{"id":16872,"date":"2024-07-28T10:21:07","date_gmt":"2024-07-28T08:21:07","guid":{"rendered":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/?p=16872"},"modified":"2024-07-29T14:07:27","modified_gmt":"2024-07-29T12:07:27","slug":"mil-palabras-de-azorin-t-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/mil-palabras-de-azorin-t-2\/","title":{"rendered":"Mil palabras de Azor\u00edn (T)"},"content":{"rendered":"<div class=\"wpb-content-wrapper\"><p>[vc_row][vc_column]<div class=\"text-block\" ><div class=\"simple-text size-4\"><p>Se est\u00e1 acabando el abecedario y con \u00e9l la serie de <strong>Rafael Escrig<\/strong> sobre m\u00e1s de mil palabras poco comunes que Azor\u00edn recogi\u00f3 y emple\u00f3 en sus libros, a veces rescat\u00e1ndolas de un espa\u00f1ol que hoy llamar\u00edan &#8220;desfasado&#8221;. Nuestro bi\u00f3logo de cabecera y esforzado etimologista las ha convertido en libro imprescindible para los amantes del lenguaje, un volumen de ochocientas veintisiete p\u00e1ginas. Adem\u00e1s de las citas filol\u00f3gicas, Escrig incluye en sus notas pasajes de obras en las que aparecen las palabras seleccionadas, demostrando una erudici\u00f3n propia del naturalista <!--more-->vocacional.<\/p>\n<p><strong>TRACAMUNDANAS<\/strong>.<\/p>\n<p>Del lat\u00edn <em>transcommutare<\/em>. Trueque de cosas, alboroto, confusi\u00f3n.<\/p>\n<p>Consultado el DCECH, Corominas opina que se trata de una palabra compuesta derivada de <em>traque<\/em>, como onomatopeya del estallido y mundano, del lat\u00edn <em>mundanus<\/em>, perteneciente o relativo al mundo, con el influjo de mudar, trabucar, trastocar, lo que nos dar\u00eda el significado de treta, enredo, equ\u00edvoco.<\/p>\n<p>Encontramos el vocablo <em>tracamundanas<\/em> en Francisco de Quevedo, veamos el comienzo de su obra <em>Cuento de cuentos<\/em>:<\/p>\n<p><em>\u201cEllo se ha de contar; y si se ha de contar, no hay sino sus, manos \u00e1 la obra. Digo, pues, que en Sig\u00fcenza hab\u00eda un hombre muy cabal, y muchacho, que diz que se dec\u00eda Menchaca, de muy buena capa. Estaba casado con una muger, y esta muger era de punto, y mas grave que otro tanto (ll\u00e1mese como se llamare). Ten\u00eda dos hijos, que como digo, eran pintiparados; y no le quitaban pizca al padre. El uno de ellos era la piel del diablo; el otro, un chisgarav\u00eds, y cada d\u00eda andaban al morro, por qu\u00edtame all\u00e1 esas pajas. El menor era vivo, como una cendra, y amigo de hacer <strong>tracamundanas<\/strong>, y baladr\u00f3n; el padre lo sent\u00eda \u00e1 par de muerte, mas \u00e9l, ni por esas, ni por esotras. El mayor era hombre de pelo en pecho, y echaba el bofe por una mozuela, como un pino de oro, delicada, veme no me tengas y alharaquienta. Era viuda, y su marido, como digo en mi cuento, muri\u00f3; y diz que se tuvo barruntos, que ella le hab\u00eda dado con la del Martes. Estuvo en un tris de suceder una de todos los diablos; el padre, que era marrajo, lloraba hilo \u00e1 hilo, \u00e9 iba, y ven\u00eda en estas, y estotras. Y un d\u00eda, entre otros, que le dio lugar la murria, la dixo su parecer de pe \u00e1 pa; y seco y sin llover, mandola que se metiese en un Convento al proviso. Ella se cerr\u00f3 de campi\u00f1a; y as\u00ed se estuvieren erre a erre muchos d\u00edas, hasta que el padre, que ya estaba enfadado, la dixo; que por tantos, y quantos, que hab\u00eda de hacer, y acontecer; ver veamos si han de ser tixeretas; y en justos y en verenjustos, dio con ella en una recolecci\u00f3n\u2026\u201d<\/em><\/p>\n<p>\u201cLos a\u00f1os son malos; se han echado encima hambres, crueles carest\u00edas, guerras, y do\u00f1a Teresa ha tenido materia en que ejercitar su virtud. Las tierras que posee son inmensas; dispone de diez cuentos de renta. Pero muchas de las tierras que posee est\u00e1n yermas. \u00bfC\u00f3mo va ella a cultivarlas todas? \u00bfQu\u00e9 sabe ella de esas <strong>tracamundanas?<\/strong> Por este motivo ha mandado pregonar que los labradores que quieran venir a romper y beneficiar sus dehesas pueden venir tranquilamente. Y han venido, en efecto, muchos, porque como son tierras nuevas, rinde copia de frutos. Ni en su tiempo ni siglos ainde, yo creo que no ser\u00e1n muchos los que imiten a do\u00f1a Teresa.\u201d<\/p>\n<p><em>Antonio Azor\u00edn<\/em>, Madrid, Biblioteca Nueva, \u201cObras Selectas\u201d, 1943, pag. 270.<\/p>\n<p><strong>TR\u00c1FAGO<\/strong>.<\/p>\n<p>De <em>trasegar,<\/em> antiguamente <em>trafagar.<\/em> Probablemente de un lat\u00edn vulgar <em>transfricare,<\/em> rozar continuamente, manosear.<\/p>\n<p>Jaleo, labor atareada. Conjunto de negocios, ocupaciones o faenas que ocasionan mucha fatiga o molestia.<\/p>\n<p>La forma <em>tr\u00e1fago<\/em> se documenta ya en la <em>General Estoria<\/em> del Rey Alfonso X El Sabio, en 1270, donde se menciona: \u201c<em>Los tr\u00e1ffagos entre la alevos\u00eda, las mentiras y las enfermedades, de lujuria y otras maldades<\/em>\u201d.<\/p>\n<p>Sustantivo y verbo en esta variante siguieron siendo usuales al mismo tiempo que se consolid\u00f3 la variante <em>trasegar.<\/em> El verbo <em>trafagar,<\/em> comerciar, era de uso hasta los siglos XVI y XVII, hoy es anticuado, pero <em>tr\u00e1fago<\/em> y <em>trasegar,<\/em> siguen siendo de uso general.<\/p>\n<p>Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s, en el cap\u00edtulo XXXV de su novela <em>Miau<\/em> nos ofrece esta descripci\u00f3n:<\/p>\n<p><em>\u201cA lo largo del pasadizo accidentado y misterioso, las figuras de Villaamil y de Arg\u00fcelles habr\u00edan podido trocarse, por obra y gracia de h\u00e1bil caricatura, en las de Dante y Virgilio buscando por senos rec\u00f3nditos la entrada o salida de los recintos infernales que visitaban. No era dif\u00edcil hacer de D. Ram\u00f3n un burlesco Dante por lo escueto de la figura y por la amplia capa que le envolv\u00eda; pero en lo tocante al poeta, hab\u00eda que sustituirle con Quevedo, parodiador de la\u00a0<\/em>Divina Comedia<em>, si bien el bueno de Arg\u00fcelles, m\u00e1s semejanza ten\u00eda con el\u00a0<\/em>Alguacil alguacilad<em>o\u00a0que con el gran vate que lo invent\u00f3. Ni Dante ni Quevedo so\u00f1aron, en sus fant\u00e1sticos viajes, nada parecido al laberinto oficinesco, al campaneo discorde de los timbres que llaman desde todos los confines de la vasta mansi\u00f3n, al abrir y cerrar de mamparas y puertas, y al taconeo y carraspeo de los empleados que van a ocupar sus mesas colgando capa y hongo; nada comparable al mete y saca de papeles polvorosos, de vasos de agua, de paletadas de carb\u00f3n, a la atm\u00f3sfera tabacosa, a las \u00f3rdenes dadas de pupitre a pupitre, y al <strong>tr\u00e1fago<\/strong> y zumbido, en fin, de estas colmenas donde se labra el panal amargo de la Administraci\u00f3n. Meti\u00e9ronse Villaamil y su gu\u00eda en un despacho donde hab\u00eda dos mesas y una sola persona, que en aquel momento se mudaba el sombrero por un gorro de pana morada, y las botas por zapatillas. Era Sevillano, oficial de secretar\u00eda, buen mozo, aunque algo machucho, bien quisto en la casa, con fama de cuquer\u00eda. Salud\u00f3 el tal a Villaamil con recelo, mir\u00e1ndole mucho a la cara: \u00abVamos tirando\u00bb contest\u00f3 el cesante eterno, y ocup\u00f3 una silla junto a la mesa.\u201d<\/em><\/p>\n<p>\u201cLeonardo de Argensola cuenta a su amigo Jer\u00f3nimo de Eraso, en una maravillosa carta, este partir suyo hacia la paz del campo. Se retira ya definitivamente del <em>tr\u00e1fago<\/em> mundanal; mientras escribe la ep\u00edstola a su amigo, <em>esta gente, que est\u00e1 liando sus cofres<\/em>, no le deja casi percatarse de lo que hace. Lo mucho que esos faquines vocean, le conturba y le desasosiega. Este ser\u00e1 su \u00faltimo desasosiego en la gran ciudad; ya falta poco para que todas estas contrariedades queden atr\u00e1s, bien lejos.\u201d<\/p>\n<p><em>Al margen de los cl\u00e1sicos<\/em>, Madrid, Biblioteca Nueva, \u201cObras Selectas\u201d, 1943, pag. 1055.<\/p>\n<p><strong>TRANSIUNADOS.<\/strong><\/p>\n<p>Probablemente de <em>transido,<\/em> y \u00e9ste de <em>transir,<\/em> del lat\u00edn transire, pasar m\u00e1s all\u00e1, traspasar, en el sentido de, acabar, morir.<\/p>\n<p>Fatigado o consumido por alguna penalidad, angustia o necesidad. <em>Transido de hambre, de dolor\u2026<\/em><\/p>\n<p>La palabra estar\u00eda formada por la ra\u00edz <em>trans,<\/em> la part\u00edcula <em>\u2013iun-<\/em> y el sufijo <em>\u2013ado,<\/em> que entra en la formaci\u00f3n de palabras con significado de acci\u00f3n y efecto, a partir de verbos de la primera conjugaci\u00f3n. La part\u00edcula intermedia <em>\u2013iun-<\/em> aventuro que procede de la palabra latina <em>ieiunum,<\/em> ayuno. De esa forma, tenemos: muerto de hambre por el ayuno, hambriento.<\/p>\n<p>Gonzalo de Berceo (1195\u20131268), fue el primer poeta en lengua castellana. Lo dice \u00e9l mismo en la segunda estrofa de su <em>Vida de Santo Domingo de Silos<\/em>:<\/p>\n<p><em>Quiero fer una prosa en roman paladino,<\/em><\/p>\n<p><em>En qual suele el pueblo fablar \u00e1 su vecino,<\/em><\/p>\n<p><em>Ca non so tan letrado por fer otro Latino,<\/em><\/p>\n<p><em>Bien valdr\u00e1, como creo, un vaso de bon vino.<\/em><\/p>\n<p>En tal poema, escribe m\u00e1s adelante, el mismo p\u00e1rrafo que Azor\u00edn recoge precisamente en la referencia que se incluye m\u00e1s abajo. Dice as\u00ed:<\/p>\n<p><em>468. Miembrevos sobre todo de los pobres vecinos,<\/em><\/p>\n<p><em>Que iacen en sus casas menguados, &amp; mesquinos,<\/em><\/p>\n<p><em>De verg\u00fcenza non andan como los peregrinos,<\/em><\/p>\n<p><em>Iacen <strong>transiunados<\/strong>, corvos como ocinos.<\/em><\/p>\n<p>\u201cNo olvid\u00e9is nunca la limosna, nos dice el poeta. Puede ser esa limosna un zatico de pan o un cortadillo de vino. No todos salen por las calles y los caminos a pedir. Pobres hay, muy pobres, que se lo sufren en sus casas, de puertas adentro.<\/p>\n<p><em>Miembrevos sobre todo de los pobres vecinos, que iacen en sus casas menguados, &amp; mesquinos, de verg\u00fcenza non andan como los peregrinos, iacen transiunados, corvos como ocinos.<\/em> <strong>Transiunados,<\/strong> es decir, hambrientos, acurrucados en un rinc\u00f3n, corvos o encorvados cual un garfio o clavo torcido. All\u00e1 est\u00e1n recoletos en sus casas, y nadie lo sabe. Con esto aparece en el siglo XIII la primera semblanza \u2013que luego, en el XVI, hemos de ver m\u00e1s completa en el Lazarillo- del caballero espa\u00f1ol, grave, digno, entero, sufridor de estrecheces, sin que nadie se entere, ni \u00e9l a nadie quiere decirlo.\u201d<\/p>\n<p><em>Madrid<\/em>, Madrid, Biblioteca Nueva, \u201cObras Selectas\u201d, 1943, pag. 1023.<\/p>\n<p><strong>TRANSMINEN.<\/strong><\/p>\n<p>TRASMINEN.<\/p>\n<p>De <em>trasminar.<\/em> Palabra compuesta de <em>tras<\/em>-, del lat\u00edn <em>trans<\/em>, del otro lado de, y <em>minar<\/em>, del franc\u00e9s <em>mine<\/em>, excavaci\u00f3n que se hace para extraer un mineral.<\/p>\n<p>Abrir camino por debajo de tierra. Dicho de un olor o de un l\u00edquido, penetrar o pasar a trav\u00e9s de algo.<\/p>\n<p>Corominas arguye que la derivaci\u00f3n de <em>minar,<\/em> no es enteramente segura, pues podr\u00eda ser originaria la forma, <em>trasmanar<\/em> o <em>tresmanar<\/em>, usual en Murcia, con el significado de rezumar. Penetrar, pasar una cosa a trav\u00e9s de otra, y que se relaciona con <em>manar<\/em>.<\/p>\n<p>El libro <em>Canales de riego de Catalu\u00f1a y Reino de Valencia, leyes y costumbres que los rigen, reglamentos y ordenanzas de sus principales acequias<\/em>, escrito por el bar\u00f3n Jaubert de Pass\u00e1, y traducido del franc\u00e9s por el se\u00f1or magistrado Juan Fiol, impreso en Valencia en 1884, nos dice en la Ordenanza CXCIX:<\/p>\n<p>\u201c<em>Si por estar altos los conductos por donde pasa el agua hasta llegar \u00e1 las heredades que se riegan, y los caminos hondos, traspasa, <strong>trasmina<\/strong>, \u00f3 traspela el agua \u00e1 \u00e9stos, \u00f3 \u00e1 campo ageno, no incurrir\u00e1 el regante en pena, pero deber\u00e1 sujetarse a la composici\u00f3n que le mande hacer el cequiero, y si dentro de tres d\u00edas no lo compusiese, le deber\u00e1 hacer el cequiero, y dar parte \u00e1 la justicia, para que apremie al regante al pago de su coste, la que lo deber\u00e1 s\u00ed mandar.<\/em>\u201d<\/p>\n<p>\u201cCon los hombres iliteratos no se piense, Se\u00f1or, en tales adelantamientos \u2014 escribe el autor\u2014. Pi\u00e9nsese s\u00f3lo en que no murcien aqu\u00e9llos las caballer\u00edas que huelgan en las rastrojeras y los prados o no las estanquen \u00e9stos en los talleres y plantios. Pi\u00e9nsese s\u00f3lo en que no <em>transminen<\/em> unos los ganados de nacidas en nacidas, o que no vayan otros a hacer le\u00f1a a los olivares, los descortecen y arranquen los ceporros. Tr\u00e1tese, en fin, que aqu\u00e9llos y \u00e9stos, los unos y los otros, no asalten las huertas, espanten las palomas, despueblen los colmenares, de que no talen los campos.\u201d<\/p>\n<p><em>Madrid<\/em>, Madrid, Biblioteca Nueva, \u201cObras Selectas\u201d, 1943, pag. 1033.<\/p>\n<p><strong>TRASTRUECAN.<\/strong><\/p>\n<p>De <em>trastrocar.<\/em> De <em>tras-,<\/em> por <em>trans,<\/em> en sentido de cambio, y <em>trocar,<\/em> cambiar.<\/p>\n<p>Cambiar unas cosas por otras, o confundirlas con ellas.<\/p>\n<p>Al vocablo trocar, con el sentido de dar o tomar algo por otra cosa, la RAE le asigna una etimolog\u00eda discutida, sin precisar ni entrar en detalles. Pero si acudimos al DCECH, Corominas nos desvela que, probablemente (adverbio este tan de su gusto), se trate de una palabra onomatop\u00e9yica, de <em>TRUK<\/em>, y que sea la misma palabra que el catal\u00e1n o el occitano <em>trucar,<\/em> golpear, chocar, por el choque o apret\u00f3n de manos simb\u00f3lico en el momento de concluir un <em>trato<\/em> o <em>trueque<\/em>. Despu\u00e9s de una larga disquisici\u00f3n sobre el asunto, exponiendo y refutando diferentes teor\u00edas, concluye diciendo: <em>\u00bfDeberemos limitarnos a decir que trocar es palabra de origen desconocido? \u00bfQuiz\u00e1 prerromano<\/em>? para volver, a modo de ep\u00edlogo, a su idea original, partiendo ahora de la sugerencia defendida por Mistral: \u201c<em>d\u00e9rive probablement de truc `coup, choc, parce qu\u00b4on se frappe dans la main pour conclure un \u00e9change<\/em>\u201d. Entonces, sigue diciendo, <em>trocar<\/em> ser\u00eda la forma hispanoportuguesa correspondiente al <em>trucar<\/em> `golpear\u00b4 catal\u00e1n y occitano. La discrepancia fon\u00e9tica no ser\u00eda dif\u00edcil de explicar, cualquiera que sea la etimolog\u00eda \u00faltima de trucar y, entonces, el sentido de \u201capret\u00f3n de manos\u201d se explicar\u00eda f\u00e1cilmente, admitiendo la onomatopeya TRUK, que expresar\u00eda a la perfecci\u00f3n el ruido del que golpea.<\/p>\n<p>Como resulta extra\u00f1o este vocablo <em>trastruecan,<\/em> del verbo trastrocar, por su posible confusi\u00f3n de uso con la forma trastocan, quiero adjuntar las explicaciones del fil\u00f3logo Fernando D\u00edez Losada, que aparecieron en el peri\u00f3dico \u201cLa Naci\u00f3n\u201d de Costa Rica, con el t\u00edtulo de: \u201cLos verbos trastocar y trastrocar\u201d. El art\u00edculo pertenece a la secci\u00f3n \u201c<em>La tribuna del idioma<\/em>\u201d y vio la luz el 24 de febrero de 2013:<\/p>\n<p><em>\u201cHay dos verbos en nuestro idioma con una muy cercana paronimia: trastocar y trastrocar. \u00bfCu\u00e1l es realmente su relaci\u00f3n?<\/em><\/p>\n<p><em>Juan Corominas, en su Diccionario etimol\u00f3gico, expone que trastrocar ingres\u00f3 en el castellano hacia 1540; trastocar comenz\u00f3 a usarse, muchos a\u00f1os despu\u00e9s, en el siglo XIX. Al parecer, las dos erres de trastrocar resultaron un tanto inc\u00f3modas, pros\u00f3dicamente, para el hablante popular, quien termin\u00f3 por convertir trastrocar en trastocar.<\/em><\/p>\n<p><em>La edici\u00f3n actual (21\u00aa) del DRAE registra trastrocar (de tras-, por trans-, en sentido de cambio, y trocar), como tr. Mudar el ser o estado de algo, d\u00e1ndole otro diferente del que ten\u00eda. U. t. c. prnl.<\/em><\/p>\n<p><em>Y trastocar (de trastrocar), como tr. p. us. Trastornar, revolver.<\/em><\/p>\n<p><em>Sin embargo, ambos verbos se utilizan hoy indistintamente como \u201calterar el orden que manten\u00edan ciertas cosas o el desarrollo normal de algo\u201d. La contaminaci\u00f3n est\u00e1 trastocando (o trastrocando) el clima del planeta.<\/em><\/p>\n<p><em>El Panhisp\u00e1nico de dudas de la RAE (2005) expone as\u00ed esta versi\u00f3n: trastocar.<\/em><\/p>\n<p><em>1. Trastornar o cambiar el orden o estado de una cosa\u2026 Se trata de un verbo regular y, por lo tanto, no diptonga en ninguna de sus formas (trastoco, trastocas, etc.): \u201c\u00a1Cuando la calumnia de esta gente echa a rodar, todos los valores se trastocan!\u201d (Pavlovsky Potestad [Arg. 1985]).<\/em><\/p>\n<p><em>2. Con este sentido existe tambi\u00e9n la variante etimol\u00f3gica, pero menos frecuente hoy, trastrocar, que es irregular y se conjuga como contar, esto es, diptongan las formas cuya ra\u00edz es t\u00f3nica (trastrueco, trastruecas, etc.), pero no las formas cuya ra\u00edz es \u00e1tona (trastrocamos, trastroc\u00e1is, etc.): \u201cLas palabras latinas o griegas acarrean tanto prestigio que, al pasar al espa\u00f1ol corriente, trastruecan su significado hasta decir lo contrario\u201d (Miguel Perversi\u00f3n [Esp. 1994]). Por tanto, no son correctas las formas con la ra\u00edz t\u00f3nica sin diptongar, como trastroco, trastrocas, etc., debidas posiblemente al influjo de la conjugaci\u00f3n regular de trastocar.\u201d<\/em><\/p>\n<p>\u201cNuestras imaginaciones caprichosas es lo que nosotros reputamos como axiomas infalibles. Y as\u00ed, la mentira pasa por la verdad, y la iniquidad es justicia. El tiempo y la distancia lo borran y <strong>trastruecan<\/strong> todo. No sabemos lo que pasa a nuestro lado. \u00bfC\u00f3mo saber lo que ha pasado en tiempos remotos y lo que ocurre en luengas tierras?\u201d<\/p>\n<p><em>Antonio Azor\u00edn<\/em>, Madrid, Biblioteca Nueva, \u201cObras Selectas\u201d, 1943, pag. 286.<\/p>\n<p><strong>TREBEJOS.<\/strong><\/p>\n<p>De origen incierto. Utensilio, instrumento.<\/p>\n<p>Probablemente, se trate de un diminutivo de trebe (variante de tr\u00e9bede), tr\u00edpode, que en varios romances se aplic\u00f3 a diversos enseres, y pudo extenderse a todo objeto de juego.<\/p>\n<p>Corominas apunta la posibilidad de que se trate de \u201cun diminutivo-despectivo que se aplicara a las innumerables cosezuelas de que puede echar mano un ni\u00f1o que quiere jugar. Con este nombre en diminutivo se reflejar\u00eda la actitud protectora del adulto frente al peque\u00f1\u00edn\u201d.<\/p>\n<p>Se conoce como trebejo a las piezas del ajedrez. Ya Alfonso X El Sabio, en su Libro de los Juegos, hace uso del t\u00e9rmino.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n se puede utilizar el t\u00e9rmino trebejo para designar los juguetes u objetos con los que jugar, generalmente los destinados a los ni\u00f1os. En la antig\u00fcedad se conoc\u00eda con el nombre de trebejo al entretenimiento, diversi\u00f3n y los juegos en general. Un ejemplo de esta acepci\u00f3n, lo tenemos en El Libro del Buen Amor, del Arcipreste de Hita (aunque en sentido figurado), dice as\u00ed:<\/p>\n<p><em>T\u00fa la ruyes a la oreja, e dasle mal consejo,<\/em><\/p>\n<p><em>Que faga tu mandado, et sigua tu trebejo,<\/em><\/p>\n<p><em>Los cabellos en rueda, el peyne et el espejo,<\/em><\/p>\n<p><em>Que aquel amigo oveja non es d\u00b4ella parejo.<\/em><\/p>\n<p>Finalmente, puede entenderse por <em>trebejo,<\/em> cualquiera de los instrumentos, herramientas o utensilios de que nos servimos para realizar un trabajo manual.<\/p>\n<p><em>\u201cTrebejos<\/em> que se suelen encontrar en las c\u00e1maras: un ferrete para marcar ovejas, y un tarro de miera para curar los morbos del ganado; caretas de colmenero, que sirven para castrar las colmenas; un harnero de piel o una zaranda de tela met\u00e1lica.\u201d<\/p>\n<p><em>Superrealismo<\/em>, Madrid, Biblioteca Nueva, 1929, pag. 98.<\/p>\n<p>\u201cDon Jenaro se marchaba fuera de Madrid; era ya viejo, quer\u00eda vivir tranquilo; se marchaba a una vieja ciudad castellana. En Madrid hab\u00eda ya comenzado a usar los antiguos <strong>trebejos<\/strong> de los fumadores; pero la cadenita del reloj, que por una manda ten\u00eda de su abuelo; esa cadenita de oro, larga, estrecha, que pasaba por el cuello, ca\u00eda por el pecho sobre el negro chaleco y despu\u00e9s de colarse por uno de los ojales entraba en el bolsillo en busca del reloj; esa cadenita que \u00e9l hab\u00eda visto, cuando ni\u00f1o, usar a su abuelo paterno, no se atrev\u00eda a usarla en Madrid. Se la pondr\u00eda en la vieja ciudad.\u201d<\/p>\n<p><em>Blanco en Azul<\/em>, Madrid, Espasa Calpe, 1968, pag. 108.<\/p>\n<p><strong>TRESMANAR<\/strong>.<\/p>\n<p>Localismo murciano. Filtrarse el agua, rezumar.<\/p>\n<p>El diccionario de la RAE, no recoge el vocablo <em>tresmenar<\/em>, y con el mismo significado nos proporciona la entrada TRASMINAR, de <em>tras<\/em>&#8211; y <em>minar<\/em>, de mina, del franc\u00e9s <em>mine<\/em>, excavaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Abrir camino por debajo de tierra. Dicho de un olor o de un l\u00edquido, penetrar o pasar a trav\u00e9s de algo.<\/p>\n<p>Vicente Medina Tom\u00e1s. Archena 1866, Santa F\u00e9. Argentina 1937. Poeta y dramaturgo espa\u00f1ol y uno de los s\u00edmbolos de la identidad regional murciana. Su principal obra,\u00a0\u201cAires murcianos\u201d\u00a0(1898), se convirti\u00f3 en un trabajo de referencia del costumbrismo sentimental y de denuncia social, alabado por literatos como\u00a0Azor\u00edn. Hoy d\u00eda es considerado el mejor autor en lenguaje tradicional murciano.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed unos versos de su poema titulado \u201cMurria\u201d:<\/p>\n<p>\u201cYo me pienso que el mal que me acora,<\/p>\n<p>M\u00e1s bien que en el pecho lo llevo en el alma\u2026\u2026<\/p>\n<p>Por volver a mi tierra, tan s\u00f3lo<\/p>\n<p>Son to\u00e4s mis ansias,<\/p>\n<p>\u00a1Y, de hallarme tan lejos, la murria<\/p>\n<p>Me corca y me mata!<\/p>\n<p>\u00a1Ll\u00e9vate esa ropa,<\/p>\n<p>No me d\u00e9s m\u00e1s agua\u00a1\u2026..<\/p>\n<p>Pa apagar la sequ\u00eda que tengo,<\/p>\n<p>Me ten\u00edas que dar una jarra<\/p>\n<p>De aquellas tan limpias<\/p>\n<p>Que est\u00e1n corga\u00efcas debajo e las parras\u2026\u2026\u2026,<\/p>\n<p>De aquellas tan frescas<\/p>\n<p>Que, gotica a gotica, <em>tresmanan<\/em>\u2026..<\/p>\n<p>\u00a1Ll\u00e9vate esas flores,<\/p>\n<p>que es muy fuerte su olor y me da\u00f1a\u00a1\u2026.<\/p>\n<p>Pa olorcito suave, aquellos rosales,<\/p>\n<p>Aquellos claveles, aquellas al\u00e1begas\u2026\u2026\u2026\u201d<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Jos\u00e9 Luis Castillo Puche, escritor murciano. Yecla 1919. Madrid 2004, nos hace la cr\u00f3nica que precede, que titula <em>\u201cLa cansera existencial de Vicente Medina\u201d<\/em>, que apareci\u00f3 en el diario ABC de Madrid el d\u00eda 30 de marzo de 1980, El escritor ensalza al poeta, haci\u00e9ndonos ver su belleza euf\u00f3nica y expresiva.<\/p>\n<p>Recopilamos aqu\u00ed una parte de su cr\u00f3nica en donde se recoge el vocablo:<\/p>\n<p>&#8220;A muchos excelentes e intocables poetas de hoy les parecer\u00e1 que hablar de Vicente Medina es algo as\u00ed como descender a un submundo po\u00e9tico de sensibler\u00edas populacheras; sin embargo, considero valioso y acertado dedicar un n\u00famero de una revista juvenil y actual\u00edsima al vate emigrante de Archena, no s\u00f3lo como documento hist\u00f3rico, sino tambi\u00e9n como documento ling\u00fc\u00edstico inapreciable, y no vamos a referirnos, como muchos pueden esperar, al recuento de los cari\u00f1osos y c\u00f3micos diminutivos murcianos, del habla murciana, sino a algunos vocablos de extraordinaria riqueza expresiva que \u201cgotica a gotica tresmanan\u201d \u2013que hermosa palabra <em>\u201ctresmanar\u201d,<\/em> y qu\u00e9 sutil matizaci\u00f3n entra\u00f1a- de los labios ateridos de su musa popular.\u201d<\/p>\n<p>\u201cY cuando esto suced\u00eda, yo discurr\u00eda con una emoci\u00f3n intensa por las escalerillas del viejo convento; por una ancha sala, destartalada, con las maderas de los balcones rotas y abiertas, en que aparecen trofeos desvencijados: banderas, arcos y farolillos; por un largo corredor, semioscuro, silencioso, en que se ve, junto a una ventana, un c\u00e1ntaro que, al <em>tresmanar<\/em> ha formado a su alrededor un gran c\u00edrculo de humedad.\u201d<\/p>\n<p><em>Las Confesiones de un peque\u00f1o Fil\u00f3sofo<\/em>, Buenos Aires, Espasa Calpe, 1944, pag. 37.<\/p>\n<p><strong>TRIVIO.<\/strong><\/p>\n<p>Del lat\u00edn <em>trivium,<\/em> de <em>tres,<\/em> tres, y <em>v\u00eda,<\/em> camino.<\/p>\n<p>1. En la Edad Media, conjunto de las tres artes liberales relativas a la elocuencia (gram\u00e1tica, ret\u00f3rica y dial\u00e9ctica) que, junto con el cuadrivio, constitu\u00eda los estudios que impart\u00edan las universidades.<\/p>\n<p>2. Divisi\u00f3n de un camino en tres ramales, y punto en que \u00e9stos concurren.<\/p>\n<p>\u201cJer\u00f3nimo, el segundo de los hijos del matrimonio, estudi\u00f3 el <em>trivio<\/em> y cuatrivio en la capital de la provincia; all\u00ed se enamor\u00f3 de la hija del intendente y se fug\u00f3 con ella; se celebr\u00f3 la boda m\u00e1s tarde, y al cabo de pocos a\u00f1os la mujer de Jer\u00f3nimo le abandon\u00f3 y se march\u00f3 a Am\u00e9rica; Jer\u00f3nimo se dio a la bebida, gast\u00f3 lo que ten\u00eda y muri\u00f3 en Madrid.\u201d<\/p>\n<p><em>P\u00e1ginas escogidas<\/em>, Altea (Alicante), Editorial Aitana, 1995, pag. 137.<\/p>\n<p>\u201c\u00bfAd\u00f3nde va don \u00c1lvaro de Tarfe? Se despide de don Quijote en un <em>trivio<\/em> del camino; ni don Quijote tendr\u00e1 m\u00e1s noticias de don \u00c1lvaro, ni las tendremos nosotros. El licenciado Peralta, en Valladolid, encuentra al alf\u00e9rez Campuzano, cuando el alf\u00e9rez sale del hospital; lo convida a comer y el alf\u00e9rez le relata su vida. \u00bfY qu\u00e9 pasa despu\u00e9s con Peralta? \u00bfPuede tambi\u00e9n Peralta repetir las palabras de Arrazola?\u201d<\/p>\n<p><em>Con permiso de los Cervantistas<\/em>, Madrid, Visor Libros, 2005, pag. 142<\/p>\n<p>\u201cCincuenta a\u00f1os han bastado para formar en esta ciudad un ambiente de inercia, de paralizaci\u00f3n, de ausencia total de iniciativa y energ\u00eda. El cultivo de la tierra ha quedado en manos de los m\u00e1s ineptos, de aquellos que en ning\u00fan modo han podido apechugar con el <em>trivio<\/em> y el cuatrivio.\u201d<\/p>\n<p><em>La Voluntad<\/em>, Madrid, Biblioteca Nueva, 1939, pag. 241.<\/p>\n<p><strong>TROTERAS.<\/strong><\/p>\n<p>De trotar, del franc\u00e9s <em>trotter,<\/em> procedente del alem\u00e1n antiguo <em>trott\u00f4n,<\/em> andar caminar.<\/p>\n<p>Prostituta callejera (de trotar, andar de prisa, correr, bailar, hacer ruido con los pies).<\/p>\n<p>De <em>trotera<\/em> deriva el compuesto \u201ctrotaconventos\u201d: alcahueta.<\/p>\n<p>En <em>Bohemia<\/em> de Rafael Cansinos Assens, dice: \u201ccocotillas <em>troteras\u201d:<\/em> Se llamaba as\u00ed a las cocottes, normalmente prostitutas de lujo, que animaban con sus bailes los espect\u00e1culos de la \u00e9poca. De ah\u00ed viene el t\u00edtulo escogido por Ram\u00f3n P\u00e9rez de Ayala para su novela autobiogr\u00e1fica <em>Troteras y Danzaderas<\/em> (1913).<\/p>\n<p><em>\u201cTroteras\u201d<\/em> es una palabra muy antigua; el propio Ram\u00f3n P\u00e9rez de Ayala arranca su novela con un verso del Arcipreste de Hita. (s.XIV): <em>&#8220;Despu\u00e9s fise muchas c\u00e1ntigas de dan\u00e7a \u00e9 troteras\u201d<\/em>, en la que el Arcipreste en el <em>Libro del Buen Amor<\/em>, se refiere a las jud\u00edas y moriscas que recorr\u00edan los pueblos para alegrar festejos con sus danzas sensuales:<\/p>\n<p><em>&#8220;Despu\u00e9s fise muchas c\u00e1ntigas de dan\u00e7a \u00e9 <strong>troteras<\/strong><\/em><br \/>\n<em>Para jud\u00edas, et moras, \u00e9 para entendederas<\/em><br \/>\n<em>Para en instrumentos de comunales maneras<\/em><br \/>\n<em>El cantar que non sabes, ollo \u00e1 cantaderas.\u201d<\/em><\/p>\n<p>\u201cSarri\u00f3 y Azor\u00edn han ido a Villena.<\/p>\n<p>Esta es una ciudad vetusta, pero clara, limpia, riente. Tiene callejuelas tortuosas que reptan montes arriba; tiene v\u00edas anchas sombreadas por pl\u00e1tanos; tiene viejas casas de piedra con escudos y balcones voladizos; tiene una iglesia con filigranas del Renacimiento, con una soberbia reja dorada, con una torre puntiaguda; tiene una plaza donde hay un hondo estanque de aguas di\u00e1fanas que las mujeres bajan por una ancha grader\u00eda a coger en sus c\u00e1ntaros; tiene un castillo que a\u00fan conserva la torre del homenaje, y en cuyos salones don Diego Pacheco, gran protector de los moriscos ver\u00eda ondular el cuerpo serpentino de las <em>troteras.\u201d<\/em><\/p>\n<p><em>Antonio Azor\u00edn<\/em>, Madrid, Biblioteca Nueva, \u201cObras Selectas\u201d, 1943, pag. 243.<\/p>\n<p><strong>TRULLA.<\/strong><\/p>\n<p>Probablemente del lat\u00edn <em>turbula<\/em>, peque\u00f1a multitud, peque\u00f1o tumulto.<\/p>\n<p>Bulla, griter\u00edo, multitud de gente.<\/p>\n<p>Francisco Quevedo en \u201c<em>El sue\u00f1o del infierno<\/em>\u201d nos ha dejado estas palabras en forma de di\u00e1logo:<\/p>\n<p>\u201c-\u00bfQuer\u00e9is saber cu\u00e1l es la cosa m\u00e1s vil? Los alquimistas, y as\u00ed, porque se haga la piedra es menester quemaros a todos.<\/p>\n<p>Di\u00e9ronles fuego y ard\u00edan casi de buena gana, solo por ver la piedra filosofal. Al otro lado no era menos la <em>trulla<\/em> de astr\u00f3logos y supersticiosos. Un quirom\u00e1ntico iba tomando las manos a todos los otros que se hab\u00edan condenado, diciendo:<\/p>\n<p>-\u00a1Qu\u00e9 claro se vee que se hab\u00edan de condenar estos, por el monte de Saturno!<\/p>\n<p>Otro que estaba a gatas con un comp\u00e1s midiendo alturas y notando estrellas, cercado de efem\u00e9rides y tablas, se levant\u00f3 y dijo en altas voces:<\/p>\n<p>\u00a1Vive Dios! Que si me pariera mi madre medio minuto antes que me salvo, porque Saturno en aquel punto mudaba el aspecto y Marte se pasaba a la casa de la vida; el Escorpi\u00f3n perd\u00eda su malicia, y yo, como di en procurador, fui pobre mendigo.\u201d<\/p>\n<p>\u201cSi se pudiera materializar la huella de los rumores se ver\u00eda toda la ciudad cruzada, enredada, enmara\u00f1ada por hilos luminosos que serpentean de una a otra casa, entre las calles, salvando los tejados, saliendo y entrando por puertas y ventanas. Barbulla en hornos y lavaderos. Titiritaina en talleres y obradores. <em>Trulla<\/em> en sarag\u00fcetes y tripudios. Cantaleta en ejidos y eras. Tochuras de villanos en taberna. El gesto de condenaci\u00f3n encubre la codicia de lo parejo.\u201d<\/p>\n<p><em>Do\u00f1a In\u00e9s<\/em>, Madrid, Biblioteca Nueva, 1972, pag. 166.<\/p>\n<\/div><\/div>[\/vc_column][\/vc_row]<\/p>\n<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[vc_row][vc_column]Se est\u00e1 acabando el abecedario y con \u00e9l la serie de Rafael Escrig sobre m\u00e1s de mil palabras poco comunes que Azor\u00edn recogi\u00f3 y emple\u00f3 en sus libros, a veces rescat\u00e1ndolas de un espa\u00f1ol que hoy llamar\u00edan &#8220;desfasado&#8221;. 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