{"id":1297,"date":"2020-06-11T11:32:26","date_gmt":"2020-06-11T09:32:26","guid":{"rendered":"http:\/\/perinquiets.com\/?p=1297"},"modified":"2023-06-04T21:30:14","modified_gmt":"2023-06-04T19:30:14","slug":"palcos-a-la-esperanza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/palcos-a-la-esperanza\/","title":{"rendered":"Palcos a la esperanza"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_1299\" style=\"width: 410px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"http:\/\/perinquiets.com\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/DSC08306.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-1299\" class=\"size-medium wp-image-1299\" src=\"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-content\/uploads\/2023\/06\/DSC08306-400x267.jpg\" alt=\"\" width=\"400\" height=\"267\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-1299\" class=\"wp-caption-text\">SONY DSC<\/p><\/div>\n<p><em>Una reflexi\u00f3n de <strong>Ana Mill\u00e1s<\/strong>, dramaturga y actriz de Valencia<\/em><\/p>\n<p>\u00c9rase una vez, un invisible invasor que se apoder\u00f3 de gran parte del mundo.<\/p>\n<p>Un mundo que se consideraba infeliz, pese a tenerlo todo.<\/p>\n<p>Un mundo incapaz de ponerse de acuerdo en lo m\u00e1s nimio, plagado de desigualdades sociales y econ\u00f3micas.<\/p>\n<p>Un mundo de ego\u00edsmo y envidias. Irreverente y despiadado ante la naturaleza y sus gentes menos favorecidas.<\/p>\n<p>Un mundo en el que la normalidad, se hab\u00eda convertido en el problema.<\/p>\n<p>\u00c9rase una vez, a principios del a\u00f1o 2020, un mundo obligado por el COVID19, a vivir confinado en casa.<\/p>\n<p>El \u201cQu\u00e9date en casa\u201d, fue el <em>leimotiv<\/em> con el que se conmin\u00f3 a la ciudadan\u00eda a recluirse en sus domicilios. La grave situaci\u00f3n, a fin de frenar cuanto antes el n\u00famero de infectados, as\u00ed lo requer\u00eda.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>Fue entonces cuando los balcones, grandes o peque\u00f1os, las terrazas, las ventanas, se convirtieron en un hermoso tragaluz al mundo exterior. Un escaparate al que asomarse y comprobar, cada vez m\u00e1s, que los vecinos que apenas antes si ve\u00edas hac\u00edan lo propio. En ese momento, aquellos que antes fueron los vecinos de arriba, los de abajo, los de al lado o los del frente, adquirieron rasgos e incluso nombre.<\/p>\n<p>Mi balc\u00f3n es peque\u00f1o, apenas caben en \u00e9l una mesita plegable y un par de sillas, eso s\u00ed para ello he de prescindir de los hilos de tender; o tiendo o me siento y observo el mundo que alcanzo desde mi propia atalaya. La poca vida que se sigue sucediendo, como ya he dicho, transcurre de puertas para adentro. Y as\u00ed ha de ser en estos momentos de confinamiento. Es m\u00e1s, cuando veo circular a alg\u00fan viandante por la calle, que ni pasea perro ni va cargado con bolsas de compra, actividades que a\u00fan est\u00e1n permitidas, me siento frustrada. Es cierto, que es m\u00e1s la gente que cumple las normas, pero siempre hay quienes desoyen la raz\u00f3n y sin ning\u00fan remordimiento siguen haciendo su santa voluntad, siendo incapaces de querer comprender el mal que se causan a s\u00ed mismos y a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Al principio, la gente simplemente se asomaba y aplaud\u00eda pero, ese hecho, al convertirse en cotidiano, pronto anim\u00f3 a realizar alguna otra actividad, adem\u00e1s de los citados aplausos, que se segu\u00edan sucediendo d\u00eda tras d\u00eda. Sorprendentemente, el 15 de marzo, el d\u00eda en que hubiese sido oficial la <em>Plant\u00e0<\/em> de las Fallas en Valencia, uno de mis vecinos, al que ni siquiera hab\u00eda visto por el barrio, con un equipo que reproduc\u00eda la m\u00fasica instrumental del himno de Valencia y, micr\u00f3fono en mano,\u00a0 comenz\u00f3 a cantarlo. Su voz, armoniosa y potente, junto con la bella melod\u00eda, se esparci\u00f3 como un regalo. La gente embelesada escuch\u00f3 con evidente satisfacci\u00f3n aquel himno que cantaba no s\u00f3lo a la ciudad, sino a la luz y a la alegr\u00eda de vivir, ahora recluida. Hasta la \u00faltima nota, un nudo se instal\u00f3 en mi garganta, hasta que pudo romperlo el agradecido y estruendoso aplauso que se le dedic\u00f3 al inesperado y genial int\u00e9rprete.<\/p>\n<p>En los siguientes d\u00edas, los balcones y ventanas se vieron convertidos en improvisados escenarios, y otros vecinos se decidieron a mostrar diferentes habilidades. Una chica joven nos deleit\u00f3 con una pieza de \u00f3pera bastante bien interpretada, otro vecino ayudado de diversos inventos nos ofreci\u00f3 una particular <em>masclet\u00e0<\/em>. En otra ocasi\u00f3n, alguien hizo sonar el tema festivo \u201cEl fallero\u201d\u2026<\/p>\n<p>Aquellos hechos me animaron a hacer realidad una idea que me rondaba por la cabeza y, decid\u00ed montar mi propia Falla. La v\u00edspera del d\u00eda grande de la Fiesta, el 19 de marzo, armada de papel, cartulina, l\u00e1pices de colores, pegamento y tijeras, me enfrasqu\u00e9 en la tarea de construir mi propio monumento fallero. Bueno en este caso, y dadas la reducidas dimensiones del mentado balc\u00f3n, el resultado fue una peque\u00f1a maqueta de apenas treinta cent\u00edmetros de altura y otros tantos de per\u00edmetro. El lema, por supuesto, <em>Queda\u2019t en casa<\/em> (Qu\u00e9date en casa). Las escenas, con sus <em>ninots<\/em>, mostraban la absurda forma de acaparar papel higi\u00e9nico, la importancia de seguir reciclando, la recomendaci\u00f3n y la importancia de que los ni\u00f1os recuperasen la lectura, la advertencia de que las personas m\u00e1s vulnerables no deb\u00edan salir a la calle, la esperanza de que, a no tardar, el mundo cient\u00edfico encontrar\u00eda la vacuna para combatir al COVID19. Todos ellos temas de la m\u00e1s rabiosa actualidad.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, el d\u00eda de San Jos\u00e9, tras los puntuales aplausos de agradecimiento, plant\u00e9 mi modesta falla en el balc\u00f3n. Apenas si pod\u00edan verla los vecinos m\u00e1s cercanos, pero eso carec\u00eda de toda importancia. Para m\u00ed, el hecho de no dejar pasar este \u00faltimo d\u00eda festivo sin su hecho m\u00e1s caracter\u00edstico, la <em>Crem\u00e0<\/em>, estaba fuera de toda discusi\u00f3n. A las once de la noche, dispuse unas velas encendidas alrededor de la peque\u00f1a maqueta y, mediante un amplificador, reproduje el Himno, esta vez cantando por el afamado cantante, Francisco. La gente, al escucharlo, comenz\u00f3 a asomarse a sus particulares localidades y yo, proced\u00ed a prender fuego. Un impertinente vientecillo hizo su aparici\u00f3n amenazando con frustrar mi quehacer, pero, no lo logr\u00f3. Una vez la cartulina fue presa de las llamas, y cuando el himno ya alcanzaba su ecuador, nada pudo hacer. Mi recuerdo vol\u00f3 en esos momentos hasta el a\u00f1o 2010, a\u00f1o en el que fui Fallera Mayor de una Comisi\u00f3n del barrio de Russafa. Las risas, los deseos, las l\u00e1grimas al ver sucumbir el menudo monumento fallero, al igual que las que me embargaron ese a\u00f1orado y feliz a\u00f1o, se fundieron con el presente. La <em>Crem\u00e0<\/em> era a peque\u00f1a escala, s\u00ed, pero result\u00f3 ser igual de emotiva. El fuego devor\u00f3 aquellos \u201cninots\u201d de cuerpo de papel y, en pocos minutos, el remate del amenazador Coronavirus ardi\u00f3 sin contemplaciones, hasta convertirse en una amalgama informe, de la que tan s\u00f3lo quedaron cenizas.<\/p>\n<p>Al calcinar m\u00ed Falla entre las llamas purificadoras, fue mi deseo quemar simb\u00f3licamente todo lo malo que nos asediaba y, que de aquel mont\u00f3n de cenizas y desde los balcones y ventanas, palcos abiertos a la esperanza, renaciera el anhelo de recuperar lo mejor de la Humanidad y, esta vez s\u00ed, ser capaces de tejer un futuro donde preservar lo m\u00e1s preciado, la VIDA.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una reflexi\u00f3n de Ana Mill\u00e1s, dramaturga y actriz de Valencia \u00c9rase una vez, un invisible invasor que se apoder\u00f3 de gran parte del mundo. Un mundo que se consideraba infeliz, pese a tenerlo todo. Un mundo incapaz de ponerse de acuerdo en lo m\u00e1s nimio, plagado de desigualdades sociales y econ\u00f3micas. Un mundo de ego\u00edsmo [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[525],"tags":[],"class_list":["post-1297","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-bitacora-y-apuntes"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p4Dh6a-kV","jetpack-related-posts":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1297","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1297"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1297\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":15989,"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1297\/revisions\/15989"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1297"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1297"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1297"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}