{"id":14406,"date":"2022-01-10T12:43:38","date_gmt":"2022-01-10T11:43:38","guid":{"rendered":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/?p=14406"},"modified":"2023-04-23T19:39:35","modified_gmt":"2023-04-23T17:39:35","slug":"renau-infancia-en-el-paraiso-capitulo-1","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/renau-infancia-en-el-paraiso-capitulo-1\/","title":{"rendered":"Renau. Infancia en el para\u00edso. Cap\u00edtulo 1"},"content":{"rendered":"<div class=\"wpb-content-wrapper\"><p>[vc_row][vc_column]<div class=\"text-block\" ><div class=\"simple-text \"><h2 style=\"text-align: center;\">Primera parte. Del Para\u00edso al Purgatorio<\/h2>\n<h1 style=\"text-align: center;\">Una familia cabal y de derechas<\/h1>\n<\/div><\/div><div  class=\"empty-space  marg-lg-b20\"><\/div>[\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column]<div class=\"text-block\" ><div class=\"simple-text size-4\"><p>Jos\u00e9 Renau naci\u00f3 en un momento de confianza en el futuro de la Humanidad, y durante su ni\u00f1ez se educ\u00f3 en esta sensaci\u00f3n gratificante. Una ni\u00f1ez que pas\u00f3 en una casa modesta situada en el barrio del Caba\u00f1al, entonces un pintoresco poblado mar\u00edtimo de la ciudad de Valencia, frente al azul luminoso del Mediterr\u00e1neo.<\/p>\n<p>Pepito Renau tuvo la fortuna de criarse en una playa paradis\u00edaca.<\/p>\n<p>Hace cien a\u00f1os, la perspectiva dominante en el mundo que conocieron los ojos y los o\u00eddos de Pepito Renau era punto por punto la inversa de la que hoy domina entre nosotros.<\/p>\n<p>La visi\u00f3n que las revistas ilustradas europeas y americanas daban de la primera d\u00e9cada del siglo XX era vigorosa, risue\u00f1a y optimista. Hab\u00eda medios, no necesariamente vinculados a las organizaciones pol\u00edticas obreristas, que expresaban un punto de vista sombr\u00edo, rebelde y hasta apocal\u00edptico. Pero hay que tener en cuenta que eran muy pocos, y que apenas llegaban a una fracci\u00f3n de los lectores. As\u00ed pues, la inmensa mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n m\u00e1s o menos ilustrada, para formarse una opini\u00f3n sobre el sentido de su vida s\u00f3lo contaba con su propia experiencia cotidiana, y con lo que le dec\u00edan los jocundos peri\u00f3dicos ilustrados de la \u00e9poca, equivalentes a la televisi\u00f3n de hoy, con basura est\u00e9tica o moral semejante a la que vemos hoy en las pantallas.<\/p>\n<p>Esta sensaci\u00f3n de confianza en el porvenir era tan s\u00f3lida que lo que hoy nos parecen incomodidades dom\u00e9sticas insoportables, entonces se ve\u00edan como el marco natural de una existencia que el trabajo y el tiempo acabar\u00edan mejorando.<\/p>\n<p>Stefan Zweig evoca en sus memorias el panorama optimista de su juventud, una generaci\u00f3n anterior a la de Renau, pero que sent\u00f3 la base de un sentimiento que todav\u00eda duraba.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Se miraba con desprecio a las \u00e9pocas anteriores, con sus guerras, carest\u00edas y revueltas, como tiempos en que el mundo, simplemente, no estaba a\u00fan maduro ni suficientemente advertido. Ahora en cambio, ya no era sino cuesti\u00f3n de unos decenios superar definitivamente los \u00faltimos restos de maldad y violencia\u2026 el progreso general resultaba cada vez m\u00e1s visible, m\u00e1s r\u00e1pido, m\u00e1s multiforme. En las calles brillaban de noche, en vez de pobres luces, l\u00e1mparas el\u00e9ctricas\u2026 gracias al tel\u00e9fono pod\u00eda hablarse ya de hombre a hombre a grandes distancias, y el individuo recorr\u00eda estas distancias en coches sin caballos, con mayores velocidades, y pronto se elev\u00f3 por los aires, realizando as\u00ed el sue\u00f1o de \u00cdcaro. Las comodidades pasaban de las casas distinguidas a las burguesas; ya no hab\u00eda que ir a buscar el agua en el pozo o en la fuente com\u00fan, ni que encender trabajosamente el fuego en el hogar; se extend\u00eda la higiene, desaparec\u00eda la suciedad\u2026 Tambi\u00e9n se progres\u00f3 en lo social; de a\u00f1o en a\u00f1o conced\u00edanse nuevos derechos al individuo; manej\u00e1base la justicia m\u00e1s suave y humanamente, y hasta el problema de los problemas, la pobreza de las grandes masas, no parec\u00eda ya insuperable; se conced\u00eda el derecho de votar a c\u00edrculos cada vez m\u00e1s amplios, d\u00e1ndoseles as\u00ed la posibilidad de defender legalmente sus intereses.<\/em><\/p>\n<p>Por su parte, uno de los que despu\u00e9s Renau tuvo por maestro, George Grosz, rememora de un modo grato su adolescencia, contempor\u00e1nea casi con la ni\u00f1ez del valenciano. Grosz nos da esta impresi\u00f3n de las revistas populares ilustradas y de las ferias ambulantes:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Hoy sigo creyendo que aquella forma de unir el arte con el reportaje de atrocidades, por llamarlo de alguna manera, era acertada y hasta ideal dentro de sus l\u00edmites. Me parece que esas im\u00e1genes respiraban la vieja y saludable tradici\u00f3n de una ense\u00f1anza visual destinada a las masas, ense\u00f1anza que, en cierto modo, conservaba todav\u00eda alg\u00fan rasgo art\u00edstico aunque, en la actualidad, en nuestra \u00e9poca de im\u00e1genes distorsionadas \u2013como las del cine\u2014 , ha perdido todo sentido y es dif\u00edcil que resucite&#8230; Lo que hoy llamamos arte pop(ular) alentaba en aquellas polvorientas y olvidadas ilustraciones de caseta de feria&#8230; Aquellos eran cuadros para el pueblo, y ese pueblo no ten\u00eda necesidad de que le ofrecieran elevados conceptos art\u00edsticos; lo que esperaba del arte era un relato fiel y comprensible. Las ilustraciones eran toscas y burdas. Quien las fabricaba es probable que no tuviera la intenci\u00f3n de realizar un ejercicio art\u00edstico. Pero precisamente porque no pretend\u00edan ser enigm\u00e1ticos, los cuadros de feria pose\u00edan un no s\u00e9 qu\u00e9 de aut\u00e9ntico y humano, algo conmovedor, como se ve en el trabajo de ciertos aficionados con talento.<\/em><\/p>\n<p>Las obras pl\u00e1sticas de nuestra \u00e9poca, en que cada pintor necesita que una panoplia de cr\u00edticos y alg\u00fan que otro historiador del arte expliquen su trabajo, ironiza Grosz, contrastan con aquellos cuadros que no se basaban en ninguna teor\u00eda, no expresaban ninguna idea elevada ni an\u00e9mica.<\/p>\n<p>La sangre sol\u00eda tener gran importancia en la mayor\u00eda de ellos. Casi con seguridad, los pedagogos modernos de la juventud las habr\u00edan rechazado. Pero no olvidemos que entonces hab\u00eda un r\u00e9gimen que velaba con severidad por la moral p\u00fablica, y que era de mal gusto mostrar sin tapujos todo lo que oliera a sangre y crueldad&#8230; Lo que vemos ahora convertido en una espantosa realidad no se manifest\u00f3 hasta que lleg\u00f3 la guerra, y despu\u00e9s la posguerra. La brutalidad de la vida p\u00fablica, que hoy nos parece tan natural, estaba reprimida por un gobierno aristocr\u00e1tico que la amortiguaba y la suavizaba. A\u00fan quedaba en pie algo del antiguo humanismo santificado por los grandes poetas y pensadores, todav\u00eda no se hab\u00eda iniciado la \u00e9poca de los campos de concentraci\u00f3n, de los fusilamientos en masa, del odio racista y clasista&#8230; Est\u00e1bamos en 1910 y la humanidad todav\u00eda no se mostraba enfurecida y c\u00ednica.<\/p>\n<p>En la ciudad de Valencia la furia y el cinismo estaban por completo ausentes. Contaba con luz el\u00e9ctrica desde 1882 y el a\u00f1o siguiente se instal\u00f3 el primer tel\u00e9fono. La naranja se exportaba desde hac\u00eda d\u00e9cadas y era una fuente de riqueza. La peque\u00f1a industria empezaba a cuajar. Artesanos de todos los oficios se establec\u00edan en los barrios urbanos. Una \u00e9poca de prosperidad suced\u00eda al descalabro de la p\u00e9rdida de Cuba y Filipinas, que tuvo en lo esencial un efecto m\u00e1s psicol\u00f3gico que econ\u00f3mico.<\/p>\n<p>Ese amargo sabor de boca se ve\u00eda compensado por un momento de esplendor y renacimiento (la<em> Renaixen\u00e7a<\/em>) de las artes y las letras valencianas, que proyectaban al exterior, a Europa y a las Am\u00e9ricas, la creatividad de personas como Joaqu\u00edn Sorolla y Vicente Blasco Ib\u00e1\u00f1ez. Ambos fueron nombrados comendadores de la Legi\u00f3n de Honor por el gobierno de la Rep\u00fablica Francesa en 1906.<\/p>\n<p>En la ciudad de Valencia se organizaban ferias regionales en la misma direcci\u00f3n expansiva y dinamizadora del progreso que las universales de Par\u00eds o Chicago. Era una \u00e9poca de proselitismo progresista en el sentido m\u00e1s amplio y no s\u00f3lo en el pol\u00edtico. Las ferias y exposiciones, universales, nacionales y regionales se celebraban en Europa y Norteam\u00e9rica desde mediados del siglo XIX, y hab\u00edan contribuido a difundir una visi\u00f3n positiva de la existencia presente y de la futura.<\/p>\n<p>De ese tiempo procede un t\u00f3pico muy antip\u00e1tico a los ap\u00f3stoles del pesimismo de entonces y de hoy, el &#8220;Levante Feliz&#8221;, la Valencia productora de toneladas de fruta, artesan\u00eda, m\u00fasica y artes pl\u00e1sticas y decorativas.<\/p>\n<p>Aunque la inercia de los sombr\u00edos a considerar que Valencia albergaba en la encrucijada de los siglos XIX y XX una sociedad somnolienta y provinciana ha echado ra\u00edces acad\u00e9micas, no deja de ser un empe\u00f1o muy particular de ver las cosas, no un hecho. Las expectativas que deparaba la vida en aquella Valencia no eran muy diferentes que las que disfrutaban o padec\u00edan los ciudadanos de Lyon, de Florencia, de Hannover o de Amberes. El t\u00f3pico de la decadencia espa\u00f1ola se interpone como una pantalla opaca entre los observadores de la \u00e9poca y la existencia real de los ciudadanos de Santander o de Valencia, cuya calidad de vida no deb\u00eda ser muy distante de la de muchas ciudades europeas, si no mayor.<\/p>\n<p>De hecho, la aventura colonialista africana de los primeros decenios del siglo XX no habr\u00eda podido emprenderse en un pa\u00eds arruinado y con una sociedad dividida. Otra cosa es que esa aventura contribuyese a dividir y a arruinar la sociedad de su tiempo, junto con otras fuerzas destructivas que se gestaron en esos mismos a\u00f1os en todo el continente europeo.<\/p>\n<p>En este escenario prometedor nace Jos\u00e9 Renau Berenguer el 18 de mayo de 1907, de hacer caso a su partida de nacimiento. \u00c9l siempre crey\u00f3 haber nacido el d\u00eda 17. Viv\u00edan entonces sus j\u00f3venes padres en la calle de las Comedias de la ciudad de Valencia, encima del <em>Ideal Room<\/em>, un caf\u00e9 ya desaparecido, donde se dieron cita contertulios de todas las opiniones e inclinaciones durante las primeras d\u00e9cadas del siglo XX.<\/p>\n<p>Ve la luz en el seno de una familia que podr\u00edamos considerar de clase artesanal por el lado paterno. Don Jos\u00e9 Renau Montoro era pintor restaurador de profesi\u00f3n, y hab\u00eda nacido en Pueblo Nuevo del Grao (hoy los barrios mar\u00edtimos de Valencia) treinta y dos a\u00f1os antes, es decir, en 1875. Su padre, el abuelo Renau, con el mismo nombre propio, fue ebanista, despu\u00e9s de haber abandonado un seminario, seducido por los atractivos de Mar\u00eda Montoro.<\/p>\n<p>Sin duda gracias a los sacrificios del ebanista, Jos\u00e9 Renau padre pudo educarse y formarse en la t\u00e9cnica de la pintura y la restauraci\u00f3n, que ejerc\u00eda en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia. Tambi\u00e9n restauraba obras cl\u00e1sicas de propiedad particular, en especial de instituciones eclesi\u00e1sticas y de arist\u00f3cratas. Gracias a ello pudo criar a su prole, cinco hijos que durante un tiempo fueron seis, hasta que el m\u00e1s peque\u00f1o muri\u00f3 de una meningitis.<\/p>\n<p>El ascenso social de Jos\u00e9 Renau padre del estamento artesanal al de peque\u00f1o burgu\u00e9s de clase media indica que era hombre decidido a no mantenerse en el agitado oc\u00e9ano proletario, y tambi\u00e9n que pudo salir de \u00e9l, que no naufrag\u00f3. Es decir, que aprovech\u00f3 unas circunstancias objetivas de bonanza para desclasarse y situar a sus hijos en una posici\u00f3n de ventaja sobre la masa obrera de la que hab\u00eda salido.<\/p>\n<\/div><\/div><div  class=\"empty-space  marg-lg-b20\"><\/div>[\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=&#8221;9128&#8243; img_size=&#8221;large&#8221; add_caption=&#8221;yes&#8221; alignment=&#8221;center&#8221;]<div  class=\"empty-space  marg-lg-b20\"><\/div>[\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column]<div class=\"text-block\" ><div class=\"simple-text size-4\"><p>La madre del biografiado, Matilde Berenguer y Cort\u00e9s, proced\u00eda, seg\u00fan una leyenda dom\u00e9stica, de la baja aristocracia rural de la provincia de Alicante. Su padre, Juan Bautista Berenguer Guardiola figura en la partida de nacimiento de su nieto como natural de Callosa de Ensarri\u00e1 y sin profesi\u00f3n, es decir, hidalgo o rentista. Matilde tambi\u00e9n hab\u00eda nacido en Callosa y contaba veintiocho a\u00f1os al dar a luz a su primog\u00e9nito.<\/p>\n<p>Ese matrimonio es otra muestra de que la estanqueidad social no era tan r\u00edgida como suele pintarse, y prueba que el pintor restaurador Jos\u00e9 Renau no era un indigente, pues el hidalgo don Juan Bautista Berenguer no habr\u00eda aceptado que su hija se casara con un hombre sin recursos.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 Renau apenas dej\u00f3 testimonios de su ni\u00f1ez. Sus hermanos Alejandro y Juan s\u00ed hablaron de ella, en especial el \u00faltimo, que en <em>Pasos y Sombras<\/em> <em>(Autopsia)<\/em>, libro editado en M\u00e9jico en 1953, la reconstruye con un despliegue minucioso de detalles, probablemente recopilados en su madurez gracias a amigos y familiares.<\/p>\n<p>Alejandro se extendi\u00f3 menos en sus memorias mecanografiadas y nunca publicadas. Las llam\u00f3 <em>Hasta donde la memoria alcanza<\/em>, y reparti\u00f3 copias entre toda la parentela.<\/p>\n<p>Seg\u00fan este \u00faltimo texto, Jos\u00e9 Renau padre debi\u00f3 conocer a su futura esposa paseando por lo que hoy es la Ciudad Universitaria, a ambos lados de la actual avenida Blasco Ib\u00e1\u00f1ez. La familia de Matilde Berenguer pose\u00eda terrenos y un caser\u00edo en la antigua huerta de Valencia.<\/p>\n<p>Ninguno de los hermanos da detalles de la boda, pero todos insisten en situar el matrimonio en la clase media baja, y en que Matilde asumi\u00f3 su descenso social con naturalidad, resignaci\u00f3n y diligencia: esposa y madre abnegada, con gran sentido pr\u00e1ctico en lo tocante a la econom\u00eda dom\u00e9stica.<\/p>\n<p>La impresi\u00f3n que dej\u00f3 el padre en los recuerdos infantiles no es tan incondicional. Hacen de \u00e9l un retrato de hombre exigente y de una gran severidad, aunque buen esposo y trabajador infatigable. Al parecer era grueso, de tez blanca, ojos claros y bigote rubio, casi calvo y muy tartamudo cuando le dominaban los nervios, rasgo que heredaron Jos\u00e9 y Juan.<\/p>\n<p>Entre los progenitores, conservar las apariencias fue una obsesi\u00f3n. Para ellos era tan importante hacer ver que no eran unos menestrales o unos proletarios, aunque su domicilio y su forma de vida no distaran nada de ello, que no les importaba sufrir en silencio todo tipo de incomodidades dom\u00e9sticas. Al menos mientras vivieron en el Caba\u00f1al.<\/p>\n<p>Dice Alejandro de su madre:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Con un presupuesto exiguo nos sac\u00f3 adelante, y hay que valorar lo que esto representa. Su esposo, profesor. La sociedad de entonces exig\u00eda una presentaci\u00f3n costosa de traje y corbata. Ten\u00eda que coser botones, voltear cuellos, remendar pu\u00f1os, am\u00e9n de lavar y planchar trajes. Los trajes que ya no se pod\u00edan llevar, los reduc\u00eda para hacer ropa para nosotros. Ten\u00eda que zurcir calcetines y camisas, hacer camas y lavar s\u00e1banas a mano, ten\u00eda que traer diariamente la comida carg\u00e1ndola.<\/em><\/p>\n<p>No obstante, una de las manifestaciones hacia la galer\u00eda de que la familia no era proletaria es que mientras vivi\u00f3 en el barrio del Caba\u00f1al tuvo servicio: una muchacha de Teruel que hab\u00eda sido pastora y que convocaba a los hermanitos a pedradas a la hora de comer. Su punter\u00eda era ol\u00edmpica. Les lanzaba cantos rodados de la playa que ca\u00edan muy cerca de ellos, sin llegar a tocarles. La ex pastora se llamaba Faustina, recuerda Juan, y hab\u00eda aprendido esta forma de llamar la atenci\u00f3n en la sierra turolense con el ganado.<\/p>\n<p>Los hermanos Renau no eran unos corderitos, y tampoco nacieron en El Caba\u00f1al, que dista dos o tres kil\u00f3metros de la ciudad, sino en Valencia. Jos\u00e9 en el n\u00famero 8 de la calle Comedias, en un humilde edificio que ya no existe. Alejandro cree recordar que en la calle de Cuarte o Quart. Juan, en la calle Corretger\u00eda, \u201ca la sombra del Micalet\u201d, la torre de la hermosa catedral g\u00f3tica de Valencia.<\/p>\n<p>El matrimonio tuvo tres hijos m\u00e1s. Una ni\u00f1a, Lola, naci\u00f3 en tercer lugar, entre Alejandro y Juan. Y Matilde, \u201cTildica\u201d, fue la pen\u00faltima. Cuando la familia hab\u00eda regresado a Valencia desde el Caba\u00f1al, todav\u00eda naci\u00f3 un sexto reto\u00f1o, Apolito, que muri\u00f3 a los tres a\u00f1os a causa de una meningitis.<\/p>\n<p>Los Renau, pues, cambiaron constantemente de domicilio en la primera etapa de su vida de pareja. No podemos imaginar por qu\u00e9, quiz\u00e1 en busca de una vivienda mayor a medida que aumentaba la prole. Quiz\u00e1 haciendo econom\u00edas.<\/p>\n<p>En 1913 habitaban un piso en la calle de Gracia, corta, estrecha y muy c\u00e9ntrica. La vivienda estaba situada encima de la tienda de g\u00e9neros textiles de don Jos\u00e9 Monforte, casado con una\u00a0hermana del restaurador de cuadros. Seg\u00fan Juan, el negocio se llamaba &#8220;El Gato Negro&#8221;. Hoy esa calle lleva el nombre de M\u00fasico Peydr\u00f3 y conserva su tradici\u00f3n de comercios de ajuar, peque\u00f1os muebles y tejidos.<\/p>\n<p>Monforte jug\u00f3 un papel clave en la estabilidad econ\u00f3mica de la familia Renau. Era socio de un industrial que pose\u00eda una peque\u00f1a f\u00e1brica en Alcira, al sur de Valencia. Con una generosidad pr\u00f3xima a la filantrop\u00eda, subvencion\u00f3 durante la infancia de los sobrinos la tambaleante econom\u00eda familiar de su cu\u00f1ado. A cambio, \u00e9ste hac\u00eda retratos a la familia y le regalaba cuadros para decorar su vivienda de ciudadano emprendedor.<\/p>\n<\/div><\/div><div  class=\"empty-space  marg-lg-b20\"><\/div>[\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=&#8221;9127&#8243; img_size=&#8221;large&#8221; add_caption=&#8221;yes&#8221; alignment=&#8221;center&#8221;]<div  class=\"empty-space  marg-lg-b20\"><\/div>[\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column]<div class=\"text-block\" ><div class=\"simple-text size-4\"><p>El hecho de que la vivienda de los Renau estuviera situada sobre la tienda de Monforte puede ser una casualidad. Pero tambi\u00e9n puede indicar lo contrario, que vivir all\u00ed les sal\u00eda m\u00e1s barato.<\/p>\n<p>Los recuerdos de los tres hermanos coinciden en esta historia: un buen d\u00eda acudi\u00f3 a su modesta casa de Valencia un m\u00e9dico y diagnostic\u00f3 a los chicos principio de tuberculosis. Al parecer su aspecto era alarmante, sobre todo por el pelo rapado al cero y por la palidez de su piel. En el caso de Pepito, Lolita y Juanino, la palidez estaba acentuada por el tono claro de su constituci\u00f3n. Los dos primeros eran rubios y ten\u00edan los ojos azules, como el padre. Cuenta Alejandro<\/p>\n<p>Con este diagn\u00f3stico, el susto que debi\u00f3 llevarse mi padre ser\u00eda may\u00fasculo. \u201c\u00bfQu\u00e9 debo hacer?\u201d, le pregunt\u00f3. \u201cSi usted no quiere que se le mueran, ll\u00e9veselos a la orilla del mar\u201d.<\/p>\n<p>Juan lo relata de este modo:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Antes de acomodarnos en El Caba\u00f1al vivimos en Valencia, en un piso encima de la tienda de algodones e hilados de mi t\u00edo Jos\u00e9 Monforte. Las habitaciones eran muy h\u00famedas, y siempre estaban constipados mis dos hermanos mayores, Pepito y Alejandro. Vino un m\u00e9dico que dijo que mis hermanos estaban tocados del pecho. Mi padre se asust\u00f3 much\u00edsimo y se mud\u00f3 del piso de la calle de Gracia al Caba\u00f1al.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Una vez en el barrio mar\u00edtimo, un vecino m\u00e9dico revis\u00f3 a los chicos y modific\u00f3 el diagn\u00f3stico. El doctor Mora, seg\u00fan Alejandro, o el doctor Vicente Mira, seg\u00fan Juan, asegur\u00f3 que estaban sanos como gara\u00f1ones. Efectuado irremediablemente el gasto del traslado, el padre decidi\u00f3 permanecer en el Caba\u00f1al, a pesar del sacrificio que le costaba ir y venir a Valencia todos los d\u00edas.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Lo hac\u00eda en el tranv\u00eda que en aquella \u00e9poca (y hasta la d\u00e9cada de los 70 del siglo pasado) un\u00eda la Bajada de San Francisco (hoy plaza del Ayuntamiento) con los Poblados Mar\u00edtimos. La distancia no debe sobrepasar los cuatro kil\u00f3metros, y el tiempo empleado en recorrerlos ser\u00eda largo. Don Jos\u00e9 se desplazaba a la Escuela de Bellas Artes, en pleno barrio del Carmen, a un paseo de la cabecera del tranv\u00eda, donde estaba empleado como restaurador.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Por la tarde ejerc\u00eda su pluriempleo con eclesi\u00e1sticos, arist\u00f3cratas y burgueses cultos o inversores en arte antiguo. Tambi\u00e9n realizaba originales de carteles de fiestas y ferias no s\u00f3lo valencianas (de donde se deduce el alcance de su buen nombre), o dise\u00f1ando los adornos florales que se usan en Valencia para homenajear a la Virgen de los Desamparados. Por \u00faltimo tenemos constancia del trabajo artesano de don Jos\u00e9 en la confecci\u00f3n de gigantes y cabezudos para la fiesta del Corpus, estandartes de Semana Santa y carrozas para la Batalla de Flores de la Feria de Julio de Valencia.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Hac\u00eda el viaje a la capital en el segundo vag\u00f3n del tranv\u00eda llamado la \u201cPerrera\u201d por ir lleno hasta los topes. Era m\u00e1s econ\u00f3mico que viajar en el primero, reservado a los pasajeros de econom\u00eda saneada.<\/em><\/p>\n<p>Cada vez que los Renau hablan de su infancia subrayan el sacrificio generoso de su padre. En la entrevista que realic\u00e9 al pintor en su casa de Berl\u00edn en 1976, declaraba:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Mi padre ten\u00eda una camisa. Y mi madre, que la pobre era de origen ilustre y hasta noble, se la repasaba todos los d\u00edas. Mi padre, adem\u00e1s de restaurador, era profesor de la escuela de Bellas Artes. \u00bfUsted sabe lo que es un profesor de la escuela de Bellas Artes (con un sueldo de treinta duros al mes) con una sola camisa, con una sola chaqueta y con sus cinco hijos descalzos? Nuestra familia pertenec\u00eda a la peque\u00f1a burgues\u00eda valenciana\u2026 pero ya ve usted qu\u00e9 peque\u00f1a burgues\u00eda. Yo me he criado en la calle, con los hijos de los obreros, porque eran tan pobres como nosotros.<\/em><\/p>\n<p>Los duros se compon\u00edan de cinco pesetas, y una peseta fue durante algunos a\u00f1os el sueldo diario de un pe\u00f3n. De forma que el sueldo mensual de don Jos\u00e9 Renau no llegaba al Euro de hoy en d\u00eda, sin tener en cuenta las diferencias del coste de la vida.<\/p>\n<p>Puede que los chicos tuvieran un aspecto deplorable en su casa de la sombr\u00eda calle de Gracia en Valencia. Quiz\u00e1 un m\u00e9dico torpe errara el diagn\u00f3stico. Pero no parece desde\u00f1able que don Jos\u00e9 viera el cielo abierto en la mudanza al Grao, un barrio popular, donde conviv\u00edan proletarios, pescadores, artesanos y peque\u00f1os comerciantes. Habr\u00eda sido una manera de disimular sus dificultades econ\u00f3micas, adem\u00e1s de paliarlas.<\/p>\n<p>De haberse quedado en Valencia, el lastre de la prole y de su escaso sueldo, poco a poco se habr\u00eda hecho visible su impostura de ejercer como peque\u00f1o burgu\u00e9s siendo un asalariado.<\/p>\n<p>\u00bfNo pudo descubrir don Jos\u00e9 que el error m\u00e9dico le hab\u00eda hecho un favor, y aprovechar la distancia f\u00edsica entre su vida privada y su vida p\u00fablica para ahorrar energ\u00eda en su obsesiva apariencia de lo que tantos esfuerzos le costaba ser, un ciudadano de clase media?<br \/>\nLa casa de los Renau en el Caba\u00f1al estaba muy pr\u00f3xima a la parroquia del Rosario, uno de los rincones emblem\u00e1ticos del barrio entonces y hoy. La calle se llamaba Traves\u00eda de la Iglesia, y un\u00eda dos v\u00edas largas y paralelas al mar.<\/p>\n<\/div><\/div><div  class=\"empty-space  marg-lg-b20\"><\/div>[\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=&#8221;9131&#8243; img_size=&#8221;large&#8221; add_caption=&#8221;yes&#8221; alignment=&#8221;center&#8221;]<div  class=\"empty-space  marg-lg-b20\"><\/div>[\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column]<div class=\"text-block\" ><div class=\"simple-text size-4\"><p>Pepito Renau y sus hermanos Juanito y Alejandro formaban parte de una pandilla de chiquillos distinguidos. Distinguidos en relaci\u00f3n con la muchedumbre de ni\u00f1os que conviv\u00edan con ellos. As\u00ed lo deja entender Juan, al se\u00f1alar que una de las pandillas rivales y hasta enemigas, de la barriada pr\u00f3xima de Cantarranas, les llamaban \u201cse\u00f1oritingos y mariquitas\u201d.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 los denigradores les ve\u00edan as\u00ed? Sin duda porque las familias de los denigrados hac\u00edan todo lo posible para que se notara que no eran proletarias, mientras que los progenitores de los chicos que no se sent\u00edan &#8220;se\u00f1oritingos&#8221; se encontraban a gusto en su clase, aceptaban su destino o no se atrev\u00edan a retarlo.<\/p>\n<p>Los hermanos Renau y sus camaradas calzaban alpargatas de suela de esparto y empeine de lona, y vest\u00edan un delantal o bata a rayas que les tapaba las rodillas. Bajo el vestido, los m\u00e1s peque\u00f1os no llevaban otra cosa que la ropa interior y unas medias negras. Las cabezas, las llevaban lirondas y peladas, sin duda para\u00a0 evitar piojos y otros impertinentes inquilinos del cabello. En cuanto a la indumentaria de los mayorcitos, Juanito evoca una conversaci\u00f3n despu\u00e9s de la cena entre sus padres.<\/p>\n<p>Sacaba unos pantalones de Alejandro y dec\u00eda:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Mira, Pepe, estos pantalones de Alejandro ya no le vienen. Se le se\u00f1ala mucho la raya del culo, como un traje de ba\u00f1o. Los voy a remendar y quedar\u00e1n como nuevos para Juan\u00edn. \u00a1F\u00edjate que ya los llev\u00f3 Pepito todo un a\u00f1o, antes que Alejandro!<\/em><\/p>\n<p>Adem\u00e1s, los l\u00edderes de los &#8220;se\u00f1oritingos&#8221; ten\u00edan bastante poco de se\u00f1oritos.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Castell\u00f3, el forzudo jefe de estos ten\u00eda los brazos llenos de bultos gordos como patatas, de tanta fuerza. Una vez me dijo que le pusiera las manos en la junta del brazo. Yo la puse sin saber para qu\u00e9 quer\u00eda hacer aquello. Entonces dobl\u00f3 el brazo con tanta fuerza, el animal, que se me pusieron los dedos amarillos, como de muerto, y la mano morada y negra como una berenjena.<\/em><\/p>\n<p>En cuanto al lugarteniente de Castell\u00f3, un tal B\u00e9rnic, \u201ccuando jug\u00e1bamos, se pon\u00eda en medio del corro y con las manos detr\u00e1s nos tumbaba a cabezazos\u201d, recuerda tambi\u00e9n Juan.<\/p>\n<p>La chiquiller\u00eda del Caba\u00f1al y aleda\u00f1os disputaba su territorio sin contemplaciones, a cantazos. Se citaban en un solar llamado la Platgeta (la Playita) hoy urbanizado, y se liaban a pedradas, que a veces ocasionaban bajas.<\/p>\n<p>Un d\u00eda, Pepito se present\u00f3 en casa con una brecha en el cr\u00e1neo, que intent\u00f3 disimular con hierbas y lodo. No pas\u00f3 desapercibida a los ojos escrutadores de don Jos\u00e9.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Al llegar a casa, mi padre le pregunt\u00f3 a Pepito c\u00f3mo se hab\u00eda hecho aquel agujero. Pepito le dijo que\u2026 rasc\u00e1ndose. Mi padre tartamudeaba mucho cuando se indignaba. Le sal\u00edan unas burbujitas de saliva en las juntas de la boca, pero no le sal\u00edan las palabras sino un poco despu\u00e9s. [Entonces se arremang\u00f3 el brazo derecho y dijo:] &#8211; Ven\u2026 a-a-aqu\u00ed. Te-te-te\u2026 voy a rascar el culo, ya que to-to-todo te pi-pi-pica tanto.<\/em><\/p>\n<p>Tanto Alejandro como Juan ilustran sus recuerdos infantiles con an\u00e9cdotas estupendas. Vale la pena citar un par de ellas. La primera la cuenta Alejandro.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>El cementerio era el lugar donde se reun\u00edan todos los fantasmas. All\u00ed estaba el centro de ellos, y todo el mundo tem\u00eda ese rumbo por la noche. \u00a1Dec\u00edan que era cuando sal\u00edan de sus tumbas! Para nosotros era un espanto. Cuando ya lleg\u00e1bamos a cierta edad hab\u00eda una prueba de valor que ten\u00edamos que pasar, so pena de quedar como maricas. \u00a1Y claro, eso, no! Antes voy a aclarar que en el cementerio hab\u00eda una gran barda alta, y tambi\u00e9n un gran port\u00f3n de hierro forjado por donde entraban las carrozas, que siempre estaba cerrado. Ya de noche, aparec\u00edan bultos negros que se deslizaban por el borde y que parec\u00edan gatos negros, pero m\u00e1s grandes. Los ni\u00f1os, con mucho miedo, los hab\u00edamos visto. \u00a1Yo, tambi\u00e9n! Lo m\u00e1s probable es que alg\u00fan sepulturero se divirtiera con ese jueguecito. Pero los ni\u00f1os ten\u00edamos otra idea.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>La prueba de valor consist\u00eda en reunirse los de la pandilla y juzgarte. Ya oscuro ten\u00edas que acercarte a la verja, agarrarte fuertemente a ella y gritar con violencia: <\/em>\u00a1Calces negres, calces blanques, me chue un duro que no m\u2019alcances!<em> (medias negras medias blancas, me juego un duro que no me alcanzas).<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Cre\u00edamos que en ese momento sal\u00eda un fantasma en pos de ti, y sal\u00edas como una bala. Pas\u00e9 la prueba, aunque con un gran trauma. Pero, qu\u00e9 tranquilo me qued\u00e9 cuando ya pod\u00eda mirar a los dem\u00e1s con suficiencia.<\/em><\/p>\n<p>He seleccionado de Juan otra an\u00e9cdota de fantasmas, que Alejando tambi\u00e9n cita. No obstante, la de Juan tiene una gran fuerza literaria. (Alejandro dej\u00f3 de estudiar a los 13 a\u00f1os para ganarse la vida en el comercio, y lleg\u00f3 a ser un acaudalado hombre de negocios en M\u00e9xico.)<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Deb\u00edan de estar ampliando la d\u00e1rsena del puerto o grao de Valencia. Y entre la casa de los Renau y \u00e9ste, en el solar llamado la Platgeta, hab\u00eda una acumulaci\u00f3n de bloques de cemento para reforzar diques.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>[Entre ellos] hab\u00eda hierbajos y flores, chimeneas y ruedas de locomotoras llenas de or\u00edn rojo, vagonetas, quillas de barca y cables de alambre, negros y enrollados como serpientes durmiendo.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Por las tardes, despu\u00e9s de la escuela, nos met\u00edamos entre los bloques y hac\u00edamos luchas de pieles rojas contra blancos. Los pieles rojas llevaban unos penachos de plumas de gallo y de pavo. Con palos y retales nos hac\u00edamos pu\u00f1ales y hachas.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Todos le ten\u00edamos mucha envidia a Castell\u00f3 porque se hab\u00eda hecho un arco y muchas flechas con varillas de un paraguas. Nadie se atrev\u00eda a pelear con \u00e9l. Desde muy lejos clavaba las flechas en los troncos de los \u00e1rboles.<\/em><\/p>\n<p>Estos troncos estaban almacenados en los muelles, y llegaban en buques, de \u00c1frica o de Noruega. Algunos de esos barcos eran veleros. Todos estos elementos nos permiten imaginar el para\u00edso infantil en el que crecieron los Renau.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>El vigilante de aquella parte del puerto era el T\u00edo Coixo, un antiguo carretero de los condes de Tr\u00e9nor que hab\u00eda quedado mutilado en un accidente.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Al T\u00edo Coixo no le gustaba nada que correte\u00e1semos por all\u00ed. Ten\u00eda muy mal genio y no sab\u00eda qu\u00e9 hacer para espantarnos.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Una tarde de aquellas, se nos hizo de noche [\u2026] \u00cdbamos en fila, agarr\u00e1ndonos del hombro para no perdernos entre tanto bloque, de oscuro que estaba. Tropez\u00e1bamos con todo y mov\u00edamos mucho ruido.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Al doblar la esquina de una calle de bloques por poco nos morimos del susto. Nos tiramos de cabeza entre los hierbajos. Yo no pod\u00eda ni moverme ni correr, de tan espantado como estaba. En las tres o cuatro filas de bloques, delante de nosotros, hab\u00eda un fantasma larguirucho. Llevaba una s\u00e1bana blanca y de la cabezota, redonda y negra, le sal\u00eda la lumbre de los ojos.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>El fantasma llevaba un farol de aceite colgado de una percha.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Delante de la linterna se ve\u00edan las orejas negras y en punta de un perrazo; y los ojos como lucecitas, y todo rodeado de lo oscuro de la noche.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>El fantasm\u00f3n empez\u00f3 a hablar con voz de muerto. Se sab\u00eda todos nuestros nombres, y nos dec\u00eda con un vozarr\u00f3n que parec\u00eda salir de muy adentro de la tierra:<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>&#8211; \u00a1Pepitooo\u2026 Berniiiic\u2026 Juaniiin\u2026!<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>El perro gru\u00f1\u00eda cada vez m\u00e1s, como si estuviera rabioso, y tiraba de la cadena oli\u00e9ndonos y con las orejas negras en punta.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>&#8211; Ya voy, ya llego\u2026! \u00a1Ya estoy llegandooo\u2026! \u2013 gritaba el fantasma.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Castell\u00f3 se arrastr\u00f3 a mi lado y se escondi\u00f3 detr\u00e1s de un bulto. Le vi de reojo c\u00f3mo sacaba el arco y pon\u00eda una varilla. Solt\u00f3 la flecha, que sali\u00f3 zumbando, y se clav\u00f3 en un ojo del perro como un alfiler en un globo. Lo de dentro se sali\u00f3 como una clara de huevo cuando se casca contra el borde de la sart\u00e9n.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Cay\u00f3 dando una voltereta en el aire, con las patas negras y peludas para arriba, movi\u00e9ndolas muy seguido y pegando aullidos y echando babas. El fantasm\u00f3n se enred\u00f3 con la cadena, tropez\u00f3 con el perro y rod\u00f3 entre los hierbajos con el perol de la cabezota hecho cisco. Por entre el revoltijo de la s\u00e1bana asomaba una pata de palo.<\/em><\/p>\n<p>El T\u00edo Coixo es uno en la multitud de personajes de las memorias infantiles de Juan. En ellas aparecen decenas de retratos de un pintoresquismo que en Alemania habr\u00eda sido objeto de la inquieta curiosidad de George Grosz.<\/p>\n<p>Pepito Renau, cuatro a\u00f1os mayor que Juan, sin duda se hizo una imagen m\u00e1s completa de aquellos seres casi esperp\u00e9nticos. Acaso ayud\u00f3 a su hermano a rescatar de su memoria escenas y tipos. Pero \u00e9l mismo nunca los dibuj\u00f3. Jos\u00e9 Renau se permiti\u00f3 en su vida pocos sentimentalismos.<\/p>\n<p>En ocasiones, el estilo de Juan al evocar su ni\u00f1ez recuerda al Dickens de <em>Tiempos Dif\u00edciles<\/em> o de <em>Grandes Ilusiones<\/em>. Otras veces nos parece estar leyendo al Blasco Ib\u00e1\u00f1ez de <em>La Ara\u00f1a Negra<\/em>. Tambi\u00e9n ofrece tipos solanescos o barojianos, de rasgos f\u00edsicos y morales deformes. O personas de una integridad beat\u00edfica, como don Luis Navarro, el p\u00e1rroco del Rosario. La otra cara de la moneda es su sacrist\u00e1n Chamuza, que se nos presenta como un ego\u00edsta mezquino, h\u00e1bil explotador de la miseria de las pobres familias, sin que el p\u00e1rroco se entere. Un antiguo marino ingl\u00e9s, vejete y atildado, M\u00edster May, parece un trasunto de Lewis Carol, entre la pederastia y el dandismo. Don Fernando es un Maestro Ciruelo ignorante y bestia, que contrasta con su padre, don Joaqu\u00edn, un tranviario que a veces se dejaba caer por la escuela parroquial y echaba terribles broncas a su hijo por su p\u00e9sima capacidad pedag\u00f3gica, en presencia de los perplejos alumnos. El t\u00edo Pancha era un buzo de pecho a quien pagaban \u00a1quinientas pesetas! en 1916 por rescatar del fondo del puerto las anclas cuyas cadenas se hab\u00edan partido. El ciego Batiste, l\u00fabrico y salaz, recuerda a un tipo inspirado en una mezcla del Lazarillo y de su amo.<\/p>\n<p>Juan describe con eficacia impresionista el hogar del Caba\u00f1al. \u201cUna cortina amarilla, con ramilletes de flores azules y hojas negras separaba el comedor del sal\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>As\u00ed recrea un desayuno habitual, antes de ir a la escuela.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Mi madre entraba y sal\u00eda del comedor mordisqueando medio tomate, gordo y rojo, con aceite y sal. Por los dedos le escurr\u00eda el zumo del tomate con las pepitas amarillas. Sacaba un plat\u00f3n con seis u ocho rebanadas de pan tostado y un taz\u00f3n de leche. Mi padre raspaba lo soflamado del pan con el canto de la hoja del cuchillo y lo untaba con capas gordas de mantequilla amarillenta. Met\u00eda el cuchillo en el azucarero y echaba el az\u00facar sobre la mantequilla dando golpecitos con el dedo en la hoja. Mojaba la rebanada en el taz\u00f3n colmado con la nata. Con un pico de la servilleta se limpiaba los cuajarones de nata pegados a los bigotes y segu\u00eda mojando m\u00e1s y m\u00e1s tostada, hasta acabarlas.<\/em><\/p>\n<p>Es preciso decir que previamente hab\u00edan desayunado los ni\u00f1os \u201cun taz\u00f3n de chocolate con cachos de pan\u201d.<\/p>\n<p>Y de este modo cuenta Juan una cena extraordinaria.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Faustina puso el mantel blanco que ca\u00eda en cuatro puntas. Coloc\u00f3 el quinqu\u00e9 en el centro y, en torno, los platos, los cubiertos y las servilletas. Mi padre graduaba la llama que se estiraba dentro del tubo de cristal como una lengua flaca de punta azul. Por la boca del tubo sal\u00eda un hilo de humo retorcido y espeso que se perd\u00eda en el techo y ol\u00eda a petr\u00f3leo. Sobre las paredes del comedor, cubiertas de papel floreado, se mov\u00edan las sombras grandotas de nuestras cabezas y manos. Llegaban casi hasta las vigas del cielo raso y parec\u00edan sombras de fantasmones que se reun\u00edan para algo malo.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Engullimos a bocado redondo, y sin parar, dos pataquetas [barras anchas, cortas y aplastadas muy apreciadas en Valencia] con la mezcla hecha de una pasta. La col, las longanizas y las morcillas rezumaban aceite y la corteza del pan se empapaba infl\u00e1ndose como una esponja. El aceite y el jugo del embutido frito se escurr\u00edan por los bordes de las pataquetas, por u\u00f1as y dedos clavados como tenazas en el pan.<\/em><\/p>\n<p>El \u00fanico libro no t\u00e9cnico que public\u00f3 Juan Renau tiene no s\u00f3lo un valor testimonial para conocer su infancia y la de sus hermanos, sino tambi\u00e9n una calidad literaria que, o bien se agot\u00f3 en \u00e9l, o qued\u00f3 en un inexplicable letargo.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed la evocaci\u00f3n de una tormenta de oto\u00f1o, que describe los escenarios de la maravillosa infancia de Pepito Renau y de sus hermanos.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Sobre las monta\u00f1as del Puig, que apenas se ve\u00edan de tanta niebla, ca\u00edan rayos. Un poquito m\u00e1s tarde los truenos hac\u00edan temblar todo el Caba\u00f1al. A la luz de los rel\u00e1mpagos todo se ve\u00eda blanco: nuestras caras, las casas y las palmeras. Hasta el negro cielo se llenaba de luz blanca, como la que sal\u00eda cuando soldaban la v\u00eda del tren. Me quedaba ciego.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Despu\u00e9s de las primeras gotas gordas, empezaba a llover a mares con gotas m\u00e1s chicas, pero duras y pesadas como bolitas de agua que dejaban un hoyito en los delantales.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>La gente corr\u00eda dando gritos y ri\u00e9ndose. Las mujeres recog\u00edan la ropa tendida en cuerdas largas apoyadas en ca\u00f1as y la met\u00edan a pu\u00f1ados en paneras grandes de mimbre entrelazado. Luego se met\u00edan corriendo en las casas con toda la faramalla de chiquillos.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Nos divert\u00edamos mucho atravesando la calle, cuando arreciaba m\u00e1s la lluvia, y lleg\u00e1bamos empapados a la acera de enfrente, ri\u00e9ndonos con toda la boca y sacando la lengua para chupar los chorros de agua amarga que se escurr\u00edan desde la cabeza al bigote.<\/em><\/p>\n<p>Las partes negativas de esta infancia eran la severidad del padre y la escuela.<\/p>\n<p>La primera ten\u00eda indudablemente que ver con los esfuerzos de don Jos\u00e9 por asegurar a la familia en la clase media, aunque fuera baja.<\/p>\n<p>Al regresar a casa, don Jos\u00e9 pasaba revista de polic\u00eda a la prole, y al que ten\u00eda las manos sucias le largaba un papirotazo. Los chicos se criaban en un medio obrero que se desentend\u00eda del aspecto de su prole. Hab\u00eda que recordar a los reto\u00f1os Renau que ellos no eran as\u00ed, y que adem\u00e1s no deb\u00edan serlo.<\/p>\n<p>El retrato de don Jos\u00e9 que hacen Juan y Alejandro difiere en la intensidad de su genio inflexible, m\u00e1s \u00e1spero en la pluma de Juan. Pero ambos coinciden en que era un cat\u00f3lico a carta cabal. Igual que la madre, do\u00f1a Matilde Berenguer.<\/p>\n<p>Cada tarde se rezaba el rosario en casa, letan\u00eda que no tardaba en producir somnolencia a los chiquillos. El padre les despertaba dando una voz y a veces alg\u00fan coscorr\u00f3n, sin plegarse a la indulgencia de do\u00f1a Matilde.<\/p>\n<p>Sin embargo, el catolicismo de don Jos\u00e9 conviv\u00eda con ese parad\u00f3jico anticlericalismo \u00edntimo espa\u00f1ol. Se manifest\u00f3 de un modo indirecto, provocando el desconcierto de sus hijos y facilitando su radicalizaci\u00f3n posterior. Leamos una explicaci\u00f3n de Juan.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Mi padre cre\u00eda en Dios y en los santos, pero nunca iba a misa ni a nada de la iglesia. No le hac\u00edan gracia los curas y gru\u00f1\u00eda como un perro de presa cuando pasaba alguno cerca de \u00e9l. No se atrev\u00eda a decirlo, pero yo s\u00e9 que le gustaba much\u00edsimo Blasco Ib\u00e1\u00f1ez por la inquina que les ten\u00eda a los curas.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>A m\u00ed me da la impresi\u00f3n de que Juan exagera. Pero a continuaci\u00f3n ofrece la clave del sorprendente anticlericalismo de su padre.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>La verdad es que le chupaban hasta el tu\u00e9tano. Le encargaban estandartes y guiones de los que se llevan en la procesi\u00f3n. Los pintaba al \u00f3leo sobre lienzo o con anilinas sobre tela de seda. Estos \u00faltimos le costaban mucho m\u00e1s tiempo de pintar. Ten\u00eda que ir pintando hilito por hilito hasta que quedaban las caras completas de color carne. [\u2026] Le pagaban diez duros por cada uno. Tambi\u00e9n le encargaban muchos cuadros para que los restaurase, y nunca le pagaban enseguida. Casi todo lo dejaban a deber y, cuando mandaba a Pepito a cobrarles, mi hermano se volv\u00eda a casa con s\u00f3lo cinco duros.<\/em><\/p>\n<p>La menci\u00f3n al recado de Pepito para cobrar los cuadros restaurados pertenece a la segunda infancia, cuando la familia viv\u00eda en Valencia. Volveremos a ella m\u00e1s adelante. Veamos ahora lo que cuenta Alejandro sobre el catolicismo de su padre.<\/p>\n<p>Era profesor de la Academia de Bellas Artes de Valencia, entidad de gran prestigio en Espa\u00f1a. Pero los sueldos que se pagaban eran raqu\u00edticos. Ten\u00eda que ayudarse haciendo restauraciones de obras de arte, de lo que era gran experto gracias a los grandes conocimientos que ten\u00eda despu\u00e9s de haber le\u00eddo y de haberse documentado en las mejores obras publicadas sobre esta materia en Espa\u00f1a y en Europa, de uso en los m\u00e1s importantes museos. Este trabajo, tambi\u00e9n eventual y mal pagado serv\u00eda de ayuda para el sueldo de la academia. Los clientes m\u00e1s importantes que ten\u00eda eran coleccionistas de arte, anticuarios y sobre todo obras en las iglesias, entre las que destacan la b\u00f3veda de San Nicol\u00e1s, del maestro Palomino.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>A pesar de ser un cat\u00f3lico muy profundo, no simpatizaba con los curas de los que siempre dec\u00eda que eran unos tales y unos cuales, que teniendo dinero de sobra, no pagaban, Y sufr\u00eda mucho para cobrar, apret\u00e1ndole los precios a casi una miseria, y sin embargo ellos se daban una vida muy regalada enga\u00f1ando viejas.<\/em><\/p>\n<p>Cabe dudar que don Jos\u00e9 fuera tan expl\u00edcito, y m\u00e1s bien parece un desahogo filial de la madurez de Alejandro.<\/p>\n<p>Por su parte, Jos\u00e9 Renau me describi\u00f3 en 1976 a su padre como \u201cun cat\u00f3lico profundamente anticlerical\u201d.<br \/>\nLa solidez de la fe cat\u00f3lica del matrimonio Renau se manifest\u00f3 en la decisi\u00f3n de llevar a sus hijos a la Escuela Parroquial. No era la \u00fanica del barrio. Estaba tambi\u00e9n la Escuela Laica.<\/p>\n<p>En 1915 \u00f3 1916 la instrucci\u00f3n dada a los ni\u00f1os espa\u00f1oles de las clases bajas era tan deficiente como su escolarizaci\u00f3n. El ministerio de Instrucci\u00f3n P\u00fablica hab\u00eda sido constituido en 1900 con el objetivo de administrar la educaci\u00f3n primaria y habilitar y pagar maestros. Ignoro si en el Caba\u00f1al este loable prop\u00f3sito caus\u00f3 efecto o se qued\u00f3 en buenas intenciones.<\/p>\n<p>En cualquier caso, la parroquia de la Virgen del Rosario dispon\u00eda de una escuela de ense\u00f1anza primaria. El maestro se llamaba don Fernando, un tipo gordo, \u201cmiope, con lentes de cristal de botella, avejentado y con mejillas brillantes y sangu\u00edneas\u201d, recuerda Alejandro. La pintura que hacen de \u00e9l los hermanos Renau es la de un hombre desgraciado y sin la m\u00e1s m\u00ednima vocaci\u00f3n pedag\u00f3gica.<\/p>\n<p>El m\u00e9todo que empleaba don Fernando era el de la memorizaci\u00f3n por la reiteraci\u00f3n cantada, los palmetazos, y situar a los recalcitrantes de rodillas y de cara a la pared. A falta de otros mejores, suele ser eficaz. De hecho, los tres hermanos aprendieron a leer, a escribir y obtuvieron las nociones de aritm\u00e9tica necesarias para matricularse luego en la Escuela de los Maristas, ya en la ciudad de Valencia.<\/p>\n<p>En descargo de don Fernando, se las ten\u00eda que ver con una grey de chavales astutos y curtidos en la dura competencia callejera. Dice Juan que muchas de las baldosas rojas del suelo de la escuela estaban sueltas, \u201cde tanto como pesaba don Fernando, casi un quintal, y de tanto burrear nosotros\u201d. A pesar de la violencia empleada por el maestro, los chicos no paraban de gastarle bromas pesadas, como ponerle grasa en el asiento. Y eso que los alumnos de la Escuela Parroquial deb\u00edan pertenecer al sector se\u00f1oritingo del barrio.<\/p>\n<p>El padre de don Fernando era don Joaqu\u00edn, un tranviario bigotudo y enjuto, todo lo contrario que su v\u00e1stago. De vez en cuando, se presentaba en la escuela dando r\u00e1pidas zancadas<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>\u2026con el uniforme de rayadillo gris y la gorra con visera de charol. Llevaba un l\u00e1piz en la oreja derecha, una bolsa como la nuestra, para guardar el dinero que recog\u00eda en el tranv\u00eda, y un redondel de alambre gordo con bloques de billetes de colores ensartados.<\/em><\/p>\n<p>Don Joaqu\u00edn humillaba a su hijo ante los alumnos, que asist\u00edan a las broncas con fruici\u00f3n. Le llamaba \u201cimb\u00e9cil y maestrillo de mierda\u201d, y le sustitu\u00eda sin cambiar de m\u00e9todo. Lo milagroso es que alguno de aquellos ni\u00f1os aprendiera algo de instrucci\u00f3n, a parte de familiarizarse con un procedimiento infalible para arruinar la autoridad.<\/p>\n<p>No cuentan los Renau qui\u00e9n les instru\u00eda en la religi\u00f3n cat\u00f3lica. Podemos deducir que ser\u00eda don Luis Navarro, el c\u00e1ndido p\u00e1rroco. La base de la formaci\u00f3n cristiana de los chicos eran las festividades religiosas que se suced\u00edan (a\u00fan se suceden) a lo largo del a\u00f1o. San Ant\u00f3n en enero, con recuas y carros de bestias camino de la ermita de Vera, donde reciben la bendici\u00f3n en medio de una fiesta colorista. La Semana Santa Marinera, que transforma en melodrama popular la Pasi\u00f3n de Cristo, por medio de estupendos desfiles procesionales. El Corpus, en el que se representa todo un auto sacramental en la calle. Las festividades patronales y parroquiales\u2026<\/p>\n<p>Juan recuerda que en ciertos acontecimientos religiosos, la iglesia del Rosario, \u201ca rebosar de gent\u00edo, ol\u00eda a enramada de rosas y claveles, a forraje, a sobaquina y a esparto\u201d.<\/p>\n<p>En los Poblados Mar\u00edtimos habitaban pescadores y trabajadores portuarios, estos \u00faltimos ya contaminados por la rebeld\u00eda pol\u00edtica, en especial por el anarquismo. Hasta nuestros d\u00edas ha llegado la fama de un estereotipo local de hace cien a\u00f1os, el <em>Valent<\/em>, un equivalente al chulo madrile\u00f1o de zarzuela, que ilustr\u00f3 el m\u00fasico valenciano Vicente Peydr\u00f3 en la pieza Flamencos y Peteneras.<\/p>\n<p>Otro nutriente de la contestaci\u00f3n pol\u00edtica era el blasquismo, un republicanismo peque\u00f1o burgu\u00e9s muy arraigado en las clases medias valencianas.<\/p>\n<p>En esa \u00e9poca anterior a la revoluci\u00f3n sovi\u00e9tica, que transform\u00f3 tantas relaciones sociales a lo largo y ancho del planeta, dentro de las clases populares valencianas conviv\u00edan el catolicismo, conservador por tradici\u00f3n, con el anarquismo y el republicanismo, puntas de lanza del progresismo militante.<\/p>\n<p>Entre medias estaba la vida cotidiana y sus zonas de sombra de ecos sical\u00edpticos.<\/p>\n<p>En una novela picante de los a\u00f1os 30 de Rafael Mart\u00ednez Gand\u00eda se recuerda que &#8220;El Tulip\u00e1n&#8221; era, poco antes de estallar la guerra europea, el caf\u00e9 concierto m\u00e1s escandaloso y frecuentado de Valencia. Ni siquiera eran comparables con \u00e9l los caf\u00e9s del puerto, donde mujeres semidesnudas bailaban ante los grupos de marineros borrachos sus danzas obscenas.<\/p>\n<p>Recuerda Alejandro<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Era la \u00e9poca en que se le\u00eda mucho a Blasco Ib\u00e1\u00f1ez pero hab\u00eda tambi\u00e9n una casta de beatas y carcas manejadas por los curas de mente negra. En verdad no hab\u00eda t\u00e9rmino medio, unos eran tragacuras y otros, de golpe en pecho diario. Recuerdo una vez un caso que ya entonces me dio que pensar. Jugando en la plaza de la iglesia, el cura nos dijo: \u201cMiren, ni\u00f1os, cuando pasen por el n\u00famero tal de la calle Cap de Pont, sant\u00edg\u00fcense, que all\u00ed vive un anarquista.\u201d<\/em><\/p>\n<p>La Escuela Laica del Caba\u00f1al estaba situada junto a la acequia del Gas, as\u00ed llamada porque desped\u00eda olores nauseabundos. Al director le llamaban el Moreno. Las beatas aseguraban que ten\u00eda el demonio en el cuerpo y que estaba embrujado. Para conjurarle, le daban la espalda y se santiguaban. Tambi\u00e9n ten\u00eda fama de ser mas\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>El \u2018Moreno\u2019 se pitorreaba de los que iban a misa llam\u00e1ndoles carcundas y beatorros. Todos los chicos que iban a su escuela eran hijos de los anarquistas que pon\u00edan bombas y que hac\u00edan huelgas cuando se cansaban de trabajar.<\/em><\/p>\n<p>La descripci\u00f3n es de Juan Renau y est\u00e1 te\u00f1ida deliberadamente de una falsa ingenuidad infantil. Quiz\u00e1 para justificar la an\u00e9cdota que relata a continuaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Paseaban don Jos\u00e9 y sus tres reto\u00f1os varones por las inmediaciones de la Escuela Laica a la salida de los chicos, con el director observando a su politizada grey desde la puerta. Entonces, algunos de los ni\u00f1os laicos empezaron a cantar unos versos sacr\u00edlegos.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Mi padre se puso rojo y blanco de rabia. Le temblaban los labios y los bigotes. Nos apart\u00f3 de all\u00ed a empujones. [Cuando llegaron a casa, coment\u00f3 con su mujer:] \u201c\u00a1Es un crimen! S\u00ed, un crimen, lo que ese t\u00edo mala leche les ense\u00f1a a los pobres chicos de su escuela. Si no fuese porque uno tiene demasiada dignidad y una posici\u00f3n, la emprender\u00eda a hostias con ese bandido sinverg\u00fcenza\u2026 Pero, \u00a1qu\u00e9 se le va a hacer! Otros tienen la obligaci\u00f3n de taparle la boca y no lo hacen\u2026\u201d<\/em><\/p>\n<p>Las convicciones \u00edntimas de don Jos\u00e9, las que intentaba transmitir a sus hijos, eran n\u00edtidas y contundentemente cat\u00f3licas. Quiz\u00e1 si los curas que le contrataban para restaurar sus cuadros y frescos le hubieran pagado con prontitud y justicia, los hermanos Renau habr\u00edan sido unos conservadores de tomo y lomo. La vida est\u00e1 llena de paradojas.<\/p>\n<p>En un momento de su infancia, Pepito Renau conoci\u00f3 a Joaqu\u00edn Sorolla.<\/p>\n<p>Sorolla sol\u00eda pintar en la playa del Caba\u00f1al, frente al antiguo Balneario Las Arenas, hoy sustituido por un hotel. Sus modelos eran los pescadores que recog\u00edan del mar sus barcas ayud\u00e1ndose de yuntas de bueyes, quiz\u00e1 esos famosos <em>valents<\/em> zarzueleros. Esas im\u00e1genes y las de los ni\u00f1os del sanatorio del Carmen, se han hecho famosas en el mundo entero.<\/p>\n<p>Don Jos\u00e9 Renau a veces paseaba con sus v\u00e1stagos por la orilla del mar. Las tardes que Sorolla pintaba, la familia Renau le observaba a distancia, con reverencia y respeto, porque el pintor valenciano era ya un fen\u00f3meno intercontinental.<\/p>\n<p>Juan hace una impresionista descripci\u00f3n del trabajo del c\u00e9lebre artista en la playa ante sus propios ojos infantiles. La familia Renau observaba de lejos porque \u201cSorolla ten\u00eda un genio de todos los demonios y no le gustaba ni pizca que alguien se le acercase demasiado y, ni mucho menos, que le hablasen cuando estaba con prisas, porque le distra\u00edan\u201d.<\/p>\n<p>Pero siempre hay alguien cerca que se cree con bula. Este era el caso del \u201ct\u00edo Batiste, un labrador que met\u00eda las narices en todo lo que no le importaba\u201d. Se acerc\u00f3 al maestro y como si fuera un torero empez\u00f3 a piropear su faena.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>A Sorolla se le quem\u00f3 la sangre de aguantar tanto piropo. Dej\u00f3 la paleta, tir\u00f3 el pincel en la arena y se fue hecho un marrajo, con los mechones cay\u00e9ndole sobre la frente llena de gotas gordas de sudor y bramando, hacia el t\u00edo Batiste:<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>&#8211; \u00a1Y a usted qu\u00e9 leches le importa lo que hago!<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Pero la respuesta del interpelado fulmin\u00f3 el mal humor de Sorolla. Le cont\u00f3 una historia bufa y legendaria sobre s\u00ed mismo, una tarde que sali\u00f3 con unos amigos a cazar patos al mar, les arrastr\u00f3 una tormenta, les llev\u00f3 a Am\u00e9rica, donde Batiste se li\u00f3 a tiros con una bandada de loros, y uno que ca\u00eda le dijo \u00a1Xe, Batiste ja m\u2019has mort! (\u00a1Che, Batiste, me has matado!)<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Sorolla recogi\u00f3 el pincel y, aguantando la risa, lo limpi\u00f3 para seguir pintando.<\/em><\/p>\n<\/div><\/div>[\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column]<div  class=\"empty-space  marg-lg-b20\"><\/div>[vc_btn title=&#8221;Lea o descargue este cap\u00edtulo en PDF&#8221; color=&#8221;info&#8221; align=&#8221;center&#8221; i_icon_fontawesome=&#8221;fa fa-file-pdf-o&#8221; button_block=&#8221;true&#8221; add_icon=&#8221;true&#8221; link=&#8221;url:https%3A%2F%2Fagroicultura.com%2Fgeneral%2Fwp-content%2Fuploads%2F2022%2F04%2F01-Bio-Renau-Capitulo-1-copia.pdf||target:%20_blank|&#8221;]<div  class=\"empty-space  marg-lg-b20\"><\/div>[\/vc_column][\/vc_row]<\/p>\n<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[vc_row][vc_column][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=&#8221;9128&#8243; img_size=&#8221;large&#8221; add_caption=&#8221;yes&#8221; alignment=&#8221;center&#8221;][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=&#8221;9127&#8243; img_size=&#8221;large&#8221; add_caption=&#8221;yes&#8221; alignment=&#8221;center&#8221;][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=&#8221;9131&#8243; img_size=&#8221;large&#8221; add_caption=&#8221;yes&#8221; alignment=&#8221;center&#8221;][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_btn title=&#8221;Lea o descargue este cap\u00edtulo en PDF&#8221; color=&#8221;info&#8221; align=&#8221;center&#8221; i_icon_fontawesome=&#8221;fa fa-file-pdf-o&#8221; button_block=&#8221;true&#8221; add_icon=&#8221;true&#8221; link=&#8221;url:https%3A%2F%2Fagroicultura.com%2Fgeneral%2Fwp-content%2Fuploads%2F2022%2F04%2F01-Bio-Renau-Capitulo-1-copia.pdf||target:%20_blank|&#8221;][\/vc_column][\/vc_row]<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":9131,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[521,25,510],"tags":[],"class_list":["post-14406","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-biografia-actualidaza","category-cultura-y-comunicacion","category-series"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-content\/uploads\/2017\/11\/pepito-tuno-copia.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p4Dh6a-3Km","jetpack-related-posts":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14406","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=14406"}],"version-history":[{"count":7,"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14406\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":14741,"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14406\/revisions\/14741"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/media\/9131"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=14406"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=14406"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=14406"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}