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Un agro-huerto cerca del cielo

Huerto City, hortalizas en una terraza valenciana

Un reportaje y fotos de Fernando Bellón

El bario del Carmen de Valencia es, de antiguo, un hormiguero de resistencia al maremoto del Sistema, y convivencia con él y sus singularidades. Eficaz fórmula. Repleto de bares, restaurantes, pequeños comercios de todo lo imaginado, estudios de creativos sin etiqueta, galerías de arte, teatros, casales culturales, museos e instituciones nacionales e internacionales, y habitado por la fauna urbanita más variada de la ciudad, muchos de sus balcones y terrazas son diminutos jardines. A veces, los solares y escombreras tapiadas han sido objeto de repoblación forestal espontánea o artificiosa.

Pero a nadie se le había ocurrido transformar un terrado en un huerto ecológico comunitario. El Huerto Ecológico de Radio City, uno de los locales de ocio más veteranos del barrio, lleva año y medio produciendo frutas, verduras y legumbres. Todavía a pequeña escala, pero la perseverancia de sus mantenedores augura que la idea se expanda, y vuelva silvestres tejados acostumbrados a la contaminación y al olvido.

Promovido por la Red Sostenible y Creativa, una asociación de ciudadanos decididos a cambiar el rumbo tambaleante del Sistema por un camino compatible con las constantes de la Naturaleza, Huerto City está coordinado por José Luís, un técnico agrícola comprometido en su trabajo y en su ocio con el cultivo del medio ambiente en la realidad palpable y en el corazón de las personas.

Los gestores de Radio City prestaron su terraza a los soñadores de la Red, y hace dieciocho meses empezaron a transformar un espacio lleno de trastos inservibles en un territorio de plantas libres de tóxicos y cultivadas con afecto. Se turnan en el cuidado y riego de los contenedores y las macetas, y se reúnen los martes por la tarde para pasar un rato juntos y solucionar los problemas de cada día. Por ejemplo, el riego gota a gota, que no convenía al compost en el que crecen las plantas.

Han obtenido pequeñas cosechas de tomates, berenjenas, calabazas, pimientos, fresas, higos, alguna alcachofa, coles, lechugas, rúcula, judías, hierbas aromáticas y medicinales y un sabroso etcétera.

No es nada sorprendente encontrar un dominio de las mujeres en este grupo de apasionados de la agricultura natural. De las once personas presentes el día de mi visita al huerto, solo cuatro éramos varones.

Teresa ha sido la primera en llegar, responsable de las llaves de acceso a través de un local a oscuras que no abrirá hasta que la noche sea de verdad noche. Son las seis, y un sol más estival que otoñal se desmorona sobre los tejados de Valencia.

 

Teresa está en paro desde abril, y pertenece a la Red Sostenible y Creativa desde hace cuatro años. Teresa es urbanita reconocida, procedente de Madrid. Hace tres lustros somatizó el malestar de su trabajo dentro del Sistema y para el Sistema, y cambo su alimentación, se hizo macrobiótica. En este camino hizo nuevas amistades, hizo salidas al campo con ellas, se documentó en botánica, descubrimiento apasionante para quien busca reconciliarse con la naturaleza. Fue de las primeras en poner en práctica la idea de un huerto ecológico en una terraza céntrica.

Luego está Celsa, una gallega jubilada que se viene a Valencia en otoño y pasa el verano en su tierra. Hija de agricultores, contribuye con su experiencia vital a los cultivos de Huerto City.

Y también Edurne, que empezó a asistir a los talleres agroecológicos que se organizan espontáneamente en el barrio de El Carmen (y en otros, como Ruzafa, Benimaclet, Patraix o Malvarrosa). En la finca de los inestimables Pilar y Toni, de quienes hemos hablado en Perinquiets, hizo prácticas con otros voluntarios. También se inició en la teoría agroecológica, de la mano de Jesús Ruiz, un experto permaculturista. Con él aprendió a facilitar el trabajo de la naturaleza en su sostenimiento de la vida animal y vegetal.

Vicen es otra veterana de la Red. Habitual de actividades donde pueda ser útil, visita con frecuencia el huerto elevado, y se prepara para tener en su casa su propio huertecito de plantas y verduras. También se desplaza donde se entera que necesitan manos dispuestas a ayudar en las cosechas ecológicas, pequeñas parcelas o iniciativas de personas o grupos ecoamables.

Paz es de formación y profesión psicóloga. Desde que se integró en la Red se unió al grupo incipiente de agroecología que promovía y mantiene José Luís. Pasó sabrosas jornadas en la alquería de Vicent Martí, en Alboraya, la ciudad de las chufas y la horchata pegada a Valencia por el norte. Asistió a clases de agricultura ecológica. Ahora también trabaja en el grupo de Salud y Alimentación de la Red. Llevada de la pasión por la vida sana, ha abierto un restaurante vegetariano y ecológico en el barrio de Benimaclet de Valencia, Saboréame.

Y dos jovenes huerto-ecologistas también acuden desde hace poco a la terraza vergel de Radio City: Andrea y Mar. La segunda es hija de Vicen, y ha realizado un módulo de agricultura ecológica en la Escuela de Capataces Agrícolas de Catarroja. Andrea es consecuente vegetariana y lleva pocas semanas en el huerto elevado, licenciada por la Universidad Politécnica de Valencia en Ingeniería Agronómica y del Medio Natural y pretende ganarse la vida en esta actividad.

Entre los varones que han venido esta tarde al huerto elevado se encuentran Emilio y Carlos, además de José Luís.

Emilio tiene estudios agrícolas, y llegó aquí a través del mercadillo de Ruzafa, donde conoció a Toni y a Pilar, que participan también de Huerto City. Es aficionado a las plantas tropicales y durante un tiempo se dedicó al cuidado y cultivo de bonsais.

Carlos es profesor y se aficionó a la agroecología en un huerto de Alcásser.

La conversación evoluciona por sendas críticas. Con horror, evocan las condiciones de vida de las aves en las granjas de producción intensiva, donde los animalitos viven el suplicio de la estabulación. Si viéramos cómo se crían, nos volveríamos todos vegetarianos, sugieren. También aluden a los transgénicos, algo de lo que somos menos conscientes porque no podemos ver la vida interna de las plantas. Alguien aporta que si los ciudadanos del planeta entero consumieran la media de carne que se llevan a la barriga los yanquis, la producción ganadera sería insostenible. También mencionan las virtudes de los bosques de alimentos, uno de los cuales se encuentra en Albal, lugares donde se permite el crecimiento espontáneo de la vegetación, provechosa o no, hasta que empieza a hacerse vieja y hay que sustituirla porque llega a ocupar todo el espacio en una maraña.

El equipo de agroecología de la Red Sostenible y Creativa realiza talleres y uno de los objetivos en este huerto próximo a los cielos es crear un banco de semillas biológicas que puedan germinar y dar fruto allá donde surjan iniciativas como la suya, en terrazas, tejados o huertos.

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Autor: Redacción

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