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Bitácora y apuntes

El caso Zapatero

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Esta fotografía y la de presentación muestran una antigua librería del bario de Ruzafa de Valencia. Uno de los pocos lugares donde se exponen a diario las portadas de los periódicos en venta. Los diarios, en especial los digitales, son los espejos deformes de la actualidad, y en el Caso Zapatero actúan con una desvergüenza acongojante. Aunque, al menos hacen su papel de vocear el escándalo.

El caso Zapatero está desconcertando a los del bando de la fe y el dogma progresista. Pero están forjados en acero y su fe es inconmovible.

Fernando Bellón

A finales de mayo de 1990 estaba yo en Washington como enviado especial de Canal 9 a la cumbre norteamericano–soviética. Para mí fue un momento memorable porque se confirmaba el fin de la Guerra Fría, y yo estaba allí. No soy un tipo vanidoso, pero la vanidad me pudo en aquellos tiempos.

Pues bien, aproveché la ocasión para ver una obra en el Teatro Ford, escenario del asesinato de Lincoln en 1865. No recuerdo el título de la representación, pero era un musical sobre la vida de Woody Gutry, algo así como “This Land is my Land”. Me lo pasé bomba. Yo era uno más de los centenares de espectadores, era uno de ellos. Yo tenía cuarenta años, y mi edad estaba por debajo de la media de los hombres y mujeres que me rodeaban. Algunos es posible que hubieran sido brigadistas en España. La mayoría eran adultos al borde de la senectud. Y unos cuantos jóvenes. Todos éramos progres, convencidos de que el folklorista norteamericano era nuestro símbolo inapelable. La sensación que me dominaba durante la representación era de hermandad absoluta, aunque me enteraba poco de la trama del musical, y no podía comunicarme con ellos para decirles que yo había sido un comunista español detenido por la policía franquista (sin consecuencias reseñables), que yo también era uno de ellos.

El progre europeo y norteamericano ha sido el cimiento sobre el que se ha construido la ideología woke: hombres y mujeres de mediana edad en los años noventa, con carrera universitaria, con profesión solvente, cultos, capaces de entenderse en inglés o en francés, con familia (la mayoría casados en segundas o terceras nupcias), con piso o chalet, dos coches, vacaciones privilegiadas (en relación con las de la “masa obrera”), orgullosos de ser progres y de su superioridad morral. (Me ha salido así, debe ser un lapsus digital.)

Un porcentaje de progres clásicos hemos abandonado el barco cuando empezaba a llenarse de cursis, sobrevenidos, cínicos e hipócritas. Dejémoslo en ingenuos, parla salvar a los que no son sectarios.

¡Pero seguimos siendo progres! ¡Ni la edad ni nada puede hacernos cambiar de traje!

Tengo más conocidos progres sectarios que de derechas.

Esto es más que un efecto histórico o de grupo social.

Una tarde pasaba yo por la plaza de las Cortes de Madrid. A la sombra de la estatua de Cervantes y frente a la columnata de la entrada el palacio vi a un grupo de hombres y mujeres altos y altas, vestidos con trajes cortados por sastre, bien peinados y comidos, en relajada charla. Reconocí en ellos y en ellas a parlamentarias y parlamentarios de Vox. Y me dije, yo no tengo nada en común con estas personas, no me encontraría a gusto con ellos (ni ellos conmigo) en un bar o en un restaurante de los que yo visito de tarde en tarde. Ni siquiera aplaudiría a su lado los goles del Real Madrid de Di Stefano, Puskas, Amancio y Juanito Alonso, porque uno ha sido socio del R.M. de antaño, antes de ser progre.

Eso fue hará cosa de un lustro. Mis quevedos políticos son similares a los de este grupo. Pero el pedigrí de progre no te lo quita nadie.

Dejar de ser progre y mantener amigos progres no sectarios, que no los hay tantos, cuesta mucho, muchísimo.

Sin embargo este camino lo hemos recorrido miles, quizá millones de antiguos jóvenes progres de Europa y de las Américas. Cada uno a su modo. Unos se han caído del caballo, otros han recorrido un doloroso proceso intelectual y emocional. Y sospecho que otros han saltado intrépidamente de una trinchera a otra.

Yo debo mucho de mi escapada de la mazmorra progresista a mi viejo compañero de la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid Pío Moa. A sus libros, quiero decir, porque le he visto pocas veces desde que empezó a hacerse hombre famoso y monstruo a batir por los académicos progres y por los que no lo son, que se resisten a leer sus trabajos como si les fueran a quemar lo ojos.

Ha sido Pío Moa quien ha señalado con puntería y valor el acto de birlibirloque.

Cito uno de los párrafos en los que manifiesta su cordura. Habla de la Constitución del 78 y dice que recoge parte fundamental, del legado de Franco, “ante todo la unidad nacional, cierta atención especial a la religión católica, la monarquía, diversas leyes y una sociedad formada en la época de Franco y muy distinta a la republicana. Hay pues una continuidad de fondo que en el aspecto político terminaría en el año 2002, veintinueve años después de la muerte de Franco, con la anulación de facto del referéndum del 76 y la adhesión de la derecha a las concepciones histórico-políticas de la izquierda y los separatismos, derrotadas en aquel referéndum.” (El franquismo ayer y hoy, pág. 15)

(Un paréntesis esclarecedor. Leo que en un acto público de esta semana en el Ateneo de Madrid, el ministro Óscar Puente ha dicho que “el pacto de la Transición se ha quebrado”. Y el ex vicepresidente Pablo Iglesias dijo allí mismo que habría que convocar un referéndum no vinculante sobre la monarquía, y si salía república, invitar al rey a exiliarse. Esto qué es ¿una propuesta arriesgada o un plan?)

Es doloroso dejar de ser progre. Tanto como reconocer que el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero puede ser un estafador, un doctor del trinque y un hipócrita consumado.

Yo no sé si el de la ceja ha hecho aquello que dice de él el auto del juez, José Luís Calama, y repican los medios. No tengo manera de confirmar ni negar nada. Vivo tan lejos de las rutinas zapateriles, como un acomodador de cine de los héroes y malvados de las películas.

Nunca me cayó bien el tipo, no me dejé seducir por él, me pareció repugnante su negociación con ETA y sus delirios de las civilizaciones aliadas y del viento dueño de la tierra me sonaban a engaños que no calarían.

Pero calaron. Ya lo creo que calaron.

La progresía informal española (pobre gente como yo, clase media inestable) ha sacado el pecho y lo ha puesto contra las bayonetas de la justicia. Porque saben que no va a clavárselas. No son tan ingenuos.

¡Cómo es posible que la acumulación de estafas, pillaje, sisa, contrabando, malversación, proxenetismo, guerracivilismo, separatismo y así seguido no haga mella en la armadura moral de nuestros coriáceos progres? La razón psicológica quizá sea porque no pueden aceptar que se han engañado a sí mismos durante décadas. O algo peligroso, que no consienten que quienes no piensen como ellos ejerzan el poder.

Pero hay algo más que razones psicológicas. Por ejemplo mi problema es cómo hacer buenos amigos de derechas, sobrevivir a la maldición del progresismo, encontrarse a gusto fuera de la izquierda. Eso es una cuestión personal.

Sin embargo los problemas políticos de una sociedad no la resuelven los individuos más o menos atormentados.

No es un problema personal, es un gravísimo problema político del cual dependemos millones de españoles.

Uno de los aspectos del problema es que la derecha carece de programa y de ideas convincentes, y quién las tiene, está lejos de conseguir el poder.

(Otro paréntesis. Leo en la presa del domingo un titular conmocionante: El PNV se descarta de la moción de censura y el PP ya sólo mira a Junts: “Tienen que dar el paso” . ¿Que el PP quiere pactar con Junts antes de proponer una moción de censura? Espero que sea un bulo, porque de ser cierto, ¿qué diferencia a Sánchez de Feijóo? )

El otro problema es que por viles que sean los actos del gobierno Sánchez contra la estabilidad de la nación, las tropelías que asesta a la justicia, el trato aborrecible a los asesinos de ETA y a los golpistas catalanes, los progresistas se arriman a él como virutas metálicas atraídas por un imán.

La explicación se ha señalado hace tiempo: la tradición política e histórica (tiene gracia, la “tradición”) ha establecido que la izquierda es moralmente superior a cualquier otra ideología, y la única digna de ocupar los gobiernos. Los que no creemos en eso, caemos en desgracia, estamos en peligro mortal, casi literalmente, si no cambian las cosas. Siendo tan sencillo y gratuito estar en el lado correcto de la historia, ¿para qué amargarnos la vida? Votemos a los nuestros por ladrones, sinvergüenzas y canallas que sean.

El caso Zapatero está desconcertando a los del bando de la fe y el dogma progresista. Aunque no creo que vaya a causar un desplome electoral, porque el argumento de que la derecha se va a cargar todos los logros sociales (¡qué derecha, carajo!), pesa como una rueda de molino en los cuellos de quienes están en el lado correcto de la historia.

No soy optimista. Pero tampoco pesimista. La rueda de la historia pasará por encima de todos, de nosotros, pobres malditos, y de los que se creen por encima del bien y del mal.

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Animo a amigos y enemigos a que dejen sus comentarios. Si desean conservar el anonimato, díganlo explícitamente, y no aparecerán sus nombre. Se espera cortesía. Gracias.

2 Comentarios

  1. Manuel 24 mayo, 2026

    Un comentario interesante como siempre que, aunque parta de lo personal, interpela a un grupo de gente con la que me puedo sentir mas o menos identificado. Es curioso, todos los que todavía tenemos principios y creemos en una sociedad democrática y progresista somos tachados de ingenuos, como mínimo y cómplices de un régimen terrible. Como ya peino algunas canas también no me siento interpelado del todo porque coincido en parte en el análisis. El problema es que a los de la alternancia necesaria y posible ya me los conozco y -llámame ingenuo- pero no son mejores.

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  2. Redacción 24 mayo, 2026

    Dos comentarios de amigos. Como son privados, no soy su nombre, pero me parece conveniente hacerlos púbicos
    Fulanito.- “La primera parte muy bien. Pero recuerda que antes que progre fuiste de la OJE, eso te caló igual que a mí. Yo a mi edad ya no creo en los espejismos de la ideología o la religión para saber quien soy”.
    Menganito.- “Acabo de leer tu estupendo artículo. No sabía que sufrieras porque aún eres progre, no te consideraba tal; y no estoy de acuerdo contigo en lo de que la derecha no tiene programa, a no ser que como tanto progre consideres a VOX como ultraderecha”.

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