Rafa Mari: Treinta años de columnismo cultural

Rafa Mari es un  periodista valenciano ejemplar por su profesionalidad, por su categoría moral y por su carrera. Es de los pocos periodistas modestos que conozco; no le importa que se sepa que durante décadas se ganó la vida vendiendo muebles de cocina, antes de llegar al periodismo por pura vocación. Se ha desenvuelto en este territorio de buitres cínicos o hipócritas (o ambas cosas a la vez) con una limpieza rarísima, sin contaminarse de prejuicios y de estereotipos inertes. A mí me parece una persona admirable, pero jamás le pondría como ejemplo en una clase de periodismo, porque para mantener el tipo como él lo ha hecho a lo largo de tres décadas se necesita un temple del que la mayoría de los aspirantes a periodistas carecen. El 19 de diciembre dio una charla en el Palacio de Colomina de Valencia, en la que resumió su experiencia. Rafa ha sido tan generoso de ceder a Perinquiets los apuntes que utilizó, cosa que pocos periodistas tendrían la valentía de hacer. Este texto es una prueba de que se puede ser periodista y no perecer moralmente en el intento. (Fernando Bellón)

Apuntes de Rafa Mari

No tengo el carnet de periodista. Me costó serlo. Fui vendedor de muebles de cocina.

Enviaba cartas al director de Las Provincias, intervenía en el consultorio de “Mr. Belvedere” en Fotogramas, comentaba partidas de ajedrez en diversos medios… Pero no era periodista.

En 1975 empecé a escribir en la [cartelera] Turia. Entrevistas y crónicas de la noche. Unos dos años después, también en [la revista] Valencia Semanal. Colaboraciones en el Diario de Valencia de los primeros años ochenta. En 1982, con 37 años, entré en la plantilla del periódico Noticias al día, que solo tuvo año y medio de vida. Soy un periodista tardío, me reinventé sobre la marcha. En 1983 entré en [el diario] Las Provincias como colaborador y unos meses después formé parte de su plantilla, hasta mi prejubilación en 2008. Sigo colaborando con el periódico decano con dos columnas semanales y una página de arte los sábados.

Mi columna se llamaba ‘En botica’ en Noticias al Día. En LP pasó a llamarse ‘Grandes almacenes’. No sé cómo ha durado tanto. Creo que es una columna atípica y quizá demasiado personal. Los temas más polémicos del momento puede que ocasionalmente me importasen poco y en vez de pontificar sobre ellos, me ponía a escribir con conocimiento de causa sobre ‘Johnny Guitar’, el maravilloso western de Nicholas Ray o sobre esa obra maestra llamada ‘Encadenados’, de Hitchcock. Siempre he querido escribir sobre cosas vividas por mí o sobre las que yo entendía realmente y tenía una opinión elaborada y sentida. Me planteaba: “Yo no sé muy bien lo que pasa en el mundo, pero sé bastante bien lo que me pasa a mí y por qué me pasa”. Algunos directores o subdirectores del periódico llegaron a pensar seriamente en cargársela, la encontraban extraña, papel echado a perder. Pero por complejas razones, la columna ha sobrevivido 30 años, quizá es la más veterana de España, si hay alguna más provecta que la mía me gustaría saberlo.

MIS DOCE AGARRADEROS PRINCIPALES PARA ESCRIBIR LA COLUMNA

  1. Experiencias personales, como digo. Vida cotidiana, cultura de la calle, de las colas en los cines, en los cajeros automáticos o en los supermercados. Autobuses, bares, encuentros casuales… Prefiero cosas de ese tipo antes que lo que he escuchado en presentaciones de libros o inauguraciones de muestras de arte.
  2. Mi madre, como personaje querido pero también fuertemente antagonista: nacida en 1912, en 2012 hubiera cumplido 100 años (vivió hasta los 96), perteneció a la generación de la guerra, era valenciano-parlante, poco culta, muy coherente, resistente, desconfiada, pesimista… y pese a todo, ingenua. Me quería y me castraba.
  3. El cine. Cuando aún no sabía leer, ya conocía el título de todas las películas que se proyectaban en los cines cercanos a mi casa (Goya, Avenida, Tyris, D’Or, Mundial, Ideal, Coliseum…). ¿El secreto? Lo preguntaba, que es la principal arma utilizada en mi profesión: preguntar, preguntar, preguntar… Y luego contar lo que te han contado fielmente y con claridad. Mis cineastas: Hitchcock, Ford, Lang, Kubrick, Tourneur, Terence Fisher, el Berlanga de la primera etapa, Renoir, Rossellini…
  4. Las lecturas: de jovencito, lo habitual en mi época. Mark Twain, Julio Verne, Agatha Christie, Jardiel Poncela, las aventuras de Guillermo Brown, tebeos de Supermán, Pulgarcito, el TBO… Ya de adulto, casi todos los grandes, con pocas alergias: Tolstoi, Dostoievski, Truman Capote, Gerald Brenan, Gombrowicz, Galdós, Kafka, Clarín, Unamuno, Juan Ramón Jiménez, Lorca, Orwell, Arthur Koestler, Nietzsche (que me pegó un revolcón intelectual, aunque no sé si eso me hizo mejor o peor), Jean-François Revel (otro tanto: si no se ha leído su ensayo ‘El conocimiento inútil’, o sus memorias, ‘El ladrón en la casa vacía’, no se debería escribir sobre política)
  5. Los amigos, de los que tanto he aprendido. Sobre todo del mundo del arte: Rafael Solbes, Manolo Valdés, Miquel Navarro, Carmen Calvo, Joan Cardells… También del mundo del cine, como Ricardo Muñoz Suay, Enrique Belloch o Rafael Gasent, que me dirigió en cinco o seis películas del cine independiente valenciano, años 70.
  6. La actualidad cultural. A veces también tenía que escribir sobre el mundo cultural. Me ponía el traje de los domingos y con aires doctorales publicaba algunas de las peores columnas de estos 30 años de sorprendente supervivencia.
  7. El lenguaje. Preguntas, juegos y excentricidades más que respuestas o lecciones. Las reflexiones filosóficas, plantear dudas incómodas.
  8. Recomendación de películas, restaurantes, libros, rutas de la Comunidad Valenciana, paisajes, lugares de tapeo o de copas… Naturalmente, sin atisbo alguno de publicidad encubierta. Solo cedo ante las peticiones de amigos, pero nunca a presiones comerciales.
  9. El arte, las exposiciones, los museos. Ya he dicho antes que los sábados publico una página de arte. No sé si durará mucho esa página. Por mí sí, desde luego. Las galerías están pasando muy mal momento y necesitan promoción de sus actividades. Y a los museos públicos no paran de recortarles sus presupuestos.
  10. El propio periodismo. Problemas, anécdotas, manías, admiraciones. La prensa, de puertas adentro. También han menudeado apuntes sobre dos de mis aficiones, el ajedrez y el dominó.
  11. La tele, ¿por qué no? Forma parte de nuestras vidas, aunque nos cueste reconocerlo porque no es muy elegante.
  12. Sí, y la política. Lo reconozco, soy un idiota: la política me interesa mucho. Pero más las ideologías que los partidos, más el análisis de lo real que el encandilamiento que producen los grandes principios.

En conjunto he sido auténtico y veraz en el 90% de mis columnas. En el 10% restante se han colado compromisos, opiniones rutinarias en días en los que estaba muy cansado y tenía ganas de llegar a casa o a causa del voluntarismo de favorecer a amistades a las que no podía criticar –aunque a veces he descubierto, algo tarde, eso sí, que algunas de esas ‘queridas’ amistades se merecían sobradamente un buen repaso-. Si me han leído con frecuencia, perdonen ese 10% de columnas poco sentidas. Hablamos de unas 3.500 columnas en esos 30 años, y estar inspirado o ser divertido o profundo en tantas ocasiones les aseguro que no es tarea fácil.

 

 

 

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