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La botánica de Rafael Escrig Series

El parque de Marchalenes de la ciudad de Valencia

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La Botánica de Rafael Escrig (38)

Escultura de autor anónimo. Si hay algún rotulo ha de estar escondido en la maleza.

La Botánica de Rafael Escrig (38)

En este nuevo capítulo el autor nos ilustra literalmente hablando sobre uno de los parques urbanos de la ciudad de Valencia que el Ayuntamiento planificó para recuperación de una Huerta invadida por altos edificios.  Rafael Escrig nos presenta en primer lugar un boceto histórico del antiguo poblamiento de Marxalenes, que data de época romana, hasta su transformación en barrio de pequeñas industrias a inicios del siglo XX, y hoy ya una zona de la ciudad que de no ser por el parque sería un galimatías más de pequeños rascacielos. Luego pormenoriza las especies botánicas que lo pueblan. Todo esto acompañado de significativas y abundantes fotografías. Por ello es recomendable descargar la versión de PDF del estudio.

RECORRIDO HISTÓRICO.

El antiguo poblado de Marxalenes y su huerta tienen su origen en una antigua villa romana posteriormente ocupada por los árabes, con lo que se transformó en alquería islámica. Se especula con que su nombre deriva precisamente del árabe Marchiliena, que significa marjales, puesto que la zona está en una plana litoral junto al río y aún conservaba entonces algunos espacios pantanosos. También era allí donde el rey de Valencia Abú Zaid, tenía un palacio residencial. Después de la conquista cristiana, el Rey Jaime I adjudicará las tierras y el palacio denominado Saïdia al arzobispo de Narbona, lo que se recoge en el Llibre del Repartiment, “el lloc que s´anomena Saidïa, amb forns i molins i un hort”. Más tarde recuperará la donación y la entregará a su tercera mujer Teresa Gil de Vidaure, que fundará en él un monasterio llamado de la Saïdia. Todo esto ocurre durante el siglo XIII. Pasado el tiempo, lo que primero fue un palacio de recreo del rey de Valencia Abú Zaid, se había transformado en un poblado con una rica huerta a las puertas de Valencia. A finales del siglo XIX, al igual que ocurrió con el cercano Campanar, Marxalenes fue anexionado a Valencia, convirtiéndose en un barrio periurbano. A partir de entonces, aparece la transformación de toda la zona. Las continuas edificaciones de los años cincuenta y sesenta del siglo XX y el ferrocarril fueron parcelando la huerta poco a poco hasta reducirla a mínimos. La creación de grandes y pequeñas industrias, hoy todas desaparecidas, sustituyeron a las viejas casas. Posteriormente la construcción del Camino de Tránsitos supuso para Marxalenes la aniquilación final como enclave diferenciado de huerta y alquerías, lo mismo que sucedió en Campanar, en Tendetes y en otros pequeños pueblos de labradores que rodeaban la ciudad. La irremisible contribución al crecimiento demográfico que todavía no ha cesado.

El cinturón de la huerta de Valencia es un bien patrimonial que hemos de conservar entre todos para que perdure el singular paisaje de nuestra tierra, por la que tanto han trabajado nuestros antecesores desde los romanos y los árabes que poblaron los campos valencianos. La huerta y su forma de vida han de seguir siendo nuestra seña de identidad más preciada.

Un primitivo arroyo que de Paterna llegaba al Turia pasando por Marchalenes

(Recordamos al lector que puede descargar el artículo en PDF para ver y estudiar las fotografías que acompañan a este texto)

Sobre este mapa de la huerta de Valencia del siglo XVII, he trazado de manera aproximada el recorrido del primitivo arroyo que, viniendo desde Paterna y Benimámet, corría a buscar el Turia pasando por Beniferri y Campanar, para llegar hasta Tendetes y Marxalenes donde formaba las marjales que hemos citado, antes de unirse al curso natural del río, a la altura de la actual avenida de Burjasot y el Puente de San José.

El Ayuntamiento de Valencia, con el fin de impedir la desaparición total del espacio y con él, su memoria, puso en marcha la idea de un gran parque que recuperase en lo posible la imagen de lo que fue en el pasado el poblado y la huerta de Marxalenes. El proyecto se desarrolló en dos fases. La primera en el 2001 y la segunda en el 2009.

CONCLUSIÓN.

El Parque de Marxalenes en la actualidad es un parque urbano de 80.000 m2., uno de los más tranquilos y más extensos de la ciudad. Ocupa el espacio de la antigua estación de cercanías de Marxalenes, con sus talleres y los solares anexos que se salvaron de la vorágine urbanística desatada en los años cincuenta del pasado siglo. Con tal de crear una zona de esparcimiento para el barrio, el Ayuntamiento de Valencia, hace menos de veinte años, puso en marcha la idea del parque en los alrededores de la estación, salvando de esa forma el edificio, los talleres y media docena de alquerías, de las que antes poblaban la huerta, para integrarlas dentro del parque con diversos usos.

El diseño del parque pretende recrear la forma de vida de aquella zona de Valencia. Por una parte la Estación y el paseo central que divide el parque siguiendo el trazado de la antigua vía, quiere dejar constancia de su pasado reciente como enclave de comunicación. Las alquerías integradas totalmente en el diseño y las acequias que acompañan los senderos, dan idea del paisaje de la huerta. En cuanto a la vegetación, se contemplan dos partes, la propia de la huerta, formada por árboles frutales y la del paisaje mediterráneo con árboles y arbustos de ribera. Otra zona importante que hace alusión a su pasado paisajístico es el “ullal” y el estanque, rodeado éste por un camino hecho con las traviesas recuperadas de las antiguas vías. La vegetación alrededor del estanque es prácticamente salvaje y está formada por árboles de ribera, cañaverales y otras plantas acuáticas.

Uno de los paseos del parque de Marchalenes. Los rincones de jardín están adornados de esculturas de piedra y esta monumental de madera. Pero el aspecto general es de triste descuido en los márgenes y en la poda de los árboles.

RECORRIDO BOTÁNICO.

Entraremos al parque por la puerta que da a la calle del Poeta Fernández Heredia. Antes de la entrada, a modo de antecámara, en la calle Diputat Ricard Samper (por donde circula el tranvía), se forma una plaza arbolada que actúa de transición desde el frío asfalto de la calle y que nos encamina hacia el cálido arbolado que nos recibirá en la entrada del parque. En la misma calle, antes de entrar al parque encontramos una alineación de ginkgos Ginkgo biloba, que se repiten tras el vallado del parque. Es de destacar que en los alcorques de estos árboles hay profusión de plantas arvenses (gramíneas y otras). Tanto es así que hace pensar si no las dejarán crecer expresamente por algún motivo que se me escapa. Lo más lógico es que no se destine personal para su limpieza y mantenimiento.

Delante de nosotros tenemos el paseo central que divide el parque en dos mitades longitudinales. Dicho paseo está plantado con una doble alineación de plátanos Platanus orientalis y cipreses Cupressus sempervirens.

A nuestra izquierda, en diferentes cuadros, nos dan la bienvenida dos ficus Ficus macrophylla, un olivo Olea europea, varias Washingtonia robusta, un pino canario Pinus canariensis, tres lagunarias Lagunaria patersonii y varias Koelreuteria paniculata, con sus característicos frutos parecidos a unos farolillos. A nuestra derecha, frente a los antiguos talleres del ferrocarril, una araucaria Araucaria heterophylla, una alineación de robinias Robinia pseudoacacia y un grupo de Prunus cerasifera. Llegando al edificio de la estación, ahora transformado en un Centro Ocupacional, encontramos tipuanas Tipuana tipu, melias Melia Azedarach, jacarandas Jacaranda mimosifolia, y dos especies de brachichitos que ya hemos visto por otros lugares de Valencia, el Brachychiton acerifolius y el Brachychiton pupulneus. Detrás de la estación hay dos edificaciones, una de ellas, antigua alquería destinada ahora a biblioteca municipal y la otra, en proceso de restauración, era en sus tiempos un molino de aceite que procesaba el “cacau” Arachis hypogaea tan cultivado en toda la huerta valenciana durante tantos años, hasta que no pudo competir con las importaciones del cacahuete llegado de países orientales. Frente a la biblioteca, dos viejos olivos Olea europea una palmera Phoenix dactilifera y un ciprés Cupressus sempervirens.

Volvemos al paseo central con sus alineaciones de plátanos y cipreses donde veremos un grupo de ginkgos Ginkgo biloba. A la izquierda del camino, en ordenados cuadros, discurren varios senderos con los nombres de diferentes especies, mostrando un completo repertorio de flora mediterránea. Los senderos toman nombres como Paseo del Pino, del Olmo, del Chopo, de la Carrasca, del Algarrobo… y la vegetación, bastante espesa y con un crecimiento salvaje que imita a la que podamos encontrar en una excursión por las montañas del Maestrazgo, nos ofrece pinos Pinus halepensis, palmitos Chamaerops humilis, mirto Mirtus comunis, madroños, Arbutus unedo, chopos, Populus nigra, adelfas Nerium oleander, tamariz Tamarix gallica, olmos Ulmus minor y Ulmus campestris, algarrobos Ceratonia siliqua, carrascas Quercus ilex, lentiscos Pistacia lentiscus y, en suma, toda la variedad de vegetación mediterránea y de ribera existente en estas tierras.

Después de recorrer estos caminos tan gratos y sosegar nuestro espíritu con la variedad de formas y de tonos verdes que nos han brindado, desembocamos a un camino en curva flanqueado por olmos Ulmus minor y plantas de acanto Acanthus mollis, es el Paseo del Ullal. Allí encontramos dos arces de Montpellier Acer monspessulanum y un quejigo Quercus faginea, acompañados de los mismos chopos, tarays, cipreses, adelfas y lentiscos de antes.

Crucemos ahora el paseo central para recorrer el lado derecho. Allí el planteamiento es completamente distinto. Los cuadros esta vez son de flores y árboles frutales. Veremos granados Punica granatum, naranjos Citrus x sinensis, cerezos Prunus avium, membrilleros Cydonia oblonga, azufaifos Ziziphus jujuba, higueras Ficus carica y albaricoqueros Prunus armeniaca. Estamos en la alquería de Casa Lluna que está rodeada por unas palmeras datileras, un pino carrasco, una higuera y un olivo.

Más adelante, junto a otra pequeña alquería sin uso aparente (es l´Alquería de Voro), veremos una morera Morus nigra, una higuera Ficus carica, un ficus o gomero Ficus elastica, un grupo de Ginkgo biloba y una albizia Albizia julibrissin. Si cruzamos otra vez al lado opuesto, nos encontramos con un “ullal”, un pequeño estanque circular donde nace el agua de forma natural, allí veremos papiros Cyperus papyrus, tarays, lentiscos, mirtos y laurel Laurus nobilis, acompañados de algunas gramíneas y varitas de San José Alphodelus albus.

Nos hemos dejado para el final la Alquería de Félix donde se ubica la Escola de la Natura y que da paso a la zona de la laguna donde se muestra de forma totalmente natural el paisaje de ribera valenciano y de plantas acuáticas. Toda la zona lacustre está bordeada por un sendero hecho con traviesas del ferrocarril. La vegetación que nos acompaña por ambos lados es muy espesa. Veremos abundancia de olmos Ulmus minor, chopos Populus nigra y sauces llorones Salix babilonica, y más cerca del agua, nenúfares Nymphacea tetragona, cañas Arundo donax, juncos Juncus acutus, aneas Typha angustifolia, carrizos Phragmites comunis y otras herbáceas propias de los humedales tan conocidas por todos. También se observan algunos brotes de palmito, granado o de mirto que el viento y las aves se han encargado de sembrar a voluntad por el camino.

EPÍLOGO.

Este artículo se basa en un recorrido que hice con mis alumnos senior de la clase de Botánica de Campo, que impartía en el Casino de Agricultura de Valencia. De ello hace un par de años. Lamentablemente hoy en día las cosas ya no se parecen a lo que vimos entonces. Los jardineros han descendido en número, por lo que el jardín acusa más el abandono en algunas zonas. El famoso Museo del Ferrocarril, con el bar anexo, han muerto del todo y sus instalaciones están cerradas. Pero lo más lamentable es el estado en que se encuentra la zona del ullal, que se ha convertido en un vado de cemento con dos dedos de agua verdosa, y la Alquería de Félix donde se ubicaba la Escola de la Natura, que está cerrada hace más de un año. Es decir que los dos espacios más representativos del parque, que eran el verdadero recuerdo de lo que fue Marxalenes en el pasado, han desaparecido. No hay dinero para su mantenimiento. Nuestros gobernantes municipales consideran que el dinero está mejor empleado en otras cosas que les suponen mayor visibilidad.

El resultado es que lo que era un parque modélico que recuperaba la historia del barrio y ofrecía un grato servicio a los ciudadanos, se ha convertido en un parque más sin la gracia ni el atractivo con el que fue creado. Una vergüenza y una ofensa más para todos los valencianos, que vemos como la ciudad se va articulando al gusto de quien la gobierna, y que quita y pone el dinero donde más le interesa. ¡Una verdadera vergüenza!

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