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Visiones y fugas de la Pandemia

Un ensayo de Fernando Bellón

El Covid 19 ha llenado Internet de declaraciones, discusiones, entrevistas y mesas redondas sobre las implicaciones políticas y económicas de la pandemia, así como especulaciones sobre el inexplicable origen y difusión del virus. No estamos hablando de las “redes sociales”, de las ocurrencias, exabruptos e influencers, sino de iniciativas privadas de personas cualificadas, financiadas a base de cuotas voluntarias de la audiencia, y con discursos cuyo calado y difusión compite con los medios tradicionales de acceso comercial. Es una forma de oponerse a una corriente casi monolítica de los mass media, utilizando una tecnología que, de momento, les da cancha, aunque algunos temen que la censura acabe silenciándolos.

Cada día es menos inexacta, menos incierta la sospecha de que la pandemia de Coronavirus es un fenómeno urdido y sincronizado por fuerzas institucionales sólidas y sórdidas, un ensayo de ingeniería social.

No hay datos fehacientes, no hay testimonios, no hay pruebas tangibles. Pero tampoco las hay de la guerra de Troya cantada por Homero, y no hay duda de que hubo una Troya y que fue destruida varias veces. Del mismo modo que nadie da por fantasía la entrada de grupos organizados en la península Ibérica en el 711 procedentes del norte de África, la revuelta de Asturias diez años después, la presencia de vikingos en las costas norteamericanas siglos antes que Colón, o que existieron civilizaciones adelantadas y misteriosamente borradas en Mohenjo Daro antes de la llegada de Alejandro Magno al Indostán. Faltan detalles. Solo eso. Pero esos detalles son decisivos.

¿Cuáles son los detalles ausentes en la posible conspiración para fabricar un virus y expandirlo por el planeta? Nombres de las instituciones responsables, identificación de las personas que lo crearon y lo han difundido (y se diría que lo siguen difundiendo), cómo llevaron a cabo ese complejo plan, y de qué medios se han valido para tener en un puño a los políticos más influyentes del planeta. Todo esto precedido del adverbio “supuestamente”.

Como ha ocurrido en todas las situaciones explosivas que han arrasado cuatro continentes a lo largo de la historia, resulta prácticamente imposible averiguar con certidumbre quién, cómo y cuándo fueron provocadas. Entre otras cosas porque fuentes decisivas han sido tapadas y borradas. Sea la historia un relato, un conocimiento filosófico o un mito, reproducir con precisión inapelable el curso de los acontecimientos que la han ido modelando es un empeño vano. Al final mucho se queda en hipótesis. ¿De dónde vinieron los dorios? ¿Cuál es el origen de los iberos? ¿Kennedy fue víctima de una conspiración? ¿Intervino la CIA en el asesinato de Carrero Blanco? Etc.

Basándome en las informaciones a las que Internet da acceso, destacan dos interpretaciones de la pandemia.

La explicación oficial

Un virus de procedencia y origen todavía oscuros se extiende por los los cinco continentes desde la ciudad china de Wuhán, contagia a medio planeta, extermina a más de un millón de personas, y a esta altura de los hechos, tiene en jaque a cinco mil y pico millones de personas, porque los otros mil y pico millones, los chinos, parecen haber salido indemnes (milagro divino desconcertante en el país donde más ateos hay). Manifiestamente imparable en casi todo el mundo salvo en la China, en cuestión de meses se han fabricado vacunas que prometen erradicar la enfermedad. No ha habido tiempo de probar su eficacia, aunque sus promotores aseguran que es muy alta; sin embargo, los efectos colaterales se desconocen por completo… hasta que empiecen a aparecer. A todo esto hay que añadir los confinamientos, el caos sanitario, la difusión de nuevas cepas, el terremoto económico, el baile de cifras, los consejos contradictorios de los expertos, las apariciones estelares y ridículas de los políticos… Llevamos nueve meses de caos, y ya nos hemos hecho a él.

La explicación conspirativa

La pandemia es una prueba de ingeniería social preparada y controlada por los que se proponen instaurar un gobierno global (el globalismo), acabar con los estados nacionales, implantarnos biotecnología, confundir a los seres humanos con programas sobre una identidad de género difusa, enredar a la ciudadanía con utopías étnicas, difundir el aborto y la eutanasia al máximo, y reducir la población del planeta.

Como especular sobre los responsables de esta posible conspiración no aclara nada, voy a centrarme en los argumentos que se escuchan en las redes, siempre ajenos a la prensa convencional (a la que acusan de instrumento obediente a los globalistas), pero con una audiencia millonaria.

Me centraré en los portales hispanoamericanos, que son los que sigo, los que entiendo mejor y los que más impacto tienen después de los anglosajones, aunque a los secesionistas catalanes les cueste dolor de muelas. Con una excepción de la que me acabo de enterar, el doctor norteamericano Andrew Wye, virólogo e inmunólogo, según él declara, que asegura que el Covid 19 no existe, que su equipo ha analizado 1500 pruebas PCR, sin encontrar más que muestras de gripes conocidas. Según él las víctimas fatales del Covid 19 lo fueron “por enfermedades concomitantes como enfermedades cardíacas, cáncer, diabetes, enfisema, etc. y luego contrajeron la gripe que debilitó aún más su sistema inmunológico y murieron”.

Casi todos los que emiten sus discursos o dialogan con personas como ellos son periodistas o académicos, quiero decir profesores de universidad o de enseñanza media o ambas cosas. Personas bastante bien preparadas, de fluida retórica, simpáticos y bien relacionados.

Esto es clave, porque de un modo deliberado o espontáneo van creando redes, y muchos acaban apareciendo en los portales de otros, en un ejercicio de solidaridad ideológica contra una parte, en el caso del que hablo, contra el globalismo considerado como una conspiración más o menos evidente para crear un gobierno mundial.

Supongo que a algunas personas esto les parecerá una solemne tontería. A mí, no. Y tengo razones para temer este objetivo, que es viejo como el mundo, y que se expresa una y otra vez en la filosofía mundana de un montón de ciudadanos que echan en falta un gobierno mundial para poder enfrentarse con eficacia, suponen, a la pandemia. Pero no se trata de enjuiciar intenciones sino de enunciar realidades.

Me interesa destacar unos rasgos comunes en esos portales individuales o colectivos.

La defensa del hispanoamericanismo frente al dominio anglosajón.

La confesión cristiana en su mayoría aplastante católica, frente al protestantismo anglosajón, lo cual incluye críticas más o menos fuertes contra el Papa Francisco.

Un conservadurismo ideológico que va desde un vago liberalismo (los liberales más nítidos escapan de los rasgos citados antes) a una defensa de los valores de la tradición, la familia, la fe y la patria.

Un apoyo de la política del ya expresidente Trump, lo cual no quiere decir un apoyo a Trump, cuya ética personal critican, como el único político que durante cuatro años ha plantado cara al globalismo.

Una visión de la izquierda encajada en el término “social-comunista”.

Defensa de los intereses nacionales en sus aspectos políticos, militares, económicos y sociales, y sustitución del sueño internacionalista o globalista por el de ejercicio de la diplomacia.

Denuncia de la ideología anglosajona en todas sus manifestaciones, a cuyas elites económicas antiguas y modernas financiero-tecnológicas responsabilizan de la manipulación de las grandes instituciones internacionales tipo ONU, Organización Mundial de la Salud, Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, Foro Económico Mundial, etc.

Atribución de la pandemia del Covid 19 a intereses globalistas, no tan oscuros en la medida que se publicitan a través de los dirigentes de las organizaciones mencionadas.

Conviene señalar que estos rasgos no tienen la misma carga política en todos los casos, es decir, algunos canales son más radicales (por utilizar una categoría estándar) que otros.

Esto viene a establecer otra distinción, dentro de los antiglobalistas, los reflexivos, es decir, que utilizan argumentos, citas, un lenguaje moderado, y el de los propagandistas, cuya procedencia me hace situarlos en los Estados Unidos de Norteamérica.

En estos últimos casos me permito deducir que tienen algún tipo de ayuda o financiación, en especial por el tipo de tecnología que usan. Entre los primeros, se limitan a almacenar sus clases magistrales y tertulias en You Tube, sin privarse de denunciar la censura que supuestamente ejerce este instrumento.

Y antes de adentrarnos en un corto análisis del asunto, cabe señalar que los portales españoles, tanto los personales como los asociados a algún medio de comunicación establecido, no hacen gala de religión (aunque algunos de sus comunicadores aparecen en canales hispanoamericanos católicos), y no suelen encontrar ni en la Unión Europea ni en sus instituciones los vicios globalistas que el resto de los canales aquí descritos muestran. En otras palabras, no son antiglobalistas decididos, no están en contra del globalismo. Si bien distinguen entre la globalización como fenómeno indiscutible e imparable, y el globalismo conspirativo.

Voy a citar algunos ejemplos para que el lector interesado pueda consultar si lo desea el resumen que aquí ofrezco.

Historia con Patricio Lons.

Periodista argentino, especializado en historia, católico profeso, buen retórico. Denuncia la catástrofe del continente hispanoamericano a partir de las llamadas “independencias” o “movimientos libertadores”, como un foso que se abrió en esas sociedades, que todavía no ha sido superado ni lo será mientras no se recupere una relación unitaria con España, basada en las relaciones no coloniales que cohesionaron la corona española durante tres siglos en las dos orillas del Atlántico Esta propuesta, que avergüenza a muchos progresistas, es defendida por notables profesores de historia, académicos de esta disciplina, además de por “agitadores” contra la Leyenda Negra estilo Elvira Roca Barea y otros, y por la Escuela de Filosofía Materialista de Oviedo, de la que hablaremos al final.

Patricio Lons mantiene varios portales abiertos, que subvenciona con aportaciones económicas de los seguidores. Prácticamente a diario sube un tema nuevo a You Tube, casi siempre relacionado con la crisis económica, la del Covid 19, la caverna globalista anglosajona, y el acoso a la religión católica por abortistas, sectarios del género, el transgénero, el transhumanismo y otras gaitas. Tiene muy mala imagen del papa Francisco, de cuya renuncia parece estar convencido. Conversa con invitados que sostienen sus mismas posiciones, historiadores, sacerdotes, de diferentes países hispanoamericanos, y participa en debates organizados por sus amigos. Ha hecho un seguimiento de la campaña presidencial norteamericana, acompañado del mexicano residente en los Estados Unidos Luis Medina, que también tiene un canal llamado Reconquista; entre ambos han seguido con atención las votaciones y el discutido proceso de recuento de votos, apostando ambos por una posible manipulación.

Otro profesor reconocido en Argentina y en toda Hispanoamérica es Marcelo Gullo. Pone empeño en declararse peronista, si bien se distancia del peronismo realmente existente en Argentina, y se identifica con el general Perón y su esfuerzo por desarrollar la industria nacional y la economía argentina en los años 50 del siglo pasado. Autor de libros sobre geopolítica, uno de ellos se titula “La insubordinación fundante”, en el que, en resumen, plantea que hoy y siempre las naciones o han estado subordinadas a otras o a un imperio, o han mantenido a sangre y fuego su soberanía. Lo curioso es que existe una edición en PDF de este libro editado por la “Fundación El Perro y la Rana”, del estado bolivariano de Venezuela, con una introducción exaltando el antiimperalismo del profesor Gullo. Ignoro si Gullo ha reaccionado a esta atribución que los bolivarianos hacen de su trabajo, pero tanto él como Patricio Lons como los que se mencionarán a continuación, sienten horror por el populismo venezolano. Gullo también es católico y, para entendernos, conservador en el sentido de defensa de la independencia, la patria y la autosuficiencia económica.

Micklos Lukacs es la tercera personalidad que vamos a destacar. Es peruano (de origen húngaro), profesor de la Universidad Martín de Porres, residente en Inglaterra, desde donde interviene en conferencias, debates con personas muy bien preparadas como él. Su discurso es de una calidad formativa y pedagógica elevada. También se alinea con el catolicismo, reivindica el trabajo político de Trump contra el metacapitalismo y el globalismo.

Omar Bula Escobar, un exfuncionario de la ONU colombiano, es el cuarto ejemplo que traemos a colación. Persona de talante serio, similar al de Marcelo Gullo, sistematiza con precisión sus ideas sobre el globalismo y el papel de las instituciones internacionales, como la que él conoce bien, en la urdimbre de ideología y circunstancias contrarias a la independencia de las naciones pequeñas o al menos no dominantes.

Deslinda la confusión entre globalización y globalismo. Globalización es un fenómeno espontáneo, con vida propia, que no dejará de crecer, en el que se integran actividades económicas, mercado, fuerzas motrices, cambios tecnológicos y políticos y financieros, con una disminución de costes de transportes, y comunicaciones sociales y culturales. El Globalismo, por contra, es una ideología, un movimiento político que viene siendo implementado desde hace 20 años, que considera que el Estado Nación es obsoleto. El nuevo orden mundial abarca las esferas de la paz, la seguridad la economía mundial, nexo medio ambiente y desarrollo, derechos humanos en un mundo sin fronteras.

Define unos nuevos motores de cambio, corporaciones multinacionales, universidades, Big Thec, ONGs patrocinadas por grandes personajes: Bill and Melinda Gates, Open Society Foundations, Soros, Human Rights Watch y los medios de comunicación, controlados por agencias internacionales. La formulación de estas ideas por Omar Bula Escobar es de una nitidez manifiesta. De hecho, las colgó en Vimeo, de donde se podían bajar pagando una cuota, y las pasó a You Tube, gratis, pero a día de hoy las ha descolgado, según información del propio motor.

Se hace una gran pregunta: ¿Por qué destruir lo que existe para levantar un nuevo modelo? Confiesa no saberlo. El espectro político no se basa en conflictos de clase o de interés, sino de poder para los que lo codician, los globalistas. Los nacionalistas del siglo XXI, subraya, no se oponen a la cooperación entre las naciones, siempre que no se transgreda la soberanía. Este nacionalismo no es el mismo que el nacionalismo del siglo XX. El globalismo promueve destruir los valores válidos hasta ahora, la familia, la religión o el libre pensamiento, los valores occidentales.

Termino con una referencia a un grupo de profesores y periodistas hispanoamericanos llamado “Pandemonium“. Se trata de varios libros de ensayos de diversos autores, entre los que cabe destacar Micklos Lukacs, Alejandro Bermeo, Agustín Laje, Carlos Beltramo, que hace de editor, o Mamela Fiallo. Se puede acceder a los libros en PDF. Los componentes se reúnen en debates en la red. Van en la misma línea de análisis conservador, entendido como una defensa del nacionalismo, de la soberanía económica, industrial y financiera de los países, oposición al globalismo, defensa de la religión y de la familia.

En apéndice final me permito sugerir tres libros que abundan sobre este tema, publicados por editoriales españolas poco conspiranoicas. Me han parecido buenos según las referencias en la red.

“Así empieza todo. La guerra oculta del siglo XXI”, del periodista y ensayista Esteban Fernández, editorial Ariel.

“El dominio mental. La geopolítica de la mente”, de Pedro Baños, coronel del Ejército de Tierra, geoestratega, editado por Ariel. Es el único que he leído, y me parece inobjetable en términos generales.

El tercer libro recomendado es “La verdad de la pandemia”, de la española doctora en Comunicación Cristina Martín Jiménez, editado por Planeta.

No he querido colocar enlaces de los referentes mencionados porque son multitud y prefiero que el lector los selecciones y depure. Además, algunos de los videos pueden haber sido borrados o bien por el autor o bien por la casa matriz que los alberga, eso nunca estará claro. Así que, quien desee conocer mejor el paño, tendrá que involucrarse por su cuenta y aprender a navegar en mares procelosos, ejercicio del que se aprende mucho.

Y el colofón de este ensayo es la Escuela de Materialismo Filosófico de Oviedo, fundada por el profesor Gustavo Bueno Martínez. Mediante diversos canales, medios y su fundación desarrolla desde hace décadas una intensa labor de análisis filosófico crítico de la realidad española e internacional, con especial incidencia en el mundo hispanoamericano.

La revista de filosofía digital El Catoblepas publica varias veces al año fundamentados artículos sobre todo tipo de temas, actualidad política, historia, ontología, gnoseología, ciencia, arte, cine, y un interminable etcétera firmados por profesores, periodistas, científicos, estudiantes y estudiosos de diversas materias, casi todos ciñéndose al aparato crítico elaborado por Gustavo Bueno, aunque también refleja debates entre distintas posturas.

En las páginas Nódulo Materialista, Filosofía en Español y Fundación Gustavo Bueno se pueden encontrar archivos con enlaces a libros, revistas, jornadas filosóficas, conferencias y debates grabados en torno a todo aquello que interesa a una filosofía critica del presente. Uno de los productos más sólidos de los últimos tiempos es el llamado “Teatro Crítico” (etiqueta del padre Feijóo, filósofo benedictino durante el siglo XVIII), con cientos de debates y charlas, que desde el inicio de la pandemia se han multiplicado. Por último, cabe citar el portal “Fortunata y Jacinta“, de Paloma Pájaro (Hernández), creadora plástica salmantina que se dedica a hacer balances críticos de temas de actualidad, asesorada por componentes de la Escuela de Oviedo.

¿Por qué cito este “movimiento filosófico” en un artículo sobre la pandemia y la existencia posible de una conspiración globalista?

Porque la Escuela de Materialismo Filosófico de Oviedo comparte puntos de vista con estos grupos. El primero es la visión hispanoamericana, la consideración de los actuales países hispanos de las Américas como la base trasatlántica de la antigua corona católica e imperio españoles (nunca fueron colonias), separadas de España cuando esta estuvo a punto de dejar de existir tras la invasión napoleónica. No se “sublevaron” contra el “colonialismo”, sino que no querían ser víctimas de él, al estilo del imperio francés e inglés, si es que España caía en la órbita napoleónica o británica. Las “Guerras de Liberación” fueron en realidad guerras civiles entre criollos realistas y criollos locales, que dieron el triunfo a caudillos que instauraron despotismos, arruinaron la economía floreciente de los virreinatos, y dividieron arbitrariamente una nación unida.

Valga este resumen como indicativo, porque la realidad es más compleja, naturalmente.

Otro de los rasgos de semejanza es el respeto y defensa del idioma, la cultura y la ciencia españolas. Desde de las instituciones y órganos de la Fundación se detalla y documenta el reconocimiento de las aportaciones científicas en todas las categorías de españoles de España y españoles de las Américas a lo largo de los siglos, incluidos los supuestamente improductivos XVIII y XIX para el genio español. Y viene a concluir que un imperio no dura cuatro siglos si está constituido por bárbaros incultos a quienes entusiasma dormir la siesta y bailar por soleares, tocar el chistu o cantar jotas.

El Materialismo Filosófico se declara ateo, pero sostiene que la religión lejos de ser el opio del pueblo, es una construcción humana apoyada en ideologías concretas e históricas que sirven para cohesionar las sociedades en las que ejercen. El catolicismo fue una seña de identidad de la corona e imperio español, e intentar barrerlo de nuestra historia y de nuestro presente es una irresponsabilidad que, cuando se ha ejercitado, ha tenido funestas consecuencias.

El mejor de los mundos posibles

Si hacemos un somero recuento del pasado de Europa y de las Américas no nos será difícil concluir que estos tiempos son los más estables y seguros de la historia moderna, y que la pandemia, como las crisis económicas y políticas del presente están lejos de producir los efectos que, por ejemplo, la Segunda Guerra Mundial tuvo en la parte del planeta de la que estamos hablando.

El razonamiento de los antiglobalistas que sostienen las teorías conspirativas se basa en argumentos que los propios globalistas han hecho públicos desde las fundaciones y instituciones citadas: control demográfico e introducción de la tecnología en el control poblacional, cambio climático, planificación industrial a escala global, y un gobierno planetario cuya composición y forma de selección queda sin aclararse.

Como puede verse, algunos de los objetivos económicos se van cumpliendo, como la redistribución planetaria de la industria. Que esto sea espontáneo (las fuerzas del mercado) o planificado es discutible. El cambio climático es algo gaseoso, literalmente hablando, porque no se puede evaluar ni comparar los posibles cambios que se producen en una parte del planeta con los detectados a decenas de miles de kilómetros, si no es con voluntad de confundir.

El control demográfico lo va produciendo el mismo desarrollo económico, que hace a las familias más “ahorradoras” en sus presupuestos y en el número de sus vástagos, pero nunca se puede aproximar al que da lugar una gran guerra, exterminando en poco tiempo a cientos de millones de personas, hasta conseguir la cantidad que los globalistas consideran aconsejable. Y para acabar, la “esclavitud tecnológica” de la población se realiza por conveniencia y voluntad de los mismos consumidores; es cierto que dada la capacidad de las grandes compañías, motores informáticos, etc. nuestras actividades y movimientos pueden ser controlados, pero de momento la difusión millonaria de las teorías antiglobalistas, incluidas las más aventuradas, se hace gracias a esos motores. En cuanto a las políticas de transhumanismo, batiburrillo de géneros, aborto y eutanasia regulados de manera demagógica, y otros fenómenos que podríamos llamar pintorescos, son efecto del despiste ideológico de la izquierda, sumida en una indefinición, un caos de objetivos, en definitiva de identidad, que la hace víctima de los intereses de los globalistas, mucho más listos que ella.

Intereses globalistas que sujetan las riendas de la crisis económica provocada por la pandemia, auxiliando a los estados a proteger el nivel de vida de millones de familias mediante préstamos y otros mecanismos financieros en los que son maestros. Las contradicciones que estos intereses en conflicto de momento ocultan, acabarán saliendo a la luz tarde o temprano.Y entonces llegará el momento de comprobar si el globalismo es tan astuto y poderoso como dicen sus debeladores.

El único argumento sostenible es el del exceso de información, que anula la verdad oculta. Resulta difícil saber quién miente, por qué y para qué. Pero no siempre la verdad está oculta. decisivo es si es posible cumplir el objetivo de establecer un gobierno planetario y cómo puede hacerse con consecuencias legales, legítimas, convincentes, y evitando el caos en las naciones. Eso es lo que el Materialismo Filosófico niega, basándose en la dialéctica de los estados y de los imperios. ¿Qué pasará entonces? No queda más remedio que esperar y confiar en la fuerza del pensamiento crítico.

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