{"id":17390,"date":"2025-02-23T12:15:48","date_gmt":"2025-02-23T11:15:48","guid":{"rendered":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/?p=17390"},"modified":"2025-02-25T11:50:51","modified_gmt":"2025-02-25T10:50:51","slug":"ayer-dos-hitler","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/ayer-dos-hitler\/","title":{"rendered":"&#8220;Ayer&#8221; (Dos) Hitler"},"content":{"rendered":"<div class=\"wpb-content-wrapper\"><p>[vc_row][vc_column][vc_single_image image=&#8221;17394&#8243; img_size=&#8221;large&#8221; add_caption=&#8221;yes&#8221; alignment=&#8221;center&#8221; css=&#8221;&#8221;]<div class=\"text-block\" ><div class=\"simple-text size-4\"><p><em>Hab\u00eda previsto terminar en una nueva entrega la serie de Ayer. Pero est\u00e1n resultando tan interesantes los temas, las reflexiones, las especulaciones y las revelaciones del Duque de la Torre, que he decidido ampliar la serie con un cap\u00edtulo m\u00e1s, despu\u00e9s del presente.<\/em><!--more--><\/p>\n<p>Resumen realizado por <strong>Fernando Bell\u00f3n<\/strong>, editor de <em><strong>Agroicultura-Perinquiets<\/strong><\/em><\/p>\n<p>El inicio de este cap\u00edtulo es novelesco. El autor se acerca en tren a Berl\u00edn. En la vieja <em>Hauptbahnhof,<\/em> supongo, le espera el almirante Canaris, <em>Chef des Amtes Ausland Abwehr,<\/em> jefe del servicio secreto del Ej\u00e9rcito.<\/p>\n<p><em>Me pareci\u00f3 m\u00e1s bajo y m\u00e1s canoso que otras veces. Su gorra de marino le iba grande y su abrigo estaba descuidado. Se acerc\u00f3 a la portezuela y me dio la bienvenida: un apret\u00f3n de manos prolongado, que expresaba su alegr\u00eda de verme.<\/em><\/p>\n<p>Carlos Mart\u00ednez del Campo encabezaba una delegaci\u00f3n militar espa\u00f1ola que negociaba la compra de armamento moderno. Que le reciba un almirante es todo un rasgo. Y en especial si ese almirante es Canaris. Cuando el duque de la Torre escribe estas memorias sabe que Wilhem Canaris, jefe de inteligencia de la Werhmacht, el ej\u00e9rcito nazi, fue ahorcado en abril de 1945 por conspirar contra el F\u00fchrer. Canaris fue un oficial del segundo Imperio alem\u00e1n, particip\u00f3 en la Primera Guerra, y se le atribuye nost\u00e1lgico de la monarqu\u00eda, y poco amigo del nazismo.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.abc.es\/historia\/general-nazi-ayudo-franco-humillar-hitler-gracias-20230210003438-nt.html\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">David Casado Rabanal<\/a>, periodista especializado en temas b\u00e9licos, public\u00f3 en 2023 un libro de significativo t\u00edtulo: <em>Canaris: El esp\u00eda y confidente de Franco. La legendaria historia del director de la Abwehr y su relaci\u00f3n con Espa\u00f1a<\/em>.<\/p>\n<p>Al margen de lo que se afirma en el t\u00edtulo, lo evidente es que se llevaba bien con la Espa\u00f1a de Franco, y pod\u00eda hacer de interlocutor de este tipo de negociaciones porque entend\u00eda el espa\u00f1ol.<\/p>\n<p>Al memorialista le alojan en el hotel Adlon, en la plaza de Par\u00eds, donde se encuentra la Puerta de Brandenburgo. Nada m\u00e1s llegar mantiene reuniones con las distintas comisiones espa\u00f1olas en Berl\u00edn.<\/p>\n<p><em>El ambiente no era agradable. Tuve la impresi\u00f3n de que los nuestros no lograban entenderse con los jefes alemanes. Hablaban de manera diferente. No es f\u00e1cil, en efecto, ponerse a tono con los de fuera. Tendemos a negociar con los dem\u00e1s como si fueran compatriotas&#8230; Nos olvidamos de que los r\u00edos de las grandes capitales europeas son m\u00e1s caudalosos que nuestro Manzanares, y que los disgustos que sufrimos son debidos, casi siempre, a nuestra eterna precipitaci\u00f3n o intransigencia, en asuntos b\u00e9licos y comerciales, en materia social y t\u00e9cnica, o en cuestiones de \u00edndole pol\u00edtica, y a\u00fan diplom\u00e1tica.<\/em><\/p>\n<p>Es curiosa esta visi\u00f3n. Parece tan estereotipada como la que se han construido los ingleses sobre su car\u00e1cter flem\u00e1tico imperial, los franceses sobre su <em>gradeur<\/em> diplom\u00e1tica, o los rusos-sovi\u00e9ticos sobre sus intrigas crueles. Algo de verdad hay en todo esto.<\/p>\n<p>Describe Mart\u00ednez de Campos la vida cotidiana de aquel Berl\u00edn bombardeado y falto de suministros con precisi\u00f3n cinematogr\u00e1fica. Las cuitas alimentarias, las rutinas para prevenirse de las incursiones a\u00e9reas aliadas, perfectamente organizadas y se\u00f1alizadas.<\/p>\n<p><em>Cuando sonaban las sirenas, era obligatorio levantarse y seguir la ruta establecida por las flechas estampadas en los muros de los cuartos y de las escaleras; y la gente obedec\u00eda, sin que nadie comprendiera la raz\u00f3n de su obediencia. Muy pocos meditaban sobre el peligro. Casi todos prefer\u00edan someterse. Cada cual trataba de escuchar la voz oculta del que sabe m\u00e1s que nadie, dispuesto siempre a acatar su buen consejo.<\/em><\/p>\n<p>Se va a dormir el autor, y se despierta rememorando una voz aguda y ligeramente ceceante, que le hab\u00eda hablado en Madrid antes de partir para Alemania. El <em>Caudillo,<\/em> evidentemente.<\/p>\n<p><em>Los espa\u00f1oles no quieren que haya guerra, y a Alemania \u2013de otra parte\u2013no le conviene que Espa\u00f1a participe en ella. Tiene ya bastante carga. Entrar\u00edamos en la guerra, si alguna otra naci\u00f3n nos invadiera; y en ese caso, nuestra sola dignidad ser\u00eda la causa de que favoreci\u00e9semos a Hitler. Espa\u00f1a quiere paz. Le es indispensable para que su mar est\u00e9 completamente libre; y le hace falta para su cabotaje, para proteger Canarias y abastecer su zona de Marruecos. Pero sin armamento, no puede hacerse respetar. Hay que adquirir lo necesario. Es preciso convencerles de que nos tienen que vender lo que deseamos.<\/em><\/p>\n<p>Aunque haya mucha reticencia sobre este asunto entre los historiadores antifranquistas, el general lo tuvo bien dif\u00edcil durante la Segunda Guerra Mundial, Espa\u00f1a rodeada de enemigos reales y posibles, desasistida, sin poder defender con eficacia las islas mediterr\u00e1neas y atl\u00e1nticas. Una ofensiva aliada dif\u00edcilmente habr\u00eda sido resistible. Quiz\u00e1 los brit\u00e1nicos y los gringos pensaron en otra guerra de la Independencia en una Espa\u00f1a invadida, que desgastar\u00eda sus fuerzas. Suena poco veros\u00edmil. Pero tambi\u00e9n lo era que el ej\u00e9rcito y la guerrilla espa\u00f1ola expulsaran a los franceses napole\u00f3nicos.<\/p>\n<p>Mart\u00ednez de Campo confiesa que despu\u00e9s de preparar esta expedici\u00f3n a Alemania con el ministro de Asuntos Exteriores, con el ministro del Ej\u00e9rcito, el de Marina y el del Aire <em>me hallaba convencido de que siguiendo paso a paso lo dispuesto por cada uno, el resultado de mi gesti\u00f3n ser\u00eda completamente nulo.<\/em><\/p>\n<p>No hubo bombardeos aquella noche, cosa que el autor agradece a los ingleses, que perd\u00edan muchos hombres y aparatos en las incursiones, por las bajas en combate, los aterrizajes de aviones da\u00f1ados, y porque al llegar a Berl\u00edn se echaban todos \u201cen masa\u201d sobre la ciudad, y sufr\u00edan el denso fuego de las bater\u00edas alemanas, y adem\u00e1s colisionaban entre ellos.<\/p>\n<p>Evoca al general Von Richthofen, encargado de la Legi\u00f3n C\u00f3ndor durante la Guerra Civil espa\u00f1ola. Dice que fue un excelente profesor para los oficiales espa\u00f1oles, estudiaba con detalle cada frente, se interesaba extraordinariamente en la labor de las fuerzas que le apoyaban, y cuando ve\u00eda que sus hombres empezaban a perder la compostura germ\u00e1nica, les enviaba a casa y los sustitu\u00eda por otros todav\u00eda mejor formados.<\/p>\n<p>El duque de la Torre viaj\u00f3 con Richthofen, al acabar la guerra espa\u00f1ola, desde un puerto gallego a Hamburgo en un buque de la <em>Kriegsmarine<\/em> .\u00a0 Con Hitler en Berl\u00edn, vieron desde la tribuna uno de esos desfiles militares tan conocidos en los documentales. <em>Parec\u00eda que la guerra hab\u00eda empezado; y, sin embargo, no se hablaba de ella. Los oficiales no la quer\u00edan. Sobre todo, cre\u00edan imposible poderla comenzar sin disponer de mucho m\u00e1s de lo que hab\u00eda en Alemania.<\/em><\/p>\n<p>La ma\u00f1ana de marzo de 1943 en Berl\u00edn todav\u00eda no ha amanecido. El autor describe con mano de narrador el paisaje que observa desde la ventana del hotel Adlon.<\/p>\n<p><em>De la calle sub\u00eda el reflejo de una luz amarillenta, con halo blanquecino. Pero, el silencio era absoluto: un silencia kilom\u00e9trico y pesado, enervante y cargado como de fuego o de explosiones graves y profundas; algo as\u00ed como el silencio de una radio que s\u00f3lo aguarda un toquecillo para vibrar intensamente y ensordecer al que, impaciente, busca&#8230; lo que realmente salga.<\/em><\/p>\n<p>Mart\u00ednez de Campo hace algo de turismo en compa\u00f1\u00eda de su anfitri\u00f3n. Visita Potsdam, con los palacios, los parques y los monumentos construidos por Federico el Grande. Luego da un paseo por la ciudad que empieza a hundirse. Despu\u00e9s visita a Canaris en su oficina. Dice, <em>a veces tengo la impresi\u00f3n de que \u00e9l desea contarme algo secreto<\/em>. Le refresca el programa del militar espa\u00f1ol en Berl\u00edn, visitar al mariscal Keitel, y le advierte del tipo de preguntas que le har\u00e1, mas <em>no consigo poner en claro si tanta meticulosidad es debida a un engranaje m\u00e1s de la formidable m\u00e1quina alemana, o, si el car\u00e1cter y el origen de Canaris <\/em>[se dice que italiano] <em>le inducen a ayudarme y a encauzarme hacia el efecto del desastre que \u2013sin decirlo a\u00fan\u2013 \u00e9l siente avecinarse aceleradamente<\/em>.<\/p>\n<p>Los militares alemanes encargados de la negociaci\u00f3n insisten en conocer la organizaci\u00f3n en la que los espa\u00f1oles basan sus peticiones. <em>Yo pretend\u00eda \u00fanicamente poner en claro si las Fuerzas Militares alemanas acceder\u00edan a cedernos algunas m\u00e1quinas y las armas necesarias para nuestros ej\u00e9rcitos, y estaba dispuesto a retirarme antes de empezar negociaciones de otro tipo.<\/em><\/p>\n<p>Le desespera la intervenci\u00f3n de int\u00e9rpretes y taqu\u00edgrafos. Los primeros hab\u00edan de ser interpretados antes por los taqu\u00edgrafos.<\/p>\n<p>Advierte que en Madrid se viv\u00eda angustiado por la guerra, sobre todo por el frente ruso y el desembarco aliado. En el primero se hab\u00eda producido la rendici\u00f3n del general Paulus a los sovi\u00e9ticos en Stalingrado. Ysobre el segundo, conoc\u00eda la interminable cadena de bater\u00edas costeras, sin la densidad suficiente para contener en todas partes al adversario. En Libia, por su parte, el Afrika Korps del general Erwin Rommel todav\u00eda no hab\u00eda sido derrotado por los brit\u00e1nicos. Era un momento muy serio, porque hasta entonces la balanza hab\u00eda estado inclinada de la parte alemana, y ahora estaba equilibrada.<\/p>\n<p>Las noches siguen tranquilas, escribe en sus apuntes. <em>No obstante, lleg\u00f3 cierta ma\u00f1ana el rumor de una \u201cpasada\u201d violent\u00edsima sobre Essen. En pocos segundos hab\u00edan quedado sin albergue 80.000 personas<\/em>.<\/p>\n<p>Las negociaciones se estancan. Y al militar espa\u00f1ol le da la impresi\u00f3n de que <em>hay dificultades para satisfacer nuestras demandas. Sin duda, quieren y no pueden; mas no quieren que se crea que no pueden.<\/em><\/p>\n<p>Especula sobre c\u00f3mo ser\u00eda negociar con brit\u00e1nicos, con franceses o con italianos, sin duda peor. Los brit\u00e1nicos necesitan ideas sencillas, claramente expuestas y servidas despacio. El franc\u00e9s, sin duda m\u00e1s inteligente, dice el autor, <em>dar\u00eda razones materiales y morales para inclinar hacia su parte la ventaja; razones densas y basadas en una l\u00f3gica intrincada o sobre un derecho inaccesible a todos los dem\u00e1s. El italiano se lanzar\u00eda a una larga disertaci\u00f3n en que los t\u00e9rminos se alejar\u00edan no poco de la base, originando un laberinto filos\u00f3fico en el cual ser\u00eda imposible atar los cabos.<\/em><\/p>\n<p>A mi entender acertados estereotipos.<\/p>\n<p>De la visita al general Wilhem Keitel, jefe del Estado Mayor de los ej\u00e9rcitos, reproduce significativas notas. Llega a su casa a las once de la ma\u00f1ana y se va\u00a0 a la una y cuarto. <em>Es personaje afable y complicado. Sus preguntas son discursos, y cada discurso dura m\u00e1s de un cuarto de hora. Empieza habl\u00e1ndome de la posibilidad de que los ingleses y americanos desembarquen en Espa\u00f1a Me recuerda que estamos seriamente amenazados, porque los aliados quieren aprovecharse del Archipi\u00e9lago Canario o de las Islas Baleares; y quiere saber si en caso de peligro nos defender\u00edamos fuertemente, o nos resignar\u00edamos a la invasi\u00f3n&#8230; Al Mariscal no le interesa mi opini\u00f3n sobre las cosas de que trata. Quiere tan solo que me aprenda la lecci\u00f3n que \u00e9l me est\u00e1 dando&#8230; No le importan mis respuestas.<\/em><\/p>\n<p>En nota a pie de p\u00e1gina sobre el tema de las islas espa\u00f1olas, Mart\u00ednez de Campo cita un libro de Raimond Cartier sobre los secretos de la Guerra Mundial. Uno de los frentes en los que los ej\u00e9rcitos alemanes y aliados combat\u00edan era La \u201cBatalla del Atl\u00e1ntico\u201d. Seg\u00fan Cartier, se revel\u00f3 en los juicios de Nuremberg el enfrentamiento interno entre armas alemanas, la de tierra y la naval, sobre la oportunidad y necesidad de invadir las Azores y las Canarias, cosa que nunca lleg\u00f3 a producirse.<\/p>\n<p>Dice el memorialista que intent\u00f3 explicar a Keitel <em>que el momento de la amenaza aliada para Espa\u00f1a ha pasado a la historia&#8230; Le hablo de que a poco que Alemania pretenda lograr de nosotros una orientaci\u00f3n determinada, habr\u00e1 de comenzar a ayudarnos a estar en condiciones de intervenir en lo que ocurra. <\/em>Esto parece una aclaraci\u00f3n pertinente.<\/p>\n<p>Por la noche de ese d\u00eda suben al autor a un tren que le lleva al cuartel general de Hitler en la Prusia oriental. Es una descripci\u00f3n de gran valor period\u00edstico. El centro de operaciones se encuentra establecido entre lagos, en un denso bosque de \u00e1rboles gigantes, y no ha sido detectado por la aviaci\u00f3n aliada. Est\u00e1 protegido por unidades antia\u00e9reas potentes bien disimuladas y no han necesitado hacer ning\u00fan disparo en toda la guerra. ,<\/p>\n<p>Reflexiona el autor sobre la eficacia de los servicios de informaci\u00f3n brit\u00e1nicos. <em>No soy el primero en acudir a este refugio. Antes que yo han venido generales y pol\u00edticos de pa\u00edses diferentes; y, por discretos que hayan sido, no parece l\u00f3gico que una noticia de importancia semejante no haya trascendido hasta Inglaterra. M\u00e1s bien parece que Inglaterra prefiere no saber oficialmente d\u00f3nde se halla instalada la jefatura de la Wehrmacht. \u00a1Qui\u00e9n sabe si ella basa sus proyectos en mantener a Hitler sano y salvo! La desaparici\u00f3n del F\u00fchrer podr\u00eda ser la causa de que la guerra acabara antes de tiempo. \u00c9l, en todo caso, quiere que la lucha se concluya. Lo demostr\u00f3 dando permiso a Hess para su atrevido vuelo y su propio lanzamiento sobre Escocia. Pero Inglaterra piensa de otro modo.<\/em><\/p>\n<p>Son notas de Mart\u00ednez de Campo tomadas <em>in situ<\/em>, sobre un asunto que ha derrochado tinta entre los militares y los historiadores. La frase <em>\u00c9l, en todo caso, quiere que la guerra se concluya<\/em>, y su relaci\u00f3n con el vuelo de Hess a Inglaterra al inicio del conflicto, me resultan equ\u00edvocas, no s\u00e9 si por descuido del autor o porque no quer\u00eda meterse en berenjenales pol\u00edtico acad\u00e9micos<\/p>\n<p>Describe el despacho de Hitler al que le conducen, un lugar no austero pero sin lujos. <em>Todos toman caf\u00e9 menos el F\u00fchrer, que bebe una infusi\u00f3n. Todos est\u00e1n pendientes de su palabra. Da a la concurrencia una lecci\u00f3n sobre armamento de precisi\u00f3n. A medida que entra en materia quita tiempo al que traduce: poco a poco, sus preguntas o explicaciones se van cosiendo unas a otras para acabarse transformando en un discurso, inacabable al parecer, mas que termina de repente, en lo m\u00e1s alto y sonoro, con un gesto interrogante y una sonrisa que no pasa de la frente y la que leo: \u201cahora escucho\u201d.<\/em><\/p>\n<p>Pero escucha poco, porque sigue interrumpiendo la intervenci\u00f3n del espa\u00f1ol. <em>Me sorprende incluso con la noticia \u2013o el sondeo\u2013 de que no quiere m\u00e1s aliados. No le hacen falta; no puede armarlos, ni abastecerlos. S\u00f3lo quiere \u201ccomprensi\u00f3n\u201d: que todo el mundo sepa que est\u00e1 empe\u00f1ado en una lucha formidable contra el \u201cbolchevismo\u201d.<\/em><\/p>\n<p>Merece la pena esta larga cita:<\/p>\n<p><em>A cada rato, echo un vistazo alrededor. Invariablemente, Keitel asiente, el ministro Schmidt se enerva y los dem\u00e1s esperan con paciencia que el acto acabe. Entre tanto, el F\u00fchrer contin\u00faa perorando. Trato de contestarle, de explicar, de concretar&#8230;; pero \u00e9l aprovecha cada pausa para intervenir de nuevo y referirse al tiempo necesario para la formaci\u00f3n de buenos especialistas sin los cuales la teor\u00eda del rendimiento de las armas exentas de trayectoria es inaplicable, o para insistir en la precisi\u00f3n de coordinar como es debido los diferentes medios si nentusiasmarse por el que m\u00e1s se emplea o se ambiciona. Por \u00faltimo, tornando al material que le obsesiona tanto, se olvida del int\u00e9rprete y de mi incompleto conocimiento del solo idioma que \u00e9l posee y se pierde en oraciones que no acaban y en que acent\u00faa con fiereza y acompasadamente su eterno bolchevismo, como quien recurre a escoplo y martillo para embutir la idea en el cerebro del oyente<\/em>.<\/p>\n<p><em>Acabado su discurso, Hitler se levanta inesperadamente. El tiempo disponible ha transcurrido.<\/em><\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente al militar espa\u00f1ol le ense\u00f1an el ca\u00f1\u00f3n m\u00e1s grande y potente del mundo, instalado en R\u00fcgenwald, en la isla calc\u00e1rea de R\u00fcgen en el B\u00e1ltico. Su calibre es 800. Ignoro la unidad de medida, pero parece enorme, si bien hoy el ca\u00f1\u00f3n es una antigualla, en comparaci\u00f3n con los misiles bal\u00edsticos.<\/p>\n<p>Puede perforar una masa de hormig\u00f3n de siete metros, dispara una granada rompedora de cinco toneladas que puede alcanzar 25 kil\u00f3metros. Esta cifra me parece corta para tal ca\u00f1\u00f3n, quiz\u00e1 sea una errata. El F\u00fchrer encabeza la delegaci\u00f3n, y trepa por una torre de observaci\u00f3n con agilidad de pose\u00eddo. Se vuelve al militar espa\u00f1ol y le suelta: <em>\u201cLo necesario para el Pe\u00f1\u00f3n\u201d. No s\u00e9 qu\u00e9 cara poner, ni qu\u00e9 cosa contestar&#8230; En estos meses ya no pensaba en Gibraltar. Yo lo sab\u00eda perfectamente; y eso dificult\u00f3 mi respuesta o mi simple comentario.<\/em><\/p>\n<p>De vuelta a Berl\u00edn encuentra en el hotel una invitaci\u00f3n de Canaris a cenar. El almirante y jefe del Servicio Secreto del Ej\u00e9rcito quiere saber qu\u00e9 impresi\u00f3n le ha causado Hitler. Al conocer el comentario del F\u00fchrer sobre el gran ca\u00f1\u00f3n y Gibraltar, Canaris dice que no habr\u00eda servido. El espa\u00f1ol dice que \u00e9l se fue por las ramas, por su condici\u00f3n de jefe militar espa\u00f1ol obligado a mantener discreci\u00f3n. Confiesa que lo lamenta por Canaris, <em>un coraz\u00f3n sencillo que parec\u00eda volcarse para hablar con un amigo<\/em>. Esto es una debilidad literaria en un discurso memorial\u00edstico.<\/p>\n<p><em>No criticaba, ni dec\u00eda nada concreto. Pero sus palabras me indujeron a un concepto claro de los hechos. Me confirmaron cosas que sab\u00eda. Hitler no ha estado jam\u00e1s compenetrado con los que le ayudaron a preparar la guerra y a conducirla&#8230; Desde un principio, el famoso Canciller se siente superior a todas las personas que tiene cerca de \u00e9l. Desprecia al t\u00e9cnico y a t\u00e1ctico. Tiene a raya a sus colaboradores m\u00e1s inmediatos.<\/em><\/p>\n<p>Mezcla el Duque de la Torre sus especulaciones con las insinuaciones de Canaris, y describe el escenario del alto mando militar antes del inicio de una guerra que Hitler apresuraba contra la opini\u00f3n de sus soldados.<\/p>\n<p>Habla de la destituci\u00f3n del general Fritsch y el ministro de la guerra Blomberg, cuando el F\u00fchrer se convirti\u00f3 a s\u00ed mismo en Jefe de la <em>Wehrmacht.<\/em> Luego depur\u00f3 a los generales Brautchitch y Beck, cuando se opusieron a la invasi\u00f3n de Checoslovaquia en 1938. Tambi\u00e9n intentan estos (u otros generales, quiz\u00e1 yo he entendido mal a Mart\u00ednez Campos o \u00e9ste se confunde, cosa dif\u00edcil) retrasar la invasi\u00f3n de Polonia y desatar la guerra contra la URSS, para no crear un frente en el Este. <em>Brautchicht y su ilustre Jefe del Estado Mayor fueron sustituidos antes de fin del a\u00f1o 1941. Hitler entonces se hizo cargo del Ej\u00e9rcito Terrestre \u2013a m\u00e1s del mando de la Wehrmacht\u2013 y Zeitler fue nombrado su Jefe del Estado Mayor.<\/em><\/p>\n<p>Le pasma la afici\u00f3n de los ciudadanos de Berl\u00edn por la \u00f3pera a la que acuden. Luego se cita con el general D\u00f6nitz, jefe de la Flota y ministro de Marina. Despu\u00e9s con el segundo de G\u00f6ring, el mariscal del Aire Milsch, que le enreda con frases huecas y complicadas.<\/p>\n<p>Describe otras visitas a instalaciones militares de defensa a\u00e9rea y a un pol\u00edgono de pruebas del<em> Waffen Amt<\/em>, la oficina de armamento.<\/p>\n<p>En la escuela de tropas ligeras, <em>die Schnellen Truppen<\/em> observa la aplicaci\u00f3n del carro y de los ca\u00f1ones contra carros, que las convierte en tropas acorazadas, <em>y en ella se demuestra, alternativamente, que las unidades acorazadas son invulnerables, mas que unos equipos sencillos son a veces suficientes para destrozar los carros de combate\u201d.<\/em><\/p>\n<p>Presencia varias maniobras de combates entre carros, y dice que aprende alguna t\u00e1ctica, si bien insiste en que el terreno peninsular no favorece la eficacia de estas m\u00e1quinas. Le sorprende el convencimiento de los militares alemanes de que con fuertes divisiones acorazadas, esto es, con carros bien armados, se puede ganar una guerra.<\/p>\n<p>Rememora la llegada de tanques rusos a Espa\u00f1a durante la guerra civil, y c\u00f3mo los soldados nacionales aprendieron a desarticularlos con m\u00e9todos no siempre efectivos. Dice que <em>los tanquistas rusos son de hierro; son gente que no falla, y est\u00e1 orgullosa de su oficio.<\/em><\/p>\n<p>Se encuentra con Wolfram von Richthofen, que combati\u00f3 en Espa\u00f1a con mucha presencia de \u00e1nimo, mientras que ahora es una ruina y un hombre que se acaba.<\/p>\n<p>Termina sus conversaciones y vuelve un poco desalentado a Madrid. Al llegar se da cuenta de que <em>en Madrid se sabe m\u00e1s de la contienda que en Berl\u00edn.<\/em><\/p>\n<p>Vuelve a su trabaj\u00f3 burocr\u00e1tico y pedag\u00f3gico en la Reserva General de Artiller\u00eda, con conferencias de estrategia militar en la Escuela Superior del Ej\u00e9rcito. Concluye que la estancia en Alemania ha sido est\u00e9ril. Admite que las ense\u00f1anzas que ofrece pertenecen a otras guerras.<\/p>\n<p><em>El hombre envejece con el arte o con la ciencia que predica. Mas cuando envejece, no siente a los dem\u00e1s envejecer. S\u00f3lo ve crecer las plantas, quien no se empe\u00f1a en admirarlas d\u00eda y noche. Nadie sabe c\u00f3mo surgen las arrugas ni c\u00f3mo pasa el tiempo; y es que las arrugas no aparecen, ni el tiempo se desliza.<\/em><\/p>\n<p>Concluye el cap\u00edtulo con amargas reflexiones que recoge de sus apuntes de la \u00e9poca.<\/p>\n<p><em>Son muchos los que creen que la derrota de Alemania ser\u00eda un desastre, para nosotros; que Espa\u00f1a quedar\u00eda en una situaci\u00f3n insostenible, frente a Inglaterra victoriosa.<\/em><\/p>\n<p>Pero las esperanzas de los militares espa\u00f1oles est\u00e1n con Alemania, porque Alemania est\u00e1 m\u00e1s lejos, y Espa\u00f1a est\u00e1 vinculada a ella a trav\u00e9s de Carlos V, dice. No est\u00e1 muy seguro de que sea esto un argumento s\u00f3lido.<\/p>\n<p><em>Jam\u00e1s perdonaremos a Inglaterra; no podemos tolerarle que el Pe\u00f1\u00f3n de Gibraltar est\u00e9 en sus manos. Ella nos desaf\u00eda cara a cara desde lo alto de la usurpada cumbre del Mortero. Pero Alemania es otra cosa. No fue nunca a Am\u00e9rica, y nosotros no estuvimos en el \u00c1frica Central. Es la \u00fanica naci\u00f3n que se ha beneficiado de nuestro aislamiento, y de que hayamos estado bastantes lustros con la espalda vuelta a Europa. Intervino poco en la leyenda negra. Jam\u00e1s ha odiado a Espa\u00f1a. No suele odiar. No odia siquiera a los ingleses.<\/em><\/p>\n<p>Eso lo dice un mon\u00e1rquico angl\u00f3filo por naturaleza.<\/p>\n<p>A m\u00ed me parece que Mart\u00ednez de Campos fue un observador excelente, y capaz de descubrir los puntos flacos de las personas y las instituciones. Debi\u00f3 de hacer un buen informe de su experiencia en la Alemania Nazi. Lleg\u00f3 a teniente general y fue miembro de n\u00famero de la Real Academia Espa\u00f1ola y de la Academia de la Historia.<\/p>\n<p>En la pr\u00f3xima entrega resumiremos las impresiones y los hechos observados por el duque de la Torre en su segundo viaje a Alemania, que le llev\u00f3 hasta Leningrado o San Petersburgo, donde hab\u00eda soldados espa\u00f1oles de la Divisi\u00f3n Azul.<\/p>\n<p>Cap\u00edtulo previo <a href=\"https:\/\/agroicultura.com\/general\/ayer-los-anos-de-posguerra-vistos-por-un-general-de-franco\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Los a\u00f1os de postguerra vistos por un general de Franco<\/a><\/p>\n<\/div><\/div>[\/vc_column][\/vc_row]<\/p>\n<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[vc_row][vc_column][vc_single_image image=&#8221;17394&#8243; img_size=&#8221;large&#8221; add_caption=&#8221;yes&#8221; alignment=&#8221;center&#8221; css=&#8221;&#8221;]Hab\u00eda previsto terminar en una nueva entrega la serie de Ayer. 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