{"id":17662,"date":"2025-06-08T12:15:13","date_gmt":"2025-06-08T10:15:13","guid":{"rendered":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/?p=17662"},"modified":"2025-06-09T10:50:54","modified_gmt":"2025-06-09T08:50:54","slug":"la-edad-de-oro-de-la-ciencia-ficcion-oscurecida-por-la-i-a","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/agroicultura.com\/general\/la-edad-de-oro-de-la-ciencia-ficcion-oscurecida-por-la-i-a\/","title":{"rendered":"La edad de oro de la ciencia ficci\u00f3n oscurecida por la I. A."},"content":{"rendered":"<div class=\"wpb-content-wrapper\"><p>[vc_row][vc_column]<div class=\"text-block\" ><div class=\"simple-text size-4\"><p>En veinte a\u00f1os la literatura norteamericana produjo un torrente de novelas de ciencia ficci\u00f3n que devino un maremoto. La filosof\u00eda, la especulaci\u00f3n cient\u00edfica y la imaginaci\u00f3n humana llenaron p\u00e1ginas de revistas de papel barato. Cuando la ciencia ficci\u00f3n pas\u00f3 al libro de tapa dura, el g\u00e9nero empez\u00f3 a degenerar. Todav\u00eda vive en unas brasas que la I.A. Puede convertir en cenizas fr\u00edas.<!--more--><\/p>\n<h4 style=\"text-align: center;\">Segismundo Bombardier<\/h4>\n<p>(<em>La ilustraci\u00f3n de portada es un trabajo de la Cantropus Academy of Arts &amp; Trash, a cargo de Txemac\u00e1ntropus y \u00c1lvaro Olavarr\u00eda.<\/em>)<\/p>\n<p>Gracias a una singular carambola relacionada con la anterior publicaci\u00f3n en esta revista (<a href=\"https:\/\/agroicultura.com\/general\/monika-feren-instructora-de-novelistas\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">M\u00f3nika Feren, instructora de novelistas<\/a>), he recuperado el inter\u00e9s en la ciencia ficci\u00f3n. La biblioteca de mi mujer tiene varios estantes dedicados a este g\u00e9nero. Por mero azar extraje de uno de ellos <em>Ciudad<\/em>, de Clifford Donald Simak, y me puse a leerlo.<\/p>\n<p>De golpe emergieron de mi memoria hermosas improntas que dejaron all\u00ed una sucesi\u00f3n de novelas. La mayor\u00eda escritas por norteamericanos entre 1940 y 1970. Algunas rusas, otras brit\u00e1nicas, pocas francesas, y Stanislas Lev, un autor que dej\u00f3 hilarante huella en mi cerebro.<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde he seguido leyendo ciencia ficci\u00f3n escrita despu\u00e9s de los a\u00f1os 90 del siglo pasado. Hay novelas notables, pero yo no me apeo de mi gusto por la edad dorada del g\u00e9nero, establecida en dos d\u00e9cadas, de 1940 a 1960. En los libros publicados entonces se encuentran los cimientos, los problemas filos\u00f3ficos y las tramas que despu\u00e9s ser\u00edan explotadas por un ej\u00e9rcito de laboriosos voluntarios. En el listado de los premios <a href=\"https:\/\/nebulas.sfwa.org\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Nebula<\/a> y <a href=\"https:\/\/www.thehugoawards.org\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Hugo<\/a> se encuentra una inagotable selecci\u00f3n del g\u00e9nero desde los cincuenta hasta la fecha.<\/p>\n<p>Desde el principio la ciencia ficci\u00f3n estuvo emparentada con el g\u00e9nero de fantas\u00eda. Hoy constituyen un s\u00f3lido trenzado en el que domina la segunda. De hecho, la abrumadora mayor\u00eda de libros mainstream (para todos los gustos) que se exhiben en las librer\u00edas y en las ferias son de fantas\u00eda. Cierto que toda ficci\u00f3n es fantas\u00eda. Pero no conviene equiparar a Balzac, a Dostoyevski, a Gald\u00f3s o a Dickens con Julio Verne, con un novel autor ruso de fantas\u00edas apocal\u00edpticas, con Laura Gallero o con J.K Rowlings. Nos har\u00edamos un l\u00edo. Y eso que ninguno de los citados es un maula con las meninges fundidas.<\/p>\n<p>El g\u00e9nero mezclado, ciencia ficci\u00f3n\/fantas\u00eda, es una de las bases de la literatura popular occidental moderna (y temo que en otras culturas tambi\u00e9n), junto con el de intriga policial. Ocupan anchas estanter\u00edas y flotan en la nube medi\u00e1tica. A m\u00ed me gustan las series televisivas que explotan estos escenarios, me entretengo con ellas, me dispongo para el sue\u00f1o (algunas, las violentas, las evito). Pero s\u00f3lo me sirven para acabar el d\u00eda relaj\u00e1ndome en el sof\u00e1 delante de la tele. En Francia la tendencia se llama <em>Polar,<\/em> y el Alemania <em>Krimi.<\/em> Son una muestra de la prodigiosa imaginaci\u00f3n de los guionistas, capaces de interesarnos (no siempre) en estereotipos gastad\u00edsimos, pero relucientes.<\/p>\n<p>Hace poco tom\u00e9 la decisi\u00f3n de no emplear el tiempo que me queda en lecturas de ficci\u00f3n contempor\u00e1neas. Me complazco sin l\u00edmites con la literatura escrita y publicada hasta 1950, en especial con la del siglo XIX. Paladeo la morosidad de las situaciones, la luz o la sombra de los paisajes urbanos o campestres, descritos con detalle, la forma y apariencia de los personajes, su riqueza psicol\u00f3gica, los matices, la complejidad imaginativa.<\/p>\n<p>Hoy, el cine, es decir, la televisi\u00f3n, muestra con detalle lo imposible, lo hace real. Me parece prodigioso ese ingenio t\u00e9cnico. Aunque me temo que a los guionistas y a los especialistas en efectos especiales les queda poca vida profesional. Con pagar a media docena de seres humanos capaces de entend\u00e9rselas con la Inteligencia Artificial, se pueden producir series de ciencia ficci\u00f3n, de fantas\u00eda, de pasiones y de cr\u00edmenes como churros. Tengo la sensaci\u00f3n de que ya es as\u00ed: una intensa colaboraci\u00f3n entre guionistas y expertos digitales. Me pregunto cu\u00e1ndo llegar\u00e1 esta posibilidad a hacerse com\u00fan, al alcance de todos, gracias a la Red. Del mismo modo que hoy se encuentra m\u00e1s informaci\u00f3n y cultura en las redes sociales que en los peri\u00f3dicos (eso s\u00ed, hay que buscarla y filtrarla), es l\u00f3gico pensar que pronto cualquiera se podr\u00e1 afiliar a un canal de ficci\u00f3n producido por un grupo de amigos algo majaretas.<\/p>\n<p>Mis coet\u00e1neos y parientes todav\u00eda ven programas de la televisi\u00f3n convencional. Dicen que los j\u00f3venes no lo hacen. Y no me extra\u00f1a. Yo encuentro mucho m\u00e1s entretenidos a ciertos yut\u00faber que a los graciosillos que se pelean en las cadenas por la audiencia. Yo la televisi\u00f3n s\u00f3lo la uso por las noches, para prepararme a dormir. Y en contadas ocasiones para ver deporte en directo.<\/p>\n<p>Tengo un archivo de hace una d\u00e9cada con res\u00famenes y comentarios propios sobre unas cuantas novelas de ciencia-ficci\u00f3n que me conmovieron. El primer autor rese\u00f1ado es Phillip K. Dick, varias de sus obras. Luego se suceden Ray Bradbury, Walter M. Miller Jr., Jack (Holbrook) Vance, Robert A. Heinlein, Joe Haldeman, Poul Anderson, Ursula Le Guin, Clifford D. Simak, Robert Silverberg, y algunos m\u00e1s, todos ellos mayores, cl\u00e1sicos, y ciertos pioneros\u00a0 brit\u00e1nicos como Clive Staples Lewis y Olaf Stapledon. Tambi\u00e9n tengo notas de nuevas generaciones: Orson Scott Card, Dan Simmons y el chino Cixin Liu, con sus distop\u00edas de h\u00e9roes ol\u00edmpicos.<\/p>\n<p>Los t\u00edtulos de esas novelas tienen un aroma filos\u00f3fico, incluso religioso o moral. <em>El hacedor de estrellas<\/em>,<em> Guardianes del tiempo<\/em>, <em>El hombre en el laberinto<\/em>, <em>Paz interminable<\/em>, <em>Tiempo de cambios<\/em>, <em>La invasi\u00f3n divina<\/em>, <em>Hijos de nuestros hijos<\/em>, <em>Historia del futuro<\/em>, <em>C\u00e1ntico a San Leibowitz<\/em>, <em>Tiempo desarticulado<\/em>, <em>Los despose\u00eddos<\/em>, etc.<\/p>\n<p>Lo que en aquellas novelas eran conflictos morales, problemas de enjundia filos\u00f3fica o incursiones imaginativas en lo que pod\u00eda deparar el futuro, hoy son meras peleas entre buenos y malos sin fisuras. Con el paso de las d\u00e9cadas, la ciencia ficci\u00f3n ha sido desplazada por la fantas\u00eda, y el yugo del estereotipo g\u00e1rrulo y garrulo se ha impuesto.<\/p>\n<p>Uno de los temas que surgieron en el desarrollo de la ciencia ficci\u00f3n fue el transhumanismo. El transhumanismo como elemento de ficci\u00f3n, como los robot, pod\u00eda ser divertido, amenazador o trivial, depende quien lo utilizara. Pero desde hace ya bastante se ha transformado en una meta para una serie de chiflados. M\u00e1s o menos se trata de implantar en el ser humano mecanismos diminutos, digitales, para dotarlo de mayores capacidades. Me figuro que este tipo de experimentos pueden acabar en resultados interesantes, pero imprevisibles y peligrosos. El problema es que est\u00e1n prohibidos, afortunadamente. Pero los avances de la I.A. hacen temer que el transhumanismo ser\u00e1 pronto una pr\u00e1ctica com\u00fan y una disciplina acad\u00e9mica, si no lo evitamos antes entre los que conservamos un poco de sensatez. Y aclaro que la I.A. me parece un descubrimiento prodigioso y \u00fatil, pero nada revolucionario.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong><em>Ciudad<\/em>, de Clifford Simak<\/strong><\/p>\n<p>Voy a utilizar como ejemplo las ideas expresadas en <em>Ciudad<\/em> (<em>City<\/em>) de Clifford Donald Simak. De Simak dec\u00edan los colegas que ten\u00eda un estilo \u201cpastoral\u201d, que en espa\u00f1ol puede traducirse por pastoril o rural. A m\u00ed me gusta, y lo aprecio.<\/p>\n<p><em>Ciudad<\/em> est\u00e1 compuesto por ocho supuestas narraciones legendarias en un mundo habitado por la \u00fanica especie racional, los perros, y otra fauna parlante y al parecer tambi\u00e9n pensante. Los perros hablan, se comunican, inventan y trabajan en feliz armon\u00eda. Se valen de robots articulados con manos, porque los perros no pueden manipular casi nada. Tienen acad\u00e9micos que intentan descifrar el misterio de su origen, y se valen de los mitos que se conservan por escrito, para especular sobre el asunto. Una teor\u00eda es que antes que ellos hab\u00eda seres humanos, pero es algo poco probable, dicen. La idea procede de las leyendas, que los mencionan largo y tendido. Cada leyenda o cuento va precedido de una introducci\u00f3n explicativa, algo as\u00ed como una ex\u00e9gesis de un texto sagrado.<\/p>\n<p>La primera leyenda nos sit\u00faa en una localidad provinciana, damos por sentado que de los EEUU, donde las ciudades est\u00e1n en decadencia, en especial las grandes, y la gente se marcha al campo a cultivar una granja, aunque veremos pronto que simplemente se retiran a no hacer casi nada. Los autom\u00f3viles han desaparecido, la poblaci\u00f3n se mueve en helic\u00f3pteros o aviones privados at\u00f3micos, es decir, que emplean fuerza nuclear, sin que se explique c\u00f3mo ni hace falta que se haga. Uno de los personajes recuerda haber estado en la Segunda Guerra Mundial en su juventud, y data el momento de su arrebato nost\u00e1lgico en 1990. El planeta est\u00e1 gobernado por un Comit\u00e9 Mundial del que no se dan detalles. La producci\u00f3n agr\u00edcola se realiza en \u201ctanques\u201d o granjas tecnificadas al m\u00e1ximo, donde apenas hay que molestarse en trabajar.<\/p>\n<p>El primer conflicto que aparece en ese escenario tranquilo es entre las autoridades locales y ciertos urbanitas rebeldes que han ocupado casas vac\u00edas, y que se resisten a abandonarlas. La orden del alcalde es destruirlas para echar a los ocupas.<\/p>\n<p>En medio del jaleo est\u00e1 John J. Webster, un funcionario municipal que se enfrenta a la demolici\u00f3n de las casas. Un grupo de los afectados por el desalojo consigue rifles y otras armas de fuego, algo rar\u00edsimo, porque la violencia est\u00e1 casi extinguida. Los rebeldes son conscientes de ello, pero argumentan que s\u00f3lo la violencia puede combatir a la violencia. Entra en escena un millonario que visita el pueblo en busca de la casa de su abuelo, una de las que ser\u00e1n derribadas, y se pone del lado de los ocupas. La leyenda nos ofrece un ayuntamiento dirigido por una pandilla de imb\u00e9ciles, que finalmente se pliegan a la fuerza de los ocupas. Otro rasgo significativo de esta primera leyenda es una cortadora de c\u00e9sped que funciona con autonom\u00eda, y parece burlarse de su due\u00f1o. Es la forma de presentarnos a los robots.<\/p>\n<p><em>Ciudad<\/em> se public\u00f3 en 1952. La d\u00e9cada hab\u00eda empezado en los Estados Unidos cargada de prosperidad econ\u00f3mica para casi todas las clases del pa\u00eds, las universidades se hab\u00edan llenado de cient\u00edficos e intelectuales europeos de gran talla. No hab\u00eda apenas paro. Los sueldos eran altos. La poblaci\u00f3n viv\u00eda bien y casi sin cautelas. La guerra de Corea estaba en marcha. Las tropas brit\u00e1nicas ocuparon el Canal de Suez. En los pa\u00edses \u00e1rabes las monarqu\u00edas ca\u00edan una a una, e Israel prosperaba. La URSS iniciaba su carrera espacial. En la China continental se implantaba el comunismo.<\/p>\n<p>La poblaci\u00f3n norteamericana viv\u00eda al margen de estas tempestades. Pero la imagen n\u00edtida y s\u00f3lida de un mundo dominado por los gringos causaba inquietud en los intelectuales. Resulta curioso que no fuera la \u00e9lite ilustrada la que diera voces de alarma, sino escritores de revistas de papel barato. La ciencia ficci\u00f3n reflejaba con precisi\u00f3n las preocupaciones m\u00e1s hondas de aquella sociedad favorecida.<\/p>\n<p>Uno de los mayores miedos lo produc\u00eda la posible guerra nuclear.<\/p>\n<p>En <em>Ciudad<\/em> este temor no existe, ha sido superado en beneficio del ciudadano. La energ\u00eda nuclear ha sido dominada y su uso es pac\u00edfico.<\/p>\n<p>La segunda leyenda empieza con el funeral de Nelson F. Webster, cuarta generaci\u00f3n de la familia que aparece en la leyenda anterior. Estamos en el siglo XXII. Vemos por primera vez a los robots, fieles servidores de los seres humanos. En especial uno, Jenkins, que se mantendr\u00e1 en el resto de leyendas, miles de a\u00f1os despu\u00e9s.<\/p>\n<p>Los Webster se han dedicado a la medicina, y buscan intervenir en el cerebro y en las cuerdas bucales de otras especies animales para instaurar en ellas la posibilidad de que emitan sus pensamientos, y se dediquen m\u00e1s eficazmente a su servicio, por ejemplo, los perros.<\/p>\n<p>Un nuevo personaje entra en escena, un marciano de nombre Juwain. Se dedica a la filosof\u00eda, aprovechando ciertas condiciones fisiol\u00f3gicas y psicol\u00f3gicas de su especie. \u201cUstedes desarrollaron una filosof\u00eda l\u00f3gica, pr\u00e1ctica, \u00fatil, una verdadera herramienta\u201d, le reconoce el \u00faltimo Webster, ya anciano. El hijo de este Webster no ha querido estudiar medicina, se dedica a la ingenier\u00eda espacial, y viaja a Marte, de donde regresar\u00e1 al cabo de d\u00e9cadas Su padre sabe que no le volver\u00e1 a ver. Esto y otras razones morales provocan en \u00e9l sentimientos filos\u00f3ficos que el narrador nos ofrece con limpieza, sin retorcimientos. Los sentimientos rara vez son filos\u00f3ficos, pero me parece adecuado el adjetivo en este caso.<\/p>\n<p>Entonces, el anciano Webster recibe una llamada ultrasecreta del Comit\u00e9 Mundial que le pide viajar a Marte para salvar la vida de Juwain, que necesita una operaci\u00f3n para seguir viviendo y concluir su investigaci\u00f3n valios\u00edsima. Pero el anciano Wester se opone al viaje, causando la perplejidad del Comit\u00e9 Mundial. No es un capricho, es que Webster tiene a su vez un defecto psico fisiol\u00f3gico que le ata a su casa y a su territorio, una especie de agorafobia. No obstante, se decide a luchar contar ella y decide ir. Pero cuando pide a su robot mayordomo Jenkins que prepare la maleta, \u00e9ste le dice que acaba de anular el posible viaje en conversaci\u00f3n con el Comit\u00e9 Mundial, pero que no le ha dicho nada porque conoc\u00eda la resistencia de su amo, y no quer\u00eda molestarle. Como es natural, Juwain muere, y con \u00e9l se pierden sus descubrimientos filos\u00f3ficos que podr\u00edan cambiar el rumbo de la humanidad, incluida la marciana.<\/p>\n<p>En las siguientes leyendas aparecen por fin los perros inteligentes y habladores, muy pocos al principio, pero su n\u00famero se incrementa a medida que las investigaciones cient\u00edficas de los seres humanos progresan.<\/p>\n<p>\u201cLa cultura ha tomado giros inesperados\u201d, informa al lector un personaje. \u201cSin precedentes. Formas literarias con huellas indiscutibles de una personalidad enteramente nuevas. Formas musicales que han roto con los modos de expresi\u00f3n tradicionales. Artes que nunca se hab\u00edan visto anteriormente. Y la mayor parte an\u00f3nimas, ocultas bajo pseud\u00f3nimos\u201d. Esto sucede porque en el mundo han aparecido mutantes, obra de los Webster posteriores al que hemos conocido en la leyenda anterior. Resulta curioso c\u00f3mo Simak elude los problema sociales de una civilizaci\u00f3n as\u00ed. Viene a plantear que la violencia ha desaparecido por completo, y que la gente se refugia en su individualidad, que apenas necesita de lo colectivo, porque la sociedad funciona como un reloj gracias a los robots. Los mutantes son el l\u00edmite extremo de esa nueva situaci\u00f3n de aislamiento.<\/p>\n<p>Simak aprovecha para reflexionar sobre el patriotismo, sobre los conflictos del todo tipo que conmov\u00edan a los seres humanos, hasta llegar a ese punto de equilibrio y de paz universal. El problema es que la falta de conflictos a\u00edsla los sujetos y adormece las facultades de la especie. \u201c\u00bfLas mutaciones llevaban pues a esto? \u00bfLa desaparici\u00f3n del instinto b\u00e1sico que hac\u00eda de los hombre una raza?\u201d En aquella \u00e9poca todav\u00eda no se hablaba de \u201cespecie\u201d, pero el significado era el mismo.<\/p>\n<p>Los perros, cada vez m\u00e1s perfeccionada su inteligencia, su razonamiento y su habla, ocupan m\u00e1s espacio en las leyendas que siguen.<\/p>\n<p>La humanidad agoniza. En la Tierra quedan pocos miles de individuos, dedicados a entretenerse porque los robots y los perros se lo dan todo hecho. \u00bfQu\u00e9 ha pasado con los miles de millones que poblaban el planeta? Se han marchado a J\u00fapiter. Los cient\u00edficos espaciales han enviado al planeta gigante una serie de expediciones humanas para que cuenten lo que sucede en aquella bola monstruosa e inhabitable, que el fil\u00f3sofo Juwain mencionaba como la puerta de un para\u00edso.<\/p>\n<p>Efectivamente lo descubren, y provoca la huida masiva de terr\u00edcolas. Todo humano que entra en J\u00fapiter debidamente equipado, se convierte en un jupiterino. Y se transforma en un ser inteligente con capacidades extraordinarias, algo as\u00ed como superhombres y supermujeres, pero sin \u00e9pica, s\u00f3lo dotados con valores y emociones superpositivas.<\/p>\n<p>Mientras tanto, los seres humanos que quedan en la Tierra utilizan a los perros para vigilar a los mutantes, que van literalmente a su bola, y crean problemas.<\/p>\n<p>Todo esto est\u00e1 narrado por Simak con habilidad de maestro. El resumen expuesto m\u00e1s arriba es una sucesi\u00f3n de escenas y actos en los que intervienen hombres (ninguna mujer), robots y perros.<\/p>\n<p>As\u00ed se desemboca en una civilizaci\u00f3n m\u00e1s bondadosa, seg\u00fan expresi\u00f3n del robot Jenkins, pero no muy pr\u00e1ctica. \u201cUna civilizaci\u00f3n basada en la fraternidad de los animales, en el entendimiento ps\u00edquico, y quiz\u00e1 en una eventual comunicaci\u00f3n por medio de palabras\u201d. El hecho de que los primeros animales en hablar sean los perros es por ser la especie m\u00e1s pr\u00f3xima a los hombres desde el principio de la humanidad.<\/p>\n<p>La leyenda n\u00famero siete nos ofrece ya un mundo con muy pocos seres humanos, ocupado por los perros, que se entienden con el resto de los animales sin com\u00e9rselos ni beb\u00e9rselos.<\/p>\n<p>En este pen\u00faltimo episodio adquieren relevancia los mutantes. Son seres fantasmales que viven lejos de las sociedades animales. Los perros preparan el siete mil cumplea\u00f1os del robot Jenkins. Los seres humanos que quedan han perdido su inteligencia y son poco m\u00e1s que animalitos dependientes de los perros y los robots. Estos preparan alimentos cada d\u00eda para todos los animales, porque el lobo no caza, los gatos tampoco, y el resto de los animales se respetan. La vida es sagrada.<\/p>\n<p>Pero se produce un accidente de consecuencias insospechadas. Uno de los hombres con mentalidad de chiquillo ha aprendido a fabricar un arco. Se lo ense\u00f1a al lobo, que no entiende la utilidad del instrumento. Para probarlo, el hombre lanza una flecha a un pajarito, que cae fulminado. Los animales quedan anonadados. Ha matado a uno de ellos, el m\u00e1s inocente. Deciden ocultar el hecho, pero a ardilla se chiva.<\/p>\n<p>El robot Jenkins entonces se da cuenta de lo que ha sucedido. El ser humano empieza a recuperar su raz\u00f3n. Y despu\u00e9s de pens\u00e1rselo a fondo, de sufrir lo indecible, de buscar in\u00fatilmente ayuda en uno de los mutantes (in\u00fatilmente porque no queda ninguno vivo, son fantasmas), Jenkins decide no hacer nada. Dejar que la vida vuelva a recuperar su curso, que la Humanidad recupere la Tierra.<\/p>\n<p>Esta claridad le ha costado a Jenkins grandes esfuerzos, porque los robots y los perros borraron de la mente de los hombres todo rastro de recuerdo de la armas, y les ense\u00f1aron la paz y el amor, les vigilaron para impedir que volvieran a esas tendencias, al viejo modo de pensar de los hombres. Jenkins se da cuenta de que les entontecieron.<\/p>\n<p>El problema del tiempo est\u00e1 presente en cada una de las p\u00e1ginas de esta prodigiosa novela. El pasado no es cosa del tiempo, sino del espacio, dice uno de los perros. Lo que hay detr\u00e1s es un paisaje inm\u00f3vil del tiempo. Y establece la met\u00e1fora de un r\u00edo arrastrando un tronco. Avanza pegado al agua, lo que contempla son las orillas que cambian, que se mueven al rev\u00e9s, o sea el espacio. Los segundos, los minutos, las horas, no han pasado nunca, son otros mundos los que se mueven a nuestro alrededor.<\/p>\n<p>Jenkins descubre tambi\u00e9n que el regalo que le hacen los perros, un cuerpo completamente nuevo para que dure otros siete mil a\u00f1os, lo ha construido otra especie, los robots asilvestrados, que tambi\u00e9n los hay. Estos robots eran herederos de otros que se hab\u00edan dedicado a construir naves espaciales para que los hombres pudieran huir de su aburrimiento a otros planetas. Los perros, por su lado, hab\u00edan seguido el camino de su propio progreso. Y unos y otros hab\u00edan intentado escuchar a los duendes, esos mutantes extinguidos, para sondear los abismos del tiempo. Y todo para descubrir que no hab\u00eda tiempo.<\/p>\n<p>Jenkins sube una monta\u00f1a hasta el palacio de los duendes que anta\u00f1o fue de los hombres. No los encuentra. Pero sabe que est\u00e1n all\u00ed, que resisten. Y es entonces cuando se da cuenta de que ha llegado la hora de la reversi\u00f3n al hombre inicial. Re\u00fane a los j\u00f3venes humanos que los perros y los robots leales cuidan como cachorros y. Les revela que necesitan prepararse para valerse por ellos mismos, que no esperen que siempre les proporcionen alimento y seguridad.<\/p>\n<p>El lector que haya llegado hasta aqu\u00ed en la rese\u00f1a me reprochar\u00e1 que le haya estropeado el cuento. No del todo. Queda una leyenda, la octava. Todav\u00eda no la he le\u00eddo.<\/p>\n<p>El valor de esta novela de Clifford Donald Simak es enorme, polifac\u00e9tico. He disfrutado de ella como hac\u00eda tiempo no disfrutaba de un cuento. He gozado del ruralismo del narrador, de la manera que tiene de hacer real el tiempo que se mueve de leyenda en leyenda, muy a pesar del sofisma que se divierte en presentarnos por boca de uno de los perros protagonistas, es impecable su composici\u00f3n de personajes m\u00edticos, la ductilidad de la acci\u00f3n, fluyendo como un r\u00edo navegable.<\/p>\n<p>Si quiere usted saber el final de la historia, b\u00fasquela en su biblioteca municipal, o compre el libro. Y si desea una m\u00e1s, le recomiendo <em>Los hijos de nuestros hijos<\/em>. He aqu\u00ed su primer p\u00e1rrafo.<\/p>\n<p>\u201cSentado en una mecedora de jard\u00edn, con una lata de cerveza en la mano, Bentley Price \u2013fot\u00f3grafo del Global News Service\u2013 contemplaba el filete que acababa de poner sobre la parrilla de la barbacoa, cuando se abri\u00f3 una puerta debajo del viejo roble blanco y la gente comenz\u00f3 a salir\u201d.<\/p>\n<p>Este tipo de presentaciones, como la de Ciudad, \u201cestas son las historias que cuentan los perros, cuando las llamas arden vivamente y el viento sopla del norte&#8230;\u201d, son tan prometedoras que los desarrollos coherentes y sugestivos son dif\u00edciles para el autor, y la conclusi\u00f3n, el final, un salto mortal. Quiz\u00e1 por eso yo nunca llegue a acabar Ciudad. Lo he pasado tan bien ley\u00e9ndola.<\/p>\n<\/div><\/div>[\/vc_column][\/vc_row]<\/p>\n<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[vc_row][vc_column]En veinte a\u00f1os la literatura norteamericana produjo un torrente de novelas de ciencia ficci\u00f3n que devino un maremoto. La filosof\u00eda, la especulaci\u00f3n cient\u00edfica y la imaginaci\u00f3n humana llenaron p\u00e1ginas de revistas de papel barato. Cuando la ciencia ficci\u00f3n pas\u00f3 al libro de tapa dura, el g\u00e9nero empez\u00f3 a degenerar. 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