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( Z.E.B.D.) ZURCIDO ESTIVAL DE BANCALES DISPERSOS

Bancal de la burrocracia

El  universo informativo centrado en la agricultura es inabarcable. Un día se me ocurrió hacer un listado de páginas web dedicadas a lo orgánico, y tuve que pararme, porque se me desbordaba por todos lados. Está colgado en este portal, pero no lo toco desde hace un par de años, y carece de validez. Lo mantengo como monumento a la fantasía. Estoy suscrito a varios Newsletter, oficiales y privados. Otro autoengaño, porque cuando se me ocurre seguirlos a fondo, me paso el día en el ordenador.

Texto y fotos de Fernando Bellón

Esto, pasarse el día en el ordenador, es lo que sospecho que hacen quienes editan esos boletines de tan buena presencia. Lo cual no significa que sean profesionales indocumentados.

Una cosa es sondear la agricultura, la ganadería o la alimentación de una región y de un pequeño sector, y otra echarse de cabeza en piscina estadísticas y salpicar  a quien pase cerca. Lo primero es periodismo. Lo segundo, una trinchera burocrática.

Una vez recibí una encuesta de la European Network for Rural Development (ENRD), la Red Europea para el Desarrollo Rural, que publica un boletín periódico, preguntándome sobre el contenido y las formas de ese boletín. Ya que me daban la oportunidad les dije que no me gustaba un pelo, con un lenguaje lleno de acrónimos indescifrables que al encadenarse convierten el texto en algo parecido a la piedra Rosetta; y también les indiqué que la mayoría de los temas ofrecidos tienen un titular prometedor y un contenido decepcionante. Sospecho que no fui el único que les llamaba la atención. Bueno, pues los boletines siguen estando escritos en sánscrito.

¿Por qué es oscuro el lenguaje burocrático? Porque no tiene más remedio que serlo. Es el lastre de los gabinetes de comunicación. Deben producir noticias para dar la impresión de que los mecanismos de los que son voceros hacen cosas de continuo, algo imposible. Los diarios impresos y digitales de noticias tienen un trabajo de narices para renovar la actualidad cada 24 horas. Ahora menos, porque la calidad informativa está por los suelos. Así que rebuscar novedades en el laberinto burocrático es una incongruencia.

A veces me asalta el temor de que la burocracia administrativa, en especial la europea, actúa con perversidad amoral. ¿Tan difícil es explicar lo que hace un departamento de una rama cualquiera de la política o de la economía? No. Es bien sencillo. Pero si empleas palabras comunes y ciñéndote a los hechos, el resultado es decepcionante, es decir, que muestra a las claras que se hace poco y a veces, nada. Para ocultar la evidencia ramplona, se echa mano de leyes, reglamentos, rectificaciones, discursos,  y un chorro de palabras técnicas y abreviaturas que oscurecen la triste realidad. ¿Será así como funcionan los funcionarios?

A finales de junio, ¡el Trilogue! (la Comisión Europea, el Consejo de Ministros de Agricultura y la comisión del ramo del Parlamento Europeo) alcanzó un acuerdo que dos días atrás se daba por perdido en torno a una nueva reglamentación para el cultivo orgánico en Europa. “Después de más de tres años de negociaciones, el acuerdo eliminará los obstáculos al desarrollo sostenible de la producción orgánica en la UE, garantizando la libre competencia entre agricultores y operadores, y al mismo tiempo mejorando los controles y la confianza de los consumidores”. Que  más se puede pedir. Pues esperen ustedes a que se haga público el reglamento. A lo peor se produce un incremento de suicidios en el campo, plaga ya en Francia, no por encontrarlo imposible de cumplir, sino por no entender ni jota, y tener que recurrir a otro funcionario para que aclare las dudas al labrador.

Fuente en Bijuesca, a la vera del río Manubles, que desemboca en Ateca en el Jalón.

Fuente en Bijuesca, a la vera del río Manubles, que desemboca en Ateca en el Jalón.

Bancales en el Piedra y el Jalón

Una reciente excursión a la comarca de Calatayud, me ha ofrecido un panorama contradictorio. En la agricultura la coherencia es una excepción. No funciona como una máquina. Aunque está sometida a las leyes de la naturaleza, las variables en cualquier cultivo son una infinitud. Pero lo que encontré allí me dejó algo perplejo.

Los viejos del lugar, que son los únicos que se dedican a la agricultura en la vega del río Piedra, me aseguraban que la cosecha de melocotones y de cerezas de esta temporada se heló en su día y se ha perdido. Mi mujer y yo bajamos a la huerta (abandonada) de su familia en el lugar donde el Piedra desemboca en el Jalón, y nos encontramos con la mejor cosecha (limitada, pobre, porque nadie cuida los árboles) en años.

La explicación está en que los bancales que se helaron son los más altos.  Un empujón más para el abandono general de la producción agrícola en esa zona. Desde la carretera de Castejón de las Armas al embalse de la Tranquera, que almacena un agua preciosa, se pueden ver los parches verdes con cultivos de verduras y hortalizas de temporada. Si los juntáramos todos, y pertenecen a dos pueblos, el citado y Carenas, no llenarían ni media hectárea. El resto son campos abandonados de ciruelos, cerezos y, en las pendientes del valle, almendros. También hay higueras, nogales, mucho lúpulo y una selva de diferentes especies que no dan fruto comestible.

En llegando a Carenas hay superficies de casi una hectárea sembradas de maíz, y de algún cereal que no distingo, quizá avena. La vega del Piedra puede que sume unas cuatrocientas hectáreas cultivables. Imaginé que, gracias a una inesperada política valiente y eficaz, se pusieran estas hectáreas a disposición de labradores en activo, aragoneses, de otra parte de España, rumanos o magregíes. Aquello sería un vergel. Pero… ¡ah, amigo, ya está aquí el pero!… ¿Qué se haría con la producción de fruta y verdura, de cereal, de maíz, que aquellas cuatrocientas hectáreas darían cada año?

Hasta hace poco, muchas de las ciruelas y las cerezas se vendían a conserveras (murcianas y de Valladolid, me cuentan). Pero ahora ese mercado se ha perdido. En otras palabras, la tierra cultivable se abandona no porque los labradores envejezcan y se jubilen, sino porque nadie se atreve a trabajarlas. ¿Para qué? Menos estudios dedicados al envejecimiento de la población rural y más estudios dedicados a hallar fórmulas para contravenir las estúpidas leyes del mercado.

Gallinas eco. La cadena alimentaria les importa un pimiento. Como a tantos funcionarios.

Gallinas eco. La cadena alimentaria les importa un pimiento. Como a tantos burócratas.

Bancal de la cadena alimentaria

La Agencia de Información y Control Alimentarios o AICA se dedica a vigilar la cadena alimentaria, es decir, el recorrido de la producción agrícola y ganadera del campo a la mesa del consumidor, y a poner sanciones cuando detecta abusos o recibe denuncias sustanciadas. Los sindicatos agrarios no paran de hacerlas, en especial ahora en las cosechas hortofrutícolas de primavera y verano. Los agricultores reciben pagos que les disuaden de seguir trabajando. Los que aguantan lo hacen gracias a las subvenciones de la PAC o de las políticas de desarrollo rural de su autonomía. Pero la solución es falsa, no porque se vayan a acabar las ayudas, sino porque trabajar para tener que abandonar la cosecha es un crimen moral.

AICA ha informado de que en los tres años de su existencia ha impuesto 680 sanciones por más de ocho millones de euros.  Más de la mitad, en el sector lácteo, y el resto repartidas entre supermercados y distribuidores mayoristas. ¿A quién? No se sabe.

Por su parte, la Comisión de Agricultura de la UE ha hecho públicos los resultados de un sondeo realizado entre los ciudadanos europeos sobre la PAC, Política Agraria Común. La encuesta ha debido salir por un riñón, y a juzgar por lo que ha llegado a conocer, es un riñón tirado a la basura, porque no ha averiguado nada que no se supiera de antemano. Un ejemplo de libro de los usos y costumbres burrocráticas de Bruselas. Por ejemplo, un 97 por ciento de los encuestados admite que los agricultores solo reciben una fracción de lo que cuestan sus cultivos en el mercado.

Pues bien, si los hechos señalan que la cadena alimentaria solo sirve para ahogar al agricultor, y las encuestas confirman esta sensación entre el público en general, ¿por qué la UE hace tan poco para revertir el problema?

Será absurdo desmontar las subvenciones de la PAC, como se pretende hacer en el futuro, abrir los mercados a la producción agrícola y ganadera de países que producen más barato, e ignorar que los monopolios agroalimentarios son los que se llevan la gran tajada. Y a la vez mantener el nivel de vida de los agricultores.

¿Cómo se rompe este círculo vicioso? Yo no lo sé. Pero en Bruselas hay cantidad de profesionales preparados en las mejores universidades, que algo tendrán que decir. Y si no, que dejen su despacho a agricultores con formación y experiencia.

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Autor: Redacción

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