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Agricultura y Naturaleza La botánica de Rafael Escrig Series

Malherbología

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La Botánica de Rafael Escrig

Una vez más es precisa la advertencia: la comprensión de este magnífico texto pedagógico de Rafael Escrig es completa observando las imágenes. En los archivos de PDF de este articulo se pueden encontrar todas ellas. Se encuentran al final del texto. Pueden descargarse o leerse on line. Téngalo presente el curioso lector. La fotografía de presentación muestra hierbas adventicias en la Huerta de Valencia.

La Malherbología es la ciencia dedicada al estudio de las hierbas adventicias consideradas como “malas hierbas” a las que hay que se supone que hemos de combatir por su constante colonización en los cultivos de todo el mundo.

Los métodos de control tradicionales para su erradicación eran, y aún lo son, la extracción manual y la quema de los campos. Sin embargo, se da preferencia a los métodos mecanizados y químicos. Este último incluye el uso de herbicidas

Como ciencia, la Malherbología nació en los Estados Unidos, en la década de 1940, coincidiendo con la invención de 2,4-D, el primer herbicida orgánico sintetizado.

2,4-D: ácido 2,4-Diclorofenoxiacético

El 2,4-D es un herbicida sistémico hormonal auxínico muy común, usado en el control de malezas de hoja ancha. El 2,4-D fue desarrollado durante la II Guerra Mundial por británicos de la Estación Experimental de Rothamsted, con el propósito de incrementar los rendimientos de cultivos de una nación en armas.

En 1946 se comercializó, siendo el primer herbicida selectivo que tuvo éxito en el control de malezas en trigo, maíz, arroz, y otros cereales, debido a su capacidad para controlar las especies dicotiledóneas sin afectar las monocotiledóneas.

Auxína: Fitohormona reguladora del crecimiento vegetal. Dependiendo de la dosis  tienen efecto herbicida.

 

ESTACIÓN EXPERIMENTAL DE ROTHAMSTED

La Estación Experimental de Rothamsted es el centro de investigación agrícola más antiguo del mundo. Fue fundada por John Bennet Lawes.

Hacia 1835, la actividad más importante en Inglaterra era la agricultura y la ganadería, mientras que la industria solo se hallaba en sus comienzos. Lawes comenzó a interesarse en incrementar la producción de sus campos. Utilizó polvo de huesos disuelto con ácido sulfúrico que proporcionaban calcio y fósforo a las plantas para obtener un “superfosfato”, consiguiendo en los ensayos un excelente resultado. Obtuvo la patente del procedimiento y, en 1843, comenzó a ofrecerse el fertilizante, que se aconsejaba útil para todo cultivo de gramíneas.

Al mismo tiempo, Lawes decidió obtener la colaboración de un químico y ese mismo año Joseph Henry Gilbert ingresó en la empresa, iniciándose así una larga serie de investigaciones de laboratorio y de ensayos de campo que se continuó por un período de 57 años en el que la investigación sobre los productos herbicidas revolucionó desde entonces la producción agrícola en todo el mundo.

En 1941, cuando el suministro de alimentos en tiempos de guerra era una preocupación para el Gobierno de Gran Bretaña, se requirió al bioquímico Judá Hirsch Quastel para dirigir una nueva unidad de investigación que estudiara el rendimiento de los cultivos en la Estación Experimental de Rothamsted.

Mediante el análisis del suelo como un sistema dinámico, en lugar de una sustancia inerte, Quastel demostró que el suelo en su conjunto puede considerarse un órgano comparable a un hígado o a una glándula a la que se pueden añadir varios nutrientes y en el que pueden producirse reacciones enzimáticas. Usando estas técnicas, Quastel fue capaz de cuantificar la influencia de varias hormonas vegetales sobre la actividad de los microorganismos en el suelo y evaluar su impacto en el crecimiento de las plantas.

Mientras que el trabajo experimental permanecía en secreto, ciertos descubrimientos fueron desarrollados para su uso comercial después de la guerra. El más conocido es el compuesto comúnmente llamado 2,4-D, el herbicida que supuso una revolución mundial en la producción agrícola siendo desde entonces el más utilizado en el mundo. Los herbicidas 2,4-D pertenecen al grupo de los denominados herbicidas hormonales sintéticos porque la acción de esos compuestos en los vegetales se asemeja a la de las auxinas u hormonas vegetales. Son utilizados para combatir las malezas u otras plantas perjudiciales herbáceas, leñosas, árboles o arbustos. Además de herbicidas, son también defoliantes y arboricidas.

El 2,4-D contiene una dioxina como impureza, a la que se da el nombre de AGENTE NARANJA. Éste fue utilizado ampliamente durante la guerra del Vietnam en zonas forestales y en regiones agrícolas como defoliante y arboricida. Su uso fue suspendido por los EE.UU., en 1970, después de algunos informes que indicaban la existencia de un número alarmante de muertes prenatales y fetos con defectos, en provincias donde el herbicida había sido pulverizado intensamente.

*Las dioxinas son compuestos químicos que se producen a partir de procesos de combustión durante la fabricación de productos químicos que implican al cloro. Especialmente el PVC, o el blanqueo de papel.

CONSIDERACIONES GENERALES

El uso peyorativo del término “mala hierba” condiciona la visión sobre dicha materia. Es cierto que desde un punto de vista agrícola, las malas hierbas son aquellas que compiten con los cultivos, lo que puede incidir en una baja producción. Así pues, se las puede considera como plantas indeseables contra las que se tiene que luchar. Pero desde un punto de vista ecológico y puramente biológico, son anteriores a las plantas cultivadas y deberían tener todos los derechos tanto de pervivencia como de respeto. Este tipo de plantas se caracteriza por su gran capacidad de propagación y su persistencia. Son pioneras de la sucesión secundaria. Son oportunistas, espontáneas y persistentes y están adaptadas para proliferar en hábitats alterados.

Evidentemente las plantas adventicias suponen un grave problema para la agricultura en todo el mundo. La lucha contra estas plantas, que suponen una verdadera plaga en los cultivos, se realiza a todos los niveles. El arroz es un producto fundamental para la alimentación de más de medio mundo y tiene graves problemas para mantener a raya las plantas adventicias que acechan su cultivo. Lo mismo sucede con el maíz, con el trigo o con el resto de las gramíneas. El trigo es invadido por la septoria y por la roya, el arroz por la echinochloa, la vid por el mildiu y por el oidío, la patata por el mildiu y así sucesivamente.

Todos los cultivos tienen sus enemigos patógenos naturales, bien sean insectos, hongos u otras plantas que hemos de eliminar, de una u otra forma, para que no sean ellos los que vacíen nuestra despensa agrícola.

En este sentido, las malas hierbas son un problema crónico desde que existe la Agricultura. Tradicionalmente, hasta la aparición de los herbicidas 2,4-D en fecha tan reciente como mediados del siglo XX se controlaron mediante técnicas específicas, pero solo con resultados regulares, teniendo en cuenta la necesidad de una creciente producción para satisfacer la demanda mundial. Estas técnicas tradicionales son:

EL LABOREO DEL SUELO

El laboreo aumenta el potencial productivo del suelo, mejorando sus propiedades físicas: humedad, aireación y temperatura, al tiempo que acrecienta la profundidad de enraizamiento.

LA QUEMA DE RASTROJOS

La quema de rastrojos tiene reconocidos efectos ambientales negativos, y es perjudicial a largo plazo, ya que conlleva un deterioro de la fertilidad del suelo, aumenta la erosión, la contaminación de los acuíferos por nitratos y problemas respiratorios a la población.

Los barbechos

El barbecho consiste en dejar descansar la tierra por uno o varios años, antes de volverse a cultivar. Su propósito es recuperar y almacenar la necesaria materia orgánica y humedad del suelo, además de evitar patógenos, esperando a que sus ciclos terminen sin poder volver a renovarse debido a la falta de hospederos disponibles.

Las escardas

La escarda es una operación indispensable. Se suele llevar a cabo antes de la floración de las malas hierbas, ya que esto evita la dispersión de sus semillas. El término escardar significa arrancar los cardos y demás hierbas que son perjudiciales para el sembrado. Eliminando así la maleza, se aproxima el suelo al cuello de la planta, se eliminan competidores y se airea la tierra.

Y LA ROTACIÓN DE OTRAS PRODUCCIONES.

Esta técnica es la misma usada en la rotación de cultivos, ambas permiten que se repongan los nutrientes y la composición química del suelo antes de preparar otra cosecha distinta; para que de forma natural se pueda restaurar el equilibrio de los elementos que componen esa tierra.

NECESIDAD DE LOS FERTILIZANTES

Con la introducción de 2,4D, se impulsó el desarrollo de la Malherbología y la aparición de otros herbicidas más selectivos, además del estudio científico y técnico para su aplicación. Sin embargo, el uso sistemático de abonos y herbicidas, crea la paradoja de que para aumentar la necesaria producción de nuestros campos, estamos ocasionando un problema colateral como es el agotamiento de la propia tierra y la contaminación de los acuíferos.

 

LUCHA DE INTERESES

No es desconocido el enfrentamiento entre campesinos y ecologistas. Los campesinos necesitan mayor rendimiento y productividad. Las formaciones ecologistas, por su parte, pretenden que se apliquen fórmulas totalmente opuestas: que la tierra descanse, que se empleen abonos naturales y eliminar herbicidas contaminantes.

En este campo de batalla, los científicos intentan conseguir día a día una lucha más ecológica contra las plagas, como es la introducción de enemigos naturales y el empleo de los abonos orgánicos.

La fertilización racional debe conjugar la utilización de fertilizantes orgánicos y minerales. Los orgánicos (el compost, el humus o la purina), aunque también aportan nutrientes actúan, sobre todo, mejorando las propiedades físico-químicas de los suelos y su actividad biológica, y los minerales, en cambio (el sulfato amónico, nitrato amónico, fosfato amónico o el sulfato potásico), aportan la mayor parte de los nutrientes que la planta precisa.

 

APLICACIÓN DE HERBICIDA

Ya hemos visto los efectos dañinos que pueden causar las malas hierbas en la agricultura, tanto directa como indirectamente. Hemos comprobado que, de no combatirlas, las pérdidas en productividad serían enormes y la hambruna afectaría a todos los países, especialmente a los más pobres.

LOS DAÑOS DIRECTOS que causan son: Incremento de los costes en productos y materiales para atajarlas. Reducción del rendimiento de los cultivos. Reducción de la calidad de las cosechas. Pérdidas hídricas.

LOS DAÑOS INDIRECTOS: Reducción de la superficie cultivada. Posibilidad de hospedar organismos patógenos. Invasión de espacios con desplazamiento de especies autóctonas. Capacidad de causar alergias.

Pero existen efectos positivos. Sin minusvalorar los perjuicios que tienen para la agricultura, dejemos de ser fiscal y hagamos de abogado defensor:

Las plantas adventicias controlan la erosión. Proporcionan cobertura a la tierra. Ayudan a la regeneración del suelo en ecosistemas degradados. Sirven de alimento y refugio a pequeños animales.

Las hay con fines medicinales: Solanáceas, digitales, consuelda… Hay otras con fines culinarios: manzanilla, ortiga, menta… Añaden materia orgánica al suelo. Conservan la biodiversidad. Atraen insectos polinizadores. Mejoran la fertilidad del suelo con la fijación del nitrógeno.

La gran ventaja de las plantas adventicias en su lucha por la supervivencia está en su biología, podríamos decir en su carácter natural. Las plantas hortenses precisan ser cultivadas, de lo contrario irían perdiendo sus características y regresarían a su estado primitivo o desaparecerían. Las adventicias son plantas silvestres suficientemente preparadas para sobrevivir en todas las condiciones.

El descubrimiento de América, produjo un cambio importante en los cultivos españoles, sobre todo en el sur de la Península. La llegada de nuevas especies de plantas, y muy especialmente, de la patata, desplazó otros cultivos. En consecuencia hubo una serie de plantas cultivadas entonces que fueron dejando de serlo, y hoy en día son consideradas plantas absolutamente silvestres e incluso malas hierbas.

Plantas consumidas hoy en día por gran parte de la población, como la avena, la acelga, la colza, la rúcula, o el centeno, fueron maleza antes de que el hombre aprendiera a cultivarlas. Y, al contrario, plantas consideras hoy en día como maleza, fueron consumidas en el pasado como parte de su alimentación, como la verdolaga (Portulaca oleracea), la bolsa de pastor (Capsella bursapastoris), el cenizo (Chenopodium album), la ortiga (Urtica urens), el trébol (Trifolium pratense), la cerraja (Sonchus oleraceus), el diente de león (Taraxacum officinale), el llantén (Plantago lanceolata) o la acederilla (Rumex acetosella).

Las plantas adventicias se adaptan con extrema facilidad a diferentes suelos y climas. Su capacidad de crecimiento y de reproducción es muy grande. Conservan la fertilidad durante largos periodos de tiempo. Sus frutos pueden contener hasta miles de semillas que se dispersan fácilmente con el viento, facilitando su colonización. Pueden tener más de una germinación de forma escalonada, dentro de la colonia. Son más resistentes a las enfermedades y por tanto más aptas para competir con plantas de cultivo seleccionadas. En resumen, son plantas silvestres cuya adaptación a lo largo de millones de años las ha hecho más fuertes y resistentes y eso es todo un éxito en la lucha por la supervivencia.

Como ejemplo de fertilidad, diremos que la Salsola kali, produce hasta 200.000 semillas por planta. La amapola Papaver rhoeas, hasta 60.000 semillas por planta. La Abutilon theopharasti, unas 8.000 semillas por planta, pero viables más de 40 años.

 

Dentro del término de “malas hierbas” o “maleza”, en referencia a esas especies de plantas no deseadas y que nadie ha sembrado, hemos de diferenciar cuatro divisiones dentro del mismo concepto:

PLANTA ADVENTICIA: La que se presenta espontánea o aparece accidentalmente.

PLANTA COMENSAL: La que comparte nutrientes con otra cercana.

PLANTA ARVENSE: La que crece en campos de cereal.

PLANTA RUDERAL: La que crece en hábitats urbanos.

Los tres primeros términos: adventicia, comensal y arvense, son compartidos por diferentes especies que, por sus hábitos, bien son espontáneas, comparten el espacio y sus nutrientes, y también pueden crecer en campos de cereal como algunos otros de diferente naturaleza.

La última división, denominada plantas ruderales, es la que se aparta un tanto de las otras tres en el sentido de que sus hábitos se suelen alejar del campo, siendo más proclives a habitar las zonas urbanizadas por el hombre. Las plantas ruderales, como los animales de compañía, siguen al hombre en sus desplazamientos y son amigas tanto del asfalto como de las calles, tejados, paredes, solares y descampados cercanos a los espacios poblados. Todas ellas, eso sí, comparten las mismas características de espontaneidad y oportunismo.

La lucha justificada que se mantiene para contrarrestar la proliferación de las plantas adventicias, es necesaria desde el punto de vista de nuestra alimentación, pero también hemos de pensar en que figuran en los primeros puestos de la cadena vegetal, lo mismo que dentro de la cadena animal está representado por esos insectos a los que llamamos dañinos o molestos y que, sin embargo, todos sabemos que tienen su cometido en el conjunto de la vida.

Planta ruderales

El aspecto más llamativo, y hasta podría decir que más emocionante de las plantas ruderales, es su carácter colonizador, su gran potencial para permanecer en las peores condiciones. Plantas que aunque pueden tomar hábitos arvenses, son más aficionadas al entorno urbano y son capaces de prosperar incluso en lugares donde se ha producido una destrucción parcial o total de la biomasa vegetal.

Como antes he dicho, existe una íntima relación entre la flora ruderal y el hombre en sus múltiples actividades, como pueden ser la construcción de infraestructuras, la roturación o el movimiento de tierras y es ahí donde se abren constantes oportunidades para la colonización de estas plantas.

Bien sea por el viento o transportadas accidentalmente por el hombre, el suelo contiene un permanente campo de semillas (unas 1.000 semillas diferentes por m2), más aún cuando ese suelo está intensamente colonizado.

La flora ruderal en la Península Ibérica está representada por varias familias con el predominio de las compuestas (margaritas), las leguminosas (tréboles) y las gramíneas (como la avena loca). Este patrón se repite en todos los continentes y, con la creciente globalización, es normal encontrar este mismo elenco de plantas en los campos y las ciudades de todo el mundo.

Ya vimos antes que entre los grandes beneficios que nos confieren las plantas ruderales está la regeneración de los suelos degradados (Fitorecuperación). En este sentido, algunas especies son utilizadas para restaurar suelos contaminados por residuos industriales o de minería.

Estas especies pueden acumular en sus tejidos grandes cantidades de metales pesados como zinc, cobre o plomo. Algunas de estas, llamadas hiperacumuladoras, pueden atraer hasta el 1% en metales de su peso en seco.

Entre ellas, podemos destacar la Hirschfeldia incana, la Thlaspi caerulescem, la Viola calaminaria, Brassica ssp, Alissum ssp…

Como ante he dicho, las plantas ruderales parece que siguen al hombre en sus desplazamientos y actividades. Las vemos acurrucadas en las aceras, entre las grietas del asfalto o en las paredes de los edificios antiguos. Las vemos invadiendo solares donde suelen convivir con otras invasoras alóctonas como es el caso de la Nicotiana glauca o el Ailanthus altissima. Las vemos en zonas abandonadas por el hombre. Pero también las podemos ver tras un desastre natural, sea un incendio, un huracán, una inundación o cualquier otro tipo de catástrofe.

Las plantas ruderales así como todas las adventicias, son las plantas pioneras que colonizarán cualquier espacio que haya quedado libre con tierra y las mínimas condiciones para sobrevivir.

Cuando un espacio ha sufrido algún tipo de catástrofe, las primeras plantas que colonizan el área afectada son las pequeñas gramíneas, pues son resistentes y de rápido crecimiento. Sus raíces se expanden con rapidez y pueden suponer hasta el 90% del peso de la planta. A estas pequeñas plantas que comenzarán a tapizar el suelo, reteniendo y aportando sus nutrientes, les seguirán los pequeños arbustos leñosos y, más tarde, los árboles que habían formado el espacio original. A este proceso de colonización escalonada se le denomina: SUCESIÓN ECOLÓGICA. Sin estas etapas intermedias, el hábitat alterado no puede regresar a las condiciones anteriores.

Tras un incendio

El fuego siempre ha existido en los bosques de tipo mediterráneo. Los organismos pirófitos como la encina, el alcornoque, el enebro, el romero, o la jara, lo necesitan y se han beneficiado del fuego, como ocurre con el pino para la dispersión de sus semillas. Pero el incendio descontrolado producido por el hombre provoca la desertización que es el problema de estas regiones. Si las causas del incendio son naturales o si el fuego no se repite, las primeras plantas que acuden a la zona quemada, son las gramíneas y después los arbustos leñosos, hasta que a medio plazo va reapareciendo toda la vegetación climácica propia de la región y el bosque vuelve a su estado original. Y esas primeras plantas que acuden, las gramíneas, acompañadas de toda una cohorte de plantas adventicias, son las pioneras y las causantes de la recuperación del ecosistema.

Tras el abandono

El abandono de la tierra puede ser por causas naturales pero también por otras muchas que fuerzan a dejar atrás casas y tierras. Ello puede ocurrir, bien por una epidemia, por una emigración, por una hambruna, también por el fin de una civilización, o simplemente por el abandono de una actividad como ocurre en un poblado minero cuando se acaba la veta o cuando una actividad industrial deja de ser rentable o se traslada de lugar. Las causas pueden ser muchas, pero el resultado final siempre será el mismo: las plantas pioneras invadirán el lugar. Solo tenemos que pensar en lugares como los templos asiáticos o americanos que la selva y el tiempo han engullido o un ejemplo mucho más cercano a nosotros como es el complejo siderúrgico del Puerto de Sagunto, concretamente los chalets de la Gerencia.

Tras un desastre natural

Consideremos una región devastada por un terremoto, un huracán, una erupción volcánica, una explosión nuclear o incluso una zona de guerra en donde toda la vegetación ha sido destruida. Consideremos que toda esa tierra se ha convertido en un solar lleno de ruinas, cenizas y cascotes. Viendo este panorama, nos parece que la vida ha desaparecido del entorno, pero la vida aparece poco a poco emergiendo del suelo o traída por el viento. La vida, bien latente en forma de bulbos o semillas enterradas, bien viajando a todas las alturas y envolviendo el planeta en forma de viento, lluvia o nieve (o si se quiere decir de otra forma, como FITOPLANCTON), volverán a recuperar la zona devastada. Y serán otra vez las diminutas semillas de gramíneas y otras adventicias las que colonizarán esa tierra.

Pero el imperio donde gobiernan por excelencia las plantas ruderales son nuestras ciudades. Allí es donde se aferran esas pequeñas y resistentes plantas. Allí es donde las podemos ver asomando por la grieta de un muro, entre la acera y la calzada o a los pies de una farola.

Entre las plantas ruderales y nosotros parece que existe una relación de amor odio. Nosotros las perseguimos y las eliminamos una y otra vez, mientras ellas, inmutables, vuelven a nosotros descaradamente a adornar con su verde y sus diminutas flores las esquinas de nuestras calles, los feos imbornales y a veces las paredes de los edificios más nobles.

1 Comentario

  1. Marta Hofmann 1 marzo, 2021

    viva las”
    malas hierbas”!

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