{"id":16912,"date":"2024-08-16T18:51:51","date_gmt":"2024-08-16T16:51:51","guid":{"rendered":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/?p=16912"},"modified":"2024-08-16T18:51:51","modified_gmt":"2024-08-16T16:51:51","slug":"mil-palabras-de-azorin-t-v-z","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/mil-palabras-de-azorin-t-v-z\/","title":{"rendered":"Mil palabras de Azor\u00edn (T, V, Z)"},"content":{"rendered":"<div class=\"wpb-content-wrapper\"><p>[vc_row][vc_column]<div class=\"text-block\" ><div class=\"simple-text size-4\"><p>\u00daltima entrega de la serie, con t\u00e9rminos que empiezan en T, en V y en Z. Suman un total de trece cap\u00edtulos con una selecci\u00f3n de recias palabras azorinianas. El autor ha reunido m\u00e1s de mil en un libro que merece impresi\u00f3n de una editorial culta. El trabajo de Rafael Escrig le ha obligado a zambullirse en diccionarios antiguos y modernos, en libros espa\u00f1oles e hispanoamericanos de siglos atr\u00e1s y del presente. El curioso y dilecto lector disfrutar\u00e1 de la serie.<!--more--><\/p>\n<p>Rafael Escrig<\/p>\n<p><strong>TUMBAGAS<\/strong>.<\/p>\n<p>Del \u00e1rabe <em>tunbak,<\/em> similor.<\/p>\n<p>Corominas nos dice que esta voz procede del malayo <em>tambaga,<\/em> cobre, que a su vez, parece ser alteraci\u00f3n del s\u00e1nscrito, <em>Tamraka.<\/em><\/p>\n<p>Sortija hecha con una liga, o aleaci\u00f3n, met\u00e1lica muy quebradiza, compuesta de oro y de igual o menor cantidad de cobre, que se emplea en joyer\u00eda.<\/p>\n<p>La <em>tumbaga<\/em> es el nombre que los espa\u00f1oles le dieron a una aleaci\u00f3n de oro y cobre que fabricaban los orfebres ind\u00edgenas de Am\u00e9rica. Son variados los textos que llaman <em>tumbaga<\/em> a lo que se conoce como oropel, alat\u00f3n, lat\u00f3n o lat\u00f3n rojo, dependiendo de sus aleaciones. Fueron numerosas las culturas precolombinas que destacaron por su fina orfebrer\u00eda, como la de <em>Tolita,<\/em> la <em>Tairona<\/em> o la <em>Quimbaya,<\/em> todas ellas utilizaron la <em>tumbaga<\/em> para elaborar diferentes objetos ceremoniales y de adorno.<\/p>\n<p>Una referencia a esta palabra, la encontramos en el \u201cTesoro de Cabez\u00f3n\u201d que fue hallado en 1963, en el t\u00e9rmino municipal de Cabez\u00f3n de Pisuerga a doce kil\u00f3metros de Valladolid. Enterrado, presumiblemente, en tiempos de la la Guerra de la Independencia, re\u00fane 188 joyas diversas de oro y plata y 73 monedas de oro. En la descripci\u00f3n de su cat\u00e1logo, podemos leer que: \u201c<em>Se incluyen cinco alianzas de oro, con decoraci\u00f3n cincelada que muestra rombos lisos enmarcados por tri\u00e1ngulos rayados. Los dos aros lisos, que parecen de bronce, podr\u00edan interpretarse como tumbagas, unos anillos hechos con una aleaci\u00f3n de oro y cobre de ley muy baja.<\/em>\u201d<\/p>\n<p>\u201cEl no se asustaba; ya sab\u00eda que era Mari Juana; porque, desde el primer d\u00eda, la conoci\u00f3 por las recias <strong>tumbagas<\/strong> de oro que estas manos llevaban en los dedos. \u00bfNo lo hemos dicho? S\u00ed, s\u00ed; Mari-Juana no ten\u00eda m\u00e1s que un defecto: era aficionada a las joyas, a los trajes vistosos. En sus manos llevaba unos anillos de oro, y los colores de sus trajes eran de lo m\u00e1s llamativos.\u201d<\/p>\n<p><em>Tom\u00e1s Rueda<\/em>, Madrid, Biblioteca Nueva, \u201cObras Selectas\u201d, 1943, pag. 554.<\/p>\n<p><strong>UNAMUNESCO.<\/strong><\/p>\n<p>Perteneciente o relativo a Miguel de Unamuno.<\/p>\n<p>Se trata de una palabra \u201cdeonom\u00e1stica\u201d, es decir, que designa aquel sustantivo com\u00fan o adjetivo que deriva de un nombre propio.<\/p>\n<p>La formaci\u00f3n de adjetivos relacionados con personajes famosos, literarios, hist\u00f3ricos\u2026, o fundadores de escuelas y corrientes filos\u00f3ficas, hist\u00f3ricas, etc. Se forman con un sufijo: <em>-esco, -iano, -ista, -ico, -e\u00f1o,<\/em> etc. As\u00ed pues, tendr\u00edamos de Victor Hugo, <em>huguesco,<\/em> de Lope de Vega, <em>lopesco,<\/em> de Mir\u00f3, <em>mironiano,<\/em> de Neruda, <em>neruniano,<\/em> de Goya, <em>goyesco,<\/em> de Napole\u00f3n <em>napole\u00f3nico,<\/em> de Velazquez, <em>velazque\u00f1o,<\/em> de Petrarca, <em>petrarquista,<\/em> de Gald\u00f3s, <em>galdosiano,<\/em> de Salom\u00f3n, <em>salom\u00f3nico,<\/em> de Cervantes, <em>cervantista,<\/em> de Azor\u00edn, <em>azoriniano.<\/em> Como podemos ver, el sufijo cambia seg\u00fan el car\u00e1cter del adjetivo. As\u00ed con el sufijo \u2013esco en los adjetivos, se indica relaci\u00f3n o pertenencia y a veces tiene un matiz despectivo, pero al formar los adjetivos deonom\u00e1sticos pierde dicho matiz y s\u00f3lo indica la pertenencia o la relaci\u00f3n con la persona correspondiente; <em>cervantesco, quevedesco, unamunesco\u2026<\/em><\/p>\n<p>El escritor y poeta sevillano Rafael Cansinos Assens (1882-1964), en su libro <em>La nueva literatura espa\u00f1ola<\/em>, habl\u00f3 de toda esa pl\u00e9yade de grandes autores espa\u00f1oles, entre otros: de Azor\u00edn, de Valle-Incl\u00e1n, de Baroja, de J.R.J., entre muchos otros, y c\u00f3mo no, de Unamuno y de todo lo <em>unamunesco<\/em> en su literatura:<\/p>\n<p><em>\u201cY v\u00e9ase como este genio <strong>unamunesco<\/strong>, tan complejo, ha podido ser una vez el espejo de nuestro genio espa\u00f1ol. Pero lo ha sido tambi\u00e9n otras veces: en las p\u00e1ginas de sus libros ha resucitado media Espa\u00f1a muerta y ha iluminado media Espa\u00f1a desconocida. Su significaci\u00f3n primordial ha sido \u2013como en Baroja y Azor\u00edn- continuar el renacimiento ideol\u00f3gico espa\u00f1ol iniciado por Ganivet, del que fue contempor\u00e1neo.\u201d<\/em><\/p>\n<p>Y es el propio Unamuno quien, en una de sus historias: \u201c<em>Un pobre hombre rico o el sentimiento c\u00f3mico de la vida<\/em>\u201d, incluida en su novela <em>San Manuel Bueno, m\u00e1rtir y tres historias m\u00e1s<\/em>, nos da una muestra deonom\u00e1stica, con la palabra <em>martineziana<\/em> (de Mart\u00ednez), dici\u00e9ndonos as\u00ed:<\/p>\n<p><em>\u2014Y lo curioso, Celedonio, es que fuera de eso usa siempre palabras de simple sentido, y no tiene rec\u00e1mara alguna\u2026 <\/em><\/p>\n<p><em>\u2014Que te crees t\u00fa eso, Emeterio\u2026 <\/em><\/p>\n<p><em>\u2014S\u00ed; es, aparte lo f\u00edsico, completamente Mart\u00ednez. <\/em><\/p>\n<p><em>\u2014S\u00ed, su metaf\u00edsica es paternal, martineziana. Pero, \u00bfy no hay entre las dos parejas competencia?<\/em><\/p>\n<p>\u201cEn sus cartas, Miguel de Unamuno sol\u00eda enviarme alg\u00fan poema reci\u00e9n salido del horno. Por ejemplo, en una carta fechada en Bilbao el 10 de septiembre de 1909, me manda un poema que he visto publicado con variantes. El poema, sin t\u00edtulo, es muy <strong>unamunesco.<\/strong> Hace pensar y hace sentir. La m\u00fasica falta \u2013no la ten\u00eda Unamuno, poeta-, pero ah\u00ed est\u00e1 la vibraci\u00f3n filos\u00f3fica que deja en el esp\u00edritu una inquietadora resonancia.\u201d<\/p>\n<p><em>Madrid,<\/em> Madrid, Biblioteca Nueva, \u201cObras Selectas\u201d, 1943, pag. 969.<\/p>\n<p><strong>VEGUERO.<\/strong><\/p>\n<p>De <em>vega.<\/em> Antigua voz com\u00fan al castellano, portugu\u00e9s y sardo, que procede probablemente del prerromano <em>baika,<\/em> terreno regable y a veces inundado, derivada de <em>ibai,<\/em> r\u00edo, conservado hasta hoy en vasco, y con el sufijo \u2013<em>ko, \u2013ka<\/em>, que indica pertenencia. Parte de tierra baja, llana y f\u00e9rtil.<\/p>\n<p>1. Perteneciente o relativo a la vega.<\/p>\n<p>2. Persona que trabaja en el cultivo de una vega, especialmente en el cultivo del tabaco.<\/p>\n<p>3. Cigarro puro hecho de forma r\u00fastica, con una sola hoja de tabaco enrollada que le sirve de capa y de tripa.<\/p>\n<p>En Cuba, a los productores o cultivadores de tabaco, se les denomin\u00f3 <em>vegueros.<\/em> Estos labradores eran emigrantes blancos oriundos de las Islas Canarias y de Andaluc\u00eda, que de acuerdo con el cupo que el Gobierno espa\u00f1ol hab\u00eda estipulado para repoblar aquellas tierras, se dedicaban con sus familias a la siembra y cosecha del tabaco. Por extensi\u00f3n tambi\u00e9n se llamaron y se llaman <em>vegueros<\/em> a los cultivadores espa\u00f1oles en las Islas Canarias. El t\u00e9rmino todav\u00eda se usa en Cuba para designar la finca de un campesino.<\/p>\n<p>Las explotaciones tabaqueras se efectuaban en peque\u00f1as zonas de las tierras bajas y f\u00e9rtiles que se denominaban <em>tabacales,<\/em> en lugares cercanos a los r\u00edos que, con sus aportes, hac\u00edan de fertilizantes naturales. Con posterioridad, a esas zonas se les aplic\u00f3 el nombre de vegas, con el cual se conocen en la actualidad. Fue durante la primera centuria de nuestra colonia, seg\u00fan las noticias, cuando se iniciaron las explotaciones de las primeras vegas, en el a\u00f1o 1614.<\/p>\n<p>Desde esos primeros momentos los canarios que comenzaron su asentamiento en Cuba, fundaron peque\u00f1as colonias en las orillas de r\u00edos y torrentes \u2013las vegas de producci\u00f3n- que con el paso del tiempo fueron creciendo con la llegada de m\u00e1s colonos hasta el siglo XVIII. Las poblaciones m\u00e1s destacadas donde estos colonos canarios se asentaron, fueron: Jes\u00fas del Monte (donde hubo una conocida, por tr\u00e1gica, sublevaci\u00f3n de los <em>vegueros<\/em> que protestaban contra el gobierno espa\u00f1ol de Felipe V por sus imposiciones en la compra del tabaco convertido en monopolio), Santiago de las Vegas, El Calvario, Bejucal, G\u00fcines, Matanza, Camajuan\u00ed, Placetas, Santo Domingo y Nuevitas, entre otras.<\/p>\n<p>\u201cEl cl\u00e9rigo ambulatorio parece absorto en hondas y dolorosas meditaciones. Es alto; viste sotana manchada en la pechera a largas gotas; tiene liado el cuello en recia bufanda negra; sus mejillas est\u00e1n tintadas en finas raicillas rojas, y su nariz avanza vivamente inflamada. Bajo el bonete de agudos picos, ca\u00eddo sobre la frente, sus ojos miran vagorosos y turbios\u2026 Hondas preocupaciones le conturban; arriba, abajo, dando furibundas pipadas al <em>veguero,<\/em> pasea nervioso por la estancia. Y un momento, se detiene ante el cl\u00e9rigo sentado y pregunta, tras una ligera pausa en que considera absorto la ceniza del cigarro:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfT\u00fa crees que el macho de Jos\u00e9 Marco es mejor que el m\u00edo?\u201d<\/p>\n<p>El interpelado no contesta. Y el alto cl\u00e9rigo prosigue, en hondas meditaciones, sus paseos. Despu\u00e9s a\u00f1ade:<\/p>\n<p>\u2014Hemos estado cazando en el Chisnar Jos\u00e9 Marco y yo. Jos\u00e9 Marco ha muerto siete perdices, yo dos\u2026 \u00a1Mi macho no cantaba!\u201d<\/p>\n<p><em>La Voluntad<\/em>, Madrid, Biblioteca Nueva, 1939, pag. 27.<\/p>\n<p><strong>VENERA.<\/strong><\/p>\n<p>Del lat\u00edn <em>vener\u012da,<\/em> cierta concha relacionada con Venus.<\/p>\n<p>1. Concha semicircular de dos valvas, una plana y otra muy convexa, con dos orejuelas laterales y catorce estr\u00edas radiales que forman a modo de costillas gruesas.<\/p>\n<p>2. Insignia distintiva que traen pendiente al pecho los caballeros de cada una de las \u00f3rdenes.<\/p>\n<p>Joya colgante que se prend\u00edan al pecho, en su mayor\u00eda, los caballeros de las \u00f3rdenes militares y ciertas damas de la nobleza. Llamadas por extensi\u00f3n <em>veneras<\/em> o encomiendas.<\/p>\n<p>Son espec\u00edficas de la joyer\u00eda espa\u00f1ola. Pueden considerarse joyas mixtas entre el mundo profano y el devocional.<\/p>\n<p>En origen, las veneras, eran h\u00e1bitos y distintivos de las \u00f3rdenes militares de Santiago, Calatrava, Alc\u00e1ntara y Montesa, a las que se a\u00f1aden las de San Juan, Malta y el Esp\u00edritu Santo. El nombre de <em>venera<\/em> hace alusi\u00f3n a la concha de peregrino o <em>vieira,<\/em> distintivo espec\u00edfico de la orden de Santiago. En el siglo XVII eran un signo de distinci\u00f3n social, privativas de los nobles y suger\u00edan la limpieza de sangre y nobleza.<\/p>\n<p>Una <em>venera<\/em> y sus lazos, con diamantes en campo de porcelana, aparece en la testamentar\u00eda de Velazquez y su mujer, Juana Pacheco.<\/p>\n<p>\u201cClara Mar\u00eda: t\u00fa hablas como si estuvieras so\u00f1ando; todos so\u00f1amos; yo sue\u00f1o ahora como no he so\u00f1ado nunca; para que tengas recuerdo de este sue\u00f1o te voy a regalar esto: una <em>venera<\/em> de granates como la roja <strong>venera<\/strong> de Santiago que yo llevo al pecho. No ha habido nada m\u00e1s, absolutamente nada m\u00e1s, en esta escena: ha durado diez minutos; el rito tradicional se hab\u00eda cumplido.\u201d<\/p>\n<p>Para el diario <em>\u201cABC\u201d<\/em>, Madrid, 19\/9\/1950.<\/p>\n<p><em>El Cinemat\u00f3grafo<\/em>, Valencia, Pre-Textos. Caja de Ahorros del Mediterr\u00e1neo, 1995, pag. 85.<\/p>\n<p>\u201cSal\u00f3n suntuoso en Palacio. Tapices, muebles de \u00e9bano, braseros de plata. Se\u00f1oras con <em>veneras<\/em> de diamantes sobre el negro terciopelo. Sabandijas, es decir, enanos, corcovados, bufones. En el fondo, sentado bajo un dos\u00e9l, un caballero de larga melena rubia y subidos bigotes. (\u00bfSe pone colorete para encubrir su palidez?) Aire triste y absorto. Llega a la puerta un caballero con una bandeja y una taza de plata; las entrega a otro caballero que hace una reverencia y las recibe; el cual las pasa a otro que se inclina y las coge; y \u00e9ste las tiende a otro\u2026 El caballero del dosel coge la taza, la lleva levemente a los labios y la coloca otra vez en la bandeja con un gesto de cansancio y desd\u00e9n.\u201d<\/p>\n<p><em>Al margen de los cl\u00e1sicos<\/em>, Madrid, Biblioteca Nueva, \u201cObras Selectas\u201d, 1943, pag. 1077.<\/p>\n<p><strong>VETUSTA.<\/strong><\/p>\n<p>Del lat\u00edn <em>vetustus,<\/em> viejo y \u00e9ste de <em>vetus, -eris<\/em>, veterano.<\/p>\n<p>Muy antiguo o de mucha edad. Extremadamente viejo, anticuado.<\/p>\n<p>En la simbolog\u00eda azoriniana, lo <em>vetusto<\/em> est\u00e1 relacionado con el inexorable paso del tiempo. As\u00ed como las nubes, el ferrocarril o las campanas, representan el paradigma de ese fatalismo, el adjetivo <em>vetusto<\/em> a\u00f1ade un tanto de tristeza a los nombres que acompa\u00f1a; algo de desconsuelo y pesimismo que va m\u00e1s all\u00e1 de la nostalgia por el tiempo pasado, d\u00e1ndole una p\u00e1tina de antig\u00fcedad irrecuperable. Las nubes volver\u00e1n a pasar, igual que el ferrocarril, pero cuando algo es extremadamente viejo; cuando es <em>vetusto,<\/em> el \u00fanico camino que le queda el la extinci\u00f3n, y esa idea es la peor, por m\u00e1s inevitable.<\/p>\n<p>En <em>La Ruta del Quijote <\/em>la palabra <em>vetusto,<\/em> con sus derivados, se repite 16 veces, todas ellas en contextos parecidos: <em>caserones vetustos, las vetustas alamedas, del vetusto reloj, otros molinos vetustos, este aire de vetustez, un vetusto caser\u00f3n, un caser\u00f3n vetusto, vetusto y formidable, un caser\u00f3n vetusto, unos coches vetustos, la casa es vetusta, los molinos surgen vetustos, el vetusto aparato, aparecen vetustas y redondas portaladas, este pueblo vetusto, una iglesia vetusta<\/em>. En todas ellas se refleja el fatalismo, la tristeza y el pesimismo de que habl\u00e1bamos.<\/p>\n<p>\u201cNoche de Jueves Santo. A las diez. Azor\u00edn ha ido con Justina a visitar los monumentos. Hace un tiempo templado de marzo; clarea la luna en las anchas calles; la ciudad est\u00e1 en reposo. Y es una sensaci\u00f3n extra\u00f1a, indefinible, dolorosa casi, esta peregrinaci\u00f3n de iglesia en iglesia, en este d\u00eda solemne, en esta noche tranquila de esta <strong>vetusta<\/strong> ciudad sombr\u00eda.\u201d<\/p>\n<p><em>La Voluntad<\/em>, Madrid, Biblioteca Nueva, 1939, pag. 85.<\/p>\n<p>\u201cAqu\u00ed y all\u00e1, en las blancas paredes, grandes fotograf\u00edas p\u00e1lidas de viejas catedrales espa\u00f1olas: la de Toledo, la de Santiago, la de Sig\u00fcenza, la de Burgos, que asoma sobre la espesa alameda sus germinados ventanales y espada\u00f1as floridas; la de Le\u00f3n, que enarca los finos arbotantes de su \u00e1bside sobre una oleada de <strong>vetustas<\/strong> casuchas con ventanas inquietadoras\u2026\u201d<\/p>\n<p><em>La Voluntad<\/em>, Madrid, Biblioteca Nueva, 1939, pag. 128.<\/p>\n<p>\u201cCantan a lo lejos los gallos. De pronto vibra en los aires una campanada, larga, grave, sonora, melodiosa; y luego, al cabo de un momento, espaciada, otra, y despu\u00e9s otra, otra, otra\u2026<\/p>\n<p>\u2014Esto es la agon\u00eda \u2013dice una vieja. Y el anciano torna a mover la cabeza, y exclama:<\/p>\n<p>\u2014La agon\u00eda de la muerte\u2026<\/p>\n<p>Y sus palabras, lentas, tristes, en este pueblo sin agua, sin \u00e1rboles, con las puertas y las ventanas cerradas, ruinoso, <strong>vetusto,<\/strong> perecen una sentencia irremediable.\u201d<\/p>\n<p><em>Antonio Azor\u00edn<\/em>, Madrid, Biblioteca Nueva, \u201cObras Selectas\u201d, 1943, pag. 278.<\/p>\n<p>\u201cYo me he detenido un instante, gozando de las sombras azules, de las ventanas cerradas, del silencio profundo, del ruido manso del agua, de las torres, del revolar de las golondrinas, de las campanadas r\u00edtmicas y largas del <strong>vetusto<\/strong> reloj.\u201d<\/p>\n<p><em>Los Pueblos<\/em>, Madrid, Biblioteca Nueva, 1935, pag. 15.<\/p>\n<p>\u201cY en la estaci\u00f3n, a la llegada, tras una valla, he visto unos coches <strong>vetustos;<\/strong> unos de estos coches de pueblo, unos de estos coches en que pasean hidalgos, unos de estos coches deste\u00f1idos, polvorientos, ruidosos, que caminan todas las tardes por una carretera exornada con dos filas de arbolillos menguados, secos.\u201d<\/p>\n<p><em>La Ruta del Quijote<\/em>, Madrid, Biblioteca Nueva, \u201cObras Selectas\u201d, 1943, pag. 437.<\/p>\n<p>\u201c\u2014\u00a1Hay, Se\u00f1or!<\/p>\n<p>Y ya este suspiro que yo he o\u00eddo tantas veces, tantas veces en los viejos pueblos, en los caserones vetustos, a estas buenas ancianas vestidas de negro; ya este suspiro me trae una visi\u00f3n neta y profunda de la Espa\u00f1a castiza. \u00bfQu\u00e9 recuerda do\u00f1a Isabel con este suspiro? \u00bfRecuerda los d\u00edas de su infancia y de su adolescencia, pasados en alguno de estos pueblos muertos y sombr\u00edos? \u00bfRecuerda las callejas estrechas, serpenteantes, desiertas, silenciosas? \u00bfY las plazas anchas, con soportales ruinosos, por las que de tarde en tarde discurre un perro o un vendedor se para y lanza un grito en el silencio? \u00bfY las fuentes viejas, las fuentes de granito, las fuentes con un blas\u00f3n enorme, con grandes letras, en que se lee el nombre de Carlos V o Carlos III? \u00bfY las iglesias g\u00f3ticas, doradas, rojizas, con estas capillas de las Angustias, de los Dolores o del Santo Entierro, en que tanto nuestras madres han rezado y han suspirado? \u00bfY las tiendecillas hondas, l\u00f3bregas, de merceros, de cereros, de talabarteros, de pa\u00f1eros, con las mantas de vivos colores que flamean al aire? \u00bfY los carpinteros \u2013estos buenos amigos nuestros- con sus mazos que golpean sonoros? \u00bfY las herrer\u00edas \u2013las queridas herrer\u00edas- que llenan desde el alba al ocaso la peque\u00f1a y silenciosa ciudad con sus sones joviales y claros? \u00bfY los huertos y cortinales que se extienden a la salida del pueblo, y por cuyas bardas asoma un obscuro laurel o un cipr\u00e9s mudo, centenario, que ha visto indulgente nuestras travesuras de ni\u00f1o? \u00bfY los lejanos majuelos, a los que hemos ido de merienda en las tardes de primavera y que han sido plantados acaso por un anciano que tal vez no ha visto sus frutos primeros? \u00bfY las <strong>vetustas<\/strong> alamedas de olmos, de \u00e1lamos, de pl\u00e1tanos, por las que hemos paseado en nuestra adolescencia en compa\u00f1\u00eda de Lolita, de Juana, de Carmencita o de Rosarito? \u00bfY los cacareos de los gallos que cantaban en las ma\u00f1anas radiantes y templadas del oto\u00f1o? Y las campanadas lentas, sonoras, largas, del <strong>vetusto<\/strong> reloj que o\u00edamos desde las anchas chimeneas en las noches de invierno?\u201d<\/p>\n<p><em>La Ruta del Quijote<\/em>, Madrid, Biblioteca Nueva, \u201cObras Selectas\u201d, 1943, pag. 409.<\/p>\n<p><strong>VI\u00c1TICO.<\/strong><\/p>\n<p>Del lat\u00edn <em>viaticum,<\/em> de <em>via,<\/em> camino.<\/p>\n<p>Prevenci\u00f3n en especie o en dinero, de lo necesario para el sustento del que hace un viaje.<\/p>\n<p>Corominas, nos dice que: <em>vi\u00e1tico es el duplicado culto de viajata<\/em>.<\/p>\n<p>En el Diccionario de Autoridades de 1739, encontramos la entrada. <em>\u201cVi\u00e1tico, La prevenci\u00f3n en especies, \u00fa en dinero de lo necessario para el sustento, que lleva, \u00fa se le d\u00e1 al que hace viage.\u201d<\/em><\/p>\n<p>Viene aqu\u00ed piri pintada la conocida frase del fil\u00f3sofo y humanista Michel de Montaigne (1533-1592) -tan querido y admirado por Azor\u00edn-, donde incluye el vocablo <em>vi\u00e1tico: \u201cLos libros son el mejor vi\u00e1tico que he encontrado para este humano viaje.\u201d<\/em><\/p>\n<p>\u201cLlevan estos carros una barjuleta a la derecha, donde se pone la botija con agua; a la izquierda, en otra barjuleta, van las provisiones del <strong>vi\u00e1tico.<\/strong> El ruido que hacen estos carros es sonoroso, estruendoso; al rechocar en los hondos y pedregosos relejes, su voz se extiende y repercute largamente.\u201d<\/p>\n<p><em>Los Valores Literarios<\/em>, Buenos Aires, Editorial Losada, 1944, pag. 199.<\/p>\n<p><strong>VIOLETA.<\/strong><\/p>\n<p>Del franc\u00e9s <em>violette,<\/em> derivado del franc\u00e9s antiguo <em>viole,<\/em> del lat\u00edn <em>viola,<\/em> viola, violeta.<\/p>\n<p>Planta herb\u00e1cea perenne \u201cViola odorata\u201d, de la familia de las viol\u00e1ceas. Se aplica tanto a su color como a su perfume.<\/p>\n<p>ERUDITO A LA VIOLETA.<\/p>\n<p>Frase hecha. Se aplica a la persona cuya cultura y erudici\u00f3n es superficial. Hombre que solo tiene una tintura superficial de ciencias y arte.<\/p>\n<p>Se denomina as\u00ed a los que, a pesar de aparentar gran cultura, s\u00f3lo tienen culturilla, o sea, un barniz superficial de la misma, y demuestran afectaci\u00f3n y cursiler\u00eda en sus comportamientos.<\/p>\n<p>\u201c<em>No te fies de lo que te diga ese. Aunque todos piensen que es cult\u00edsimo, no es m\u00e1s que un erudito de la violeta\u201d<\/em>. La expresi\u00f3n procede de un t\u00edtulo de la obra del escritor espa\u00f1ol Jos\u00e9 Cadalso y V\u00e1zquez nacido en C\u00e1diz el 8 de octubre de 1741 y muerto en Gibraltar en 1782.<\/p>\n<p>La vida de Jos\u00e9 Cadalso se conoce no ya \u00fanicamente a trav\u00e9s de documentos y testimonios de sus contempor\u00e1neos, sino, de un modo m\u00e1s valioso, por la visi\u00f3n que \u00e9l mismo nos ofrece en su \u201c<em>Memoria de los acontecimientos m\u00e1s particulares de mi vida<\/em>\u201d y de las cartas conservadas.<\/p>\n<p>Es muy probable que la primera obra escrita por Cadalso sea \u201c<em>Defensa de la naci\u00f3n espa\u00f1ola contra la carta persiana LXXVIII de Montesquieu<\/em>\u201d (hacia 1768).<\/p>\n<p>A los a\u00f1os comprendidos entre 1771\u20131774 corresponde su m\u00e1s efectiva actividad literaria. \u201c<em>Los eruditos a la violeta<\/em>\u201d de 1772, es una s\u00e1tira breve y ligera contra un tipo de educaci\u00f3n entonces frecuente: la erudici\u00f3n meramente superficial. El contenido y estructura quedan claramente reflejados en el subt\u00edtulo puesto por su propio autor: \u201c<em>Curso completo de todas las ciencias, dividido en siete lecciones, para los siete d\u00edas de la semana, publicado en obsequio de los que pretenden saber mucho estudiando poco<\/em>\u201d. El t\u00edtulo alude a uno de los perfumes, el de la violeta, preferidos por los j\u00f3venes a la moda. La obra tuvo un \u00e9xito inmediato y el t\u00edtulo acab\u00f3 proverbializ\u00e1ndose.<\/p>\n<p>\u201cUn escudo de armas he descubierto rodando por el suelo, y arrimado a la cilla en donde se recogen los granos de diezmo. Contiene dicho escudo un campo raso, seis panecillos, puestos en l\u00ednea tres a cada un lado; no s\u00e9 qu\u00e9 representan, pues en la materia de blasones soy completamente rudo. Solamente en la Enciclopedia de Cadalso para <strong>los eruditos a violeta<\/strong>, le\u00ed un poco, sin que nada se me pegase.\u201d<\/p>\n<p><em>Un pueblecito: Riofrio de \u00c1vila<\/em>, Buenos Aires, Espasa Calpe, 1946, pag. 126.<\/p>\n<p><strong>YANG\u00dcESES.<\/strong><\/p>\n<p>Gentilicio de Yanguas, pueblo del norte de la provincia de Soria, en la comarca de las Tierra Altas.<\/p>\n<p>Probablemente, el nombre de Yanguas, deriva del lat\u00edn <em>ianuas,<\/em> puerta, acceso.<\/p>\n<p>La importancia de Yanguas, parte del privilegio que le concedi\u00f3 el rey castellano Alfonso VII, con la exenci\u00f3n del portazgo, esto permit\u00eda salir a a sus arrieros a comerciar por Castilla en ruta hacia Sevilla, sin pagar impuestos a la entrada de algunas ciudades castellanas. De esa forma el comercio entre el norte y el sur de la Pen\u00ednsula comenz\u00f3 a consolidarse en esas fechas, creando v\u00edas de comunicaci\u00f3n y los arrieros <em>yang\u00fceses<\/em> alcanzaron la fama que dio pie a Cervantes para que los nombrara en uno de los episodios del Quijote.<\/p>\n<p>El episodio a que nos referimos es el cap\u00edtulo XV de la primera parte de El Quijote: \u201cDonde se cuenta la desgraciada aventura que se top\u00f3 Don Quijote en topar con unos desalmados yang\u00fceses\u201d:<\/p>\n<p><em>\u201cYa en esto Don Quijote y Sancho, que la paliza de Rocinante hab\u00edan visto, llegaban hijadeando, y dijo Don Quijote a Sancho: A lo que veo, amigo Sancho, estos no son caballeros sino gente soez y de baja ralea; d\u00edgolo, porque bien me puedes ayudar a tomar la debida venganza del agravio que delante de nuestros ojos se le ha hecho a Rocinante. \u00bfQu\u00e9 diablos de venganza hemos de tomar, respondi\u00f3 Sancho, si estos son m\u00e1s de veinte, y nosotros no m\u00e1s de dos, y aun quiz\u00e1 no somos sino uno y medio? Yo valgo por ciento, respondi\u00f3 Don Quijote. Y sin hacer m\u00e1s discursos, ech\u00f3 mano a su espada y arremeti\u00f3 a los yang\u00fceses, y lo mismo hizo Sancho Panza, incitado y movido del ejemplo de su amo; y a las primeras dio Don Quijote una cuchillada a uno que le abri\u00f3 el sayo de cuero de que ven\u00eda vestido con gran parte de la espalda. Los yang\u00fceses que se vieron maltratar de aquellos dos hombres solos, siendo ellos tantos, acudieron a sus estacas, y cogiendo a los dos en medio, comenzaron a menudear sobre ellos con grande ah\u00ednco y vehemencia; verdad es que el segundo toque dieron con Sancho en el suelo, y lo mismo le avinio a Don Quijote, sin que le valiese su destreza y buen \u00e1nimo; quiso su ventura que viniese a caer a los pies de Rocinante, que a\u00fan no se hab\u00eda levantado: donde se echa de ver la furia con que machacan estacas puestas en manos r\u00fasticas y enojadas.\u201d<\/em><\/p>\n<p>\u201cCarros y almocrebes se perfilan sobre el cielo radiante y azul de Espa\u00f1a. En Castilla los carros atronadores y recios y los carreteros membrudos y col\u00e9ricos nos traen a la memoria el manteamiento de Sancho, las palizas de los <strong>yang\u00fceses,<\/strong> el apedreamiento de Don Quijote en la noche de su vela de armas.\u201d<\/p>\n<p><em>Los valores literarios<\/em>. Buenos Aires, Editorial Losada, 1944, pag. 200.<\/p>\n<p><strong>ZARABANDA.<\/strong><\/p>\n<p>De origen incierto.<\/p>\n<p>Corominas, en su DCECH, hace un extenso an\u00e1lisis del vocablo, desmontando cada una de las etimolog\u00edas persas propuestas, y afirma rotundamente que: \u201c<em>La zarabanda, y probablemente su nombre, se invent\u00f3 en Espa\u00f1a en el siglo XVI, \u00e9poca del gran florecimiento coreogr\u00e1fico espa\u00f1ol, o poco antes; como en los casos de chacona, zambapalo o j\u00e1cara. Luego aqu\u00ed, se cre\u00f3 tambi\u00e9n la palabra, con materiales puramente hispanos. Se han propuestos diferentes etimolog\u00edas, pero todas ellas son inveros\u00edmiles por remotas<\/em>.<\/p>\n<p><em>Tanto en Inglaterra como en Francia, el vocablo se introdujo a principios del siglo XVII. Los franceses le cambiaron el car\u00e1cter convirti\u00e9ndolo en un baile lento y grave, pero en todas partes se reconoce un\u00e1nimemente la procedencia espa\u00f1ola. Esto es lo \u00fanico que consta, en cuanto a su origen.\u201d<\/em><\/p>\n<p>M\u00e1s adelante sigue diciendo: <em>\u201cDe zarabanda en el sentido de bulla, es deformaci\u00f3n zurribanda, pendencia y luego zurra, por cruce con zurriburri, barullo, confusi\u00f3n, y zurrar, con el sentido de bulla, pendencia.\u201d<\/em><\/p>\n<p>En el Diccionario de Covarrubias (1611), se define como: <em>\u00c7arabanda: bayle bien conocido en estos tiempos, sino lo huviera desprivado su prima la chacona: es alegre y lascivo, porque se haze con meneos del cuerpo descompuestos, aunque los bra\u00e7os hazen los m\u00e1s ademanes, sonando las casta\u00f1etas.<\/em><\/p>\n<p>El Diccionario de Autoridades de 1739, precisa: <em>Ta\u00f1ido y danza viva y alegre, que se hace con repetidos movimientos del cuerpo, poco modestos; por extensi\u00f3n se llama cualquier cosa que cause ruido, bulla o molestia repetida.<\/em><\/p>\n<p>La \u00faltima edici\u00f3n del DRAE, nos dice: Zarabanda. (De la onomatopeya <em>zarb,<\/em> del balanceo).<\/p>\n<p>1. Danza popular espa\u00f1ola de los siglos XVI y XVII, que fue frecuentemente censurada por los moralistas.<\/p>\n<p>2. Danza lenta, solemne, de ritmo ternario, que, desde mediados del siglo\u00a0XVII, forma parte de las sonatas.<\/p>\n<p>3. Cualquier cosa que causa ruido, bulla o molestia repetida.<\/p>\n<p>\u201cEn un horizonte claro y luminoso, la <strong>zarabanda<\/strong> de los \u00e1loes y de las paredes reverberantes. El penacho de una palmera; la torre o alminar. El alminar, dentro de la torre; un patio africano, en una c\u00e1mara monovera; gazpachos y alcuzcuz; turbante y zorongo.\u201d<\/p>\n<p><em>Superrealismo,<\/em> Madrid, Biblioteca Nueva, 1929, pag. 266.<\/p>\n<p>\u201cLas criadas han puesto los muebles en desorden y dan en ellos grandes porrazos con los zorros (porque en los pueblos no se puede limpiar si no es armando formidable trapatiesta. El ruido vive en provincias: se habla a gritos, se anda taconeando, se estornuda en tremendos estampidos, se tose en pavorosas detonaciones, se cambian los muebles en <em>zarabanda<\/em> atronadora).\u201d<\/p>\n<p><em>La Voluntad<\/em>, Madrid, Biblioteca Nueva, 1939, pag. 220.<\/p>\n<p><strong>ZAZOSITA.<\/strong><\/p>\n<p>Diminutivo de <em>zazosa,<\/em> de <em>zazo,<\/em> tartamuda (por la onomatopeya za).<\/p>\n<p>Ceceosa. Que habla ceceando. Que pronuncia la c por la s.<\/p>\n<p>Corominas en su DCECH, nos habla de <em>zazoso<\/em> como una variante procedente de \u00a1ce!, con su regresivo <em>zazo<\/em> que significar\u00eda \u201cbalbuciente\u201d (por ser el sonido similar al habla de los ni\u00f1os, entre los que abunda el ceceo), esta forma se haya documentada en castellano desde 1775.<\/p>\n<p>En opini\u00f3n del ling\u00fcista Amado Alonso Garc\u00eda (1896-1952):<\/p>\n<p>\u201c<em>El ceceo ha significado desde antiguo: 1) el timbre particular de la c [espa\u00f1ola], 2) el acto de llamar a uno con la interjecci\u00f3n \u00a1ce! (lo que hay se dice chistar), 3) ceceoso por tartajoso (raro) y 4) desde el siglo XVIII, el trocar la s con c contrafigura del seseo: ci, ce\u00f1or, pace uzt\u00e9. Hoy esta \u00faltima es la significaci\u00f3n \u00faltima.<\/em>\u201d<\/p>\n<p>D. Francisco de Quevedo en \u201c<em>La Historia de la Vida del Busc\u00f3n<\/em>\u201d, menciona esta palabra en el Libro II. Cap. VII:<\/p>\n<p>\u201cEn esto, lleg\u00f3 el repostero con su jarcia, plata y mozos; los otros y ellas no hac\u00edan sino mirarme y callar. Mand\u00e9le que fuese al cenador y aderezase all\u00ed, que entretanto nos \u00edbamos a los estanques. Lleg\u00e1ronse a mi las viejas a hacerme regalos, y holgu\u00e9me de ver descubiertas las ni\u00f1as, porque no he visto, desde que Dios me cri\u00f3, tan linda cosa como aquella en quien yo ten\u00eda asestado el matrimonio: blanca, rubia, colorada, boca peque\u00f1a, dientes menudos y espesos, buena nariz, ojos rasgados y verdes, alta de cuerpo, lindas manazas y <em>zazosita<\/em>. La otra no era mala, pero ten\u00eda m\u00e1s desenvoltura, y d\u00e1bame sospechas de hocicada.\u201d<\/p>\n<p>Tenemos otro ejemplo en este poema sat\u00edrico de Fray Diego Tadeo Gonz\u00e1lez (1733-1794). \u201c<em>A un orador contrahecho, zazoso y sat\u00edrico<\/em>\u201d:<\/p>\n<p><em>Botijo con bonete clerical,<\/em><\/p>\n<p><em>Que viertes la doctrina a borboll\u00f3n,<\/em><\/p>\n<p><em>Falto de voz, de efectos, de emoci\u00f3n,<\/em><\/p>\n<p><em>Lleno de furia, ardor y odio fatal;<\/em><\/p>\n<p><em>La c\u00f3lera y despique por igual<\/em><\/p>\n<p><em>Dividen en dos partes tu serm\u00f3n,<\/em><\/p>\n<p><em>Que, por tosco, punzante y sin raz\u00f3n,<\/em><\/p>\n<p><em>Debieras predic\u00e1rselo a un zarzal.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00bfQu\u00e9 prendas de orador en ti se ven?<\/em><\/p>\n<p><em><strong>Zazoso<\/strong> acento, gesto pastoril,<\/em><\/p>\n<p><em>El metal de la voz cual de sart\u00e9n,<\/em><\/p>\n<p><em>Tono uniforme cual de tamboril.<\/em><\/p>\n<p><em>Para orador te faltan m\u00e1s de cien;<\/em><\/p>\n<p><em>Para arador te sobran m\u00e1s de mil.<\/em><\/p>\n<p>Y para documentarnos mejor sobre el comienzo del ceceo como forma de hablar, traigo estos p\u00e1rrafos entresacados del libro \u201c<em>Historia del ceceo y del seseo espa\u00f1oles<\/em>\u201d, escrito por el profesor Amado Alonso, en el que, entre toda la documentaci\u00f3n que aporta, figura la de Arias Montano en la que refiere la introducci\u00f3n espont\u00e1nea del ceceo en Andaluc\u00eda, principalmente en Sevilla, en el corto espacio de veinte a\u00f1os:<\/p>\n<p><em>\u201cEl ceceo y el seseo espa\u00f1oles son fen\u00f3menos estrechamente conectados con las igualaciones s-ss, z-$, j-x, b-v que ocurrieron en el siglo XVI y parte del XVII, y en verdad un grado m\u00e1s avanzado, y regionalmente limitado, de las igualaciones s-ss y z-f. El foco m\u00e1s antiguo de estos cambios parece ser la ciudad de Sevilla, que con certeza fue el de mayor poder de expansi\u00f3n, aunque hubo otros muchos, en Andaluc\u00eda y fuera de Andaluc\u00eda, dispersos y desconexos. En Sevilla, lo mismo que en los otros focos, la distinci\u00f3n con las eses flaque\u00f3 primero en las sonoras s-z y unos cien a\u00f1os despu\u00e9s en las sordas ss-f. La dualidad seseo-ceceo es resultado tard\u00edo. En todo el siglo XVI y primera mitad del XVII, lo que nuestros autores denuncian un\u00e1nimemente no es a\u00fan un seseo sin f o un ceceo sin s, sino la confusi\u00f3n y trueque an\u00e1rquico de esas consonantes.<\/em><\/p>\n<p><em>El afianzamiento del seseo o del ceceo respectivamente debi\u00f3 ser proceso largo, y bien podemos decir sin tanta cautela que lo ha sido, pues hoy mismo no ha terminado en algunos puntos.\u201d<\/em><\/p>\n<p><em>El testimonio clave es del gran escriturario Benito Arias Montano, tan valioso para la cronolog\u00eda del seseo y del ceceo como el de Fray Juan de C\u00f3rdoba para la geograf\u00eda ling\u00fc\u00edstica de las dos Castillas. Montano marca la presencia y cumplimiento de este fen\u00f3meno entre los a\u00f1os 1547-1567.<\/em><\/p>\n<p><em>Al explicar Montano la diferencia con que galaaditas y efra\u00edtas pronunciaban la palabra siboleth, lo ejemplifica con las mujeres francesas, especialmente las marisabidas, que cambiaban la r en s diciendo: \u201cMon pese y ma mese por Mon pire y ma mere\u201d, y en seguida, como ejemplo m\u00e1s cercano al siboleth b\u00edblico, contin\u00faa:<\/em><\/p>\n<p><em>\u201cSiendo yo muchacho (1546-47) la pronunciaci\u00f3n de los andaluces en Espa\u00f1a y sobre todo la de los sevillanos era la misma que la de los castellanos de ambas Castillas, y el sonido era del todo semejante; cuya diversidad result\u00f3 tan grande al cabo de veinte a\u00f1os (1566), que, a no ser por la diferencia de algunos vocablos, no distinguir\u00edas en nada a un sevillano de un valenciano, ya que ambos truecan la f \/ por la zz, y al rev\u00e9s la zz o f castellana por la s; de modo que si le pides a un andaluz que diga la palabra siboleth, no oir\u00edamos otra cosa que el zziboleth o qiboleth de los efra\u00edtas. Pero esto no nacido de la naturaleza del aire andaluz, que es puro y saludable, sino de la negligencia e incuria o del vicio de la gente, y de la indulgencia de las madres, lo que f\u00e1cilmente se demuestra y deduce de que la antigua y com\u00fan pronunciaci\u00f3n todav\u00eda (1588) se guarda entre buena parte de los viejos m\u00e1s graves, y de que no pocos de los j\u00f3venes mejor educados la practican, bien y f\u00e1cilmente repetida.\u201d<\/em><\/p>\n<p><em>\u201cTan estupendo documento y de hombre tan fidedigno requiere estudio cuidadoso si le hemos de sacar toda su ense\u00f1anza. Y en primer lugar las fechas. Esto se escrib\u00eda en 1588. Montano era natural de Fregenal de la Sierra, Badajoz, tierra geogr\u00e1ficamente sevillana, nacido en 1527, y fue a estudiar a Sevilla, en cuyo Colegio de Santa Mar\u00eda de Jes\u00fas se matricul\u00f3 y prob\u00f3 cursos en los a\u00f1os 1546 y 1547 junto con Francisco de Medina, Joan Mex\u00eda y Juan de Malara y en esos a\u00f1os curs\u00f3 estudios de humanidades en Sevilla, aunque estuviera en Sevilla desde 1543. Los &#8220;20 a\u00f1os&#8221; que Montano pone como lapso para el cambio de conducta idiom\u00e1tica de los sevillanos, casan perfectamente con esta fecha, pues en 1566 fue cuando Felipe II lo sac\u00f3 de su amado retiro sevillano de la Pe\u00f1a para hacerlo su capell\u00e1n y enviarlo luego a Amberes a dirigir la impresi\u00f3n de la famosa Biblia Regia. As\u00ed pues, salvo errores m\u00ednimos y no da\u00f1osos, la cronolog\u00eda del seseo, seg\u00fan la denuncia de Arias Montano, fue: h. 1547: sevillanos y andaluces diferenciaban las sibilantes como los castellanos. h. 1566: los sevillanos trocaban s por f y al rev\u00e9s. h. 1588: todav\u00eda las distingu\u00edan bien muchos de los viejos m\u00e1s graves y no pocos de los j\u00f3venes mejor educados.\u201d<\/em><\/p>\n<p><em>\u201cEn los siglos XIV y XV, y tambi\u00e9n en los dos siguientes, los ceceosos o zazos (defecto personal, lengua con frenillo) debieron de ser frecuentes en Espa\u00f1a, a juzgar por el n\u00famero de personajes hist\u00f3ricos y literarios de que tenemos noticias.<\/em><\/p>\n<p><em>En el siglo XIV, Don Pedro el Cruel, seg\u00fan Pedro L\u00f3pez de Ayala, al final de su Chr\u00f3nica: &#8220;E fue el rey Don Pedro assaz grande de cuerpo, y blanco y rubio y ceceaba un poco en la fabla&#8221;. De los 25 claros varones de la segunda mitad del siglo XV, cuya semblanza traza Fernando del Pulgar, 4 fueron cecehaba un poco&#8230; e ten\u00eda singular gracia en el sermonear, tanbien en lengua latina como en la suya materna&#8221;.<\/em><\/p>\n<p><em>Tambi\u00e9n ceceaba el poeta y cortesano &#8220;Frayle lindo de Palacio&#8221;, Fray I\u00f1igo de Mendoza, seg\u00fan denuncia en una invectiva contra \u00e9l un gal\u00e1n cortesano y poeta, en d\u00e9cimas en cada una de las cuales la mitad primera dice qu\u00e9 es lo que Fray I\u00f1igo debe hacer como fraile que es; la segunda, lo que en su vida tiene de contrario y debe corregir; esta d\u00e9cima es sobre la castidad:<\/em><\/p>\n<p><em>\u201cAmor en todo hablar est\u00e9 el gesto reposado; amor de se assegurar que por muy seguro estar pudiesse ser salteado: no por gracia el cecear contrahaziendo el gal\u00e1n: no el reyr, no el burlar, no de muy contino estardo amores vienen y van.\u201d<\/em><\/p>\n<p><em>Estos son grandes personajes de la Corte y de la vida nacional, no dialectal ni plebeya. De capital significaci\u00f3n es que la gente hallaba gracia en el cecear, un adorno, como ya se ve por el ceceo del Obispo de Coria, &#8220;gran predicador&#8221; y que sermoneaba con singular gracia, por el del Obispo de Burgos, que &#8220;fablaba muy bien y con buena gracia&#8221;, y por el de Fray I\u00f1igo de Mendoza que ceceando se hac\u00eda el gal\u00e1n. Por eso fue pareciendo m\u00e1s propio de mujeres.\u201d<\/em><\/p>\n<p>\u201cHoy, despu\u00e9s de parco yantar posaderil, en el obscuro comedor que hay entrando a la izquierda, mientras una criada <strong>zazosita<\/strong> y remisa alzaba los manteles, Azor\u00edn ha o\u00eddo hablar de un labriego de Sonseca. \u00a1Era un viejo m\u00edstico castellano! Con grave y sonora voz, con ademanes sobrios y elegantes, este anciano de complexi\u00f3n robusta, iba discurriendo sencillamente sobre la resignaci\u00f3n cristiana, sobre el dolor, sobre lo falaz y transitorio de la vida\u2026 \u201cPor primera vez\u201d, pensaba Azor\u00edn, \u201cencuentro un m\u00edstico en la vida\u201d, no en los libros, un m\u00edstico que es un pobre labrador castellano que habla con la sencillez y elegancia de Fray Luis de Le\u00f3n, y que siente hondamente y sin distingos ni prejuicios\u2026\u201d<\/p>\n<p><em>La Voluntad<\/em>, Madrid, Biblioteca Nueva, 1939, pag. 158.<\/p>\n<p><strong>ZUAVO.<\/strong><\/p>\n<p>La etimolog\u00eda es del franc\u00e9s\u00a0<em>zouave,<\/em> que por su parte deriva de la palabra\u00a0bereber\u00a0<em>zw\u0101w\u012b,<\/em> que es el\u00a0gentilicio\u00a0de la tribu\u00a0<em>zw\u0101wa,<\/em> la cual aport\u00f3 soldados mercenarios al ejercito franc\u00e9s para la creaci\u00f3n de ciertas unidades militares.<\/p>\n<p><em>Zuavo<\/em> es el nombre que se dio a ciertos regimientos de infanter\u00eda en el ej\u00e9rcito franc\u00e9s a partir del a\u00f1o 1830. Originarios de Argelia, tanto el nombre como el uniforme distintivo de los <em>zuavos<\/em> se extendi\u00f3 por las fuerzas armadas de Estados Unidos de Am\u00e9rica, Estados Pontificios, Espa\u00f1a, Brasil y el Imperio Otomano. Sirvieron en la mayor\u00eda de las campa\u00f1as militares del ej\u00e9rcito franc\u00e9s entre 1830 y 1962.<\/p>\n<p>ZUAVO PONTIFICIO.<\/p>\n<p>Los zuavos pontificios constituyeron un cuerpo militar de voluntarios, creado para defender la integridad territorial y la soberan\u00eda de los Estados Pontificios frente al acecho de las tropas del ej\u00e9rcito italiano que trataba de imponer la unificaci\u00f3n de Italia.<\/p>\n<p>Los zuavos fueron cat\u00f3licos solteros voluntarios, fundamentalmente, dispuestos a ayudar al Papa P\u00edo IX frente al proceso de reunificaci\u00f3n italiano. El grueso de los voluntarios fue alem\u00e1n, franc\u00e9s y belga, pero no faltaron romanos, canadienses, espa\u00f1oles (el Tercio de Zuavos espa\u00f1ol, estuvo formada por ocho mil soldados de procedencia carlista y fueron creados por el general Fernando Fern\u00e1ndez de C\u00f3rdoba), irlandeses e ingleses. Tras la desaparici\u00f3n de los Estados Pontificios en 1870 y anexionados militarmente por el Reino de Italia, dejaron de existir como cuerpo militar organizado.<\/p>\n<p>\u201c\u00a1Era un hombre raro! Unos le supon\u00edan un comandante retirado; otros \u2013eran cajistas de imprenta- cre\u00edan que se trataba de un autor dram\u00e1tico cansado de luchar; se dan casos. No faltaba quien creyera que se trataba de un antiguo zuavo pontificio, y un se\u00f1or, congregante de la Cofrad\u00eda del Cristo del Arroyo \u2013viv\u00eda en la vecindad-, fue de opini\u00f3n que este se\u00f1or era un agente secreto de los Soviets.\u201d<\/p>\n<p><em>Blanco en Azul<\/em>, Madrid, Espasa Calpe, 1968, pag. 126.<\/p>\n<\/div><\/div>[\/vc_column][\/vc_row]<\/p>\n<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[vc_row][vc_column]\u00daltima entrega de la serie, con t\u00e9rminos que empiezan en T, en V y en Z. Suman un total de trece cap\u00edtulos con una selecci\u00f3n de recias palabras azorinianas. El autor ha reunido m\u00e1s de mil en un libro que merece impresi\u00f3n de una editorial culta. 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