{"id":15193,"date":"2022-09-30T17:32:36","date_gmt":"2022-09-30T15:32:36","guid":{"rendered":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/?p=15193"},"modified":"2023-04-23T20:11:07","modified_gmt":"2023-04-23T18:11:07","slug":"la-formacion-del-novelista-baroja-la-novela-y-yo-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/la-formacion-del-novelista-baroja-la-novela-y-yo-2\/","title":{"rendered":"La formaci\u00f3n del novelista (Baroja, la novela y yo, 2)"},"content":{"rendered":"<div class=\"wpb-content-wrapper\"><p>[vc_row][vc_column]<div class=\"text-block\" ><div class=\"simple-text size-4\"><p>Una serie de<strong> Fernando Bell\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>\u00a0<\/strong><strong>Cuatro<\/strong><\/p>\n<p>Mi salto de Azor\u00edn a Baroja fue traum\u00e1tico. En viejos papeles de mi adolescencia compruebo que mi estilo fue azoriniano hasta los 17 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Es posible que el tr\u00e1nsito me lo facilitara un disgusto en la primavera de 1967. Reci\u00e9n muerto Azor\u00edn, tuve la desafiante idea de redactar una carta con ret\u00f3rica estereotipada y doliente, que pas\u00e9 por el aula de primero de Comunes de Filosof\u00eda y Letras para obtener firmas. Dice el ABC del viernes 19 de mayo de aquel a\u00f1o, que \u201cacompa\u00f1an el texto m\u00e1s de cien firmas\u201d. Recuerdo lo mal que lo pas\u00e9 con el papelito en la mano, autor de algo que no ten\u00eda que ver ni con la guerra de Vietnam, ni con la democratizaci\u00f3n del R\u00e9gimen, ni con los problemas que se viv\u00edan en aquel entonces y a los que se hac\u00eda frente con abajofirmantes. Casi todas estaban cocinadas por grupos clandestinos (poco clandestinos, la verdad) o interesados. La m\u00eda era un producto de la espontaneidad, el fervor y la inocencia.<\/p>\n<p>Compr\u00e9 el ABC durante varios d\u00edas hasta que vi la carta: \u201cFirmas mozas en homenaje al maestro Azor\u00edn\u201d. La \u00fanica firma que recog\u00eda el diario era de <em>I. Dorado Nieto<\/em>. Nunca supe qui\u00e9n era, uno de los que firmaron m\u00e1s cerca del texto. Si lo hubiera conocido, le habr\u00eda buscado y le habr\u00eda abroncado, a sabiendas de que la culpa de mi anonimato era de mi ingenuidad.<\/p>\n<p>Yo quer\u00eda haber utilizado la carta con mi firma para exhibirla donde pudiera hacer efecto, y me tuve que guardar el recorte, hoy amarillento, pegado en un cart\u00f3n.<\/p>\n<p>Copia literal de un manuscrito a estilogr\u00e1fica, con letra peque\u00f1ita y legible, fechado el 26-5-66, cuando yo estudiaba Preuniversitario en un colegio de curas. Se titula \u201cEl Mar\u201d.<\/p>\n<p><em>Estoy sentado en el asa de un botijo. Del pitorro sale agua porque yo le aprieto el techo. Debajo de m\u00ed hay una mujer duch\u00e1ndose. El agua sale fresca y clara. <\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Lejos, una casa con una chimenea negra coronada de un filete blanco. Yo, en un acantilado, sobre la agarradera roja de un botijo que rezuma.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Miro hacia abajo y no me da v\u00e9rtigo. De la pared brotan unas rocas cubiertas de verde. Hay unas chumberas en el recuesto con pintitas negras. La palas de los nopales son traidoras. Pienso que las toco; en mis manos noto calambre y dolor. Retuerzo y sobo las manos. Las veo llenas de miedo y extra\u00f1eza. Las hojas gruesas est\u00e1n lejos y yo durmiendo en el asa roja no puedo doblar los dedos. Tengo muchas hormiguitas invisibles que muerden con sus mand\u00edbulas mis palmas.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Me r\u00edo, me r\u00edo a carcajadas. Me hace gracia el mar absurdo que no deja de hacer espuma blanca sobre su lomo. <\/em><\/p>\n<p>Es la primera de cincuenta cuartillas manuscritas con estilogr\u00e1fica. Piezas cortas con t\u00edtulos azorinianos: \u201cKant\u201d, \u201cDeseo (Anhelo pasajero)\u201d, \u201cUna gitana (Sue\u00f1o l\u00facido)\u201d, \u201cLos viejos (Un paseo)\u201d, \u201cEl tren\u201d, \u201cLos mosquitos\u201d; estos tres \u00faltimos m\u00e1s largos.<\/p>\n<p>Una nota muy corta posterior indica que estaba leyendo <em>Los Or\u00edgenes del Espa\u00f1ol<\/em>, de don Ram\u00f3n Men\u00e9ndez Pidal. Dice: \u201cA\u00fan no lo entiendo\u201d.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n encuentro una poes\u00eda a Azor\u00edn que termina as\u00ed:<\/p>\n<p><em>Su estilo es miel sabrosa,<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Azor\u00edn es poeta de la prosa.<\/em><\/p>\n<p>Al revisar estas composiciones advierto que est\u00e1n bien escritas. Pero adem\u00e1s cuentan con un cimiento literario e imaginativo s\u00f3lido, con huellas surrealistas, algo propio del joven Mart\u00ednez Ruiz. Yo entonces ten\u00eda 16 a\u00f1os.<\/p>\n<p>El zambullirme en los papeles manuscritos en mi juventud he encontrado unos quince cuadernos escolares, y en los a\u00f1os de madurez llegu\u00e9 a llenar otros siete u ocho. Tambi\u00e9n he encontrado unas cuarenta carpetas con decenas de folios y holandesas, muchos de ellos a m\u00e1quina. Desde 1985, en que compr\u00e9 mi primer ordenador, debo de tener almacenadas cientos de p\u00e1ginas de procesador de textos.<\/p>\n<p>Esto no lo digo por pavonearme, sino porque la profesi\u00f3n se alcanza con la pr\u00e1ctica.\u00a0 Y todo este material escrito es el fondo del que han ido saliendo las novelas y los relatos colgados en la revista digital <a href=\"http:\/\/perinquiets.com\/novelas-y-relatos\/\"><em>Perinquiets-Libros<\/em><\/a>, de los que tengo por colgar y de los que est\u00e1n\u00a0 saliendo todav\u00eda de mi mano.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Cinco<\/strong><\/p>\n<p>En mi primera novela, escrita en Australia en 1983, un experimento que me aport\u00f3 confianza en mi capacidad literaria, empiezo un cap\u00edtulo con estas palabras: \u201cNo hay maestros. En la vida no hay maestros, no hay doctrina, no hay m\u00e9todo\u201d.<\/p>\n<p>La huella barojiana es incuestionable. Tambi\u00e9n evidencian una preocupaci\u00f3n que me embarg\u00f3 durante d\u00e9cadas. Yo no tuve ning\u00fan maestro vivo, presencial dir\u00edamos ahora. Y como he dicho, cada vez que intentaba encontrarlo me llevaba una decepci\u00f3n o me sent\u00eda un imb\u00e9cil. Una de esas ocasiones me pas\u00f3 en la c\u00e1rcel de Carabanchel, como preso pol\u00edtico (estuve un mes, nada en comparaci\u00f3n con los que llevaban a\u00f1os) en 1974. Se me ocurri\u00f3 ense\u00f1arle unas poes\u00edas amatorias y sociales a Marcos Ana, el poeta del Partido Comunista. Las ley\u00f3 y me dijo que eran t\u00f3picas, que es lo que escrib\u00edan muchos poetas aficionados en prisi\u00f3n, en especial los j\u00f3venes. Me puse rojo de verg\u00fcenza.<\/p>\n<p>No era un maestro y pretend\u00eda serlo, y sus poemas son el colmo del estereotipo. Sinn embargo es posible que Marcos Ana tuviera raz\u00f3n.<\/p>\n<p>Durante mis estudios de periodismo tuvimos un profesor valenciano de Literatura que escrib\u00eda versos y novelas, Alfonso Albalat. Organiz\u00f3 una tertulia con algunos alumnos. En las reuniones destacaba un compa\u00f1ero rengo de una pierna por un accidente de autom\u00f3vil, que despu\u00e9s tom\u00f3 fama en Prisa. Era su verbo navajero, cruel su astucia, su ingenio sarc\u00e1stico, mala su leche, y era de buena familia.<\/p>\n<p>Este chico me cogi\u00f3 una man\u00eda especial, aunque en realidad machacaba a todos los que le discut\u00edan. Siendo un guerrero invencible en estas batallas, no hab\u00eda forma de oponerse a \u00e9l sin salir malherido.<\/p>\n<p>Mi reacci\u00f3n fue bastante simple: me hice comunista. El primer paso fue perder la fe cat\u00f3lica, tr\u00e1nsito que me facilit\u00f3 un jesuita, tambi\u00e9n alumno de la Escuela Oficial de Periodismo, que necesitaba el t\u00edtulo para dirigir un op\u00fasculo. Asist\u00ed a algunos retiros supongo que apost\u00f3licos. Sal\u00ed de ellos hecho un ateo.<\/p>\n<p>El comunismo fue para m\u00ed, adem\u00e1s de un sustituto de la fe cat\u00f3lica, un espacio de seguridad moral y pol\u00edtica, que es lo mismo. Una trinchera frente a la mentira, la vanidad y el medro. Un infeliz como yo lo tom\u00f3 en serio, y casi lo dej\u00f3 todo por la causa. El mes que estuve en la c\u00e1rcel de Carabanchel me sirvi\u00f3 de aviso y correctivo. La teor\u00eda o la hip\u00f3tesis comunista puede parecer loable. Pero la pr\u00e1ctica de la pol\u00edtica comunista es un camino lleno de trampas. Como la de todas las doctrinas realmente existentes, trampas para los ingenuos. En Roma <em>ingenuus<\/em> era el que hab\u00eda nacido libre, y hab\u00eda tenido el camino de la vida despejado; mientras que el liberto, tambi\u00e9n ciudadano, era una segunda categor\u00eda. Estaban acostumbrados a la opresi\u00f3n y al enga\u00f1o, y sab\u00edan abrirse paso con m\u00e1s eficacia. Yo era un ingenuo de la clase media espa\u00f1ola emergente, gracias a la estabilidad y la prosperidad experimentadas durante el franquismo. Es mi memoria hist\u00f3rica, la personal, la \u00fanica que puede haber.<\/p>\n<p>Todo esto viene a cuento de mi impericia para jugar con mediana habilidad la partida de abrirme un hueco en el territorio de la literatura. Pude haber aprendido, pero es muy posible que no quisiera. Es decir, toda la responsabilidad es m\u00eda, sin que esto signifique que ese territorio sea un lugar accesible sin m\u00e1s. La EOP estaba repletita de <em>ingenui<\/em> (seg\u00fan el significado latino) de las mejores familias, y yo, de una clase media emergente, deb\u00eda estar entre los m\u00e1s ingenuos (seg\u00fan la acepci\u00f3n de la RAE) de los libertos.<\/p>\n<p>La prueba manifiesta es que, siendo ya un militante del PCE, se nos encomend\u00f3 la labor de unir a la escuela a una huelga general de estudiantes. En aquellos momentos \u00e9ramos dos camaradas en la EOP, P\u00edo Moa y yo, si la memoria no me falla; en la Escuela de Periodismo de la Iglesia estudiaba Marcel Camacho, el hijo del sindicalista encarcelado. A m\u00ed me hab\u00edan elegido delegado de curso (menuda imprudencia), y me toc\u00f3 dar la cara. Carezco de carisma, de ret\u00f3rica y de dotes de organizaci\u00f3n. No recuerdo c\u00f3mo enderec\u00e9 mi discurso, temo que fue confuso. Pero eso no fue el problema, la mayor\u00eda de los discursos que se hac\u00edan en el medio universitario eran confusos, pero si el que los pronunciaba articulaba bien, el efecto era contundente. Me acuerdo de mi congoja en busca de argumentos. Deseaba salir corriendo de all\u00ed. Me reten\u00eda el compromiso y la verg\u00fcenza.<\/p>\n<p>Entonces se produjo el milagro. Un guardia (un \u201cgris\u201d) se asom\u00f3 a la puerta trasera del aula, y tras \u00e9l intentaron entrar varios. Me qued\u00e9 sin palabras, pero el foll\u00f3n que se organiz\u00f3 alivi\u00f3 mi angustia. Varios compa\u00f1eros me arrastraron a la puerta que daba al pasillo en la cabecera del aula. Pronto los \u201cgrises\u201d ocuparon el espacio, pero sin sacar las porras. Se abalanzaron hacia el grupo que me proteg\u00eda, pero eran tantos que, si no se abr\u00edan paso a golpes, los guardias no ten\u00edan nada que hacer. Pudimos escurrirnos hasta la salida del edificio en la calle Capit\u00e1n Haya, y en las escaleras, una compa\u00f1era se cogi\u00f3 a mi brazo, y salimos tan tranquilos como dos novietes, anduvimos hasta la esquina y echamos a correr. Es la mayor heroicidad en mi experiencia de agitador. Es la primera vez que escribo sobre ella, que un buen pu\u00f1ado de periodistas venerandos, que entonces velaban sus armas all\u00ed, recordar\u00e1n como un hito m\u00e1s gracioso que eficaz en la lucha contra el R\u00e9gimen.<\/p>\n<p>Al lado de las dur\u00edsimas experiencias de otros compa\u00f1eros m\u00edos de la escuela, P\u00edo Moa, Pepe Catal\u00e1n o Blanco Chivite, mis osad\u00edas pol\u00edticas son de poca monta.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Seis<\/strong><\/p>\n<p>Al acabar la mili me distanci\u00e9 del PCE. Y fuera de cierto periodo febril durante la Transici\u00f3n en la que cre\u00ed que era necesario descarrilarla (no me esforc\u00e9 mucho por hacerlo), me qued\u00e9 al margen de la pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Pas\u00e9 cosa de una d\u00e9cada sin escribir, digiriendo mi frustraci\u00f3n y reuniendo fuerzas. Ten\u00eda ya cuarenta a\u00f1os cumplidos cuando recuper\u00e9 mi h\u00e1bito literario.<\/p>\n<p>Hoy ese territorio cultural no tiene un cerco de hierro fundido con la codicia, el enchufismo, la venalidad y otros vicios habituales en toda competici\u00f3n social. Quiero decir que si entras, tendr\u00e1s que batirte con todo eso, pero se puede llegar al p\u00fablico gracias a la telecomunicaci\u00f3n inform\u00e1tica, y librarse de escabechinas. Autoexcluido de las redes sociales, la popularidad y el \u00e9xito se deben al azar y al trabajo acertado de cada uno.<\/p>\n<p>Compr\u00e9 en una feria del libro de ocasi\u00f3n las obras completas de Baroja, ocho tomos de Biblioteca Nueva de Madrid. He le\u00eddo tres cuartas partes, pero de un modo aleatorio y sin dedicar atenci\u00f3n a las circunstancias de la producci\u00f3n barojiana. Sus trilog\u00edas <em>La\u00a0 lucha por la vida, El pasado, La juventud perdida, Las ciudades y El mar<\/em>, las complet\u00e9 a saltos, ignorante en algunos casos de que formaban trilog\u00edas, aunque desconcertado por la aparici\u00f3n de personajes comunes en modo anacr\u00f3nico. <em>Las memorias de un hombre de acci\u00f3n<\/em> las he le\u00eddo una detr\u00e1s de otra, hasta tres veces alguna de sus novelas. Es una lectura ca\u00f3tica, pero de la que no reniego. Me ha servido para entender que el arte de la novela consiste en escribir como uno quiera y sepa, y en hacerlo lo mejor posible. Por eso hay tantos novelistas.<\/p>\n<p>Los escenarios barojianos de Madrid me resultaban familiares En mi ni\u00f1ez, mis abuelos paternos viv\u00edan en la calle Bravo Murillo, y de vez en cuando mi abuelo Fernando nos llevaba a sus nietos por el Canalillo. Lo que queda de \u00e9l hoy es una acequia bien cuidada, pero entonces era lo que dice su nombre un canal no muy ancho que a veces llevaba el agua sobre cortos acueductos. Era una acequia que regaba los huertos circundantes, que hasta los a\u00f1os 60 fueron muchos. Discurr\u00eda de norte a sur, al oeste de la calle Bravo Murillo, por el distrito de Tetu\u00e1n, atravesando la Dehesa de la Villa.<\/p>\n<p>Mi abuelo nos contaba historias parecidas a las de Baroja, pero toleradas, para todos los p\u00fablicos. Hab\u00eda sido Guardia Civil y vivido tragedias y situaciones c\u00f3micas, como el salto de una valla de pedruscos para escapar de un toro en una dehesa, con fusil, trincha y cartucheras.<\/p>\n<p>Los cementerios arruinados que cita Baroja en su trilog\u00eda <em>La lucha por la vida<\/em> ya no exist\u00edan, pero hab\u00eda muchos y amplios solares poblados de seres parecidos a los personajes de <em>La Busca<\/em> o <em>Aurora Roja<\/em>, con merenderos y figones cochambrosos a media distancia, pero limpios en la proximidad. La Espa\u00f1a de los 60 era muy distinta ya de la del inicio de siglo, aunque los tipos eran semejantes: genio y figura hasta una sepultura que no lleg\u00f3 hasta los a\u00f1os 80 del siglo.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 lo m\u00e1s \u00fatil para m\u00ed hayan sido los ensayos de Baroja, <em>La caverna del humorismo, El tablado de Arlequ\u00edn, Juventud, egolatr\u00eda<\/em>, y sus art\u00edculos, porque en ellos una y otra vez el autor confiesa sus vicios y muestra sus virtudes en estado puro. Y por fin sus memorias, <em>Desde la \u00faltima vuelta del camino<\/em>, donde insiste machaconamente en su filtro del mundo. Esta insistencia de Baroja en reiterar sus convicciones no es aburrida; en cada retorno a sus fundamentos a\u00f1ade pinceladas nuevas, diferenciadas, y que no se apartan ni un mil\u00edmetro de su estilo.<\/p>\n<p>Mi lectura de esas producciones ha sido muy distinta a la que hacen las ediciones cr\u00edticas de sus obras. Admito y utilizo la erudici\u00f3n ajena, pero no siento el m\u00e1s m\u00ednimo atractivo por este uso acad\u00e9mico.<\/p>\n<p>Baroja explota personajes en sus trilog\u00edas, y los reutiliza con nombres diferentes en escenarios distintos de los primeros. A m\u00ed esto no me parece un dem\u00e9rito, adem\u00e1s, descubrirlos produce satisfacci\u00f3n, igual que los perfiles de Picasso llenan sus cuadros sin hacerlos mon\u00f3tonos.<\/p>\n<p>El tomo VII de sus obras completas contiene sus memorias y siete novelitas de t\u00edtulos formidables: <em>Susana y los cazadores de moscas, Los impostores joviales, Yan-Si-Pao o la sv\u00e1stica de oro<\/em>, etc. Son de los primeros a\u00f1os cuarenta del siglo XX, cuando Espa\u00f1a (y Baroja tambi\u00e9n) se recuperaba de una guerra brutal y observaba otra todav\u00eda m\u00e1s bestia. El escritor tiene setenta a\u00f1os, y trabaja con una frescura de adolescente. Esto no significa que su estilo fluya como el agua de un manantial. No conozco los protocolos de edici\u00f3n de aquel tiempo, pero da la impresi\u00f3n que Baroja escribe a pulso y no corrige apenas lo plasmado, por pereza o porque no le da la gana enmendarse para dar gusto a los acad\u00e9micos y a los academicistas.<\/p>\n<p>En su estudio, Mainer sit\u00faa a Baroja en el escenario intelectual de posguerra como una <em>rara avis<\/em> o ave sobreviviente de otra \u00e9poca. Sin duda lo era, y \u00e9l no lo ignoraba porque no era imb\u00e9cil. Ver a Baroja desde la actualidad, a ochenta a\u00f1os de la guerra civil espa\u00f1ola, cuando no tiene ninguna conexi\u00f3n con la Espa\u00f1a que vivimos, nos presenta a un personaje sin las adherencias ideol\u00f3gicas que deb\u00eda tener entre 1940 y 1956, cuando muri\u00f3. Tenemos mucha m\u00e1s libertad para entenderle y juzgarle que los que le conocieron al final de su vida, y los que le estudiaron despu\u00e9s. Sobre todo, somos testigos de su permanencia, como de casi todos sus compa\u00f1eros de la Generaci\u00f3n del 98. Lo que escribieron hace m\u00e1s de un siglo aquellos hombres (y alguna mujer, me figuro, aunque mi conocimiento erudito es pobre para identificarla) sigue teniendo vida, la de las obras creativas perdurables y eternas. Las leemos con un inter\u00e9s contempor\u00e1neo y redoblado, porque mucho de lo que dicen se repite hoy casi en los mismos t\u00e9rminos.<\/p>\n<p>Estas son las lecciones que he aprendido de \u00e9l, aunque he tenido otros maestros excelentes.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Siete<\/strong><\/p>\n<p>Las lecturas tempranas, o m\u00e1s bien las primeras lecturas, porque no todos los novelistas se han iniciado en su adolescencia, son la base de la profesi\u00f3n de escritor.<\/p>\n<p>Los cl\u00e1sicos espa\u00f1oles del siglo XVII han sido mi referencia desde la pubertad. Empec\u00e9 a leerlos gracias a un profesor de literatura de sexto de Bachillerato, que se present\u00f3 el primer d\u00eda de clase, en octubre de 1964, abri\u00f3 la ventana del aula, esper\u00f3 un minuto sin decir nada, y recit\u00f3: \u201c\u00a1Cuan gritan esos malditos! \u00a1Pero mal rayo me <em>raje<\/em>, si en acabando esta <em>clase<\/em> no pagan caros sus gritos!\u201d<\/p>\n<p>En cierta forma fue mi primer maestro, porque haberlos, haylos, aunque rar\u00edsimos. Nos habl\u00f3 bien y con cari\u00f1o del Arcipreste de Hita, de M\u00edo Cid, de Gonzalo de Berceo, de los grandes cronistas de Castilla y de Indias, de Jorge Manrique y de Garcilaso, los dos poetas soldados, de Fernando de Rojas, de Cervantes, de\u2026 Los le\u00ed a todos, trabajosamente, con el diccionario en la mesa, algunos en ediciones anotadas, lo que hace la lectura todav\u00eda m\u00e1s penosa. Los que m\u00e1s me costaron fueron los culteranos y los conceptistas, que no consegu\u00ed distinguir. Todav\u00eda repaso <em>El Diablo Cojuelo<\/em> deteni\u00e9ndome en las notas, porque el significado de las palabras y expresiones de la \u00e9poca se me han ido borrando.<\/p>\n<p>Tuve compa\u00f1eros en el colegio de curas que se saltaron estas lecturas, porque les parec\u00edan herrumbrosas, viejunas, aburridas. Empezaron a leer autores norteamericanos entonces de moda, superventas, cuyos nombres hoy significan poco. Al hablar de literatura me daban sopas con ondas, porque yo no ten\u00eda ninguna referencia de aquello, y si se me ocurr\u00eda mentar a los cl\u00e1sicos espa\u00f1oles, me tomaban a chacota. Luego, le\u00ed a Hemingway, a Dos Passos, a Fitzgerald, Saroyan o Steinbeck, y reconoc\u00ed su val\u00eda, pero lo hice cuando quise, sin dejarme influir por ning\u00fan listillo.<\/p>\n<p>Mi amigo Andr\u00e9s Arenas, que despu\u00e9s de los dos cursos de Comunes hizo Filolog\u00eda Inglesa, se entusiasm\u00f3 con Hemingway, y hasta escribi\u00f3 una biograf\u00eda suya. Pas\u00f3 un a\u00f1o en Inglaterra con una beca de estudios, y regres\u00f3 hablando ingl\u00e9s. Se dedica todav\u00eda a traducir autores brit\u00e1nicos y yanquis relacionados con Andaluc\u00eda, aunque \u00e9l es monta\u00f1\u00e9s, pero se ha ganado la vida en M\u00e1laga como profesor o catedr\u00e1tico de instituto, no estoy muy seguro. <em>Incidentally<\/em>, el \u00faltimo ensayo que ha publicado, en colaboraci\u00f3n con Enrique Gir\u00f3n, lo dedica a Sir Peter Chalmers-Mitchell, <a href=\"https:\/\/theobjective.com\/opinion\/2022-10-12\/malaga-dandi-rojo-desbanda\/?fbclid=IwAR1tw6F4K2FEfWCWt1v0RUa42D5YDyAjlJ2oKN-EM9YTVSzC5A1XWy5RytI\"><em>El dandi rojo<\/em><\/a>.<\/p>\n<p>Gracias a \u00e9l conozco las trapisondas del norteamericano durante la muerte de Baroja, cuyo cuerpo se empe\u00f1\u00f3 en bajar por la escalera de su casa, y casi tira el f\u00e9retro, quiz\u00e1 porque iba empapado en alcohol. Hemingway fue de los primeros escritores yanquis que apreciaron a Baroja, y parece que aprendi\u00f3 de \u00e9l.<\/p>\n<p>Un maestro impersonal m\u00edo fue Televisi\u00f3n Espa\u00f1ola. En la d\u00e9cada de los sesenta emit\u00eda un programa diario llamado \u201cNovela\u201d o algo parecido. Cada semana traduc\u00eda en guion televisivo una novela espa\u00f1ola o extranjera. \u201cSilvestre Paradox\u201d, basada en las \u201cAventuras, inventos y mixtificaciones de Silvestre Paradox\u201d, fue una de ellas. Me fascin\u00f3, y compr\u00e9 y le\u00ed la novela, que me gust\u00f3 a\u00fan m\u00e1s. Creo que hicieron alguna m\u00e1s de Baroja. Recuerdo tambi\u00e9n \u201cEl malvado Carabel\u201d, de Wenceslao Fern\u00e1ndez Fl\u00f3rez. \u201cEstudio 1\u201d produc\u00eda soberbias piezas del teatro universal y de todos los tiempos, desde la Grecia Cl\u00e1sica al Siglo de Oro espa\u00f1ol, pasando por los autores europeos, americanos y espa\u00f1oles de siglo XX.<\/p>\n<p>Aquella Televisi\u00f3n Espa\u00f1ola estaba llena de extraordinarios profesionales que se formaban a la vez que trabajaban. Conoc\u00ed personalmente a un realizador llamado Gabriel Ib\u00e1\u00f1ez, que sol\u00eda dirigir espacios dram\u00e1ticos. Era amigo de mi t\u00edo Juan Jos\u00e9, hermano mayor de mi padre. Trabajaban ambos en el Instituto Nacional de Previsi\u00f3n, que pronto se convirti\u00f3 en la Seguridad Social, y eso que Franco era un dictador, no un socialdem\u00f3crata.<\/p>\n<p>Mi t\u00edo Juan Jos\u00e9, Gabriel Ib\u00e1\u00f1ez y Federico Bravo Morata, un escritor muy productivo, hab\u00edan hecho la guerra juntos en el bando nacional, claro, y eran personas liberales y tolerantes. Ib\u00e1\u00f1ez era uno de los realizadores m\u00e1s reputados en al Paseo de la Habana. Todav\u00eda estudiaba yo bachillerato, cuando me llev\u00f3 a los plat\u00f3s. Aquello me pareci\u00f3 el colmo de la artificiosidad. No me gust\u00f3 nada. Gabriel Ib\u00e1\u00f1ez me propuso enchufarme de meritorio en TVE. Le agradec\u00ed la invitaci\u00f3n, y la rechac\u00e9. Es un episodio gracioso, porque acab\u00e9 mi vida laboral en una televisi\u00f3n, algo que segu\u00eda sin gustarme. Paradojas de la vida y del car\u00e1cter.<\/p>\n<p>La novela espa\u00f1ola contempor\u00e1nea me hizo menos efecto que, por ejemplo, la norteamericana y la inglesa, que empec\u00e9 a leer a partir de los treinta a\u00f1os en idioma original.<\/p>\n<p>Sin embargo, la influencia de Cela, fue superior a la de cualquier otro de aqu\u00ed o de fuera. Me refiero al Cela de los viajes y anterior a su encumbramiento nobiliario. Dickens, una de las preferencias de Baroja, me gust\u00f3 bastante, aunque leerlo en ingl\u00e9s es tan tortuoso como leer a Daniel Defoe, un siglo m\u00e1s viejo. Me ha servido m\u00e1s John Irving, un narrador fluido y cl\u00e1sico. Algo he le\u00eddo de Norman Mailer. Me ha dado ideas Don De Lillo. No he sido capaz de leer m\u00e1s de veinte p\u00e1ginas de Thomas Pynchon. Pero s\u00ed he dedicado tiempo a la ciencia ficci\u00f3n.<\/p>\n<p>Si me hicieran una entrevista (mis \u00faltimas experiencias han sido detestables, el entrevistador quer\u00eda que respondiera seg\u00fan le conven\u00eda para el montaje de su programa, algo com\u00fan hoy en los medios) dir\u00eda: \u201csoy un apasionado de la ciencia ficci\u00f3n y de la novela negra\u201d. No llego a tanto, pero me encantan estos g\u00e9neros. T\u00e9ngase en cuenta que una de las primeras novelas negras de la historia fue<em> Los hermanos Karamazov<\/em> una novela eterna, y la ciencia ficci\u00f3n es todav\u00eda m\u00e1s vieja, incluso en Espa\u00f1a, con <em>El Diablo Cojuelo<\/em>, por ejemplo, o algunas obras de Quevedo, Calder\u00f3n, y Cyrano de Bergerac en Francia.<\/p>\n<p>Cierro este cap\u00edtulo con otros autores espa\u00f1oles dignos de menci\u00f3n. Juan Antonio de Zunzunegui es uno de mis favoritos, estupendo alumno de Baroja. Tambi\u00e9n he le\u00eddo con gusto a Delibes, a Torrente Ballester, a S\u00e1nchez Ferlosio y a Fern\u00e1ndez Santos. Pocos m\u00e1s me han atra\u00eddo.<\/p>\n<p>Acabo con dos autores estupendos, Wenceslao Fern\u00e1ndez Fl\u00f3rez y Ricardo Fern\u00e1ndez de la Reguera. Ambos \u201cde derechas\u201d, que despu\u00e9s de la guerra civil espa\u00f1ola escribieron y publicaron novelas que, si hubieran ido firmadas por otros, la censura las habr\u00eda intervenido. <em>Cuerpo a Tierra<\/em>, del segundo, es un tremendo relato de la guerra civil protagonizado por un falangista que se va haciendo agn\u00f3stico y esc\u00e9ptico. Y las novelas sobre el mismo asunto del primero son ejemplares, menos doloridas.<\/p>\n<p>Gracias a la documentaci\u00f3n que manejo en esta serie me he enterado de que Baroja escribi\u00f3 bastantes p\u00e1ginas dedicadas a la guerra civil. Publicadas en el tomo VIII de las obras completas de Biblioteca Nueva est\u00e1n dos en la serie \u201cD\u00edas aciagos\u201d: <em>El hotel del cisne<\/em> y <em>Los enigm\u00e1ticos<\/em>, y una en la serie \u201cSaturnales\u201d: <em>El cantor vagabundo<\/em>. Esta \u00faltima contiene <em>Miserias de la guerra<\/em>, publicada a finales del siglo XX o inicios del XXI, que la censura consider\u00f3 peligrosa. No las he le\u00eddo todav\u00eda, pero sospecho que si el texto prohibido lo hubiera firmado un novelista de confianza del R\u00e9gimen, no habr\u00eda tenido el mismo problema.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Ocho<\/strong><\/p>\n<p>Mis lecturas de Baroja, como de muchos otros, han sido desordenadas, espont\u00e1neas, lo que iba encontrando, como he dicho, hasta dar con sus obras completas. No creo que una lectura sistem\u00e1tica produzca satisfacciones. Ni siquiera cuando se hace con un prop\u00f3sito acad\u00e9mico. Para preparar mi biograf\u00eda de Renau tuve que leer decenas de libros y revisar miles de documentos, entrevistar a un mont\u00f3n de personas, y digerir todo eso. He confesado en otra ocasi\u00f3n que semejante trabajo trastorn\u00f3 mi salud. Debe ser porque no estoy hecho de hierro y hormig\u00f3n.<\/p>\n<p>El hecho es que me he ido enterado de la vida de Baroja poco a poco. He le\u00eddo algunas biograf\u00edas y ensayos literarios del aluvi\u00f3n de libros publicados sobre la materia. Me han bastado para formarme una idea de c\u00f3mo se hizo escritor. Calculo que hace m\u00e1s de un siglo el mercado editorial, en especial de la novela, estaba m\u00e1s dividido que ahora. Al menos no hab\u00eda casas gigantes con las que es absurdo competir.<\/p>\n<p>Publicar un libro, hoy como anta\u00f1o, es empresa enfadosa. Es natural que el que arriesga su capital para ganar dinero vendiendo libros establezca sus filtros editoriales. As\u00ed que el novelista que no encaje con el patr\u00f3n dise\u00f1ado por el editor al que recurre tiene que cambiar de imprenta. Leo en <em>El se\u00f1or de Itzea<\/em>, de \u00c1ngel Mart\u00ednez Salazar, que Baroja se pag\u00f3 o le pagaron la impresi\u00f3n de sus primeras novelas, de las que no se vendieron las suficientes para alimentar al autor. Esto es algo com\u00fan en el mundo de la ficci\u00f3n, probablemente haya sido lo corriente y mayoritario, y lo siga siendo ahora. El problema es la distribuci\u00f3n y la publicidad de la novela en cuesti\u00f3n.<\/p>\n<p>Hace un siglo el n\u00famero de publicistas, periodistas y novelistas (un batiburrilllo de entre ellos) era limitado, en relaci\u00f3n con la monta\u00f1a de cumbre inalcanzable de esta \u00e9poca. Y como todos queremos publicar nuestra novela, el reconocimiento y el \u00e9xito son tan infinitesimales como esperar un premio fuerte comprando s\u00f3lo una participaci\u00f3n de loter\u00eda. Y en el raro caso de que el autor no gaste un duro en la edici\u00f3n, la promoci\u00f3n y distribuci\u00f3n son escasas, lo que muestra la negligencia y la estupidez del peque\u00f1o editor, el grande cuenta con un ej\u00e9rcito de servidores de todas las categor\u00edas. Posiblemente antes era igual que hoy.<\/p>\n<p>As\u00ed que los autores de hace un siglo, hoy c\u00e9lebres, constituyen una fracci\u00f3n de los que aspiraron a la fama, y entre este pi\u00e9lago es muy posible que encontr\u00e1ramos escritores de fuste.<\/p>\n<p>En <em>Las noches del Buen Retiro<\/em>, el protagonista, Jaime Thierry (una mezcla de Baroja y Maeztu) se pregunta si tiene talento literario, y dice: \u201cyo tengo mis dudas no s\u00f3lo acerca del oficio en s\u00ed, sino tambi\u00e9n de si vale la pena entregarse a \u00e9l. \u00bfEs mejor vivir esa vida del escritor, que comprende muchas cosas, sinti\u00e9ndose hoy esto y ma\u00f1ana lo otro: rico, golfo, obrero, medio santo o medio asesino, y en el fondo sin ser nada fuerte, o estabilizarse en su casilla y seguir en ella tranquilo? Puede suceder que en la primera vida haya m\u00e1s frutos que exprimir; pero puede suceder tambi\u00e9n que en la segunda, de peque\u00f1o rinc\u00f3n, el fruto que le haya tocado a uno en suerte se exprima de una manera m\u00e1s completa. Una cosa es ser como el agua que corre; la otra como el agua de la alberca\u201d.<\/p>\n<p>Cuando publica Baroja esta novela es ya acad\u00e9mico o est\u00e1 a punto de ser nombrado. Ha recorrido el camino del torrente, con remansos de agua de alberca. Y dedica una novela a ese mundo azaroso del publicista en el que sobrevivi\u00f3 en su juventud.<\/p>\n<p>Siempre me ha desconcertado la afici\u00f3n de tantos escritores a nadar en el lago de su oficio. No me imagino a Dostoyevski, a Dickens, a Zorrilla, a Stendhal tejiendo tramas con intelectuales n\u00e1ufragos. Juego con fuego, porque no he le\u00eddo tanto. Pero en cualquier caso, el novelista tradicional, el de raza, el que se ganaba la vida con su oficio, ofrec\u00eda historias de personas especiales o corrientes, pero que no ten\u00edan nada que ver con la literatura como profesi\u00f3n.<\/p>\n<p>Desde que la literatura lleg\u00f3 a la c\u00e1tedra universitaria, la cantidad de novelistas profesores de esto y de aquello se ha multiplicado. Lo curioso es que tales escritores, que tienen m\u00e1s facilidad que otras personas para publicar, no saben de la misa la media, han salido poco de su despacho, de las aulas y de las bibliotecas, se documentan en archivos y en Internet, y su trabajo consiste en recopilar acciones que no conocen ni de lejos. Los dem\u00e1s hacemos lo mismo, pero sin recurrir a negros.<\/p>\n<p>Hay otros escritores que se enfangan en aventuras interiores. No hace mucho acaba de morir uno en Espa\u00f1a. He intentado leer alguna de sus novelas, pero son de una morosidad, de una dispersi\u00f3n (explosi\u00f3n emocional, implosi\u00f3n emocional), de un esmaltado estil\u00edstico, que me resulta insoportable. Las quinientas p\u00e1ginas que emplea el hombre en aburrirse y aburrirnos (este es el fondo de su arte, insistir en lo aburrida que es la vida) podr\u00edan reducirse a un quinto, o quedarse en un relato. Me pregunto cu\u00e1ntos libros habr\u00e1 vendido. Da igual. Es un icono europeo y universal, como Tom Pynchon en USA, ambos autores de voluminosos ladrillos.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n me he preguntado a veces qu\u00e9 habr\u00eda sido de m\u00ed de haber tenido maestros, uno o dos, que me hubieran encarrilado y facilitado el camino del Olimpo de las Letras. Igual me habr\u00eda pegado un batacazo. Desde bien chiquito he temido a los maestros y me he resistido a ellos. Estas inclinaciones malsanas se transformaron en desprecio y desconfianza. A\u00a0 lo mejor me he quedado sin maestros porque escapaba de ellos.<\/p>\n<\/div><\/div>[\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column]<div  class=\"empty-space  marg-lg-b20\"><\/div>[vc_btn title=&#8221;Lea o descargue este cap\u00edtulo en PDF&#8221; color=&#8221;info&#8221; align=&#8221;center&#8221; i_icon_fontawesome=&#8221;fa fa-file-pdf-o&#8221; button_block=&#8221;true&#8221; add_icon=&#8221;true&#8221; link=&#8221;url:https%3A%2F%2Fagroicultura.com%2Fgeneral%2Fwp-content%2Fuploads%2F2023%2F02%2FPio-Baroja-y-la-novela-2.pdf||target:%20_blank|&#8221;]<div  class=\"empty-space  marg-lg-b20\"><\/div>[\/vc_column][\/vc_row]<\/p>\n<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[vc_row][vc_column][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_btn title=&#8221;Lea o descargue este cap\u00edtulo en PDF&#8221; color=&#8221;info&#8221; align=&#8221;center&#8221; i_icon_fontawesome=&#8221;fa fa-file-pdf-o&#8221; button_block=&#8221;true&#8221; add_icon=&#8221;true&#8221; link=&#8221;url:https%3A%2F%2Fagroicultura.com%2Fgeneral%2Fwp-content%2Fuploads%2F2023%2F02%2FPio-Baroja-y-la-novela-2.pdf||target:%20_blank|&#8221;][\/vc_column][\/vc_row]<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":15195,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[522,25,510],"tags":[],"class_list":["post-15193","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-pio-baroja-la-novela-y-yo","category-cultura-y-comunicacion","category-series"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/IMG_1676.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p4Dh6a-3X3","jetpack-related-posts":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15193","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15193"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15193\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":15404,"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15193\/revisions\/15404"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/media\/15195"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15193"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15193"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15193"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}