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“Viaje en blanco y azul”, Denise Blais

Alambique de emociones

Viaje en blanco y azul, un libro de Denise Blais. Ediciones Contrabando, Libros de Autor. Valencia 2014

Una reseña de Fernando Bellón

Denise Blais es una canadiense con formación filológica y teatral, que vive en Valencia y ha llegado a dominar el español. Todos los que han comentado Viaje en blanco y azul en presentaciones y en reseñas coinciden en que no pertenece a ningún género literario tradicional. Es inclasificable. Es un alivio. Aquellos que aman la lectura disponen de un plato exquisito. Resumo mis impresiones: Viaje en blanco y azul es un libro estupendo, de agradable y fácil lectura (muy bien escrito), y cuyo contenido entra como un relámpago luminoso en el corazón o la conciencia.

viaje en blanco y azulSi Denise Blais encontrara un tiburón de la edición, se convertiría en un fenómeno literario. Pero como el libro es inclasificable, los tiburones y los depredadores de medio pelo pasan al lado de la autora sin percatarse de su potencialidad.

Asistí a la presentación del libro en un local propicio a estos actos del barrio valenciano de Ruzafa. Estaba lleno de gente, la mayoría amigos de la autora. A muchos los cita en el epílogo de agradecimientos. Son tantos, que uno se admira de la versatilidad y la sociabilidad de una extranjera que da la impresión de ser una solitaria. Es posible que el libro esté escrito para ellos. Pero sus cualidades literaria y de contenido lo hacen accesible al disfrute de casi cualquier ciudadano curioso de esas vidas que no salen en la televisión, es decir, curioso de relatos y vivencias auténticas, no guionizadas.

De aquella presentación recuerdo un perfume postmoderno que me confundió, porque huyo de lo postmoderno como de Mefistófeles (no digo que sea malo, Mefistófeles tenía sus virtudes, era simpático, pero aterrador). Sin embargo, se leyeron algunas páginas, y al escuchar el lenguaje de la autora, pensé que el libro estaba por encima de cualquier etiqueta intelectual.

De su lectura extraigo varias impresiones.

Es un libro pasmosamente sincero, con la sinceridad del paciente que recita ante su terapeuta aquello que le perturba. En cierta manera, Viaje en blanco y azul es un libro terapéutico. Si yo fuera librero y tuviera que venderlo, lo colocaría entre los primeros de autoayuda, a la altura de las obras de Paulo Coelho y Alejandro Jodorowski, por poner dos ejemplos. Advierto que estoy incurriendo en el estereotipo de un modo premeditado, porque Denise Blais no ha escrito un libro de ayuda para los demás, sino para ayudarse a sí misma. Pero, claro, todos los seres humanos padecemos desgracias semejantes y salimos de ellas con instrumentos parecidos.

Esta sinceridad va encadenada a la ingenuidad. Pero se trata de una ingenuidad muy calculada, muy destilada. Por lo general, el buen estilo es algo que se deriva de una elaboración literaria de calado. Sin embargo, y por lo que la autora me ha confesado, sus palabras emergían con espontaneidad, a veces escribía en un parque o en su casa o en una cafetería. Debe ser que Denise Blais es un alambique sin saberlo.

Viaje en blanco y azul cuenta una historia, y por eso se sigue con interés. Pero como lo hace de un modo fragmentario (de ahí que el postmodernismo quiera apropiarse del libro), da la impresión de que lo que nos cuenta son retazos de memoria. Lo cierto es que si un editor quisiera imponer un orden diferente al libro para convertirlo en un aspirante a bestseller, se lo cargaría.

La obra contiene una serie paralela de deliciosos cuentecillos al estilo infantil. Son el contrapeso de la historia dolorosa que domina la narración. El núcleo del relato es las cosas como son. Los cuentecillos son Las cosas como me gustaría que fueran, el contrapeso moral de la desgracia.

Para acabar, algo que me ha llamado la atención. Hacia el final del libro, Denise Blais se confiesa amante del orden. Lo hace de un modo precautorio: “La vida me ha demostrado que el desorden es sinónimo del dolor…” Esto es incuestionable, una vida desordenada conduce al dolor, ya sea uno el rey de la bolsa o un sin techo.

Pero a mi cabeza ha venido la idea de la entropía. Por entropía se suele entender la implacable tendencia del Universo al desorden. De un modo algo más riguroso, “la entropía es una magnitud física que, mediante cálculo, permite determinar la parte de la energía que no puede utilizarse para producir trabajo”. El orden es algo que cuesta mucho trabajo, mucha energía. Y cuando esa energía (en nuestra vida emocional) se emplea mal o se disipa, nos sentimos abatidos. Así que a veces no viene mal aceptar que esa magnitud universal que es la entropía no es tan perversa, y conviene dejarse llevar, porque resistirse a ella es algo tan vano como oponerse a la muerte, algo que todos hacemos desde que aspiramos la primera bocanada de aire, fuera del vientre materno.

Recomiendo, oponiéndome a la segunda ley de la termodinámica, la lectura de Viaje en blanco y azul de Denise Blais.

 

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Autor: Redacción

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