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Los primeros emigrantes españoles en Alemania

Texto y fotos de Fernando Bellón

Los jóvenes sobradamente preparados que van hoy a abrirse paso en las universidades y empresas de alta tecnología alemanas gozan, a veces sin saberlo, de la larga y dura experiencia de los emigrantes de los años 60. Aquella generación tiene una perspectiva más amplia, tanto de la forma de vida teutona, como de las posibilidades que ofrece. Su mirada es más crítica y acaso más ajustada a una realidad que, desde lejos, se parece a Jauja.

La década de los años 60 del siglo pasado es la de la emigración española a Europa.

Un excelente resumen de lo que fue el fenómeno se encuentra en este documentado artículo colgado de una página holandesa (está en español) La emigración española a la República Federal de Alemania. Antonio Muñoz Sánchez.

Para quien desee ahorrarse la lectura, inserto estos párrafos.

Las primeras medidas de liberalización [del gobierno franquista]colapsaron el atrasado sector agrícola, del que aún vivía la mitad de la población. La consecuencia fue un espectacular éxodo rural. Más de siete millones de personas, el 20% de la población española, abandonaron sus pueblos entre 1960 y 1973, de ellos más de dos millones camino de Europa.

El proceso migratorio se realizó lo más ordenadamente posible, merced a una no siempre limpia colaboración entre el Instituto Español de Emigración, creado al efecto, y la Comisión Alemana. Esto originó un lento proceso burocrático que provocó la salida particular de decenas de miles de emigrantes “ilegales”. Por ejemplo, los trabajadores especializados no podían emigrar “legalmente” por ser considerados imprescindibles para la economía española.

De media, 800 emigrantes asistidos salían semanalmente para Alemania, más del 25% mujeres. Concentrados en Irún, un tren especial francés les llevaba directamente a Colonia, desde donde eran distribuidos por todo el país. Unos 400.000 españoles con contrato firmado por un año llegaron en estos trenes del total de aproximadamente 600.000 que fueron a trabajar a Alemania entre 1960 y 1973. En 1966, el español (con 185.000) era junto al griego el segundo grupo de trabajadores extranjeros después del italiano.

Al cerrarse la emigración en 1973 ya habían regresado a España el 70% de todos los españoles que habían ido a trabajar a Alemania desde 1960. La colonia alcanzó su punto álgido en 1973 con 300.000 personas, de las que sólo quedaban 130.000 a finales de los años 80. Desde entonces permanece estable.

Esta última afirmación ha dejado de tener validez este año, como todo el mundo sabe y hemos explicado con datos concretos en nuestro artículo anterior.

Los emigrantes “residuales” de los años 60 no tienen nada que ver con los nuevos emigrantes, pero su existencia, su experiencia y sus instituciones son claves para los jóvenes sobradamente preparados que hoy aterrizan en Alemania.

Centros y Casas de España y sus regiones

En primer lugar, tienen una visión de la realidad alemana fundamentada en toda una vida, y además de ver las ventajas del país, también señalan sus sombras.  Luego, mantienen casas, centros, hogares o como quieran llamarse, y con el adjetivo que adquirieron cuando se crearon (Centro Español, Centro Gallego, etc), que acogen a los jóvenes, y les ofrecen espacio para actividades que vienen muy bien a las jóvenes familias, como es el caso del Pio Pío del Centro Galego de Núremberg.

Un grupo de emigrantes españoles de primera generación, en el bar del Centro Español de Núremberg, el primero que se abrió en Alemania, un domingo por la mañana

En esta ciudad se abrió en 1961 el primer Centro Español de toda Alemania. Todavía sobrevive, no en el lugar más atractivo y adecuado, pero está a la espera de su reinstalación en un edificio modernizado.

Antonio Fernández es su actual presidente. Están a la espera de que el ayuntamiento de la ciudad rehabilite una antigua instalación de la empresa AEG, que contendrá el Centro Español y otras instituciones y servicios ciudadanos.

Antonio Fernández es el propietario y gerente de Bodegas Andaluzas, que provee de productos españoles, a precios razonables, tanto a los emigrantes (nuevos y viejos) como a una consolidada clientela de ciudadanos alemanes que se han aficionado a la gastronomía española.

Antonio Fernández llegó de Granada con sus padres, en la primera oleada de emigrantes. Se ha educado en Alemania y hoy forma parte del Nürnberger Rat für Integration und Zuwanderung (Consejo Nurembergués para la Integración y la Inmigración). También del Consejo de Residentes Españoles en Baviera. Es uno de los españoles mejor relacionados con la Alemania oficial, ventaja que dispone a beneficio de sus compatriotas.

Antonio Fernández, en «La Taberna Andaluza»

Estos puestos de observación le permiten sacar sus propias conclusiones. Asegura que los alemanes han echado cuentas y han previsto que para 2050 necesitan 20 millones más de población, imprescindibles para mantener la forma de vida a la que están acostumbrados. En los últimos años se ha introducido lo que Antonio llama la “cultura de la bienvenida”, frente a la tradición inerte de esperar que los inmigrantes se integraran por su cuenta y riesgo. Las empresas alemanas buscan especialmente españoles porque por experiencia saben que son buenos trabajadores, con capacidad de integración y con un alto sentido de la responsabilidad.

Advierte la llegada de nuevos españoles en sus visitas a la tienda, sobre todo los sábados por la mañana. Muchos de ellos, dice, son jóvenes no universitarios o al menos sin titulación superior técnica, que vienen a buscarse la vida, a veces por su cuenta, igual que hicieron los emigrantes de los años 60. Una diferencia, antes las mujeres eran una rareza, hoy vienen casi tantas como hombres; se nota que tienen más iniciativa. Este diciembre, el Consejo de Residentes Españoles en Baviera prepara una jornada de explicación pública a los recién llegados sobre las fórmulas administrativas alemanas, realizada por expertos.

El optimismo de Antonio contrasta con el realismo germánico de Piedad Ramos, encargada de la programación de actividades del Centro Español de Núremberg. Piedad es auxiliar de sanidad. Llegó a Alemania con sus padres hace tres décadas; toda la vida la ha pasado aquí. Dice que los sueldos han ido bajando en los últimos años en Alemania, así como las prestaciones sociales. El palo empezó hace 12 años, lo llevó a cabo un gobierno socialdemócrata. Estos ahorros, son los que ahora le toca hacer a España, deduce, y explica que quizá eso es lo que ha salvado a Alemania de la crisis. También advierte que un quinto de la población de Núremberg, más de 100.000 personas viven bajo el umbral de la pobreza, lo cual evidencia las flaquezas de Alemania.

El mostrador de Bodegas Andaluzas, una tienda de ultramarinos que surte a clientes españoles y alemanes, en especial a estos últimos

Calcula que en Nuremberg debe haber sobre 1.400 españoles activos. En sus mejores tiempos ha habido más de 7.000. Trabajaban en la AEG, en Quelle y en otras empresas como MAN, que ya han pasado a la historia de la industria, dejando a miles de personas en la calle.

El tren de la memoria y los Minijobs

El documental “El Tren de la Memoria”, realizado por Marta Arribas y Ana Pérez en 2005, evoca el viaje de varias mujeres españolas a la ciudad de Núremberg en los años 60. Escuchar las confesiones de los viejos emigrantes es una lección de historia y de humanismo. Uno de ellos admite que conoció el centro de la bella ciudad hace muy poco, cuando un cuñado suyo llegó en verano de vacaciones y se pasearon por la ciudad. Descubrió que era preciosa. No se había preocupado de visitarla porque la cultura y el arte antiguos eran un lujo para su forma de entender la vida. Otra emigrante dice que vivían en otro mundo, que tenían otro ambiente, en el club español, el gallego o los bares españoles. No les interesaba la ciudad, vivían encerrados en sus casas, en sus barrios, en sus bares. Exhibirse les daban miedo o vergüenza, o les producía inseguridad en una ciudad de la que se sentían literalmente excluidos. Era una marginación secundada por la automarginación y por la ignorancia.

Las ventajas y vicios de los minijobs son otro tema de debate entre los españoles nuevos y antiguos en Alemania. Son puestos de trabajo de 80 horas mensuales que no cotizan impuestos, no declarables en Hacienda, y que tampoco obligan a los empresarios a cotizar en la Seguridad Social. Se concibieron, dicen, para quienes ganaban un sueldo bajo, para jubilados que querían completar su pensión y para estudiantes. Algunos critican que se ha mal utilizado una posibilidad para estimular la economía, y que está rebajando los salarios de los sectores afectados; al final se han transformado en un perjuicio para el estatus adquirido por la clase media, que está siendo minada. También critican que lo que buscaban los maquinadores del esquema era precisamente eso, bajar los salarios.

Básicamente están implantados los minijobs en la hostelería, los servicios, el comercio, y la limpieza. En realidad, aseguran los críticos, es pluriempleo.

No es que tengan los minijobs abiertos defensores, pero hay quien los ve con buenos ojos, y destacan que al menos dan trabajo a muchas personas.

Las sombras de Alemania

Son numerosas las sombras que arroja Alemania sobre sus propios ciudadanos y sus ciudadanos «invitados». El favoritismo y la corrupción política están entre las destacadas. Greco, el Grupo de Estados contra la Corrupción, del Consejo de Europa, asegura en un informe reciente que Alemania no está haciendo lo que necesita para luchar contra la corrupción política.

Y por citar una fuente española, he aquí dos piezas de Rafael Poch, uno de los corresponsales españoles mejor acreditados en Alemania (de «La Vanguardia»), en las que se pone en evidencia la legalidad democrática en la RFA durante los años en los que parecía ejemplar: Cómo Alemania anuló el secreto postal y telefónico. Y la entrevista con el historiador Josef Foschepoth «La historia de la República Federal está aún por escribir«, en la que cuenta que los servicios secretos de la RFA interceptabanen los años 90 más de cinco millones de llamadas telefónicas al día.

Otro ejemplo sombrío es el de Irene, una española casada con Kai, un alemán, y con dos niños, residentes en Núremberg. Alquilaron una vivienda a la inmobiliaria Schultheiss, desconocedores de que la ex esposa del dueño de la firma era su vecina. Esta señora tuvo la ocurrencia de dedicar una piscina interior privada construida en el edificio a la práctica de la natación infantil, siendo los niños los únicos que, por su tamaño, podían nadar en aquella bañera gigante. Al carecer la instalación de vestuarios y sala de espera o algo parecido a eso, los chiquillos se cambian en el rellano, delante de la puerta de Irene y Kai, obstaculizando el paso. El matrimonio denunció a Frau Schultheiss, y el asunto salió incluso en el periódico de la ciudad. No consiguieron del juez más que la prohibición de que se usara el rellano como vestuario, algo que no hay forma de ejecutar. Al parecer Frau Schultheiss y sobre todo Herr Schultheiss tienen fuertes influencias en el ayuntamiento, que concedió en su día la insólita licencia. Esto, en España, habría sido considerado una prueba de favoritismo tercermundista.

A pesar de todo, Alemania merece la pena para muchos españoles, que siguen mirando a su pasado laboral en España como una pesadilla poblada de incompetentes y enchufados.

No me resisto a cerrar este artículo con un texto extraído del grupo de Facebook «Españoles en Nuremberg», el día 1 de noviembre. Con la pereza que me ha dado hoy, me apetecía comida china sin salir de casa. Busqué en Google «comida china Erlangen», y al cabo de 45 min suena el timbre.¡Olé! Llegó el pato mandarín. Ja ja. Coño era un sevillano con un par de meses en Alemania

 

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