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Agricultura y Naturaleza La botánica de Rafael Escrig Series

Camino-Paseo de Valencia al Mar (actual Blasco Ibáñez)

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 La Botánica de Rafael Escrig

Recordamos al lector que puede descargarse este artículo en un PDF con las ilustraciones pertinentes. Vea el enlace al final de la página.

El tramo del que vamos a hablar es el que hoy conocemos como Avenida Blasco Ibáñez. Es el primero que se construyó de esta gran arteria de comunicación de Valencia, concebida para que llegara hasta el mar, de ahí su nombre inicial.

Nuestro recorrido va a comenzar en los Viveros y terminará en la rotonda formada por la Av. de Cataluña con la Av. de Aragón. El paseo central está formado por siete islas ajardinadas. A lo largo del recorrido podremos ver diferentes bustos de insignes personalidades valencianas y dos pequeñas fuentes de piedra. Pero lo más notable son las dos esculturas que dan principio y fin a este largo tramo, éstas son: la escultura de Palas Atenea y Los Portadores de la Antorcha. Palas Atenea se encuentra frente a la antigua Facultad de Ciencias y se trata de una escultura realizada en los talleres de Porcelanas Lladró de Tavernes Blanques. Está fabricada en cerámica refractaria y el diseño es del escultor Roberto Roca. En la rotonda que marca el final de nuestro recorrido, es donde podremos ver, rodeada de altos cipreses, la escultura conocida como “de la Antorcha”. Esta escultura está realizada en bronce y donada a la ciudad por su autora, la estadounidense Anna Hyatt Huntington. Una réplica de esta misma escultura, en este caso de aluminio, se encuentra en el Campus de la Moncloa de la Universidad Complutense de Madrid.

El recorrido virtual que vamos a comenzar se divide en dos vertientes, la urbanística y la paisajística, ambas son de la misma importancia. El valor de la vertiente urbanística, viene dado por la historia y los avatares sufridos hasta hoy mismo, tanto en el proyecto, como en la construcción de esta avenida. La vertiente paisajística, radica en el diseño del jardín y las especies vegetales que lo componen.

 

EL URBANISMO

Este hito del urbanismo en la historia de la Valencia contemporánea, tiene su inicio con la demolición de las murallas en el año 1865 y se desarrolla en la segunda mitad del siglo XIX (1850–1900). Valencia, al igual que muchas otras ciudades españolas, dado el incremento de la población en el interior de la ciudad, precisa de una ampliación y una modernización de sus estructuras viarias y de servicios. Los problemas de los centros históricos amurallados son de diferente orden, pero fundamentalmente de comunicación y sanitarios. En 1865 el entonces Gobernador Civil de Valencia D. Cirilo Amorós, coincidiendo con la crisis de la sedería que había causado un profundo deterioro sobre la industria valenciana y había dejado a multitud de trabajadores en el paro, da licencia para el derribo de las murallas aprovechando así esa gran cantidad de mano de obra que había quedado ociosa. Pocos años después, se pone en marcha el primer ensanche de la ciudad. Es el ensanche de la Gran Vía, que comienza en 1887 y se hace desde el río hasta el pueblo de Ruzafa que acaba de ser anexionado a Valencia.

Paralelamente a este ensanche y siguiendo las pautas imperantes en las principales ciudades europeas, se emprende la creación de lo que se dio en llamar una Ciudad Jardín o, en otros casos, Ciudad Lineal. Así pues comienza un nuevo proyecto de ensanche, en este caso, al otro lado del río. Se trataba de un camino que iba a desdoblar el conocido como Camino del Grao, tan saturado por el lento tráfico industrial y portuario. La nueva moda de los baños de mar causó furor entre la burguesía valenciana, que ansiaba poder llegar a sus playas de una manera cómoda y rápida. Esto unido al aumento de la población, hacía necesaria una comunicación más apropiada que uniera Valencia con sus playas. Y es así como en el año 1888, se crea el proyecto de Camino-Paseo de Valencia al Mar*, cuyo responsable fue el arquitecto Casimiro Meseguer, aunque el plan no fue aprobado hasta 1893. Diferentes problemas retrasaron las obras: la competencia natural con el anterior ensanche de la Gran Vía, los precios de los terrenos que no pudieron ser clasificados como de interés general, las vías del ferrocarril que atravesaban el trayecto… No obstante el proyecto siguió adelante.

La intención de Casimiro Meseguer reflejada en su proyecto, como se puede constatar en los planos existentes en el Archivo Histórico Municipal, era un camino que, saliendo de los Jardines de Viveros, llegaba hasta los Poblados Marítimos, con cerca de cuatro kilómetros de largo y cien metros de anchura (60 m. de jardín y 40 m. para las dos calzadas y las aceras). En primera línea se construirían casas unifamiliares rodeadas de un pequeño jardín —según la tipología de la Ciudad Jardín—, y en la segunda línea bloques de casa más sencillas, que podrían ser destinadas para una clase trabajadora más modesta. El recuerdo de esas casas unifamiliares, subsiste actualmente en las llamadas casitas de los periodistas, diseñadas por el arquitecto municipal D. Enrique Viedma Vidal, autor también de otro hito de la construcción social, la conocida Finca Roja.

Cuatro años más tarde, en 1897, los Poblados Marítimos fueron anexionados a Valencia, y ya no existía ningún impedimento para que la idea original de Ciudad Jardín volviera a retomarse y así continuar el paseo hasta el mar por la nueva avenida. Desde entonces, como todos sabemos, se han ido sucediendo diferentes posturas políticas a propósito de cómo solucionar el final de la avenida, sin que afecte al antiguo trazado de los poblados marítimos. La sensibilidad de los tiempos y de las sociedades que los componen cambia y esto hace que los proyectos a largo plazo se vean afectados, generalmente para mejor, después de haber reposado las ideas y de barajar soluciones más acordes con las realidades del momento. Todavía hoy, tras más de 150 años desde el primer proyecto, de diferentes planes y de litigios, no se ha finalizado el quimérico propósito de disponer de una avenida que una Valencia con el mar, de la forma menos agresiva y que contente a todos. Veremos si este siglo ve fraguarse los acuerdos políticos y económicos en concurso, para que las generaciones venideras puedan disfrutar por fin, el sueño que fue de todos los valencianos.

*Existe un antecedente de este proyecto, con una anterioridad de nada menos que de 23 años. Se trata del proyecto del arquitecto D. Manuel Sorní Grau que en el año 1865, ya había presentado al Ayuntamiento el proyecto de una Ciudad Lineal saliendo desde el Llano del Real, para desembocar en los Poblados Marítimos. La vía tendría las mismas dimensiones que el posterior proyecto de Meseguer, pero contaba con una plaza de 300 m. de diámetro, en donde se ubicarían jardines, servicios, un mercado y una iglesia. El camino central tendría una comunicación en los dos sentidos, formada por un tranvía de caballos. Es decir, constaba de todos los requisitos de una verdadera ciudad lineal, como la que un año más tarde el ingeniero Arturo Soria comenzaría a realizar en Madrid.

He querido reseñar este hecho tan importante, por lo avanzado de las ideas del arquitecto valenciano D. Manuel Sorní Grau, tan desconocido para la mayoría de nosotros, pero que demostró ser un avanzado para su tiempo que estaba dispuesto a realizar una obra que hubiera sido pionera en toda España.

Para conocer más sobre este personaje y su trayectoria, se puede consultar en: Cuadernos de Geografía. 67/68. 191-207. Valencia 2000 “Els origens del Passeig de València al Mar: El projecte de Manuel Sorní de 1865” de Josep Vicent Boira Maiques. Departament de Geografía. Universitat de València.                   

EL PAISAJE

En general, todas las especies que ocupan la avenida son angiospermas de hoja caduca. Por lo que el paisaje cambia considerablemente del invierno al verano. Las vías por donde circula el tráfico están bordeadas de plátanos, lo que supone que en invierno los veremos desnudos y en verano los veremos formando un precioso túnel con sus grandes hojas verdes.

Tras la puerta de los Jardines del Real, donde comienza nuestro recorrido, y frente a la actual avenida Blasco Ibáñez, veremos un buen ejemplar de Ombú “Phytolacca dioica”. El Ombú es un árbol muy robusto que se distingue por sus frutos en racimo. Cuando maduros, son como pequeños granos de uva, muy sutiles y de color amarillento. Pero lo más llamativo son sus gruesas y poderosas raíces que sobresalen de la tierra, a veces, con formas grotescas y monstruosas. En Valencia podemos disfrutar de una alineación de estos corpulentos árboles en la avenida de J.J. Domine, frente al puerto. Es el árbol nacional de Argentina, de donde es originario.

Las siete islas que comprende el paseo, están rodeadas por dos especies que se repiten: el Plátano “Platanus x hispanica” y la Melia “Melia azedarach”. No hay ninguna especie que sea demasiado significativa por su rareza o por su antigüedad. La nota más sobresaliente reside en el diseño del jardín que conserva el estilo de primeros de siglo: combinación en los colores de las flores, la cubierta vegetal en altura y las dos albercas existentes, rodeadas con bancos y grandes ejemplares de pino. Las dos especies antedichas y los setos en el interior del jardín se suceden como un denominador común.

En la primera isla llama la atención un macizo central de Pitosporo “Pittosporum tobira” que rodea la escultura de Palas Atenea, que está recortado con poda topiaria. También veremos Laurel “Laurus nobilis” y Falsa pimienta “Chinus molle”.

En la segunda isla, volveremos a encontrar el Plátano y la Melia, acompañados de una Jacaranda “Jacaranda mimosifolia” Pino carrasco “Pinus halepensis” y Cedro “Cedrus deodara”.

En la tercera isla, encontramos Livistonas “Livistona chinensis”, especie de palmera asiática, Aligustre “Ligustrum lucidum” y Braquiquito “Brachychiton pupulneus”. En cuanto al Aligustre, es un árbol no muy grande y de fácil reconocimiento por sus pequeños frutos en racimo. Florece en verano formando un ramillete de florecillas blancas, muy apretadas, con una fuerte y penetrante fragancia que se advierte desde lejos. Es un arbolillo muy común en Valencia y se emplea mucho en alineaciones callejeras y en jardines.

En la cuarta isla, veremos un Ciprés de Arizona “Cupressus arizonica” muy poco frondoso. Es característico por su corteza agrietada y resinosa y el color azulado de sus ramos, a diferencia del resto de cipreses que son de un color verde profundo y son más tupidos. Veremos también Pino canario “Pinus canariensis”, una Grevillea “Grevillea robusta”, y una pareja de Braquiquito rosado “Brachychiton discolor” con sus llamativas flores color rosa y el curioso fruto a modo de barquilla, que protege entre pelillos urticantes sus pequeñas semillas amarillas, tan parecidas a los granos del maíz. Estas dos últimas especies son originarias de Australia, lo mismo que otras muchas que hay plantadas en nuestra ciudad, pues disfrutamos del mismo clima mediterráneo que el sur de Australia, de ahí que sus especies se aclimaten perfectamente a nuestras tierras.

En la siguiente isla disfrutaremos de la mayor parte de los árboles ya comentados: Jacaranda, Plátano, Melia, Aligustre, Ciprés, Braquiquito y tres novedades, representadas por el Álamo blanco, el Cedro atlántico y la Musa.

El Álamo blanco “Populus alba”, también conocido como Álamo común o Chopo blanco, pertenece a la familia de las Salicáceas, como el chopo, el sauce blanco, el sauce llorón, la mimbrera y hasta 300 especies más. Pero no hemos de confundirlo con el Chopo negro “Populus nigra”. La característica más llamativa para el reconocimiento del Álamo blanco, es el color blanco ceniciento de su corteza y las hojas que son verdes por el haz y blanquecinas por el envés. Las flores de todas las salicaceas, carecen de sépalos.

El Cedro atlántico “Cedrus atlantica” es una conífera, lo mismo que el abeto, la tuya, el ciprés o el pino. Las coníferas son todas aquellas especies gimnospermas (óvulo y semilla desnudo), que engloban a diferentes familias. Se caracterizan por tener acículas como hojas y fruto leñoso (piña, cono o gálbulo, en el caso del ciprés). El Cedro atlántico se diferencia del Cedro deodara —más común y plantado con más profusión en nuestra ciudad—, en que este Cedro atlántico es más recio, de color más oscuro y tiene las acículas más robustas y cortas que el deodara.

La tercera novedad es la “Musa x paradisiaca” conocido comúnmente como Banano, Bananero o Platanero. El Banano es una planta herbácea que puede crecer hasta quince metros. El tallo está formado por las hojas que crecen muy compactas y se van abriendo conforme crece. Es originario de Indonesia.

En la sexta isla se repiten los árboles ya conocidos y vemos, además, una “Washingtonia robusta”, un Chopo negro “Populus nigra”, Pino carrasco “Pinus halepensis” y un Olivo “Olea europea”. Aquí encontramos un pie cortado de Chopo negro donde se puede observar las diferentes partes que lo forman: la corteza, el cambium, por donde corren los vasos que transportan la savia, los anillos de crecimiento y otros detalles interesantes.

Y en la última isla del tramo, donde vamos a dar por finalizado nuestro virtual recorrido, nos encontraremos con la sorpresa de unas Tipuanas “Tipuana tipu”. La Tipuana es una leguminosa originaria de Bolivia y Argentina, que comienza su floración en el mes de junio. Sus flores son amarillas y siembran el suelo, formando un tapiz con sus pequeños pétalos.

Hasta aquí nuestro recorrido. Solamente hacer hincapié en el placer que significa no sólo ver el paisaje y disfrutar de los colores, formas o aromas de su vegetación, sino reconocer por su nombre a cada individuo que lo forma. Las cosas comienzan a existir cuando tienen un nombre para identificarlas. Grevilleas, Tipuanas, Jacarandas, Aligustre, Álamos, Plátanos, Cedros… todas ellas han conformado nuestro recorrido virtual. Volvamos al lugar donde nos esperan y volvamos a disfrutar de ellas. Nombradlas y os sentiréis mejor.

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