{"id":14427,"date":"2022-04-12T10:18:26","date_gmt":"2022-04-12T08:18:26","guid":{"rendered":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/?p=14427"},"modified":"2023-04-23T19:39:55","modified_gmt":"2023-04-23T17:39:55","slug":"renau-ingreso-en-la-clase-media-urbana-capitulo-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/renau-ingreso-en-la-clase-media-urbana-capitulo-2\/","title":{"rendered":"Renau. Ingreso en la clase media urbana. Cap\u00edtulo 2"},"content":{"rendered":"<div class=\"wpb-content-wrapper\"><p>[vc_row][vc_column]<div class=\"text-block\" ><div class=\"simple-text \"><h2 style=\"text-align: center;\">Primera parte. Del Para\u00edso al Purgatorio<\/h2>\n<h1 style=\"text-align: center;\">Ecos b\u00e9licos en una ciudad pr\u00f3spera<\/h1>\n<\/div><\/div><div  class=\"empty-space  marg-lg-b25\"><\/div>[\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column]<div class=\"text-block\" ><div class=\"simple-text size-4\"><p align=\"JUSTIFY\">La familia estuvo en el Caba\u00f1al entre cinco y seis a\u00f1os. Cuando Pepito lleg\u00f3 al piso de la Traves\u00eda de la Iglesia a\u00fan no hab\u00eda cumplido los siete, y sabemos (por Juan) que la mudanza a Valencia se produjo en el verano de 1919, de modo que el futuro cartelista tendr\u00eda ya doce a\u00f1os.<br \/>\nDon Jos\u00e9 vio crecer a sus hijos en aquel para\u00edso de inocencia y asueto sin l\u00edmites. Hasta el momento en el que se plante\u00f3 c\u00f3mo podr\u00eda orientarlos hacia un futuro m\u00e1s pr\u00f3spero.<\/p>\n<p>Un buen d\u00eda convoc\u00f3 al dichoso tr\u00edo y les hizo una prueba de dibujo, con objeto de analizar las disposiciones innatas de sus v\u00e1stagos. Cuenta Alejandro:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Nos puso a los tres hermanos a dibujar una pataqueta o pan casero. Como era profesor acostumbrado a calificar, al terminar me puso la mano en el pecho y me apart\u00f3 diciendo: Eso que has dibujado &#8220;pareix un cacau&#8221; (parece un cacahuete), y me dej\u00f3 fuera. En aquel momento ya supe que ese no era mi camino. Yo admiraba mucho a mi hermano Pepe que ya empezaba a destacar y era muy h\u00e1bil. \u00c9ramos muy iguales en edad y tama\u00f1o, y nuestra comunicaci\u00f3n muy cordial y de su parte, m\u00e1s comprensiva. Con Juanino, al haber m\u00e1s diferencia de edad, no coincid\u00edamos tanto.<\/em><\/p>\n<p>El examen dom\u00e9stico se debi\u00f3 realizar quiz\u00e1 en 1918, el a\u00f1o anterior a la mudanza, porque Alejandro lo incluye en la etapa de sus memorias correspondientes al Caba\u00f1al. La consecuencia de la prueba fue el descubrimiento de la habilidad de Pepito para el dibujo.<\/p>\n<p>El fotomontador se refiri\u00f3 varias veces a esa etapa nueva que se abr\u00eda en su vida. La describi\u00f3 muy sucintamente en Notas al margen de Nueva Cultura, una introducci\u00f3n escrita en 1976 a la edici\u00f3n facs\u00edmil de esta revista dirigida y financiada por \u00e9l cuarenta a\u00f1os antes. Renau cuenta lo siguiente:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>A los ocho o nueve a\u00f1os, mi padre me sac\u00f3 de la escuela parroquial. Con toda buena fe, cometi\u00f3 el error \u2013 excusable por corriente en aquellos tiempos \u2013 de creer que la cultura intelectual destru\u00eda la intuici\u00f3n y perturbaba la pureza retiniana con que el pintor ten\u00eda que enfrentarse con \u2018el natural\u2019.<\/em><\/p>\n<p>Casi usa las mismas palabras para contar la an\u00e9cdota en 1977. Forma parte de una larga grabaci\u00f3n (doce cintas) que el galerista y amigo de Renau, Manfred Schmidt, realiz\u00f3 en el domicilio del pintor de Kastanienallee en Berl\u00edn.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>A los ocho a\u00f1os me sac\u00f3 mi padre de la escuela elemental. Como pintor ten\u00eda una mentalidad postimpresionista. Entonces se cre\u00eda mucho en la intuici\u00f3n y el sentimiento. Se cre\u00eda que la cultura intelectual perturbaba la pureza retinal. En la escuela llegu\u00e9 a aprender aritm\u00e9tica.<\/em><\/p>\n<p>En una cinta posterior de la misma serie grabada por Schmidt hay una nueva referencia, esta vez rebajando la edad:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Mi padre era pintor tambi\u00e9n, y era profesor de Dibujo en Bellas Artes. Era un hombre que sab\u00eda mucha t\u00e9cnica, conoc\u00eda los materiales, y un hombre muy disciplinado, muy trabajador, que me ense\u00f1\u00f3 a m\u00ed justamente eso, a trabajar y a conocer los colores, las telas, la madera, los materiales. Como pintor no era bueno, y \u00e9l lo sab\u00eda. Por eso nunca me dej\u00f3 verle c\u00f3mo pintaba. De oficio no era malo, pero era muy acad\u00e9mico, y con sus cinco hijos\u2026 Yo, a los seis o siete a\u00f1os, mi padre me sac\u00f3 de la escuela primaria. Aun no sab\u00eda casi multiplicar. Entonces se cre\u00eda, era una tendencia del postimpresionismo, que la cultura intelectual perjudicaba la intuici\u00f3n visual, la pureza de retina\u2026 Yo era un perfecto analfabeto.<\/em><\/p>\n<p>La pureza retiniana o retinal es una abstracci\u00f3n que evoca al buen salvaje y a las teor\u00edas de Juan Jacobo Rousseau. El sentido pr\u00e1ctico del que don Jos\u00e9 padre dio muestras a lo largo de su vida nos induce a dudar de la exactitud de esta informaci\u00f3n, que el fotomontador elabora en la vejez.<\/p>\n<p>Por otro lado, ni Alejando ni Juan mencionan que su padre retirara a Pepito de la escuela parroquial. El hecho no es de los que se olvidan o pasan inadvertidos. Todos aquellos que conocieron a Renau y con quienes he podido hablar, aseguran que ten\u00eda una irresistible inclinaci\u00f3n a recrear episodios de su vida. Cuando le preguntaban sobre su pasado, no perd\u00eda la oportunidad de soltar un gazapo.<\/p>\n<p>Acaso Renau estuviera burl\u00e1ndose de los que se interesaban por \u00e9l despu\u00e9s de casi cuarenta a\u00f1os de ignorarle. De hecho, los textos sobre s\u00ed mismo escritos antes de 1976, el a\u00f1o de su lanzamiento internacional gracias a la Bienal de Venecia, son bastante mesurados y veros\u00edmiles. Es como si hubiera reaccionado con iron\u00eda a una fama que nunca busc\u00f3, es m\u00e1s, que rehuy\u00f3.<br \/>\nNada de esto termina de explicar la insistencia de Renau en el mito o realidad de su exclusi\u00f3n de la escuela elemental en la ni\u00f1ez. O era cierto (lo que a mi entender es menos probable) o bien se hab\u00eda extraviado alg\u00fan hecho semejante en su memoria, o bien fabulaba con un prop\u00f3sito. Lo m\u00e1s cabal es que Renau necesitaba un hecho para justificar otro de sus argumentos m\u00e1s insistentes: que \u00e9l fue pintor por casualidad y debido a las circunstancias, que si hubiera nacido en una familia de m\u00fasicos le habr\u00edan dedicado al piano o a la composici\u00f3n. Quiz\u00e1 forme esto parte del determinismo marxista, seg\u00fan lo entend\u00eda Renau.<\/p>\n<p>Esto se contradice con otro episodio de su infancia que \u00e9l mismo relata con alg\u00fan detalle en un art\u00edculo publicado en Alemania en noviembre de 1968, y reeditado diez a\u00f1os despu\u00e9s en el \u201cSuplemento de las Artes y las Ciencias\u201d del diario &#8220;Informaciones&#8221; de Madrid. Lo titul\u00f3 \u201cLa lecci\u00f3n decisiva de John Heartfield\u201d.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>En el marco de la vida apacible de Valencia, mi ciudad natal, y paralelamente a la educaci\u00f3n art\u00edstica que recib\u00eda de mi padre, a la edad en que mis compa\u00f1eros de escuela jugaban al trompo, yo me ocupaba seriamente de recortar fotos de la guerra en revistas gr\u00e1ficas espa\u00f1olas e inglesas clasific\u00e1ndolas por materias e inici\u00e1ndome as\u00ed en el juego de la analog\u00edas y ant\u00edtesis propio de toda pr\u00e1ctica sistem\u00e1tica en la confrontaci\u00f3n de im\u00e1genes visuales impresas\u2026Los contrasentidos visuales me impresionaron mucho m\u00e1s intensamente que las analog\u00edas y armon\u00edas formales.<\/em><br \/>\n<em>Un d\u00eda de mayo de 1917, en que yo cumpl\u00eda mis 10 a\u00f1os, mi t\u00edo me regal\u00f3 una colecci\u00f3n de carpetas de archivo mucho mejores que las que yo ten\u00eda. En esta ocasi\u00f3n, reclasificando la carpeta R (reyes), me encontr\u00e9 con dos fotos del rey Jorge V de Inglaterra, en una de las cuales se representaba al monarca con majestuosa prestancia en un monumental busto de m\u00e1rmol, mientras que en la otra, el mismo personaje aparec\u00eda en actitud nada airosa, m\u00ednimo, canijo y encorvado bajo la lluvia, pasando revista a un batall\u00f3n de reclutas embarcando hacia el frente de batalla. Este acervo contraste entre la realidad y el arte me impresion\u00f3 muy vivamente y despert\u00f3 en m\u00ed una actitud cr\u00edtica hacia el arte en general que no me ha abandonado nunca m\u00e1s.<\/em><br \/>\n<em>(\u2026) Mucho antes de que los ecos del Dad\u00e1 llegaran a las latitudes espa\u00f1olas, yo me entreten\u00eda en el juego espont\u00e1neo y fortuito de juntar im\u00e1genes de signo contrapuesto\u2026 un paisaje polar al lado de un grupo de negritos congelados, desnudos; unos senos de mujer junto a un engranaje mec\u00e1nico, etc\u2026 Mi juego iconogr\u00e1fico quedaba reducido a la simple contraposici\u00f3n de im\u00e1genes separadas, pues no encontr\u00e9 la forma propiamente dicha del fotomontaje \u2013montar varias im\u00e1genes para formar una \u2018sola\u2019- hasta mucho mas tarde, 1929, cuando vi la primera experiencia de Hausmann, Moholy-Nagy y otros pioneros del nuevo arte.<\/em><\/p>\n<p>Un testimonio de la precocidad de Pepito en el archivo lo dio \u00e9l mismo a Manfred Schmidt en las cintas que acabamos de citar. Dice el ya anciano fotomontador:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Es curioso que las primeras fotos que recog\u00ed yo en mi archivo fueron de la guerra europea, 1915, m\u00e1s o menos. Cuando viv\u00edamos cerca del mar, viv\u00eda un capit\u00e1n de marina mercante retirado que recib\u00eda revistas inglesas y luego las tiraba. Yo las agarraba de la basura y las recortaba. En Espa\u00f1a las revistas ilustradas eran raras y muy caras entonces, para la burgues\u00eda. Y ah\u00ed empec\u00e9 yo.<\/em><\/p>\n<p>Debe de tratarse de aquel M\u00edster May, antiguo marino, vejete y atildado que cita Juan en su evocaci\u00f3n autobiogr\u00e1fica.<\/p>\n<p>Sea como fuere, el caso es que el verano de 1918, con once a\u00f1os, ya estaba haciendo ejercicios de dibujo en un cuaderno que se cierra en agosto de 1919, coincidiendo con la mudanza a la ciudad de Valencia.<\/p>\n<p>Mi criterio es que ning\u00fan padre en sus cabales retira a su hijo de una escuela de primeras letras para conservar su inocencia art\u00edstica, y le matricula a continuaci\u00f3n en un colegio de prestigio donde la instrucci\u00f3n est\u00e1 dirigida a convertir la inocencia del alumno en provechoso conocimiento.<br \/>\nDe momento, a sus once a\u00f1os, le vemos dibujando manos, pies, cabezas, desnudos y objetos de ajuar dom\u00e9stico, con instrucciones precisas de su padre y maestro.<\/p>\n<p>Marta Hofmann, alumna de Renau en Berl\u00edn, y que convivi\u00f3 con \u00e9l los \u00faltimos once a\u00f1os de su vida, recuerda que el artista evocaba aquellos primeros ejercicios. Le contaba que su padre le premiaba en met\u00e1lico, una perra gorda (moneda de 10 c\u00e9ntimos) hemos de imaginar, porque la econom\u00eda dom\u00e9stica no daba para m\u00e1s<\/p>\n<p>Su hermano Juan recuerda que el padre le obligaba a servir de modelo para Pepito, y que tambi\u00e9n induc\u00eda a \u00e9ste a hacer bocetos de naturalezas muertas (las frutas del postre cotidiano), y de los paisajes agr\u00edcolas que rodeaba al Caba\u00f1al, salpicado de barracas y de huertos de cebollas, alcachofas y otras verduras.<\/p>\n<p>Alg\u00fan tipo de atractivo deb\u00eda sentir Pepito por las artes visuales. De otra forma no se explica que de un modo espont\u00e1neo empezara a recortar fotograf\u00edas y a clasificarlas. Si la pl\u00e1stica le hubiera resultado indiferente o si su inter\u00e9s fuera forzado por el padre, no habr\u00eda durado m\u00e1s all\u00e1 de la adolescencia o la juventud, cuando se hubiera encontrado con fuerzas para oponerse a la voluntad paterna. Es lo que ocurri\u00f3 con Juan Renau, obligado por don Jos\u00e9 a matricularse en Derecho, pero que abandon\u00f3 la carrera para entrar en Bellas Artes, su verdadera vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El fotomontador declar\u00f3 con insistencia que sus primeros pasos en el territorio de la creaci\u00f3n art\u00edstica no tuvieron que ver mucho con la vocaci\u00f3n o una predisposici\u00f3n inusitada hacia la pintura. En varias entrevistas realizadas en los a\u00f1os 70 del siglo pasado, quit\u00f3 importancia a su habilidad. Sostuvo que su relaci\u00f3n con el dibujo y la pintura fue directa y sencilla, familiar, dom\u00e9stica.<br \/>\nSubrayaba que no fue asaltado por ninguna fuerza reveladora. No necesit\u00f3 descubrir que hab\u00eda nacido para el arte. Simplemente, le pusieron a trabajar. Una vez que su padre comprob\u00f3 su buena disposici\u00f3n para el dibujo, se dedic\u00f3 a instruirle. Pepito ve\u00eda un d\u00eda s\u00ed y otro tambi\u00e9n a don Jos\u00e9 metido entre pinceles, \u00f3leos, trementina, pigmentos, paletas y lienzos. Es posible que, como todo ni\u00f1o, alguna vez intentara imitar a su padre. Que le invitaran a ello le debi\u00f3 parecer la cosa m\u00e1s natural del mundo. Lo que no le gust\u00f3 un pelo es que aquel juego se convirtiera en una obligaci\u00f3n, porque le privaba de vagabundear con sus hermanos por las calles.<\/p>\n<p>A Manuel Garc\u00eda, un estudioso de la historia del arte valenciano, en especial del exilio, que trat\u00f3 mucho con Renau entre 1976 y su muerte, le dio esta explicaci\u00f3n sobre su instinto pl\u00e1stico:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Si al nacer hubiera encontrado en casa un piano o un viol\u00edn, habr\u00eda sido m\u00fasico. Pero me encontr\u00e9 una paleta de pintor. Estaba ya condicionado por la profesi\u00f3n de mi padre desde mi nacimiento. Yo me he dedicado a resolver los problemas que ten\u00eda a mi alrededor. No hay nada a partir de cero. Realmente soy un artesano. Cuando no he podido trabajar con el l\u00e1piz, he utilizado la pluma y si no, la pintura. Realmente he sido un aprendiz de todo y un maestro de nada.<\/em><\/p>\n<p>En 1914 Europa marchaba con una exaltaci\u00f3n sin precedentes hacia la peor guerra consignada en la historia de la Humanidad hasta entonces. En cinco a\u00f1os, el optimismo que iluminaba a la sociedad se rompi\u00f3 en mil pedazos. La juventud art\u00edstica sobreviviente emple\u00f3 su confusi\u00f3n y su rabia en cambiar la base moral y est\u00e9tica del arte. Cuando Renau empez\u00f3 a entender de estilos pict\u00f3ricos, la suerte del arte futuro estaba ya echada por esa vanguardia ruidosa, minoritaria y furiosa. Renau se encontr\u00f3 en sus a\u00f1os de aprendizaje con un marco diferente al que exist\u00eda antes de 1914.<\/p>\n<p>A Valencia llegaban los ecos de la contienda europea a trav\u00e9s de los peri\u00f3dicos, y de los marinos que desembarcaban en el puerto. Tambi\u00e9n sus consecuencias, en forma de la carest\u00eda, se hicieron pronto evidentes. Son a\u00f1os en los que la especulaci\u00f3n y el acaparamiento contribuyen a la prosperidad exagerada de unos pocos y a las penalidades de la mayor\u00eda ciudadana. No pasa un d\u00eda sin que los diarios locales de la \u00e9poca proclamen las acciones de la Junta de Abastos, interviniendo a almacenistas codiciosos, y reclamen mano dura contra ellos.<\/p>\n<p>Dice Juan:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Yo no entend\u00eda una palabra de aquella guerra tan grande con nombres tan raros de pa\u00edses como Montenegro, Sarajevo, Servia, Dantzig, etc. Mi padre le\u00eda los titulares de los peri\u00f3dicos durante la sobremesa. Citaba las grandes batallas y los miles de muertos y heridos. Mi madre sacaba el pa\u00f1uelo y se enjugaba las l\u00e1grimas.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Con diez o veinte c\u00e9ntimos compr\u00e1bamos hojas grandotas de cartulina llenas de soldados recortables y de todos los ej\u00e9rcitos que peleaban en la guerra. Los pon\u00edamos formados unos contra otros, con sus banderas, caballos, ca\u00f1ones y ametralladoras. Cog\u00edamos unos canutos de ca\u00f1a y con huesos de cereza sopl\u00e1bamos por el canuto e \u00edbamos tumbando soldados, caballos y banderas. Nos pas\u00e1bamos las horas muertas jugando a nuestra guerra de mentiras.<\/em><\/p>\n<p>Tambi\u00e9n es la \u00e9poca de las primeras huelgas pol\u00edticas o revolucionarias. Juan y Alejandro dan cuenta del ambiente de inquietud y casi de revuelta que a veces se extiende hasta el id\u00edlico barrio del Caba\u00f1al, muy pr\u00f3ximo al puerto.<\/p>\n<p>Juan utiliza a su narrador, un ni\u00f1o, para construir una historia folletinesca. Se refiere al Moreno, el director de la Escuela Laica. Obviamente, se trata de un recurso literario.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Algunas noches se reun\u00eda en casa de un anarquista. Llegaban otros, mirando a todos lados con mucho misterio. Silbaban por una ventana o repiqueteaban con el aldab\u00f3n, con golpes chiquitos, y les abr\u00edan con mucho ruido de cerrojos y desatrancando la puerta. Una vez dentro, empezaban a beber vasos de vino tinto, casi sin respirar. Entre trago y trago se pon\u00edan a blasfemar y a insultar al gobernador, al alcalde, a los patronos y a la guardia civil. Despu\u00e9s se callaban sacaban botes de hojalata, p\u00f3lvora y mechas que cortaban a trozos con unas tijeras. Con todo eso, hac\u00edan bombas para las huelgas.<\/em><\/p>\n<p>Los adultos amantes del orden interpretar\u00edan estas escenas de guardias civiles contra trabajadores portuarios o de los peque\u00f1os astilleros, sin preocuparse mucho de la presencia de los ni\u00f1os, o quiz\u00e1 emitiendo en voz alta deliberadamente lecciones para ellos. En la imaginaci\u00f3n infantil, tan bien evocada por Juan, los hechos interpretados por sus padres deber\u00edan adquirir una dimensi\u00f3n melodram\u00e1tica.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Los d\u00edas que los obreros del puerto no quer\u00edan trabajar, de tan nerviosos que estaban, armaban mucho jaleo, iban a tiros con los guardias civiles y pon\u00edan bombas de aquellas en las tiendas, en los ultramarinos y en los muelles. Las pon\u00edan porque s\u00ed, porque les daba la gana ponerlas para ver c\u00f3mo estallaban y hac\u00edan migas los escaparates y algunas personas buenas que pasaban por all\u00ed cerca.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Entonces, la guardia civil entraba en las casas de los anarquistas rompiendo las puertas a culatazos. Nunca estaban all\u00ed y les buscaban por otras casas y hasta por la huerta. Cuando les agarraban, les llevaban amarrados con las manos atr\u00e1s y en reatas, como si fueran burros. Les met\u00edan en el cuartel y les mol\u00edan los huesos para que cantaran todo lo que sab\u00edan sobre el jaleo y sobre las bombas. A los m\u00e1s testarudos les entraban a empellones y a bofetadas en el coche celular.<\/em><\/p>\n<p>Y termina el relato con una pincelada de emoci\u00f3n ret\u00f3rica.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Siempre que pasaba el coche celular, la gente se quedaba mirando con mucha l\u00e1stima y mucho miedo. Unas veces met\u00edan a los presos en la C\u00e1rcel Modelo y otras en San Miguel de los Reyes. En el penal de San Miguel de los Reyes, que era muy bonito desde fuera con sus filas de palmeras, estaban los peores criminales y muchos gitanos.<\/em><\/p>\n<\/div><\/div><div  class=\"empty-space  marg-lg-b20\"><\/div>[\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=&#8221;9194&#8243; img_size=&#8221;large&#8221; add_caption=&#8221;yes&#8221; alignment=&#8221;center&#8221;]<div  class=\"empty-space  marg-lg-b20\"><\/div>[\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column]<div class=\"text-block\" ><div class=\"simple-text size-4\"><p>Resulta curioso que ni Juan ni Alejandro hagan la m\u00e1s m\u00ednima menci\u00f3n a la Revoluci\u00f3n Bolchevique en relaci\u00f3n con su infancia. En esto, reflejan la ingenuidad supina de su propia generaci\u00f3n y la de sus padres, al producirse aquel acontecimiento que cambiar\u00eda el mundo y en especial la vida de Pepito.<\/p>\n<p>S\u00fabitamente, una tarde del verano de 1919, les anuncian que al d\u00eda siguiente la familia se muda a Valencia. No tuvieron tiempo ni de despedirse de los amigos. Es posible que los padres lo proyectaran as\u00ed para evitar berrinches, porque Pepito, Alejando y Juan eran ni\u00f1os, pero no bobos, y deber\u00edan ser conscientes de que su vida iba a pegar un vuelco. Se acababan sus a\u00f1os de Para\u00edso.<br \/>\nUn dato lleno de significado es que visten a los chicos con los \u00fanicos trajes que pose\u00edan, y a las ni\u00f1as, con los vestidos de fiesta. Han de entrar en la Valencia burguesa ataviados de domingo, porque vivir en la ciudad impone obligaciones que en aquel tiempo de apariencias formaban parte inseparable del decoro.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 hab\u00eda sucedido para que la familia adoptara la dr\u00e1stica decisi\u00f3n de la mudanza?<br \/>\nSimplemente que los planes de convertir a sus hijos en hombres y mujeres de provecho hab\u00edan entrado en una nueva etapa. Don Jos\u00e9 estaba a punto de obtener el nombramiento de profesor interino en la Escuela de Bellas Artes, es muy probable que su clientela de restaurador estuviera aumentando, y vivir a varios kil\u00f3metros de la ciudad se hab\u00eda convertido en un problema.<br \/>\nDel pluriempleo de este hombre de car\u00e1cter ha quedado alguna constancia. Por ejemplo, un cartel para la Semana Santa y Pascua de Resurrecci\u00f3n de Murcia del a\u00f1o 1917. Fue impreso en la litograf\u00eda Ortega de Valencia y muestra a una especie de fauno soplando un cuerno y a una mujer que debe simbolizar la prosperidad o algo as\u00ed, subida en la m\u00e1quina de un tren, todo en unos tonos rojos casi c\u00e1rdenos. El dibujo y la composici\u00f3n de este cartel prueban la maestr\u00eda de don Jos\u00e9, a la altura de la de los mejores cartelistas de su \u00e9poca. Otro trabajo suyo anuncia un concurso internacional de fuegos de artificio en la apertura de la famosa Exposici\u00f3n Regional de Valencia, en mayo de 1909. Es decir, los esfuerzos por hacerse un hueco en el mercado de los artistas valencianos, estaban rindiendo frutos, lo cual le incitaba a aspirar a mejorar la posici\u00f3n y la vivienda.<br \/>\nPero sobre todo, los ni\u00f1os hab\u00edan llegado a una edad que precisaba de una escolarizaci\u00f3n rigurosa, cosa que en aquel momento s\u00f3lo garantizaban los colegios religiosos y los institutos de Bachillerato. Y estos se encontraban en Valencia.<\/p>\n<p>Por un lado, las perspectivas econ\u00f3micas del cabeza de familia hab\u00edan mejorado. Por otro, era necesario que los ni\u00f1os acudieran a un colegio de verdad.<\/p>\n<p>A los chicos les sent\u00f3 como una dosis masiva de aceite de h\u00edgado de bacalao. Pero se portaron como lo que eran, muchachos acostumbrados a aceptar la disciplina paterna y, en el fondo, vagamente conscientes de que la vida salvaje en el Caba\u00f1al no pod\u00eda ofrecerles el mismo futuro que la de un estudiante, esta vez s\u00ed, se\u00f1orito de verdad.<\/p>\n<p>La nueva casa estaba en un segundo piso de la calle Baja del popular barrio del Carmen de Valencia, a un tiro de piedra de la Escuela de Bellas Artes de San Carlos. Era mucho m\u00e1s amplia que la del Caba\u00f1al, ten\u00eda un rudimentario cuarto de ba\u00f1o, agua corriente y luz. Y tambi\u00e9n legiones de chinches que en verano descend\u00edan por las paredes como plaga sobre los cuerpos de los inquilinos.<br \/>\nLos gastos de la econom\u00eda dom\u00e9stica se multiplicaron. Los ingresos, no tanto. Hubo que vestir a los chicos y a las ni\u00f1as, comprarles trajes adecuados a la urbe, y que les situaran a la altura de sus compa\u00f1eros y compa\u00f1eras de colegio, el de los Hermanos Maristas, en el caso de los varones. La factura del sastre se dispar\u00f3 como los cohetes de una masclet\u00e0 y provoc\u00f3 escenas de zarzuela, como enseguida veremos.<\/p>\n<p>Carmen Ferr\u00e9s, una contempor\u00e1nea de Matilde Renau, la m\u00e1s peque\u00f1a de los hermanos, viv\u00eda en 1919 en la calle Baja de Valencia, a cuatro portales de la nueva vivienda de los Renau, en un edificio conocido como \u201cCasa Insa\u201d. Seg\u00fan me relataba en el a\u00f1o 2005, la familia del profesor y restaurador llevaba un tren de vida de clase media. El punto de vista de los Insa era el de la clase media consolidada, due\u00f1os de un negocio entonces muy pr\u00f3spero de disfraces y trajes hist\u00f3ricos y tradicionales.<br \/>\nCarmen Ferr\u00e9s me dec\u00eda que \u201cel padre era un se\u00f1or bajito y fuerte. Era profesor de San Carlos. Do\u00f1a Matilde era una se\u00f1ora siempre de negro, con mantilla. En esa \u00e9poca las se\u00f1oras de clase media cuando sal\u00edan de casa llevaban mantilla; las elegantes, sombrero; la clase baja, pa\u00f1uelo\u201d.<br \/>\nDo\u00f1a Matilde Berenguer no pod\u00eda permitirse ser elegante, pero adaptaba su indumentaria a la de la clase en la que su marido luchaba por instalarse. La clase media, mantilla.<\/p>\n<\/div><\/div><div  class=\"empty-space  marg-lg-b20\"><\/div>[\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=&#8221;9197&#8243; img_size=&#8221;large&#8221; add_caption=&#8221;yes&#8221; alignment=&#8221;center&#8221;]<div  class=\"empty-space  marg-lg-b20\"><\/div>[\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column]<div class=\"text-block\" ><div class=\"simple-text size-4\"><p>Recordaba la se\u00f1ora Ferr\u00e9s que el barrio estaba lleno de talleres artesanos, carpinteros, ebanistas, silleros, doradores\u2026<\/p>\n<p>Juan se deleita en <em>Pasos y Sombras<\/em> retratando figuras de artesanos de su nuevo barrio. En realidad, el barrio del Carmen ten\u00eda en aquella \u00e9poca una zona noble y otra popular. La noble se situaba a ambos lados de la calle Caballeros, de indicativo nombre. La popular, la sit\u00faa Juan fuera de la antigua muralla \u00e1rabe, cuyo testimonio m\u00e1s evidente es el llamado Portal de Valldigna, un delicioso rinc\u00f3n del vetusto barrio.<\/p>\n<p>El barrio del Carmen se hizo famoso en la Espa\u00f1a de los ochenta del siglo XX por su jarana nocturna incesante, pero en la segunda d\u00e9cada del mismo siglo era un barrio de orden: los arist\u00f3cratas, al costado de La Lonja, las clases populares, a la otra parte de la calle Caballeros.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>El electricista, el carpintero, el escultor, el peluquero, la planchadora, el ebanista, el vaciador, el due\u00f1o del ultramarinos, etc., formaban con nosotros una gran familia, campechana y sin tapujos. Nos pas\u00e1bamos la vida fi\u00e1ndonos dinero unos a otros: nunca se sab\u00eda qui\u00e9n deb\u00eda a qui\u00e9n. Se trabajaba a todas horas y se dejaba la faena cuando a uno le daba la sant\u00edsima gana de descansar, sent\u00e1ndose en una silla sobre la acera, a la puerta del taller o del zagu\u00e1n.<\/em><\/p>\n<p>Al lado de la casa de los Renau viv\u00eda un tallista. Al otro lado del portal, hab\u00eda una tienda de aceites y vinos.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>En la otra manzana se o\u00eda el runruneo met\u00e1lico de la serrer\u00eda. Carros tirados por caballos percherones descargaban monta\u00f1as de troncos enormes\u2026<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Junto a la serrer\u00eda, el se\u00f1or Insa ten\u00eda un inmenso almac\u00e9n de ropa antigua y moderna. All\u00ed se pod\u00eda encontrar desde un peplo o una pretexta romana, hasta pelucas empolvadas y chisteras de prestidigitador perfectamente alineadas en armarios alt\u00edsimos llenos de bolas de alcanfor. En uno de los patios estaban los gigantones de cart\u00f3n piedra que se alquilaban para las procesiones del Corpus. Mi padre hab\u00eda pintado las caras del gigante y la giganta\u2026<\/em><\/p>\n<p>En cuanto al territorio noble, Juan cuenta un episodio lleno de resonancias. Por un lado, nos revela los apuros econ\u00f3micos de don Jos\u00e9. Por otro, muestra la mezquindad de la supuesta aristocracia, que utilizaba el respeto que le dispensaban de buen o de mal grado el artesanado y los profesionales liberales, para vivir a todo trapo y a sus costas.<\/p>\n<p>Un d\u00eda, don Jos\u00e9 envi\u00f3 a Juanino a cobrar un trabajo de restauraci\u00f3n al bar\u00f3n de Vallvert. La elecci\u00f3n hay que interpretarla. No enviaba a Pepito, quiz\u00e1 en aquellos a\u00f1os ya matriculado en la escuela de Bellas Artes. Hab\u00eda elegido a Juanino porque era un ni\u00f1o, y a un ni\u00f1o ni se le debe enga\u00f1ar, ni es del todo consciente del papel que est\u00e1 jugando, intermediario entre el costoso trabajo efectuado por su padre y el honor del cliente arist\u00f3crata, que no pod\u00eda ser puesto en entredicho por un vulgar artesano acreedor.<\/p>\n<p>El bar\u00f3n de Vallvert puede que fuera arist\u00f3crata de sangre, pero tambi\u00e9n deb\u00eda ser un caradura de tomo y lomo, seg\u00fan la narraci\u00f3n de Juan Renau. Y eso que era \u201ctan simp\u00e1tico y corriente, que no parec\u00eda un arist\u00f3crata\u201d.<\/p>\n<p>La servidumbre recibe a Juanino con la displicencia que merecen los plebeyos, le hacen subir por una oscura escalera sin pasamanos, propia de la prisi\u00f3n del Conde de Montecristo. Desemboca en una cocina habitada por un regimiento de cocineras, que evoca a Alicia en el Pa\u00eds de las Maravillas. El ama de llaves se lleva el recibo o factura que porta el ni\u00f1o y al cabo de una hora reaparece en la cocina sorprendi\u00e9ndose de encontrar todav\u00eda en ella a Juanino. Le pregunta qu\u00e9 hace all\u00ed. Juanino le recuerda el cobro del recibo, y ella le asegura que el bar\u00f3n no est\u00e1 en Valencia y le despacha sin contemplaciones.<\/p>\n<p>Al salir, Juanino se tropieza con el bar\u00f3n en el zagu\u00e1n, a punto de salir en su coche de caballos. Vuelve a casa perplejo.<\/p>\n<p>La factura era de 25 duros, que don Jos\u00e9 esperaba como agua de mayo. Entre otras cosas, porque el sastre, el se\u00f1or Rueda, hac\u00eda antec\u00e1mara en la sencilla casa del pintor.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Se puso furioso conmigo y con todos los arist\u00f3cratas habidos y por haber.<\/em><br \/>\n<em>\u2014\u00bfPero no te das cuenta de que sin el recibo es como si te hubiesen pagado, imb\u00e9cil? Si no fuese por lo que pudieran pensar, te mandaba otra vez a recogerlo.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Se calm\u00f3 algo y, saliendo al recibidor, dio excusas al sastre que no se atrev\u00eda a levantar la mirada del suelo. Le prometi\u00f3 diez duros para dentro de unos d\u00edas\u2026<\/em><\/p>\n<p>El sastre se march\u00f3 resignado.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Despu\u00e9s, mi padre escribi\u00f3 algo en una tarjeta y me mand\u00f3 a casa del t\u00edo Pepe. Mi t\u00edo estaba de muy buen humor. Ley\u00f3 la tarjeta, sac\u00f3 la cartera abultada y me larg\u00f3 dos billetes de cincuenta pesetas.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Casi todos los meses ocurr\u00eda lo mismo. Cuando mi t\u00edo no vend\u00eda bastante algod\u00f3n o las cosas no le iban bien del todo, nos daba la mitad de lo que ped\u00eda mi padre. Luego, la tercera parte y con el tiempo, nada. Ya no pod\u00edamos recurrir ni a \u00e9l ni a nadie.<\/em><\/p>\n<p>Merece la pena subrayar el comentario de don Jos\u00e9 al sufrir la frustraci\u00f3n de su factura impagada: \u201cSi no fuese por lo que pudieran pensar, te mandaba otra vez a recogerlo\u201d.<\/p>\n<p>\u00a1Lo que pudieran pensar!<\/p>\n<p>Don Jos\u00e9 y multitud de peque\u00f1os burgueses como \u00e9l, depend\u00edan tanto de sus ingresos econ\u00f3micos como de lo que pudieran pensar de ellos los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Pronto veremos que la econom\u00eda familiar se estabiliz\u00f3 e incluso prosper\u00f3. Que los chicos y las chicas crecieron, se educaron y se colocaron ya desahogadamente en la clase media ansiada. Pero los vericuetos morales por los que pasaron hasta llegar all\u00ed, los episodios de sentirse explotados (con raz\u00f3n o sin ella), las humillaciones ejercidas por arist\u00f3cratas como el bar\u00f3n de Vallvert se depositan en las conciencias de estos muchachos y muchachas educados en colegios religiosos y con una conciencia mucho m\u00e1s despierta a las injusticias que la de un hijo de obrero.<br \/>\nEl sedimento no es inocuo. Va formando en silencio una amarga rebeld\u00eda ante la vida. De s\u00fabito, una crisis social violenta hace cristalizar el poso en una ideolog\u00eda pol\u00edtica nada acomodaticia, en el caso de Jos\u00e9 y Juan Renau, el marxismo leninismo.<\/p>\n<p>Es necesario tener en cuenta la importancia de estos hechos aparentemente anecd\u00f3ticos para comprender la desconcertante reacci\u00f3n de Jos\u00e9 Renau en 1928, cuando la buena sociedad madrile\u00f1a ser rinda ante su obra expuesta en Madrid.<\/p>\n<p>Cuenta Alejandro que ingresaron en el colegio de los Hermanos Maristas, de la plaza de Mirasol, hoy desaparecida, aunque el colegio subsiste frente al Palau de la M\u00fasica de Valencia. All\u00ed Pepe y Juan empezaron pronto a destacar. \u201cEl director tom\u00f3 mucho afecto por Pepe, y lo distingu\u00eda mucho, ya intu\u00edan en \u00e9l un fuera de serie\u201d.<\/p>\n<p>Alejandro dur\u00f3 s\u00f3lo uno o dos cursos en la instituci\u00f3n. Ten\u00eda \u00edntimas razones para huir de ella, como a continuaci\u00f3n veremos. Aunque la causa oficial de su fracaso escolar fue su impermeabilidad hacia la Historia, la Geograf\u00eda y otras asignaturas semejantes. Era bueno, eso s\u00ed, en aritm\u00e9tica, capacidad que dos d\u00e9cadas despu\u00e9s aprovechar\u00e1 para hacer una peque\u00f1a fortuna en M\u00e9jico, junto a otra todav\u00eda m\u00e1s b\u00e1sica, su resistencia f\u00edsica, su afici\u00f3n a la pr\u00e1ctica del deporte.<br \/>\nPor su parte, Juan dedica varios cap\u00edtulos de sus memorias para describir con pluma afilada y fuerza insuperable a profesores y compa\u00f1eros, el ambiente clasista del colegio, los variados paisajes urbanos, y otros detalles pintorescos.<\/p>\n<p>Por ejemplo, que se levantaban con el alba y al canto del gallo. Seg\u00fan recuerda Juan, el barrio del Carmen estaba lleno de corrales con gallinas y conejos, sabia despensa de artesanos forzados a dar cr\u00e9dito a tanto arist\u00f3crata maula.<\/p>\n<p>Asimismo subraya Juan la impresi\u00f3n que le produjeron algunos compa\u00f1eros de clase de buena familia, a quienes tra\u00eda y llevaba un coche de caballos, seg\u00fan una tradici\u00f3n novelesca pero real.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>A m\u00ed me daban mucha l\u00e1stima, pues no pod\u00edan ir solos por las calles ni dar patadas a los botes de hojalata. A veces se cruzaba un coche. El chico que iba dentro se asomaba un poco mir\u00e1ndonos muerto de envidia, con su cara sonrosada, su melena terminada en bucles y su traje de terciopelo azul marino con cuello de encajes.<\/em><\/p>\n<p>Triste condici\u00f3n la del ni\u00f1o rico, frente a la \u00edntima felicidad del ni\u00f1o pobre.<\/p>\n<p>Admite Juan que para los profesores, todos los alumnos eran iguales, al margen de su origen social y de la prosperidad de sus padres.<\/p>\n<p>Juan pronto se convertir\u00e1 en un alumno destacado, y al empezar el Bachillerato, en uno de los tres primeros de la clase.<\/p>\n<p>Las menciones a Pepito en <em>Pasos y Sombras<\/em>, como alumno de los Maristas son muy limitadas. Casi tan pocas como las que hace a Alejandro.<\/p>\n<p>\u00c9ste, como se ha dicho, dej\u00f3 el colegio pronto. \u00bfEs l\u00edcito suponer que con Pepito ocurri\u00f3 otro tanto, y que tal es la raz\u00f3n de su ausencia en las memorias de Juan?<\/p>\n<p>La mayor duda es si aguant\u00f3 todo el curso 1919-1920 o abandon\u00f3 antes. Albert Forment ha certificado que Jos\u00e9 Renau fue matriculado por su padre en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia en septiembre de 1920. Pero en las <em>Notas al margen de Nueva Cultura<\/em> escritas por el fotomontador en 1977, dice:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Mi padre era pintor, profesor de dibujo y restaurador de pintados, en cuyo prolijo y delicado oficio pas\u00e9 a ser su \u00fanico ayudante, y \u00e9l, mi primer y \u00fanico maestro. Unos a\u00f1os despu\u00e9s, como al parecer mi vocaci\u00f3n no colmaba las ilusiones que hab\u00eda puesto en m\u00ed, decidi\u00f3 darme una preparaci\u00f3n preventiva como perito mercantil, primero en los Hermanos Maristas y luego en una escuela vespertina de los Jesuitas, con estudios a medio tiempo y muy espor\u00e1dicos, pues su precaria situaci\u00f3n econ\u00f3mica \u2013mi madre y cinco hijos, el mayor, yo \u2013 no le permit\u00eda prescindir de mi ayuda material.<\/em><\/p>\n<p>Pepito asisti\u00f3 durante el curso 1919-1920 al colegio de los Maristas. El horario era de ocho a doce y de dos a cinco. Poco tiempo ten\u00eda para hacer sus deberes y entretenerse, echar una mano a don Jos\u00e9 en sus trabajos, y encima acudir a una escuela nocturna de comercio.<\/p>\n<p>Cabe pensar, eso s\u00ed, que don Jos\u00e9 le forzaba a familiarizarse con el dibujo, con el prop\u00f3sito de prepararle para el examen de ingreso en la Escuela de San Carlos. La l\u00f3gica de todo peque\u00f1o comerciante, industrial y artesano es dejar el negocio al hijo m\u00e1s adecuado, por lo general, el primog\u00e9nito.<br \/>\nEn distintas ocasiones Renau reconoci\u00f3 que su dominio t\u00e9cnico y su conocimiento de la pintura espa\u00f1ola se deb\u00edan en gran parte a que en su infancia tuvo en sus manos aut\u00e9nticos goyas, grecos y zurbaranes. Los que esperaban en el taller de su padre el turno para la restauraci\u00f3n, procedentes de bienes eclesi\u00e1sticos o de casas nobles. Pero esto, en buena l\u00f3gica, ocurri\u00f3 cuando ya estaba estudiando Bellas Artes.<\/p>\n<p>\u00bfDe d\u00f3nde viene, pues, ese paso por una escuela de comercio?<\/p>\n<p>Muy posiblemente del temor de don Jos\u00e9 a que Pepito le saliera una calamidad. Recordemos las palabras del fotomontador: \u201ccomo al parecer mi vocaci\u00f3n no colmaba las ilusiones que hab\u00eda puesto en m\u00ed\u2026\u201d Jos\u00e9 Renau, lo hemos anticipado, insisti\u00f3 en que nunca fue un pintor vocacional. Es decir, no era su falta de vocaci\u00f3n lo que desasosegaba al padre. S\u00f3lo pod\u00eda ser una cosa: su rebeld\u00eda, su resistencia.<\/p>\n<p>Todos los que le conocieron coinciden en que uno de los rasgos de la personalidad de Jos\u00e9 Renau fue su testarudez, en especial si estaba convencido de que llevaba raz\u00f3n, lo cual ocurr\u00eda con frecuencia. Advi\u00e9rtase, en descargo del artista, que sus observadores pr\u00f3ximos no hablan de orgullo, sino de testarudez, de cabezoner\u00eda. Renau era un <em>cabut,<\/em> siempre lo fue. Y los ni\u00f1os pueden llegar al colmo de la obstinaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Aventuremos que el terco don Jos\u00e9 se encontr\u00f3 con la horma de su zapato en su primog\u00e9nito. Siendo hombre pr\u00e1ctico y l\u00facido, prepar\u00f3 una segunda salida para que Pepito echara los cimientos de su futura prosperidad.<\/p>\n<p>Desencaminado no iba el recelo de don Jos\u00e9, porque en el segundo o tercer curso de Bellas Artes, Pepito mont\u00f3 un n\u00famero en clase que estuvo a punto de costarle la expulsi\u00f3n. Pero no adelantemos acontecimientos.<\/p>\n<p>Dirijamos la vista ahora a cierto episodio traum\u00e1tico que sucedi\u00f3 en el colegio de los Hermanos Maristas. Concedamos la palabra a su protagonista, el peque\u00f1o Alejandro.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Tendr\u00eda aproximadamente unos once a\u00f1os. Para mi edad, era uno de los mejor dotados f\u00edsicamente de la clase\u2026 Ten\u00eda como uno de mis profesores a un hermano marista joven que me distingu\u00eda bastante y me calificaba bien. En una ocasi\u00f3n, terminada la clase, con pretexto de explicarme en la pizarra un problema, me hizo quedar un rato. En un principio no not\u00e9 nada anormal, hasta que empez\u00f3 a manosearme. Y aunque qued\u00e9 confuso por la impresi\u00f3n, reaccion\u00e9 y sal\u00ed de clase.<\/em><br \/>\n<em>Llegando a la casa, mi padre not\u00f3 mi nerviosismo y me pregunt\u00f3 qu\u00e9 me pasaba, si me hab\u00eda peleado con alguien. Ante su insistencia le expliqu\u00e9 en detalle lo que me hab\u00eda sucedido. Y como respuesta, sin averiguaci\u00f3n alguna, me larg\u00f3 una bofetada que rod\u00e9 por los suelos. \u00a1Nunca me hab\u00eda pegado con esa violencia! Provoc\u00f3 en m\u00ed un impacto de rencor que me traumatiz\u00f3. (Debo aclarar que en esa \u00e9poca mi padre era de un fanatismo religioso grande.)<\/em><\/p>\n<\/div><\/div><div  class=\"empty-space  marg-lg-b20\"><\/div>[\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=&#8221;9253&#8243; img_size=&#8221;large&#8221; add_caption=&#8221;yes&#8221; alignment=&#8221;center&#8221;]<div  class=\"empty-space  marg-lg-b20\"><\/div>[\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column]<div class=\"text-block\" ><div class=\"simple-text size-4\"><p>No cuesta ponerse en la piel de Alejandro y sentir una amargura y un rencor infinitos. Es obvio que don Jos\u00e9 no estaba castigando al hijo mancillado, sino al mensajero de una noticia que no pod\u00eda aceptar como cat\u00f3lico a carta cabal que era.<\/p>\n<p>No obstante, la cosa no qued\u00f3 en una explosi\u00f3n de ira. Algo debi\u00f3 averiguar el atribulado y en\u00e9rgico padre, que produjo una marea de fondo en el colegio. Se descubri\u00f3 que hab\u00eda otros dos hermanos pederastas m\u00e1s, se reuni\u00f3 a los padres, y se consigui\u00f3 tapar el esc\u00e1ndalo. Los culpables fueron enviados al colegio de Barcelona, es de confiar que debidamente aleccionados.<\/p>\n<p><em>Pero yo me qued\u00e9 con mi formidable bofetada. Y en mi interior reproch\u00e9 a mi padre que no tuvo el valor de darme una explicaci\u00f3n que me habr\u00eda hecho mucho bien. Con seguridad, tambi\u00e9n debi\u00f3 sufrir mucho por no sincerarse conmigo.<\/em><\/p>\n<p>El da\u00f1o causado era casi irreparable, como se ve en la reacci\u00f3n de Alejandro.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Este trauma, que tanto me marc\u00f3, hasta el punto que despu\u00e9s, cuando ve\u00eda en la Alameda pasar las largas filas de seminaristas, tan j\u00f3venes todos, yo me los imaginaba iguales a mi profesor. Con el tiempo y con mi madurez fui comprendiendo mi error. Pero me cost\u00f3 mucho esfuerzo comprenderlo.<\/em><\/p>\n<p>Juan se hace eco de un episodio de abuso sexual en su <em>Pasos y Sombras<\/em>. Pero no incluye a su hermano Alejandro como uno de los protagonistas pasivos. El manoseador es el hermano Andr\u00e9s y la v\u00edctima un chico llamado L\u00f3pez Tarruella, que \u201cllevaba pantalones muy cortos y ense\u00f1aba los muslos redondos y sonrosados, como de ni\u00f1a\u201d. El tocamiento fue p\u00fablico y se organiz\u00f3 una especie de mot\u00edn en la clase.<\/p>\n<p>Por su parte, el propio Pepito, ya Josep Renau, contaba en 1982 a Emili Mar\u00edn, sacerdote y director de la revista valenciana \u201cSa\u00f3\u201d, lo siguiente:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Mi familia, como te acabo de decir, era profundamente religiosa. Mi padre era anticlerical, pero cat\u00f3lico. Me eduqu\u00e9 \u2013 es un decir \u2013 en los maristas, donde me ten\u00eda que preparar para perito mercantil [\u2026] El caso es que entr\u00e9 en el CEM [Centro Escolar y Mercantil] que ya entonces era vanguardia del catolicismo, para convertirme en un prohombre de la religi\u00f3n. De todas formas no s\u00e9 lo que ver\u00edan en m\u00ed, porque en todos los casos de moral que se planteaban en debate p\u00fablico yo actuaba siempre de abogado del diablo. Y as\u00ed he continuado desde entonces. Pero un hecho que creo que me marc\u00f3 decisivamente fue que cierto personaje religioso pretendiera realizar conmigo pr\u00e1cticas homosexuales. Eso me hizo romper definitivamente con la Iglesia.<\/em><\/p>\n<p>Una vez m\u00e1s resulta desconcertante que ni Alejandro ni Juan, sobre todo \u00e9ste \u00faltimo, no hagan la m\u00e1s m\u00ednima menci\u00f3n al incidente que sufri\u00f3 Pepito. Resulta raro que no se enteraran. La impresi\u00f3n que da es que Alejandro, el Renau menos mediatizado por los prismas y los filtros intelectuales, est\u00e1 contando un trauma que sufri\u00f3 personalmente. Juan evidentemente no lo padeci\u00f3, pues lo habr\u00eda contado, igual que cuenta otros episodios picantes, salaces o morbosos de car\u00e1cter sexual en los que \u00e9l es protagonista. \u00bfY Jos\u00e9? Nos cabe la duda de que se apropiaba del asunto para apoyar en un argumento material su rechazo de la religi\u00f3n.<\/p>\n<p>Ahora, sumemos esta experiencia traum\u00e1tica de Alejandro a la morosidad en los pagos por los trabajos de restauraci\u00f3n efectuados por don Jos\u00e9, y a los comentarios que \u00e9ste no ahorraba sobre la taca\u00f1er\u00eda del clero.<\/p>\n<p>Aunque el resto de la vida acad\u00e9mica de los ni\u00f1os fuera normal, y aunque al final don Jos\u00e9 acabara cobrando la mayor\u00eda de sus encargos, no pueden borrarse de la conciencia dolorida las impresiones m\u00e1s negras.<\/p>\n<p>El fotomontador me coment\u00f3 en 1976 lo siguiente, en relaci\u00f3n con esta acumulaci\u00f3n de amargos sentimientos:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>El anticlericalismo de mi padre no era un contrasentido. Trabajaba \u00e9l, con el entusiasmo y el desprendimiento con el que trabajan los valencianos, en la restauraci\u00f3n de frescos de las capillas de Valencia, y yo ten\u00eda que ir a pedir el sueldo a los can\u00f3nigos. \u00bfSabe usted con qu\u00e9 me pagaban? Con el dinero que sacaban de los cepillos. Y era frecuente que me dijeran: \u201cMire, diga a su padre que hoy no ha dejado nada la gente en los cepillos de la iglesia, venga usted ma\u00f1ana\u201d. \u201cPero es que en casa somos siete, y si no me da usted nada, no comemos ma\u00f1ana\u201d. \u00a1Y me daban un duro!<\/em><\/p>\n<p>Desde luego, si el argumento que daban los eclesi\u00e1sticos al hijo de su acreedor era exactamente el que Renau aduce, le estaban arrancando de cuajo la confianza y la fe.<\/p>\n<p>Estamos intentando comprender el deslizamiento de unas personalidades concretas, las de Jos\u00e9 Renau y sus hermanos, hacia el radicalismo. Para explic\u00e1rnoslo mejor, son necesarias razones y pruebas.<\/p>\n<p>Vamos a consignar las \u00faltimas, ofrecidas por Juan en sus memorias.<\/p>\n<p>Evoca las visitas a la abuela Mar\u00eda, madre de don Jos\u00e9, que viv\u00eda con su hija Gloria, esposa del industrial Monforte. Recordemos que el abuelo Renau fue ebanista, pero antes pas\u00f3 una temporada en un seminario, quiz\u00e1 el de Moncada, a unos kil\u00f3metros de Valencia. Seg\u00fan la leyenda familiar, vio desde una ventana a la joven Mar\u00eda, qued\u00f3 prendado de ella y se escap\u00f3 de la clausura. Aunque la cosa fuera menos melodram\u00e1tica, ocurri\u00f3. Dice Juan sobre las visitas a la abuela.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">A<em>penas llam\u00e1bamos a la puerta del piso, cuando nos reconoc\u00eda por las voces. Nos hac\u00eda entrar, nos daba diez c\u00e9ntimos a cada uno cerr\u00e1ndonos luego el pu\u00f1o con la moneda dentro y dec\u00eda:<\/em><br \/>\n<em>\u2014Cuando vay\u00e1is a misa y pasen la bandeja para recoger limosnas, no solt\u00e9is ni una perra chica, pues todo ese dineral que re\u00fanen los curas se lo gastan con sus querindongas.<\/em><\/p>\n<p>El segundo episodio lleno de significaci\u00f3n hace referencia a las visitas de la t\u00eda Amparito a casa de los Renau algunos domingos. La t\u00eda Amparito Berenguer era hermana de Matilde, la madre. El ir\u00f3nico Juan la describe como una se\u00f1ora metomentodo, criticona, besucona e impertinente.<br \/>\nDon Jos\u00e9 no deb\u00eda tenerle mucho aprecio, y se vengaba con una chunga muy renaudiana. Una ma\u00f1ana de domingo, llegaba Amparito de la iglesia echando flores a las virtudes del padre Berlanga, un popular predicador de la \u00e9poca. El profesor de Bellas Artes se arrim\u00f3 a la solterona y empez\u00f3 a pellizcarla.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>\u2014\u00bfSabes, Amparo? Lo que te falta es un t\u00edo que te alegre la vida.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Mi madre, descompuesta, se meti\u00f3 en la cocina dando un portazo y fulmin\u00e1ndole con la mirada. La t\u00eda Carmen [hermana tambi\u00e9n de Matilde] se re\u00eda como un carabinero viendo los apuros de su hermana para soltarse de los brazos forzudos de mi padre\u2026<\/em><br \/>\n<em>\u2014\u00a1Pepe, por Dios, que est\u00e1n los chicos delante!<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Mi padre, enardecido, se embal\u00f3 y comenz\u00f3 a despotricar contra el curita de marras.<\/em><br \/>\n<em>\u2014\u00bfDe modo, Amparito, que te gusta el padre Berlanga, eh?<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>\u2014\u00a1Aah, aah! Eres el mism\u00edsimo demonio, Pepe. Siempre tomas el r\u00e1bano por las hojas\u2026<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>\u2014\u00a1Buen p\u00e1jaro est\u00e1 hecho ese pr\u00f3jimo! [\u2026] Pues el tal curita es un juerguista de marca mayor. Cada noche, al terminar el serm\u00f3n, cuelga a toda prisa la sotana, se viste de se\u00f1orito y se larga de org\u00eda con unas cuantas fulanas y amigotes, a una de las fincas que tiene, el pobrecito, en las afueras de la capital. All\u00ed se organizan unas cuchipandas que dan gusto,\u2026 y se hacen otras cositas, Amparo\u2026 \u00a1Otras cositas que yo me s\u00e9, hasta que sale el sol!&#8230; Luego, el caradura, se embute la sotana, se echa polvos de arroz para disimular las ojeras, y os encandila a todas con sus trinos\u2026 \u00a1Sois unas bobaliconas y no sab\u00e9is de la misa la mitad!<\/em><\/p>\n<p>Es evidente que Juan reconstruye. El don Jos\u00e9 que nos presenta aqu\u00ed es un cat\u00f3lico poco sensato, algo que choca con el don Jos\u00e9 que el propio Juan nos ha descrito p\u00e1ginas atr\u00e1s, reaccionando con furia cuando los alumnos de la Escuela Laica pronunciaban maledicencias y sacrilegios.<br \/>\nEs posible que Juan oyera algo parecido, sin estar presente. Y tambi\u00e9n es posible que el predicador Berlanga mereciera esa fama de sical\u00edptico. Lo veros\u00edmil es que don Jos\u00e9, harto de las impertinencias de su cu\u00f1ada Amparo, que seg\u00fan recuerda el fotomontador, era la m\u00e1s beata de la familia, la provocara para que se fuera, antes que echarla \u00e9l mismo. Es de temer que m\u00e1s de un disgusto le costar\u00eda con su mujer Matilde esta vehemencia. Una vehemencia que hered\u00f3 su primog\u00e9nito, seg\u00fan ir\u00e1 vi\u00e9ndose.<\/p>\n<p>Sea como fuera, lo que parece evidente es que la educaci\u00f3n indirecta de los Renau, las observaciones que hacen del comportamiento de sus padres y las paradojas de las que son testigos, van acumul\u00e1ndose en su conciencia y, llegado el momento de diferenciar su personalidad, adoptan una postura anticlerical que para ellos es consecuente y saludable.<\/p>\n<p>Pero la formaci\u00f3n, el poso cristiano, la visi\u00f3n \u00e9tica de la vida, permanecer\u00e1. Y llegado el momento, aflorar\u00e1, aunque sea disfrazada con las barbas y los bigotes de don Carlos Marx.<\/p>\n<p>Uno de los pocos recuerdos de infancia consignados por el propio Renau lo public\u00f3 en el dominical de Berl\u00edn Este <em>Sonntag,<\/em> en enero de 1974, con motivo del 50 aniversario de la muerte de Lenin.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>El nombre de Lenin me sonaba, naturalmente. Pero la primera vez que lo escuch\u00e9 fue en torno al 1924, en la iglesia de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas de Valencia, mi ciudad natal. Hac\u00eda tiempo que no asist\u00eda a las ceremonias religiosas, y tuve que acompa\u00f1ar a mi madre a escuchar un serm\u00f3n. El fogoso predicador nos inform\u00f3 que El\u00edas Calles, el presidente de M\u00e9jico [donde acababa de producirse una revoluci\u00f3n de forma y naturaleza muy anticlericales], era el Anticristo, y Lenin su ac\u00f3lito principal, es decir, el demonio en persona. La prueba de esta afirmaci\u00f3n, dijo, la hab\u00eda aportado su mejor amigo, Trotski. Seg\u00fan el bueno del cl\u00e9rigo, con ocasi\u00f3n de un mitin bolchevique, \u201cmientras Lenin peroraba, Trotski le meti\u00f3 la mano en un bolsillo del pantal\u00f3n buscando un cigarrillo. Y, \u00bfsab\u00e9is con qu\u00e9 se encontr\u00f3? Con la cola peluda enrollada de un demonio. Aterrorizado, Trotski decidi\u00f3 romper para siempre con su amigo\u201d. En el nivel social en el que yo me hab\u00eda criado, el contexto valenciano de la \u00e9poca no desmerec\u00eda gran cosa de este disparate grotesco, de manera que la desinformaci\u00f3n sobre la Revoluci\u00f3n de Octubre era peor que total.<\/em><br \/>\n<em>Hac\u00eda tiempo que asist\u00eda a la escuela vespertina de los jesuitas, el Centro Escolar y Mercantil, los profesores del cual escogieron a dos alumnos y a m\u00ed tambi\u00e9n como polemistas m\u00e1s aptos para sostener las tesis cat\u00f3licas contra los ateos, racionalistas y anarquistas del Ateneo Cient\u00edfico, instituci\u00f3n liberal que ofrec\u00eda una tribuna de libre discusi\u00f3n a cualquiera. Pasado un tiempo, la argumentaci\u00f3n de los racionalistas me convenci\u00f3, dej\u00e9 de ir a la escuela jesuita y empec\u00e9 a leer con avidez a los cl\u00e1sicos del ate\u00edsmo y del anarquismo, que constituyeron para m\u00ed un universo de ideas completamente nuevas.<\/em><\/p>\n<p>En 1924, cuando Renau ten\u00eda 17 a\u00f1os, llevaba tres matriculado en Bellas Artes, y seg\u00fan vemos, compaginaba esta formaci\u00f3n con la del Centro Escolar y Mercantil. El problema, para nosotros, es que en la entrevista publicada en &#8220;Sa\u00f3&#8221; antes rese\u00f1ada, parece atribuir a los Maristas la direcci\u00f3n del CEM. De modo que probablemente haya calculado mal las fechas de ese serm\u00f3n en la iglesia de los Jesuitas.<\/p>\n<p>Antes de centrarnos en esa etapa del aprendizaje intelectual y art\u00edstico del futuro muralista, vamos a evocar la figura de don Jos\u00e9 Monforte, el sol\u00edcito cu\u00f1ado de don Jos\u00e9 Renau, que tantas veces les sac\u00f3 de apuros y a cuya indiscutible generosidad debi\u00f3 la familia su establecimiento en la ansiada clase media.<\/p>\n<p>Alejandro hace menci\u00f3n de todo esto en sus valiosas memorias.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Como mi rebeld\u00eda hacia la escuela era notoria y mi padre se dio cuenta, un d\u00eda me razon\u00f3 con mucha comprensi\u00f3n si me gustar\u00eda que me pusiese a trabajar, y sin pensar ni titubear le dije que s\u00ed.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Mi padre habl\u00f3 con mi t\u00edo Pepe Monforte y decidieron que fuese a trabajar con \u00e9l. Me recibi\u00f3 con mucho afecto, y para m\u00ed fue la gran soluci\u00f3n porque esta nueva actividad me satisfac\u00eda. Era otro mundo al que me acoplaba mejor. Por otra parte, en mi casa hab\u00eda muchas carencias. A medida que crec\u00edamos, las necesidades tambi\u00e9n eran mayores\u2026 Mis hermanos y hermanas estudiaban con \u00e9xito, pero mis padres sufr\u00edan para lograr esto.<\/em><\/p>\n<p>La mucha comprensi\u00f3n de don Jos\u00e9 al razonar con Alejandro se deb\u00eda a algo nada balad\u00ed. Para un padre justo, sensato y previsor, la equidad en el trato de los hijos tiene una importancia extrema. Retirar a uno de ellos del colegio, ponerle a trabajar y sumar su sueldo a la econom\u00eda familiar es una decisi\u00f3n que rompe esa regla de oro de no perjudicar a ninguno de los v\u00e1stagos. S\u00f3lo puede hacerse con el consentimiento expreso del afectado.<\/p>\n<p>La ventaja fue que Alejandro vio el cielo abierto ante la posibilidad de abandonar el colegio. Sobre todo porque la diferencia del rendimiento escolar de los hermanos era manifiesta: el mayor, un alumno excelente, y el menor, una lumbrera, mientras que \u00e9l lograba avanzar s\u00f3lo a costa de un gran esfuerzo.<\/p>\n<p>Alejandro entr\u00f3 a trabajar cuando ten\u00eda 13 a\u00f1os, en 1921, como aprendiz y recadero de la tienda de su t\u00edo Monforte, &#8220;El Gato Negro&#8221;, en una de las calles comerciales m\u00e1s t\u00edpicas del centro de Valencia.<\/p>\n<p>Pronto apareci\u00f3 un nuevo primer aprendiz en la tienda. Era el hijo de la portera de la finca. Alejandro advierte que no le trat\u00f3 con la magnanimidad que el inclusero le dispens\u00f3 a \u00e9l. Y da las razones. La portera era una especie de Celestina que facilitaba y encubr\u00eda una aventura er\u00f3tica del t\u00edo Monforte. Una aventura que conoc\u00eda toda la familia salvo quiz\u00e1 su propia esposa, la hermana de Jos\u00e9 Renau, seg\u00fan cuenta Juan en <em>Pasos y Sombras<\/em>.<\/p>\n<p>La carrera de Alejandro en &#8220;El Gato Negro&#8221; fue acelerada, gracias a sus virtudes. Al cabo de poco tiempo, pas\u00f3 a vender hilo de algod\u00f3n y g\u00e9neros de punto por los alrededores de Valencia, por la Huerta, donde \u201cexisten los m\u00e1s grandes fil\u00f3sofos del mundo\u201d, los labradores. Luego, por la provincia, y las aleda\u00f1as. Despu\u00e9s, por Murcia y Andaluc\u00eda. Y finalmente por el territorio nacional. En todas las etapas, la intervenci\u00f3n de Jos\u00e9 Monforte y de su socio Enrique Peris est\u00e1 siempre entreverada de complicaciones melodram\u00e1ticas, desde un accidente de coche que le acaba costando a Alejandro el trabajo, hasta las trapisondas er\u00f3ticas de los socios.<\/p>\n<p>La descripci\u00f3n del t\u00edo Monforte que por su parte hace Juan tiene rasgos de novela de g\u00e9nero. La impresi\u00f3n que se obtiene de las muchas p\u00e1ginas que dedica a su t\u00edo es que era un hombre pr\u00f3digo, improvisador, fanfarr\u00f3n y mujeriego. Como siempre, tenemos que abstraernos de la urdimbre literaria de Juan, y situar la realidad en un bastidor menos est\u00e9tico.<\/p>\n<p>Los negocios del t\u00edo Monforte, tanto El Gato Negro como la f\u00e1brica de Alcira, prosperaron a\u00f1o tras a\u00f1o, entre otras cosas gracias al ingenio y constancia de Alejandro, su segundo mejor vendedor. Si los socios hubieran sido unos manirrotos y unos promiscuos sin remedio, las finanzas habr\u00edan quebrado con toda seguridad.<\/p>\n<p>Lo que s\u00ed deb\u00eda ser el t\u00edo Monforte es un hombre con un sentido de la vitalidad que rozaba el descaro. Y tambi\u00e9n un optimista a prueba de bombas. Adem\u00e1s de una persona sagaz.<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 influencia tuvo la personalidad de su t\u00edo en la formaci\u00f3n emocional de los hermanos? Mucha, porque se nos reitera el contacto constante de las familias y la dependencia que los Renau ten\u00edan de los Monforte.<\/p>\n<p>Un d\u00eda de Navidad, entre 1919 y 1921, a juzgar por las referencias de Juan, las dos familias hab\u00edan celebrado la festividad con una comida en el piso de los ricos.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>La casa de mis t\u00edos ol\u00eda a colonia, a esencias finas y a jab\u00f3n Heno de Pravia. La nuestra, a pestuza de aguarr\u00e1s y barniz. Nos lav\u00e1bamos con jab\u00f3n de fregar. El jab\u00f3n de olor era para se\u00f1oritos, como mis primos\u2026<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Ten\u00eda la impresi\u00f3n de que nos invitaban por l\u00e1stima. No me encontraba all\u00ed muy a gusto. Me sent\u00eda como uno de aquellos chicos rapados y tristes, con su guardapolvo gris oscuro hasta media pierna, que viv\u00edan de la limosna en la Beneficencia porque no ten\u00edan padres.<\/em><br \/>\n<em>Amparo, la criada estaba poniendo la mesa y ordenando montones de cajas de turr\u00f3n, mazapanes, pasas, etc. Mi prima Glor\u00edn tecleaba torpemente las primeras notas de la Marcha Turca de Mozart\u2026 Mi t\u00edo Pepe, muy repeinado y trajinero, con las gu\u00edas de los bigotes tiesas y duras a fuerza de gomina, entraba y sal\u00eda del comedor a la cocina dando consejos sobre el asado de pavo. De vez en cuando se deten\u00eda y soltaba un do de pecho, abombando el t\u00f3rax&#8230;<\/em><\/p>\n<p>A \u00e9sta sigue una escena de Juanino entrando en la habitaci\u00f3n de la t\u00eda, que pretende besarle en la boca, la resistencia del ni\u00f1o y el sonido de cascabeles de las pulseras de do\u00f1a Gloria en su lucha por vencerle. Luego, la descripci\u00f3n del men\u00fa y el servicio de la mesa. La sobremesa, entre turrones, mazapanes, casta\u00f1as pilongas, nueces y licores de los que no se privaron los ni\u00f1os. Y por fin, los cu\u00f1ados fumando dos vegueros de categor\u00eda, la canalla en fila india, y el t\u00edo Pepe dejando en sus manos las estrenas, el aguinaldo.<\/p>\n<p>A las cinco de la tarde el sal\u00f3n y toda la casa parec\u00edan un manicomio. \u201cMis padres se sentaron juntos en un rinc\u00f3n del sal\u00f3n. Se pasaron casi toda la tarde sin decir esta boca es m\u00eda\u201d.<\/p>\n<p>En determinado momento, el t\u00edo Pepe se arranca con &#8220;Amapola&#8221;, interpretada al piano por una de las visitas.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>En las notas altas o agudas, se met\u00eda los dedos cortos entre el cuello duro de la camisa y las venas hinchadas, para aliviar el resuello. Como no pod\u00eda aguantar m\u00e1s dijo, interrumpiendo el canto:<\/em><br \/>\n<em>\u2014Con el permiso de ustedes\u2026 \u00a1Todo sea por el Arte! \u2013 y de un tir\u00f3n se quit\u00f3 el cuello postizo y la corbata de mariposa. Despu\u00e9s sigui\u00f3 berreando a sus anchas hasta terminar la romanza.<\/em><br \/>\n<em>Hubo m\u00e1s aplausos cerrados, nuevos abrazos y otros brindis.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Mi padre estaba muy inc\u00f3modo. Miraba la l\u00e1mpara de l\u00e1grimas de cristal que colgaba del centro del techo. Le daba codazos disimulados a mi madre y se revolv\u00eda en su butaca, como si tuviera hormigas en el trasero y no pudiera rascarse.<\/em><\/p>\n<p>Las estampas de Juan representando esta Navidad en casa de sus t\u00edos son fascinantes. Lo que aparece en ellas sin disimulo es la verg\u00fcenza y la humillaci\u00f3n de los Renau por depender econ\u00f3micamente de aquel individuo que, como hemos advertido, no deb\u00eda ser tan insoportable como se retrata aqu\u00ed. Fuera un servicio de pleites\u00eda, una devoluci\u00f3n cort\u00e9s pero a rega\u00f1adientes de las retribuciones mensuales del t\u00edo Pepe, o la t\u00edpica reuni\u00f3n familiar que termina en un delirio, lo obvio es que hab\u00eda mar de fondo.<\/p>\n<p>A pesar de que haya que descontar la envoltura literaria del texto, el sentimiento de sordo rencor hacia la prodigalidad del t\u00edo rico no puede achacarse al g\u00e9nero esperp\u00e9ntico con el que juega el autor, sino tomarlo por aut\u00e9ntico.<\/p>\n<p>Los amantes de la literatura expresionista encontrar\u00e1n en estas p\u00e1ginas de <em>Luces y Sombras<\/em> las pinceladas m\u00e1s atrevidas y geniales. Aparece un gigante forzudo llamado Manol\u00edn, escrofuloso y an\u00e9mico. Tambi\u00e9n Anita Giner, una artista de cine de piel aceitunada, desenfadada y de buen palmito. Un tal don Luis, que se hac\u00eda pasar por ingeniero y sableaba al c\u00e1ndido Monforte. Un carnicero intelectual, don Paco, y su hija Ampar\u00edn, el primero de los cuales interrump\u00eda la venta para leer en voz alta textos filos\u00f3ficos a las clientas.<\/p>\n<p>Y para acabar, una referencia a los toros.<\/p>\n<p>Juan revela que entre su padre y su t\u00edo se organizaban de vez en cuando discusiones tremebundas. No parece que estuvieran ocasionadas por el sentimiento de inferioridad de uno o por el de superioridad del otro. Pero s\u00ed es posible que por debajo se agitaran sordamente estas emociones. Tambi\u00e9n es verdad que en ning\u00fan momento afirma Juan que su t\u00edo se quisiera cobrar su generosidad, aunque lo deja impl\u00edcito.<\/p>\n<p>Uno de los temas de divergencia eran los toros. Jos\u00e9 Renau era enemigo de la fiesta de toros. Su cu\u00f1ado, un taur\u00f3filo empedernido. Con frecuencia las discrepancias encendidas sobre temas f\u00fatiles disimulan peque\u00f1os o grandes resentimientos.<\/p>\n<p>En la biblioteca del pintor restaurador hab\u00eda una revista de Eugenio Noel, c\u00e9lebre polemista radical de aquella \u00e9poca, \u201cque echaba pestes contra las corridas\u201d.<\/p>\n<p>Por el contrario, el taur\u00f3filo no se perd\u00eda ni una, acompa\u00f1ado de una recua de gorrones cobistas, que iban a su costa a los toros.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Mi t\u00edo y mi padre armaban unas peloteras espantosas, grit\u00e1ndose e insult\u00e1ndose. A veces llegaban casi a las manos de tan nerviosos y enfadados que estaban. Mi padre dec\u00eda que los toros eran una fiesta b\u00e1rbara y salvaje, de pa\u00eds atrasado. Mi t\u00edo replicaba, fuera de s\u00ed y chillando, que las corridas, los toreros, las manolas eran la sal y la pimienta de Espa\u00f1a y que mi padre no era castizo, espa\u00f1ol ni nada.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Cuando se acababa la bronca, mi padre sacaba un libro con reproducciones de cuadros de Zuloaga. Hab\u00eda algunas con toreros canijos y tuberculosos. Se les ve\u00edan las piernas de alambre y la cara chupada, de pirul\u00ed, como \u201cPepillo\u201d y \u201cEl Corcito\u201d.<\/em><\/p>\n<p>La taurofilia o la taurofobia han sido siempre una falsa medida simb\u00f3lica de la Espa\u00f1a castiza y de la Espa\u00f1a moderna. Cuando en 1934, el ya famoso cartelista Jos\u00e9 Renau edite la revista Nueva Cultura, dejar\u00e1 meridianamente claro en el primer n\u00famero que uno de los prop\u00f3sitos de la publicaci\u00f3n es modernizar la cultura espa\u00f1ola. No cabe la menor duda de que aquel posicionamiento antitaurino de su padre arraig\u00f3 en \u00e9l.<\/p>\n<p>Pero no siempre hab\u00eda sido as\u00ed. No sabemos si es producto del esp\u00edritu burl\u00f3n de Renau hacia su pasado. Se trata de sus propias palabras grabadas en las cintas de Manfred Schmidt en 1977.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Yo ten\u00eda m\u00e1s influencia intelectual de mi t\u00edo que de mi padre, mi t\u00edo era medio anarquista, medio republicano, medio liberal, mi padre era muy conservador. Mi t\u00edo me educ\u00f3 bastante. Todos los domingos me iba con mi t\u00edo, a pasear, a los toros, al teatro.<\/em><\/p>\n<p>As\u00ed que a Pepito le gustaban los toros. No cabe confusi\u00f3n porque en otra de las cintas de Schmidt, Renau habla de una pol\u00e9mica que mantuvo en 1937, en la playa de Valencia, con Ernest Hemingway, y para apoyar su autoridad personal en dos materias, dice que \u00e9l sabe de lo que habla:<\/p>\n<p><em>Yo discut\u00ed con Hemingway contra eso, el anarquismo y los toros. Le dije: \u201cYo he sido fan\u00e1tico de los toros y del anarquismo, as\u00ed que entiendo de eso.\u201d<\/em><\/p>\n<p>El Renau adulto fue tan enemigo de los toros como del anarquismo, una enemistad que no pas\u00f3 del mero posicionamiento ideol\u00f3gico. Fue un comunista que mantuvo lazos de amistad con antiguos amigos anarquistas. Bien es verdad que no se sabe que tuviera tambi\u00e9n amigos toreros, como Picasso, que tambi\u00e9n fue, nominalmente, comunista.<\/p>\n<p>Renau, despu\u00e9s de confesar a Schmidt que su t\u00edo Monforte tuvo m\u00e1s influencia intelectual en \u00e9l que su propio padre, cuenta una historia que fue decisiva, es decir, que pudo haber cambiado su vida, de modo que hoy en lugar de estar hablando de un artista quiz\u00e1 cont\u00e1ramos las aventuras de un valiente marino. Porque Renau le tuvo una afici\u00f3n muy intensa al mar durante toda su existencia.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Yo le dije [al t\u00edo Monoforte] que quer\u00eda ser marino, pero que mi padre quer\u00eda que fuera pintor. Y me regal\u00f3 un libro el d\u00eda que cumpl\u00ed 15 a\u00f1os, el viaje de Darwin alrededor del mundo. Eso me produjo una gran impresi\u00f3n. Yo ya me hab\u00eda le\u00eddo a Julio Verne y a Salgari enteros. Pero ese libro no era una novela, era verdad. Yo so\u00f1aba en el Beagle, en el barco donde viajaba Darwin, y yo me imaginaba dibujando las conchas, los animales, los vegetales nuevos, eso me volv\u00eda loco. Mi t\u00edo y yo nos conchabamos, hicimos un complot secreto. \u00c9l me apunt\u00f3 a la Marina, porque a la Marina se ten\u00eda uno que apuntar a los 15 a\u00f1os, y s\u00f3lo pod\u00edan apuntarse los que hab\u00edan nacido en puerto de mar. Y a pesar de eso, la armada espa\u00f1ola era tan pobre y tan vieja\u2026 que casi no hab\u00eda barcos, y el 70 por ciento de los que se apuntaban sal\u00edan libres por sorteo. S\u00f3lo hab\u00eda plazas para un cinco por ciento de los que se apuntaban\u2026 Un d\u00eda, mi padre no s\u00e9 c\u00f3mo se enter\u00f3 y me peg\u00f3 una paliza, ri\u00f1\u00f3 con mi t\u00edo, se disgustaron mucho. Pero ya no ten\u00eda remedio, ya no pod\u00eda borrarme. Y claro, lleg\u00f3 el sorteo, en la Comandancia de Marina, en el mismo puerto, lleno de j\u00f3venes, esperando que se les nombrara por esos altavoces de cart\u00f3n. Total, que yo sal\u00ed libre. Y la inmensa mayor\u00eda de los que quedaban libres empezaron a comprar vino y a celebrarlo, y de juerga, y yo estaba triste y me fui solo a pasear por el puerto, por la zona donde hab\u00eda veleros con mascarones de proa. Ten\u00eda ganas de morirme. Por otro lado, mi padre que ten\u00eda muchas amistades como restaurador, con la aristocracia valenciana, y uno de los arist\u00f3cratas, el bar\u00f3n de Sanpetrillo era el jefe naval de Levante, era almirante. Y en vista de que no pod\u00eda borrarme, le hablo para que, caso de que yo saliera, que me admitiera en la marina de guerra, en el crucero Blas de Leza, el m\u00e1s grande de la Armada. Yo me hab\u00eda hecho ya la ilusi\u00f3n. Y sal\u00ed libre. Y para acabarlo de arreglar, al a\u00f1o justo de cuando yo sal\u00ed libre, empez\u00f3 el conflicto de China con los pa\u00edses europeos, y este crucero sali\u00f3 para China, Filipinas, Corea, Indonesia. Y yo estaba deprimido. Se hab\u00eda frustrado la ilusi\u00f3n de ver mundo, de ver mar.<\/em><\/p>\n<p>Esto debi\u00f3 de producirse cuando el artista ten\u00eda 18 \u00f3 19 a\u00f1os, es decir en 1925 \u00f3 1926.<\/p>\n<\/div><\/div>[\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column]<div  class=\"empty-space  marg-lg-b20\"><\/div>[vc_btn title=&#8221;Lea o descargue este cap\u00edtulo en PDF&#8221; color=&#8221;info&#8221; align=&#8221;center&#8221; i_icon_fontawesome=&#8221;fa fa-file-pdf-o&#8221; button_block=&#8221;true&#8221; add_icon=&#8221;true&#8221; link=&#8221;url:https%3A%2F%2Fagroicultura.com%2Fgeneral%2Fwp-content%2Fuploads%2F2022%2F04%2F02-Bio-Renau-Capitulo-2-copia.pdf||target:%20_blank|&#8221;]<div  class=\"empty-space  marg-lg-b20\"><\/div>[\/vc_column][\/vc_row]<\/p>\n<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[vc_row][vc_column][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=&#8221;9194&#8243; img_size=&#8221;large&#8221; add_caption=&#8221;yes&#8221; alignment=&#8221;center&#8221;][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=&#8221;9197&#8243; img_size=&#8221;large&#8221; add_caption=&#8221;yes&#8221; alignment=&#8221;center&#8221;][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=&#8221;9253&#8243; img_size=&#8221;large&#8221; add_caption=&#8221;yes&#8221; alignment=&#8221;center&#8221;][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_btn title=&#8221;Lea o descargue este cap\u00edtulo en PDF&#8221; color=&#8221;info&#8221; align=&#8221;center&#8221; i_icon_fontawesome=&#8221;fa fa-file-pdf-o&#8221; button_block=&#8221;true&#8221; add_icon=&#8221;true&#8221; link=&#8221;url:https%3A%2F%2Fagroicultura.com%2Fgeneral%2Fwp-content%2Fuploads%2F2022%2F04%2F02-Bio-Renau-Capitulo-2-copia.pdf||target:%20_blank|&#8221;][\/vc_column][\/vc_row]<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":9252,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[521,25,510],"tags":[],"class_list":["post-14427","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-biografia-actualidaza","category-cultura-y-comunicacion","category-series"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/Puerto-de-Valencia-an\u0303os-30.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p4Dh6a-3KH","jetpack-related-posts":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14427","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=14427"}],"version-history":[{"count":6,"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14427\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":14932,"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14427\/revisions\/14932"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/media\/9252"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=14427"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=14427"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=14427"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}