pasaron firmas por el barrio para que el ayuntamiento de Burjassot eliminara los huertos. De hecho, un día hace unos meses llegaron con unas excavadoras y derribaron una serie de chozas y de cercados que estaban llenos de basura. Pero respetaron a los yayo okupas que cultivaban. Desde entonces, los vecinos no han seguido la guerra.
Manuel es un hombre leído e informado, y con opiniones propias. Se tiene por un “tipo raro”, según le califican, entre otras personas, su propia mujer. De familia republicana, defiende las virtudes del franquismo: recuperar un país destruido por una guerra civil y colocarlo entre los primeros del mundo. Admite que Franco fue un canalla y que hizo mucho daño, pero por otro lado levantó España.

Para él da igual quien gobierne, porque todos los políticos con poder se comportan del mismo modo: en su beneficio personal o en beneficio de sus amigos políticos y económicos. Duda de la crisis en España. No le entra en la cabeza que haya seis millones de parados sin que esto repercuta en agitación social. Asegura que él ha vivido crisis peores, cuando era empresario montador de naves y tenía a veinte o treinta personas a su cargo. Dice en el polígono de la Fuente del Jarro de Paterna cerraron 300 empresas en un año. Asegura que los trabajadores franceses, ingleses o alemanes son más decididos que los españoles; en caso de huelga, son capaces de pegarle fuego a un cuartel o a un edificio gubernamental si se les opone resistencia. Admira a los empresarios que se han hecho grandes empezando de la nada, aunque admite que lo consiguen haciendo mucho daño a otros empresarios y a los trabajadores. Un gran empresario no puede ser una buena persona, tiene que ser un cabrón, y dedicar las veinticuatro horas del día a hacerse rico sin discriminar los medios e ignorando familia y amigos; Antonio, otro hortelano vecino se suma a esta idea.

Manuel, recogiendo berenjenas

Manuel, recogiendo berenjenas

Confiesa Manuel que cuando quería asegurarse a un cliente, le sobornaba por medio de regalos que no especifica, pero da a entender que eran pagarle comidas caras, veladas en casinos o en antros de ciertos espectáculos o directamente acompañarle a casas de mala reputación.
Cuando le obligaron a derribar la cabañuela, fue a buscar al dueño del terreno, un tipo superrico de Burjassot, sin familia, sólo un sobrino diplomático. El hombre le dijo que no tenía más remedio que obedecer a los guardias, pero que él nunca le iba a echar del terreno.
Después de las últimas elecciones municipales se presentó el concejal de urbanismo de Burjassot para llamarle la atención sobre las lonas que ha puesto para taparse del sol. Tuvieron una bronca en presencia de la policía municipal. Dice Manolo que el concejal le dijo que no podía vender verdura. Le contestó que él no tenía derecho a decirle eso, porque carece de ingresos fuera de su pensión miserable, que nadie de su familia trabaja y que necesita comer. El concejal se fue diciendo que ya recibiría una notificación. A estas alturas todavía no le han dicho nada.
Otro cultivador de Empalme es Domingo, nacido en Vigo. Lleva en Valencia desde que se casó, después de terminar la mili. Tiene dos hijas vendedoras en una tienda de ropa de Montcada, que cogieron en traspaso del dueño, para el que trabajaron durante casi una década. Tiene sesenta años, y está en paro desde hace cinco o seis. Trabajaba en una empresa de limpieza de fachadas, siempre colgado del andamio.
Tienen un huertecito en barbecho en Empalme, el primero pegado a las dos carreteras, con un gallinero enfrente. Dice que pertenece a dos hermanas que viven en Burjassot. Los huertos contiguos, hasta el de Manolo, son propiedad privada. Contrató una pala mecánica para retirar los escombros cuando se hizo cargo del terreno. También quitó escombros del gallinero, que no era de nadie, de “la carretera”, donde la rotonda, y que los encargados de la obra le dijeron que podía hacer con el lugar lo que quisiera. También tiene huertos con frutales en Benimámet, donde los demás huertos de Canterería. Cultiva verduras y piensa sembrar alfalfa en el de Empalme. Las barracas que ha derribado el ayuntamiento estaban en parcelas que no se dedicaban a la agricultura, sino a la droga y la vagancia, dice. Hubo protestas de los vecinos de las nuevas casas de al lado.

Isidro y Fátima, en su huertecito asomado a la Ronda Nord, en Benicalap

Isidro y Fátima, en su huertecito asomado a la Ronda Nord, en Benicalap

Una cuña en Benicalap

Hay un rincón abandonado en el barrio valenciano de Benicalap que linda con la Ronda Nord. La construcción de esta avenida (se llama de los Hermanos Machado) lo dejó cubierto de escombros. A su lado hay pequeños campos cultivados por agricultores convencionales, acaso los antiguos dueños de la tierra antes de su expropiación, que aprovechan su desuso urbano o vial. Cuenta con una vieja alquería, al parecer de propiedad municipal, llamada La Torre, a la que se llega por una carretera asfaltada que muere en uno de los huertos.
Asaltantes anónimos hacen de vez en cuando butrones en la alquería de la Torre para robar las tejas moras. Durante una temporada vivió allí una familia de rumanos, que se mataron en su furgoneta, arrollados por un tren, cuando volvían a su tierra de vacaciones. Eran personas pacíficas y simpáticas, y la madre pedía en la puerta de Consum. En el tramo asfaltado se suelen reunir los fines de semana familias de ecuatorianos o peruanos o de las dos nacionalidades, que celebran comuniones, comidas, y bailes, para pasar el rato juntos. Todo esto me lo cuenta Nacho Velaz, del proyecto “Entrevecinos” de Benicalap, jubilado, navarro, hombre inquieto, activo y activista. Casi todo el terreno de por allí es del ayuntamiento de Valencia, que lo expropió cuando construyeron la Ronda. Hay una finca arruinada contigua al parque, que se llamaba la Finca del Americano, y durante los años 80 fue un pub de nombre Oasis Park.
Nacho se ha tomado un gran trabajo en adecentar parte de la fértil cuña abandonada, y la ha preparado para el cultivo. Antes de él, ocuparon la parcela otras personas, y fueron haciendo sitio para plantar verduritas. Por allí pasa un ramal de la aceqjuia de Montcada que da riego a los campos, y que Nacho y los otros yayookupas han trabajado para aprovechar su agua, con permiso del síndico. La idea de Nacho es que vecinos necesitados de Benicalap empiecen a cultivar los huertos que él prepara con tantos esfuerzos. Aunque, en su fuera interno y algo de externo, no cree que su idea prospere, a la gente no le gusta doblar el lomo bajo el sol y la lluvia. Lo ha intentado alguna vez, y los invitados a autoabastecerse han abandonado pronto.
Isidro López y su mujer Fátima no son mayores, pero tampoco jóvenes. Isidro fue cocinero en el Casal d’Esplai del Saler durante quince años. Está jubilado porque tiene una prótesis, no explica de qué tipo. Llevan un año en este rincón. También cultivan otra parcela en la explanada del otro lado de la Ronda, en Empalme. Esta última es mejor. Porque la de l’Alquería de la Torre está expuesta a los gamberros. Se halla en un rincón lejano del tráfico viario y de transeúntes, donde grupos de chavales hacen rapiña de los huertos. Cultivan en ecológico. Nacho les provee de estiércol, que trae de algún sitio.
Hacia Benicalap, frente al parque, se halla l’Alqueria dels Moros, descuidada, pero con un gran potencial, por ejemplo, si se utilizara como centro de un programa de huertos urbanos. Pegada a la Finca del Americano hay una caseta donde pone: “Pou del Moli Pallus”, sin acentos.
Nacho posee cierta autoridad en el barrio de la Ciudad Fallera, el último del distrito de Benicalap. Es presidente de la Asociación de Vecinos, y de una ONG que reparte comida entre los necesitados, casi todos magrebíes y suramericanos. Nacho está invirtiendo bastante trabajo y algo de dinero propio en canalizar la acequia mencionada.
Cuenta Isidro que un guardia municipal se pasaba antes por allí y les advertía que la ocupación era ilegal. Pero luego dejó de molestarles. Al parecer, el cambio de gobierno municipal ha traído la tranquilidad a muchos yayo-okupantes.

El CSA de Benimaclet

El CSOA L’Horta de Benimaclet

Okupas con pedigrí
Incluso dentro de la ciudad pueden encontrarse huertos ocupados. El más llamativo es uno de Benimaclet. Se hace llamar CSOA L’Horta (Centro Social Ocupado Anarquista L’Horta). Dani, uno de los responsables, dice que todos los lunes a las 18 horas hay asamblea. No tienen muchas relaciones con la Asociación de Vecinos de Benimaclet y sus huertos porque “son jerárquicos”.
Un grupo de músicos de jazz ensaya fuera de la casa, a la sombra, determinados días de la semana. Se ven muchos chicos, casi todos con pelo rasta, y sobre todo chicas jóvenes. Un número notable son extranjeros comunitarios
Llevan tres años en el lugar, que parece pertenecer al ayuntamiento. Los dos edificios de la alquería estaban llenos de basura, que habían amontonado allí los servicios municipales, tras desalojar a los gitanos que ocupaban el lugar, y causaban problemas a los vecinos. Desde que están los anarquistas, la relación ha mejorado, entre otras cosas porque no arman broncas y porque han limpiado el terreno.
Cuentan con un espacio para huertos, que funcionan al margen del CSOA, aunque forman parte del proyecto no jerárquico ni dependiente. Me lo cuenta Julián, que como los demás cultiva en ecológico, un tipo de unos cincuenta años, con trabajo, que vive en El Cabañal. Insiste mucho en el valor de no ser jerárquicos ni depender de ninguna autoridad municipal, al contrario que los huertos de Burjassot, Godella o el de La Torre (del ayuntamiento de Valencia).
Otro huerto coupado urbano está situado en un solar de la calle Ramón Llull, frente a un edificio cilíndrico de la Universitat de Valencia que creo se dedica a Comunicación. Está plantado de tomates y algún que otro producto, pero tiene un aspecto de dejadez. Cuando he pasado por allí no he visto nunca a nadie trabajando, pero lo cierto es que no voy a todas horas.

Otro aspecto de los huertos de Benimaclet. Véase el mérito de los okupas, que han limpiado de escombros lo que era un vertedero.

Otro aspecto de los huertos de Benimaclet. Véase el mérito de los vecinos-labradores, que han limpiado de escombros lo que era un vertedero.

El misterio de La Punta

Para acabar, una mención a los huertos de la Punta y de Nazaret, dos barrios o pedanías reconvertidas por el ayuntamiento del PP, con objeto de explotar las posibilidades industriales del puerto, algo que se quedó a medias. Entre la zona de contenedores del Grao y el Nuevo Cauce del rio Turia, hacia el interior, quedan amplios restos de La Punta y de Nazaret, con muchas alquerías y núcleos de viviendas. Hay grandes extensiones de huertos, más o menos la mitad cultivados, pero es difícil decir cuales están ocupados y cuales son explotaciones digamos legítimas. La zona está atravesada por multitud de pequeñas acequias. También hay bastante abandono, no sé si porque el terreno está expropiado o porque los propietarios se han ido aburridos a otra parte.
Algo llamativo de la Punta es la cantidad de naves industriales cerradas y en decadencia. Deben de ser antiguas, al menos de los años sesenta o setenta del siglo pasado. Esto quiere decir que la Punta dejó de ser un paraíso de la agricultura hace más de medio siglo.
En conclusión, la gran mayoría de los yayo okupas no ponen énfasis en la agricultura ecológica. Pero también es verdad que no vierten toneladas de fitosanitarios en los huertos, entre otras cosas porque cuestan caros y porque ahora los expendedores piden un carnet de agricultor homologado en la agricultura “integrada” para venderlos, y ellos los consiguen de extrangis.
Cabría pensar que iniciativas municipales en apoyo de estas aventuras darían un gran resultado. Pero cada vez que se mienta la bicha de la administración, todos los agricultores, profesionales o aficionados, a tiempo parcial o a tiempo completo, abuelos o jóvenes, manifiestan inquietud. Su consigna máxima es “que no nos pongan problemas y que nos dejen en paz”. No sé yo si los modelos alemán y austriaco cuajarían en esta tierra libertaria, calurosa y fértil.

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Autor: Redacción

Un comentraio para “LOS YAYO-OKUPAS DE HUERTOS URBANOS EN VALENCIA

  1. Cebasan
    24 agosto, 2015 a las 17:53

    Trataré de hacerle llegar a Juan, el cobrador del agua que, a pesar de que los profesores nunca hayan puesto interés en aprovechar el entorno del colegio, los alumnos sí sentíamos interés.Decirle también que a pesar de que sólo era una niña, sembraron en mí la curiosidad por la agricultura y ojalá también pudiera decirle que le estoy enormemente agradecida por haberme dejado ver cada día de mi infancia como trabajaban y cuidaban la tierra.
    Celia Balaguer, estudiante de Grado en Ingeniería Agroalimentaria en la UPV.

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