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Agricultura y Naturaleza La botánica de Rafael Escrig Series

La Arboricultura

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La Botánica de Rafael Escrig

De nuevo sugerimos a nuestros lectores que aprovechen el archivo en PDF adjunto al final del texto, para disfrutar de las ilustraciones, y aprovechar mejor la lectura de este trabajo de Rafael Escrig

La Arboricultura es una ciencia, relativamente moderna, que trata del cuidado de los árboles y arbustos en jardines, parques y zonas urbanas. Se trata de una actividad independiente dentro del campo de la botánica. La Arboricultura es con respecto a la silvicultura, lo que la jardinería a la agricultura. Se ocupa de la selección de especies, su plantación y cuidados durante toda la vida del individuo, atendiendo aspectos como: la idoneidad de la especie, su ubicación, el suelo, el crecimiento, su longevidad, la salud, la estética, la poda, la tala y el trasplante, así como aspectos paralelos que influyen de manera directa en el desarrollo de los árboles, como la edificación y el subsuelo o, dicho de otra forma, el espacio circundante subterráneo y el aéreo. Otros factores que intervienen en la buena elección y la salud de nuestros árboles son: la pluviometría, la sequedad, el régimen de vientos, la temperatura media y el PH del suelo.

EL ARBOLADO URBANO Y SU GESTIÓN

Las plantaciones urbanas de nuestras ciudades, tienen un promedio de cuarenta a cincuenta años. Existen árboles singulares de mayor edad y los hay recién plantados, pero la inmensa mayoría adolece de una mala planificación y falta de criterio en cuanto a lo que la arboricultura moderna exige para un buen mantenimiento y salud de nuestros árboles. Se han heredado técnicas de poda del pasado y ha faltado un criterio científico en cuanto al tratamiento en general. Por otra parte, la falta de preparación técnica en muchos casos y la ausencia de una normativa concreta, hace que se eche en falta a cada paso la labor de un técnico arboricultor. A estos problemas estructurales se han de añadir los derivados de políticas cambiantes y, por supuesto, la actitud incívica de los ciudadanos que tendríamos que ser los primeros en cuidar y denunciar.

LA SALUD DE NUESTROS ÁRBOLES

La salud del arbolado urbano está condicionada primeramente por una adecuada elección de especies, y esto corresponde en la ciudad de Valencia, desde la que escribo, a la Concejalía de  Parques y Jardines encargados de su mantenimiento.

Como antes he dicho, es imprescindible un cuidado especial en la plantación, riego, y cuidados fitosanitarios de los ejemplares. Es de suponer que los ejemplares monumentales y singulares que existen en Valencia, están correctamente tratados y se supervisan con periodicidad. Aun así existen deficiencias y un aparente abandono que se puede observar haciendo un recorrido por nuestras calles. Me estoy refiriendo, por ejemplo, a los Ficus centenarios que adornan nuestros jardines.

Es de destacar el mal estado general que presentan los alcorques de las alineaciones en las calles: tierra apelmazada que no permite una correcta aireación y llenos de basuras, falta de protección de troncos y raíces, escardas químicas, abandono de tutores. La fumigación y limpieza de los naranjos no se hace de manera rutinaria sino esporádicamente. Se han plantado muchas especies, generalmente de ficus, que han levantado el pavimento por no haberlo hecho la plantación de manera correcta, ni haber calculado las dimensiones del alcorque.

Ni que decir tiene que en nosotros, como ciudadanos, ha de recaer la mayor parte de la crítica, pues es patente el poco cuidado y respeto que, en general, tenemos hacia los árboles. Por otra parte, no es de extrañar en una sociedad que apenas sabe distinguir entre un pino y una palmera. Ahí se acaba todo nuestro conocimiento y todo nuestro interés.

Desgraciadamente, estamos habituados a ver cosas como estas: heridas en el tronco, desgarro de ramas, colgaduras, cables, clavos, pintadas, y demás actitudes de desprecio. De donde se deduce que hace falta una cultura del árbol que abarque por igual a ciudadanos y a la Administración. Una política de culturización, por una parte, y de preparación técnica por otra, para poder mejorar entre todos, la salud de los árboles y la belleza de nuestras calles, parques y jardines.

LA SOSTENIBILIDAD

La sostenibilidad pasa por plantar árboles autóctonos o adaptados a nuestro clima mediterráneo. Los árboles bien escogidos, sanos y adecuados, con los cuidados necesarios, han de tener un promedio de vida de ochenta a cien años. Si se plantan especies alóctonas, no aclimatadas a nuestro ambiente, será mucho más difícil su mantenimiento, padecerán estrés o enfermedades y morirán mucho antes, por lo que económicamente no serán rentables. Los árboles han de plantarse con criterio social, medioambiental y económico y deben evitarse las podas severas y repetitivas, que son la peor desgracia que soportan los árboles, pues no deja de ser una mutilación.

LA CAÍDA DE RAMAS Y ÁRBOLES

La caída de las ramas de los árboles, es un proceso natural que, normalmente, pasa desapercibido debido a la lentitud del proceso vital del árbol. Pero es algo que ocurre y ha ocurrido siempre, tanto en su hábitat natural, como en la ciudad.

Cuando ocurre en la ciudad es más llamativo y solemos achacarlo a la falta de mantenimiento, pero esto no tiene nada que ver con la caída de ramas, de hecho, en los montes no existe mantenimiento alguno. Es cierto que los árboles en las ciudades están más expuestos por el estrés derivado de las altas temperaturas en verano, cuando el árbol sufre mayor evaporación. Es entonces cuando sucede lo que se llama DESCOMPENSACIÓN HÍDRICA, proceso por el que el árbol pierde más agua por vía respiratoria, y el agua obtenida a través de la absorción por sus raíces se evapora. A las temperaturas altas, se ha de unir la SEQUEDAD DEL AMBIENTE y las RÁFAGAS DE VIENTO, es entonces cuando las ramas sufren un movimiento de torsión y tiende a romperse. En otros casos puede deberse a un riego no adaptado al árbol, la vejez del árbol, tendencia a pudrirse de ciertas especies, labores de poda mal realizadas, la falta de control sanitario, pudriciones internas que debilitan el tronco o las ramas o la influencia del entorno urbano.

Si vemos la primera fotografía (en el archivo en PDF) nos daremos cuenta de que se trata de una conífera caída. Esta conífera está plantada sobre un prado de césped. Pues bien, resulta que las coníferas no necesitan mucho riego porque “se hacen vagas”. Estas especies han de profundizar sus raíces en la tierra en búsqueda de agua, lo que al mismo tiempo les sirve para afianzarse en la tierra. Por el contrario, el césped requiere riegos abundantes, esto perjudica a la conífera en crecimiento y al mínimo embate cae. Este accidente podría haberse evitado si no se hubiera plantado esa especie sobre el césped.

UNA DOCENA DE RAZONES A FAVOR DE LOS ÁRBOLES EN LA CIUDAD

1  Los árboles nos proporcionan oxígeno.

2  Limpian el aire reteniendo las partículas de polvo y contaminación.

3  Eliminan el CO2, el SO2 y otras partículas contaminantes.

4  Combaten el efecto invernadero de la atmósfera.

5  Refrescan las calles y la ciudad.

6  Equilibran la temperatura de las ciudades en verano e invierno.

7  Retienen el agua de lluvia y protegen el suelo de la erosión.

8  Mejoran la salud de los ciudadanos.

9  Nos protegen de los rayos ultravioleta.

10  Nos marcan las estaciones del año.

11  Proporcionan diversidad para la vida silvestre.

12  Disminuyen el estrés y ayudan a la convivencia.

LOS JARDINES EN TERRAZA PODRÍAN SER EL FUTURO

En 2001, Tokio aprobó una norma que exigía que los nuevos edificios privados con una cubierta de más de mil metros cuadrados cubrieran, al menos, el 20% de su superficie con huertos. Alemania cuenta con más de trece millones de metros cuadrados de azoteas verdes. En Nueva York se montó el primer jardín en 1973.

En Gran Bretaña desde el 2005, a través del movimiento Transition town, que promulga una transición en las urbes hacia un estilo de vida que requiera menos consumo energético creando comunidades sostenibles para hacer frente al cambio climático. Pero también en países como Hungría, Holanda, Suecia y más cerca, en Barcelona, la pionera, que ya en 1996 la concejalía de Medio Ambiente lanzó con la fundación Terra una campaña para crear huertos en balcones y terrazas, así como cursos de horticultura en diferentes centros cívicos de la ciudad.

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