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Renau, la doctrina política y el arte

Un ensayo de Francisco Campos

(La ilustración es una tabla con el título “La Ciudad Celeste”, y pertenece a la serie “In Apocalypsin XXI”, de Paco Campos.)

Al reflexionar sobre la obra de Renau, con motivo de esta presentación, se me ha vuelto a hacer presente (por momentos parece adormecido) mi pesimismo antropológico. A veces considero al animal humano como una enfermedad del planeta, y pienso que lo mejor que podría suceder es que nuestra especie desapareciese y el planeta pudiera seguir su curso natural, sea éste el que sea.

Lo digo porque al analizar la obra de nuestro pintor, compruebo cómo las realizaciones más esforzadas, mejor intencionadas de distintas personas, Renau en este caso, sólo mitigan los síntomas, sin hacer mella en la esencia de la enfermedad, porque veo con dolor cómo su inmenso trabajo ha servido para poco, en el sentido para el que lo creó.

Sólo tenemos que mirar a nuestro alrededor para comprobar el estado de la sociedad, en cualquiera de sus campos; esa sociedad mundial por la que tanto lucho en su intento de mejorarla. Concretamente en el campo del arte, los poderes económicos y políticos dirigen y digieren cualquier forma de expresión. El arte tiene poca o ninguna capacidad para reformar el mundo. Las obras más comprometidas y críticas, son absorbidas y rentabilizadas por el mercado y las instituciones del arte, anulando así el posible mensaje transformador, no digo ya revolucionario. Eso aún cuando se trate de auténtico arte, porque en la mayoría del llamado arte político, y aunque esté bien resuelto técnicamente, se trata de propaganda de uno u otro signo, o muchas veces una expresión oportunista para provecho del supuesto artista. Hay algún caso reciente. Si Renau resucitase y viera el estado de la sociedad y la cultura por la que tanto trabajó, no sé si le quedarían ganas o fuerzas para seguir en esta lucha aparentemente inútil. Opino que el arte comprometido, sólo llega a los que previamente están comprometidos, sólo convence a los previamente convencidos por su propia ética.

El arte social es un arte comprometido con lo contingente, tiende a reflexionar y a responder a las cuestiones del aquí y del ahora. Hay otro arte, que Renau llama puro, y que para él no tiene mucho o ningún valor porque no se ocupa en denunciar las injusticias sociales del momento. Estoy completamente en desacuerdo con esta visión del artista que nos ocupa, y seguramente el Renau más ortodoxamente marxista, pensaría de mí que soy un artista reaccionario. Pienso que el arte debe tener una función humanista, y dentro de esta se pueden y se deben dar la social y la política, pero no única y exclusivamente.

El comunista y el pintor

Este arte que llamaré trascendente, quitándole a esta palabra toda connotación mística o religiosa, tiende a reflexionar sobre cuestiones que el hombre de todos los tiempos se ha planteado; cuestiones que no tienen que ver con el acontecer social cotidiano, pero que son fundamentales porque están relacionadas con el sentido de la vida. Naturalmente hablo de arte verdaderamente creativo, especulativo. Este arte, también es comprometido, aunque su función social no sea tan evidente.

Renau, no fue un pintor comunista, fue un comunista comprometido con la sociedad, que puso sus medios de expresión: pintura, litografía, carteles, fotomontajes, murales, películas y teorías, al servicio de una causa en la que creyó y por la que luchó toda su vida.

No fue ajeno a los distintos estilos artísticos. Empezó con una obra de carácter modernista, pasando más tarde por influencias cubistas, expresionistas, dada, surrealistas, y más tarde futuristas y realistas. Únicamente se mantuvo lejos de la abstracción, a la que sólo concedía cierto papel en la composición general de sus murales, para la visión lejana, pues al ser vistos de cerca se comprobaba que estaban compuestos de múltiples elementos figurativos.

Por otra parte, Renau influyó, entre otros, a artistas tan conocidos como el Equipo 57, Equipo Realidad, Equipo Crónica, Arroyo, o José Ortega, y guarda cierto paralelismo con el grupo Estampa Popular.

En su primera exposición, en 1928, obtuvo un gran éxito de crítica y público, pero esto no le arrojó en los brazos del mercado, todo lo contrario, y tras los contactos con anarquistas y la lectura de textos marxistas, entre ellos “El arte y la vida social” de Plejanov, editada en español, en 1929, se lanza con entusiasmo a la realización de un arte de denuncia social, que desarrollará antes y durante la guerra incivil española.

Perdida la guerra, Renau junto con un grupo de exiliados españoles, fue acogido generosamente por el gobierno y el pueblo mejicano. Permanecerá en Méjico cerca de veinte años, de 1939 a 1958. Unos meses después de su llegada, el gobierno le ofrece la nacionalidad mejicana, y así fue que al morir, en 1982 en Berlín, Renau era mejicano.

Al poco de llegar a Méjico DF, Siqueiros le ofrece participar en un mural en el Sindicato Mejicano de Electricistas, que finalmente tuvo que terminar solo.

En los siguientes años proyecta algún mural que no llega a realizar y varios de temática costumbrista, además del gran mural “España hacia América”.

El imposible “trabajo en equipo”

Relacionado con su concepto del trabajo en equipo en la obra muralística, quiero apuntar que no creo en este tipo de experiencia dentro del mundo de la creación, ni siquiera en un arte tan dirigido, con contenidos tan claros y específicos como el político, al menos como lo entendía Renau a su llegada a Méjico, y comenta al principio de su trabajo en el mural del Sindicato Mejicano de Electricistas. Dice que entre todos analizaban la obra, hacían propuestas que debatían democráticamente, y una vez todos de acuerdo, se ponían manos a la obra. Pero la experiencia le demostró que esto no es posible, porque siempre hay una personalidad más fuerte que las demás, o alguien con mejores ideas o más preparado técnicamente, y esto desata celos, envidias, y resentimientos que conducen, generalmente a la disolución del equipo; a no ser que el resto asuma el liderazgo de uno de ellos. Renau mismo sufrió en propias carnes este liderazgo. Acababa de pintar con aerógrafo una zona de humo, en claroscuro, cuando, sin mediar palabra, llegó Siqueiros y se puso con toda energía a rectificar el trabajo de Renau, que se retiró indignado, aunque más tarde reconoció que la intervención de Siqueiros, que en ningún momento le dio explicación alguna, había mejorado su trabajo. Seguramente esto le hizo cambiar su concepto del trabajo en equipo. En la creación artística, el tratamiento igualitario de todos los miembros del equipo no funciona, como acabaría comprobando en Berlín, donde se convirtió en el director (líder) de un equipo que realizaba lo que él había proyectado.

Según mi criterio, que naturalmente puede estar equivocado, las características fundamentales de sus creaciones más expresivas, como son el uso de pocas pero potentes figuras, un contenido claro y rotundo, o la esencialidad formal presentes en sus carteles y algunos fotomontajes, no se dan o se dan pocas veces en sus murales, donde lo barroco y un cierto horror al vacío, dificultan la clara transmisión del mensaje.

En toda su etapa mejicana desarrolla una ingente labor diseñando portadas de revistas de contenido marxista, y al mismo tiempo, para mantener a la familia, una intensa actividad de carteles cinematográficos y de publicidad comercial en su Estudio Imagen, dándose la contradicción de un artista marxista dirigiendo una empresa capitalista; realizando a diario el mismo tipo de trabajos creativos, que por otra parte atacaba duramente en sus escritos. La mayor cantidad de obra de Renau en Méjico, con diferencia, son los carteles cinematográficos, que a nivel intelectual-artístico debió representar para él una gran frustración, por lo que cuando recibe una oferta de trabajo desde la República Democrática Alemana, se traslada a Berlín.

De forma más o menos esporádica, realiza medio centenar de óleos, algo inhabitual en él, tan reacio a la obra de caballete, y en general a la obra única no pública. No volvió a hacer ninguna exposición después de su primera, y exitosa, de juventud. En algunos comentarios de sus últimos años, se lamenta de la poca importancia que le dio a su obra de caballete, (llega a recriminar a Manuela que se llevase a Berlín algunos cuadros de su etapa mejicana), y reconoce que en sus etapas de crisis lo que le ayudaba era meterse en la soledad de su estudio, con los pinceles, los colores y colocándose ante la tela, la mansonita o el papel, pintar sin un planteamiento previo; algo que en los murales, fotomontajes o carteles políticos, su conciencia marxista no le permitía. Para estos trabajos, Renau, preparaba metódicamente unos bocetos rigurosos desde la ortodoxia ideológica, y exactos desde la plástica, realizados con témpera sobre cartón, montajes fotográficos, o acrílicos, que cuadriculaba y posteriormente con carboncillo y proyecciones pasaba meticulosamente al tamaño definitivo, por medio de la cuadrícula ampliada proporcionalmente.

La técnica mexicana del muralismo

Creo que la etapa de veinte años que vivió en Méjico, resultó fundamental en la maduración y desarrollo artístico de Renau. En Méjico encuentra un clima favorable a sus ideas progresistas, inicia su actividad muralista (descubre la piroxilina, pintura de coches. Un empleado de la casa Dupon le convence de la resistencia de esta pintura para los murales, preguntándole cuanto durarían las pinturas de Velázquez o Goya sobre la chapa de un automóvil al sol, a la lluvia, al polvo y a los cambios de temperatura). En Méjico crea muchos de sus mejores carteles políticos, proyecta y desarrolla algunos de sus mejores fotomontajes y series de fotomontajes. Tengamos en cuenta que su famosa serie “The Américan Way of Life”, la inicia en los 50 y desarrolla en Méjico, aunque la terminó en Berlín hacia 1976. Por cierto, me sorprende que el título no sea “The USA Way of Life”, porque América no es únicamente Estados Unidos de Norteamérica. América se compone de 56 países, unos independientes y otros no tanto. Esto no es una crítica a Renau, sólo es una puntualización que considero oportuna.

También en estos años mejicanos realiza una serie de cuadros de caballete, como he mencionado antes, de paisajes preferentemente, en los que anticipa la libertad creadora de los fotomontajes de sus últimos años, en los que suaviza su postura crítica marxista, abandonando a partir de 1975 los contenidos político-propagandísticos, aunque sigue defendiendo la función social del arte. Muchos de estos fotomontajes tienen como tema el cuerpo femenino.

Pues bien, la rica peripecia vital: artística, política, laboral, y familiar de Renau la podemos seguir en el libro que hoy se presenta, en el cual, Ruy, el hijo mayor de Renau, hace un comentario en relación al mural de “España hacia América” en el Hotel Casino de la Selva, en cuya realización, es justo reconocerlo, tuvo una parte decisiva Manuela Ballester, la mujer de Renau. Dice Ruy que, aparte del imponente trabajo de realización del mural, previamente hubo una tarea ingente, que requirió de mucha dedicación y entusiasmo. Esas mismas palabras se pueden decir de este libro de mi amigo Fernando Bellón. No sólo es una biografía magníficamente escrita, seria y profunda, pero de lectura fácil, que sin duda se convertirá en obligada referencia, sino que el trabajo previo de investigación, estudio, consulta de archivos, viajes y entrevistas a personas relacionadas con Renau, ha sido abrumador. Doy fe de ello. Y el resultado, como podrán comprobar quienes lo lean, ha merecido la pena.

Para terminar, por fin, pensaran ustedes, pero como son educados no lo dicen, y a pesar de lo que dije al principio, esto es, la poca o nula capacidad del arte para cambiar el mundo según opinión de mi pesimismo, debemos estar agradecidos y honrar a los artistas, no sólo de las imágenes, también, de las letras que, como Renau, o Fernando Bellón, dedican su vida y su obra a enriquecer la cultura y el espíritu de los pueblos.

Muchas gracias.

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Autor: Redacción

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