{"id":17083,"date":"2024-09-28T18:24:49","date_gmt":"2024-09-28T16:24:49","guid":{"rendered":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/?p=17083"},"modified":"2024-09-28T18:30:05","modified_gmt":"2024-09-28T16:30:05","slug":"ana-karenina-una-lectura-veraniega","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/ana-karenina-una-lectura-veraniega\/","title":{"rendered":"Ana Karenina, una lectura veraniega"},"content":{"rendered":"<div class=\"wpb-content-wrapper\"><p>[vc_row][vc_column][vc_single_image image=&#8221;17086&#8243; img_size=&#8221;large&#8221; add_caption=&#8221;yes&#8221; alignment=&#8221;center&#8221; style=&#8221;vc_box_shadow_border_circle&#8221; css=&#8221;&#8221;]<div class=\"text-block\" ><div class=\"simple-text size-4\"><p>Siente el columnista que cada vez lee menos, y no padece lesi\u00f3n visual significativa. Pero tiene siete d\u00e9cadas y media encima, y se ha desinteresado por la literatura del presente. Est\u00e1 convencido de que no se ha escrito nada mejor desde que empez\u00f3 a envejecer.<!--more--><\/p>\n<p><strong>Segismundo Bombardier<\/strong><\/p>\n<p>Me resulta penoso a los 74 a\u00f1os un defecto que no he sabido nunca remendar: la memoria.<\/p>\n<p>No me refiero a los acontecimientos de mi vida, a medida que me alejo de ellos, sino a lo r\u00e1pidamente que olvido sucesos intrascendentes y lecturas que no lo son tanto.<\/p>\n<p>No he sido un lector compulsivo, pero me he aplicado lo suficiente como para considerarme un tipo culto. Sin embargo, cuando necesito recuperar datos de algo le\u00eddo, no los encuentro: una especie de alzheimer focalizado.<\/p>\n<p>Un m\u00e9dico especializado en la dolencia la comparaba con una biblioteca de la que se van cayendo vol\u00famenes al suelo, y dejan huecos en las estanter\u00edas. Eso es lo que me pasa literalmente a m\u00ed con lo que leo. Eso me obliga a releer lo que necesito.<\/p>\n<p>Otro de mis defectos es mi formaci\u00f3n cultural desde la juventud: desordenada, a trompicones, caprichosa, basada m\u00e1s en la curiosidad que en un prop\u00f3sito acad\u00e9mico o curricular.<\/p>\n<p>No s\u00e9 si ha remediado algo mi alzheimer focalizado en las letras la costumbre de hacer rese\u00f1as de libros, y series divulgativas sobre algunos temas literarios o hist\u00f3ricos, que he adquirido en <strong>Agroicultura-Perinquiets<\/strong>, esta revista digital que se renueva todas las semanas.<\/p>\n<p>En verano he le\u00eddo de cabo a rabo<em> Ana Kar\u00e9nina<\/em>, de Le\u00f3n Tolstoi. La hab\u00eda empezado tres o cuatro veces en los \u00faltimos meses. Como me iba de viaje vacacional y no quer\u00eda cargarme de papel, me llev\u00e9 el libro electr\u00f3nico, donde guardo un mont\u00f3n de textos.<\/p>\n<p>Acabo de terminar la novela, que he disfrutado leyendo poquito a poco.<\/p>\n<p>De Tolstoi he le\u00eddo la <em>Sonata a Kreutzer<\/em>, y no me debi\u00f3 entusiasmar porque no me acuerdo nada de ella.<\/p>\n<p>Al prepararme a escribir sobre <em>Ana Kar\u00e9nina<\/em>, me puse a repasar (en mi mente) otras lecturas de rusos decimon\u00f3nicos: varios novelones de Dostoievski, algunos relatos de Ch\u00e9jov, tambi\u00e9n de G\u00f3gol (en unos folletones de mi padre, que desgraciadamente he perdido), a Turgu\u00e9niev, y alg\u00fan otro.<\/p>\n<p>Leo en una p\u00e1gina de Internet (no wikipedia) <em>Las atormentadas obras de sus grandes escritores (Pushkin, Dostoievski, Tolstoi) reflejan la complejidad de una sociedad sometida al desp\u00f3tico y represor gobierno de los zares y marcada por la miseria de sus campesinos, sometidos como siervos a la nobleza.<\/em><\/p>\n<p>Son estereotipos, pero tambi\u00e9n hechos reales. \u00bfDe qu\u00e9 otra cosa va a escribir un autor comprometido consigo mismo si no es de los problemas m\u00e1s sangrantes de su sociedad?<\/p>\n<p>Lo que va a continuaci\u00f3n son mis reflexiones sobre <em>Ana Kar\u00e9nina<\/em>, las reacciones que ha provocado en mi conciencia y en mi raz\u00f3n. Acaso parezcan parad\u00f3jicas en relaci\u00f3n a la tesis de la novela: <em>La \u00fanica manifestaci\u00f3n evidente e indudable de la divinidad es la ley del bien, que el mundo conoce gracias a la revelaci\u00f3n y que yo siento dentro de m\u00ed<\/em>.<\/p>\n<p>Se lo sentencia a s\u00ed mismo Levin, el terrateniente justo (contrafigura de Tolstoi), al final de la novela, despu\u00e9s de pasar cientos de p\u00e1ginas confuso y atormentado como clich\u00e9 ruso. El hombre acumula en su cabeza (mucho mejor que la m\u00eda) cientos de libros de filosof\u00eda, de religi\u00f3n y de ciencias aplicadas. Y como Fausto al inicio de la tragedia de Goethe, no ha aprendido nada de la vida.<\/p>\n<p><em>\u00a1Ay!, he estudiado ya filosof\u00eda, jurisprudencia, medicina, y luego teolog\u00eda, tambi\u00e9n para mi desgracia, con caluroso esfuerzo, hasta el extremo. Y aqu\u00ed me veo ahora, pobre loco, y sigo sin saber m\u00e1s que al principio.<\/em><\/p>\n<p>Es decir, el tema clave de <em>Ana Kar\u00e9nina<\/em> no es original, es viejo. Pero la novela es tremenda. Afirma el profesor Jes\u00fas Maestro que Dostoievski es el inventor de la novela naturalista europea. Maestro es un hombre estudioso y juicioso, y hay que hacerle caso. Pues a m\u00ed me parece que el inventor del naturalismo ruso limpio es Tolstoi, al menos el naturalismo que describe la alta sociedad de aquel pa\u00eds en el siglo XIX.<\/p>\n<p>Leo en una introducci\u00f3n a dos novelitas de Tolstoi en una edici\u00f3n de Editorial Juventud de 1958: <em>Ana Karenina es la historia de una mujer que dio o\u00eddo a los dictados de su coraz\u00f3n y de sus pasiones y olvid\u00f3 sus obligaciones morales. <\/em>Es evidente que los editores est\u00e1n quitando mordiente al hecho motivador de la historia (que no su tesis), el adulterio.<\/p>\n<p>El adulterio debe ser el tema m\u00e1s frecuente y popular en la literatura, el teatro, el cine y las teleseries. Tan manido, que rara es la pel\u00edcula de hoy que no contiene una o varias escena de sexo, casi siempre gratuito e inmoral, la representaci\u00f3n visual del adulterio.<\/p>\n<p>El siglo XIX de las letras europeas es fecundo en adulterios en todas sus variantes.<\/p>\n<p>A modo de ejemplo: en Espa\u00f1a, Gald\u00f3s (<em>Fortunata y Jacinta<\/em>) y Clar\u00edn (<em>La Regenta<\/em>). En Francia, Stendhal (<em>El Rojo y el Negro<\/em>) y Flaubert (<em>Madame Bovary<\/em>), en Portugal, E\u00e7a de Queir\u00f3s (<em>Los Maia<\/em> y <em>El Primo Basilio<\/em>), en Alemania, Theodore Fontane (<em>Effi Briest<\/em>).<\/p>\n<p>Me limito a citar las novelas que he le\u00eddo, y que abordan el tema en distintos escenarios, desde la pobre y abnegada Fortunata a la ego\u00edsta, ambiciosa y est\u00fapida Bovary, desde el z\u00e1ngano ni\u00f1o bonito Carlos de Maia al fan\u00e1tico bar\u00f3n Von Innstetten, ambos astados por m\u00e9ritos propios.<\/p>\n<p>He dicho que la tesis de<em> Ana Kar\u00e9nina<\/em> no la representa la mujer, sino Nikolai Levin, el terrateniente severo y moral que somete su vida desde la juventud a intensas introspecciones, que d\u00e9cadas despu\u00e9s sancionar\u00eda el psicoan\u00e1lisis. Freud y sus colegas tuvieron material sobrado para elaborar sus hip\u00f3tesis, hoy moneda com\u00fan devaluada. El alivio moral permanente que Levin dice haber encontrado al final de la novela queda bastante cojo.<\/p>\n<p><em>&#8220;Como la raz\u00f3n no puede entender esa cuesti\u00f3n, no es l\u00edcito que me interrogue al respecto&#8221;<\/em>. <em>Aunque nunca lo sabremos, cabe suponer que Levin, con su car\u00e1cter inquieto y ese af\u00e1n obsesivo por ponerlo todo en tela de juicio, no conseguir\u00e1 detener el flujo imparable de dudas con un razonamiento tan poco s\u00f3lido<\/em>.<\/p>\n<p>El autor de esta cita es V\u00edctor Gallego Ballesteros, traductor y anotador de la novela, y tambi\u00e9n de un excelente pr\u00f3logo. Luego advierte:<\/p>\n<p><em>La anhelada comuni\u00f3n espiritual entre marido y mujer se convierte en un logro inalcanzable, en una suerte de quimera, como Levin no puede dejar de reconocer al final del libro, cuando concluye: \u201cEs importante s\u00f3lo para m\u00ed\u201d<\/em>.<\/p>\n<p>Uno de los argumentos que se empleaban para explicar la desdicha de los matrimonios, hoy parejas, es que la responsabilidad del fracaso no est\u00e1 en los c\u00f3nyuges, sino en la premura en la decisi\u00f3n, en no calcular las debilidades propias y del contrario, en esperar una felicidad ininterrumpida, y cosas as\u00ed.<\/p>\n<p>Hoy, dominados por los programas audiovisuales y los <em>influencer<\/em> intern\u00e1uticos, nos hemos acostumbrado a que la vida en pareja de un hombre o de una mujer no sea duradera, y que m\u00e1s vale divorciarse (o separarse, en el caso de que no haya v\u00ednculo legal de por medio) que sufrir en vano. En suma, en el curso de la vida de muchos seres humanos del presente hay una sucesi\u00f3n de intentos de ser feliz, con la colaboraci\u00f3n nada inocente de la autoayuda sicaria y la ayuda terap\u00e9utica, que desenga\u00f1an siempre por la sencilla raz\u00f3n de que la felicidad es un estado muy transitorio.<\/p>\n<p>Es evidente que sufrir por sufrir es una tonter\u00eda, muy com\u00fan en la literatura, sobre todo la realista y al naturalista aut\u00e9nticas. Pero encerrarse en una burbuja de felicidad es imposible. El adulterio de antes tiene que ver con todo eso. Hoy ya no hay adulterios, hay bromas y aventuras.<\/p>\n<p>En mi lectura de <em>Ana Kar\u00e9nina<\/em> empec\u00e9 a pensar c\u00f3mo hab\u00eda evolucionado la t\u00e9cnica narrativa en los \u00faltimos ciento cincuenta a\u00f1os. Me acordaba de las novelas de Thomas Mann, de Dickens, de Proust, y as\u00ed hasta llegar a la actualidad. Fui a la biblioteca municipal, tom\u00e9 algunos libros de autores espa\u00f1oles reconocidos del presente, los abr\u00ed al azar y, como esperaba, me desenga\u00f1\u00e9. Lo que en Tolstoi se presenta con una fluidez maravillosa, hoy es un amasijo de sentimientos artificiales, aventuras a base de introspecciones aburridas.<\/p>\n<p>Es duro reconocerlo como novelista, pero el clasicismo es insuperable. Hay autores que se libran del fracaso, y es porque no quisieron seguir el camino de los maestros. Por ejemplo, P\u00edo Baroja. Y en Espa\u00f1a, para de contar. La literatura francesa del siglo XX, que leo con gusto de tarde en tarde, son versiones del tremendo Balzac, del rotundo V\u00edctor Hugo, del carnicero Zola. En busca de lo aut\u00e9nticamente moderno quem\u00f3 su vida James Joyce, para escribir un bodrio que consider\u00f3 una epopeya, \u00e9l y los profesores de literatura en ingl\u00e9s m\u00e1s cursis.<\/p>\n<p>Regreso a Ana Kar\u00e9nina.<\/p>\n<p>No es cierto que todas las familias felices se parezcan, y que las desdichadas lo sean de un modo diferente. Es, eso s\u00ed, una frase feliz para iniciar una novela. Pero la realidad suele desmentirla. Primero porque no hay familias felices, sino familias estables y que han encontrado el secreto de para aguantarse y seguirse queriendo. Y luego porque la desdicha tiene habitaci\u00f3n en cualquier domicilio.<\/p>\n<p>Tolstoi nos describe la psicolog\u00eda de sus personajes de un modo humor\u00edstico muy leve, como si no quisiera burlarse de quien lo merece. Y a pesar de los esfuerzos que hace por parecer objetivo (seg\u00fan \u00e9l, una virtud del novelista), le salen retratos formidables. Del alto funcionario con el que empieza la novela y el conflicto, porque es un mujeriego simp\u00e1tico, dice:<\/p>\n<p><em>Step\u00e1n Ark\u00e1devich recib\u00eda un peri\u00f3dico liberal, no de tendencias extremas, sino acorde con la opini\u00f3n de la mayor\u00eda. Y aunque, en realidad, no le interesaba la ciencia ni el arte ni la pol\u00edtica, defend\u00eda con firmeza los puntos de vista que sobre esas cuestiones expresaban tanto la mayor\u00eda como su peri\u00f3dico, y s\u00f3lo cambiaba de opini\u00f3n cuando lo hac\u00eda la mayor\u00eda, o mejor dicho, no cambiaba \u00e9l, sino que eran las mismas opiniones las que iban modific\u00e1ndose de manera imperceptible. \u00c9l no eleg\u00eda sus puntos de vista y opiniones, sino que unos y otras ven\u00edan por s\u00ed mismos, de la misma manera que tampoco eleg\u00eda la forma de su sombrero o el corte de su levita: llevaba lo que estaba de moda.<\/em><\/p>\n<p>Un individuo de opiniones flotantes, que constituye la mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n en todas las \u00e9pocas y en especial en la nuestra. Luego a\u00f1ade un trazo m\u00e1s: <em>La mitad de los habitantes de Mosc\u00fa y de San Petersburgo eran parientes o amigos de Step\u00e1n Ark\u00e1devich. Hab\u00eda nacido en medio de ese c\u00edrculo de personas que han detentado y detentan el poder en el mundo<\/em>.<\/p>\n<p>Me llam\u00f3 la atenci\u00f3n eso que Gallego Ballesteros llama objetividad del autor, que para m\u00ed es humor fino. Coincido con \u00e9l en que Tolstoi habla bien de todos los personajes, al margen de su condici\u00f3n moral, salvo alg\u00fan elemento gui\u00f1olesco.<\/p>\n<p>Es pasmosa la habilidad del autor para retratar a la sociedad de su tiempo sin usar la iron\u00eda, sino una visi\u00f3n amable de cada persona, pero que en conjunto muestra una sociedad de cart\u00f3n piedra, me refiero a la clase social en la que se desenvuelve la acci\u00f3n, la aristocracia rusa. Por cierto que da la impresi\u00f3n de que era numeros\u00edsima. Algunas familias estaban al borde de la quiebra, aunque tuvieran propiedades con campesinos a su cargo, pero no pod\u00edan dejar de gastar para no desacreditarse, para no desentonar en ese decorado. Queda evidente en la novela que esa sociedad vive sus privilegios pendiente de un hilo, claro que nosotros ya sabemos lo que le esperaba.<\/p>\n<p>Tosltoi deja que sus personajes se describan a ellos mismos.<\/p>\n<p><em>Los rusos siempre acabamos igual. Puede que esa capacidad para ver nuestros propios defectos sea un rasgo positivo de nuestra naturaleza, pero exageramos y nos consolamos con la iron\u00eda, que tan pronto acude a nuestros labios. S\u00f3lo te digo que, si se concedieran los derechos de que gozan nuestras instituciones locales a cualquier otro pueblo de Europa, por ejemplo a los alemanes o a los ingleses, encontrar\u00eda el modo de alcanzar la libertad; en cambio, nosotros no hacemos m\u00e1s que tom\u00e1rnoslos a broma<\/em>.<\/p>\n<p>A juzgar por los subrayados y las notas que he ido haciendo de <em>Ana Kar\u00e9nina<\/em>, la novela empieza a adquirir una fuerza de arrastre ineluctable en la quinta parte, en progresivo aumento en la sexta y en la s\u00e9ptima. Es el nudo del conflicto, la decepci\u00f3n de Ana Kar\u00e9nina con su amante Vronski.<\/p>\n<p>Me entero por el traductor y prologuista de que la \u00faltima parte, la octava, en la que Levin sale de dudas y acepta la divina providencia, caus\u00f3 problemas a Tolstoi porque deja en evidencia el falso patriotismo eslavo con motivo de la guerra de Serbia contra Turqu\u00eda. A la gente le importaba un pimiento lo que sufr\u00edan los serbios (dirigido por una banda de facinerosos crueles, esto no tiene nada que ver con la novela). S\u00f3lo los borrachos, los desempleados y los desesperados por razones personales, se apuntaban a una guerra que el gobierno zarista trataba de evadir.<\/p>\n<p>Pero voy a dejar los comentarios sobre esta ebullici\u00f3n literaria para una segunda parte de esta lectura veraniega de Ana Kar\u00e9nina.<\/p>\n<\/div><\/div>[\/vc_column][\/vc_row]<\/p>\n<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[vc_row][vc_column][vc_single_image image=&#8221;17086&#8243; img_size=&#8221;large&#8221; add_caption=&#8221;yes&#8221; alignment=&#8221;center&#8221; style=&#8221;vc_box_shadow_border_circle&#8221; css=&#8221;&#8221;]Siente el columnista que cada vez lee menos, y no padece lesi\u00f3n visual significativa. Pero tiene siete d\u00e9cadas y media encima, y se ha desinteresado por la literatura del presente. 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