{"id":14661,"date":"2022-04-12T14:18:04","date_gmt":"2022-04-12T12:18:04","guid":{"rendered":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/?p=14661"},"modified":"2023-04-23T19:51:31","modified_gmt":"2023-04-23T17:51:31","slug":"renau-arcadia-en-kastanienallee-capitulo-19","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/renau-arcadia-en-kastanienallee-capitulo-19\/","title":{"rendered":"Renau. Arcadia en Kastanienallee. Cap\u00edtulo 19"},"content":{"rendered":"<div class=\"wpb-content-wrapper\"><p>[vc_row][vc_column]<div class=\"text-block\" ><div class=\"simple-text \"><h2 style=\"text-align: center;\">Cuarta parte. Un \u00e1crata en el socialismo real<\/h2>\n<h1 style=\"text-align: center;\">La vida de los otros<\/h1>\n<\/div><\/div>[\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column]<div class=\"text-block\" ><div class=\"simple-text size-4\"><p>El afecto de Gisella Reisz por Renau no fluy\u00f3 en un s\u00f3lo sentido. Recordemos que en la nota a la que hemos hecho referencia en el cap\u00edtulo anterior, proponiendo a Peter Flierl unas conferencias sobre el concepto de monumentalidad a lo largo de la historia, leemos la siguiente declaraci\u00f3n: \u201cTe agradezco mucho la hospitalidad que has concedido a mi secretaria Frau Gisela Reisz. Es una mujer abnegada y admirable, totalmente engag\u00e9e en nuestros problemas y que lo merece todo. Le hac\u00eda mucha falta un poco de aislamiento en ese apacible rinc\u00f3n.\u201d<\/p>\n<p>Gisella Reisz empez\u00f3 a ejercer como secretaria de Renau poco despu\u00e9s de que el artista se hubiera mudado a su nuevo domicilio en Kastanienallee, en el barrio de Mahlsdorf. Acud\u00eda all\u00ed dos o tres tardes por semana. Su trabajo consist\u00eda en llevarle la correspondencia. El exiliado hab\u00eda aprendido el suficiente alem\u00e1n para conversar y leer los peri\u00f3dicos, y tambi\u00e9n las cartas que recib\u00eda de las instituciones. La edad de la alemana rondaba entonces los cuarenta a\u00f1os. Gisella era hija del jardinero de Renau, Bruno Reisz, un jubilado.<\/p>\n<p>Waltraud Schwarze interpreta la funci\u00f3n de Gisela Reisz en casa del pintor de un modo m\u00e1s amplio. Dice que era \u201cla organizadora de su vida\u201d, m\u00e1s que la secretaria de su trabajo. Esta sutil descripci\u00f3n est\u00e1 llena de matices impl\u00edcitos, que llevan a la idea de que Gisela Reisz fue una mujer importante en la vida de Renau tras su separaci\u00f3n de Manuela.<\/p>\n<p>El c\u00edrculo m\u00e1s pr\u00f3ximo a Renau durante los a\u00f1os 70, su alumna y colaboradora Marta Hofmann, as\u00ed como su hija Teresa Renau, sospechan que el jardinero Bruno era informante de la Stasi. En realidad esta sospecha se materializ\u00f3 despu\u00e9s de muerto Renau, cuando llegaron a ellas rumores dignos de cr\u00e9dito.<\/p>\n<p>Ser informante de la Stasi en un pa\u00eds obsesionado por la seguridad puede juzgarse de dos maneras. Como un acto vergonzoso y reprobable que divid\u00eda la sociedad entre una minor\u00eda de \u201cchivatos\u201d y una enorme poblaci\u00f3n aterrorizada, o como un hecho tan com\u00fan que la mayor\u00eda de las veces no produc\u00eda grave da\u00f1o, algo que no casa bien con la leyenda negra del comunismo. De este modo, la mayor\u00eda de los \u201cagentes\u201d o informadores no serv\u00edan para nada, pero quedaban atrapados en los despiadados engranajes de un sistema que dedicaba un exceso de energ\u00eda a protegerse de unos ataques interiores m\u00e1s imaginarios que reales, si bien no cabe desestimar el potencial desestabilizador de los servicios de inteligencia \u201ccapitalistas\u201d, por englobarlos en un solo t\u00e9rmino.<br \/>\nHe aqu\u00ed una broma que se permit\u00edan sobre todo los j\u00f3venes. La cuenta Teresa Renau. Cuando se juntaban tres amigos, echaban a suertes qui\u00e9n ser\u00eda el confidente, porque un c\u00e1lculo popular aseguraba que uno de cada tres ciudadanos de la RDA informaba a la Stasi. Los alemanes orientales segu\u00edan aquella m\u00e1xima de si no puedes vencer a tu enemigo b\u00farlate de \u00e9l. La historia les dio la raz\u00f3n.<br \/>\nRenau vivi\u00f3 en Kastanienallee rodeado de mujeres y de informadores de la Stasi. Ambas cosas nos introducen en el \u00e1rea de los peque\u00f1os secretos: la vida privada.<\/p>\n<p>Cabe pensar que la estrategia de la Stasi al infiltrarse en todos los \u00e1mbitos de la sociedad fuera conocer el pensamiento \u00edntimo de cada ciudadano, y preparar respuestas. Respuestas que no pod\u00edan ser represivas en todos los casos, porque no sirve de nada tener a medio pa\u00eds en la c\u00e1rcel. En cierta forma se podr\u00eda decir que la Stasi cumpl\u00eda el papel de las encuestas de opini\u00f3n que en los pa\u00edses democr\u00e1ticos realiza el gobierno de turno para moldear sus decisiones pol\u00edticas.<br \/>\nLa imagen que se ha dado del <em>Ministerium f\u00fcr Staatssicherheit<\/em> (Stasi o Ministerio para la Seguridad del Estado) en la literatura y el cine de g\u00e9nero tiene poco que ver con la realidad. Incluso pel\u00edculas tan dignas como La vida de los otros presenta personajes m\u00e1s t\u00f3picos que reales, aunque las situaciones que describe sean tan veros\u00edmiles como dram\u00e1ticas.<\/p>\n<p>Al acabar la guerra, en la zona de ocupaci\u00f3n sovi\u00e9tica se cre\u00f3 un comisariado de seguridad <em>(Kommissariat<\/em> 5), modelado seg\u00fan el KGB, que inclu\u00eda a la polic\u00eda criminal. Al crearse la RDA en 1949, este comisariado se integr\u00f3 en el Ministerio del Interior con el objetivo de proteger la econom\u00eda, en especial para prevenir sabotajes. En 1950 se establece el Ministerio para la Seguridad el Estado, que funcionar\u00e1 hasta el derrumbamiento de la RDA en 1989 bajo diversos mandos. Erich Mielke fue el ministro m\u00e1s duradero y eficaz, y el inquietante Markus Wolf, el encargado de la seguridad exterior, el jefe del espionaje, cuya sombra aparece en las novelas John Le Carr\u00e9e y de otros escritores de g\u00e9nero, ba\u00f1ada en un tinte siniestro muy literario.<\/p>\n<p>La Stasi pose\u00eda un aparato formidable y de eficacia proverbial, con delegaciones en cada una de las 13 regiones en las que estaba dividida administrativamente la RDA, y miles de funcionarios a su servicio. Ten\u00eda un himno, una bandera, los agentes realizaban un juramento de lealtad turbador, contaban con sofisticados artefactos de observaci\u00f3n secreta, y acumulaban la experiencia represiva de decenas de a\u00f1os de socialismo en la URSS. Adem\u00e1s, lo peor de todo, exist\u00edan prisiones especiales para disidentes pol\u00edticos recalcitrantes. Esta es la cara visible, m\u00e1s amarga y m\u00e1s famosa de la Stasi.<\/p>\n<p>Pero una visita a la sede el ministerio de Seguridad Interior en el barrio berlin\u00e9s de Lichtemberg, entre la Magdalenenstrasse y la Normannenstrasse, revela unos h\u00e1bitos de vida desconcertantemente austeros, as\u00ed como deja ver el fondo \u201cpeque\u00f1oburgu\u00e9s\u201d de Erich Mielke y de sus principales subordinados. Sus despachos son inc\u00f3modos, feos y dudosamente pr\u00e1cticos. Los responsables del actual Museo de la Stasi se han complacido en dejarlo todo como era, porque es la mejor prueba de la mediocridad moral de quienes dirig\u00edan aquel mecanismo represivo que a la larga no sirvi\u00f3 para nada. Trabajar en aquellas oficinas deber\u00eda ser un privilegio, pero no un lujo. A primera vista, los muebles, las cortinas, los armarios que en realidad son cajas fuertes, los fe\u00edsimos tel\u00e9fonos llenos de botones, todo esto produce en el visitante desconcierto, y le induce a imaginar que ocho horas de trabajo al d\u00eda en aquel centro de operaciones contra el espionaje y la disidencia deb\u00edan acabar afectando al sentido de la realidad de quienes operaban el mecanismo.<br \/>\nProteger un r\u00e9gimen pol\u00edtico de los embates interiores y exteriores es una tarea sucia a la vez que noble. Lo segundo puede explicar la austeridad de los funcionarios, lo primero evoca lo contrario, unos tipos corruptos hasta la m\u00e9dula. Se supone que los directivos de un aparato t\u00e9trico y represor est\u00e1n inclinados a rodearse de comodidades y hasta de lujos, porque nadie va a atreverse a objetar sus dispendios. En la RDA ning\u00fan dirigente nad\u00f3 en el lujo y la abundancia, al contrario que en Rumania. El socialismo alem\u00e1n pod\u00eda ser despiadado con sus enemigos, pero no privilegiaba desproporcionadamente a sus fieles servidores.<\/p>\n<p>La obsesi\u00f3n de la Stasi, como indica la pel\u00edcula de Florian Henckel-Donnersmarck, era conocer a fondo la vida de los otros, la vida privada de los ciudadanos, incluso su vida \u00edntima, su pensamiento, sus deseos y sus frustraciones. Tantas personas colaboraron con la Stasi que acaso los informes que transmit\u00edan carec\u00edan de valor real o eran meras formalidades.<\/p>\n<p>Todo el mundo sab\u00eda que Bruno Reisz, el jardinero de Renau era o pod\u00eda ser de la Stasi. As\u00ed como que algunos de los alumnos del c\u00edrculo de dibujo de Renau eran o pod\u00edan ser informantes. Pero tanto los implicados como los ajenos al aparato actuaban como si tal aparato no existiera.<br \/>\nRenau no ten\u00eda pelos en la lengua para criticar en privado el r\u00e9gimen que sosten\u00eda en p\u00fablico y en el cual cre\u00eda, a pesar de sus defectos. En los a\u00f1os 70, y sobre todo en los 80, las voces disidentes eran todo un clamor. \u00bfQu\u00e9 pod\u00eda hacer la Stasi salvo encarcelar a los m\u00e1s recalcitrantes y peligrosos para el sistema imperante? La vida privada segu\u00eda activa, como una hilera enorme de hormiguitas que va socavando una monta\u00f1a.<\/p>\n<p>De vez en cuando, aparec\u00eda por Kastanienallee un tipo con un cochazo negro y manten\u00eda una discreta conversaci\u00f3n con Renau, recuerda Marta Hofmann, algo que adquir\u00eda una categor\u00eda enigm\u00e1tica.<\/p>\n<p>La vida privada de Renau es tan misteriosa como las entra\u00f1as de la Stasi. No me refiero a los contactos de Renau con el aparato de seguridad que, como se ve, ten\u00eda muy en cuenta al exiliado y a su actividad entre los j\u00f3venes. El gran enigma de Renau es su vida sentimental. No se puede entender la biograf\u00eda de un ser humano sin haberse asomado a los secretos de sus emociones \u00edntimas, de su afectividad. Renau no era un tipo fr\u00edo e indiferente, aunque en ocasiones tuvo que dar esta impresi\u00f3n y quiz\u00e1 convencerse a s\u00ed mismo de que los h\u00e9roes de acero bolcheviques constitu\u00edan modelos imitables.<\/p>\n<p>No he encontrado ning\u00fan testimonio firme de su vida sentimental o er\u00f3tica desde que le abandon\u00f3 Manuela hasta que una serie de j\u00f3venes estudiantes empiezan a frecuentar los fines de semana su casa de Kastanienallee, y Renau disfruta de una especie de Arcadia entre ellos. Una Arcadia cl\u00e1sica, serena, casi casta (o totalmente casta, en la medida de que no tenemos evidencias de lo contrario.)<\/p>\n<p>Ni uno s\u00f3lo (tambi\u00e9n hice la pregunta a mujeres) me ha dado el menor indicio de que Renau tuviera algo parecido a una novia o una amante, ni siquiera que fuera un hombre promiscuo. La mayor\u00eda de las noticias que tenemos de su vida er\u00f3tica est\u00e1n construidas sobre mitos o rumores. El artista, al contrario que muchos de sus colegas, se comport\u00f3 con una discreci\u00f3n de caballero antiguo, quiz\u00e1 porque lo llevara en la sangre.<\/p>\n<p>Al final de sus a\u00f1os se observa una explosi\u00f3n er\u00f3tica, manifestada en una serie de fotomontajes, pero no hay la menor evidencia de una vida disoluta o algo que se parezca a tal cosa, como la que llevaron artistas muy admirados por \u00e9l como Marcel Duchamp, Francis Picabia o Man Ray. Los a\u00f1os finales de Renau, sobre todo a partir de su primer viaje a Espa\u00f1a, est\u00e1n llenos de an\u00e9cdotas picantes, pero en el fondo ingenuas. Lo segundo que dicen aquellos que le trataron entonces (lo primero es reconocer su talento y su simpat\u00eda) es que se le iban las manos tras cualquier mujer, y que lo hac\u00eda con irreprochable naturalidad de artista.<\/p>\n<p>La impresi\u00f3n que da Renau desde su juventud es que ni las relaciones con las mujeres ni el sexo fueron para \u00e9l nunca un problema. Pero esto es falso, como hemos podido ver en los cap\u00edtulos de su vida mejicana y en su separaci\u00f3n de Manuela. Y adem\u00e1s, imposible. No hay ser humano que viva sus emociones \u00edntimas con la ligereza de un gui\u00f3n televisivo. El problema con Renau es que no tenemos evidencias en las que basarnos para hacer ni siquiera una excursi\u00f3n a su intimidad psicol\u00f3gica. S\u00f3lo podemos hacer elucubraciones.<\/p>\n<p>El que en los medios familiares se dijera que Renau estuvo enamorado de su cu\u00f1ada Rosa, que aparece en significativos dibujos, incluso desnuda, no significa necesariamente que entre ambos hubiera una relaci\u00f3n f\u00edsica. La misma Teresa Renau admite que uno de los t\u00f3picos familiares fue este amor de su padre hacia su cu\u00f1ada, pero lo presenta como un afecto sin consecuencias. Como si admitiera que Renau tuviera derecho a enamorarse de cualquier mujer inteligente y bonita, como artista o como hombre de mundo.<\/p>\n<p>La actitud de Manolita no fue igual. No le hizo ninguna gracia que la casa de su ex marido (aunque, seg\u00fan la ley, no hab\u00edan dejado de estar casados ni llegaron jam\u00e1s a separarse) se fuera llenando de chicas cada vez m\u00e1s j\u00f3venes. Manuela le hac\u00eda a su hija Teresa comentarios mordaces, que pon\u00edan en duda y en solfa el vigor de Renau. \u201cEl problema de tu padre no es que tenga amantes, es que no las tiene porque no puede tenerlas\u201d. Al margen de lo que pudiera haber de cierto en esa insinuaci\u00f3n, se trataba, sin duda, de una reacci\u00f3n provocada por los celos. Y, dadas las circunstancias, resulta una injusticia reproch\u00e1rselo.<\/p>\n<p>Teresa especula con la idea de que las atenciones que las estudiantes de arte y otras mujeres dedicaban a su padre se deb\u00edan a una especie de piedad er\u00f3tica. Sent\u00edan conmiseraci\u00f3n por el deterioro f\u00edsico de un hombre que hab\u00eda sido un tipo guapo y seductor, y se dejaban acariciar por \u00e9l.<\/p>\n<p>Al parecer, una de las mujeres que m\u00e1s excitaron los celos de Manolita fue Waltraud Schwarze. Lleg\u00f3 a citarla en su casa, en presencia de Teresa, \u201cporque le molestaba que Renau hiciera el rid\u00edculo con jovencitas\u201d. Teresa cree que no hubo nada entre ellos, porque Waltraud estaba enamorada de otro espa\u00f1ol que era de su edad. De nuevo Teresa se ve\u00eda atrapada en el inc\u00f3modo compromiso de mezclarse con problemas que no ten\u00edan nada que ver con ella.<br \/>\nWolfgang Schwartze, esposo de Waltraud (que finalmente no se cas\u00f3 con su novio espa\u00f1ol), afirma que Renau era un \u201cmacho\u201d. Y tambi\u00e9n dice que Waltraud fue una de las pocas mujeres a las que Renau no injuri\u00f3 (la propia Waltraud me tradujo as\u00ed, <em>n\u2019ha pas injuri\u00e9<\/em>, las palabras en alem\u00e1n de su marido), porque el pintor de vez en cuando echaba pestes de muchas mujeres. Estas afirmaciones hay que entenderlas en su contexto. La idea de \u201cmacho\u201d de un alem\u00e1n no coincide con el arquetipo de \u201cmacho\u201d al uso, un tipo chulo y mujeriego. Todas las evidencias recabadas niegan que Renau tuviera estos rasgos. En cuanto a que Waltraud fue una de las pocas mujeres a las que Renau no injuri\u00f3, Wolfgang se refiere a los comentarios sarc\u00e1sticos de Renau sobre ciertas mujeres de su entorno.<br \/>\nWaltraud recuerda un juego de palabras que hac\u00eda Renau, en el que demostraba su dominio relativo del alem\u00e1n y su sentido del humor tan impregnado de lo er\u00f3tico. Sosten\u00eda que una prueba de la aberraci\u00f3n de los alemanes era su denominaci\u00f3n del sexo. Se refer\u00eda a la palabra <em>Geschlecht,<\/em> que en realidad significa \u201cg\u00e9nero\u201d. Ironizaba el artista, diciendo que en lugar de <em>Ge-schlecht<\/em> deber\u00eda llamarse <em>Ge-gu<\/em>t. (En lugar de Ge-malo, por <em>schlecht<\/em>, Ge-bueno).<\/p>\n<p>Nuria Quevedo, la pintora hija de exiliados que trat\u00f3 a Renau en los a\u00f1os 60, asegura que nunca intent\u00f3 seducirla, pero que la piropeaba con la elegancia de un caballero espa\u00f1ol. Renau mantuvo su amistad y le sigui\u00f3 dando consejos profesionales, dejando a un lado y para siempre unas intenciones er\u00f3ticas que, para quienes observaban a Renau y a Nuria desde fuera, no ten\u00edan vuelta de hoja.<\/p>\n<p>Otra mujer que le conoci\u00f3 a fondo y lleg\u00f3 a vivir cortas temporadas en su casa es Eva Maria Thiele, historiadora del arte y luego pintora, que dedic\u00f3 un ensayo a los murales de Renau. Tampoco aporta ninguna evidencia de frivolidades er\u00f3ticas.<\/p>\n<p>Eva Maria entr\u00f3 con contacto con \u00e9l a trav\u00e9s de su novio, un guatemalteco que hab\u00eda o\u00eddo hablar de la presencia en Berl\u00edn Este de un muralista espa\u00f1ol procedente de M\u00e9jico. Le fueron a visitar a la f\u00e1brica de gas, y el guatemalteco sirvi\u00f3 de int\u00e9rprete. Despu\u00e9s, Eva Maria aprender\u00eda espa\u00f1ol y mantendr\u00eda una larga relaci\u00f3n amistosa con el pintor. Recuerda que le cay\u00f3 muy bien desde el primer momento, y que su trabajo le impresion\u00f3. Era gentil, amable y muy interesante. Renau lleg\u00f3 a ser \u201cla segunda universidad\u201d de la alemana. Su discurso era diferente a todo lo que se pod\u00eda escuchar en los medios acad\u00e9micos de la RDA. Se comportaba como amigo, y no como abuelo o pap\u00e1. Esta impresi\u00f3n es interesante, por las posibles implicaciones que tiene.<br \/>\nContrasta esta visi\u00f3n de Renau por Eva Mar\u00eda, con la de sus hijos Teresa y Pablo. Teresa le dijo, \u201cNo es tu pap\u00e1\u201d, dando a entender que no percib\u00eda sus defectos. Eva Mar\u00eda no le vio defectos, s\u00f3lo man\u00edas, y tuvo oportunidad de observarlas porque pas\u00f3 temporadas en Kastanienallee, alojada por el pintor, puesto que ella estudiaba fuera de Berl\u00edn y visitaba la capital para realizar investigaciones bibliogr\u00e1ficas.<br \/>\nYa hemos conocido a Inge Stellmacher (de casada, Denev), y la forma nada ambigua que Renau tuvo de abordarla en la escuela de dibujo de la f\u00e1brica de gas. Fue la \u00fanica persona del colectivo de los murales de Halle que sigui\u00f3 ayudando a Renau en su casa de Kastanienallee cuando tuvo que dejar el taller del Gaswerk. Inge no se qued\u00f3 a vivir all\u00ed, aunque al parecer Renau lo dej\u00f3 caer, y no posiblemente por mera esperanza er\u00f3tica, sino por compartir su vivienda, por convivir con alguien que le echara una mano en las labores dom\u00e9sticas. M\u00e1s bien, que se las hiciese. De momento, iba tirando con una se\u00f1ora alemana que limpiaba la casa.<\/p>\n<\/div><\/div><div  class=\"empty-space  marg-lg-b15\"><\/div>[vc_single_image image=&#8221;8411&#8243; img_size=&#8221;large&#8221; add_caption=&#8221;yes&#8221; alignment=&#8221;center&#8221;]<div  class=\"empty-space  marg-lg-b15\"><\/div>[\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column]<div class=\"text-block\" ><div class=\"simple-text size-4\"><p>El exiliado hab\u00eda pasado poco tiempo solo en su vida. Todo lo contrario, rodeado de familiares, en Valencia y en M\u00e9xico, y de amigos o \u201crealquilados\u201d (sin cobrarles) en Berl\u00edn. Prueba de su sociabilidad o de su poca inclinaci\u00f3n a la vida en solitario son las tertulias que tanto bien causaron en los que asistieron a ellas.<\/p>\n<p>Hasta finales de los 60 Renau hab\u00eda vivido en compa\u00f1\u00eda de su hijo Pablo, y tambi\u00e9n del estudiante de dramaturgia Quim Vilar. Pablo se march\u00f3 en fecha indeterminada, posiblemente a finales de los 60, para casarse y establecerse por su cuenta como aparejador de una de las empresas m\u00e1s prestigiosas de la RDA, tras finalizar sus estudios con una brillantez que su padre no esperaba. El catal\u00e1n Vilar ya no viv\u00eda en Kastanienallee, y Renau necesitaba a alguien a su lado. Por un tiempo, esa persona fue David, el nieto de Siqueiros.<\/p>\n<p>Durante su visita a Berl\u00edn, el muralista mexicano le hab\u00eda hablado de este nieto, que tendr\u00eda por entonces entre 16 y 18 a\u00f1os. Se hab\u00eda convertido en un problema para su madre, la hija de Siqueiros, y para sus abuelos. Acostumbrado a vivir sin l\u00edmites econ\u00f3micos y educativos, se hab\u00eda convertido en un caprichoso con tendencias algo salvajes. Siqueiros, que no hab\u00eda advertido a Renau de los peores rasgos de su nieto, le pidi\u00f3 que lo alojara en Kastanienallee durante un trimestre acad\u00e9mico, porque hab\u00edan matriculado al chico en una instituci\u00f3n alemana, imaginando que se le pegar\u00eda el estoicismo y la austeridad proverbiales en la RDA. Al parecer, la experiencia educativa y el contacto con Renau sirvieron a David, que termin\u00f3 transform\u00e1ndose en un buen fot\u00f3grafo en M\u00e9xico, profesi\u00f3n que aprendi\u00f3 en el laboratorio del artista en su s\u00f3tano de Kastanienallee. Pero los trastornos que caus\u00f3 al espa\u00f1ol y a su familia fueron considerables, hasta el extremo de que tuvieron que deshacerse de \u00e9l.<\/p>\n<p>David Siqueiros nieto mont\u00f3 una noche un esc\u00e1ndalo en uno de los pasos fronterizos entre los dos Berlines. Usando el privilegio de su pasaporte mejicano, hab\u00eda pasado a Berl\u00edn Occidental donde las posibilidades de juerga eran mayores que en Berl\u00edn Este. Regresaba borracho, aunque con los papeles en regla, as\u00ed que los aduaneros no sab\u00edan si dejarle pasar o no. Quiz\u00e1 no hab\u00eda ning\u00fan alto responsable de la Stasi a quien consultar. Entonces, al muchacho se le ocurri\u00f3 dar el nombre y la direcci\u00f3n de Ernst Reuter, en cuya casa ten\u00eda que dormir esa noche. A Reuter le llam\u00f3 la polic\u00eda, caus\u00e1ndole un gran desasosiego, y acudi\u00f3 a recoger al joven Siqueiros. Afortunadamente, Reuter era un respetado militante del SED.<\/p>\n<p>El breve curr\u00edculo de David Siqueiros nieto estaba tan plagado de juergas como el de la juventud de su abuelo. La diferencia es que el muralista tambi\u00e9n empleaba su talento de un modo creativo, mientras que el muchacho carec\u00eda de prop\u00f3sito en la vida, y adem\u00e1s se encontraba con los principales problemas de subsistencia resueltos. El abuelo Siqueiros esperaba que la disciplina socialista modelara el car\u00e1cter de su nieto y quitara de \u00e9l los rasgos de joven malcriado, caprichoso, aficionado a las farras, al alcohol y a las drogas.<\/p>\n<p>Teresa dice que estuvo a punto de provocar una tragedia, causando la desesperaci\u00f3n de Renau y de la propia Teresa y su familia. Se compraba una caja de cervezas, se emborrachaba y tiraba las botellas al jard\u00edn. Renau no sab\u00eda qu\u00e9 hacer, adem\u00e1s ya era mayor, empezaba a deteriorarse su salud y se sent\u00eda impotente frente a la agresividad del joven. Cuando llegaban Teresa y su marido de visita se sent\u00eda muy aliviado.<\/p>\n<p>David le pidi\u00f3 un d\u00eda a Teresa que le lavara la ropa. Esto sac\u00f3 de quicio a la mexicana, educada en la disciplina socialista. Le dijo tajantemente que en el socialismo no hab\u00eda criadas. Al chico no le gust\u00f3 la reprimenda. Subi\u00f3 al primer piso, llen\u00f3 el ba\u00f1o de agua y ech\u00f3 dentro toda la ropa, incluidos los trajes. De pronto, Teresa vio una peque\u00f1a cascada de agua descendiendo por las escaleras. Pidi\u00f3 a Klaus, su marido, que se hiciera cargo del asunto, y \u00e9ste subi\u00f3 y ech\u00f3 una bronca germ\u00e1nica y socialista al mexicanito. Al final, David Siqueiros nieto se fue a un internado, porque no le soportaba nadie. Al cabo de unos meses, volvi\u00f3 a M\u00e9jico.<\/p>\n<p>La casa del artista exiliado estaba abierta a todo el mundo, sin distinciones ni exclusiones, prueba de que la ortodoxia ideol\u00f3gica y est\u00e9tica de Renau no afectaba a sus relaciones personales. El tr\u00e1fago de personas que entrar\u00e1n y saldr\u00e1n de Kastanienallee dejar\u00e1 una impronta en ella. Sobre todo, la dejar\u00e1n en la conciencia de Renau.<\/p>\n<p>En la segunda parte de la d\u00e9cada de los 70 Renau experimentar\u00e1 un cambio de actitud hacia el sentido de la creaci\u00f3n art\u00edstica. Se desviar\u00e1 de su dogma marxista e introducir\u00e1 en sus ideas una dosis significativa de heterodoxia, reflejar\u00e1 en sus \u00faltimos fotomontajes sus pasiones m\u00e1s \u00edntimas, ajenas por completo al contenido y destino pol\u00edtico de toda obra de arte digna de consideraci\u00f3n, seg\u00fan \u00e9l mantuvo siempre. Y de todas sus pasiones \u00edntimas, aflor\u00f3 avasalladora la m\u00e1s evidente: el erotismo, el sexo femenino, aunque \u00e9l hablara de una investigaci\u00f3n del absoluto del que era portadora la mujer, refiri\u00e9ndose a su capacidad de concebir y gestar un hijo.<\/p>\n<p>Se puede especular mucho sobre el sentido de sus \u00faltimos fotomontajes de desnudos femeninos espl\u00e9ndidos, pero no es prudente excederse de los l\u00edmites marcados por los escasos datos que acompa\u00f1an su realizaci\u00f3n. Por su parte, Renau dio cumplidas explicaciones est\u00e9ticas en las que se mezclaba la ecolog\u00eda con la sexualidad o la sexolog\u00eda, puesto que su prop\u00f3sito declarado era pedag\u00f3gico.<\/p>\n<p>Acostumbrado a vivir en compa\u00f1\u00eda, tambi\u00e9n femenina, con un ingrediente m\u00e1s de servicio dom\u00e9stico que de relaci\u00f3n sentimental y er\u00f3tica, Renau encontr\u00f3 un buen d\u00eda a una muchacha que se amold\u00f3 a \u00e9l de un modo perfecto. Se llamaba Marta Hofmann, era estudiante de dibujo en la Escuela de Bellas Artes de Berl\u00edn, y hablaba espa\u00f1ol porque era descendiente de alemanes emigrados a Argentina, donde ella hab\u00eda nacido.<\/p>\n<p>La encontr\u00f3 indirectamente, por medio de una iniciativa que sorprendi\u00f3 a muchas personas.<br \/>\nRenau decidi\u00f3 crear en su casa su propio C\u00edrculo de Dibujo para j\u00f3venes, siendo \u00e9l el maestro, sin cobrar el m\u00e1s m\u00ednimo honorario, impartiendo clases los fines de semana. El hecho sugiere que hab\u00eda empezado a hartarse de las promesas o de las supuestas obligaciones del socialismo real, y decidi\u00f3 compensar sus frustraciones organizando una peque\u00f1a escuela, algo extra\u00f1o (y sospechoso) en una sociedad acostumbrada a no salirse de los cauces establecidos.<\/p>\n<p>La idea quiz\u00e1 se la dio Inge, o acaso alguno de los estudiantes que acud\u00edan a \u00e9l, deseosos de conocer su criterio contrastado, y tambi\u00e9n de usar su espl\u00e9ndida biblioteca, que conten\u00eda libros de dif\u00edcil acceso en las instituciones de ense\u00f1anza art\u00edstica.<\/p>\n<p>Gerhard Haupt, historiador del arte, recuerda su descubrimiento de Renau hacia 1974.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 80px;\"><em>Uno de mis tutores, Hermann Raum, me cont\u00f3 que Renau viv\u00eda en Mahlsdorf, cerca de mi propia vivienda. Como yo sab\u00eda algo de espa\u00f1ol empezamos a charlar. Yo era de los pocos que hablaban espa\u00f1ol, por eso el contacto fue bastante estrecho. Adem\u00e1s particip\u00e9 en los s\u00e1bados de dibujo. Yo iba a consultar sus libros. Ten\u00eda una biblioteca excelente, que hab\u00eda tra\u00eddo de M\u00e9jico. En aquel momento yo trabajaba en fotograf\u00eda y Renau me permit\u00eda trabajar en su laboratorio fotogr\u00e1fico.<\/em><\/p>\n<p>El C\u00edrculo de Dibujo pudo ser un producto secundario de la colaboraci\u00f3n de Inge en los murales de Halle-Neustadt. Inge pasaba largos ratos en Kastanienallee, y es muy posible que algunos amigos suyos la acompa\u00f1aran de vez en cuando.<\/p>\n<p>Renau trabajaba con la alemana y con su hija Teresa en los cartones de los murales. La gente que se dejaba caer por la casa, sobre todo los j\u00f3venes artistas o aspirantes a artista, quedaban fascinados por \u00e9l y por su m\u00e9todo de trabajo.<\/p>\n<p>Haupt afirma de Renau:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 80px;\"><em>Era una persona fascinante. Imag\u00ednese, en Alemania Oriental, un pa\u00eds aislado, de pronto aparece una persona que conoci\u00f3 a Dal\u00ed, a Picasso, a Max Aub, que trabaj\u00f3 con Siqueiros, testigo de una parte fundamental de la historia del arte del siglo XX. Y un personaje con mucha fuerza. Uno entraba en casa de Renau y \u00e9l siempre estaba con su pijama, fumaba como loco, beb\u00eda caf\u00e9 sin cesar, lo preparaba llenando la taza de polvos de Nescaf\u00e9 y diluy\u00e9ndolo con agua. Hablaba muy alto, era muy impulsivo. Un personaje impresionante.<\/em><\/p>\n<p>Sobre su sistema de trabajo en los murales, Teresa lo recuerda de este modo:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 80px;\"><em>Empezaba haciendo fotos de los edificios construidos, luego, constru\u00eda una maqueta de madera en el s\u00f3tano. Contaba con la ayuda de los chicos. Luego hac\u00eda fotos de la maqueta con los bocetos pegados en la fachada correspondiente, y desde las distintas perspectivas del transe\u00fante. Por fin, hac\u00eda el boceto del mural sobre un cart\u00f3n de mediano tama\u00f1o. Se cuadriculaba, se aumentaba a su tama\u00f1o final y se le daban colores a las formas dibujadas. Luego se llevaba el resultado al ceramista, que fabricaba azulejos con las cuadr\u00edculas. El ceramista era un peque\u00f1o industrial, con un taller propio en el que trabajaba con su hija.<\/em><\/p>\n<p>Marta a\u00f1ade detalles a este m\u00e9todo. Primero Renau hac\u00eda un cart\u00f3n peque\u00f1o o boceto. Luego otro m\u00e1s grande, en el que se adaptaban las formas representadas al m\u00e9todo de trabajo del ceramista. Esto significa que divid\u00edan el mural en azulejos ya en el cart\u00f3n, de modo que pudiera observarse en su totalidad a base de las peque\u00f1as partes. El prop\u00f3sito de Renau era ce\u00f1irse lo m\u00e1s posible al primitivo esbozo, a la idea original. Pero tambi\u00e9n dejarle poco o ning\u00fan margen al ceramista, de modo que no pudiera introducir variaciones inesperadas e indeseadas.<\/p>\n<p>Contin\u00faa Teresa:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 80px;\"><em>Los bocetos de los murales de Halle se empezaron en el taller del Gazwerk y se acabaron en Kastanienallee. Se hicieron a trozos en el peque\u00f1o estudio del primer piso. Renau se quejaba de no tener espacio. Para fotografiarlo, lo sacaba al jard\u00edn los d\u00edas de sol, lo colocaban y articulaban como un Mecano con ayuda de los j\u00f3venes del C\u00edrculo de Dibujo. Renau ten\u00eda una gran capacidad de organizaci\u00f3n y de divisi\u00f3n del trabajo. Numeraba las divisiones del boceto, y atribu\u00eda a cada n\u00famero un color, que es lo que hac\u00edamos Marta y yo. Pero las visitas (a quienes sol\u00eda atender encantado) le hac\u00edan perder mucho tiempo, y de golpe se pon\u00eda a trabajar sin parar durante varios d\u00edas.<\/em><\/p>\n<p>Por eso reserv\u00f3 los fines de semana para el C\u00edrculo de Dibujo de los j\u00f3venes.<\/p>\n<p>Marta Hofmann estudiaba en la <em>Kunsthochschule Berlin-Weissensee<\/em> (Escuela Superior de Bellas Artes de Weissensee de Berl\u00edn). Uno de sus compa\u00f1eros era Reinhard Stangl, asiduo al C\u00edrculo. Stangl le inform\u00f3 de que hab\u00eda un pintor que ense\u00f1aba cosas diferentes de las oficiales. Seg\u00fan ella misma, lleg\u00f3 a casa del pintor en el invierno de 1970-1971. Renau daba clases de dibujo, pero tambi\u00e9n hablaba de Picasso, de los estilos vanguardistas, y ense\u00f1aba las t\u00e9cnicas de la antigua vanguardia. Simplemente cont\u00e1ndoles su vida y transmiti\u00e9ndoles fragmentos de su experiencia, Renau les abr\u00eda las puertas de un mundo fascinante, les sub\u00eda en un globo por encima del muro de la reglad\u00edsima ense\u00f1anza oficial, y les permit\u00eda contemplar una panor\u00e1mica selv\u00e1tica e inmensa, m\u00e1s all\u00e1 del estrecho horizonte gris\u00e1ceo de la ense\u00f1anza oficial, que en aquel momento dirig\u00eda un muralista llamado Walter Womaka.<\/p>\n<p>El hecho de que Marta hablara espa\u00f1ol sirvi\u00f3 de mucho. Renau la trat\u00f3 de un modo especial, porque adem\u00e1s vio sus cualidades. Lo primero que le dijo tras observar sus esbozos fue que se ve\u00eda que sab\u00eda dibujar anatom\u00eda, pero que lo hac\u00eda mal, s\u00f3lo copiando intuitivamente, sin t\u00e9cnica ni formaci\u00f3n est\u00e9tica. No ten\u00eda construcci\u00f3n, no med\u00eda con el ojo. Renau ense\u00f1aba a dividir la superficie en la que se iba a pintar en cinco partes: no era importante pintar una parte del cuerpo, sino hacerlo arm\u00f3nicamente, pintar un ojo donde tiene que estar, no que parezca un ojo. Esto trastorn\u00f3 a Marta, que tard\u00f3 dos a\u00f1os en asimilar la nueva forma de dibujar geom\u00e9tricamente.<\/p>\n<p>Renau me dijo textualmente (me qued\u00f3 grabado): \u201cMarta, t\u00fa ya sabes dibujar orejas y todas las otras cosas, pero las tejes, no tomas en cuenta el espacio, empiezas arriba y terminas donde termina la hoja, casualmente, sin construir. Hay que ir de la gran forma a la peque\u00f1a\u201d. Y ah\u00ed empez\u00f3 para m\u00ed una \u00e9poca de mucho trabajo, pero como ve\u00eda que progresaba, me hac\u00eda tambi\u00e9n mucha gracia.<\/p>\n<p>El abuelo de Marta fue un proletario alem\u00e1n a quien, a los quince o diecis\u00e9is a\u00f1os (entre 1900 y 1901), enga\u00f1aron en un puerto del B\u00e1ltico, y le metieron en un ballenero. Al llegar a una ciudad mar\u00edtima del sur de Chile se escap\u00f3 y se qued\u00f3 en tierra. Recorri\u00f3 en varios meses, a pie, y emple\u00e1ndose aqu\u00ed y all\u00e1, parte de Chile y Argentina. Tras una odisea que no fue exclusiva suya, y que la literatura andina ha sabido reflejar con \u00e9pica formidable, lleg\u00f3 a Buenos Aires. No hablaba ni una palabra de espa\u00f1ol, pero se encontr\u00f3 con muchos alemanes en el trayecto. Suram\u00e9rica est\u00e1 salpicada de colonias alemanas, austriacas y suizas establecidas en distintas \u00e9pocas, sobre todo a principios del siglo XX, as\u00ed que no es raro que un alem\u00e1n pudiera entenderse en su lengua en su camino escabroso a trav\u00e9s de los Andes y a lo largo de la Pampa interminable. Adem\u00e1s, poco a poco fue aprendiendo espa\u00f1ol. Y tambi\u00e9n portugu\u00e9s, porque del estuario de la Plata subi\u00f3 hasta Brasil, donde conoci\u00f3 a una alemana polaca y se cas\u00f3 con ella. Esta mujer era comadrona y hac\u00eda abortos, una actividad ilegal. Para evitar su procesamiento tuvieron que huir a Argentina, donde acabaron estableci\u00e9ndose. La madre de Marta, nacida en Portoalegre, tambi\u00e9n se cas\u00f3 con un marino alem\u00e1n antifascista que escap\u00f3 del barco en 1937 y se refugi\u00f3 en Argentina. En los a\u00f1os de la Segunda Guerra Mundial, la colonia en la que viv\u00eda Marta Hofmann, en Quilmes, ten\u00eda una nutrida presencia de comunistas, algunos de ellos alemanes huidos del nazismo. Por ello, al finalizar la guerra, la familia Hofmann se plante\u00f3 regresar a una Alemania que acababa de implantar el estado socialista. Marta y su hermana llegaron a la RDA en 1965, gracias a una beca, y pronto se unieron a ellas sus padres.<\/p>\n<\/div><\/div><div  class=\"empty-space  marg-lg-b15\"><\/div>[vc_single_image image=&#8221;14664&#8243; img_size=&#8221;large&#8221; add_caption=&#8221;yes&#8221; alignment=&#8221;center&#8221;]<div  class=\"empty-space  marg-lg-b15\"><\/div>[\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column]<div class=\"text-block\" ><div class=\"simple-text size-4\"><p>Estudi\u00f3 brevemente en la Escuela de Bellas Artes de Leipzig donde lleg\u00f3 a conocer a Teresa. T\u00fcbke, el director de la escuela, consider\u00f3 que era una alumna indisciplinada y la ech\u00f3 de la escuela. Luego march\u00f3 a Berl\u00edn a continuar sus estudios en la escuela dirigida por un joven pintor oficial llamado Womacka, que no tragaba a Renau, y a quien el artista espa\u00f1ol consideraba un \u201cdecorador de paredes\u201d.<\/p>\n<p>Como hemos dicho, Marta Hofmann conoci\u00f3 a Renau a trav\u00e9s de uno de los alumnos de \u00e9ste, y se uni\u00f3 a un grupo que podr\u00edamos calificar de selectos, entre los que destacaban Petra Flierl, hija de Peter, el arquitecto amigo del artista, Reinhard Stangl, Gudrum K\u00fchme, Ulrich M\u00fcller Reimsacken, Anette Becker, Undine Kaedine y Dagmar Sutarska, si bien estas dos \u00faltimas no dibujaban y hac\u00edan siempre de modelos. Adem\u00e1s de Reihnard acud\u00edan otros chicos al taller, como un fot\u00f3grafo llamado Zwiki y un tal Manfred (no Manfred Schmidt, el galerista y confidente de Renau) que protagonizar\u00eda un turbio asunto. Tambi\u00e9n acud\u00edan chicos m\u00e1s j\u00f3venes, de trece o catorce a\u00f1os. Dos de ellos fueron Peter G\u00fcltzow y su hermano mayor, Uwe, vecinos de Renau, y sin aficiones pl\u00e1sticas.<\/p>\n<p>La mayor\u00eda de los asistentes al c\u00edrculo eran alumnas, y muy hermosas, como atestiguan los bocetos que se hac\u00edan entre ellos, las fotograf\u00edas realizadas por Renau, y los testimonios de quienes las conocieron a mediados de los a\u00f1os 70, como el historiador de arte Manuel Garc\u00eda. Algunas de aquellas alumnas y de aquellos alumnos son hoy pintores que sobreviven en el saturado mercado de arte alem\u00e1n con suertes muy diversas.<\/p>\n<p>Marta Hofmann pronto se convirti\u00f3 en la predilecta del maestro. Con ella, Renau pod\u00eda hablar a sus anchas y hasta desahogarse de sus cuitas y contradicciones con el r\u00e9gimen. Por otro lado, las explicaciones est\u00e9ticas, hist\u00f3ricas y pol\u00edticas del artista causaban mayor impacto en la argentina, que las captaba en su integridad.<\/p>\n<p>Marta se acab\u00f3 instalando en Kastanienallee, a propuesta del pintor. A cambio, trabajaba en el laboratorio y en el archivo. Marta realizaba las tareas rutinarias de revelado o de clasificaci\u00f3n y almacenamiento de recortes para los fotomontajes.<\/p>\n<p>Al principio, s\u00f3lo se quedaba a dormir circunstancialmente en la casa. Marta deja claro que no hubo nunca intercambio sexual. Ella, eso s\u00ed, le admiraba, y \u00e9l se sent\u00eda muy a gusto con esta admiraci\u00f3n.<br \/>\nUn d\u00eda, Renau fue a visitarla a la habitaci\u00f3n donde la estudiante de Bellas Artes viv\u00eda en el barrio de Prenzlauerberg, un cuarto acosado por las ratas. Indignado por aquellas condiciones, la invit\u00f3 a mudarse a su casa. Marta insiste en que fue algo natural, espont\u00e1neo. La casa de Kastanienallee no se distingu\u00eda por sus comodidades dom\u00e9sticas, y la muchacha, de natural austero, seg\u00fan la costumbre y las circunstancias de los militantes comunistas en un pa\u00eds capitalista, durmi\u00f3 durante a\u00f1os en una cama plegable.<\/p>\n<p>Marta recuerda as\u00ed la rutina de un fin de semana del C\u00edrculo de Dibujo de Kastanienallee. Renau hab\u00eda adquirido sencillas tablas de aglomerado, caballetes y papeles de embalar. Su disposici\u00f3n para los bocetos era un trabajo que realizaba la argentina. Los alumnos llegaban a las once de la ma\u00f1ana. Marta era la encargada de hacer una comida tipo rancho, espaguetis o salchichas para todos. Se situaba al modelo y se le dibujaba, procurando que entrara todo en el papel, ajust\u00e1ndose a las posibilidades, no seleccionando un trozo de anatom\u00eda, determinando desde antes las dimensiones totales. El m\u00e9todo de Renau era dividir el papel o la superficie a pintar y realizar una composici\u00f3n de acuerdo a leyes geom\u00e9tricas. Los estudiantes hac\u00edan l\u00edneas verticales, horizontales, curvas o diagonales que marcaban el cuerpo, e iban haciendo aflorar de ellas las figuras, de acuerdo a diferentes estilos. Era la f\u00f3rmula opuesta a esa manera de dibujar \u201ctejiendo\u201d de arriba abajo o de abajo arriba, empezando por ejemplo desde la cabeza y acab\u00e1ndose el papel antes de llegar a las rodillas.<\/p>\n<p>Los modelos eran casi siempre uno de los chicos o chicas que no pintaban, e iban a casa de Renau s\u00f3lo para estar a gusto en un lugar distinto. Marta asegura que en la RDA hab\u00eda \u201chambre de diferencia\u201d.<br \/>\nA veces eran cuatro, a veces eran siete los alumnos, no m\u00e1s, porque no cab\u00edan en el estudio, que era peque\u00f1o. Renau ten\u00eda cinco caballetes. Los que no ten\u00edan caballete pintaban sobre una tabla, en el regazo. Dibujaban con carboncillo o tiza negra. El m\u00e9todo de Renau ten\u00eda mucho de arquitectura, de dise\u00f1o, de geometr\u00eda. Les ense\u00f1aba libros de Cezanne y explicaba c\u00f3mo trabajaba el artista sus paisajes c\u00fabicos. Esto era extraordinario, porque en la ense\u00f1anza oficial en la RDA s\u00f3lo se ofrec\u00edan t\u00e9cnicas de estricta figuraci\u00f3n, y como mucho de expresionismo. Les ense\u00f1aban Historia del Arte, pero de un modo sociol\u00f3gico y sectario, dice Marta.<\/p>\n<p>Las relaciones entre los estudiantes se limitaban al fin de semana, no sol\u00edan verse despu\u00e9s. Renau estaba feliz con los j\u00f3venes, piropeaba a las chicas, les daba besitos y achuchones inocentes, un erotismo \u201climpio\u201d, no era un viejo verde, asegura la argentina. Esta imagen proporcionada por Marta Hofmann sin duda se ajusta a la realidad que ella percib\u00eda. Una realidad tal vez diferente vista con otros ojos menos inocentes o m\u00e1s suspicaces.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed un episodio relatado por Wolfgang Schwarze. Cierto d\u00eda fueron \u00e9l y su esposa Waltraud de visita a Kastanienallee, y se encontraron a una joven y bella modelo completamente desnuda. Se trataba de Dagmar Sutarska, reflejada en los \u00faltimos fotomontajes expl\u00edcitamente er\u00f3ticos de Renau. La modelo no se inmut\u00f3 ante la presencia de extra\u00f1os, del mismo modo que en verano todos los muchachos se quitaban la ropa en el jard\u00edn, sin reparar en que los escasos viandantes de Kastanienallee pudieran escandalizarse. Renau, en un arranque dif\u00edcil de definir, pero ni obsceno ni soez, les dijo, \u201cFijaos qu\u00e9 mujer m\u00e1s hermosa\u201d, se inclin\u00f3 sobre su vello p\u00fabico y deposit\u00f3 en \u00e9l un casto \u00f3sculo.<\/p>\n<p>Sobre esta actitud de viejo maestro, tengo una experiencia personal con Renau. Cuando le visit\u00e9 en julio de 1976 en su casa de Kastanienallee, me recibi\u00f3 en pijama, como a todo el mundo. Nos encontr\u00e1bamos en la cocina de la casa, comiendo queso y apurando una botella de vino b\u00falgaro con que Renau me obsequiaba, aunque yo era para \u00e9l un perfecto desconocido. De pronto, entr\u00f3 una joven morena de mediana estatura tirando a bajita, con un ligero vestido de flores. Era Marta Hofmann. Despu\u00e9s de saludar, se coloc\u00f3 al lado de Renau. \u00c9ste le levant\u00f3 la falta, dio unos cachetes en sus muslos y me dijo en valenciano, \u201c<em>Mira quines cuixes m\u00e9s boniques t\u00e9<\/em>.\u201d (\u201cMira qu\u00e9 muslos m\u00e1s bonitos tiene.\u201d) A m\u00ed me dej\u00f3 estupefacto, y lo interpret\u00e9 como una extravagancia de artista, porque lo cierto es que no hab\u00eda nada de ofensivo en la actitud del todav\u00eda exiliado.<br \/>\nEl nudismo de los estudiantes del C\u00edrculo de Dibujo no era ninguna provocaci\u00f3n. En la RDA, estado puritano donde los haya habido, se practicaba el nudismo sin la menor objeci\u00f3n o esc\u00e1ndalo de las autoridades. A\u00fan hoy en d\u00eda, paseando en verano por Prenzlauerberg, una colina ajardinada y boscosa de Berl\u00edn Este, encuentra uno cantidad de ni\u00f1os y ni\u00f1as en pelota, jugueteando como faunos por un torrente artificial, o cuerpos adultos desnudos echados en la hierba, de todas las edades, incluidas las del deterioro f\u00edsico.<\/p>\n<p>Un grupo de j\u00f3venes hermosos en cueros vivos jugando con una manga riega en el jard\u00edn no puede dejar indiferente a todo el mundo. Imaginar esta escena evoca las fotograf\u00edas de ninfas de Helmut Newton, quien, por cierto, tiene un museo en Berl\u00edn Oeste, de donde era natural. Uno de los vecinos de Renau le cont\u00f3 a Marta que su mujer le hab\u00eda pillado un d\u00eda observando extasiado el espect\u00e1culo juvenil desde una ventana, y le hab\u00eda enviado al s\u00f3tano a hacer reparaciones dom\u00e9sticas.<br \/>\nPrecisamente las tareas dom\u00e9sticas fueron motivo de frustraci\u00f3n y enfado de Marta Hofmann. Ella era la que hac\u00eda los trabajos de casa durante la semana y durante el fin de semana. Por ejemplo, preparar ollas inmensas de espaguetis con tomate o cantidades ingentes de pur\u00e9 de patata y salchichas. Y despu\u00e9s, lavar la vajilla. Una tarde, mientras ella fregaba los platos en la cocina, Renau comenz\u00f3 a perorar en el sal\u00f3n sobre los derechos de las mujeres. Marta, enojada, se puso a hacer gran ruido para demostrar su irritaci\u00f3n. Renau reaccion\u00f3 de esta manera: \u201cT\u00fa, a lavar los platos, porque yo he lavado muchos m\u00e1s platos que t\u00fa en esta vida\u201d.<\/p>\n<p>Renau, gran defensor de los derechos de la mujer, se aplicaba mal sus propias la lecciones. A Marta le dec\u00eda que firmara sus dibujos no como Hofmann, sino como Marta, para que todo el mundo viera que era una mujer con una calidad art\u00edstica superior a la de muchos hombres. Pero cuando se trataba de hacer tareas dom\u00e9sticas, se las encomendaba con la naturalidad con que un arist\u00f3crata descarga en su doncella el mantenimiento del hogar. La muchacha pasaba horas y horas por indicaci\u00f3n de Renau en el archivo recortando revistas y organizando los recortes.<br \/>\nEste archivo se encontraba en el s\u00f3tano, que un d\u00eda se inund\u00f3 por la rotura de una ca\u00f1er\u00eda. Marta llam\u00f3 a los bomberos, y estos le pidieron que bajara a medir la altura del agua. Ocho cent\u00edmetros era la cantidad. Los bomberos se disculparon, porque s\u00f3lo interven\u00edan, aseguraron con convicci\u00f3n legalista, a partir de los diez cent\u00edmetros. Burocracia prusiana o burocracia socialista.<br \/>\nRenau se\u00f1alaba determinadas ilustraciones de las revistas y ped\u00eda a Marta que hiciera los recortes. A veces, cuando la joven le interrump\u00eda con preguntas sobre qu\u00e9 hacer con cierto recorte, Renau reaccionaba con ira, como si esperara que la muchacha tuviera acceso a los recovecos de esa cabeza suya en la que almacenaba tantos datos, como hemos visto en sus confesiones a Manfred Schmidt.<br \/>\nMarta matiza su papel de \u201cCenicienta\u201d:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 80px;\"><em>Lo de \u201cCenicienta\u201d es verdad s\u00f3lo hasta cierto punto. Adem\u00e1s, tiene que ver con la teor\u00eda de Renau de que los estudiantes de arte deben aprender a pintar junto con el maestro, participar de su vida, ver cuando se pelea con su mujer o les limpia el culo a los hijos, como los aprendices del Renacimiento. Y conmigo quer\u00eda realizar en la pr\u00e1ctica esas teor\u00edas. Por otra parte, \u00e9l dijo claramente que yo era la m\u00e1s capacitada, no s\u00f3lo de talento, sino porque ten\u00eda lo que t\u00fa llamas el \u201coptimismo ingenuo\u201d y \u00e9l llamaba ser \u201cbuen comunista\u201d. Lo entend\u00eda as\u00ed. Luchar por un mundo mejor, est\u00e9s donde est\u00e9s, sin compromiso. \u201cLas mejoras en este mundo, Marta, no las regala nadie, hay que luchar. De solo, no se mejora nada.\u201d<\/em><\/p>\n<\/div><\/div><div  class=\"empty-space  marg-lg-b15\"><\/div>[vc_single_image image=&#8221;8421&#8243; img_size=&#8221;large&#8221; add_caption=&#8221;yes&#8221; alignment=&#8221;center&#8221;]<div  class=\"empty-space  marg-lg-b15\"><\/div>[\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column]<div class=\"text-block\" ><div class=\"simple-text size-4\"><p>Irene, la madre de Marta, iba algunos s\u00e1bados por la tarde, se quedaba a dormir y cocinaba el domingo. Hac\u00eda puchero con carne de vaca, patatas y ma\u00edz. Era la mejor comida que tomaba Renau en semanas.<\/p>\n<p>Antes de estallar en el interior de Renau una pasi\u00f3n ecol\u00f3gica tard\u00eda, tuvo una disputa con la estudiante argentina en este sentido. Marta hab\u00eda plantado un casta\u00f1o detr\u00e1s de la casa, donde Renau colgaba sus cartones para fotografiarlos en alto desde la calle. Como el \u00e1rbol se hac\u00eda cada vez m\u00e1s grande, la oblig\u00f3 a trasplantarlo a otro sitio.<\/p>\n<p>Cuando el maestro adquiri\u00f3 confianza con su disc\u00edpula, empez\u00f3 a contarle algunos episodios de su vida, incluyendo algunas confidencias sobre Manolita. De un modo indirecto, criticaba su fondo cat\u00f3lico, dec\u00eda que era de mente cerrada, y que no ten\u00eda humor. Contaba historias graciosas de la \u201cyaya\u201d, su suegra y madre de Manolita, pero nunca lo hizo de su mujer. En descargo de la pintora valenciana cabe decir que convivir con un hombre como Renau, desordenado, despilfarrador y sin el menor concepto de lo dom\u00e9stico, dejaba poco margen para las bromas. Al querer saber Marta por qu\u00e9 tuvo cinco hijos con una mujer que, aparentemente, le satisfac\u00eda tan poco, Renau contest\u00f3: \u201cEso fue cosa de Manuela.\u201d Debe ser esto a lo que Wolfgang Schwarze llamaba \u201cinjuriar a las mujeres.\u201d<\/p>\n<p>Una de las estudiantes y tambi\u00e9n modelos m\u00e1s atractivas del C\u00edrculo de Dibujo era Undine Kaedine. Su cuerpo habr\u00eda disparado la inspiraci\u00f3n de los poetas m\u00e1s lerdos, y podr\u00eda haber hecho competencia a la bella Helena en el coraz\u00f3n de Paris. Pero ni Berl\u00edn era Troya ni Kastanienallee una sucursal del Olimpo. La hermosura contundente de Undine queda inmortalizada en diversas composiciones fotogr\u00e1ficas de Renau, as\u00ed como en los bocetos en carboncillo que conservan Petra Flierl y Marta Hofmann.<\/p>\n<p>De golpe, Undine dej\u00f3 de asistir a las sesiones del C\u00edrculo, sin que hubiera mediado ninguna causa o conflicto en el interior del grupo. Era muy extra\u00f1o, porque se encontraba en el C\u00edrculo como el pez en el agua. Al cabo del tiempo, Inge descubri\u00f3 la raz\u00f3n rocambolesca de esta repentina ausencia.<\/p>\n<p>La bella Undine se hab\u00eda casado con el v\u00e1stago de un cargazo del r\u00e9gimen, un tal Schalk Golodkovski, y se le recomend\u00f3 que dejara de mezclarse con extranjeros. Como hemos visto antes, los militares, polic\u00edas y cargos estrat\u00e9gicos del gobierno no pod\u00edan frecuentar extranjeros, por muy firmes que fueran sus convicciones socialistas y por muy probada que estuviera su lealtad con el gobierno. El suegro de Undine, Golodkovski, era el jefe de una instituci\u00f3n financiera que se dedicaba a crear peque\u00f1as empresas en el extranjero para comprar productos industriales embargados. La estrategia de determinados pa\u00edses occidentales adversarios ac\u00e9rrimos de la RDA era privar a ese pa\u00eds de ciertos productos valiosos. Sol\u00eda tratarse de aparatos de precisi\u00f3n y otros objetos poco voluminosos, que los mismos agentes introduc\u00edan en la RDA en sencillas maletas. El departamento que dirig\u00eda Golodkovski se dedicaba a buscar hombres de paja y montarles una empresa comercial. El organismo se llamaba KOKO (Komerzielle Koordinierung: Coordinaci\u00f3n Comercial) , manejaba cantidades importantes de divisas (valuta o moneda fuerte) y ten\u00eda muy buenas relaciones con capitalistas y dirigentes extranjeros a algunos de los cuales, sobre todo de la RFA, se sospecha que pagaba suculentas comisiones, como descubrieron en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n los servicios secretos de Alemania Federal. Tambi\u00e9n se dedicaban a la venta de antig\u00fcedades y objetos de arte para adquirir divisas. Al parecer, Golodkovski sobrevive en Baviera, propietario de una casa imponente, inmune a las represalias que se tomaron con los principales dirigentes de la RDA. Como Markus Wolf, sabe demasiado y a nadie le conviene molestarle. (El texto se refiere al a\u00f1o 2007, en que fue escrito.)<\/p>\n<p>El C\u00edrculo de Dibujo de Renau funcionaba como una sucursal de la Arcadia Feliz, y no era ning\u00fan decorado. Pero algunos personajes vinculados a \u00e9l ten\u00edan historias que podr\u00edan haber inspirado una nueva Comedia Humana, si Balzac hubiera resucitado en la RDA.<\/p>\n<p>Un hecho pintoresco que ocurri\u00f3 en Kastanienallee fue el robo de ciertos libros de la biblioteca de Renau. Lo curioso es que no faltaban ejemplares de gran calidad art\u00edstica o de especial valor cremat\u00edstico, como la colecci\u00f3n de la revista surrealista <em>Minotaure,<\/em> sino ejemplares de relativo valor comercial.<\/p>\n<p>Un buen d\u00eda, el artista ech\u00f3 en falta algunos libros valiosos. Se trataba de ciertos vol\u00famenes que conten\u00edan ilustraciones algo procaces de desnudos femeninos, y una edici\u00f3n de <em>Sittengeschichte des Ersten Weltkrieges<\/em>, (\u201cHistoria de las costumbres de la Primera Guerra Mundial\u201d) de Magnus Hirshfeld, dos tomos llenos de im\u00e1genes muy morbosas, como cad\u00e1veres mutilados por los combates, estampas de los bajos fondos y temas repugnantes, expuestos con un prop\u00f3sito pedag\u00f3gico.<br \/>\nAvisaron a la polic\u00eda criminal, que recab\u00f3 datos de los chicos y chicas que frecuentaban habitualmente la casa de Renau. Entre unos y otros, recordaron que un tal Manfred, visitante ocasional, un muchacho algo reservado que no pertenec\u00eda al grupo de los artistas, y que pasaba el rato ojeando o leyendo libros en la biblioteca, hab\u00eda tenido en sus manos los libros desaparecidos.<br \/>\nLa polic\u00eda le fue a buscar a su casa y encontr\u00f3 los libros encima de la mesa del sal\u00f3n de estar. Llevaron al muchacho a casa de Renau, con el material incautado. Ante el artista, el ladr\u00f3n se derrumb\u00f3. Llor\u00f3 a moco tendido y pidi\u00f3 perd\u00f3n, explicando que se sent\u00eda un pobre desgraciado abandonado por su familia, y argumentos semejantes. Renau fue sensible a ellos y retir\u00f3 la denuncia. Quiz\u00e1 estaba perplejo por el hecho de que en un pa\u00eds socialista quedara resto tan evidente de delincuencia.<\/p>\n<p>El polic\u00eda que hab\u00eda llevado con tanta eficacia el caso qued\u00f3 encantado con el artista exiliado, y confes\u00f3 que le gustar\u00eda ir a charlar con \u00e9l de vez en cuando. Pero no pod\u00eda volver a su casa sin una excusa legal, dada su condici\u00f3n de funcionario de la seguridad. Entonces se le ocurri\u00f3 enviar a su hija Silvia, casi una ni\u00f1a de trece o catorce a\u00f1os, al C\u00edrculo de Dibujo. Una estudiante m\u00e1s en aquel grupo de disidentes en potencia, alimentados en una reserva inagotable de ortodoxia marxista, por un prosovi\u00e9tico incondicional y enemigo del mercado del arte.<\/p>\n<p>Otro Manfred bien distinto fue Manfred Schmidt, en los a\u00f1os 70 un joven con la ilusi\u00f3n de convertirse en galerista de arte. Hoy posee una variada colecci\u00f3n de arte alem\u00e1n contempor\u00e1neo en su casa-galer\u00eda de Koepenick, al este de Berl\u00edn.<\/p>\n<p>Schmidt conoci\u00f3 a Renau en una fiesta de artistas y cineastas con motivo de la presentaci\u00f3n de la pel\u00edcula Blow up, de Antonioni. El futuro galerista sal\u00eda entonces con una chica que hab\u00eda visitado alguna vez el C\u00edrculo de Dibujo de Renau. Esta muchacha hab\u00eda hecho a Manfred algunos comentarios que hab\u00edan despertado su curiosidad por un ciudadano tan at\u00edpico. Cuando le conoci\u00f3 personalmente, al alem\u00e1n le llam\u00f3 la atenci\u00f3n el hecho de que Renau fuera era un espa\u00f1ol bajito que se parec\u00eda a Picasso, algo as\u00ed como un estereotipo nacional. Y que estaba en compa\u00f1\u00eda de una chica tambi\u00e9n bajita, Marta Hofmann. Le cay\u00f3 bien, y le pidi\u00f3 a su amiga que le facilitara una cita para hablar con \u00e9l un rato. Schmidt sin duda calculaba las posibilidades de un artista extranjero, sus contactos, el material que podr\u00eda guardar en su casa.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la primera conversaci\u00f3n, el joven realiz\u00f3 visitas asiduas a Kastanienallee. Le propuso comprarle cuadros o dibujos, pero Renau se neg\u00f3 siempre a vender, seg\u00fan sus arraigadas convicciones. Obtuvo de \u00e9l, no obstante, algunos regalos, como un cart\u00f3n desechado de uno de los murales de Halle, y una reproducci\u00f3n de los Desastres de la Guerra de Goya, obtenida de la plancha original. Con el tiempo, lleg\u00f3 a establecer con Renau una buena amistad.<\/p>\n<p>Schmidt recuerda con humor otro regalo que le hizo el artista, esta vez a la vuelta de cierto viaje a Espa\u00f1a. En concreto, regresaba de Mallorca, donde hab\u00eda expuesto su obra junto a la de Joan Mir\u00f3, en 1977. El artista hab\u00eda pedido al ya galerista que le fuera a buscar a la estaci\u00f3n de Friedrichstrasse, uno de los puntos de contacto entre los dos Berlines, porque ven\u00eda cargado, y adem\u00e1s le tra\u00eda un regalo. En cuanto cumplimentaron los tr\u00e1mites fronterizos y aduaneros y salieron del Palacio de las L\u00e1grimas, Renau le ense\u00f1\u00f3 un voluminoso paquete, advirti\u00e9ndole que era su regalo, pero que se lo entregar\u00eda al d\u00eda siguiente en su casa a mediod\u00eda. La imaginaci\u00f3n de Schmidt se dispar\u00f3. Lleg\u00f3 a pensar que se trataba de una pieza del mism\u00edsimo Mir\u00f3. Al abrirlo llegado el momento, descubri\u00f3 con pasmo que se trataba de una reproducci\u00f3n a escala de la carabela Santa Mar\u00eda, que se encuentra en el puerto de Mallorca.<\/p>\n<p>Otra significativa an\u00e9cdota entre el galerista y Renau tuvo lugar una ma\u00f1ana de invierno en la estaci\u00f3n suburbana de Schoeneweide, quiz\u00e1 en 1972. Schmidt ten\u00eda que trasladarse a la ciudad de Halle por alg\u00fan asunto, y se dispon\u00eda a hacerlo en un achacoso autom\u00f3vil de fabricaci\u00f3n sovi\u00e9tica. Pero el tiempo era tormentoso y las comunicaciones estaban muy mal por las heladas. Schmidt renunci\u00f3 a ir en coche, y decidi\u00f3 coger el tren en la estaci\u00f3n que le pillaba m\u00e1s cerca de casa. Se encontr\u00f3 con una multitud rebosando el and\u00e9n. En mitad de la gente descubri\u00f3 a un se\u00f1or bajito con sombrero y abrigo de verano. Era Renau, en compa\u00f1\u00eda de Marta Hofmann, que tambi\u00e9n viajaban a Halle.<br \/>\nDe pronto se dispar\u00f3 su astucia y tuvo una idea provechosa. Busc\u00f3 al jefe de estaci\u00f3n y le dijo que ten\u00eda que dar un tratamiento especial a un anciano h\u00e9roe antifascista, gran artista extranjero. El argumento era discutible, pero los hechos ciertos. Y funcion\u00f3. Les metieron en un departamento para ellos solos en uno de los vagones del atiborrado tren. Al arrancar el convoy, se asom\u00f3 una mujer joven con una ni\u00f1a y pregunt\u00f3 si pod\u00eda ocupar los asientos libres, lo cual le permitieron encantados. Al cabo, Renau, que deb\u00eda estar de un humor excelente, se puso a contar chistes verdes. Seg\u00fan Marta Hofmann, lo hac\u00eda siempre en presencia de chicas guapas. Pero en ese caso, la chica guapa tambi\u00e9n era algo pacata y se escandaliz\u00f3, tom\u00f3 a su hija y se fue del departamento mascullando contra aquel extranjero tan impertinente.<\/p>\n<p>Schmidt se dejaba caer algunos fines de semana por Kastanienallee. En verano la casa estaba llena de chicos y chicas en cueros, algo que hasta al propio galerista le llamaba la atenci\u00f3n, sobre todo cuando empezaban a mojarse entre ellos con la manga riega y Renau se divert\u00eda haciendo fotos. Al evocar estas im\u00e1genes, Schmidt estima que esa reacci\u00f3n er\u00f3tica de Renau es propia de artistas en decadencia f\u00edsica. El caso m\u00e1s conocido es el de Picasso.<\/p>\n<p>Una \u00faltima y significativa an\u00e9cdota que Manfred Schmidt evoca de Renau, y que a\u00f1ade un nuevo argumento a mi teor\u00eda de su optimismo ingenuo es la siguiente. Un uno de enero de finales de los 70, Schmidt fue a felicitarle el A\u00f1o Nuevo a Kastanienallee. Se encontr\u00f3 al anciano en la cocina, con los ojos brillantes de emoci\u00f3n. Le explic\u00f3 que se acababa de producir el encuentro deseado entre los intelectuales y la clase proletaria. Le acababan de visitar unos basureros, para desearle un pr\u00f3spero reci\u00e9n nacido a\u00f1o. Esa costumbre es hoy desconocida en casi todo el mundo occidental. Pero todav\u00eda no hace veinticinco a\u00f1os, tambi\u00e9n en las grandes ciudades espa\u00f1olas, las viviendas de los ciudadanos eran visitadas por un torrente de barrenderos, serenos, repartidores de butano, porteros de fincas, etc, que entregaban una tarjeta y solicitaban el aguinaldo. Se conoce que Renau hab\u00eda olvidado esta costumbre, que en su ni\u00f1ez y juventud era com\u00fan en Valencia, igual que en Madrid o Barcelona. Y lo \u00fanico que se le ocurri\u00f3 fue dar a cada amable proletario un beso de agradecimiento. Sencillamente, no se lo ocurri\u00f3 darles una propina o una copa de brandy, y no por falta de generosidad, habiendo sido toda la vida un hombre espl\u00e9ndido. No se le ocurri\u00f3\u2026 o no quiso. Seg\u00fan Schmidt, la idea de dar dinero a un proletario por su cara bonita era aberrante en Renau, tan inaceptable como dar una limosna.<\/p>\n<\/div><\/div><div  class=\"empty-space  marg-lg-b15\"><\/div>[vc_single_image image=&#8221;8417&#8243; img_size=&#8221;large&#8221; add_caption=&#8221;yes&#8221; alignment=&#8221;center&#8221;]<div  class=\"empty-space  marg-lg-b15\"><\/div>[\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column]<div class=\"text-block\" ><div class=\"simple-text size-4\"><p>La evoluci\u00f3n del pensamiento est\u00e9tico-ideol\u00f3gico de Renau (es imposible hacer dos apartados, ambos van entrelazados) es dif\u00edcil de seguir. Contamos con algunos datos objetivos que nos permiten vislumbrar que estaba sufriendo un cambio.<\/p>\n<p>Para empezar, Renau se distancia del PCE en julio de 1972. Env\u00eda una carta al Comit\u00e9 Ejecutivo, con su dimisi\u00f3n irrevocable de su puesto en el Comit\u00e9 Central, despu\u00e9s de cinco a\u00f1os de \u201cauto-ostracismo\u201d, en los que no hab\u00eda recibido ninguna respuesta a sus comentarios escritos. Da las causas, desacuerdos en tres problemas fundamentales: la actitud del partido frente al mundo socialista, frente al imperialismo norteamericano y en su pol\u00edtica de alianzas.<\/p>\n<p>Lejos de parecer que se distancia de la ortodoxia, Renau se apoya en ella para librarse de algo que consideraba un lastre. Cada vez manten\u00eda menos contactos con sus camaradas espa\u00f1oles en Berl\u00edn. Casi ninguno desde 1968, cuando se produjo la invasi\u00f3n de Checoslovaquia.<\/p>\n<p>Contrastando los argumentos declarados en esta carta de renuncia a su responsabilidad militante con las declaraciones que le hizo a Manfred Schmidt en 1977, descubrimos una raz\u00f3n mucho m\u00e1s s\u00f3lida, y sobre todo personal, que la fidelidad a la doctrina. Refiri\u00e9ndose a la relaci\u00f3n del PCE con los artistas, en especial con los artistas espa\u00f1oles, Renau asegura que \u201cdel realismo socialista se fueron al otro extremo\u201d. Dice que el partido se desentendi\u00f3 del arte por completo y que s\u00f3lo le interesaba por puro oportunismo. Esto es lo que de verdad pensaba Renau y lo que exteriorizaba, confidencialmente, a su amigo el galerista. Lleg\u00f3 a afirmar: \u201cLos pintores ten\u00edan valor si firmaban un manifiesto sobre Vietnam o contra Franco. Era una cosa pol\u00edtica, puro pragmatismo. Eso me amarg\u00f3 mucho.\u201d<\/p>\n<p>En cierta forma, da la impresi\u00f3n de que a Renau la ortodoxia empezaba a importarle un pimiento o que la reservaba como referencia para no perderse en disquisiciones te\u00f3ricas en las que nunca se hab\u00eda sentido a gusto. Pero, si leemos con cuidado las incontables entrevistas que le hicieron en Espa\u00f1a, veremos que sus cimientos ideol\u00f3gicos eran los mismos, lo que hab\u00eda cambiado era el mundo, lo exterior a Renau, la aplicaci\u00f3n de esa ortodoxia. Renau afirma una y otra vez que se puede ser comunista y artista fiel a la est\u00e9tica de su tiempo, pero que es una hipocres\u00eda autoproclamarse \u201cvanguardista\u201d a base de firmar manifiestos.<\/p>\n<p>Un hecho relevante que tambi\u00e9n arroja luz sobre la actitud de Renau hacia el \u201cSistema\u201d o el \u201cAparato\u201d en el cual viv\u00eda son sus contactos con el cantante Wolf Biermann, expulsado de la RDA en 1976. En realidad fue un portazo m\u00e1s que una expulsi\u00f3n. Las autoridades de Pankow le ten\u00edan en el punto de mira de los disidentes peligrosos, pero no se atrev\u00edan a encarcelarlo porque habr\u00eda sido un esc\u00e1ndalo internacional, y aprovecharon una gira en la Rep\u00fablica Federal, donde hizo algunos comentarios cr\u00edticos sobre la RDA, para negarle la entrada a su vuelta a casa.<\/p>\n<p>El historiador del arte Gehrard Haupt recuerda que, cuando expulsaron a Biermann de la RDA, un grupo de j\u00f3venes artistas e intelectuales pidieron a Heiner M\u00fcller, renombrado dramaturgo alem\u00e1n y entonces director del Deutsche Theater, una de las instituciones de la cultura oficial, que les permitiera organizar all\u00ed un acto de protesta. M\u00fcller les contest\u00f3 que Biermann no era un problema de la categor\u00eda de Sur\u00e1frica, y les neg\u00f3 el teatro.<\/p>\n<p>Como se ver\u00e1 a continuaci\u00f3n, Renau no sent\u00eda ninguna simpat\u00eda por las ideas de Wolf Biermann. Y eso que lleg\u00f3 a conocerlas de primera mano.<\/p>\n<p>En las cintas de Schmidt, grabadas en 1977, la conversaci\u00f3n deriva en cierto momento hacia las tendencias art\u00edsticas en la RDA. Recuerda el galerista que \u201cdesde hace m\u00e1s o menos cuatro a\u00f1os se exponen en la RDA todas las tendencias art\u00edsticas sin restricciones, incluidas las abstractas.\u201d Es decir, desde 1972.<\/p>\n<p>Renau interviene:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 80px;\"><em>Yo cre\u00eda antes que el partido no dejaba trabajar a buenos pintores [por no seguir las indicaciones de la l\u00ednea oficial]. Pero en la primera exposici\u00f3n que hubo aqu\u00ed [no cita la fecha], yo fui con Waltraud y hab\u00eda m\u00e1s de 800 cuadros. Todos de caballete. Todo el mundo hab\u00eda sacado lo que ten\u00eda. Cuando das libertad, pintar no es f\u00e1cil. Cualquier estilo. Ni surrealismo ni cubismo ni nada.<\/em><\/p>\n<p>Hace a continuaci\u00f3n una referencia denigratoria del escritor ruso Solzenitsin, que viv\u00eda en Occidente desde hac\u00eda algunos a\u00f1os, calificando su obra, desde que tuvo \u201clibertad\u201d para crear, de pura basura. Y termina recabando en Wolf Biermann, a quien sit\u00faa en un mismo nivel.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 80px;\"><em>En el caso de Biermann, aqu\u00ed metieron la pata de una manera\u2026 Si yo hubiera sido el jefe del partido\u2026 Se le dej\u00f3 salir y cant\u00f3 sobre la\u2026 Yo le hubiera dejado\u2026 \u00a1Silencio! Y s\u00f3lo con que hubiera querido volver a entrar\u2026, no, aqu\u00ed no entras t\u00fa y nada m\u00e1s. No habr\u00eda habido esc\u00e1ndalo si no se le hubiera dado importancia. Yo conoc\u00ed a Biermann, estuvo aqu\u00ed de visita, varias veces. Vino \u00e9l a buscarme, para charlar. Tra\u00eda a una amiga, esa que habla franc\u00e9s, que es una actriz, Brigite Subirance, muy inteligente ella. Pero \u00e9l no era un tipo excepcional, le han dado importancia. Son unos burros, son funcionarios miedosos.<\/em><\/p>\n<p>La primera parte de esta declaraci\u00f3n de Renau refleja lo que pas\u00f3 en noviembre de 1976. Parece que no objetaba la decisi\u00f3n gubernamental de no dejarle regresar, a no ser que interpretemos la grabaci\u00f3n con alguna reserva, porque no siempre lo que se oye en un magnet\u00f3fono refleja lo que se ha dicho, pues la cinta de audio no graba los gestos ni las miradas.<\/p>\n<p>La segunda parte implica que Biermann estuvo en Kastanienallee, y no s\u00f3lo una tarde. Cabe preguntarse qu\u00e9 buscaba Biermann en casa de Renau, o qu\u00e9 esperaba encontrar. En cualquier caso, Renau tuvo oportunidad de enterarse bien de los reproches que Biermann hac\u00eda a la RDA. Una curiosidad es la diferencia de calificativos que le merecen el cantante y \u201csu amiga\u201d, la actriz Brigitte Subirance. \u00c9sta le parece muy inteligente, y si \u00e9l lo dice, seguro que lo era. De Biermann asegura que no era un tipo excepcional y que se le dio demasiada importancia. \u00bfCu\u00e1ndo estuvo el cantautor en Kastanienallee? Marta Hofman no recuerda la visita, de forma que tuvo que ser anterior a 1971.<br \/>\nMerece especial menci\u00f3n un disgusto que la Stasi le dio a Renau en el oto\u00f1o de 1974. En su Archivo vemos que, un a\u00f1o despu\u00e9s de cierto incidente, el exiliado env\u00eda una carta al camarada Generalmajor Ende, Presidente de la Volkspolizei, o Polic\u00eda Popular (los famosos vopos). Se queja amarga y en\u00e9rgicamente de que le negaran el visado para pasar a Berl\u00edn Occidental a dictar una conferencia el 20 de diciembre de 1974. Se lo concedieron a Marta, pero no a \u00e9l. El capit\u00e1n Banatzky de la Volkspolizei, que le atendi\u00f3, lo hizo de un modo seco y protocolario. El exiliado pide que se le den por escrito las razones de tal comportamiento oficial.<\/p>\n<p>Parece que a Renau no le vali\u00f3 para nada con el capit\u00e1n Banatzky eso de \u201custed no sabe con qui\u00e9n est\u00e1 hablando.\u201d<\/p>\n<p>\u00bfFue un accidente casual, un empecinamiento burocr\u00e1tico, o hab\u00eda una intenci\u00f3n insidiosa de fastidiar al artista, avis\u00e1ndole de que estaba jugando con el fuego peligroso de la disidencia? Quiz\u00e1 los archivos de la Stasi puedan arrojar luz sobre el enigma. Aunque la indagaci\u00f3n que yo he intentado ha sido infructuosa. Seg\u00fan la burocracia germano occidental que los controla, en el expediente de Renau s\u00f3lo existen dos recortes de peri\u00f3dico. A m\u00ed esto me parece incre\u00edble.<\/p>\n<p>Concluiremos este asunto con la visi\u00f3n que de Renau me dio Nuria Quevedo, la pintora que tambi\u00e9n fue militante del la organizaci\u00f3n del PCE en Berl\u00edn.<\/p>\n<p>Dice Nuria que a partir del 75-76 hubo un retroceso pol\u00edtico, evidenciado con la expulsi\u00f3n de Wolf Biermann. Esto provoc\u00f3 una gran conmoci\u00f3n entre los intelectuales y los artistas. Muchos firmaron una carta al SED para que no se le expulsara. Entre los firmantes estaban Christa Wolf (novelista de renombre) y Fritz Cremer (escultor que luego retir\u00f3 su firma, igual que hicieron otros, por presiones gubernamentales). Nuria firm\u00f3 y no se ech\u00f3 para atr\u00e1s. Otros que tampoco se retractaron pasaron malos tiempos, se quedaron sin encargos o sin trabajo y tuvieron que ganarse la vida de otra manera, cosa que tampoco era ni tan dif\u00edcil ni tan dura, sostiene la hija de exiliados espa\u00f1oles. Teresa Renau pag\u00f3 tambi\u00e9n cara su independencia de criterio manifestada ya en 1968, a ra\u00edz de la invasi\u00f3n de Checoslovaquia. Jam\u00e1s la admitieron en la Kunstverein o asociaci\u00f3n de artistas, requisito imprescindible para encontrar trabajos regulares.<\/p>\n<p>En mayo de 1973 Renau consider\u00f3 la posibilidad de construirse un taller en el jard\u00edn de su casa. As\u00ed consta en la documentaci\u00f3n almacenada en su Archivo. Se trata de un proyecto muy documentado para la edificaci\u00f3n de un estudio de arte, que deber\u00eda levantarse en Kastanienallee. El dise\u00f1o era de Renau y deber\u00eda realizarlo o lo firmaba el arquitecto P. Flierl. En esos momentos, el artista finalizaba sus murales de Halle, y emprend\u00eda nuevos encargos, consecuencia de la fama que el artista estaba adquiriendo por la monumentalidad de su trabajo. Adem\u00e1s, quiz\u00e1 deseara tener m\u00e1s espacio para poder impartir sus clases. Finalmente, no se llev\u00f3 a cabo. El arquitecto Peter Flierl recuerda vagamente ese proyecto, y no sabe por qu\u00e9 se interrumpi\u00f3.<\/p>\n<p>Habr\u00eda sido el mejor lugar para la realizaci\u00f3n de un encargo extraordinario que le hicieron a Renau\u2026 y que tampoco lleg\u00f3 a convertirse en realidad.<\/p>\n<p>En este caso se le hab\u00eda invitado a participar en la \u201cdecoraci\u00f3n\u201d interna del Palast der Republik, un inmenso y moderno edificio que el gobierno de Honecker decidi\u00f3 levantar en el solar del antiguo Schloss o palacio de los antiguos electores de Brandemburgo y luego Kaisern (reyes) de Prusia.<br \/>\nLas peripecias de ese antiguo palacio aristocr\u00e1tico y su transformaci\u00f3n en palacio del pueblo constituyen un cap\u00edtulo m\u00e1s del Libro de los Errores y Barbaridades de la RDA.<\/p>\n<p>El Stadtschloss, palacio o castillo de la ciudad de Berl\u00edn (en realidad, de la ciudad de C\u00f6ln, pegada a la primera, pero en el lado occidental del r\u00edo Spree), desde su primera edificaci\u00f3n a mediados del siglo XV hab\u00eda sufrido una suerte de maldici\u00f3n de S\u00edsifo: fue construido, derruido, reconstruido y reformado a lo largo de cinco siglos en todos los estilos arquitect\u00f3nicos, desde al g\u00f3tico al neocl\u00e1sico. Sus \u00faltimos retoques datan de mediados del siglo XIX, aunque el magn\u00edfico edificio barroco fue concebido por Andreas Schl\u00fcter al inicio del siglo XVIII.<\/p>\n<p>Como hemos apuntado en el cap\u00edtulo anterior, el 9 de noviembre de 1918, el socialista independiente Karl Liebneck se asom\u00f3 al balc\u00f3n de la fachada principal del Stadschloss y proclam\u00f3 una ef\u00edmera rep\u00fablica socialista cuya existencia no lleg\u00f3 a conocerse ni en Alexanderplatz, a quinientos metros de all\u00ed. Acababa de bajar de un taxi a la puerta del palacio, ocupado por marinos revolucionarios, y al terminar el discurso tuvo la humorada de desnudarse y meterse en el mism\u00edsimo lecho del Kaiser Guillermo, seg\u00fan presenci\u00f3 el periodista norteamericano Ben Hecht. Hecht fue luego uno de los mejores guionistas de Hollywood.<\/p>\n<p>Las bombas y obuses que llovieron torrencialmente sobre Berl\u00edn durante el invierno y la primavera de 1945 dejaron el palacio tocado, pero no destruido. Los dirigentes de la RDA desde\u00f1aron su rehabilitaci\u00f3n, igual que hicieron con la Catedral de Berl\u00edn, situada al otro lado de la calle (rebautizada, como era inevitable, Karl Liebneck). Pero un a\u00f1o despu\u00e9s de instaurarse la Rep\u00fablica Democr\u00e1tica, se decidi\u00f3 que el Stadtschloss era un s\u00edmbolo del imperialismo prusiano, de la odiosa aristocracia teutona y de cuanto abominable ten\u00eda el Antiguo R\u00e9gimen, y se procedi\u00f3 a su eliminaci\u00f3n del mapa urbano. Entre septiembre y diciembre de 1950 el palacio se fue demoliendo y dinamitando hasta convertirse en un solar. Y as\u00ed permaneci\u00f3 hasta que, catorce a\u00f1os despu\u00e9s, empez\u00f3 a poblarse de gr\u00faas y andamios.<\/p>\n<p>En el invierno de 1974 el entonces ministro de Cultura de la RDA, Hans- Joachim Hoffmann, envi\u00f3 una carta a 19 artistas, invit\u00e1ndoles a participar en una reuni\u00f3n oficial en la que se discutir\u00eda c\u00f3mo pod\u00edan contribuir los pintores y los escultores a embellecer al interior del futuro <em>Palast der Republik<\/em>. Ser\u00eda \u00e9ste un inmenso cubo de hierro y metal que albergar\u00eda la <em>Volkskammer<\/em> o C\u00e1mara del Pueblo, diversos auditorios y salas de teatro, un restaurante de alta categor\u00eda (pero a precios populares), salas de exposiciones, despachos y escaleras sin cuento, y en especial un zagu\u00e1n o foyer de 40 por 80 metros, en el que se pretend\u00eda instalar una exposici\u00f3n permanente del arte moderno de Alemania Oriental. Renau fue uno de los pocos artistas extranjeros invitados. Uno m\u00e1s. Y ha de tenerse en cuenta el punto de vista de quien enviaba las invitaciones, un bur\u00f3crata selecto del aparato. Renau se iba a encontrar en la cita del ministerio con viejos enemigos, como Ren\u00e9 Graetz, con colegas que no sent\u00edan ninguna predilecci\u00f3n por \u00e9l, como Wolfgang Mattheuer, y con competidores astutos, como Walter Womacka. Este \u00faltimo, director de la Escuela de Bellas Artes de Berl\u00edn, hab\u00eda obligado a Marta Hofmann, entonces matriculada en la instituci\u00f3n, a abandonarla, por el simple hecho de ser alumna y convivir con Renau.<\/p>\n<p>Dos veces fui ex matriculada de la escuela de la Weisensee, pero, gracias a la intervenci\u00f3n de Renau en el Comit\u00e9 Central, se me permiti\u00f3 hacer el diploma de pintura con Renau como mentor. Soy su \u00fanica alumna oficial. Imag\u00ednate lo que eso significaba para los profesores alemanes en la escuela (Womacka, rector, Braudel, jefe de la secci\u00f3n de Pintura, etc.), que tuvieron que darme el diploma con la rabia que le ten\u00edan a la estudiante resistente, indisciplinada y caradura que les cay\u00f3 encima, y que s\u00f3lo hac\u00eda lo que le dec\u00eda Renau.<\/p>\n<p>La argentina recuerda que al vest\u00edbulo del <em>Palast der Republik<\/em> le llamaban \u201cla tienda de l\u00e1mparas\u201d, porque hab\u00eda multitud de ellas colgando del alt\u00edsimo techo. Ten\u00eda dos pisos sobre columnas en los laterales, tras las cuales, y en las paredes, se hab\u00eda proyectado colgar grandes cuadros. Los pintores m\u00e1s importantes eligieron el piso bajo, a los menos importantes se les envi\u00f3 al segundo piso.<\/p>\n<p>Renau dedic\u00f3 un minucioso estudio a su proyecto, que iba a resultar heterodoxo y provocador, a los ojos de sus colegas poco predispuestos hacia \u00e9l. Utiliz\u00f3 el cart\u00f3n que hab\u00eda preparado para el vest\u00edbulo del edificio tecnol\u00f3gico de Wuhlheide, llamado <em>El Futuro Trabajador del Comunismo o El Ser Humano como Dominador de la Ciencia y la T\u00e9cnica,<\/em> el muchacho melanc\u00f3lico rodeado de rayos y centellas. Su idea era colocarlo en un panel trapezoidal con dos caras. Para la segunda no ofreci\u00f3 ninguna idea, de lo que acaso pueda deducirse que ced\u00eda el espacio a otro artista. Esto es lo que consta en su Archivo. La realidad parece algo m\u00e1s compleja. Seg\u00fan varios testimonios (Marta Hofmann, Manfred Schmidt, Bruno Flierl y Karlheinz Barck), lo que Renau propuso fue una idea global bastante sensata y a la vez ambiciosa, pero inaceptable para sus colegas. Ni m\u00e1s ni menos que dirigir el proyecto. \u201cDirigir\u201d quiz\u00e1 no era la propuesta exacta de Renau, aunque es lo que los dem\u00e1s entendieron al o\u00edr hablar de un colectivo de trabajo que, o bien desarrollar\u00eda un mural corrido (o en paneles situados en el centro del vest\u00edbulo), o bien dejar\u00eda que cada artista lo plasmara a su modo, pero seg\u00fan una sola idea. Cabe imaginar la reacci\u00f3n de Ren\u00e9 Graetz, que hab\u00eda tenido un encontronazo con Renau con motivo de los murales de Halle, y las impresiones que transmitir\u00eda a sus colegas sobre la idea de \u201ccolectivo\u201d del pintor espa\u00f1ol.<br \/>\nRenau hizo fotos de su proyecto, dio una charla, pero los pintores no pusieron mucho inter\u00e9s.<br \/>\nAs\u00ed es como lo contaba dos a\u00f1os despu\u00e9s el propio Renau a Schmidt, seg\u00fan consta en las cintas grabadas por el galerista.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 80px;\"><em>Estaban todos los pintores de la DDR. Todos. Y el \u00fanico que critic\u00f3 algo fui yo, un extranjero. Yo estaba colorado. S\u00f3lo Roland Paris me defendi\u00f3. Pero nadie dijo nada en contra tampoco. Se hicieron tres reuniones. Estaban Hoffmann [el ministro] y un representante directo de Honecker. Pero los pintores, ni una cr\u00edtica. La \u00fanica, la m\u00eda. Y no se dijo nada en contra de mi cr\u00edtica. Y luego, cuando t\u00fa estuviste [Schmidt], una cr\u00edtica y tres propuestas.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 80px;\"><em>Eso se acept\u00f3. Hab\u00eda 4 muros de 24 metros y un balc\u00f3n en un segundo piso. Y la cosa fue dividir cada muro en cuatro partes de seis metros. Pero sigue siendo una mala soluci\u00f3n. En el plan original hab\u00eda cuatro colectivos, uno para cada mural de 24 metros. Era muy ejemplar. Mi propuesta cay\u00f3 bien. Pero al final, hicieron 16 trozos, justo un trozo para cada uno, y ning\u00fan colectivo. Se dijo que mi propuesta estaba en contra de la funci\u00f3n cultural del foyer del Palast. Lo que ha pasado es que no hay ninguna funci\u00f3n cultural. La redactora jefe de Spiegel [\u00bfEulenspiegel?], una se\u00f1ora, estaba desesperada, la camarada. Le envi\u00e9 una carta, pero no le gust\u00f3, por miedo.<\/em><\/p>\n<p>Esto \u00faltimo es una afirmaci\u00f3n tremenda, reveladora. Es evidente que Renau se defendi\u00f3 como un gato panza arriba, aunque nadie le hab\u00eda atacado, se hab\u00eda metido \u00e9l solito en el problema. En la grabaci\u00f3n, Schmidt sugiere que los que causaban problemas se quedaban sin trabajo, sin que Renau haga ning\u00fan comentario.<\/p>\n<p>Otro observador privilegiado del conflicto del <em>Palast der Republik<\/em> fue Bruno Flierl, el historiador del arte, hermano del arquitecto Peter y amigo de Renau.<\/p>\n<p>Recuerda que se le pidi\u00f3 al espa\u00f1ol que realizara una propuesta para el vest\u00edbulo, ya construido y dise\u00f1ado sin consultar a ning\u00fan artista. Hab\u00eda la posibilidad de hacer un mural por detr\u00e1s de las columnas.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 80px;\"><em>Renau hizo una propuesta general, cuyos dibujos yo no vi jam\u00e1s, quiz\u00e1 fue una propuesta verbal. Se le pregunt\u00f3 qui\u00e9n iba a hacerlo, y su respuesta fue que pod\u00edan realizarlo seg\u00fan el modelo revolucionario de trabajo colectivo mejicano, cosa ajena a la forma de trabajar de los artistas alemanes, aqu\u00ed cada uno tiene su propia forma de solucionar el reto est\u00e9tico de un edificio p\u00fablico. Esto fue el primer problema. El segundo problema fue la forma de trabajar en colectivo propuesta por Renau. Una vez Renau nos cont\u00f3 en una conferencia para la asociaci\u00f3n de arquitectos que en el gran mural de Siqueiros del Sindicato de Electricistas de M\u00e9jico, Renau hizo los tanques y la maquinaria, los elementos t\u00e9cnicos, porque era el m\u00e1s capacitado. La idea general era de Siqueiros, y cada artista contribu\u00eda de acuerdo con sus capacidades profesionales m\u00e1s desarrolladas. Igual que en el Renacimiento: el maestro tiene la idea, hace la composici\u00f3n y sus ayudantes realizan el cuadro o el fresco. Todo esto hab\u00eda de hacerse bajo la direcci\u00f3n de Renau, un hombre simp\u00e1tico, un buen comunista, aunque ajeno a la tradici\u00f3n de la pintura alemana. Pero result\u00f3 que nadie quiso formar parte de un equipo de trabajo de este modo. No quisieron reconocer la direcci\u00f3n de Renau, algo bastante comprensible.<\/em><\/p>\n<p>Dejando a un lado la propuesta de Renau, los artistas aceptaron el lema propuesto al que deb\u00edan atenerse en sus trabajos: \u201c\u00bfPueden so\u00f1ar los comunistas?\u201d Lo ide\u00f3 el escultor Fritz Cremer, asesor est\u00e9tico del equipo de arquitectos del palacio.<\/p>\n<p>Evoca Bruno Flierl:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 80px;\"><em>Y el \u00faltimo problema era: \u00bfqu\u00e9 queremos pintar, qu\u00e9 queremos expresar? Hubo grandes y pol\u00e9micas discusiones, y los alemanes dijeron, bueno, vamos a mirar, cada uno por nuestra cuenta y en paralelo, los lugares y las posibilidades que a cada uno se le ocurre para realizar su propia pintura. Y entonces, Fritz Cremer, un famoso escultor que dirig\u00eda la asociaci\u00f3n de escultores y pintores, dijo: bien, necesitamos una idea com\u00fan, y puede ser: vamos a so\u00f1ar con otra forma de vida, vamos a so\u00f1ar con el comunismo. Una idea bien abstracta y simb\u00f3lica, pero con un abanico inmenso de interpretaciones. Y para legalizar esta idea us\u00f3 una cita de Lenin: \u201cLos comunistas tienen derecho a so\u00f1ar\u201d, algo que en tiempos de Stalin fue desplazado del centro de atenci\u00f3n de los artistas por los militares y los t\u00e9cnicos de la industrializaci\u00f3n, que no se pod\u00edan permitir ning\u00fan sue\u00f1o. Para Cremer y los artistas era una manera de criticar el punto de vista obtuso de los funcionarios del partido, que hab\u00edan olvidado que los sue\u00f1os eran necesarios en la vida.<\/em><\/p>\n<p>Uno pint\u00f3 los cr\u00edmenes y los peligros de la historia alemana reciente, el odio contra el imperialismo prusiano, otros hicieron maravillosos paisajes, ciudadanos ba\u00f1\u00e1ndose en hermosas playas, etc. El resultado final no fue una exposici\u00f3n tem\u00e1tica, sino una mezcla ecl\u00e9ctica, donde predominaban las buenas intenciones acerca del futuro. Pero tambi\u00e9n hubo casos como el de Mattheuer, que pint\u00f3 un gran lienzo dividido en dos partes, la de abajo, una inmensa colina verde con una familia, un hombre con un ni\u00f1o en sus hombros y una mujer con un ni\u00f1o en brazos ascendiendo la colina, y la otra mitad era un maravilloso paisaje que surg\u00eda tras la colina, con un cielo azul pur\u00edsimo, autopistas, f\u00e1bricas muy bonitas, bosques, todo en tonos muy claros. El contraste es la colina, que est\u00e1 en la sombra, y las caras tambi\u00e9n est\u00e1n en sombra. En lo m\u00e1s alto del cuadro hay una cruz formada por los chorros de dos reactores que se han cruzado, aunque no se ven. Esto es un s\u00edmbolo de \u201celiminado\u201d, tachado. La belleza lejana est\u00e1 prohibida o es inalcanzable. La familia parte de un paisaje oscuro. No era una cr\u00edtica abierta, pero mostraba que la vida estaba llena de contradicciones, y que la propaganda oficial era una falsedad. La pintura se colg\u00f3 en el vest\u00edbulo, naturalmente, con las dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Los artistas pudieron exponer sus ideas y bocetos antes de realizarlas. Fue en el mismo vest\u00edbulo. Marta Hofmann acudi\u00f3 acompa\u00f1ando a Renau, como se hab\u00eda convertido en costumbre. El artista espa\u00f1ol comprob\u00f3 que su propuesta hab\u00eda ca\u00eddo en saco roto, y dio rienda suelta a su socarroner\u00eda valenciana, sugiriendo que se instalara en el foyer un sistema de sem\u00e1foros que permitiera a los visitantes recorrerlo sin estorbarse para ver los cuadros colgados al fondo, tras las columnas, que a la vez imped\u00edan una perspectiva mayor. Pasearon por entre los cartones y dibujos, y al llegar al boceto de Womacka, la argentina no pudo evitar un comentario en alem\u00e1n sobre el parecido entre el tema y un mural de Orozco sobre la figura de Prometeo, que conoc\u00eda por los libros de Renau. Todo el mundo lo escuch\u00f3, pero nadie se dio por enterado, incluido el aludido.<\/p>\n<p>El espa\u00f1ol fue de los pocos que se retiraron del proyecto, algo casi quijotesco, porque lo pagaban extraordinariamente bien. Pero Renau no soportaba participar en una \u201cexposici\u00f3n\u201d de individualidades.<\/p>\n<\/div><\/div>[\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column]<div  class=\"empty-space  marg-lg-b20\"><\/div>[vc_btn title=&#8221;Lea o descargue este cap\u00edtulo en PDF&#8221; color=&#8221;info&#8221; align=&#8221;center&#8221; i_icon_fontawesome=&#8221;fa fa-file-pdf-o&#8221; button_block=&#8221;true&#8221; add_icon=&#8221;true&#8221; link=&#8221;url:https%3A%2F%2Fagroicultura.com%2Fgeneral%2Fwp-content%2Fuploads%2F2022%2F04%2F19-Bio-Renau-Capitulo-19-copia.pdf||target:%20_blank|&#8221;]<div  class=\"empty-space  marg-lg-b20\"><\/div>[\/vc_column][\/vc_row]<\/p>\n<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[vc_row][vc_column][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=&#8221;8411&#8243; img_size=&#8221;large&#8221; add_caption=&#8221;yes&#8221; alignment=&#8221;center&#8221;][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=&#8221;14664&#8243; img_size=&#8221;large&#8221; add_caption=&#8221;yes&#8221; alignment=&#8221;center&#8221;][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=&#8221;8421&#8243; img_size=&#8221;large&#8221; add_caption=&#8221;yes&#8221; alignment=&#8221;center&#8221;][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=&#8221;8417&#8243; img_size=&#8221;large&#8221; add_caption=&#8221;yes&#8221; alignment=&#8221;center&#8221;][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_btn title=&#8221;Lea o descargue este cap\u00edtulo en PDF&#8221; color=&#8221;info&#8221; align=&#8221;center&#8221; i_icon_fontawesome=&#8221;fa fa-file-pdf-o&#8221; button_block=&#8221;true&#8221; add_icon=&#8221;true&#8221; link=&#8221;url:https%3A%2F%2Fagroicultura.com%2Fgeneral%2Fwp-content%2Fuploads%2F2022%2F04%2F19-Bio-Renau-Capitulo-19-copia.pdf||target:%20_blank|&#8221;][\/vc_column][\/vc_row]<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":11018,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[521,25,510],"tags":[],"class_list":["post-14661","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-biografia-actualidaza","category-cultura-y-comunicacion","category-series"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/Renau-und-Rosita-1977.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p4Dh6a-3Ot","jetpack-related-posts":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14661","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=14661"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14661\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":14783,"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14661\/revisions\/14783"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/media\/11018"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=14661"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=14661"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=14661"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}