{"id":16767,"date":"2024-05-19T16:23:19","date_gmt":"2024-05-19T14:23:19","guid":{"rendered":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/?p=16767"},"modified":"2024-06-14T12:53:29","modified_gmt":"2024-06-14T10:53:29","slug":"baltasar-gracian-un-surrealista-temprano-el-criticon-2a-parte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/baltasar-gracian-un-surrealista-temprano-el-criticon-2a-parte\/","title":{"rendered":"Baltasar Graci\u00e1n, un surrealista temprano (&#8220;El Critic\u00f3n&#8221;, 2\u00aa parte)"},"content":{"rendered":"<div class=\"wpb-content-wrapper\"><p>[vc_row][vc_column]<div class=\"text-block\" ><div class=\"simple-text size-4\"><p>Llama la atenci\u00f3n a primera vista o lectura que esta segunda parte de <i>El Critc\u00f3n<\/i> es m\u00e1s \u00e1gil que la primera. Se advierte que Graci\u00e1n hab\u00eda acumulado experiencia. Las caminatas de Critilo y Andrenio por desconcertantes paisajes, proto surrealistas, son m\u00e1s pintorescas, graciosas, coloristas.<!--more--><\/p>\n<p>(La primera parte de esta serie se ,encuentra aqu\u00ed:\u00a0<a href=\"https:\/\/agroicultura.com\/general\/baltasar-gracian-y-el-criticon-cenizos-clarividentes\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Baltasar Graci\u00e1n y \u00abEl Critic\u00f3n\u00bb, cenizos clarividentes<\/a>) El mapa muestra Europa tras la paz de Westaflia. 1648)<\/p>\n<p><b>Fernando Bell\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>El estilo conceptual del autor es m\u00e1s ligero, aunque tambi\u00e9n puede ser que el lector se haya acostumbrado a \u00e9l y le parezca m\u00e1s accesible. Uno llega a pensar que Graci\u00e1n es un infatigable creador de jerogl\u00edficos y acertijos, que el lector moderno ha de descifrar para salir contento en su culto empe\u00f1o.<\/p>\n<p>Es un estilo cortado a cincel sobre piedra berroque\u00f1a. Y en esto me hace evocar a Benito Espinosa, barroco coet\u00e1neo del aragon\u00e9s, y su <i>\u00c9tica demostrada seg\u00fan el orden geom\u00e9trico<\/i>, escrita en lat\u00edn, la lengua culta por antonomasia con permiso del griego. El Barroco, que supone una segunda ruptura con la Edad Media, no se separa de la filosof\u00eda escol\u00e1stica, y construye la ret\u00f3rica de un modo geom\u00e9trico. Despu\u00e9s del Barroco, el Clasicismo y la Ilustraci\u00f3n har\u00e1n derivar el pensamiento por los meandros de la <i>res cogitans<\/i> o \u00edntima de los fil\u00f3sofos y por el <i>noumenos<\/i> o esp\u00edritu kantiano, para entendernos, cuyo descifrado es casi aleatorio, una vez impuesta la libre interpretaci\u00f3n en la filosof\u00eda protestante.<\/p>\n<p>La segunda parte de <i>El Critic\u00f3n<\/i> lleva como subt\u00edtulo &#8220;Juiziosa cortesana filosof\u00eda en el oto\u00f1o de la varonil edad&#8221;. Graci\u00e1n se lleva a sus protagonistas de viaje por la edad madura, para que maduren observando vicios, incongruencias y vanidades en las que ellos mismos caen y viven en sus carnes. Pero siempre cuentan con alg\u00fan sabio benevolente que les aparta de la ci\u00e9naga.<\/p>\n<p>Nos ofrece Graci\u00e1n un circo o un zoo de las debilidades humanas, una descripci\u00f3n minuciosa, colorida, sagaz, de la que podr\u00edan sacar chistes y argumentos sarc\u00e1sticos y divertidos los comediantes de moda o momos. Algunos es posible que hayan le\u00eddo <i>El Critic\u00f3n<\/i>.<\/p>\n<p>En la Crisi Und\u00e9zima, dedicada a la vanidad y a la fama, aparece un personaje rastrero y repugnante, inferior, bichejo canalla llamado Momo. Se dedica a romper cristales a discreci\u00f3n, es decir a arrojar piedras y a esconder la mano. De esta guisa confunde a los desgraciados que reciben el cantazo, y lo devuelven a sus vecinos.<\/p>\n<p>En oportuna nota, el editor Santos Alonso recuerda al poco iniciado lector (yo, en este caso) que Momo &#8220;era dios de la locura y de la burla, y a causa de sus sarcasmos fue arrojado del Olimpo por los otros dioses&#8221;. Los momos actuales han ocupado el olimpo de los teatros y de las televisiones, y no los echan de all\u00ed sino que les pagan estupendos aguinaldos. Por eso digo que alguno de los m\u00e1s avisados se habr\u00e1 apropiado de los sarcasmos de Graci\u00e1n, y ha hecho bien.<\/p>\n<p>Copio el \u00edndice de esta segunda parte, por ser necesario para entender lo que luego se comenta.<\/p>\n<p>Crisi primera: Reforma Universal.<\/p>\n<p>Crisi segunda: Los prodigios de Salastano.<\/p>\n<p>Crisi tercera: La c\u00e1rcel de oro y calabo\u00e7os de plata.<\/p>\n<p>Crisi cuarta: El museo del Discreto.<\/p>\n<p>Crisi quinta: Pla\u00e7a del populacho y corral del vulgo.<\/p>\n<p>Crisi sexta: Cargos y descargos de la Fortuna.<\/p>\n<p>Crisi s\u00e9ptima: El hierro de Hipocrinda.<\/p>\n<p>Crisi octava: Armer\u00eda del Valor.<\/p>\n<p>Crisi nona: Anfiteatro de monstruosidades.<\/p>\n<p>Crisi d\u00e9zima: Virtelia encantada.<\/p>\n<p>Crisi und\u00e9zima: El texado de vidrio y Momo tirando piedras.<\/p>\n<p>Crisi duod\u00e9cima: El trono del Mando.<\/p>\n<p>Crisi dezimatercera: La jaula de todos.<\/p>\n<p>Es simp\u00e1tica la costumbre de Graci\u00e1n de introducir cada cap\u00edtulo o crisi con una reflexi\u00f3n filos\u00f3fica. Unidas todas, que har\u00edan treinta y ocho, compondr\u00edamos un tratado de cerca de cincuenta p\u00e1ginas, posible resumen de la filosof\u00eda del jesuita rebelde.<\/p>\n<p>En &#8220;Reforma universal&#8221; nos presenta a los protagonistas as\u00ed: &#8220;Hall\u00e1banse ya nuestros dos peregrinos del vivir, Critilo y Andrenio, en Arag\u00f3n, que los estrangeros llaman la buena Espa\u00f1a, empe\u00f1ados en el mayor revent\u00f3n de la vida&#8221;. Por revent\u00f3n ha de entenderse &#8220;la trabajosa cuesta de la edad varonil&#8221;. Lo primero que se encuentran es a un tipo con el cuerpo cubierto de ojos. Se trata de Argos apodado Panoptes, que todo lo ve, nos recuerda Santos Alonso.<\/p>\n<p>Tener muchos ojos previene de errores de comportamiento y de juicio. Argos les advierte, &#8220;\u00bfNo sabes t\u00fa que casi todos los arrimos del mundo son falsos, chimeneas tras tapiz que hasta los parientes falsean y se halla peligro en los mismos hermanos? Maldito el hombre que conf\u00eda en otro y sea quien fuere.&#8221; Como lo dice un pagano, Graci\u00e1n se permite enmendar algo el catecismo cristiano.<\/p>\n<p>Pesimismo absoluto, pero \u00fatil. No debe nadie fiarse ni de padres, hermanos o hijos. Se debe vivir sin arrimo a nada, &#8220;estarse solo, vivir a lo fil\u00f3sofo y a lo feliz&#8221;.<\/p>\n<p>Preguntan a Argos milojos d\u00f3nde les lleva. Y contesta que \u00e9l es un simple guarda, un aduanero, que revisa lo que cada viandante lleva para requisar el contrabando. El contrabando son las ni\u00f1er\u00edas, las mocedades, toda la carena que se va acumulando en la juventud, y que en la edad adulta son defectos vergonzosos y punibles.<\/p>\n<p>Les conduce por una empinada cuesta, aunque dotada de bancos bajo frondosas moreras. Alcanzan una meseta con una gran casa labrada, pero nada suntuosa, &#8220;m\u00e1s de provecho que de artificio&#8221;, con dos portalones siempre abiertos. Por uno se entra, por otro se sale de muy diferente semblante y car\u00e1cter. Comenta el milojos que entre una puerta y otra hay treinta a\u00f1os de diferencia, lo que se tarde en madurar. La trasformaci\u00f3n que sufren es evidente. Uno de los chistes poco piadosos del ma\u00f1o Graci\u00e1n es el siguiente: &#8220;\u00bfNo veis cu\u00e1ntos valencianos entran y qu\u00e9 de aragoneses salen?&#8221;<\/p>\n<p>Dentro del caser\u00f3n se halla la Audiencia de la Edad, presidida por el Juicio. El Consejo lo constituyen grandes personajes: el Modo, el Tiempo, el Concierto, el Valor, y otros. Todos los viajeros saben de d\u00f3nde vienen, pero pocos a d\u00f3nde van, y no saben dar raz\u00f3n de s\u00ed mismos. Dos de los aduaneros son la Atenci\u00f3n y el Recato, que escudri\u00f1an a los transe\u00fantes y les sacan libros de entre las ropas, novelas y comedias, poco recomendables para una edad superior a la treintena. Hoy ese riguroso tribunal prohibir\u00eda las telecomedias, las series de intriga y las fotonovelas turcas.<\/p>\n<p>En uno de los registros hallan un libro de caballer\u00edas. Y en este punto se revela el poco respeto (lo dicen los estudiosos) que Graci\u00e1n le ten\u00eda a Cervantes. Alguien comenta que al menos se podr\u00e1n leer las novelas que se han escrito contra los libros de caballer\u00edas. &#8220;Respondi\u00f3les la Cordura que de ning\u00fan modo, porque era dar del lodo en el cieno, y hab\u00eda sido querer sacar del mundo con una necedad mayor&#8221;. Tambi\u00e9n persiguen los jueces el canto vulgar y la m\u00fasica de guitarra a los que salen de la juventud, aunque s\u00ed se les autoriza a escuchar conciertos. A otro le pillan un relicario con el retrato de una dama. Y se dan cuenta de que es el mismo retrato, la misma dama, que han sonsacado a otros contrabandistas. Les intiman &#8220;o menos barbas o menos figurer\u00edas; y que eso de trillar la calle, de dar vueltas, comer hierro, apuntalar esquinas, deshollinar balcones, lo dexasen para los Adonis boquirrubios&#8221;. Los boquirrubios son los simples que &#8220;comen hierros&#8221; pegados a la ventana enrejada de una dama. La gracia de Graci\u00e1n llega a ser hilarante, al menos a mi juicio.<\/p>\n<p>Llega el cap\u00edtulo a su final con algunas recomendaciones. &#8220;Tenga ya gusto y voto, no siempre viva del ageno; que los m\u00e1s en el mundo gustan de lo que ven gustar a otros, alaban lo que oyeron alabar; y si les pregunt\u00e1is en qu\u00e9 est\u00e1 lo bueno de lo que celebran, no saben dezirlo; de modo que viven por otros y se gu\u00edan por entendimientos agenos.&#8221;<\/p>\n<p>Finalmente les dan licencia para pasar adelante, y les conduce Argos a un alto puerto, ya de otro mundo, el de la crisi segunda o &#8220;Los prodigios de Salasno&#8221;.<\/p>\n<p align=\"CENTER\"><b>Museos y c\u00e1rceles<\/b><\/p>\n<p>El ap\u00f3logo de esta crisi concierne a tres hermosas damas, la Aurora, a la Verdad y a la Amistad. Intentan entrar en un palacio, y desde dentro las rechazan por ser lo que son, enemigas de la vida cortesana. La pareja de viajeros, acompa\u00f1ada todav\u00eda por Argos, ha llegado a una de las cumbres de la edad madura. Desde all\u00ed divisan grandes ciudades, Roma, Toledo, Par\u00eds en la que destaca el Louvre o Lobero en espa\u00f1ol, porque fue uno de los lugares en los que se encerraron a los hugonotes, lobos, el d\u00eda de San Bartolom\u00e9 de 1572.<\/p>\n<p>Un criado les dirige al palacio de Salastano, met\u00e1tesis de Lastanosa. Vincencio Juan de Lastanosa fue un militar, coleccionista y erudito oscense amigo y protector de Graci\u00e1n. En su casa ten\u00eda museos de medallas, de retratos y de maravillas sin cuento, y el autor las lista de este modo: &#8220;un hombre de bien en estos tiempos , un oidor sin manos, pero con palmas [<i>sin manos para llevarse sobornos, pero con palmas s\u00edmbolo de la justicia, nos apunta Santos Alonso<\/i>]\u2026 un grande de Espa\u00f1a desempe\u00f1ado, un pr\u00edncipe en esta era dichoso, una reina fea, un pr\u00edncipe oyendo verdades, un letrado pobre, un poeta rico\u2026&#8221; Lo que deber\u00eda ser, pero casi nunca es.<\/p>\n<p>Y paso a paso se acercan a la tercera crisi, &#8220;La c\u00e1rcel de oro y calabo\u00e7os de plata&#8221;. Abre su meditaci\u00f3n filos\u00f3fica Graci\u00e1n con la queja de Francia ante la Fortuna, por favorecer a Espa\u00f1a, entonces, recu\u00e9rdese, en lo m\u00e1s alto de su esplendor, aunque ya de cara a la cuesta abajo. La Fortuna les dice que los espa\u00f1oles son los indios de los franceses, porque \u00e9stos les chupan lo que aquellos obtienen de los indios, testimonio temprano de la leyenda negra en boca de un jesuita que no ha pisado tierra americana, pero basado en hechos evidentes como los preciados y preciosos galeones.<\/p>\n<p>Asegura Fortuna que &#8220;cuando se repartieron los bienes, a los espa\u00f1oles les cupo la honra, a los franceses el provecho, a los ingleses el gusto y a los italianos el mando&#8221;, cumplido resumen de un estereotipo extendido en aquella \u00e9poca.<\/p>\n<p>El asunto del cap\u00edtulo es otro del presentado. Empieza por la tortuosa b\u00fasqueda del \u00abamigo verdadero\u00bb. Un criado la ha buscado por el orbe imperial hisp\u00e1nico, donde ha visto de todo, y a la postre le han dicho que a ese amigo lo ha de encontrar en Espa\u00f1a. Recorre la geograf\u00eda peninsular sin encontrar a nadie, y Graci\u00e1n aprovecha para definir a su modo los caracteres regionales con bastante iron\u00eda.<\/p>\n<p>Los dos viajeros acaban y\u00e9ndose a Francia en busca de la madurez virtuosa. Empiezan Critilo y Andrenio a murmurar de Espa\u00f1a, en di\u00e1logo que podr\u00edan mantener hoy dos avisados con gracia. Este es el retrato urgente que hacen de los espa\u00f1oles: &#8220;Son muy juiciosos, no tan ingeniosos; son valientes, pero tardos; son leones, pero con cuartana [<i>con frecuentes fiebres<\/i>]; muy generosos, y a\u00fan perdidos; parcos en el comer y sobrios en el beber, pero superfluos en el vestir; abra\u00e7an todos los extranjeros, pero no estiman los propios; no son muy crecidos de cuerpo, pero de grande \u00e1nimo; son poco apassionados por su patria, y trasplantados son mejores; son muy allegados a la raz\u00f3n, pero arrimados a su dictamen; no son muy devotos, pero tenazes de su religi\u00f3n. Y absolutamente es la primera naci\u00f3n de Europa: odiada porque envidiada.&#8221;<\/p>\n<p>Ah\u00ed queda eso, dir\u00eda un contertulio del presente audiovisual. Bulos, dir\u00eda un ministro del gobierno.<\/p>\n<p>Les recibe en Francia con zalemas un franc\u00e9s, porque supone que, viniendo de Espa\u00f1a vendr\u00e1n cargados de oro. Les pide que le acompa\u00f1en, porque observa que no saben en qu\u00e9 siglo viven. Graci\u00e1n s\u00ed lo sabe, porque ha participado en la guerra de Catalu\u00f1a, invadida por los franceses con harto gusto de ciertos catalanes. Critilo habla por el autor y describe el siglo XVII como lo que fue, un siglo de hierro, &#8220;con tanto ca\u00f1\u00f3n y bombarda, todo ardiendo en guerras.&#8221;<\/p>\n<p>Pero el gabacho insiste en que es el siglo de oro. Y les conduce a un palacio todo de oro. Le piden explicaciones de d\u00f3nde ha salido esa riqueza, y dice, &#8220;\u00bfc\u00f3mo de d\u00f3nde? Pues si Espa\u00f1a no hubiera tenido los desaguaderos de Flandes, las sangr\u00edas de Italia, los sumideros de Francia, las sanguisuelas de G\u00e9nova, \u00bfno estuvieran todas sus ciudades enladrilladas de oro y muradas de plata?&#8221; La abundancia de oro hispanoamericano en Europa es tal, que &#8220;ya se ha hallado tra\u00e7a de hazer el oro potable y comestible&#8221;.<\/p>\n<p>Pero el uso m\u00e1s rentable del oro es el que permite combatir guerras. El <i>monsiur<\/i> explica: \u00bfQu\u00e9 pens\u00e1is vosotros, que los reyes hacen la guerra con el bronce de las bombardas, con el hierro de los mosquetes y con el pomo de las balas? Que no, por cierto, sino con <i>dinari, <\/i>y <i>dinari e piu dinari<\/i>.<\/p>\n<p>Por fin entran en tan lustroso castillo, y descubren que es una c\u00e1rcel, donde al que one el pie le aherrojan, &#8220;y es lo bueno, que a t\u00edtulo de hazerles muchos favores.&#8221; Es decir, les enga\u00f1an, captur\u00e1ndolos. Colocan a una mujer una argolla y la convencen de que es un colar valios\u00edsimo; a un cortesano le cargan de grillos y le persuaden que puede moverse sin problemas. Todos son cautivos voluntarios, y tan contentos como enga\u00f1ados.&#8221; Enga\u00f1ados est\u00e1n los avaros. Uno se ellos es un gran noble, que adora un arca de hierro como har\u00eda un gentil y no un cristiano, y tampoco es jud\u00edo, porque entre los nobles espa\u00f1oles no hay sangre hebrea, se supone; dentro del arca tiene su testamento, sin que sepa a qui\u00e9n va. Aprovecha Graci\u00e1n para anticiparnos un guion de telenovela melodram\u00e1tica: &#8220;vieron que la mujer, por quedar rica y desahogada, ahoga al marido; luego, el heredero, pareci\u00e9ndole vive sobrado la madre y \u00e9l no vive sobrado, la mata a pesares; a \u00e9l, por heredarle, su otro hermano segundo le despacha; de suerte que unos a otros como v\u00edboras crueles se emponzo\u00f1an y se matan.&#8221;<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n da muestras Graci\u00e1n de humorismo sarc\u00e1stico. Un ladr\u00f3n persuade a otro ladr\u00f3n de que se robe a s\u00ed mismo, robador y robado. Y por fin, el se\u00f1or del castillo con paredes de oro: &#8220;Coronado necio&#8221;, no vestido de ropajes ex\u00f3ticos y caros, sino &#8220;metido en el m\u00e1s estrecho calabo\u00e7o, que aun luz no gastaba por no gastarla ni aun de d\u00eda, por no ser visto para dar ni prestar.&#8221;<\/p>\n<p>Aterrados Critilo y Andrenio echan a correr buscando la salida del palacio, y caen en una trampa.<\/p>\n<p align=\"CENTER\"><b>Troc\u00f3se la riqueza en polvo<\/b><\/p>\n<p>&#8220;El museo del discreto&#8221; es el t\u00edtulo de la cuarta crisi. Encarcelados los dos peregrinos ven a un hombre con alas, que no puede volar, encadenado de un pie. Este tipo les desenga\u00f1a una vez m\u00e1s. No hay all\u00ed oro ni plata ni nada precioso, todo es falso, todo es fingido, todo es sue\u00f1o. Y es que al morir uno de los presos y acogerse a Dios, las riquezas que le rodean se convierten en carb\u00f3n. Troc\u00f3se la riqueza en polvo. &#8220;Toda aquella m\u00e1quina de viento, en un cerrar y abrir de ojos se resolvi\u00f3 en nada.&#8221; La composici\u00f3n de esta sentencia es una prueba del valor del lenguaje, en este caso del espa\u00f1ol, que seiscientos millones de seres humanos tienen la dicha de hablar, incluidos el que escribe y el que lee.<\/p>\n<p>El hombre alado les propone encaminarse al palacio de la discreta Sofisbella. Muchos la buscan y pocos la hallan. En las universidades muchos saben lat\u00edn pero suelen ser grandes necios en romance, dice Graci\u00e1n de los togados, desvelando la alegor\u00eda.<\/p>\n<p>Se acercan a un palacio de cristal, donde puede que viva la sabia Sofisbella. De s\u00fabito oyen una confusa vozer\u00eda.&#8221;Pararon al punto y repararon en un chabacano monstruo que ven\u00eda atrancando sendas, seguido de innumerable turba: estra\u00f1a catadura, la primera metad de hombre y la otra de serpiente; de modo que de medio arriba miraba al cielo y de medio abaxo iba rastrando por tierra.&#8221;<\/p>\n<p>El hombre alado les advierte de que se trata del sabio de todos, el milagro y el or\u00e1culo del vulgo, que sabe m\u00e1s que las culebras. Un sabio de ventura, &#8220;uno que sin haber estudiado es tenido por docto, sin cansarse es sabio, sin haberse quemado las cejas trae barba autorizada, sin haber sacudido el polvo de los libros, levanta polvaredas.&#8221; Atra\u00eddo por la oportunidad, el no tan inocente Andrenio se lanza tras \u00e9l y se separa de Critilo.<\/p>\n<p>Pero Critilo y el hombre alado se dirigen al palacio brillante. A su alrededor hay multitud de personas que parecen adorarle, cuando en realidad est\u00e1n lamiendo las paredes, que son de sabrosa sal. Entran y se encaminan a un sal\u00f3n precioso, en cuyo centro hay &#8220;un sol humano que parec\u00eda mujer divina&#8221; haciendo m\u00fasica con un plectro o p\u00faa en una c\u00edtara con cuerdas de oro. Describe Graci\u00e1n una orquesta de instrumentos arm\u00f3nicos colgados de la nada. Y aprovecha para hacer una serie de juicios sobre la m\u00fasica de su tiempo, que a quienes no somos eruditos se nos escapan.<\/p>\n<p>Llama el Tiempo a Critilo y al hombre volador a una enorme estancia donde se encuentran la Memoria y la Historia, &#8220;maestra de la vida, la vida de la fama, la fama de la verdad y la verdad de los hechos.&#8221; La Historia reparte plumas a varones y mujeres diversos. Es un s\u00edmbolo de los historiadores, de toda laya y catadura. &#8220;No se vuela a la eternidad en plumas alquiladas&#8221;, dice la Historia recelosa.<\/p>\n<p>Hace repaso Graci\u00e1n de los eruditos antiguos y modernos, y a todos saca los colores, y acusa de cacareos sus trabajos. Dice que los espa\u00f1oles se atienen m\u00e1s a manejar la espada que la pluma, a obrar haza\u00f1as antes que a placearlas. Otros son los que las cacarean, en especial los franceses y los italianos. En ello est\u00e1 marcando el inicio de la Leyenda Negra.<\/p>\n<p>Llama la atenci\u00f3n el vuelco naturalista, una especie de literatura comparada, que hace Graci\u00e1n en este asunto. Cita a historiadores, se\u00f1ala los usos y t\u00e9cnicas de la composici\u00f3n de este g\u00e9nero, con pocas met\u00e1foras o alegor\u00edas. Y se pasean por los \u00e1mbitos de la Filosof\u00eda Natural, que describe los cuatro elementos o continentes. V\u00e9ase que desconoce el quinto, Australia, descubierto un siglo despu\u00e9s, aunque el marino espa\u00f1ol Luis V\u00e9lez de Torres coste\u00f3 en 1606 el norte viendo algunas islas, sin caer en la cuenta de que pocas millas m\u00e1s al sur estaba el continente.<\/p>\n<p>La Filosof\u00eda Moral es la siguiente parada. Nombra varias escuelas literarias de anta\u00f1o y de su hoga\u00f1o. Menciona al Infante don Juan Manuel, la Celestina o Quevedo. Luego hace una excursi\u00f3n a la Pol\u00edtica, donde se habla de Plat\u00f3n, de Maquiavelo y de Juan Bodino, que describen &#8220;la ruindad destos tiempos, la malignidad destos siglos y cu\u00e1n acabado est\u00e1 el mundo.&#8221; Poco ha mejorado el planeta, uede afirmarse desde nuestro presente. Despu\u00e9s se cita Graci\u00e1n a s\u00ed mismo sin nombrarse, por su <i>El Pol\u00edtico<\/i>, tratado impreso en Zaragoza en 1640.<\/p>\n<p>Este resumen cr\u00edtico lo es del libro tambi\u00e9n de Graci\u00e1n <i>Agudeza y arte de ingenio<\/i>, en donde rese\u00f1a escritores, poetas, m\u00fasicos, una suerte de vadem\u00e9cum de las artes.<\/p>\n<p>Se despide Critilo con pesar del tan aprovechado palacio de Sofisbella, exclamando que &#8220;para m\u00ed no hay gusto como el de leer, ni centro como una selecta librer\u00eda&#8221;, que es lo que parec\u00eda el lugar, una biblioteca universal y p\u00fablica.<\/p>\n<p>En este cap\u00edtulo se observa el valor de aquel siglo XVII, repleto de grandes hombres (y de grandes mujeres, que poco a poco se van descubriendo), del que los espa\u00f1oles debemos sentirnos orgullosos. Para no ser como Andrenio, a quien vamos a encontrar en la crisi quinta en la &#8220;Pla\u00e7a del populacho y corral del Vulgo.&#8221;<\/p>\n<p align=\"CENTER\"><b>El reino de los hombres a remiendos<\/b><\/p>\n<p>La moraleja de este cap\u00edtulo es la decisi\u00f3n de Fortuna de conceder a dos peticionarios lo que le piden. Uno le pide la dicha de rodearse de varones sabios y prudentes. El otro que le hiciese venturoso con todos ignorantes y necios.<\/p>\n<p>Le pregunta a un cortesano qui\u00e9n sali\u00f3 con ventaja. Le responde que el primero. Pero no es as\u00ed, sino el segundo en significativa paradoja: &#8220;Mir\u00e1, los sabios son muy pocos, no hay cuatro en una ciudad; \u00a1qu\u00e9 digo cuatro!, ni dos en todo un reino. Los ignorantes son los muchos, los necios lo son infinitos; y as\u00ed, el que los tuviere a ellos de su parte, \u00e9sse ser\u00e1 se\u00f1or de un mundo entero&#8221;.<\/p>\n<p>\u00bfNo vale esta sentencia para todos los tiempos conocidos, pasados, presentes y los futuros desconocidos?<\/p>\n<p>Andrenio, que todav\u00eda no ha encontrado a Critilo, entra en la Plaza del populacho y corral del vulgo acompa\u00f1ado del serpihombre, a quien llama C\u00e9crope, que seg\u00fan la mitolog\u00eda lo fue. Esta plaza mayor del universo est\u00e1 llena de &#8220;hombres a remiendos&#8221;, medio humanos y medio animales.<\/p>\n<p>Imagine el lector una cantina o mes\u00f3n de hoy en d\u00eda con una tropa de amiguetes hablando todos a la vez y resolviendo los graves problemas de su tiempo: la guerra de Ucrania, el conflicto israelo palestino, las opas hostiles, las leyes de la memoria y de la amnist\u00eda, etc. Hablan por boca de ganso, murmuran con hocico de puerto.<\/p>\n<p>Su conversaci\u00f3n es sobre la guerra de Catalu\u00f1a y con Francia, la separaci\u00f3n de Portugal, la cr\u00edtica situaci\u00f3n de Flandes, y esos temas candentes en la Espa\u00f1a patria de Graci\u00e1n. Gobiernan el mundo, dan arbitrios, predican prem\u00e1ticas (leyes) y soluciones de semejante guisa. Son destripaterrones, denuncia Andrenio, que se va despabilando, y despu\u00e9s utiliza otra met\u00e1fora, &#8220;son sastres en descoser vidas agenas y dar cuchilladas en la m\u00e1s rica tela de la fama&#8221;.<\/p>\n<p>Graci\u00e1n repasa, sin otorgar piedad a nadie, la n\u00f3mina de sabihondos y papanatas de su tiempo, soldados hablando de leyes, letrados hablando de batallas, viejos quejicas y mozos insolentes, sastres, m\u00e9dicos, todos necios.<\/p>\n<p>Algunos hacen pron\u00f3sticos del fin de los d\u00edas, y hay quien muere de pavor dos d\u00edas antes de un terremoto que no llega a producirse. Disparates que se traga y bebe la gente como si fueran chatos de vinazo con entra\u00f1as fritas.<\/p>\n<p>&#8220;En buen romance \u2013dixo el Sabio\u2013 son gente que despu\u00e9s de haber perdido la hazienda est\u00e1n perdiendo el tiempo.&#8221; &#8220;Vulgo&#8221;, sentencia Graci\u00e1n, &#8220;no es otra cosa que una sinagoga de ignorantes presumidos, y que hablan m\u00e1s de las cosas cuento menos las entienden.&#8221; Supongo que los mantenedores de lo pol\u00edticamente correcto ver\u00e1n en esta frase el antisemitismo del aragon\u00e9s. En realidad demuestra un conocimiento del juda\u00edsmo rab\u00ednico, porque en las escuelas o yesivas de las sinagogas se entrena a los alumnos a mantener pol\u00e9micas desde todos los puntos de vista. No dice que la sinagoga est\u00e1 llena de idiotas, sino que los idiotas se pavonean como sofistas en una sinagoga.<\/p>\n<p>Aparece en escena una gorda mugrienta rodeada de un s\u00e9quito de adoradores. Resulta ser la ignorante Satisfacci\u00f3n, que a tanto necio engorda.<\/p>\n<p>Preludia Graci\u00e1n a los periodistas: los que andan en la corte haciendo chistes, publicando s\u00e1tiras, vomitando pasquines, &#8220;saca gacetas y se escribe con todo el mundo, y no cabiendo en todo \u00e9l, se entremete en cualquier parte.&#8221; Andrenio les califica los &#8220;z\u00e1nganos del mundo&#8221;.<\/p>\n<p>En la plaza del vulgo se pasean bachilleres, que hoy podr\u00edamos llamar catedr\u00e1ticos, duendes, y tesoros encantados, &#8220;minas de oro y de plata riqu\u00edsimas, pero tapiadas hasta que se acaben las Indias, las cuevas de Salamanca y de Toledo, \u00a1mal a\u00f1o para quien se atreviera a dudarlas!&#8221; Se trata de los disparates que hoy se podr\u00edan llamar &#8220;leyendas urbanas&#8221;.<\/p>\n<p>Y acaba la crisi con la aparici\u00f3n de un monstruo sin cabeza pero con lengua, hombros y pechos para la carga, padre de la mentira y hermano de la necedad, que resulta ser el Vulgacho, algo peor que el vulgo y que el populacho, porque une los dos fen\u00f3menos. Va tropezando porque no tiene ojos, y al escapar la turbamulta se pisotean y se chafan. Andrenio echa de menos a Critilo, pero el Sabio le saca oportunamente de la avalancha.<\/p>\n<p>Al inicio de la Crisi sexta recuperamos a Critilo, a quien un enano da una versi\u00f3n del G\u00e9nesis rectificada, y sin embargo la Inquisici\u00f3n no la consider\u00f3 digna de persecuci\u00f3n. Dios concede a Ad\u00e1n la sabidur\u00eda que \u00e9l le pide, y a Eva la belleza que le demanda. Pero la Fortuna se enfada por no haber sido advertida, y &#8220;desde ese d\u00eda aseguran que los sabios y entendidos quedaron desgraciados, todo les sale mal, todo se les despinta; los necios son los venturosos, los ignorantes favorecidos y premiados. Con las guapas ocurre lo mismo. Hasta hace poco se o\u00eda decir &#8220;la suerte de la fea la guapa la desea&#8221;.<\/p>\n<p>Advierte el enano a Critilo que la Sabiru\u00eda huy\u00f3 al cielo muchos a\u00f1os atr\u00e1s con las dem\u00e1s virtudes. Solo hay huella de Sabidur\u00eda y Virtudes en los libros. As\u00ed que marchan en busca de Artemio y de la Ventura o Fortuna, que se ha quedado, ella s\u00ed, entre los hombres. Un soldado les pregunta el camino de la Fortuna, y el enano le dice de cual, la verdadera o la falsa.<\/p>\n<p>Graci\u00e1n desencadena una ristra de paradojas y ejemplos cargados de simbolismos. De nuevo vemos que el trabajo del jesuita aragon\u00e9s fuera reconocido y apreciado por los intelectuales de su \u00e9poca y las siguientes, porque <i>El Critic\u00f3n<\/i> es un verdadero diccionario de ideas morales, de dichos, de fantas\u00edas, de cr\u00edticas a todo bicho viviente, de iron\u00edas y de sarcasmos.<\/p>\n<p>Pero un diccionario o prontuario en forma de trama novel\u00edstica en la que nos paseamos por escenarios simb\u00f3licos pero reales. Si Graci\u00e1n fuera ingl\u00e9s o norteamericano, en Hollywood habr\u00edan hecho media docena de pel\u00edculas con esta obra suya.<\/p>\n<p>La variedad de escenograf\u00eda es portentosa, calderoniana, de Cecil B. de Mille. Critilo y el enano llegan &#8220;a un extravagante palacio que por un lado parec\u00eda edificio y por otro ruina, torres de viento sobre arena, soberbia m\u00e1quina sin fundamentos.&#8221; Est\u00e1 lleno de escaleras escurridizas y sin barandillas, desde las que caen de continuo los ansiosos por ascender hacia la Fortuna. En el primer escal\u00f3n se encuentra el Favor, que ayuda caprichosamente a los pretendientes, y siempre acierta en los peores.<\/p>\n<p>La descripci\u00f3n de esta escena me recuerda a un cuadro de El Bosco o de Brueghel, una pintura que precede al surrealismo y lo supera. En lo m\u00e1s alto descubren a Andrenio, que &#8220;por lo vulgar hab\u00eda subido tan arriba y estaba muy adelantado en el valer. Ayuda el hu\u00e9rfano a su valedor, y ascienden a la cumbre donde se halla una Fortuna muy distinta al estereotipo: ve perfectamente, y no se est\u00e1 quieta porque calzaba ruedecillas por chapines.<\/p>\n<p>Explica Fortuna que ni es ciega ni fea ni perversa, por ser hija de Dios, y que los que reparten favores son los malos, que ayudan a los de su condici\u00f3n. Los poderosos dan los cargos a los que menos los merecen, el padre se apasiona por el peor hijo, la madre por la hija m\u00e1s loca, y as\u00ed una porci\u00f3n de casos. Llama a su presencia al Dinero, a la Honra, a los Cargos, Premios y Felicidades. El Dinero se explica. Es amigo de los ruines, farsantes, rufianes espadachines y rameras porque le buscan y le desean, mientras que los honrados no son ambiciosos, no pretenden, no se alaban, no se entremeten. A la Hermosura le pasa igual, siempre est\u00e1 rodeada de locas y necias. En cuanto a la Ventura, siempre acompa\u00f1a a los temerarios, porque los prudentes se buscan la vida solos.<\/p>\n<p>El soldado y tambi\u00e9n un estudiante que aparece por all\u00ed reprochan a la Fortuna ser mudable e inconstante. Responde muy filos\u00f3ficamente que ha de ser as\u00ed para que a todos aproveche la fortuna, y que la intervenci\u00f3n del Tiempo lo mueve todo. Acaba el cap\u00edtulo con una prueba a la que Fortuna somete a los seres humanos. Dispone un buen recaudo de bienes sobre una mesa redonda, convoca a los deseosos en su torno, y le dice que tomen lo que quieran. Pero ninguno alcanza su bot\u00edn, aunque llegan a rozarlo. As\u00ed que Fortuna pregunta si hay por all\u00ed alg\u00fan sabio, y aparece otro enano, coge el borde del mantel y tira a hacia \u00e9l llev\u00e1ndose los regalos. Pero rechaza los m\u00e1s valiosos y se queda con una median\u00eda.<\/p>\n<p>El fin del juego, pues Graci\u00e1n lo presenta as\u00ed, es un estropicio. &#8220;Tocaron a despejar: el Tiempo con su muleta, la Muerte con su guada\u00f1a, el Olvido con su pala, la Mudanza dando temerarios empellones, el Disfavor puntapi\u00e9s, la Vengan\u00e7a mojicones. Comenzaron a rodar unos y otros por una y otra parte que para el caer no hab\u00eda sino una grada, y \u00e9sta deslizadero; todo lo dem\u00e1s era un despe\u00f1o.&#8221;<\/p>\n<p align=\"CENTER\"><b>Los bienes de quitar<\/b><\/p>\n<p>La virtud fingida es la protagonista de la Crisi s\u00e9ptima, titulada <i>El hiermo de Hipocrinda<\/i>. Cuenta Graci\u00e1n que al hombre le tributaron Dios y otras criaturas un conjunto de perfecciones, del alma y el cuerpo, el tiempo, la fortuna y los honores. Pero el sujeto se quej\u00f3: &#8220;\u00bfQu\u00e9 ser\u00e1 m\u00edo? Si todo es de prestado. \u00bfQu\u00e9 me quedar\u00e1?&#8221; Quer\u00eda el ambicioso intuitivo bienes ra\u00edces, no bienes &#8220;de quitar&#8221;. Le responden que tiene como propia e intransferible la virtud. Y el novelista ordenado dedica este cap\u00edtulo a la hipocres\u00eda.<\/p>\n<p>La Virtud es algo que todos quieren parecer tenerla, pero pocos a procuran.<\/p>\n<p>Cuanto m\u00e1s me adentro en <i>El Critic\u00f3n<\/i> m\u00e1s me convenzo de que est\u00e1 lejos de ser un tratado de moral. Como el Quijote o la Celestina es una novela sat\u00edrica, m\u00e1s bien sarc\u00e1stica, que el autor presenta como una colecci\u00f3n de advertencias y desenga\u00f1os con argumentos que resumen una filosof\u00eda. Es decir, que hay una filosof\u00eda en Graci\u00e1n, como la hay en Cervantes o en Fernando de Rojas, igual que en todo literato de fuste.<\/p>\n<p>Sobre la virtud asegura Graci\u00e1n que normalmente topamos con su sombra, que es la hipocres\u00eda. Pone estas palabras y la salvaci\u00f3n de Critilo y Andrenio, a punto de despe\u00f1arse ambos, en manos de una agradable ministra, que les tiende un puente entre la Fortuna y la Virtud.<\/p>\n<p>Aparece un viejo fam\u00e9lico, carcomido, como ermita\u00f1o de siglos, y les pregunta a d\u00f3nde se dirigen. Le responden que buscan el castillo de Virtelia, se\u00f1alando a la Virtud. Pero el viejo consumido les advierte que Virtelia es una mujer encantada, due\u00f1a de un monte de dificultades, poblado de fieras, serpientes que emponzo\u00f1an, dragones que tragan y un le\u00f3n despiadado. Adem\u00e1s, el acceso al castillo es una cuesta llena de malezas y deslizaderos, donde los atrevidos caen &#8220;hazi\u00e9ndose peda\u00e7os&#8221;.<\/p>\n<p>Les recomienda otro camino hacia la morada de otra reina muy parecida a Virtelia, que obra prodigios con quienes la visitan, pero que exige que se la mantenga en secreto. Escuchando esto, Andrenio se pone a seguir al viejo. Critilo intenta detenerle en vano, pero termina sigui\u00e9ndole por un laberinto de revueltas, arboledas y ensenadas. Dan en un gran edificio oculto del sol por alt\u00edsimos \u00e1rboles.<\/p>\n<p>Graci\u00e1n describe con sus met\u00e1foras las paradojas de aquella casa del enga\u00f1o, un portero llamado el Sosiego, que Critilo toma por la Pereza, sucio y desali\u00f1ado, sobre el cual hay un letrero reclamando <i>Silencio<\/i>, porque all\u00ed todos se entienden por se\u00f1as.<\/p>\n<p>Encuentran en la mansi\u00f3n a la Simon\u00eda, a la Usura &#8220;paliada&#8221;, porque &#8220;con capa de servir a la rep\u00fablica y al bien p\u00fablico se encubre la ambici\u00f3n&#8221;. La avaricia y la groser\u00eda tambi\u00e9n van cubiertas. Graci\u00e1n encadena soberbias met\u00e1foras: un grupo de tipos ce\u00f1idos para hacer las cosas bajo cuerda. Hay otro que parece un humilde profeso (fraile), pero es un &#8220;arrapa-altares&#8221;, un vulgar ladr\u00f3n.<\/p>\n<p>Lo singular del caso es que todos los mentirosos de Hipocrinda dan muestras de caridad, de fe cristiana. No es dif\u00edcil descubrir en estos episodios por qu\u00e9 Graci\u00e1n tuvo problemas con su orden. No se le pod\u00eda acusar de hereje, pero no se guardaba en mostrar, mediante met\u00e1foras, la realidad de las cosas, desde la Corte al clero, ni necesidad de citar a nadie. Y cuando lo hac\u00eda con nombres y apellidos, se cuidaba bien de que fuera por las virtudes que les atribu\u00eda su fama.<\/p>\n<p>En el reino de Hipocrinda disponen &#8220;de variedad de formas para amoldar cualquier sugeto por incapaz que sea, y ajustarle de pies a cabe\u00e7a. Si pretende alguna dignidad le hacemos luego cargado de espaldas&#8221;\u2026Y as\u00ed seguido.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en la estirpe de enga\u00f1osos hay mujeres, usuarias de un convento, con aspecto de monjas devotas, aunque muchas son casadas. Critilo pregunta al Ermita\u00f1o si encontrar\u00e1n a virtuosas acomodadas y de pr\u00e1ctica bondad. Se\u00f1ala a una gorda sentada y de mal color, &#8220;equivocando reg\u00fceldos con suspiros, muy rodeada de novicios del mundo, d\u00e1ndoles liciones de saber vivir&#8221;. Les recomienda el Ermita\u00f1o que se atengan al truco de parecer lo que no se es, y que tomen ejemplo en la gente de autoridad y de experiencia, que han aprovechado al m\u00e1ximo las reglas del fingimiento.<\/p>\n<p>Andrenio decide profesar esta virtud tan de balde, sin escalar monta\u00f1as de dificultades, sin pelear con fieras, Pero el avezado Critilo pregunta al Ermita\u00f1o si comport\u00e1ndose de ese modo se obtiene la felicidad. Y esta es la respuesta: &#8220;\u00a1Oh, pobre de m\u00ed! En esso hay mucho que decir: qu\u00e9dese para otra sitiada&#8221;, que aclara el comentarista Santos Alonso es cuando est\u00e9 acorralado y no tenga m\u00e1s remedio que ser sincero.<\/p>\n<p align=\"CENTER\"><b>El valor desperdiciado en guerras<\/b><\/p>\n<p>Las seis crisis o cap\u00edtulos que quedan de la segunda parte son m\u00e1s breves, y en ellas emplea Graci\u00e1n su genio literario y filos\u00f3fico m\u00e1s intenso. El recurso a las figuras del lenguaje, tropos, alegor\u00edas y met\u00e1foras es de extremos refinados. Uno podr\u00eda pensar que se le han acabado, pero encuentra nuevos y reitera los m\u00e1s eficaces. Estamos tratando con un humor cada vez m\u00e1s &#8220;boscoso&#8221;, por el Bosco, alquitarado al m\u00e1ximo. Un joyero calificar\u00eda a <i>El Critic\u00f3n <\/i>de oro puro, nada de chatarra y bisuter\u00eda.<\/p>\n<p>La crisi octava la dedica al valor, en especial el valor militar. Repasa el reparto de valor que hizo el Valor entre las naciones. Una novedad curiosa es la menci\u00f3n a los japoneses, que &#8220;son los espa\u00f1oles del Asia&#8221;. A los espa\u00f1oles atiende el Valor los \u00faltimos porque &#8220;hab\u00edan estado ocupados en sacar hu\u00e9spedes de su casa que vinieron de allende a echarlos de ella&#8221;, en referencia a la ocupaci\u00f3n musulmana y a la Reconquista. Los espa\u00f1oles se encuentran con que todo lo que ten\u00eda valor del Valor est\u00e1 repartido. Y el Valor les incita a revolverse contra todos los que inquietan a Espa\u00f1a, &#8220;repelad cuanto quisi\u00e9redes, en fe de mi permisi\u00f3n&#8221;. Repelar es una expresi\u00f3n valenciana que acaso tambi\u00e9n sea aragonesa, y viene a querer decir no dejar nada en el plato, y tambi\u00e9n quitar.<\/p>\n<p>Un picardiano de cien corazones (buena persona, se puede entender) les atiende, y proclama que Francia tiene grandes virtudes, y Critilo las va desmontando. &#8220;Acuden con sus armas a amparar cuantos se socorren de ellas&#8221;, dice el picardiano; y el espa\u00f1ol le responde: &#8220;Es que son los rufianes de las provincias ad\u00falteras&#8221;. Se refiere a Portugal, que acababa de asegurar su separaci\u00f3n, y a Catalu\u00f1a, enredada en una guerra que le cost\u00f3 (por voluntad propia) la invasi\u00f3n de tropas francesas. Francia abandonar\u00e1 el Principado, pero se llevar\u00e1 gran bot\u00edn: la corona espa\u00f1ola le ced\u00eda el Rosell\u00f3n. Catalu\u00f1a se encog\u00eda, y Felipe IV juraba las leyes catalanas.<\/p>\n<p>V\u00e9ase la atenci\u00f3n de Graci\u00e1n a la hirviente actualidad. Los intelectuales espa\u00f1oles de todos los reinos y regiones estaban en ascuas, y Graci\u00e1n vuelca su inquietud y su ira en esta novela transparente si se est\u00e1 al tanto de la historia de Espa\u00f1a y de Europa. Y si no, se puede aprovechar la oportunidad para ilustrarse.<\/p>\n<p>Uno de los aspectos decisivos para el aragon\u00e9s es el Valor, que se est\u00e1 degradando y cubri\u00e9ndose de sangre en Europa. Responsable es la malicia humana que ha sido la ruina y la peste de los grandes hombres. No quedan h\u00e9roes, dice Graci\u00e1n, una queja intemporal o atemporal, que se registra en todas las \u00e9pocas.<\/p>\n<p>Una de las causas de esta desgracia es la p\u00f3lvora. Hoy ser\u00edan las ojivas nucleares. &#8220;Un ni\u00f1o derriba un gigante, un gallina haze tiro a un le\u00f3n, y al m\u00e1s valiente el cobarde, ya que ninguno puede lucir ni campear&#8221;.<\/p>\n<p>Llegan los viajeros a una enorme casa museo de armas y atav\u00edos b\u00e9licos de todos los tiempos. Y se lamenta Critilo, &#8220;\u00bfOh infelicidad humana, que hazes trofeo de tu misma miseria!&#8221;<\/p>\n<p>Y al final del cap\u00edtulo llega la sentencia &#8220;pacifista&#8221;: dos grandes pr\u00edncipes combaten, y &#8220;despu\u00e9s de muchos a\u00f1os de guerra y haberse quebrado las cabezas con harta p\u00e9rdida de dinero y gente, se quedan como antes, sin haberse ganado el uno al otro un palmo de tierra.&#8221;<\/p>\n<p>Aunque lo verdaderamente v\u00e1lido es el valor, y valga la redundancia: &#8220;poco importa que el consejo dicte, la providencia prevenga, si el valor no executa&#8221;. Debe entenderse el juicio, adem\u00e1s de la valent\u00eda.<\/p>\n<p>La crisi s\u00e9ptima, titulada &#8220;Anfiteatro de monstruosidades&#8221; empieza con un chiste con moraleja. Un hombre se encuentra en un hermoso jard\u00edn a la orilla de un r\u00edo recogiendo flores, e ignorando que el suelo est\u00e1 lleno de serpientes y bichos venenosos. Desde la otra orilla alguien le apremia a ponerse a salvo, pero \u00e9l dice que no tiene prisa, que esperar\u00e1 a que deje de correr el agua para no mojarse.<\/p>\n<p>La moraleja es que la necedad del florista es universal, porque todo el mundo hace ascos a la renuncia dolorosa que le se\u00f1ala la virtud, y hasta muchos regresan de ella a la incertidumbre del jard\u00edn lleno de alacranes. &#8220;Todos aguardan a que amaine el \u00edmpetu de los vicios para passarse a la banda de la virtud.&#8221;<\/p>\n<p>Nuestros viajeros son virtuosos inteligentes, pelean con trescientos monstruos, y llegan a las puertas de un hermos\u00edsimo palacio. \u00bfSer\u00e1 el alc\u00e1zar de Virtelia?<\/p>\n<p>Se asoma por la puerta un S\u00e1tiro de nariz de muchas varas. Pero Critilo no se f\u00eda, porque \u00abtoda gran trompa siempre fue se\u00f1al de grande trampa\u00bb.<\/p>\n<p>En efecto, entran y se encuentran en un establo maloliente. Hay monstruos corteses que auxilian a los que buscan la salida a llegar a ella a cambio de su renuncia a la virtud. Es un cap\u00edtulo humor\u00edstico, en contraste con la tragedia del anterior.<\/p>\n<p>Uno de los monstruos encaja los golpes por duros que sean sin alterarse. Pero si le rozan sin malicia, se subleva y ataca. Es el Duelo, tan presente en las comedias del siglo de Oro, g\u00e9nero que Graci\u00e1n abominaba. Hay monstruos desternillantes como la Mala Intenci\u00f3n, que tiene m\u00e1s ojos que un bizco y que mira &#8220;de mal ojo&#8221;<\/p>\n<p>Otro monstruo, &#8220;por lo viejo decano&#8221;, sin un pelo de sustancia, lega\u00f1oso, boca desierta, sordo y de manos retorcidas, va en cabeza de otros tres, descritos por el autor con gracia quevedesca. Resultan ser el Mundo, el Demonio y la Carne.<\/p>\n<p>Deja el comentario de esta trinidad mal\u00e9fica para la siguiente crisi, la d\u00e9zima.<\/p>\n<p align=\"CENTER\"><b>La atracci\u00f3n de lo prohibido<\/b><\/p>\n<p>&#8220;Virtelia Encantada&#8221;, se titula, y esto anuncia que no debe ser la verdadera.<\/p>\n<p>Pare empezar, la Sabidur\u00eda se felicita de que el Mundo haya decretado la prohibici\u00f3n de toda virtud, porque de esta manera la Virtud se abrir\u00e1 paso. Pues &#8220;son de tal condici\u00f3n los mortales, tienen tan estra\u00f1a inclinaci\u00f3n a lo vedado, que en prohibi\u00e9ndoles alguna cosa, por el mismo caso la apetecen y mueren por conseguirla.&#8221;<\/p>\n<p>El Mundo compite con el Demonio y la Carne, y Critilo y Andrenio aprovechan para escalar la monta\u00f1a coronada por el palacio de Virtelia. La pendiente est\u00e1 llena de personas de toda laya y condici\u00f3n, hasta ricos y magnates van trepando. Gu\u00eda a la pareja un luciente var\u00f3n, Lucindo, y estimula al d\u00e9bil Andrenio a seguir subiendo. No es el \u00fanico que decae y se queja, son muchos otros los que flaquean, echando la carga de virtud a otros.<\/p>\n<p>Surgen las fieras en la arriscada cuesta por todas partes. Pero con s\u00f3lo amenazarlas, huyen, pues son cobardes. A un tigre le hacen huir con un escudo espejo, los lobos se espantan con &#8220;cotidiana disciplina&#8221;, y los tiros no pueden nada contra el escudo invulnerable de la paciencia.<\/p>\n<p>Pero al llegar al palacio de Virtelia en la cima ven que se compone de piedras pardas y cenicientas. Y es que all\u00ed ocurre lo contrario que en el mundo, la casa de Virtela por fuera es fea y por dentro hermosa. La entrada est\u00e1 protegida por dos jayanes con inmensas clavas, representantes de la soberbia. El truco, explica Lucindo, es humillarse como gusanos y colarse entre los pies de los gigantes.<\/p>\n<p>En el interior les sorprende una dulce fragancia y unos cantos y gorjeos arm\u00f3nicos, sin que se perciba de d\u00f3nde vienen. Llaman los reci\u00e9n llegados a cada una de las virtudes y excelencias, la justicia, la verdad, la caridad, la providencia, y un eco les da razones contundentes. Es un di\u00e1logo de pocas palabras, conceptual.<\/p>\n<p>Por fin, &#8220;ocupando augusto trono, descubrieron por gran dicha \u00fanica divina reina&#8221;. La describe con precisi\u00f3n y detalle Graci\u00e1n, un retrato entre cat\u00f3lico y pagano. Est\u00e1 rodeada de peticionarios quejicas, a quienes Virtelia quita la m\u00e1scara: &#8220;pidi\u00f3 un eclesi\u00e1stico la virtud de rezar, y a la par un virrey la devoci\u00f3n con muchas ganas de rezar.&#8221; Responde Virtelia que no basta con tener una virtud, sino practicar todas. &#8220;poco importa que el otro sea limosnero, si no es casto; que este sea sabio, si a todos desprecia; que aquel sea gran letrado, si da lugar a los cohechos; que el otro sea gran soldado, si es un imp\u00edo: son muy hermanas las virtudes y es menester que vayan encadenadas.&#8221;<\/p>\n<p>Otra vez el escenario de la realidad, incluidos pr\u00edncipes y eclesi\u00e1sticos, frente a la virtud ideal. Hay damas y nobles ricos que exigen un camino especial para arist\u00f3cratas, algo que en la vida corriente es un hecho cierto. Y Virtelia les responde que s\u00f3lo hay una escalera, la misma para ricos y pobres, que se basa en los diez mandamientos. Hay quienes incluso solicitan el alquiler de las virtudes, y provocan el esc\u00e1ndalo de la reina.<\/p>\n<p>Ingenio y prudencia muestra Graci\u00e1n al evocar al Papa de Roma, Sant\u00edsimo Padre de todos, que en aquellos tiempo era Inocencio X.<\/p>\n<p>Acaba el cap\u00edtulo con una ben\u00e9fica tormenta que eleva a Critilo y Andrenio por los aires en medio de c\u00e9firos suaves y armon\u00edas. Y anuncia el autor que en la siguiente crisi se sabr\u00e1 d\u00f3nde acaban.<\/p>\n<p>La crisi und\u00e9zima, &#8220;El texado de vidrio y Momo tirando piedras&#8221; es una de las m\u00e1s divertidas. Graci\u00e1n pasa de ser un cenizo a un ir\u00f3nico surrealista de primera fila, culto, ilustrado.<\/p>\n<p>El escenario es la corte de la heroica Honoria. Previamente el autor nos hacer un retrato de la Vanidad. Se defiende \u00e9sta diciendo que \u00abno hay aura m\u00e1s fragante ni que m\u00e1s vivifique que la fama. A todas las pasiones se les ha concedido alg\u00fan ensanche, un desahogo en favor de la violentada naturaleza.\u00bb Ejemplos, a la Envidia la emulaci\u00f3n, a la Gula el sustento, a la Pereza la recreaci\u00f3n. Porque m\u00e1s precioso es el buen nombre que todas las riquezas.<\/p>\n<p>En un pa\u00eds como la Espa\u00f1a del siglo XVII, donde la buena fama val\u00eda m\u00e1s que el oro de las Indias, Graci\u00e1n tiene campo abonado para la burla y el cachondeo.<\/p>\n<p>Es el caso que para entrar en la corte de Honoria, Critilo y Andrenio han de pasar por dificultades, como todo el mundo. Deben atravesar un paso sembrado de perinquinosos (lo podr\u00edamos traducir por espinas y cepos) <i>peros<\/i>. Toda honra tiene un pero. Los que intentan llegar a Honoria van tropezando en sus propios peros: valiente soldado, pero ladr\u00f3n; docto perito, pero soberbio; hermosa dama, pero necia. Tropiezan y caen en un r\u00edo enlodado, causando la risa de los presentes, que no tardan en seguirlos. Muchas mujeres tropezaban en piedras preciosas. Personas de casa noble tropezaban en una aguja de coser o en una lezna, prueba de que sus antepasados no fueron nobles sino sastres o zapateros.<\/p>\n<p>Entonces aparece un ciego, y los testigos empiezan a dar alaridos para que no cruce. Pero el hombre lo consigue, porque adem\u00e1s de ciego es sordo. Critilo y Andrenio son animados a aprender esta lecci\u00f3n: &#8220;seamos ciegos para los desdoros agenos, mudos para no zaherirlos ni jactarnos, conciliando odio con la murmuraci\u00f3n en rec\u00edproca venganza; seamos sordos para no hacer caso de lo que dir\u00e1n.&#8221; Es precisa la explicaci\u00f3n del editor del libro: conciliar significa atraer, atraer el odio como venganza rec\u00edproca de aquellos de quienes se murmura. Un tanto retorcido, pero buen aforismo.<\/p>\n<p>As\u00ed que nuestros viajeros pasan a la corte de Honoria con los ojos cerrados y las manos en los o\u00eddos. Es un emporio con magn\u00edficos palacios y soberbias torres. Pero las edificaciones son de cristal, y estaban casi todos quebrados. Descubren un hombrecillo fam\u00e9lico, nariz de s\u00e1tiro, espalda doble y aliento insufrible. El retrato de este p\u00e1jaro es m\u00e1s largo y detallado, una verdadera pintura superrealista. Se dedicaba a tirar piedras y esconder la mano. Los perjudicados, creyendo que el vecino era el autor del estropicio se vengaban en popular pedrisco. As\u00ed que no quedaba &#8220;texado sano ni honra segura ni vida inculpable; todo era malas vozes, famas echadizas, y los duendes de los chismes no paraban.&#8221;<\/p>\n<p>Campea la costumbre de hurgar en el pasado de las personas para deshonrarlas. Es muestra de la histeria de algunos y el da\u00f1o de todos, en un pa\u00eds donde quien m\u00e1s quien menos ten\u00eda sangre musulmana o jud\u00eda.<\/p>\n<p>Los peregrinos reconocen en el narigudo tompetechos a Momo. El editor nos explica que Momo es divinidad griega, hijo de la Noche, dios de la locura y de la burla, y que por sus sarcasmos fue arrojado del Olimpo.<\/p>\n<p>Hay quien saca honra de su presente merced a un ancestro glorioso, y Momo dice que esa honra no huele bien, est\u00e1 rancia. Otro va cargado de un peso invisible, uno m\u00e1s va arrastrando su honra, y all\u00e1 van algunos echando el bofe porque revientan de honrados.<\/p>\n<p>Critilo observa con escepticismo que ya es raro una ciudad as\u00ed tenga tan poca honra y no se encuentre por ning\u00fan sitio a Honoria, la reina. Momo contesta &#8220;Honra y en ciudad grande muy mal se encuadernan.&#8221; Y explica que la ciudad era esplendorosa mientras la gobernaba un hombre prudente, atento y temido, el &#8220;\u00bfQu\u00e9 dir\u00e1n?&#8221; Mientras mand\u00f3, todos se conten\u00edan y recataban. Pero la poblaci\u00f3n no par\u00f3 hasta expulsarle. &#8220;No dez\u00edan ya \u00bfqu\u00e9 dir\u00e1n?, sino \u00bfqu\u00e9 dir\u00e9 yo d\u00e9l que no diga \u00e9l de m\u00ed y mucho m\u00e1s?&#8221; Acabando el cap\u00edtulo aparece un bobo al que todo le parece bien, y es el Eco de necedad, porque dice a cada uno lo que gusta de o\u00edr, y pensando que les enga\u00f1a, porque son bobos y malos, no se lo agradecen.<\/p>\n<p>Enfrentado y afrentado Momo con Bobo, se l\u00edan a garrotazos, y en la pelea intervienen partidarios de cada uno. &#8220;Los s\u00e1trapas, entendidos, bachilleres podridos, caprichosos, sat\u00edricos y maldicientes se empe\u00f1aron por Momo; al contrario, los panarras, buenos hombres, amenistas, lisonjeros, sencillos y buenas pastas se hicieron a la banda de bobo.&#8221;<\/p>\n<p>No se libra nadie de esta guerra perdurable, y quiz\u00e1 en esto se halle la moraleja de Graci\u00e1n, que tiene al g\u00e9nero humano por fr\u00e1gil ante el vicio.<\/p>\n<p>Para sacar de tal marasmo a Andrenio y a Critilo, Graci\u00e1n hace surgir de la nada a un prodigioso sujeto que pretende guiarles a donde est\u00e1 la honra del mundo entero.<\/p>\n<p align=\"CENTER\"><b>Trono del mundo y jaula de todos<\/b><\/p>\n<p>Este lugar no es otro que &#8220;El trono del Mundo&#8221; o crisi duod\u00e9zima.<\/p>\n<p>Contin\u00faa el jesuita rebelde con su despiadado retrato de la sociedad occidental. Y digo bien, porque los detalles morales y cr\u00edticos que hace son aplicables a todas las cortes europeas, que Graci\u00e1n deb\u00eda conocer, aunque fuera de referencias. El modelo es siempre el mismo, el uso de artima\u00f1as, vicios y trampas para medrar, y el apartamiento de quienes aspiran a lo mejor gracias a sus m\u00e9ritos. Algo que traspasa las lindes de la civilizaci\u00f3n occidental. En \u00e9poca de Graci\u00e1n, la contraparte era el imperio turco, al que menciona el argones con respeto.<\/p>\n<p>En la moraleja inicial describe el autor, por boca de una sombra, una clasificaci\u00f3n de artes y conocimientos. Artes y Ciencias compiten entre ellas, pero dejan aparte a la Teolog\u00eda, sabidur\u00eda suprema de infinitos atributos. Siendo Graci\u00e1n cl\u00e9rigo y doctor en esa materia parece l\u00f3gica la excepci\u00f3n.<\/p>\n<p>Artes y Ciencias son Filosof\u00edas, nos dice, y mantienen guerra constante de supremac\u00eda con las Humanidades o saberes pr\u00e1cticos. Enseguida reclaman su preeminencia la Jurisprudencia, la Medicina, la Historia, la Astrolog\u00eda, nombre de la Astronom\u00eda entonces, y la Pol\u00edtica. As\u00ed que debe intervenir el gran canceller de Letras, digno presidente de la docta Academia. Extrae un libro diminuto de su pecho y dice que en \u00e9l est\u00e1 la quintaesencia del saber. Es <i>De Conscribendis Epilstolis<\/i>, el arte de escribir cartas. Seg\u00fan \u00e9l no hay mejor forma de iniciarse en el conocimiento, y saca a relucir una cita <i>Qui vult regnare, scribat<\/i>. El resto de los competidores se echa a re\u00edr, y no le hacen ni caso.<\/p>\n<p>Todo esto lo refiere el Hombre Sombra que &#8220;no tiene mano en cosa, ni voz, ni espaldas, ni piernas que hazer, ni pod\u00eda hombrear, ni en toda su vida se vio hecha la barba.&#8221;<\/p>\n<p>Dice el tipo que la mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n son sombras: el que naci\u00f3 para servir, el que imita, el que se deja llevar, el que no tiene voto propio y cualquiera que depende. La ventura, afirma, consiste en arrimarse a un buen \u00e1rbol, no a un espino, un alcornoque o un quejigo o roble peque\u00f1o.<\/p>\n<p>Siguiendo a esta sombra parlante llegan a una nueva ciudad situada en un alto. Se ve que a Graci\u00e1n le gust\u00f3 la met\u00e1fora y la gasta en muchas de sus alegor\u00edas.<\/p>\n<p>Esta nueva ciudad en la cumbre est\u00e1 asediada por una muchedumbre de impertinentes, que revientan por subir a la corte de todas las cortes, y llegan reventados. Los hay que toman el sinuoso camino del m\u00e9rito, que es el de nunca acabar. Aunque a alguno se le favorece con una escala que le echan de lo alto, y en llegando arriba, el favorecido la recoge para que nadie vuelva a usarla. Otro echa hacia arriba un gancho de oro, que aprovechan los del castillo para qued\u00e1rselo. El recurso m\u00e1s curioso es el de quien unta el resbaladizo camino con algo que parece grasa, aunque su color es de plata, y consigue subir sin deslizarse. &#8220;\u00a1Oh gran secreto \u2013exclam\u00f3 Critilo\u2013 untar las manos a otros para que no se le deslizen a \u00e9l los pies!&#8221;<\/p>\n<p>Otro hecho asombroso (Graci\u00e1n llama a la sombra el Assombro, que se espanta) es el de un tonto del bote al que ayudan a trepar un grupo de entendidos, es decir, m\u00e1s listos que \u00e9l. Explica el Assombro que se trata de <i>testa de ferro<\/i>, testaferro, que una vez al mando ser\u00e1 gobernado por los sabios interesados en ayudarle a subir.<\/p>\n<p>Aprovecha aqu\u00ed el autor para filosofar sobre el poder. Un hombre ha de nacer o rey o loco; no hay medio, o C\u00e9sar o nada. No s\u00e9 si Baroja aprovechar\u00eda el t\u00edtulo de su novela de este episodio.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n se les vienen desde arriba unas anchas espaldas, y sucesivamente los miembros que constituyen el cuerpo de un gigante. El Hombre Sombra le recompone, y el tipo se pone a subir y a ayudar a quienes tambi\u00e9n lo intentan. Acceden a una grada con una fuente, para satisfacer la sed de ambici\u00f3n. La cualidad de esa agua es que provoca el olvido, todo el mundo se olvida de sus amigos, de sus parientes y hasta de su propia familia, incluso, se burla el autor, de s\u00ed mismos.<\/p>\n<p>Al llegar a lo alto se encuentran con la corte alborotada, porque hab\u00eda desaparecido uno de los mayores monarcas de Europa. Se lanzan en su busca, llega la noche y luego el d\u00eda, y el monarca no aparece. Al final le encuentran en un mercado popular, entre ganapanes y esportilleros vestido como uno de ellos y transportando cargas en sus reales espaldas.<\/p>\n<p>\u00c9l mismo explica el cambio: &#8220;es menos pesada la mayor carga d\u00e9stas, aunque sea de muchas arrobas de plomo, que la que he dexado; el tercio m\u00e1s cuantioso me parece una paja respecto de un mundo a cuestas.&#8221; El tercio es la carga que se repart\u00eda entre los esportilleros. El buen hombre se resiste a volver a su trono, y los s\u00fabditos se ven obligados a buscar un repuesto.<\/p>\n<p>Ponen la vista en un hombre recio, maduro y prudente. Le ofrecen la pesad\u00edsima corona, le visten con galas llenas de pinchos, le dan un cetro insoportable. Pero el sabio var\u00f3n lo rechaza todo, y se acoge al sagrado de la libertad, no quiere &#8220;una p\u00farpura felpada de cambrones [<i>matorral espinoso<\/i>], un cetro remo [<i>de remero de galeote<\/i>] y un trono potro de dar tormento.&#8221;<\/p>\n<p>Entonces se acerca a su o\u00eddo un monstruo o ministro (juego de palabras de Graci\u00e1n) y le aconseja que tome los cargos y no las cargas; y su madre dice &#8220;reine aunque me cueste la vida.&#8221;<\/p>\n<p>Tal es la condici\u00f3n de los reyes. El Hombre Sombra o el Asombro explica a Andrenio d\u00f3nde est\u00e1 el truco y le muestra \u00abun esclavo con su argolla al cuello; cadena al pie, y arrastrando un grande globo\u00bb.<\/p>\n<p>No se trata de un chiste, como teme Andrenio. Y Asombro da detalles metaf\u00f3ricos de las trabas que atenazan al esclavo, las dependencias que tiene con todos, incluida su familia. &#8220;De eslab\u00f3n en eslab\u00f3n viene el mundo a andar rodando entre los pies de un esclavo errado de sus pasiones.&#8221;<\/p>\n<p>Resuelto el dilema, entran a una gran plaza donde hay media docena de personajes muy principales que juegan a la pelota, arroj\u00e1ndosela unos a otros, &#8220;pasando c\u00edrculo pol\u00edtico, que es el m\u00e1s vicioso, rodando siempre entre unos mismos, sin salir jam\u00e1s de sus manos.&#8221; El que habla es un Extremado, y sigue: &#8220;Y este es el juego del mando, este es el gobierno de todas las comunidades y rep\u00fablicas. Los mismos son los que mandan siempre, sin dexar tocar pelota a los dem\u00e1s, que no hay pol\u00edtica que no tenga sus faltas y sus azares.&#8221;<\/p>\n<p>Un hombre del siglo XVII no tiene la misma noci\u00f3n de la democracia que nosotros. Lo que est\u00e1 denunciando Graci\u00e1n es el abuso del poder, las tretas, los tejemanejes. El valido de Felipe IV, el conde duque de Olivares hab\u00eda muerto en 1645 alejado de la corte. pero le sucedi\u00f3 Lu\u00eds M\u00e9ndez de Haro, su sobrino. A m\u00ed me parece que no puede ignorarse que entre los vicios que menciona Graci\u00e1n est\u00e1 el de este tipo de gobierno, siempre en las mismas manos. Y sin embargo, nadie le encarcel\u00f3 ni su <i>Critic\u00f3n<\/i> fue prohibido. Esto prueba que aquella Espa\u00f1a era mucho m\u00e1s tolerante de lo que se la tiene, o sea nada fanatizada.<\/p>\n<p>Y desde ah\u00ed los peregrinos saltan al cap\u00edtulo siguiente, en busca de un \u00ednclito marqu\u00e9s embajador de Espa\u00f1a. Santos Alonso nos informa que se trata del marqu\u00e9s de Castel-Rodrigo, embajador en Alemania.<\/p>\n<p>La \u00faltima crisi de esta segunda parte, la d\u00e9cimo tercera, se titula &#8220;La jaula de todos&#8221;.<\/p>\n<p>Se introducen Andrenio y Critilo en ella en compa\u00f1\u00eda de un &#8220;hombre de estremos&#8221;, que tan pronto se hace gigante como pigmeo. Anticipa Graci\u00e1n que se aproximan a la tercera de las edades, la vejez, a la que dedicar\u00e1 la tercera parte de <i>El Critic\u00f3n<\/i>.<\/p>\n<p>El nuevo compa\u00f1ero de los peregrinos es un tipo que crece y mengua a voluntad, que tiene por blas\u00f3n perdonar a los humildes y contrastar a los soberbios. Les avisa que el embajador espa\u00f1ol que buscan no est\u00e1 en Alemania, sino en Roma, y les ofrece la posibilidad de pasar a Italia atravesando los Alpes. Les dirige a <i>Vexecia,<\/i> es decir a la vejez, jugando con Venecia.<\/p>\n<p>El mayor se\u00f1or\u00edo, dice el enano-gigante, no consiste a gobernar a los dem\u00e1s, sino a uno mismo, porque el que m\u00e1s manda tiende a desmandarse. Cuanto m\u00e1s leo, m\u00e1s me pasmo del dep\u00f3sito de paradojas y tropos que ten\u00eda Graci\u00e1n en su cabeza.<\/p>\n<p>En ese momento les sorprende un grupo de personas huyendo y tratando de ponerse en cobro, a salvo, gritando \u00ab\u00bfGuarda, la fiera! \u00a1Guarda, la mala bestia\u00bb Andrenio resopla y dice que est\u00e1 harto de fieras, porque toda la vida se pasa en armas, vigilante.<\/p>\n<p>Los peregrinos se vuelvan al Gigante, y le ven metido en un zapato. Se refugian tambi\u00e9n en \u00e9l, y el ahora enano les asegura que est\u00e1n a salvo, y sigue adelante. Preguntan a uno de los que huyen de qu\u00e9 fiera se trata, y contesta que es \u00abun monstruo tan ruin como despiadado, que s\u00f3lo se sustenta de hombres muy personas\u00bb, es decir se come a los mejores hombres, a los m\u00e1s famosos, a los m\u00e1s valientes, a las m\u00e1s bellas mujeres. El enano lo describe como un tipo de aliento pestilente y peores entra\u00f1as; y advierte que s\u00f3lo se alimenta de los grandes, que a los peque\u00f1os les desde\u00f1a. Esto recuerda los jayanes con clavase que vigilaban la entrada de Virtelia encantada en la crisi d\u00e9cima, a quienes burlaron convirti\u00e9ndose en gusanos. El truco es no lucir ni campear, no ostentar prenda alguna. Porque, \u00aben oliendo un docto, le haze proceso de excelente hombre y le condena a no ser o\u00eddo; al esclarecido, a deslucido; al valiente le haze cargos, transform\u00e1ndole las proezas en dem\u00e9ritos&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Se burla con ingenio Graci\u00e1n, citando el destino de los grandes hombres v\u00edctimas de la Envidia, que es el monstruo de mal aliento. \u00abLos valientes a Estremadura y la Mancha, los buenos ingenios a Portugal, los cuerdos a Arag\u00f3n, los hombres de bien a Castilla, las discretas a Toledo, las hermosas a Granada, los bellos dezidores a Sevilla, los varones eminentes a C\u00f3rdoba, los generosos a Castilla la Nueva, las mugeres honestas y recatadas a Catalu\u00f1a, y todo lo lucido para en la corte.\u00bb<\/p>\n<p>El p\u00e1rrafo merece un an\u00e1lisis que podr\u00eda derivar en psicoan\u00e1lisis del jesuita. Pero Lo dejo para otro momento.<\/p>\n<p>Librados de la acometida de la bestia, entran en un estrecho paso guardado por un var\u00f3n que tiene en su mano la justa medida de los entendimientos. No s\u00e9 si Graci\u00e1n juega con los t\u00e9rminos var\u00f3n y vara de medir. En su trabajo, unos se quedan muy cortos, a tres o cuatro dedos de necios, al contrario otros que son bachilleres, resabidos y sabihondos, se pasan de listos. Uno entre mil ven\u00eda a ser de la medida de los que se libraban. Al resto los mete en una jaula, la de los locos. Una semilla que cunde mucho, pues un loco hace ciento, y estos siguen reproduci\u00e9ndose. Mientras que cien cuerdos no bastan para sanar a un loco. Los locos estaban todos fuera de s\u00ed y metidos en otro, muchos lo contrario, el ignorante se hace sabio y el vil gran caballero.<\/p>\n<p>El divertida escena, uno de los enjaulados pregunta a otro si est\u00e1 loco, otros dicen disparates que personifican las ant\u00edpodas, porque todos van a su rev\u00e9s. En cierta jaula divertida est\u00e1n los ingleses, encerrados por vanos; y as\u00ed otras tribus pre-nacionales.<\/p>\n<p>Un franc\u00e9s trata a un alem\u00e1n de borracho y \u00e9ste le llama loco. El franc\u00e9s se da por agraviado y le ataca (pone Graci\u00e1n entre par\u00e9ntesis \u00abque siempre procuran ser los agresores, y con esso ganan\u00bb, y sabe lo que dice) con vehemencia.<\/p>\n<p>Hay uno empe\u00f1ado en no hacer bien a nadie, y le recriminan por tonto, pues si hace bien a todos, todos se lo agradecer\u00e1n. Responde, \u00abEnga\u00f1\u00e1isos, que ya el hazer bien sale mal. Y si no, prest\u00e1 vuestro dinero y ver\u00e9is lo que pasa; los m\u00e1s ingratos son los m\u00e1s beneficiados.\u00bb<\/p>\n<p>Estaba una mujer loca rematada de su hermosura, y Critilo advierte que volver\u00e1 locos a cientos. \u00abY fue ass\u00ed, que ella estaba loca, y loca su madre con ella, y loco el marido de zelos y locos cuantos la miraban.\u00bb Puede que sea misoginia, pero tiene gracia; la mayor\u00eda de los chistes se basan en estereotipos y prejuicios.<\/p>\n<p>Entre los locos tambi\u00e9n hay clasismo, nos recuerda el autor, uno suplica una jaula de loco especial, y le env\u00edan a la de los simples, porque quiere mandar. Tambi\u00e9n hay locos de la memoria, porque hartos de comer se olvidan de los que pasan hambre.<\/p>\n<p>Cuentan la an\u00e9cdota de un loco a quien san\u00f3 un gran m\u00e9dico, y a la hora de pagarle se neg\u00f3 en redondo. El juez le pregunt\u00f3 si segu\u00eda loco, y el hombre afirm\u00f3 que el m\u00e9dico le hab\u00eda hecho un gran mal con la cordura, \u00abpues no hab\u00eda tenido mejor vida que cuando estaba loco, pues no sent\u00eda los agravios ni advert\u00eda los desprecios.\u00bb<\/p>\n<p>Otro de los enjaulados les llama desde su encierro y les empieza a hablar con gran cordura. Dice que es imposible vivir cuerdo si se es un tonto, porque \u00absi es pobre padece mil miserias; si rico, cuidados; si casado, enfados; si soltero, soledad; si sabio; impaciencias; si ignorante, enga\u00f1os; si vil, injurias&#8230; \u00bfNo os parece que tengo raz\u00f3n? Ass\u00ed tuviese yo ventura, que entendimiento no me falta.\u00bb Los viajeros se dan cuenta de que muchos viven satisfechos de su entendimiento y descontentos de su poca dicha, raz\u00f3n eminente de locura.<\/p>\n<p>Contin\u00faa con el detallado retrato de la locura de los seres enjaulados, y Critilo exclama: \u00ab\u00a1Oh casa de Dios, poblada de orates!\u00bb<\/p>\n<p>En oy\u00e9ndolo los aludidos, se echan sobre ellos de todas partes y naciones. Tiene que intervenir el Gigante, toma de su cintur\u00f3n una bocina de marfil y la hace sonar con ruido tan desapacible que hace huir a los atacantes. Y explica que es la bocina de la verdad, que en oy\u00e9ndola, cada uno vuelve las espaldas; todos enmudecen en oyendo que les dicen las verdades.<\/p>\n<p>Y finaliza el cap\u00edtulo y la segunda parte de este modo:<\/p>\n<p>\u00abDej\u00e1ndose el paso de la vida, fu\u00e9ronse encaminando a los canos Alpes, distrito de la temida Vejecia. Lo que por all\u00ed les sucedi\u00f3. Ofrece referir la tercera parte, en el erizado Invierno de la Vejez.\u00bb (El lector se sorprender\u00e1 de la graf\u00eda <i>Vejecia,<\/i> cuando al inicio del cap\u00edtulo la escrib\u00eda <i>Vexecia<\/i>; ignoro si ser\u00e1 errata.)<\/p>\n<p>Lo trataremos en el siguiente cap\u00edtulo, de aqu\u00ed en varias semanas, que es lo que me cuesta componer el resumen anal\u00edtico de El Critic\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div><\/div>[\/vc_column][\/vc_row]<\/p>\n<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[vc_row][vc_column]Llama la atenci\u00f3n a primera vista o lectura que esta segunda parte de El Critc\u00f3n es m\u00e1s \u00e1gil que la primera. Se advierte que Graci\u00e1n hab\u00eda acumulado experiencia. 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