CARGANDO

Escribir para buscar

Agricultura y Naturaleza Historia General de la Agricultura de J.I. Cubero Series

Historia general de la Agricultura de J.I. Cubero – 02

Compartir

Introducción y parte primera: El regalo de los dioses

Capítulo II

La transición a la Agricultura

Síntesis realizada por Gaspar Oliver. Comprende los capítulos 3 (“Lo que el hombre ha buscado en la naturaleza” y 4 (“La transición a la agricultura”) Págs. 51 a 107.

El profesor Cubero hace un sintético pero denso recorrido por la enciclopedia de la Naturaleza, en lo que se refiere a lo que el ser humano ha obtenido de ella desde los tiempos remotos de su origen antropoide. Insiste en que nuestros primitivos ancestros eran grandes conocedores del mundo natural orgánico e inorgánico en el que vivían, y que nuestra sabiduría presente se cimienta en esa experiencia técnica acumulada a lo largo de los milenios.

Sabiéndose parte de esa Naturaleza, la temía, la respetaba y la divinizaba. “Entre las plantas, todos los grandes cereales (cebada y trigo, maíz y arroz) de cada gran civilización ha sido encarnación de un dios o diosa que generalmente ha enseñado la agricultura a los hombres” (pág. 52). Cita a plantas “mágicas” como la mandrágora, el peyote, la coca, y recuerda que el haba fue motivo de leyendas. Distingue los pueblos agrícolas, con sus propias Diosas Madres, y los pastoralistas y sus dioses celestes portadores de la lluvia o el trueno, Olimpos que fueron combinándose entre griegos o egipcios, por ejemplo.

Dice Cubero que “La Agricultura vino a solucionar un tremendo problema: adorar sin dañar a nadie” (pág. 53) en referencia a los sacrificios humanos y animales de ciertas culturas.

En los minerales y en las rocas, el ser humano encontró materiales para la caza, colorantes para su decoración corporal y en las cuevas y abrigos, y en especial, la sal, que se convirtió en uno de los primeros objetos de comercio.

Sobre el alimento, Cubero se pregunta cuándo sería el momento en el que el ser humano dejó de ser básicamente herbívoro, como la mayoría de nuestros parientes antropoides, y empezó a consumir carne, primero la médula de los huesos, muy nutritiva, y luego todo lo demás. Sin embargo, salvo los esquimales y no todos, no hay grupo humano exclusivamente carnívoro, pero sí los hay estrictamente vegetarianos.

En general el ser humano ha sido ecléctico en su alimentación, prueba de ello son los potajes “que contienen granos o harinas de cereales, leguminosas, hojas y tallos de hortalizas, tubérculos y raíces de diversas familias, a eso se le añade un trozo de carne, a ser posible con algo de grasa” (pág. 58).

Los animales suministraron al hombre proteína de buena calidad, vitaminas, hierro y grasa, el elemento más valorado por los cazadores-recolectores. La grasa era también el vehículo de los pigmentos para decorar las paredes rocosas. Los tendones suministraron los primeros “hilos” para coser pieles y cuerdas de arco. Cuernos, cráneos, y plumas fueron objetos que daban prestigio o autoridad.

Una consecuencia del contacto entre humanos y animales fueron las enfermedades transmitidas de unos a otros. Esto empezó en África, antes incluso de la existencia de los homínidos, dice Cubero. África es el nido de numerosas enfermedades, contra las cuales su población ha creado resistencias, por eso a los europeos, menos preparados, les costó esperar a la aparición de la medicina moderna para apoderarse del continente. En el Próximo Oriente, donde aparecen los primeros rebaños de animales domesticados, las enfermedades causaron estragos, pero también inmunidades que se extendieron con la ganadería. Algo que fue trágico en América, donde los europeos introdujeron virus y bacterias que resultaron letales para indígenas y animales.

Dedica algunas reflexiones el profesor Cubero a los tabúes, en especial a la porcofobia, y a su contrario, la porcofilia. Desmonta el acientífico razonamiento de la triquina, descubierta en el siglo XIX, porque hay otras enfermedades peores en ovejas que no han producido ningún tabú. Y razona que hay mucho más porcofilia que porcofobia en el mundo, y nadie ha reparado en significarla. La porcofobia se inicia en el antiguo Egipto, y solo es recogida por el judaísmo y el islamismo. Después de una reflexión sobre las explicaciones legendarias en torno a diversos animales, Cubero busca argumentos históricos más racionales. La prohibición de consumir cerdo es de dos pueblos pastoralistas el hebreo y el árabe. Para ellos, las ovejas eran más útiles y prácticas, se movían, pastaban en todas partes, no ensuciaban el agua, mientras que los cerdos competían con el ser humano en su alimentación y no eran trashumantes. Los pastores tuvieron que elegir entre el cerdo, que les proporcionaba carne sabrosa y grasas, y la oveja, que les hacía más fácil su trabajo.

(La ilustración de presentación muestra palos de cavar neandertales de un yacimiento del País Vasco, de la página arqueologiaenred.es)

Deja un comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Siguiente