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Agricultura y Naturaleza Entrevistas

PEP FERRÀNDIZ, DE FRUITEC, EN LA CANYADA DE ALICANTE

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“La responsabilidad del labrador está en adaptarse, formarse, ponerse al día.”

Pep Ferrándiz, 57 años, de La Canyada, Alicante, a pocos kilómetros de Villena, nieto e hijo de agriculturores es un labrador ecológico cuya ambición es atenerse a las leyes de la naturaleza y servir al mercado local sus estupendos y sabrosos productos. Cultiva entre 40 y 45 hectáreas, todas certificadas eco. El método de trabajo agrícola que emplea es biodinámico, aunque no está registrado en Demeter. Su empresa se denomina Fruitec, Fruticultura Ecológica

Al recorrer sus fincas a diario se comunica con las plantas. Está seguro de que las plantas saben quién y cómo les cuida. Su gran preocupación es la gestión del agua, que encuentra politizada, irracional. Pugna por conseguir acuerdos basados en la razón, no en el interés. Muestra de ello es su posición contraria a la extracción abusiva de agua del Ebro. Es absurdo decir que el agua se pierde en el mar, el agua tiene que ir al mar, asegura.

Critica la burocratización actual de la agricultura. Y dice que por encima de las subvenciones y cualquier política oficial de apoyo está el trabajo bien hecho, con conocimiento, del agricultor, y su responsabilidad profesional. Si el labrador es un rellenador de papeles, que no hace otra cosa que obedecer las normas administrativas, no tendrá ni rendimiento ni satisfacción profesional.

Uno de los viñedos de Pep Ferrándiz. Al fondo, La Canyada

Uno de los viñedos de Pep Ferrándiz. Al fondo, La Canyada

Recorremos algunos campos plantados de manzanos y perales, sus olivares y sus viñas.

En el paraje conocido como La Foia, a lo largo de la rambla del Vinalopó tiene una hectárea a con dos mil manzanos y perales, plantados en marzo de 2014 y que empiezan a producir fruto, en experimentación. Algunos árboles se plantaron en abril de 2015, y también están empezando a rendir. Ha comprado terreno contiguo, para plantar 4000 árboles frutales más.

Entre los frutales y en los bordes tiene plantas aromáticas y flores para dotar de biodiversidad, y ayudar a combatir las plagas, aunque los conejos se comen lo que pueden.

El agua con el que se riega esta finca y otras procede de la fuente del Vinalopó en Banyeres.

Tiene postes con que lanzan feromonas para despistar a las moscas macho, cajas para fomentar a los murciélagos, y dispositivos para controlar las plagas de moscas dañinas.

De viñas posee o tiene alquiladas entre 8 y 9 hectáreas, frente al pueblo de La Canyada. Variedades Merlot, Petit Verdot, Syrah y Cavernet-Sauvignon. De estas uvas extrae un vino con marca registrada de una soberbia calidad, El Mas del Massero.

De olivos cultiva unas 12 hectáreas, y en almazara obtiene un aceite eco de la misma marca que el vino, El Mas del Masero.

Además. Tiene un bancal dedicado a la permacultura, con todo tipo de árboles y plantas.

El resto de sus cultivos hasta las 40 ó 45 hectáreas que trabaja son, más o menos, 5 de manzanas, 26 de pera, 3 de cerezas y 2 de ciruelos.

Recogiendo manzanas, a finales de agosto.

Recogiendo manzanas, a finales de agosto.

Tiene 3 trabajadores fijos todo el año, y unos 15 ó16 máximo en temporada alta.

Pep es ingeniero técnico agrónomo. Nunca ha trabajado para la Administración ni se lo ha propuesto. Muchos de su generación son funcionarios, pero nunca le ha gustado la idea de encerrarse en una oficina. Asesora y da seminarios y conferencias. Es representante de la marca de productos ecológicos Agrigent.

Recorre las fincas identificando los problemas para resolverlos, gestiona la distribución y las ventas de su empresa Se basa en la venta local, aunque envía fruta a Valencia.

Un paseo por las tierras de Villena y alrededores es la prueba evidente de la desertización de este área que, cuando se le da de beber es feraz. Pe Ferrándiz lamenta el abandono progresivo de la tierra, porque es una manera de abrir la puerta al desierto, porque los cultivos retienen el agua y llaman a la lluvia.

Presentación y fotografías de Fernando Bellón

Pep Ferrándiz. En casa la agricultura que se practicaba era convencional, y era la que yo empecé a trabajar. Me inicié en la agricultura ecología en los noventa del siglo pasado. Y luego nos inscribimos a finales de la década.

Veníamos de la producción integrada. Habíamos concebido en ella muchas esperanzas, la agricultura de un modo racional. Pero cuando llegó aquí, me di cuenta de que solo se preocupaba de ciertos parámetros económicos. Pero nada del parámetro ecológico ni del social, el tratamiento legal, digno y humano a los que trabajan a sueldo del agricultor. Empezamos con la agroecología poco a poco. Pero llegó un momento en que quemamos los barcos, y lo apostamos todo a la agricultura ecológica, suponiendo que por algún lugar saldríamos.

Al hablar en plural das a entender que no estabas solo.

Claro, era algo que comentábamos en la familia, sobre todo con mi mujer.

Ahora estoy centrado como técnico, y solo pienso en agricultura ecológica. Asesoro a otras personas, pero basándome en mi experiencia y en mi trabajo.

¿Quieres decir que hay una distancia entre los técnicos de la Administración y la realidad del campo?

El Sistema actual ha convertido la agricultura en un asunto de papeles. Y la agricultura es todo menos papeles. Pero se les da más importancia a los papeles que al cultivo. Las personas que trabajan como funcionarios en la administración pasan más tiempo rellenando y ordenando papeles, y pidiendo papeles a los agricultores que en el campo. Se fijan en detalles que se convierten en grandes problemas, pero no se acercan al agricultor para preguntarle lo que hace falta en la zona en la que trabaja.

Tampoco hay una gran preocupación por el reparto de conocimientos. Yo tengo la suerte de asesorar a otras personas porque aprendo de mi experiencia todo lo que puedo. A parte de nuestra propia explotación veo otras, me enriquezco profesionalmente con esas observaciones, y tengo una visión más amplia que el labrador que no sale de su finca. El asesoramiento no consiste solo en descubrir los problemas, sino en buscar soluciones. Tienes que estar muy preparado, tener la información, invertir en conocimientos actualizados.

Los frutales están plantados en la rambla del Vinalopó, que es el cauce seco que se ve a la izquierda

Estos frutales están plantados en la rambla del Vinalopó, que es el cauce seco que se ve a la derecha.

Por lo que se ve en esta comarca, es pasto del desierto.

Todo lo que ves por aquí estaba cultivado. En los años 60 todo era manzana Rojas Beneixama. La comercialización era más directa. Pero no se supo evolucionar. No se profundizó en la formación del agricultor, en las nuevas variedades. Se apostó a llevar todo el producto a las cooperativas, y se dejaba que ellas solucionaran los problemas. Yo creo que la responsabilidad del labrador está en adaptarse, formarse, ponerse al día. La Administración ayuda, pero muchas veces el labrador acude a la Administración solo para que le dé subvenciones. Y el resultado, después de estar no se cuantos años en el Mercado Común y en la Unión Europea, aquí ya ves, mucha tierra yerma.

Y además, aquí padecemos particularmente un problema general en España, que es el agua. Este problema solo se puede solucionar de una manera conjunta, racional. Pero que si no se soluciona será un limitador de la producción, igual que una plaga o una caída del mercado.

Si se cultiva, se crea vegetación. La vegetación atrae el agua, da más vida, y se frena el desierto. Las ventajas de la agricultura ecológica no solo son económicas. Hay ventajas medioambientales y sociales.

¿Cómo funcionáis técnicamente en Fruitec?

De un modo racional y humano. Nosotros, para aclarar manzanas, gastamos 300 horas por hectárea. En la agricultura convencional o integral, química o como quiera llamarse, se tiran dos productos, y en cuarenta o cincuenta horas se hace un repaso. Además, nosotros hemos apostado siempre por un mercado local. Puntualmente podemos enviar fuera, a Murcia o a Valencia. Pero nuestra visión es vender lo más cerca posible de la producción.

En el caso del vino y del aceite, el mercado es más restringido, porque aquí todo el mundo tiene olivos y viñas. Eso podría ser un tema para buscar la exportación, que de momento no tenemos. La producción de nuestros olivares es baja, unos dos mil kilos máximo por hectárea, con un veinte por ciento de aceite.

Un litro de aceite no lo podríamos vender por menos de cinco o seis euros. Eso nos obliga a valorar y explicar mucho y bien nuestro producto. Nuestro aceite es de mucha calidad, estable, con muchos antioxidantes, polifenoles, y con otra característica positiva, pero poco apreciada, que pica, se agarra a la garganta. Esta característica es positiva en cata, pero el consumidor está acostumbrado a un aceite plano, insípido, y lo confunde con la calidad.

Las flores previenen plagas y añaden valor estético.

Las flores previenen plagas y añaden valor estético.

Es evidente que para Fruitec la rentabilidad de la agricultura ecológica es una obligación.

Antes de producir, y eso es algo que nosotros teníamos muy claro, hay que pensar lo que se va a producir y dónde se va a vender. Según donde vaya a vender y por medio de qué canal produciré, sea fruta, hortaliza, etc. Está la venta directa, la distribución, el canal Horeca, el de los restaurantes, llevar el producto a una cooperativa…

Y como decía Columela, el primer factor para la práctica de la agricultura es saber y querer saber, superarnos año a año, salir, ver mundo, visitar a otros agricultores, visitar empresas, ver lo que funciona y por qué, y lo que no funciona y por qué. Se trata de copiar o adaptar a tus circunstancias de mercado, y luego ir modificando.

El segundo factor, también lo decía Columela, es dimensionar la explotación. Si planto esta superficie X, tengo que saber dónde venderla, dónde almacenarla.Y organizar las temporadas de cultivo de acuerdo también con el mercado.

Y el último secreto de la agricultura ecológica es trabajar mucho, con pasión, sin olvidar la cabeza. Yo conozco a personas que tenían otra profesión, que se han puesto a cultivar eco, y que lo han hecho según estos principios y les ha salido bien.

El tema de la venta es la clave. No se ha de convertir en una preocupación, en una obsesión. Pero si no somos los labradores los que creamos el mercado, no lo hará ningún otro. Nadie vendrá a solucionarnos los problemas. La Administración cumple ayudándonos un poco, pero que no nos complique el trabajo. Claro lo que tienen que hacer sus técnicos es visitar el campo y detectar las cosas que hay que dinamizar en cada zona.

Los agricultores nos hemos acostumbrado a ser dirigidos y subvencionados. Lo ideal sería que de la agricultura viviera el que sepa. Así es como antes funcionaba, y estaba todo cultivado, en los pueblos vivían los labradores, y ahora es un desastre medioambiental y económico.

¿Te parece que haya un conflicto entre las certificaciones oficiales y los Sistemas Participativos de Garantía?

Yo estoy también en una SPG, la Xarxa Llauradora. Y a la vez estoy certificado por el Comité de Agricultura Ecológica. La Xarxa Llauradora ha creado un logo, Xe què Bo, y es un grupo de personas que nos reunimos para cambiar experiencias e impresiones. Una cosa que encuentras en la agricultura ecológica es la humanidad entre compañeros, conocer al cliente final, y saber si tu fruta le gusta. Esto es una satisfacción personal. Es la realidad económica que tenemos que garantizar cada día, pero esta satisfacción vale mucho, es la razón de mi trabajo. Me parece muy triste que la gente no sepa salir de la agricultura convencional, cada día más endeudada, con menos futuro, sin que el agricultor sepa qué hacer para salir adelante… Todo lo que le piden son papeles, inversiones cada vez más fuertes que en la agricultura ecológica.

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