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Agricultura y Naturaleza Entrevistas

PEP ROSELLÓ, AGRÓNOMO Y MIEMBRO DE “LLAVORS D’ACÍ”

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Hay ayudas europeas para cultivos que solo se dan a cambio de comprar semilla certificada

Josep (Pep) Roselló Oltra, ingeniero técnico agrícola y licenciado en Ciencias Ambientales por la Universitat Politécnica de València, y técnico en horticultura del Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA), tiene el privilegio de trabajar en lo que le gusta y en el lugar que le gusta, que es la Estación Agrícola de Carcaixent, el pueblo donde nació.

Lo que hace ahora por gusto.

Una entrevista realizada por Fernando Bellón. Fotos del autor y del archivo de Pep Roselló.

De familia de agricultores, pertenece a la generación de los primeros hijos de labradores que no trabajaron directamente en el campo. Su hermano mayor es maestro, y su hermana farmacéutica. Las líneas genealógicas de Pep proceden de pequeños terratenientes por la línea paterna y jornaleros por la línea materna. El abuelo materno segaba arroz en la Albufera, y luego se iba a hacer lo mismo al Delta del Ebro.

Pep Roselló estudió agronomía porque una beca que solicitó para estudiar Ingeniero de Telecomunicaciones no llegó a tiempo, y pensó que matricularse en Agrónomos era lo más coherente. “He tenido la suerte de mamar la agricultura en casa. Aunque no trabajaba en el campo, las conversaciones de la comida, las preocupaciones que ves en tu padre mirando el cielo, o sobre la venta de la cosecha, te impregnas de ese ambiente agrario”.

Lo que le atraía de la agricultura en su juventud era relacionarla con la ciencia. “Ver la ciencia aplicada a la agricultura era fascinante”.

Sin embargo, admite que “donde he aprendido agronomía es en mi casa. Con mi tío, con mi padre… La formación ha sido un baño de técnica, y lo relativizas, porque ese baño está dirigido hacia un modelo de agricultura determinado; en aquellos días incluso se desestimaba la agricultura tradicional, se la considerada atrasada, anacrónica, mientras que la agricultura científica era racional, lógica… Era una idea de progresión y de producción ligadas a la ciencia. Yo comentaba con mi padre el valor de la ciencia, y él era siempre escéptico, me decía que lo mirara bien todo y juzgara por mi cuenta”.

Tiempo y oportunidades tuvo, porque para pagarse la carrera tuvo que trabajar, y lo hizo, claro, en el campo.

Un pequeño huerto recién abonado con estiércol de caballo

Un pequeño huerto recién abonado con estiércol de caballo

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Hemos entrado en el sistema, estamos más domesticados, las empresas han hecho mucho trabajo publicitario, y es más difícil de convencer a la población de que las semillas son importantes.

Los lobbies de semillas están presionando continuamente para que se legisle a su favor. Una forma que han conseguido es que solo las empresas comerciales son “legales”, todos los demás que tratan con semillas son ilegales o clandestinos.

La estrategia de las empresas exportadoras ha sido tener tierras propias, de manera que rentabilizan su producción usando su finca como reguladora: cuando el precio de la naranja sube, colocan las suyas; cuando baja, salen a comprar las naranjas de otros.

Espero que en el futuro se podrán plantear agriculturas no desde el punto de vista técnico sino desde el punto de vista de los modelos. El problema no es si el goteo se hace así o asá, sino para quién producimos y de qué manera producimos. Ahí es donde está la cuestión.

La explosión de los huertos urbanos y el interés por los huertos escolares tiene una componente educativa, formativa, experimental. Pedagógicamente, un huerto puede tener aplicaciones directas múltiples: pueden estudiar biología, química, física, lengua; los maestros podrían utilizarlo como una herramienta.

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SONY DSCPep Roselló. Cogimos el boom del tardofranquismo, cuando mejoraron las condiciones de vida, y se dio el acceso a una universidad pública relativamente barata a los hijos de los trabajadores. Ninguno de mis primos ha sido labrador, ha habido una dispersión profesional. Esa generación que entramos en la universidad salimos disparados hacia otros sectores. Hay un sentimiento pesimista sobre la agricultura, como que es algo marginal, negativo, y el consejo de los padres era siempre, estudia otra cosa, no te quedes en el campo, porque aunque el campo es hermoso, también es duro; y la familia que sus hijos podían estudiar, les estimulaban a salir del sector.

¿Quién cultiva hoy el campo?

Ha habido, primero un envejecimiento de la población agraria. No hay renovación de generaciones por varios motivos: no hay acceso fácil a la propiedad, es difícil comprar tierra. Así que o el joven se queda en la explotación del padre, en segundo plano, porque siempre es el padre quien decide, o trabaja por cuenta ajena. No hay buenas opciones para que los jóvenes se incorporen con tierra propia. Por otro lado, esa reducción de población agraria del 45 por ciento en los años 50, al 4 por ciento actual, manifiesta un patrón común a los países industrializados, donde el sector agrario es minoritario: un tres o un cuatro por ciento de la población produce en el campo una gran cantidad de alimentos, gracias a la mecanización, a los automatismos, al monocultivo, cosechas a precio tasado, o reduciendo la intensidad, como en l’Horta de Valencia, donde se hacían tres y cuatro cultivos al año, y ahora se hacen como mucho dos.

Aquí, en Carcaixent, hay una zona de pequeños propietarios y de jornaleros, y se ha notado mucho el envejecimiento de los primeros. Los nuevos propietarios son hijos que han heredado la tierra, y los jornaleros se han reducido mucho, porque antes había muchos que tenían trabajo durante todo el año en el campo; mientras que ahora la recogida de la naranja, por ejemplo, está monopolizada por las Empresas de Trabajo Temporal y por los extranjeros. Así que el jornalero valenciano no tiene oportunidades de ganarse su jornal de un modo continuo. Antes, los jornaleros sabían que en invierno tenían la vida resuelta con la recolección de la naranja, ahorraban para el verano, cuando se quedaban sin trabajo. Ahora, la campaña es una ruina, corta, recogiendo a mitad de precio. Algunos dicen, “Es que no cogen bien”; no pasa nada, el coste de la mano de obra es tan barato que se puede aceptar un tres por ciento de destrío, porque la cosecha le sale al propietario por la mitad.

Un cultivo en l'Horta Nord de Valencia

Un cultivo en l’Horta Nord de Valencia

Sin embargo, cuando uno circula por las carreteras comarcales, lo que ve es una prosperidad, cooperativas, campos rebosantes de naranjas, de caquis. ¿Es esto una apariencia?

Hay datos que dicen que el sector agrario factura cada año más. Pero el productor cada año percibe menos. El negocio solo existe para unos cuantos, no para los que trabajan la tierra. Por ejemplo, el comité Intercitrus, la profesional de productores, empresarios y exportadores de cítricos, ahora prácticamente no funciona; Antes, en los buenos tiempos, los sindicalistas de los recolectores de naranja decían que los trabajadores padecían una crisis, y los de Intercitrus decían, “¿Crisis? Yo no tengo crisis”. No es una crisis de todos, sino de la parte más débil del sector, los pequeños propietarios y los jornaleros.

La estrategia de las empresas exportadoras ha sido tener tierras propias, de manera que rentabilizan su producción usando su finca como reguladora: cuando el precio de la naranja sube, colocan las suyas; cuando baja, salen a comprar las naranjas de otros. Me da la impresión de que también utilizan sus empresas como reguladora de los balances: que un año ganan mucho dinero, lo camuflan como inversión en la tierra, y regulan sus beneficios. El sector agrario de la Ribera es una muestra de la crisis del sector citrícola valenciano, en la que no todos sufren por igual.

Eres uno de los miembros más activos de Llavors d’Ací, la equivalente en la Comunidad Valenciana de Red de Semillas. ¿Cual es el papel de una institución como esa en Europa?

Cuando comparas la situación de Centroamérica o Sudamérica con la nuestra, te das cuenta de que lo que aquí defienden grupos agroecologistas son posturas que parecen marginales. Lo que aquí parece accesorio allá es fundamental, porque es un modelo de vida que les da de comer. En el fondo es porque nosotros estamos mejor que ellos, somos más ricos, y aquí la alimentación no es la cuestión principal. La sostenibilidad, la agroecología o el control de sus semillas es para ellos determinante.

Aquí se ve la trampa, pero queda enmascarada en un modelo más rico y con muchos frentes. No hay duda de que la alimentación es la base de la sociedad. Quien produce alimentos controla la sociedad, y en la semilla está en la base de al alimentación. Esos son hechos incuestionables. En Europa hay casas comerciales, la agricultura convencional tiene otras opciones… Aquí el problema solo lo ven unas cuantas personas con mayor inquietud y conciencia. Hemos entrado en el sistema, estamos más domesticados, las empresas han hecho mucho trabajo publicitario, y es más difícil de convencer a la población de que eso es importante. Es muy complicado desmontar la idea de que “hay que estar tranquilos porque las empresas solucionarán los problemas que van apareciendo, proporcionarán semillas de calidad”, pero lo que no dicen es que esas semillas nos harán depender de quien las vende, que cada día estarán más caras, y que acabaremos diciendo lo que nos dicten. Allí, en Centro y Suramérica, es cosa de vida o muerte.

La Agricultura es residual de los programas de los partidos políticos.

Los partidos políticos funcionan sometidos a grupos de presión. La agricultura no tiene capacidad de movilización. Por ejemplo, en el País Valenciano puede representar trescientos mil votos. No es igual que otros sectores que implican ochocientos mmil votos. Así que los partidos actúan en función de la importancia de sus caladeros de votos.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA¿Todos? ¿La izquierda también?

Yo espero que no… Una vez, mantuvimos una entrevista con Juan Cotino, cuando era conseller de Agricultura, para hablar de agricultura ecológica, y nos dijo,”Me parece muy bien lo que me estáis diciendo, pero sois trecientos, pero ahí fuera tengo treinta mil viticultores esperándome…” Esos trescientos tenemos más futuro que la suma de los demás, nos apoyan más y mejores razones… Pero no es cosa de tener más razón, es cosa de oportunidad, y los políticos funcionan de esa manera.

De todas formas, estamos en una coyuntura favorable. Cada día se entiende mejor la relación que hay entre semillas y alimentación, la necesidad de plantearse muy en serio la alimentación, que producir alimentos es algo muy importante, no una actividad marginal… Si la gente empieza a plantearse la alimentación que come, de dónde viene… las semillas tendrán un protagonismo.

Se podrán plantear agriculturas no desde el punto de vista técnico sino desde el punto de vista de los modelos. El problema no es si el goteo se hace así o asá, sino para quién producimos y de qué manera producimos. Ahí es donde está la cuestión. Cuando eso sea una pregunta social, genérica, es cuando tendrá importancia. Mientras sea una pregunta marginal y la gente tenga resuelto lo que come, no se lo cuestionará.

El Senado acaba de aprobar una normativa contra las “semillas clandestinas contra semillas legalizadas”.

Es un síntoma del conocimiento agrario que tienen nuestros políticos. Son abogados o titulados en disciplinas que no valoran el sector agrario. Por otro lado, eso muestra la presión de los lobbies. Los lobbies de semillas están presionando continuamente para que se legisle a su favor. Han conseguido que solo las empresas comerciales sean “legales”, todos los demás que tratan con semillas son ilegales o clandestinos. Eso tiene una carga de fondo muy grande. Las semillas siempre han estado en manos de los labradores. ¿Cómo es que algo que antes era público y que la gente intercambiaba, ahora es comercial, privado?

expotomatesPero es que esta gente ha llegado todavía más lejos. Las ayudas europeas para cultivos extensivos, cebada, remolacha, etc. no reciben subvención si no demuestras que has utilizado semilla certificada. Alguien de Albacete puede decir, “¿porqué he de comprar fuera semillas de cebada si tengo las mías de toda la vida?” Pues si gastas la tuya, no tienen subvención. El lobby de las semillas ha vinculado la subvención a su semilla, ha creado un mercado cautivo. Negocio seguro.

¿Qué te parece la última versión de la P.A.C.?

La nueva Política Agraria Común está pegando bandazos. Esta última versión parece que tienen un condicional ambiental más alto. Habla de sostenibilidad, de menos insumos, de potenciar la diversidad, plantar barreras, setos… Pero el tema de las semillas no lo toca. El tema de las semillas es complicadísimo, es multifactorial, tiene muchas caras. Parece que la gente se aproxima al tema de la semilla como algo simpático, agradable, curioso, bonito, una semillita de la que sale una planta… Pero hay otras caras más complejas. La certificación, semilla oficial, patentes, propiedades intelectuales. Ahí es donde está el negocio. Desde fuera, el mundo de las semillas tiene una primera cara muy agradable, pero conforme vas profundizando, empiezas a ver las dificultades. Estamos hablando de un sector que maneja mucho dinero, lleno de intereses que influyen en la legislación.

Un huerto urbano en la ciudad de Valencia

Un huerto urbano en la ciudad de Valencia

Ahora estás involucrándote en un tema que parece expansivo, los huertos urbanos.

Los huertos están creciendo muy rápido, porque responden a una necesidad. Primero, la gente que desea aproximarse a una alimentación más directa, y luego, que hay muchos parados que encuentran los huertos una opción para ocuparse y para llevar algo a casa. Esa confluencia de necesidades e intereses está produciendo una gran variedad de huertos, familiares, municipales, escolares, de ocio, de parados, de integración de inmigrantes, minusvalías psíquicas. El huerto es un a herramienta multifuncional.

El fenómeno cubre varias cosas. Es una aproximación al campo de gente que no lo conoce, urbanitas. Se dan cuenta de lo que cuesta producir una lechuga, los problemas que supone trabajar al aire libre sometido a las inclemencias climáticas, pero también la alegría de ver cómo tu trabajo en la tierra da un fruto que puedes comerte. Tiene una componente educativa, formativa, experimental. Además, en los huertos pueden recuperarse variedades tradicionales. A un agricultor profesional, ecológico o convencional, si le dices, “Vamos a hacer unas pruebas de variedades locales”, te dirá que su preocupación es vender en el mercado, no asumir nuevos riesgos. Mientras que a un hortelano chaletero le da igual que la variedad que planta sea la triple híbrida no-se-qué, o la rosada de Castelló. Como participa en un proyecto de recuperación de variedades, encuentra que su trabajo tiene un valor añadido; si en lugar de hacer siete kilos, hace cinco, tiene la ventaja de que son mejores. Los huertos de todo tipo son un buen caldo de cultivo para hacer revivir las variedades tradicionales. Para nosotros los técnicos supone facilitar la renovación, la multiplicación, la caracterización… aprovechar de estas personas que son aficionados, y no tienen las obligaciones de los profesionales.

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Plantación de lechugas en Alboraia

¿Existe algún programa institucional o privado?

Para el IVIA, el huerto tradicional no es “nuestro” cliente. El cliente objetivo es el profesional. Pero desde “Llavors d’Ací” pensamos que los huertos son muy interesantes para la conservación de las semillas tradicionales. Hemos empezado a hacer una recopilación para conocernos. Estamos haciendo listados por comarcas, y estamos viendo cómo podemos coordinarnos para hacer un listado único, una plataforma de huertos… Lo primero es reconocerse, porque cada uno está en su huerto aislado, y si ve que son muchos, se anima, se ve en un movimiento con cierta fuerza. Esa coordinación es muy necesaria porque entre ellos se pueden intercambiar información, iniciativas, pero también sirve para reivindicar. Si son doscientos huertos podrán podrán aproximarse a la administración y pedir que se potencie el sector, que se dicten normas para favorecerlo. Un colectivo de huertos puede tener voz pública, puede opinar. Pero la verdad es que estas ideas cuestan. De momento tenemos listados de huertos, pero ¿quién coordina?, ¿quién dedica horas a esa tarea de secretario para recoger y clasificar la información? Es algo que estamos buscando resolver.

En Cerai están interesados. Son un centro de estudios, tienen infraestructura, y en sus objetivos está potenciar la agricultura tradicional local. Al trabajar en colectivo, podrían ser un buen perfil para esta tarea. También hay una persona en la Marina, José Manuel Bicetto, que ha creado un grupo y está elaborando un listado local. Yo he actuado como dinamizador, pero no puedo hacer más. Otra agrupación de huertos existe también en Alicante, con dos colectivos de huertos.

Donde hay una red grande de huertos escolares es en Canarias. Aquí depende del maestro que toma la iniciativa, de si el claustro o algún padre le apoya; y cuando ese maestro lo deja o se va, se acaba el huerto. No hay continuidad, los huertos son creaciones personales, no forman parte de la institución escolar como el gimnasio. Se trata de que la Administración se lo tome en serio. Igual que hay cursos de inglés, que haya huertos escolares. Pedagógicamente, un huerto puede tener aplicaciones directas múltiples: pueden estudiar biología, química, física, lengua; los maestros podrían utilizarlo como una herramienta. Conozco un libro que se llama “La física de la bicicleta”, en el que a través del mecanismo de la bicicleta te explicaba toda la física. Seguro que en un huerto se pueden explicar las unidades de medida, levantar planos geométricos, un huerto daría mucho juego.

Ahora muchos huertos escolares están dedicados a los niveles infantiles, porque son los que menos daño hacen, los mayores se ponen burros y pueden destrozarlo. Pero eso es algo que puede resolverse. Al destinar los huertos escolares a los más pequeños, se los minusvalora.

Supongo que no será una prioridad académica, que habrá otros problemas mayores. Y además, no tienen espacio para el huerto, a veces lo hacen en rincones escondidos que no son apropiados para el cultivo. Los huertos hay que planificarlos en la construcción del colegio.

berenjenaY también tendrían utilidad para servir a los comedores escolares…

En un colegio, el huerto y el comedor serían complementarios. En la comida se podría probar algo de lo que se cultiva en el huerto. Y el resto de los productos deberían ser ecológicos. Sin embargo, muchos comedores escolares han cerrado por problemas de presupuesto, otros no se han privatizado pero dependen de empresas de cáterin. Tienes que convencer a la empresa de que el coste de los productos ecológicos entre dentro del presupuesto.

Algunos colegios han lanzado la idea del comedor escolar, y se han acercado a agricultores de la comarca. El problema es que en la zona se produzca de casi todo, para que no sea siempre la misma comida todas las semanas, y haya que ir a la tienda a buscar la variedad. Se trata de diseñarlo mejor, como han hecho en Andalucía, donde han hecho estudios previos entre los productores, cocineros, maestros… de manera que cuando se lanzo el proyecto estaba todo claro; no es bueno improvisar en estas cosas.

También serían un estímulo a la agricultura ecológica los comedores de industrias, de hospitales.

La proyección de los comedores escolares es grande, pero también lo es en la restauración pública. El comedor de una fábrica, de un hospital, por ejemplo. A una persona que está enferma, no el puedes llevar un pollo que ha crecido con hormonas, o un tomate con insecticidas. En este caso no se trata de un problema de precio sino de higiene alimenticia.

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Una Conciencia agroecológica derivada del colapso productivo de los años 80

Llevo veinte años trabajando en agricultura ecológica. Hace 25 años la horticultura tenía una serie de problemas graves en las plantas; la gente decía que el origen estaba en la central nuclear, o en la contaminación procedente de Chernóbil. Había un colapso productivo. Nos planteamos aquí averiguar las causas de ese descenso de la producción, y ofrecer soluciones.

Encontramos dos soluciones: o más técnica tipo invernaderos tecnificados, ir hacia una horticultura a la holandesa con inversiones de capital fuertes; o cuestionarnos qué hacíamos mal, porque nuestros abuelos no tenían esos problemas. Nos dedicamos a estudiar la segunda, averiguar dónde nos habíamos salido del camino de la agricultura tradicional. Así nos pusimos en contacto con la agricultura ecológica. Descubrimos dos cuellos de botella que limitaban en crecimiento: por un lado la materia orgánica, y por otro las semillas. Empecé a trabajar en el compostaje de materia orgánica y en las semillas.

Como hijo de labrador yo estudié química, y pensaba que la tecnología química era buena. Al acabar, oposité al Ministerio de Agricultura y entré en Extensión Agraria, que era un servicio que pretendía mejorar las condiciones del campo, y te obligaba a hacer diagnósticos, ver lo que pasa; no se trataba de ir a vender tecnología. Esos años de trabajo en Extensión Agraria me sirvieron para empezar a desconfiar de la agricultura convencional. Veía que una cosa es lo que se ofrecía al campesino, y otra lo que este necesitaba. Antes de venir a Carcaixent, estuve Canarias, donde entré en contacto con la agricultura ecológica. Luego, en Morella y en Alcoi hacía el trabajo que me tocaba, pero me dedicaba a ir a seminarios, a cursos, y al llegar a Carcaixent tuve la oportunidad de poner en práctica todo lo aprendido, porque entré en la plaza de horticultura, que estaba vacante, y no había líneas preestablecidas de trabajo, y empecé a hacer lo que yo creía que era bueno para la agricultura.

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