Salvador Seguí Planes (Saoret), un periodista básico

 

Saoret en su huerto

Declaraciones recogidas por Fernando Bellón

En televisión, la mayoría de los/las periodistas son profesionales funcionales: valen para hacer casi de todo lo necesario en el medio, incluido mandar, dirigir o gestionar. De entre ellos, unos pocos son además periodistas decorativos /vas. Pero muy muy pocos / as son periodistas básicos, fundamentales cuyo principal valor es ser cimiento del medio que los emplea, con frecuencia a costa del anonimato.

Uno de ellos se llama Salvador Seguí. Casi todo el mundo que le trata le conoce por Saoro o Saoret.

Salvador Seguí Planes nació en Daimús, comarca de La Safor, en 1948. En plena infancia fue asaltado por la meningitis, y le salvaron de ella unas oportunas dosis de Penicilina. Las secuelas del ataque le duraron décadas, y en plena adolescencia le obligaron a tomar la decisión de aprender a ser feliz, según él mismo cuenta. Lo mejor de una persona que ha aprendido  a ser feliz (o al menos lo ha intentado) es que suele derramar buen humor, y facilita las cosas a quienes trabajan con él e incluso para él.

La sucesión de ocupaciones que ha tenido a lo largo de su vida están relacionadas con el mundo de las ventas, que aprendió de su padre, tratante de naranjas. A los 47 años abandonó del todo la representación comercial y se metió de cabeza en la televisión, con la que llevaba un tiempo flirteando. Así es como ha llegado a ser un periodista básico, fundamental y cimiento de un medio hoy tambaleante, Canal 9.

A continuación se transcribe, con ligero trabajo de edición debido a la traducción del valenciano, la entrevista grabada en mayo de 2012.

Huerto y corral son naturales, es decir, ecológicos.

Mi padre se ganaba mejor la vida con su trabajo comercial que con la tierra y la cultivaba de aquella manera. Se entretenía un poco con ella bien temprano, para completar el jornal que sacaba con su oficio. Pero si llegaba con su trabajo, pagaba jornal a otros, porque ganaba más así que trabajando él la tierra. Ganaba más comprando y vendiendo bancales o productos agrícolas.

Yo he estudiado en Escolapios de Gandía, aunque mi padre era rojo, porque mi madre, católica, apostólica y romana, le convenció, y porque podían pagar cien duros al mes por mi educación, y estaban convencidos de que en los frailes iba a aprender más que en un colegio público.

No es que fuéramos ricos, pero sí teníamos lo suficiente. Además, en los pueblos, se pasó de puntillas por la época del hambre, en los cuarenta y los cincuenta del siglo pasado. Por ejemplo, mi padre, como otros, arrancó naranjos para plantar hortalizas de temporada y poder comer y ganar algo. Había quien plantaba manzanos o granados o lo que fuera en las orillas de las acequias, y en los bancales menos indicados para cítricos plantaban cebollas, patatas, boniatos, lo necesario para comer. No se pasaba hambre.  En el corral tenías gallinas, un cerdo, un caballo o un burro para la labor. Y también había quien criaba toros o bueyes. Esto es curioso y poca gente lo sabe. 

Tú ibas a casa del ganadero a por un buey. Te daban un becerro o un novillo y cinco mil pesetas. Las cinco mil pesetas eran para cuando no podías ir al bancal a coger paja para el animal. Y comprabas algarrobas o trigo para que comiera. O para cuando llovía o para el invierno. Y cuando mataban el toro, el ganadero cogía los mil duros y se repartía la diferencia de la venta del animal. Era un negocio a medias por completo.  De modo que tenías dos animales en casa, el toro y los mil duros. Muchas familias tenían un toro en el corral. No eran ricos, pero tampoco pobres, porque los pobres no tenían corral.

Daimús viene de la repoblación con mallorquines que se hizo en el siglo XIII. Yo soy Seguí, que es un apellido mallorquín. Mi padre era también Salvador Seguí, como el Noi del Sucre. Y él decía que eso le había salvado la vida, porque en los traslados de cárceles (él estuvo en cinco) aprovechaban para fusilar a algunos condenados a penas largas, como él, porque creían que eran los peores. Pero como creían que podía ser el Noi del Sucre (asesinado en 1923), no le tocaban.

Yo me hice agente comercial colegiado. Era distribuidor de madalenas y de otros productos que compraba para venderlos. Éramos tres socios y teníamos hasta treinta furgonetas, con las que repartíamos en Castellón, Valencia y Alicante. Eso fue en los años setenta, y duró hasta los ochenta, cuando nos derrotó el cambio del mercado. Al principio no teníamos problemas. Cada día salían las treinta furgonetas cargadas de género. que os lo fiaban a 90 días, y cobrábamos al contado en los ultramarinos, en los hornos, en los bares y a todo bicho viviente que revendía algo.

Teníamos ochenta días y la posibilidad de negocio en el banco con el dinero contante y sonante, hasta nos anticipaban los intereses.

Pero enseguida vino Continente, Mercadona, Nusico, las cooperativas de concentración de compras y todo eso, y ya no nos pagaba nadie. Los fabricantes hicieron al revés, al no cobrar de nadie, no tenían dinero, y no nos fiaban porque tenían medi. Así que deshicimos la empresa.

El mundo de la televisión 

Saoro señalando hacia las tomateras

Antes de Canal 9, había en La Safor una tele comarcal que se llamaba Canal 5, aquí en Daimús, y que necesitaba personal. Marina, mi mujer, trabajaba conmigo en las madalenas. Y un día tropecé en un bar con un antiguo amigo y compañero de Escolapios, que era el director de Canal 5. Le dije que le enviaría a Marina para que probara,a ver si encajaba en el trabajo.  La cogieron, y hacía de todo, porque en las teles pequeñas se hace de todo. Yo el almacén lo tenía a la entrada de Gandía, y para volver a casa, pasaba cada día por delante de la tele y recogía a Marina. Y los de la tele tenían la costumbre de venirse a casa de vez en cuando a hacerse una cervecita, que les salía más económico que ir al bar. Charlábamos, y ahí se enredó mi entrada en la tele por la puerta de atrás. 

 

Yo era mal jugador de pilota, pero jugador de pilota, mal practicante de fútbol, pero jugador de fútbol, por mi profesión de vendedor he sabido hacer de todo (“era ben torbaet”), sabía jugar a cartas a dominó, a todo.

Sucedió lo de siempre. Iban cargados de faena, y como Marina no estaba cómoda en el trinquet, que entonces era un juego machista, y le decían cosas (¡eh, xicona!), entonces decidimos que, como a mí me gusta la pilota, esa noticia se la hacía yo. Luego hice alguna noticia de fútbol, y de otras cosas que ella no tenía muy claro, y que yo podía cubrir porque muchas eran los fines de semana, y yo, que entonces era jefe de ventas, tenía tiempo libre. A veces, cuando iba a recogerla a Canal 5, iban a hacer un debate y les faltaba uno. Y me apuntaban. Poco a poco la tele empezó a no resultarme extraña, porque yo jamás había pensado trabajar en la tele. Es un mundo que nunca he entendido y sigo sin entender. Yo lo que sabía eran comprar y vender madalenas y alguna cosa más del campo. Total, que tuvieron un problema grave en la última fábrica que yo representaba, no podían cobrar al contado y cada vez tenían que fiar más para vender, y los socios tuvieron que dejarla en la estructura mínima para poder salvarla. Y entonces fue cuando me fui a trabajar en serio a la tele. Hasta entonces había trabajado gratis.

Por entonces, Canal 9 llevaba funcionando más de cinco años. Canal 5 tuvo que cerrar, y mucha gente de allí se acabaron yendo a Canal 9, redactores de deportes, presentadores, productores, cámaras…  Aquí (en Gandía) se quedó una corresponsalía de Canal 9 también con gente de Canal 5. Por mi parte, yo tenía con otras personas una productora que le llamaba Offline, en la que hacíamos de todo. Yo seguía enganchado al juego de la pilota para la tele comarcal y representaba a una panificadora que, en aquel momento se planteó la posibilidad de distribuir pan precongelado. Yo me iba a hacer cargo de eso. 

Y entonces surgió una noticia que nadie quería hacer, porque los protagonistas era una familia, los Coratges, a quienes todos tenían miedo. Se vieron involucrados en un accidente en Real de Gandía, y se organizó una especie de motín en el pueblo. Desde Canal 9 fueron llamando a varias puertas, pero nadie quería hacer la noticia. Me llamaron, busqué a un cámara de fuera, que encima tenía betacam (el sistema más moderno de la época), e hicimos la noticia. Y eso nos valió el contrato de corresponsales de Canal 9 en La Safor, a Manolo Tomás y a mí. Eso fue en octubre de 1995. Todavía trabajamos juntos. 

Hasta entonces algunas empresas pequeñas de la comarca habían dado servicio a Canal 9, pero sin contrato. TeleSafor trabajaba para Canal 9 con regularidad, pero no tenían formalmente la corresponsalía. Yo entonces estaba integrado en TeleSafor, porque habíamos cerrado Offline. Retransmitía las partidas de pilota, con comentarios míos, hacíamos otros deportes, lo que fuera.

Lo que pasó es que yo encontré un cámara con un aparato mejor, en sistema betacam, y mi servicio fue más efectivo. El primer contrato lo tuvimos nosotros. Lo más curioso es que yo estaba a punto de dejarme la tele, porque había ido decayendo el negocio. De hecho, el día que firmé el contrato con Canal 9 tenía que haber firmado otro con la panificadora. Pero lo dejé. Les dije, mira, me han hecho en Canal 9 las cuentas de lo que yo estoy haciendo gratis para TeleSafor, y si trabajo para ellos me pagan. Así que desde octubre del 95 estoy aquí aguantando, con los socialistas, los de Unión Valenciana, los del PP, todos.

La época dorada de Canal 9

Yo despachaba al principio con los jefes de Deportes. Los de Informativos seguían llamando a TeleSafor. Pero poco a poco se fueron dando cuenta, y nos hicimos cargo de la corresponsalía. No teníamos estructura, pero nuestra calidad y nuestro compromiso era mayor. Hacíamos 70 noticias al mes, una partida  de pilota a la semana, facturábamos animaladas, empezamos a contratar gente, nos hicimos con un equipo de miedo, construimos una unidad móvil con una furgoneta de segunda mano, desmontábamos el estudio y la unidad inmóvil en la furgoneta; aquello no era ninguna broma. Cuando montaron Punt 2 (el segundo canal de TVV), muy dedicado a deportes, nos dieron todas las partidas de pilota. Como yo no entiendo de tele, me dieron un proyecto elaborado de programa, para que no me calentara la cabeza, una hora y media semanal, con partida incluida. El coste creo que era de millón y medio de pesetas, y cuando fui a la tele me dijeron que tenían 180 mil pesetas, que hiciera lo que pudiera, que cada año nos subirían el 10 por ciento. Y conseguimos hacer un buen producto. 

Cuando cambiaron la jefatura de deportes, me quitaron el programa y se lo dieron a otro, el trinquete de Valencia, pagándole más. Fui a quejarme, y me dijeron que no me preocupara que no saldría mal parado. Y me adjudicaron la partida de pilota semanal que facturaba la nueva productora, y una noticia diaria de pilota para el primer canal. Mi queja surtió efecto, porque me mejoraron el precio para que pudiera renovar los equipos. Los de la nueva productora no tenían experiencia y la mía les sirvió.

En las noticias que enviaba a Informativos y a Deportes, yo cobraba por piezas: corta, mediana o larga. Durante una temporada las teníamos que llevar en mano, no teníamos enlace, y cobrábamos el transporte, porque a veces las enviábamos por taxi, y costaba más el transporte que la noticia. Las noticias de la tarde, que eran reportajes, no de actualidad inmediata, las enviaba al día siguiente con alguno de los que trabajaban en Canal 9 y vivían en Gandía, así que cobraba el porte barato, porque sólo cobraba los accidentes y cosas urgentes. Estos reportajes eran para El Camp, para Medi Ambient, cosas sociales… 

Las vacas flacas

Este sistema cambió cuando cambiaron la dirección de la tele, cuando afloró el tema de que no había un duro, de que perdían dineros a manta, que la Generalitat no podía ayudar como venía haciéndolo… En Informativos, empezaron a enviar equipos desde Burjassot para cubrir las noticias; querían ahorrarse como fuera la facturación. Pasamos de hacer setenta noticias a media docena. pero el problema fue que empezamos a no cobrar. Dos golpes: el primero, no hacer noticias, y el segundo, las pocas que hacíamos, no cobrarlas.

Yo toda la vida he trabajado en cosas que me han gustado, y económicamente me ha funcionado, aunque he tenido alguna que otra miniquiebra, pero sin problemas graves, siempre ha resurgido de las cenizas… hasta ahora. Yo no echo la culpa a nadie. Evidentemente, la culpa de que una empresa vaya a la quiebra es de los empresarios que la gestionan. Por Canal 9 ha pasado mucha gente. Pero uno se siente desamparado. Yo, que he peleado en cien batallas, que me he involucrado en todo lo que se te pueda ocurrir,  de esta situación, lo que más me molesta es que los responsables no me hayan advertido, no me hayan llamado para contármelo, para explicarse. 

Primero me enfade mucho porque no me contrataban, y era un trabajo bonito y bien pagado, ganaba dinero y me lo pasaba bien, y encima era una faena de prestigio. El trinquete me maravillaba, porque es ir a hacer una partida de pilota, que es lo que te gusta, y encima, ganar dinero. Yo entiendo que la empresa va mal y no te contratan, pero lo que me parece mal es que nadie te llame al despacho, igual que antes sí me llamaban y me decían, xe, compra cinco cámaras que te vamos a dar faena por un tubo. Podían haberme dicho, mira, vende las cinco cámaras porque ya no te podemos contratar, no porque no quieran, sino porque no pueden, ¿no? Se han callado. Lo peor es el silencio. Yo he tenido diferencias con directivos de Canal 9, pero hemos hablado, y las cosas se han suavizado. Pero ahora, desde que está el problema, no encuentras a nadie, no dan la cara. Vas a hacer una partida, y sabes que no vas a cobrarla, y encima tienes que volver la semana siguiente.

 Yo soy difícil de impresionar. A las personas que nos ganamos la vida en la calle nos impresionan pocas cosas, porque si no, no servirías para ganarte la vida así. Cuando empecé a vender, a los 18 años, iba en un 600 y unas muestras de embutido de una fabrica pequeñita de Daimús. Iba a sitios donde no conocían ni la empresa ni el producto. Entraba a una tienda de ultramarinos, e intentaba hacer un cliente semanal para  jamones longaniza, mortadela, jamón York, sobrasada, carne fresca, lo que fuera. En este trabajo le pierdes la vergüenza a todo. Yo en la tele entré porque era un atrevido, no porque supiera de tele. Si eres atrevido, pocas cosas de la calle te pueden impresionar.

Pero al cabo de tantos años las he vivido bien gordas. Ir a un incendio de poca importancia y encontrarte con un muerto cuando estás grabando. Llamar por teléfono a un concejal de Simat de la Valldigna para que te informe o te dé pistas sobre la noticia de un asesinato, y el asesino era él, y nos despachó diciendo que le dolía la cabeza y no podía atendernos. En Oliva hubo un asesinato pasional, un hombre mató al novio de su ex-novia con una azada en un bancal, y cuando íbamos a entrevistar a alguien, sólo nos hablaba el barbero del muerto, y nadie quería contarnos nada; pero necesitábamos la entrevista de proximidad, y vemos a una mujer que venía con un niño en un carrito por la calle, la abordamos y le preguntamos por el muerto, y nos dice, “yo soy la novia”. Eso es duro. Te quedas… Yo he tenido noticias en las que el periodista o la periodista se ha echado a llorar y decían que no podían hacerla.

Pero con lo que yo disfruto más es coger a un político y hacerle una entrevista irónica para que se vayan enfadados.  Ese tipo de noticias de “entrevista a Fulano y pregúntale tal cosa”, o “ves allí y que te hagan una declaración”. Cuando empecé me decían, entrevista a Fulano, pero ves al contrario a ver qué te dice. Ahora ya no. Ahora ya no hacemos noticias, cumplimos órdenes, al menos yo.

Por ejemplo, me envían al marjal de Gandía a hacer una entrevista a un conseller de medio ambiente. En el marjal había una verdadera guerra, y nos veían a los de Canal 9 y nos decían, “a ver si lo sacáis”, “no tendréis cojones de sacar lo que es”, y así. Y le pongo el micro al conseller y le pregunto, “¿cómo está lo del parany de la provincia de Castellón? Me habían enviado a preguntar por eso, y la noticia era el follón en el marjal, en donde tuvo que intervenir la guardia civil.

Y otra, para mí la mejor. Se presenta Zaplana en Gandía, y no estaba previsto. Era una reunión de alcaldes afectados por unas inundaciones, para ponerse de acuerdo en las ayudas. Llamo a la tele y les digo, aquí está Zaplana y no trae equipo de televisión de Presidencia. Y me dicen, graba y tráelo corriendo, porque todavía no había enlaces. Pero a la vez me habían pedido que entrevistara al alcalde de Alberic, el pueblo más afectado por la catástrofe. Así que tenía que entrevistar a los dos.  Yo tenía dos cámaras, pero no dos periodistas. Así que le digo a una chica que le aguante el micro a Zaplana y no me voy con el alcalde de Alberic. Al acabar cojo las dos cintas y me voy a Valencia. Y el editor del Informativo me dice todo nervioso, que se le veían los huevos en la garganta, “Dime qué ha dicho Zaplana”. Me quedo mirándolo y, claro, yo no lo sabía, y se lo confieso. “¡Pero no te he dicho que lo más importante era él!” Y yo iba a explicarle mis problemas, y  me lo pienso mejor y le digo: “Mira és que com parla en castellà no l’he entés”. Con los gritos llamamos la atención de toda la redacción, y me dieron la oreja y el rabo.

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Autor: Redacción

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