JOSEP MARTI, DE “LA PEIRA”, BENIFAIÓ, VALENCIA

Nos vamos a pegar un trompazo; eso nos hará reaccionar.

Josep Martí, Pepe, de setenta y un años, nacido y residente en Benifaió, Ribera Alta, provincia de Valencia, un hombre con aspecto y verbo de patriarca bondadoso, dice ser el primer valenciano que empezó a practicar la agricultura ecológica. Cosa que de inmediato enmienda, afirmando que la agricultura ecológica no existe, porque si no es ecológica no es agricultura. Desde 1979 cultiva verduras y cría ovejas, cabras y gallinas en La Peira, una granja referencia de multitud de jóvenes agricultores valencianos y de varios países europeos. Josep Martí critica el predominio de los académicos sobre los agricultores en multitud de escenarios en los que se promueve la agricultura ecológica.

Entrevistas realizadas por Fernando Bellón. Fotos FB.

Nosotros cerramos el ciclo natural.

Cuanto más sentido común apliques, más ecológica es la agricultura.

El inconveniente que tienen muchos jóvenes agricultores es que las leyes están hechas para las grandes empresas, para el sistema de producción industrial de alimentos…

Yo soy perito agrícola. Pero no siempre me he dedicado a la agricultura ecológica, sólo desde que compré esta finca. Antes me dedicaba a la topografía, a los análisis de suelos, a informes agronómicos, y a asesorar a labradores a título personal, privado, sin depender de ninguna institución. También he ejercido de agente de la propiedad inmobiliaria colegiado.

Tanto Juan [Juan Clemente, agrónomo, que interviene en la entrevista] como yo hemos estudiado agricultura. Y la base de la agricultura, hace muchos años, era la misma que hoy. Que hayan cambiado los caminos y los fines en cierta manera, es seguro; pero la base sigue siendo la materia orgánica. Cuando yo estudié eso, mi idea era natural, algo que no era una industria.

Pero existía la perspectiva de la industrialización de la agricultura, la Revolucion Verde empezaba a campar.

Yo empecé a estudiar en el 59 y acabé en el 65. Me cogió el principio del cambio aquí en España. Pero todavía se hacían “fórmulas magistrales”, insecticidas, fungicidas para combatir las enfermedades y las plagas, que las tenías que hacer tú. Era mucho más simple que ahora. No había abonos complejos. Estaba el amoniaco, los fosfatos y la potasa, y eso era la base de todo. Poco a poco esa base natural ha cambiado, se han hecho complejos para “producir más”, entre comillas, claro, porque esa sobreproducción no es real.

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El checo Thomas, en plena faena

¿Cómo fue el proceso que te condujo a La Peira?

Yo, en mis análisis, veía las barbaridades que se hacían. Yo creo que era algo inconsciente, porque los labradores son la clase social y económica más baja en todo el mundo. No se les puede criticar tan fácilmente, porque con su trabajo se ganan su sustento. Si un campo de patatas da dos mil kilos, pierden dinero; tienen que hacer cuatro mil, y lo sacan de donde pueden.

Al observar estas barbaridades me disgusté. Porque entonces decían que había estudios de que con cincuenta kilos de sulfato amónico había suficiente abono químico nitrogenado para una hanegada de naranjos. Yo veía las fichas rellenadas por los labradores, y habían tirado cien kilos en abril y en mayo cuarenta kilos de urea, que tiene el doble de potencia que el anterior. Eso era una barbaridad. Y yo se lo decía.

Yo me enteré del concepto de agroecología en una revista norteamericana, “Selecciones del Reader’s Digest”. Es curioso esto. Me puse a averiguar, y enseguida comprendí que era algo de sentido común, frente a esas barbaridades.

Compré esta finca en el año 79, y a partir de ahí lo que yo he hecho ha sido siempre “agricultura ecológica”, entre comillas. Las comillas tienen una explicación. Yo cada día voy eliminando más este adjetivo, porque si la agricultura no es ecológica, no es agricultura, porque lo que estamos haciendo es contaminando, industrializando. No me gusta decir agricultura ecológica. Cada día me separo un más del término, y también de la vertiente académica de la agricultura ecológica. Para mí la ecología es una cosa mucho más amplia.

Yo empecé solo. Fui el primer labrador que hizo agricultura ecológica en la Comunidad Valenciana. Pero no me considero un labrador al uso, que se conforma con su campo; mis ideas eran más amplias: difundir a los labradores y sobre todo a los consumidores lo bueno que pudiera tener la agricultura.

Así que has sido agricultor y publicista.

Cuando empecé, los labradores se enteraron enseguida. Me decían, “para ti, haz lo que quieras, pero para vender…” Y tenían razón, ojo.

Sheila, de la Escuela de Capataces de Catarroja, aprendiendo a sacar patatas.

Sheila, de la Escuela de Capataces de Catarroja, aprendiendo a sacar patatas.

Juan Clemente. Yo desde que conozco la granja, siempre he visto que estaba abierta. Se hacen charlas, comidas en las que se te explica lo que estás comiendo, o se hace una visita a la granja. En su día, el Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo, CEAM, tuvo aquí una parcela para hacer análisis ozonotroposféricos, para estudiar los daños en la agricultura. CERAI y SEAE tuvieron aquí sus primeras sedes. Eso demuestra que la graja ha estado abierta a colaboraciones con todo el mundo. Aquí se ha hecho danza, yoga, actividades con colegios de Benifaió, recogiendo los residuos de las casas y de las cocinas, algo que se mantiene todavía. Es una visión del mundo, otra concepción de la agricultura, pero también de la alimentación y de las relaciones humanas.

¿No has llegado a ser considerado un bicho raro en un pueblo tan competitivo como Benifaió, Josep?

Yo no soy competitivo. No me gusta. En mi época de agente de la propiedad inmobiliaria, la competitividad era un valor muy fuerte. Como yo tenía estudios, algo poco común entonces, yo era delegado de zona, y en las reuniones decíamos que debíamos ser exigentes, competitivos… No me gusta. Lo que hay que hacer es vivir con su carácter, y en paz.

¿Pero has llegado a sentirte víctima de cierto menosprecio?

Yo he seguido mi línea. Nunca he sentido que me menospreciaran. La gente es buena, aunque sea competitiva… A pesar de que a ratos sea mala.

Juan Clemente. Pero en tu familia, posiblemente te enseñaron el valor de la cooperación.

Josep Martí. Bueno, mi padre era ferroviario. Y mi madre no era agricultora, pero iba a sacudir cacahuetes para ayudar a la economía familiar. Y yo he trabajado en el campo, estoy familiarizado con los insecticidas desde mi juventud… Posiblemente mis padres no hayan sido competitivos. Se limitaron a trabajar y a vivir.

Ya lo he dicho antes, al principio la gente me decía que hiciera lo que quisiera para mí, pero que para ganarme la vida lo hiciera de otra manera. Como me han hecho tantas entrevistas en la radio y el la televisión, y la gente a veces está tan embobada con esos medios, piensan que quien sale en ellos es porque es muy importante. Yo he formado parte de la junta directiva de SEAE durante año y medio. La SEAE y el CERAI tenían los mismos directivos o muy parecidos. Y montaron en uno de los cuartos que tenemos aquí una oficina para hacer agroturismo. Eso duró tres o cuatro años.

¿Qué es La Peira?

Es el nombre de la partida, y nuestro registro oficial es Granja La Peira Cooperativa Valenciana. Tiene muy pocos miembros, los necesarios para estar dentro de la ley. Seguimos siendo en la actualidad cuatro. Pero yo estoy jubilado, mi hija está de baja maternal, Amparo, mi compañera, está en el paro, y el otro socio tiene 92 años. Tenemos un trabajador fijo contratado.

En torno a la cooperativa hay más personas. Por ejemplo, ahora hay una chica de prácticas de la Escuela de Capataces Agrícolas de Catarroja, además del trabajador fijo está su compañera que nos ayuda y vive aquí, y también hay una húngara, un eslovaco y un checo que han venido por unos días y nos echan una mano. Todo el que viene y no tiene otra cosa, se queda.

Juan. Otro ejemplo es el mío. He estado trabajando en la granja a través de CERAI, y mantengo la relación de estima y de colaboración. Y como yo, están otras personas de CERAI. Hace poco hicimos un horno de leña, ayudamos en las revisiones contables, en la difusión…

Josep. Aquí, los que colaboran lo hacen más por amor que por lo que puedan sacar. Algo se llevan, eso sí. Porque lo que tenemos aquí de sobra es comida. Lo que no tenemos es dinero. Lo que nosotros necesitamos ahora es vender, tener clientes, porque estamos pagando una hipoteca y estamos ahogados.

¿Cómo se hace la venta?

Tenemos clientes a los que servimos, o vienen aquí a por las cestas.

Juan. En este comedor, cuando se hace una paella con productos de la granja un fin de semana, se cobra.

Josep. Prácticamente todo lo que vendemos es en directo. Tenemos alguna tienda que nos compra. Por ejemplo, a Navarro le hemos servido durante muchos años, parte de lo que ellos compran.

Patricia y Rafa, de Sollana, limpiando su cultivo de autoconsumo en La Peira.

Patricia y Rafa, de Sollana, limpiando su cultivo de autoconsumo en La Peira.

¿Qué superficie tiene la finca?

La superficie de la finca es de tres hectáreas y un cuarto, 3,25. Entra la casa, los huertos y los corrales. Es una finca agropecuaria. Una finca es más ecológica cuanto más biodiversidad tiene, tanto sea doméstica como silvestre. Aquí tenemos unas doscientas ovejas guirra, raza valenciana, unas setenta cabras murciano-granadinas, más de 300 gallinas y gallos de Chulilla, procuramos que sean razas autóctonas.

Nosotros cerramos el círculo natural. Digamos que empezamos en agricultura, lo que sacamos nos lo comemos, lo que sobra se lo come en ganado. Aprovechamos hasta nuestros propios excrementos para compostarlos. Otro de los trabajos es recuperar restos de poda de los alrededores, de jardinería también, que casi todo se puede aprovechar. Tenemos que certificar todo aquello que nos traigan para compostar. Hay dos maneras de criar, en extensivo y en intensivo. En Valencia no se pueden criar en extensivo en toda la extensión del concepto, porque no tenemos pastos. Así que aprovechamos los rastrojos: cuando recogemos un campo de lechugas, entra el ganado con el permiso del amo, que a veces nos llama. Con la oveja guirra lo que hacemos es sacarla del corral cuando tiene que comerse restos de un cultivo en la finca.

Otro ejemplo, en Benifaió, la poda de los árboles la traen aquí. Y nosotros lo que hacemos es, por ejemplo, la morera, los olivos, los plátanos, se lo damos a las ovejas. Se lo comen, y utilizamos sus excrementos como materia orgánica tratada. Y con el resto lo que hacemos es triturarlo y compostarlo, y echarlo en el campo. No nos limitamos a compostar lo nuestro, sino que encima hacemos una labor que creemos que es importante, triturar y compostar cosas ajenas, pero próximas, porque desde nuestro punto de vista, cuando más cerca se hagan los procesos, mejor y más ecológico. Volvemos otra vez al asunto de la agricultura ecológica, concepto del que yo paso, porque no hay agricultura si no es ecológica. No se trata solo de no utilizar elementos químicos de síntesis contra las plagas o para abonar, sino que es algo mucho más amplio. Es cosa de aplicar el sentido común. Cuanto más sentido común apliques, más ecológica es la agricultura.

Juan. En La Peria se crean relaciones permanentes con la mayoría de las personas que hemos pasado por aquí. O bien prestando una ayuda, o bien haciendo pedidos, dando a conocer la granja a un grupo de consumo… cosas de este tipo. Es un fenómeno relacionado con el funcionamiento de la naturaleza. Existe una planta llamada hongo micorrices, que hace una simbiosis con las raíces de las plantas, y se crea un beneficio mutuo. Las plantas se relajan, porque los hongos se encargan de absorber los nutrientes del suelo, y el hongo utiliza la planta para absorber nutrientes producto de la fotosíntesis que él no puede sintetizar. Los hilos del hongo, el micelio, son capaces de alargarse un metro por cada centímetro de raíz. En leguminosas está muy estudiado. Existe un texto que compara en términos poéticos este fenómeno con la red de reciprocidad que se da en el tejido social campesino. En la sociedad se desarrolla una relación de reciprocidad muy parecida o comparable a la de los hongos micorrices y las raíces de las plantas.

Josep Martí en el área de compostaje de La Peira

Josep Martí en el área de compostaje de La Peira

Josep. Una de las bases de la granja es la biodiversidad, como he dicho. Esto es algo científicamente contrastado, pero pertenece al sentido común. Todo está tan relacionado que, en cualquier momento, no solo las leguminosas, sino cualquier planta participa; nos ayudamos los unos a los otros, en términos humanos. Y otra base es la recuperación de restos que pueden ser útiles en agricultura, ganadería y para nosotros directa e indirectamente, restos que potencialmente son contaminantes, por ejemplo, la fábrica de glucosa de Benifaió. En los últimos diez o doce años está colaborando con nosotros, pero ha estado cincuenta años tirando restos de maíz, y antes de boniatos. Lo que descartan por medio de tamices son restos de corcho, piedras, hierros, lo que hay en las eras cuando se carga el maíz, para extraer con mayor facilidad la glucosa de los granos. Todo ese sobrante lo tiraban con otro tipo de deshechos al basurero, latas, pinturas… una contaminación tremenda. Y encima pagaban. Cuando me enteré de ese mal uso, me puse en contacto con la dirección y lo estamos aprovechando.

Se ve cómo la agricultura ecológica es una para algunos y otra para otros. Lo mismo que con los vegetarianos Hay sesenta maneras de ser vegetariano: veganos, ovolácteos, etc. en agricultura, igual: orgánica, biodinámica, ecológica, permacultura. Y al final todo es lo mismo. Variedades del mismo saber. Se trata de tomar todo lo que puedas de todo lo que vayas aprendiendo, y ponerlo en uso.

No te alineas con nada, huyes del dogmatismo.

No me puedo alinear con nada. Es absurdo. Como alinearse con los negros y decir que los blancos son una porquería o al contrario, que ha sido lo más extendido hasta ahora. Se trata de aplicar el sentido común. Nada más. Claro, si no tienes sentido común, no puedes emplearlo. A mí me hablan de sistemas agrícolas ecológicos y me parecen bien. Es una manera de ensalzar a personas que tienen categoría, sí. A mí no me ensalzarán nunca, porque no he acuñado nada. Ni ganas que tengo de que lo hagan.

¿Crees que ese retorno a la tierra entre algunos jóvenes cuajará?

Hay gente que se pasa a lo ecológico por convencimiento. Porque lo han estudiado, porque lo han vivido desde niños… Hay un movimiento de personas que se arriman a la naturaleza, pero ya veremos como cuaja. Pero pienso que la mayoría lo hace por intentar salir del atolladero.

El inconveniente que tienen muchos jóvenes es que las leyes están hechas para las grandes empresas, para el sistema de producción industrial de alimentos…

Juan. Se habla mucho de “emprendedurismo”, pero las normativas van en contra.

Josep. Se acumulan los inconvenientes. En las reuniones que hemos hecho de la Plataforma de Soberanía Alimentaria, como yo tengo una larga experiencia, los jóvenes me preguntan con ansiedad qué pueden hacer. Hay muchos jóvenes que quieren hacerlo todo muy legal y acaban tropezando con la ley. Y otros que sin tanto miramiento, también tropiezan… Es un movimiento que va empujando hacia delante. Pero piensa que ninguno de estos jóvenes es agricultor, vamos, la mayoría no ha sido labrador. Una de las cosas que tiraba en cara al CERAI es que hacían cursillos, talleres, cooperación internacional y todo eso, pero en las reuniones no había agricultores. También se quejaba de eso Vicent Martí de Alboraia: “Hombre, en muchas de las mesas redondas que se hacen no hay labradores”. Y lo dice una de las pocas personas que siempre se han dedicado a la agricultura ecológica en Valencia. Él es más labrador que yo, que no lo he sido nunca. Nació en la Huerta, se crió entre caballos y continúa en ese ámbito. Venga reuniones en la Facultad, en la Politécnica, en todas partes… y no hay agricultores. Y los hay bien dogmáticos, sin tener idea de lo que es la práctica ecológica.

Juan. No deja de ser normal. Porque se ha menospreciado la figura del labrador, el sistema ha hecho inviable al pequeño agricultor. Se ha forzado a la huida del campo hacia la ciudad. Y toda esa sabiduría, esa relación con la naturaleza se ha perdido. Así que ahora que está estallando todo, que las ciudades se están superpoblando, se está generando un enorme paro. Y mucha gente joven se mete en este ámbito, por un lado porque necesitan ganarse la vida, al menos sacan para comer, y por otra, porque la conciencia medioambiental, la relación con la cultura ancestral, con la agricultura está creciendo.

Josep. Hay un caso curioso que puede servir de anécdota. Los labradores actuales, sean viejos o jóvenes son “peores” que estos jóvenes ecoagricultores que no eran labradores. Esta gente joven se agarra a lo natural, sin embargo, los labradores que viven de la tierra en plan industrializado, incluso los jóvenes, se apartan de la naturaleza.

Fernando, de Paterna, y Eduardo, de Requena, en otra parcela de autoconsumo.

Fernando, de Paterna, y Eduardo, de Requena, en otra parcela de autoconsumo.

¿La transformación se producirá como consecuencia de una catástrofe o del sentido común?

Josep. Yo creo que costará mucho. Pero se hará. Cuando yo empecé en el año 79, llevábamos un saco de patatas a los pocos restaurantes vegetarianos que había, Anaeva, por ejemplo. Ahora ya hay muchos restaurantes que compran productos ecológicos.

Juan. Mi punto de vista es optimista desde el pesimismo. ¿Por qué se hizo Cuba agroecológica? Porque se quedó sin nada de repente. Lo que le enviaban desde Rusia se cortó: productos químicos para abonos, insecticidas, pesticidas, petroleo, maquinaria, de todo. Y se ven obligados a volver a trabajar el campo con animales, buscar innovación en estas condiciones, como derivados de plantas para combatir las plagas, y cambiar todo el modelo. No les quedaba otro remedio. En ese sentido yo creo que como estamos tan cerca del colapso del petroleo, del colapso energético en general, del colapso de la paciencia humana, somo dice Gustavo Duch, estamos tan cerca que el cambio es casi inminente. Como dicen en Palestina, las mejores salidas están en los callejones sin salida. Llegar a un callejón sin salida será muy doloroso, porque padecerá mucha gente, siempre los mismos, es es el mal real; pero soy optimista, porque sobrevendrá.

Josep. Es que no hay más remedio que cambiar. Yo no lo veré, y a lo mejor los jóvenes tampoco. Me refiero a otra manera de vivir el mundo. Me sabe mal decirlo, pero no iremos a más, no viviremos otra vez como hemos vivido en la última década; posiblemente iremos abajo. Pero será mejor en muchos sentidos.

Juan. Redefiniremos las necesidades, lo que es bello y lo que no lo es.

Josep. Antes decía que los labradores convencionales, tanto si son jóvenes como si son mayores, dicen, “es que volver al pasado…”. Eso puede decirlo un hombre de ochenta y tantos años, que ha trabajado la tierra de modo natural, que sabe mucho. “Es que volver atrás…” Pues económicamente yo creo que la gente no tendrá mas narices que volver atrás. Lo malo es que podríamos no volver atrás, si las cosas estuvieran mejor repartidas. Pero como se reparte mal, siempre lo pagan los mismos. Eso es lo que me duelo, que pagan los de siempre. Pero por lo demás, el mundo, en general irá hacia atrás. Y a lo mejor, esos que vienen ahora en pateras nos traen mejoras. Es curioso que hace siete o diez años, venían hispanoamericanos aquí lamentándose de que no tenían trabajo. Yo les decía, “¿creéis que vosotros estáis mal? Los que vamos a estar mal somos los europeos, porque no tenemos ni idea de cómo funciona la naturaleza”, lo digo globalmente, claro. Les intentaba convencer de que ellos estaban pegados a la tierra, mientras que nosotros vivimos suspendidos en una altura artificial, y cuando se hunda lo de debajo, nos pegaremos un trompazo. Y es lo que está pasando.

 

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