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Cultura y comunicación

COLECTIVO GALLINERO: LA NATURALEZA RECLAMA ARTE

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Un centro cultural privado entre pinos segovianos

La naturaleza es arte, y el arte no es más que una expresión natural del ser humano. La cultura necesita del campo, y el campo de la cultura. Ya lo adelantaba Van Gogh cuando defendía que “el arte es el hombre agregado a la naturaleza”. Pero en estos tiempos que corren, donde la naturalidad y el sentido común no son una cuestión baladí, no está de más reivindicar la sencillez por encima de todo, el arte como una necesidad humana y la naturaleza como un espacio intrínseco donde desarrollarlo. Siguiendo estos principios, el Colectivo Gallinero, formado por un pequeño grupo de amigos amantes del arte, decidieron crear una asociación donde compartir experiencias culturales rodeados de naturaleza en Frumales, un pueblito de la segoviana tierra de pinares que durante el invierno apenas supera los 100 habitantes. Un escenario modesto, humilde, incluso a veces áspero para unas aspiraciones muy simples que no son más que la confirmación de que las cosas sencillas siempre son más auténticas. Sus objetivos: potenciar el sentimiento artístico desde la naturaleza y fortalecer las relaciones humanas a través del desarrollo de actividades culturales.

logo_gallineroUn reportaje de Eva Garrido Bayón. Fotografías, Colectivo El Gallinero

Todo empezó cuando un colectivo de amigos, más urbanitas que rurales, más aventureros que metódicos, más desconocedores de la agricultura que verdaderos expertos, decidieron lanzarse a la idea del autoconsumo creando su propio gallinero en el que compartir alimentos y experiencias.

Y, aunque su propuesta puede sonar cercana a las iniciativas neorrurales que defienden una vuelta al campo como alternativa a la rutinaria vida en la ciudad, o a las incipientes tendencias muppies defensoras del consumo responsable, su filosofía no se trata de ninguna moda, ni siquiera de un estilo de vida. Es una consecuencia natural de su relación con el mundo rural.

guitarrista

Amy Jo Doherty

De una subasta de arte a conciertos de jazz

El gallinero no fue más que una excusa. “Había que cambiar la inercia de las comilonas por actividades culturales”, comentan bromistas sus creadores. Por eso, la primera actividad que sirvió como inauguración del colectivo fue la realización de una subasta de arte. Con una sierra y un martillo, improvisaron un escenario en el antiguo corral de la tía Telesfora de Frumales y allí reunieron los más variopintos objetos que fueron cayendo poco a poco en manos del público.

Tras el éxito de la primera convocatoria en el año 2012 y un escenario hambriento de actividad, el Colectivo Gallinero decidió organizar, de manera periódica, eventos culturales donde tuvieran cabida todo tipo de propuestas. Hasta la fecha, pueden estar orgullosos de haber acogido desde actuaciones de teatro, conciertos de música e incluso exposiciones de pintura.

En cuanto a música, han pasado por el escenario del Colectivo Gallinero el dúo Tea for Two con su selecto repertorio de standars de jazz, la polifacética Amy Jo Doherty, el guitarrista Javier Alonso, la voz de Jasmina Petrovic, acompañada de Nestor Ballesteros al piano y el dúo musical madrileño de Beatriz Herrero y Pedro Osuna.

La propuesta teatral ha venido de la mano del grupo Impro Valladolid que, dirigido por Berta Monclús, apuesta por el juego y la imaginación en el escenario a través de las propias iniciativas del público.

Tampoco han querido olvidarse de las artes plásticas, por lo que en el verano de 2015 han llevado a cabo una exposición de pintura de Miguel Mansanet, acompañada de talleres realizados por el propio artista.

Propuestas naturales y con naturalidad

Tanto los artistas como el público que ha pasado por el Colectivo Gallinero reconocen que la iniciativa supone toda una declaración de intenciones y, como el propio Mansanet apunta, “aquello que nace y se hace sin pretensiones, con el corazón en la mano, con pureza de sentimientos y naturalidad, contiene en sí la semilla del éxito. Éxito entendido como dinamización de grupos y encuentros de gente diversa en los lugares comunes donde la sensibilidad y la cultura a todos benefician”.

Pintor

Miguel Mansanet

Y quizás, precisamente, su éxito resida en la naturalidad de su propuesta. Naturalidad que permite que un concierto termine en una jam session por parte del público, a la vez que un conejo corretea salvaje por el césped (sin duda, la forma más natural de mantener el ecosistema) y los asistentes disfrutan de una suculenta cena típicamente castellana: sopas de ajo y gallina en pepitoria.

En definitiva, han conseguido, como ellos mismos dicen, que “en este pueblecito rudo y castellano siempre haya un hueco para la música”. Y un hueco, por supuesto, para todo aquel que muestre interés por la cultura en cualquiera de sus facetas y esté deseoso de participar de ella en un entorno único, alejado de la gran ciudad pero no por ello vacío de interés.

El Colectivo Gallinero “es música y poesía con olor y sabor a campo y naturaleza, sin tiempo, sin prisas, sólo paz y armonía”, porque se sienten felices cuando en el propio jardín de su casa se apagan las luces, se encienden los focos y empieza el concierto.

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