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Cultura y comunicación General

Fotografías de calle en Madrid y en Valencia

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Lo que más me gusta de la fotografía es la espontaneidad de las que se toman en la calle. Sin embargo es el género fotográfico más engañoso. Mejor dicho, el que puede someterse a más engaño. Esto, en la época de la falsificación mediante la I.A., suena a lamento desfasado. ¡Qué se le va a hacer!

Fernando Bellón

Es un riesgo que debe correrse. Que te crea el que quiera. En rigor, toda fotografía tratada digitalmente está falseando la realidad: desde la modificación del encuadre hasta la nitidez, la coloración y la atmósfera, por ejemplo, la luz.

Las fotografías de estudio o las preparadas en cualquier escenario con antelación nos avisan explícitamente de su manipulación. No suelo hacerlas porque cuestan más trabajo, y necesitas un equipo auxiliar que no poseo.

Para mí, salir a la calle y fotografiar al prójimo es un ejercicio costoso pero remunerador. Una circunstancia paradójica es que las personas están acostumbradas a que las capturen en imágenes, y, salvo excepciones, no se inquietan cuando se saben retratados. Todo el mundo lo hace, y por tanto a veces les toca un papel pasivo en lugar del activo de apretar el disparador. La paradoja es que no se pueden hacer fotografías a tontas y a locas. Lo común es disponer los parámetros en automático y tirar fotos. Los resultados no siempre son decepcionantes, aunque sólo un buen fotógrafo acostumbrado a la fotografía de calle le saca partido. Lo conveniente es medir manual o semiautomáticamente la luz, la distancia focal y la velocidad. Esto resta espontaneidad al resultado, pero es más aparente, más bonito.

Yo soy mal medidor, así que la mayoría de las fotos las hago en Apertura e ISO fijos, y dejo a la cámara que haga los ajustes de velocidad. Suelo encuadrar con toda la amplitud que me permite el objetivo, para luego recortarlas a mi gusto y conveniencia. Me da muy buen resultado un objetivo de 50 milímetros, una apertura de diafragma de 8 y ISO en torno a los 100, pero no siempre se dan las condiciones, salvo un día de sol. Otra cosa que se me da mal es compensar la exposición.

Mi cámara es una Sony Alfa 7 II con más de diez años, y estoy satisfecho de ella.

Bien, revelados mis hábitos y carencias fotográficas, paso a mostrar algunos ejemplos, realizados en los últimos meses.

Imagen obtenida en la plaza del Mercado de Valencia. Los domingos hay allí un mercadillo. Estas personas están interesadas creo que en monedas antiguas o no tan antiguas. Es un escenario fácil de fotografiar y expresivo. Estuve a punto de recortar la foto, y excluir el balcón y el ciudadano de blanco de la izquierda. Pero me pareció más auténtico dejarlo así, por situar la escena en un lugar ubicable, al fin y al cabo las calles son tan dignas de retratar como  los seres humanos.

Otra estampa del mercadillo. En este caso delante del Mercado Central. Había puestos de libros y de objetos turísticos. Me llamó la atención esta vendedora por el parecido casi milimétrico con una familiar mía que vive en Madrid. Podría ser ella en un universo paralelo.

Esta imagen me parece ilustrativa en extremo. En las escaleras de la puerta principal del Mercado descansa un grupo de personas. Reflejan la sociedad a la que pertenecemos, y sus actitudes son las comunes en estos días, mirando el móvil, leyendo un libro, comiendo, charlando. Todos son jóvenes y están relajados. Una familia, parejas, todos de paso, imagino, recuperándose de un recorrido turístico extenuante.

Plaza de la Reina. Un artesano se gana la vida pintando con un dedo en un cristalito. Le salen unos paisajes extraordinarios, sólo en tres minutos. Suele estar delante de la puerta sur de la catedral, pegada a la torre del Micalet o Miguelete. Firma “Arte100cia”, arte ciencia. Hombre digno de una época más ilustrada que la nuestra.

Mismo escenario que la fotografía anterior. Esta vez en la zona de la plaza de la Reina que linda con los muros de la capilla del Santo Cáliz. Domingo de Ramos, algo evidente en la imagen. Había al menos tres puestos de venta de palmas y ramos de olivo. Esta instantánea es la que mejor me salió

Ahora el escenario es la plaza de la Virgen, donde se encuentra la Basílica de Nuestra Señora de los Desamparados y la puerta de los Apóstoles de la catedral, sede del Tribunal de las Aguas. Ocho chicas y un chico sentados en los escalones. Cinco de las chicas están absortas en sus teléfonos móviles. El chico observa el de la chica de su izquierda. A la derecha de este, una chica parece haber descubierto al fotógrafo, y posa. Otra chica mira hacia donde no hay nada atractivo, en una de las plazas más bellas de la Europa mediterránea. Por fin, la última por mencionar sostiene un cigarrilo electrónico, mientras una amiga invisible sujeta otro móvil. Estoy poniendo en texto algo evidente, pero es para destacar en qué emplean el tiempo las jóvenes turistas, en una realidad encajonada en su móvil, no en la que están viviendo inconscientes de ella. Pobres muchachas.

Calle de Játiva, frente a la Estación del Norte. ¿Són más adictas al teléfono móvil las mujeres que los hombres? Ella, ensimismada. Ellos en animada charla.

Mismo escenario, mismo comentario. Tomo estas instantáneas sentado en el bordillo de la boca de la estación de Metro de Játiva. Me coloco allí, disimulando la cámara, y voy tirando fotos un poco al azar. Algunas me salen bien.

Final de la calle del Hospital de Valencia, frente a los jardines de la actual biblioteca municipal y en la esquina de la ermita de Santa Lucía, patrona de los invidentes. La fotografía original, en color y de otras dimensiones carecía de valor. Al estrecharla y quitarle el color, se ve mejor a la paloma y a los peatones movilizados.

Antes de cambiar de tercio, la localización de la foto de presentación de la entrada. Tomada fuera del polideportivo de Burjassot, en una de esas carreras inhumanas que programan los ayuntamientos de seis, doce, veinticuatro y cuarenta y ocho horas corriendo sin parar. ¿Sin parar? Escuché que uno que estaba llegando había recorrido 300 kilómetros. Me pareció imposible. Este señor pasaba por delante de un cartel con grandes posibilidades de interpretación. Me pareció que dejarle con color era gracioso.

Ahora estamos en Madrid. Gran Via, antes Jose Antonio. Instalación de un templete que sustituye al original, que era de hierro forjado, y contenía un ascensor que llevaba hasta la entrada de la estación de metro. Este es de granito escurialense de la sierra. La toma es desde la calle Montera, que baja hasta la Puerta del Sol. La fotografía original era gris sombra, porque el cielo estaba nublado. Probé varios tintes, de esos que llaman “presets”, y me gustó este que da una prestancia de Austria viejo al monumento.

Ahora, la calle Montera, esquina a la de Caballero de Gracia. La Gran Vía se construyó derribando decenas de callejas como esta a principios de siglo XX. Se hizo una zarzuela famosísima en un acto y cinco cuadros (las calles y sus transeúntes) con música de Federico Chueca y Joaquín Valverde, y letra de Felipe Pérez y González. Un grupo de turistas espera a su guía. No digo nada de los móviles. Juro que no hice la fotografía a drede. Es que los móviles están en todas partes.

Otra vez la calle Montera, conocida por los proxenetas y sus víctimas, pobres inmigrantes. Este es el escaparate de un negocio obvio. Olas orgásmicas y una espiral de fantasías. Esperé a que no pasara nadie entre la cámara y el paisaje para no estropear la ironía.

Calle Caballero de Gracia. Por el día, desierta. Por la noche, animada. Una cartera-repartidora usa el móvil como instrumento de trabajo. Se gana la vida con él.

Dos imágenes de la Puerta del Sol. Carlos III, Carlos VII de Nápoles y Sicilia, donde dejó palacios y teatros.  El tinte de la foto es también forzado. El color inicial daba la impresión de una foto vulgar y plana. Eso es todo, amigos.

1 Comentario

  1. Andres Srenss 21 abril, 2026

    Un placer ver Valencia y Madrid a través de los ojos de F.B. Curiosa mixtura de imagen y texto. No es imprescindible ser profesional para hacer buenas fotos. Las ciudades duermen hasta que algún alma sensible lo capta. Gracias, Fernando.,

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