{"id":16537,"date":"2023-11-10T11:31:13","date_gmt":"2023-11-10T10:31:13","guid":{"rendered":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/?p=16537"},"modified":"2023-11-10T12:21:56","modified_gmt":"2023-11-10T11:21:56","slug":"lost-in-tabarca","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/lost-in-tabarca\/","title":{"rendered":"Lost in Tabarca"},"content":{"rendered":"<div class=\"wpb-content-wrapper\"><p>[vc_row][vc_column]<div class=\"text-block\" ><div class=\"simple-text size-4\"><p>El naturalista<strong> Rafael Escrig<\/strong> ha realizado un trabajo de campo en el islote de Tabarca, situada en el Mediterr\u00e1neo frente a la costa de Santa Pola y Elche. Ha estudiado y clasificado la flora de ese islote ralo y singular. El art\u00edculo que publicamos es una breve relaci\u00f3n de la experiencia, no un resumen cient\u00edfico, que deja para m\u00e1s adelante. El t\u00edtulo es una humorada del autor, porque en Tabarca es imposible perderse.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\">I<\/h3>\n<p>Salimos puntuales a las 7:15 de la ma\u00f1ana. El autob\u00fas va pr\u00e1cticamente lleno. Voy en el asiento 34, pasillo. La ventanilla la ocupa una mujer joven con buen aspecto (estoy salvado) -es lo que pienso cuando mi compa\u00f1ero de asiento en el bus ocupa un asiento y medio, o no es de mi agrado-, parece extranjera, aunque de momento s\u00f3lo he intercambiado el saludo de buenos d\u00edas.<\/p>\n<p>El autob\u00fas est\u00e1 queriendo salir de la ciudad, todo el mundo dormita, son las 8:00. Hemos tardado todo este tiempo en dejar el intenso tr\u00e1fico de la primera hora. Luces blancas y luces rojas en una larga procesi\u00f3n van por delante y por detr\u00e1s del autob\u00fas y nos acompa\u00f1an hasta llegar a la autopista donde todo se calma.<\/p>\n<p>La oscuridad es casi total hasta que poco a poco va apareciendo algo de luz por las ventanillas de la izquierda, vamos hacia el Sur, concretamente a Alicante. A mi derecha permanecen las sombras oscuras de los campos de naranjo, espesos, compactos. Al otro lado aparece el naciente espect\u00e1culo de un cielo rojo con viento de poniente sobre el mar completamente en calma. Nubes desgarradas con tonos rosa, fucsia y rojo, dan paso al m\u00e1gico dorado de un sol que ya se despierta. Yo tambi\u00e9n he cerrado los ojos media hora.<\/p>\n<p>Estoy en un autob\u00fas pol\u00edglota: escucho \u00e1rabe, ingl\u00e9s, franc\u00e9s y espa\u00f1ol. Mi compa\u00f1era de asiento continua con los ojos cerrados, me dijo que ten\u00eda sue\u00f1o porque no hab\u00eda tomado el caf\u00e9.<\/p>\n<p>Hace un rato que dejamos atr\u00e1s esos hermosos valles de la Safor. Pronto veremos el Montg\u00f3 y despu\u00e9s Benidorm, donde el autob\u00fas hace una parada t\u00e9cnica. Benidorm, la ciudad de las altas torres. Docenas de gr\u00faas por todas partes muestran que no ha dejado de crecer. La ciudad est\u00e1 m\u00e1s viva que nunca y sigue compitiendo por las alturas. Los edificios parece que quieran ocultar al Toro de Osborne, que mira desde la carretera con su eterno perfil negro. Qui\u00e9n sabe lo que pensar\u00e1 el pobre animal.<\/p>\n<p>La compa\u00f1era de asiento ya se despert\u00f3 al llegar a Benidorm; se puso a hablar por el m\u00f3vil y resulta que es alemana, es decir, una hija del Reich.<\/p>\n<p>He tenido que ir al v\u00e1ter del autob\u00fas. Una experiencia como otra pues, as\u00ed uno conoce esas cosas que los ingenieros son capaces de hacer en lugares tan min\u00fasculos. Lo de los transistores no tiene tanto m\u00e9rito como hacer un v\u00e1ter entre la escalerilla de acceso central del autob\u00fas y el respaldo de los asientos 29 y 30.<\/p>\n<p>Llegamos a Alicante. Paramos en la estaci\u00f3n y desde all\u00ed saco el billete para ir a Santa Pola. Cargar con la mochila grande no es f\u00e1cil. He de esperar media hora para la salida. El trayecto lo hace otra compa\u00f1\u00eda, pero el autob\u00fas es igual de grande y c\u00f3modo. Se tarda algo menos de una hora. En la primera parte del trayecto, corremos paralelamente a la playa con extensas dunas de arena. Una playa casi virgen con muy dif\u00edcil acceso. La segunda parte es en zona poblada, atravesamos varios n\u00facleos y urbanizaciones: el Arenal, el Altet, Los Limoneros, Gran Alacant Llegamos a Santa Pola. El autob\u00fas me deja en la estaci\u00f3n. Desde all\u00ed al embarcadero me dicen que no hay mucho, pero yo tengo que cargar con una mochila enorme que debe pesar veinte kilos, o eso parece, y otra m\u00e1s peque\u00f1a. Es eso o esperar el interurbano que tardar\u00e1 quince minutos. No vale la pena, cargo con todo y llego al embarcadero algo maltrecho, pero llego. Desde el primer puesto de venta de billetes me llaman con las manos como si el barco ya fuera a salir, as\u00ed que tengo que acelerar un poco y saco el billete. Pero el barco parece que no quiere salir hasta que no est\u00e9 lleno. Lo de las prisas son artima\u00f1as de las compa\u00f1\u00edas para que entremos al barco sin pens\u00e1rnoslo. As\u00ed que he corrido para tener que esperar veinte minutos dentro del barco.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div><\/div>[\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=&#8221;16540&#8243; img_size=&#8221;large&#8221; alignment=&#8221;center&#8221;][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column]<div class=\"text-block\" ><div class=\"simple-text size-4\"><h3 style=\"text-align: center;\">II<\/h3>\n<p>Por fin llego a Tabarca, son las doce y media. Me presento al polic\u00eda que encuentro por la calle para decirle que voy a quedarme unos d\u00edas y \u00e9l me dice que si necesito algo estar\u00e1 a mi servicio. Voy al \u201chotel\u201d una forma de hablar, en realidad es una habitaci\u00f3n. Lo dejo todo sobre la cama y me voy a comer. No s\u00e9 qu\u00e9 pedir. Todo es carne o pescado bastante caro. Pido una ensalada y un bocadillo vegetal. Es decir otra ensalada pero enun entre pan, que me he dejado m\u00e1s de la mitad. Una cerveza y un caf\u00e9. Me he equivocado, por supuesto. En cuanto al caf\u00e9, lo pido que sea corto, expreso y bien hecho, y claro est\u00e1, me sirven un caf\u00e9 malo y largo. Digo claro est\u00e1, porque suele ocurrir as\u00ed. Los camareros o no saben o no quieren entretenerse en hacerlo bien. Se trata de una lucha para que le sirvan a uno un caf\u00e9 bien hecho en las que normalmente tengo las de perder. En una ocasi\u00f3n lo devolv\u00ed dos veces.<\/p>\n<p>Por la tarde, tras descansar un rato en la cama, me voy a recorrer la parte del pueblo y la zona llamada de la cantera. En el paseo comienzo a herborizar las nuevas especies que voy viendo.<\/p>\n<\/div><\/div>[\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=&#8221;16541&#8243; img_size=&#8221;large&#8221; alignment=&#8221;center&#8221;][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column]<div class=\"text-block\" ><div class=\"simple-text size-4\"><p style=\"padding-left: 40px;\">El due\u00f1o del bar es un tipo amigable, parece simp\u00e1tico, pero esconde un fondo de mala idea, algo avieso, o eso me parece a m\u00ed. Me f\u00edo de \u00e9l y al mismo tiempo, no me f\u00edo. Est\u00e1 contento, canta y es chistoso cuando las cinco mesas que tiene en la terraza, se llenan de turistas a los que intenta vender el cava y el at\u00fan fresco del d\u00eda. Pero cuando baja la faena, se le pasa el buen humor y discute con su mujer que es la cocinera y la llama gritando por su nombre \u00a1Rafaela!<\/p>\n<p>En la comida he entablado relaci\u00f3n con un matrimonio de all\u00ed, aunque suelen vivir en Novelda y en la isla tienen una peque\u00f1a tasca como negocio. Una pareja muy peculiar. Nos hemos dado los n\u00fameros de tel\u00e9fono. Ma\u00f1ana saldr\u00e9 pronto.<\/p>\n<p>Me he levantado a las 7 y a las 8 estaba en la calle. La isla duerme profundamente. Una brisa fresca golpea contra sus murallas al comp\u00e1s de las olas que van carcomiendo las piedras poco a poco. Los \u00fanicos habitantes despiertos a estas horas son las gaviotas que andan por la calle con total normalidad. Otras vuelan por encima de las casas y gritan como lament\u00e1ndose por algo. Otras parlotean. La isla es su h\u00e1bitat y anidan en los acantilados.<\/p>\n<p>A las 11:30 los barcos comenzar\u00e1n a traer a los turistas, las mercanc\u00edas, el pan, los pescados frescos, las toallas y los manteles limpios para poner las mesas. Me he sentado a escribir en la terraza dormida de un bar, donde cruzan las palomas, andan tranquilas las gaviotas y pasean los gatos. Al mediod\u00eda se acercar\u00e1n a las mesas donde comen los turistas y levantar\u00e1n la cabeza como preguntando si hay algo para ellos.<\/p>\n<\/div><\/div>[\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=&#8221;16542&#8243; img_size=&#8221;large&#8221; alignment=&#8221;center&#8221;][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column]<div class=\"text-block\" ><div class=\"simple-text size-4\"><h3 style=\"text-align: center;\">III<\/h3>\n<p>Recorro el camino que lleva al Faro y m\u00e1s adelante al Cementerio. Voy mirando cada hierba, cada piedra, cada arbusto espinoso, tomo notas, consulto, guardo una muestra y sigo andando. En el camino, junto al acantilado, hay una especie de mirador con un bloque de piedra que hace las veces de banco donde me siento y escribo. Cierro los ojos y dejo que la brisa marina me acaricie. Ante m\u00ed hay un vasto horizonte por donde la vista se escampa. Me acompa\u00f1a el sonido de las olas rompiendo contra el acantilado y las voces de las gaviotas. Durante unos minutos saboreo esta paz que parece estar hecha para m\u00ed. Siento una soledad dichosa y doy gracias por poder disfrutar estos momentos.<\/p>\n<p>Las j\u00f3venes matas de la Sosa se abanican. Algunos cormoranes vigilan la superficie del agua desde sos puestos en la roca. Quietos, como manchas negras, espigados, cuellilargos. Uno de ellos abre las alas como su fuera a volar; las seca y las orea al viento. Se cargan de energ\u00eda que el Sol reparte esta ma\u00f1ana.<\/p>\n<p>Las matas de Sosa y de Cambr\u00f3n de este p\u00e1ramo tan llano y tan extenso, crecen peinadas por el viento y toman esa forma redondeada como medias esferas dejadas caer sobre la tierra, como si a la Tierra le hubieran crecidos unos enormes pechos lactescentes.<\/p>\n<p>En los acantilados m\u00e1s expuestos, las rocas muestran sus filos verticales que el agua va comiendo sin piedad alguna. Por debajo del nivel del agua se ve la roca que continua desigual, que emerge, que se hunde, que se aleja. Es una lucha desigual en la que acabar\u00e1 ganado el agua. Est\u00e1 previsto que la erosi\u00f3n y la crecida del nivel del mar acaben engullendo este tesoro.<\/p>\n<p>He vuelto al poblado despu\u00e9s de estar andando toda la ma\u00f1ana. Necesito un descanso y me siento en la terraza de un bar que est\u00e1n disponiendo para las comida.<\/p>\n<p>Una ca\u00f1a de cerveza y tres boquerones fritos como tapa ayudan a reponerme. Me quedar\u00e9 a comer aqu\u00ed. Me volv\u00ed a equivocar, mucha comida y mucho dinero. Ma\u00f1ana cambiar\u00e9 otra vez.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">El due\u00f1o de la tasca y su mujer son una pareja peculiar, jubilados, hippies o bohemios pasados de a\u00f1os. Ella, arrugada, con largas gre\u00f1as a la cara, ojos claros, ropa algo descuidada. \u00c9l, grande, 107 kilos, lleg\u00f3 a pesar 170, barba blanca patriarcal, hasta el vientre. Estuvo en las Olimpiadas de M\u00e9xico, en lanzamiento de martillo. Tiene el hombro izquierdo operado por culpa de los lanzamientos y luce en \u00e9l una cicatriz vertical de 20 cent\u00edmetros. Ha sido enfermero y cocinero en un barco mercante y bucea a menudo en la isla. La tasca es su refugio, ella del llama el zulo. Por la tarde ponen m\u00fasica cl\u00e1sica y se sientan en la entrada.<\/p>\n<\/div><\/div>[\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=&#8221;16543&#8243; img_size=&#8221;large&#8221; alignment=&#8221;center&#8221;][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column]<div class=\"text-block\" ><div class=\"simple-text size-4\"><h3 style=\"text-align: center;\">IV<\/h3>\n<p>Todo el suelo de la isla est\u00e1 sembrado de piedras sin pulir, como salidas de la cantera; las playas son de cantos rodados y restos de Posidonia. Es dif\u00edcil andar si sales del camino, como es mi caso. He visto por el p\u00e1ramo algunos restos ya muertos de Opuntia, entre el torre\u00f3n y el Faro. Son los restos donde hace a\u00f1os se ensayaron algunos cultivos pero que no tuvieron \u00e9xito, demasiado salitroso el aire y demasiado nitroso el suelo.<\/p>\n<p>El torre\u00f3n llamado de San Jos\u00e9 es de base cuadrada y se levanta como un tronco de cono. Est\u00e1 al servicio de la Guardia Civil, aunque hace tiempo que no tiene uso alguno y \u00faltimamente est\u00e1 rodeado por una cerca para evitar da\u00f1os por desprendimientos, una pena que no se rehabilite y se le de alguna funci\u00f3n. De cara al turismo, bien podr\u00eda albergar un centro de interpretaci\u00f3n y un museo hist\u00f3rico para los visitantes.<\/p>\n<p>Al parecer, hay un encargado en la isla que tiene llave y repone la bandera cuando se rompe la que hay puesta.<\/p>\n<\/div><\/div>[\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=&#8221;16544&#8243; img_size=&#8221;large&#8221; alignment=&#8221;center&#8221;][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column]<div class=\"text-block\" ><div class=\"simple-text size-4\"><p style=\"padding-left: 40px;\">El maestro jubilado vive en Santa Pola, pero tiene una casita en la isla donde pasa largas temporadas. Nada todos los d\u00edas una hora larga. Es un nadador empedernido que ha hecho varias veces la traves\u00eda hasta el Cabo de Santa Pola. Tambi\u00e9n es un hablador incansable. Le gusta la fotograf\u00eda. Precisamente hemos coincidido fotografiando la puesta de sol. Esta vez ha venido solo. Su mujer se ha quedado en Santa Pola y aqu\u00ed, en esta soledad, es cuando \u00e9l disfruta de verdad (Supongo que su mujer disfrutar\u00e1 tambi\u00e9n de la tranquilidad que le brindan las escapadas de su marido). Se queja del estado de la isla. Los turistas la van a perder, puede que tenga raz\u00f3n, pero son los que dan vida y recursos a la poblaci\u00f3n. Durante la pandemia, me dice, la isla era un verdadero para\u00edso. Mirabas esta plaza y estaba llena de gaviotas, como en la pel\u00edcula de Hitchcock.<\/p>\n<p>Realmente gaviotas es lo que m\u00e1s hay, con o sin pandemia. Es muy curioso ver las terrazas a la hora de comer: los gatos, tranquilos, lentos, sentados delante de una mesa miran a los comensales, las palomas, nerviosas van de aqu\u00ed para all\u00e1 entre las mesas, revolotean y se suben a una mesa cuando se desocupa para comer los restos, pelean entre ellas por una patata frita y los valientes gorriones intentan el bot\u00edn metidos entre las patas de una docena de palomas, luchando a brazo partido.<\/p>\n<p>Esta tarde hace bastante viento; es fresco y h\u00famedo. Estoy en el extremo Este de la isla y miro hacia el interminable mar, como si fuera el capit\u00e1n Ahab en la proa del Pequod. El Sol, est\u00e1 bajando hacia Santa Pola. Las gaviotas entonan un coro de despedida. Este mediod\u00eda le di a una un trozo de mero frito y se lo trag\u00f3 sin dar las gracias. Aqu\u00ed no hay cafeter\u00edas ni franquicias como Panaria, ni nada de eso. Aqu\u00ed la gente no merienda caf\u00e9 con leche y cruas\u00e1n. Aqu\u00ed cuando se va el \u00faltimo barco de turistas, se cierra Tabarca hasta las once del d\u00eda siguiente.<\/p>\n<p>En la isla s\u00f3lo hay algunos veh\u00edculos municipales de mantenimiento con matr\u00edcula especial y uno el\u00e9ctrico muy peque\u00f1o que usa el polic\u00eda. No hay motos ni bicis. S\u00f3lo un triciclo que usa el repartidor que es al mismo tiempo lotero y recadero \u00bfquiere usted algo de Santa Pola? No, nada, gracias. Aqu\u00ed los gatos son los reyes y nadie les molesta. Est\u00e1n gordos y van a su aire todo el d\u00eda. No se dejan tocar pero tampoco rehuyen a la gente. Una asociaci\u00f3n local se encarga de ellos: los castran, los alimentan y tienen repartidas por la isla varias casitas hechas adrede para ellos.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\">V<\/h3>\n<p>Hoy me he vuelto a sentar en uno de esos bloques de piedra que hace las veces de banco sin respaldo. Tengo el Sol a mi espalda. Aqu\u00ed dicen que el viento viene de lebeche. Es el viento que en esta zona de Alicante sopla del suroeste. Estoy en la parte m\u00e1s oriental de la isla, donde la tierra se estrecha tanto que se convierte en una estrecha cinta apuntando hacia Italia, hacia Grecia, hacia Siria, hacia el otro conf\u00edn de este viejo Mediterr\u00e1neo. En mi lado derecho las olas rompen contra las rocas cuando \u00e9stas le plantan cara. A mi izquierda el mar es como un lago en calma donde algunas gaviotas asean sus plumas subidas a los m\u00faltiples salientes rocosos. A veces, a lo lejos, el agua rompe contra un escollo que apenas emerge y crea una mancha de espuma blanca en mitad del mar. Es como si por all\u00ed pasara una ballena resoplando.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hago cientos y cientos de fotograf\u00edas porque me gustar\u00eda llevarme conmigo la isla entera. Soledad, naturaleza virgen, belleza. Parece que no hay nada en el p\u00e1ramo y si te acercas puedes encontrar multitud de formas de vida en un metro cuadrado: peque\u00f1as hierbas, cole\u00f3pteros, diminutos saltamontes que saltan por todas partes a nuestro paso, caracoles\u2026<\/p>\n<p>Observo a un cormor\u00e1n que nada entre las rocas como un experto Michael Phelps, avanza, sumerge la cabeza, bucea unos segundos y vuelve a avanzar. Est\u00e1 practicando la pesca a pico. Vuelve el cormor\u00e1n nadando impert\u00e9rrito, pase\u00e1ndose ufano por delante de una gaviota est\u00e1tica que se moja las patas sobre un escollo bajo. De repente el cormor\u00e1n se sumerge y desaparece.<\/p>\n<\/div><\/div>[\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=&#8221;16545&#8243; img_size=&#8221;large&#8221; alignment=&#8221;center&#8221;][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column]<div class=\"text-block\" ><div class=\"simple-text size-4\"><p style=\"padding-left: 40px;\">La mujer rubia entrada en a\u00f1os, viste con ropa y zapatos de marcas caras. Se nota bien cuidada. Vive all\u00ed unos meses y despu\u00e9s se va a Alicante o a Valencia. Parece que tiene casa en todas partes. Es viuda. Me cuenta que en Valencia vive en la zona de la Gran V\u00eda. En Tabarca tiene dos casas de alquiler de habitaciones y la que vive ella. Saluda a todos y conoce la vida y milagros de cada uno. Ahora ha cerrado la casa de la calle de la Soledad, la que tiene la buganvilla roja cayendo por la tapia. Me dice al despedirse, con sus ojos claros y cansados, que cuando quiera puedo ir por all\u00ed, por la casa de la calle Soledad, donde ella vive a temporadas.<\/p>\n<\/div><\/div>[\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=&#8221;16546&#8243; img_size=&#8221;large&#8221; alignment=&#8221;center&#8221;][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column]<div class=\"text-block\" ><div class=\"simple-text size-4\"><p>Hoy es el \u00faltimo d\u00eda. Son las 7:30. he puesto el m\u00f3vil a cargar. Me voy. Preparar\u00e9 el equipaje y desayunar\u00e9 en la habitaci\u00f3n un brik de leche con cacao y dos valencianas, como los otros d\u00edas. Quiero coger el barco de las 12: 30 El resto es igual que cuando llegu\u00e9: barco a Santa Pola, autob\u00fas a Alicante, bocadillo en la estaci\u00f3n, autob\u00fas hasta Valencia y taxi hasta casa.<\/p>\n<\/div><\/div>[\/vc_column][\/vc_row]<\/p>\n<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[vc_row][vc_column]El naturalista Rafael Escrig ha realizado un trabajo de campo en el islote de Tabarca, situada en el Mediterr\u00e1neo frente a la costa de Santa Pola y Elche. Ha estudiado y clasificado la flora de ese islote ralo y singular. 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