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RAFAEL LABORDA, ENTRE LA CÁTEDRA Y LA HUERTA

“La protección de cultivos es la gestión del miedo. Y contra el miedo no hay otro remedio que el conocimiento.”

 

La Universidad española, así, en bloque, no es de las mejores del mundo, pero tampoco es un almacén de escombros académicos, porque son multitud los profesionales salidos de ella que triunfan allende nuestras fronteras. Quizá su problema más notable es la distancia que media entre las aulas y la realidad laboral.

Si no es abismal es gracias a profesores como Rafael Laborda Cenjor, de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica y del Medio Natural, de la Universitat Politècnica de València. No hay semana que no dedique un día a visitar huertos, jardines y localidades donde desarrolla programas de colaboración, a veces estrictamente personales. Su ejemplo es un estímulo para los estudiantes con ganas de aprender, y un alivio para los agricultores que colaboran con él (y viceversa). Rafael Laborda mantiene una página digna de visita por los interesados en la agroecología, Cropprotection.es Hemos pasado un rato con Rafael Laborda en una de sus visitas periódicas a la finca de Sa i Fresc, de la que esta publicación ha hablado antes.

Entrevista y fotografías de Fernando Bellón

De izquierda a derecha, Julio, de Sa i Fresc, su hijo Julio, estudiante de agronomía, y Rafael Laborda

De izquierda a derecha, Julio, de Sa i Fresc, su hijo Julio, estudiante de agronomía, y Rafael Laborda

“Cada año vamos despejando incógnitas y acumulando experiencias. Es un trabajo inmenso, hay cuarenta o cincuenta cultivos. Intentar controlar todo eso es inabarcable. Lo que intentamos es completar unas pocas estrategias eficaces, y jugar “al despiste”, en el sentido de que manejando la diversidad, los fitófagos, los que se comen las plantas, no se conviertan en plaga.”

“Quien tiene en su cabeza los procesos de espacio y tiempo son los labradores, ellos son los que saben darle a la planta lo mejor, y los que saben trabajar a largo plazo. Nuestro trabajo es estimular las pruebas, y ellos las aceptan en la medida de sus posibilidades y de la situación de los cultivos y cosechas. Y sacamos conclusiones.”

“Yo creo que el primer problema es arreglar el tema de la enseñanza de agronomía, que está hecha trizas en España. Y no se la han cargado solo los políticos, sino que todos nosotros somos responsables. Un sistema educativo que se basa en la memorística, en la falta de originalidad, de innovación. La agricultura que hemos de crear, la ecológica, está todavía por inventar. No puede resolverse a base de recetas, de memoria. En la Escuela se les vende a los alumnos una historia de que acabarán en un laboratorio con una bata. Aquí, al campo, los que vienen son poquísimos.”

María, estudiante de agronomia, buscando orugas en un campo de patatas

Pepi, estudiante de agronomia, buscando orugas en un campo de patatas

Rafael Laborda. Desde hace 25 años estoy dando clases de protección de cultivos, algo que ha tenido una cierta evolución en el tiempo. La evolución de cultivos pretende que no se pierda lo que se produce, básicamente.

¿Protección de cultivos convencionales o ecológicos?

Cuando yo doy un curso sobre agricultura ecológica no cambio de personalidad. Para mí es lo mismo. Yo doy clases de sanidad vegetal o protección de cultivos. Y para mí las bases son las mismas. Que alguien haga agricultura convencional no significa que no tengas que contar con los principios de la naturaleza, sería absurdo. El suelo es un ente vivo. Otra cosa es que todo el mundo lo acepte o no. El cambio climático es real, no depende del pensamiento de la gente. Que los procesos naturales existen, no tiene vuelta de hoja. No conozco ningún campo de cultivo donde no haya vida.

Así que cuando hablo de mi enfoque en la protección de cultivos hablo de tres ejes. El eje económico, el ecológico y el social.

Ecológico significa las relaciones entre los seres vivos, lo que ahora se llama agrosistema. Pero eso, cuando yo estudiaba, ya me lo enseñaban.

El eje económico es fundamental. Los agroecos tiene que ganar dinero. Una de las piezas claves es el manejo integral de plagas, es decir que tienes que integrar muchos conocimientos, muchas especialidades y contar con el aspecto económico. Cuando Julio (uno de los socios de Sa i Fresc) , por ejemplo, actúa en sus campos es porque la intervención le es más rentable que la no intervención. Eso es lo que hace cualquier labrador del mundo.

Lo que pasa es que hay labradores que tienen más miedo que otros. Yo digo que la protección de cultivos es la gestión del miedo. Y contra el miedo no hay otro remedio que el conocimiento.

Luego, el eje social significa que el cliente de hoy en día, el consumidor, no es el mismo que el de hace 30 años. Además, ha habido una serie de hitos, el cambio climático, la capa de ozono dañada. Y esto es así porque aquí y allá un punto clave de la agricultura era el uso de bromuro de metilo. No era una cosa excepcional, era constante. Era un gas tan tóxico que si te pillaba cerca te mataba. En un momento determinado se descubrió que el bromuro de metilo tenía efecto sobre la capa de ozono. Y en el protocolo de Montreal se decidió evitar este producto. Y empezaron a aparecer alternativas. Las alternativas siempre aparecen cuando son necesarias. Estos pasos son los que se dan en la forma de luchar contra las plagas, y en la protección de los cultivos. Es decir, que el contexto de la agricultura y el consumidor actual son diferentes a los de antes.

¿Eres uno de los pocos profesores de agronomía que pisan el campo o hay más como tú?

Yo insisto en el manejo integrado. Uno de los problemas más antiguos en la agricultura y en la ciencia en general es el estímulo de la especialización, la desintegración. Aparece un señor experto en protección de cultivos, y dentro de este campo, en protección de ácaros, en virología, en patología; luego otro experto en abonado, otro en riego… Se termina construyendo una universidad de muchos expertos en aspectos teóricos, que lo más que hacen es visitar el campo de cuando en cuando, pero no trabajar en él. Yo por ejemplo, cuando era estudiante, aunque parezca increíble, no he ido nunca.

Lo que intentamos algunos profesores es llevar al campo a los alumnos. Solo los que quieran, no es obligatorio. Pero no ir de visita turística en autobuses, sino a observar, a practicar, haga frío o calor, como hacen los agricultores. Nos salimos del contexto clásico de la docencia. Nos escapamos de la sesión de Power Point en clase; y luego te vas a tu casa o a divertirte por ahí.

Julio, obteniendo una muestra de orugas.

Julio, obteniendo una muestra de orugas.

¿En qué consiste tu colaboración con Sa i Fresc?

Es una relación profesional y de amistad vieja de años. Yo vengo a aprender y a ayudar en lo que puedo. Vengo a comprender los procesos que ellos siguen, a intentar comprender las rotaciones, a favorecer en la medida de mis posibilidades y conocimientos el control biológico. Algo importante es que ellos, que dominan su trabajo desde el punto de vista técnico, reciban apoyo en el control biológico. Esto consiste en que hay una serie de organismos llamados depredadores o parásitos, que controlan a otros que son plaga. Desde el principio hacemos estudios de esta naturaleza.

Y el otro gran concepto es para mí el manejo del hábitat. Cómo organizar los cultivos , cómo hacer las rotaciones, para que la incidencia de las plagas sea menor.

Hay plagas y también enfermedades, que no son lo mismo.

Por mi formación soy experto en plagas, un entomólogo. Pero lo que yo he enseñado desde siempre es la protección de los cultivos o sanidad vegetal, que incluye también las enfermedades. No puedo llegar, ver una enfermedad y decir, no, es que eso no es mi especialidad. Igual que debo de tener los conocimientos suficientes de riego, de fertilización, y de todo lo que es la agronomía en general. Pero es cierto que en nuestros estudios le damos más importancia a las plagas.

¿Cuáles son los métodos de trabajo conjuntos que desarrolláis?

Hacemos muchas reuniones, hablamos mucho por teléfono, prácticamente todos los días. Dada la experiencia acumulada, sabemos los problemas generales de cada temporada: ahora en el otoño, orugas, en primavera, pulgones… Y luego está la disponibilidad de unos y de otros. Al ser esto una relación libre, no nos exigimos nada unos a otros. Yo tengo que contar con la disponibilidad de los alumnos, y de los colaboradores no alumnos. Este año hemos decidido darle prioridad al tema de las orugas.

Nos sentamos, ponemos encima de la mesa los conocimientos que cada uno tiene, y definimos una estrategia. La de este año es ser capaces de advertir a tiempo que tienen una amenaza potencial de orugas, por ejemplo, con dos semanas de anticipación. Esto es así debido a los tratamientos exigidos. En agricultura biológica basada en los principios del cultivo biológico, pero hay que hacer tratamientos con productos que no son muy agresivos, y que por tanto no dan eficacias elevadas, en especial si las orugas son grandes. Hay que considerar que una oruga aumenta de peso a lo largo de su vida entre mil y cuatro mil veces. Esto quiere decir que si la coges pequeña, con un producto poco agresivo la puedes controlar. Y así es como trabajamos.

Una de las orugas de la muestra, dispuesta para el laboratorio

Una de las orugas de la muestra, dispuesta para el laboratorio

Hacemos visitas semanales, ponemos el laboratorio a disposición de los alumnos que están recogiendo muestras. A la postre, lo que intentamos es definir estrategias: hay tanta densidad de orugas, y tal podría ser la buena estragedia; si ya la oruga se ha hecho más grande y las poblaciones son más elevadas, esta estrategia no vale, hay que hacer otra más agresiva. Cada año vamos despejando incógnitas y acumulando experiencias. Es un trabajo inmenso, porque no es como en los cítricos. Aquí hay cuarenta o cincuenta cultivos. Intentar controlar todo eso es inabarcable. Lo que intentamos es completar unas pocas estrategias eficaces, y jugar “al despiste”, en el sentido de que manejando la diversidad, los fitófagos, los que se comen las plantas, no se conviertan en plaga.

Si tuviéramos más recursos humanos (no es un problema de recursos económicos) podríamos trabajar mucho más. Pero nos conformamos con lo que estamos haciendo.

¿Las experiencias que adquirís aquí son útiles en otros lugares?

Claro. Hace un par de años, hicimos en otro campo una “calçotada”, en la que invitamos a gente de l’Hort de Náquera, donde teníamos un proyecto, en colaboración con el ayuntamiento, para buscar nuevas alternativas agrícolas. También tenemos experiencias en Poble Nou de Benitaxell, al lado de Jávea, contratados por el ayuntamiento, en busca de la conversión de la uva moscatel de convencional a ecológica. Nuestro trabajo consiste en hacer ver al labrador que es posible ese proceso. Es un trabajo muy bonito, porque en Benitaxell no son labradores que estén por la agricultura ecológica. El primer días te reúnes con ellos en la biblioteca, y les cuentas tu película. Y ellos piensan, este tío esta pallá. Y a partir de ahí se llega a movilizar y a conseguir lo buscado.

Claro, esos proyectos cuentan con presupuestos firmados en convenios con el municipio, que nos permiten contratar a personas.

Otro proyecto es el control integral de plagas en los jardines de Valencia. Es un convenio de colaboración antiguo con las empresas que llevan la jardinería municipal. La idea general es manejar las plagas de los jardines con el menor uso de plaguicidas. Al ser un proyecto financiado, podemos contratar a personas adecuadas. En estos momentos estamos a punto de firmas los nuevos convenios con FCC en la zona norte y SAV en la zona sur.

Toda la información obtenida es trasladable. En ese caso son árboles en una ciudad, que se tratan con los menos plaguicidas posible, una experiencia que puede valer para otras ciudades mediterráneas. En Jerez hemos hecho también un proyecto.

Al final se trata de aplicar el conocimiento que tenemos, que es nuestro punto fuerte.

Quien tiene en su cabeza los procesos de espacio y tiempo son los labradores, ellos son los que saben darle a la planta lo mejor, y los que saben trabajar a largo plazo. Y eso en agricultura ecológica es fundamental. Si algo diferencia la agricultura ecológica de la convencional es que en la convencional tienes más herramientas para corregir algo. Si surge una plaga, tiro plaguicida específico. En ecológico, también hay herramientas correctoras, pero mucho menos.

pasiflora

Margen de lobularia marítima

Así que, en el caso de Sa i Fresc, ellos ponen su trabajo y su experiencia, y nosotros lo que intentamos es darles información lo más rápida posible para tomar las decisiones correctas entre todos. Aunque también hemos hecho muchos ensayos. Hemos atraído a empresas que tienen productos. Por ejemplo, la empresa que nos ha proporcionado las semillas para sembrar los márgenes de flores y hierbas como la lobularia marítima. Lo que hacemos ahora mismo es sembrar en los márgenes mezclas de plantas para ver cuales son las más apropiadas.

También hay diferencias entre la horticultura y la fruticultura. En la horticultura el suelo se maltrata mucho. No tiene estabilidad. A nuestros amigos los depredadores de parásitos lo que les conviene es la estabilidad. Una vez que se ha terminado un cultivo en el huerto, se labra la tierra, y a todos los seres beneficiosos les dejas sin su alimento. Por eso estamos diseñando márgenes para que parte de eso insectos puedan alimentarse de ellos.

Disponemos de mucha información. Pero tenemos poca información del huerto mediterráneo. Por eso aquí hacemos muchas pruebas. Con la diferencia de que esto no es un centro de experimentación de la universidad ni del gobierno. Aquí son los labradores los que, primero, dejan de cultivar una serie de metros cuadrados para introducir esas plantas, pagan la simiente, riegan, sufren las incidencias del crecimiento, y luego son los que te dicen cual es la que les gusta. Nuestro trabajo es estimular las pruebas, y ellos las aceptan en la medida de sus posibilidades y de la situación de los cultivos y cosechas. Y sacamos conclusiones.

Cuando podemos, escribimos algún artículo o alguna comunicación a un congreso… Es una satisfacción para ellos, que también se aprovechan del márquetin, y para algunos alumnos que antes de terminar la carrera ya tienen comunicaciones presentadas.

Esta fórmula cooperativa de trabajo es la misma en todos los casos. Por ejemplo, en Benitatxell, los labradores se fían de nosotros cuando les pedimos que no traten la uva. Y en el caso de los jardines de Valencia, también, hay una cooperación entre las empresas que llevan los jardines, el ayuntamiento y nosotros.

¿Qué impresión te ha dado la nueva Consellería de Agricultura y áreas adjuntas?

Yo creo que el primer problema es arreglar el tema de la enseñanza de agronomía, que está hecha trizas en España. Y no se la han cargado solo los políticos, sino que todos nosotros somos responsables. Un sistema educativo que se basa en la memorística, en la falta de originalidad, de innovación. La agricultura que hemos de crear, la ecológica, está todavía por inventar. No puede resolverse a base de recetas, de memoria… Eso es lo que hay que decir. Pero no focalizándolo en los políticos, aunque hemos tenido unos políticos lamentables, desde luego. Estamos hechos polvo. En la agricultura se ha vivido mucho de la subvención, han venido millones de euros de Europa que se han dispersado y no han construido nada práctico. Así que tenemos que ir hacia una manera innovadora de trabajar. La agricultura especulativa, de exportación, no beneficia.

Yo he visitado los campos de Roma y me he encontrado con una agricultura normal, variada. Aquí es la especulación. Que funciona el caqui, todos a plantar caquis. Una vez Fermín me dijo que lo mejor que podían hacer con l’Horta es asfaltarla toda; puesto que a los valencianos les resultan tan difícil consumir los productos de la Huerta, eliminémosla. Era un sarcasmo, claro, en relación con los movimientos de defensa de l’Horta. Lo más sencillo es que la población compre los productos de proximidad, esa es la mejor protección de l’Horta. Y eso sí se puede estimular. Lo fácil es ser ecologista, defensor de la tierra, etc y comprar los alimentos importados. Todos nos declaramos ecologistas, todos defendemos los derechos humanos, l’Horta… y yo primero, eh, pero ahí es donde se puede dar un empujón a l’Horta. Comprando y haciendo, no pasar todo el día hablando.

Una clase práctica y beneficiosa para el agricultor

Una clase práctica y beneficiosa para el agricultor

¿Crees que cuajará esta multitud de ecoagros jóvenes que han surgido en todas parte?

Mi opinión carece de importancia. Lo que sí veo es que falta formación de base. Desde luego, si esos nuevos agricultores jóvenes son constantes y se dan una buena autoformación al final podrán triunfar. Pero el camino es complicado. Se podría simplificar. Por ejemplo, tenemos muchos profesores de agricultura. No puede ser que uno llegue a ocupar una plaza simplemente porque tiene más puntos que otro, y esto no significa que tenga mas conocimiento que otro. Yo veo que en todas partes, desde educación infantil hasta la universidad no se valora la calidad profesional, se valoran los titulitos, los puntitos… La consecuencia es que los licenciados salen con muy poca capacidad de innovación, de comunicación con la sociedad. Cada vez complicamos más los sistemas, los llenamos de papeles, como sucede con la agricultura; tú vas a una cooperativa y te encuentras a todo el mundo en el despacho llenando papeles; de Global Gap, de Nature Choice, para demostrar que estás haciendo las cosas bien. Pero quién está en el campo, nadie, todos están en las oficinas llenando papeles. Se emplea un esfuerzo tremendo solo para demostrar a los burócratas que estás haciendo las cosas com ellos disponen. Al final aprendes de carrerilla fórmulas vacías.

Nosotros le hemos dado mucha importancia siempre a la divulgación, a los talleres para chicos, materiales… El año pasado, mi compañera, que es educadora, estaba en Siete Aguas de profesora. Y le dije, “¿a nadie se le ha ocurrido hacer un taller sobre la viña, sobre el vino?” Pues no se había hecho, y ella lo realizó. Y a los pocos días, uno de os padres de chicos de cuatro años le invitó a ir a la bodega, pronto empezaron a aparecer niños diciendo que de mayores querían ser viticultores. Si se prestigia el trabajo agrícola, da frutos. Tenemos una concepción romántica del campo, pero nadie quiere hacerse labrador. Ella misma me confesó que en todo el tiempo que había sido asesora para estudiantes de bachillerato, de cara a la universidad, nunca había propuesto que se estudiara agrónomos, ni formación profesional agrícola. Se trata solo de prestigiar este oficio.

Durante unos años teníamos un programa que se llama “Prácticum”. Se trata de estudiantes de los últimos años del bachillerato que pasan una semana con nosotros en la Escuela de Ingenieros Agrónomos. El requisito para participar en el programa “Prácticum” era tener las mejores notas. Los mejores expedientes de bachillera venían una semana con nosotros. Al final todos se matriculaban en medicina. Nadie quería estudiar agronomía.

En la Escuela se les vende a los alumnos una historia de que acabarán en un laboratorio con una bata. Aquí, al campo, los que vienen son poquísimos.

Estudio de tal

Estudio de diversidad de cultivos en l’Horta Nord de Valencia

Se trata de prestigiar esta profesión. ¿Cómo? Desde luego, en las escuelas y en los institutos se tiene que hablar de agricultura, por ejemplo, en la famosa asignatura de “Conocimiento del Medio”. Esto es una de las pocas cosas que se pueden solucionar institucionalmente. Yo tengo varios proyectos en este sentido. Ahora mismo estamos trabajando en el instituto de la Vila Joiosa, donde una profesora, Eva Lanchazo, ha puesto en práctica una APP diseñada por nosotros para que los chavales del instituto geolocalicen árboles en el área. De esta forma conseguimos que los chavales hagan fotos de árboles con sus móviles.

En l’Horta Nord estamos midiendo la diversidad de cultivos. Hemos hecho un mapa de un kilómetro de radio lleno de iconitos. Esto es algo que podríamos proponer a colegios o institutos del Horta, para visibilizarla. Son proyectos que no necesitan dinero, no hay que buscar presupuestos inmensos, al estilo proyectos Life, aunque no me importaría que me cayera algunos, la verdad. Hay muchas cosas que se pueden hacer juntando voluntades.

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Autor: Redacción

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