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Agricultura y Naturaleza Historia General de la Agricultura de J.I. Cubero Series

Historia General de la Agricultura de J.I. Cubero – 07 (Mesopotamia, cuna y encrucijada)

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Parte Tercera. Consolidación y transmisión

Capítulo VII

Mesopotamia, cuna y encrucijada

(Corresponde al capítulo 10 del volumen. Resumen elaborado por Gaspar Oliver)

Existe la costumbre entre los historiadores de titular a esta parte de los estudios “Los Imperios Agrícolas”, empieza recordando el profesor Calero. Pero reflexiona, “El papel de la Agricultura en la creación de esos sistema es evidente, pero marcar toda una larga época como de “imperios agrícolas” es distinto. Egipto, ciertamente, fue siempre un imperio agrícola pero es dudoso afirmar lo mismo de Grecia, cuyas ciudades se basaron primordialmente en el comercio, y sin embargo, el papel de los griegos en la Agricultura es fundamental. China fue agrícola pero asimismo artesanal y comercial. Los Estados americanos dependieron de la agricultura y del comercio. Las ciudades mesopotámicas se formaron con la agricultura y los canales, pero un milenio más tarde era el comercio la actividad económica preponderante”. (Pág. 259)

Esto impulsa al autor a hablar de un periodo de consolidación y difusión de las técnicas agrícolas que comienza a finales del IV milenio antes de nuestra era y terminará en el siglo VII d.d.n.e., cuando el Islam se expande de manera fulminante. Dentro de este repaso el autor incluye a China y el Extremo Oriente, a África y a las Américas.

Empezamos en Mesopotamia, cuna y encrucijada de la historia de la agricultura.

La agricultura permitió el nacimiento de los primeros Estados y ciudades-Estado, con gobiernos centralizados y una estratificación de clases: gobernantes, sacerdotes, militares, artesanos, comerciantes, esclavos y agricultores. Los últimos tenían la misión de producir alimentos, los demás se dedicaban a consumirlos y a lo suyo. El profesor Cubero fija el marco geográfico de su estudio: del Cáucaso al Mar Rojo y el Golfo Pérsico, desde el Mediterráneo y el Nilo al valle del Indo.

Véase este índice cronológico elaborado por el autor.

Vamos a repasar los cambios técnicos y sociales que vienen aparejados a la agricultura y los primeros imperios.

La escritura.

No es aventurado decir que la agricultura es el origen de la Historia, puesto que la necesidad de anotar siembras y cosechas, signos de propiedad, inventarios de almacenes, jornales, operaciones de cultivo es la causa de la aparición de la escritura.

Antes del 3.500 a.d.n.e. los habitantes de El Obeid utilizaban piezas de arcilla para representar cantidades de producto. Luego se unieron las tablillas en paquetes con símbolos en las envolturas. Después, las marcas de las envolturas se transformaron en tablillas planas con signos. Hacia el año 3.000 los sumerios establecen los primeros signos cuneiformes, mil años más tarde los acadios hacen lo propio, y el método se extiende por todo el Oriente Próximo y Egipto, hasta que en la primera mitad del primer milenio a.d.n.e. el arameo substituye los signos cuneiformes, que duran hasta el 75 d.d.n.e.

La cultura que se difunde desde El Obeid por todo Oriente Próximo y que hace extenderse las técnicas agrícolas es unificadora, y en su seno aparecen las primeras sociedades jerarquizadas, una necesidad para organizar el trabajo agrario y el riego. Sabemos que los sumerios no eran semitas, y la uniformidad de su cultura probablemente se debe a que habitaban la extensa región de tiempo atrás. Eran agricultores con azadas de piedra, hoces de arcilla cocida, fundaron ciudades y eran buenos comerciantes como demuestran piezas de su cerámica en lugares distantes.

Cree el profesor Cubero que debió de haber un “diluvio”, es decir, una inundación descomunal, de la que lograron escapar las ciudades construidas sobre montículos, como Ur. Después la región fue ocupada por otros inmigrantes con nuevas técnicas: la rueda del alfarero, el trabajo del metal, una nueva cerámica, y la sistematización de la escritura cuneiforme. Se atribuye a la cultura de Uruk, sumeria, la introducción de la contabilidad y el sello. Atribuye Cubero los progresos de la cultura sumeria a su mezcla étnica.

Los acadios, un pueblo semita, se instalan en la zona media del valle del Tigris-Eufrates. Estima el profesor que estimularon la agricultura y el comercio por su situación geográfica, que les convertía en intermediaros de varias zonas, el Mediterráneo, Anatolia y el golfo Pérsico. Disminuyen las interminables guerras entre ciudades estado por el agua.

Posteriores invasiones de hititas, amorreos y otros pueblos dan paso a una ciudad hasta ese momento sin importancia, Babilonia. En 1783 a.d.n.e. Hammurabi establece su código. La región es un auténtico crisol de razas, unidos por la agricultura.

Insiste Cubero en la trascendencia del comercio, anterior a la agricultura, en esa zona. Las conexiones documentadas llegaron al sur de Afganistán (minas de lapislázuli) y al valle del Indo. También el cobre, inexistente en Mesopotamia, es otro producto importado. La costa fenicia es poco apta para el cultivo, y quizá por eso sus habitantes se dedicaron al comercio. Se creó una vasta red comercial que alcanzaba los confines del Mediterráneo, la península Ibérica.

Caracteres de la agricultura mesopotámica.

Los más destacados son los canales para el riego y el estado necesario para promoverlos. El Tigris es poco útil para el riego, al contrario que el Éufrates. En Anatolia, este río tiene una corriente violenta que arrastra mucho más sedimento que el Nilo, algo que al entrar en el llano aluvial produce un extraño efecto, el río deposita los sedimentos a los lados y se eleva por encima de la llanura. Esto facilita la toma de agua, pero también obliga a la construcción de barreras para evitar desbordamientos en las crecidas. Más al sur, los ríos tienen cauces divagantes que cambian a lo largo del tiempo, con un problema añadido, eliminar el agua sobrante para evitar que se estanque y dé lugar a sales. Los canales principales podían tener 25 metros de anchura y permitían el tránsito de barcazas. Era una red muy compleja que requería un diseño, una financiación, una legislación, y trabajos constantes de mantenimiento.

Establece Cubero las diferencias entre Egipto y Mesopotamia, la primera de todas, el curso de los río, tranquilo y predecible en Nilo, violento y variable el Éufrates.

“Así, aunque el Éufrates contiene más sedimentos que el Nilo, ni por la fuerza del caudal ni por el tiempo de la inundación deja tanto limo fértil. Son, además, malas fechas para los agricultores, pues en abril, lo sembrado en invierno está muy avanzado y se debería empezar la siembra de los cultivos de verano, pero en Mesopotamia, en ese tiempo, los campos quedan sumergidos bajo medio metro de agua por lo menos, y tras secarse sería inútil sembrar; en julio, en efecto, es demasiado pronto para los cultivos de invierno. La inundación del Nilo, más larga, permitía sembrar en noviembre y desarrollar cultivos de invierno que se recogían en febrero-marzo”. (Pág. 267)

Otra diferencia es la fragmentación de estados en el delta mesopotámico, mientras que en Egipto fue más fácil fundar un estado centralizado, un auténtico impero agrícola. El primer impero agrícola en Mesopotamia es el acadio de Sargón I, que consigue unificar la región por conquista.

Egipto poseía los materiales necesarios para el desarrollo próspero de la agricultura. Mesopotamia los tenía repartidos en ciudades-estado que combatían por los escasos recursos, en especial el agua. Quizá, sugiere Cubero, eso les hizo aguzar el ingenio y desarrollar las técnicas necesarias, las innovaciones como el arado y la rueda. Otra consecuencia de la fragmentación es el establecimiento de una vasta red comercial que llega al Indo. La llegada a Egipto del caballo, la gallina, el carro de combate, el hierro, se hizo a través de Mesopotamia.

En cuanto a los cultivos, hay pruebas de la aparición de nuevas variedades surgidas por una labor de selección de milenios. Los mitos que atribuyen a los dioses y diosas la entrega a los humanos de las técnicas agrícolas muestran ciclos de cultivo y otros detalles ilustrativos. El trigo duro o escanda se cultivaba en toda la región mesopotámica, aunque fue reemplazada por la cebada. Hacia el 3.000 a.d.n.e. todavía el 80 por ciento de la producción era trigos duros o escandas. La sustitución por la cebada se debe a la salinización de los suelos.

El olivo fue domesticado en la región y se convirtió en la principal fuente de aceite, usado para la iluminación y el lavado del cuerpo, en substitución del inexistente jabón, y en aceitunas para la alimentación, de gran valor energético y fácil conservación. Se cultivaban además palma datilera, higuera, pistachero, vid, granado, manzano y peral. Hay bajorrelieves asirios que muestra la fertilización de las palmeras. Las higueras también requerían fecundación (las que no la necesitaban aparecieron en Sicilia y en Grecia).

La vid no se adaptó en Mesopotamia, que fabricaba cerveza merced a la cebada. El vino se importaba del norte. Sobre el abastecimiento de mesas reales se encuentran en tablillas otros productos: ajos, cebollas, puerros, pepinos y melones (procedentes del Indo) y lino.

“Como animales de tiro, toro, vaca y buey lo fueron desde el periodo de El Obeid, aunque es al comienzo del IV milenio, en el periodo de Uruk, cuando se encuentran pesadas carretas de sólidas ruedas, si bien hay modelos de barro más antiguos. La labor de arar y el transporte masivo son dos elementos esenciales en la agricultura, y ambos nacieron en el Próximo Oriente”. (Pág. 271)

La oveja es otra muestra de la variedad del ganado en la región, si bien este animal es más de montaña que de llanura, pero era esencial en la indumentaria de los potentados, que evidencian los bajorrelieves. El caballo lo introducen los hititas a comienzos del II milenio desde Anatolia. Hasta entonces el animal usado era el onagro, amaestrado, pero nunca domesticado, señala Cubero. El ganado mular, que no es natural y precisa la cópula de una yegua y un asno, es un descubrimiento fundamental, de cuyo origen se tiene poca idea, pero que resultó clave en la agricultura hasta la introducción del motor en el campo y en el transporte. Los dromedarios, domesticados en épocas tempranas en los desiertos de Arabia, fueron importantes por su carne, su leche, su pelo y su capacidad de transporte. Se les llamó “barcos del desierto”. Los otros animales domesticados de los que consta representación son el perro, la cabra, el cerdo y aves como el ganso o el pato, y luego la gallina, que vino de la India, como se ha dicho.

De igual manera que los cultivos, los animales domésticos estaban ya fijados hacia el 1.200 a.C.” (Pág. 272)

Materiales e instrumentos

El más temprano y útil es el arado de madera, primero de tracción humana y luego de bueyes, con el resultado de poder cultivar mayores extensiones. Se ignora cuándo se empezó a usar porque la madera se degrada con el tiempo. Ya hemos mencionado que a mediados del II milenio a.d.n.e. se representa un arado en Suecia, y en Dinamarca y Siria han aparecido arados de piedra. La hoz perfeccionada vino enseguida, al aumentarse la superficie cultivada; las hoces de cobre y bronce eran de uso común para el 3.000 a.d.n.e.

El torno de alfarero aparece en Uruk, llegado desde el norte. Tanto el carro pesado como el ligero de combate son creación de los pueblos indoeuropeos de las estepas. En cuanto al molino rotatorio empieza a ser útil en economías desarrolladas con excedentes de grano. Los primeros conocidos, en que la rueda se movía por sangre, se datan alrededor del 1.000 a.d.n.e., en Anatolia oriental, una innovación no originaria de Mesopotamia, donde no hay roca dura. Tampoco es mesopotámica la rueda hidráulica, para elevar agua de una corriente a un nivel superior; su invención es más lógica en la meseta irania. La importancia de la rueda hidráulica en la civilización humana es enorme, por la cantidad de aplicaciones que tuvo, desde el abastecimiento de agua a las poblaciones, hasta la extracción de la misma en minas. La aplicación de la rueda de elevación al molino rotatorio posiblemente sea un invención tardía, de origen griego.

Otra de las grandes aportaciones mesopotámicas fue el ladrillo, empleado desde las casas humildes hasta los zigurats, pasando por los lujosos palacios adornados con ladrillos de colores. El plan común era, fachadas de ladrillo hasta la altura del primer piso, un par de metros, y adobe a continuación. El ladrillo permitió un tipo de ciudad homogénea.

Los sistemas de riego de Mesopotamia y de Egipto eran diferentes. El Éufrates permitía un uso permanente del agua, resuelto mediante canales, y en Egipto era necesario construir estanques para conservar el agua hasta la siguiente crecida.

El primer “almanaque del labrador” se escribió a principios del II milenio en escritura cuneiforme sobre tablillas, donde se da instrucciones de riego y cultivo. Al contrario que en casi el resto de las tierras, el periodo de parada de trabajo agrícola en Mesopotamia era el verano, debido al tórrido calor. Dice el profesor Cubero que el almanaque sumerio da más detalles que la primera obra sobre el trabajo agrícola conocida en Occidente, Los trabajos y los días, del griego Hesíodo. Había que abrir ocho surcos por cada franja de unos siete metros, y abrir surcos diagonales, procurar que la semilla quedara a la misma profundidad y otras instrucciones precisas.

“Tras sembrar convenía desterronar de nuevo para que el grano brotara sin impedimentos… Cuando la cebada hubiera ocupado los surcos debía regarla, otra vez cuando cubriera el campo, y una tercera al granar”. (Pág. 276) Los hombres trabajaban en grupos de tres, un segador, un agavillador y un tercero cuyas tareas no están definidas. Después se procedía a la trilla, que realizaba el ganado pisoteando el cereal, o utilizando el mayal (dos palos unidos por una cuerda para desgranar el centeno, según la RAE).

La horticultura utilizaba un método ingenioso, el sombreado del terreno con árboles para corregir la excesiva insolación. Esto lo ha visto el autor de este resumen en los valles más calurosos de Andalucía.

Un problema serio era la salinización de la tierra, adelanta Cubero, producto de las inundaciones antiquísimas del valle mesopotámico, que al secarse dejaban el suelo “inundado” de sales, verdaderos estratos salinos improductivos para el cultivo. Las tablillas hablan del problema, que se nota en una disminución de las cosechas.

Los mesopotámicos dedicaban los excedentes de producción al comercio. Siendo una atribución del estado, los gobernantes sumerios fueron sagaces y permitieron y favorecieron el comercio particular, cosa que se mantuvo a pesar de las innumerables guerras en la región. Cubero explica que no siempre se podía exportar grano, porque no había todos los años sobreproducción. Así que los mesopotámicos se dedicaron a la fabricación de objetos de metal fácilmente transportables. Dice el autor que lo hicieron porque no tenían metal, que debían importar de Anatolia, y esa necesidad les convirtió en orfebres y en herreros. El Código de Hammurabi detalla todas las transacciones imaginables, salarios, tarifas y préstamos.

Uno de los aspectos fijados en el código era la esclavitud. Las incesantes guerras producían esclavos (los vencidos), que eran utilizados para los trabajos. Se les protegía de las arbitrariedades de los dueños, porque eran muy valiosos. En el código “son muy numerosas las leyes concernientes a la propiedad rural, sus derechos de transmisión, los arrendamientos, los manejos del agua y los delitos cometidos por robo u omisión de pagos de deuda que podían conllevar la esclavitud.” (Pág. 280)

El vino y la cerveza eran dos de las industrias agrarias de mayor importancia. El vino había que importarlo de Anatolia, porque el clima de Mesopotamia no es adecuado para la vid. La excepción era el norte montañoso de Asiria, donde se producían variedades apreciadas. “Fueron los asirios los más bebedores de vino, pero no los únicos; recuérdese lo que decía Sinué: en Retenu, su país de acogida, ‘había más vino que agua’, y tuvo vino como bebida”. (Pág. 281) Era un privilegio de ricos. Al parecer se hacía vino de palmera (con los dátiles) y de granada, que eran abundantes en la zona. Se solía sazonar el vino, que se vendía en tabernas de mala fama.

La cerveza era en Mesopotamia la bebida del pueblo, igual que en Egipto. Dice Cubero que no la menciona el código de Hammurabi, quizá porque su elaboración era tan sencilla y común en los hogares, que no se concebía que se adulterara. Era la bebida nacional a la que se dedicaron encendidos poemas. Las había de todos los colores, y se bebía en común de una tina por medio de pajitas.

Otros productos agrícolas industriales fueron la leche y su derivado el queso, la salazón y el secado de carnes y pescados, las aceitunas conservadas en salmuera o pasificadas como los dátiles.

El profesor Calero introduce un tema que suele estar ausente en la Agricultura como tema de estudio, pero que en la vida diaria es importante: los libros de cocina.

Previene que se trata de libros de receta para mesas reales. Se trata de las llamadas “Tablillas de Yale” (por encontrarse custodiadas en esta universidad norteamericana). Ofrecen cuarenta recetas de las que se pueden desprender interesantes conclusiones. “Por ellas se sabe de la existencia de distintos tipos de harina y de cerveza, semillas y aceite de sésamo, etc., y de los animales más frecuentes en la mesa: pescados, bueyes y corderos sobre todo, pero también gansos, patos y palomas. Las tablillas mencionan ajos, cebollas, puerros, dátiles, pistachos, habas…” (Pág. 283)

En otras tablillas de las tres colecciones archivadas en Yale, se menciona la cerveza y nunca el vino, y condimentos como la menta, el cilantro y las maderas aromáticas, vinagre y sémola. Aunque no mencionan los huevos o el cerdo, se sabe que se consumían.

La cocina mesopotámica fue la que empezó a utilizar la fritura, no en aceite, sino en grasa animal.

De cuna Mesopotamia pasó a encrucijada de culturas con la llegada de los llamados “Pueblos del mar”, hacia 1.200 a.d.n.e., que actuaron como un terremoto en el Mediterráneo oriental. Los identifica el profesor Calero con el pueblo hitita, que llegó a conquistar Egipto. Tras ellos queda un vacío que llenan los asirios, que darán lugar a sucesivos imperios, el babilónico y el persa. Las rutas comerciales que llegaban al Indo se ampliarán hasta China, y empezará a formarse la “Ruta de la Seda”. Esto afecta también a la agricultura, que expande nuevos productos como el melón y el pepino hacia el Mediterráneo occidental. Luego fue el primer cítrico, el cidro, en establecerse en Próximo Oriente, así como la alfalfa en la meseta irania, y más tarde el algodón y la caña de azúcar.

“Por Mesopotamia pasaron materiales, animales, plantas, artefactos e ideas entre las estepas euroasiáticas y las sabanas africanas y entre el Lejano Oriente y los confines del Mediterráneo y del Mar del Norte. Creó riqueza y fue polo de atracción, por eso fue siempre una región donde todos se cruzaron con todos, la única manera de progresar, sobre todo cuando el ambiente no es el más favorable y hay que estimular la inteligencia para seguir viviendo”. (Pág. 287)

La próxima entrega de esta serie estará dedicada al Imperio Agrario de Egipto.

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